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Memoria histórica: cuando el fascismo es la pescadilla que se muerde la cola

Salvador Puig Antich
Juan Manuel Olarieta

En España siguen ocurriendo cosas como éstas: un juzgado de Madrid condena a Teresa Rodríguez por un mensaje en Twitter en el que llama “asesino” al ministro franquista Utrera Molina que en 1974 no indultó a Puig Antich.

Es un asunto que concierne tanto a la censura como al fascismo, si es que ambas cosas se pueden analizar por separado; pero ahora pasaré por encima del primer aspecto.

Han pasado más de 40 años desde la aprobación de una nueva Constitución y, sin embargo, parece que fue ayer. El fascismo vuelve a la actualidad, unas veces como pesadilla, como un mal sueño, aunque sobre todo vuelve como realidad.

¿Cómo es posible que 40 años después este tipo de asuntos salten recurrentemente, una y otra vez?

Porque no ha cambiado nada, porque España sigue siendo el mismo Estado que se creó en 1939 tras una guerra civil.

El fascismo en España se presenta hoy con dos caras: la de quienes niegan que España sea un Estado fascista y la de quienes lo dicen, pero no saben lo que es fascismo.

No es muy complicado de entender: si hoy España fuera un país democrático no volverían a ponerse encima de la mesa a cada paso ninguno de los problemas de la memoria histórica. Pero como no lo es, es decir, como este país alardea de algo que carece, las trampas salen a relucir a cada paso.

Como, además, los antifascistas no han sido capaces de acabar con el fascismo en la realidad, trasladan su impotencia desde la lucha de clases hacia los tribunales. Quieren que la legalidad (que sigue siendo fascista) les entregue en un juicio lo que no han logrado en las calles.

Esos antifascistas plantean el problema del revés: un Estado (y un país) no se democratiza a golpe de leyes, juicios y sentencias. Es más, si este Estado fuera democrático, no serían necesarias leyes, ni juicios, ni sentencias porque en todo pleito hay dos partes y en un país democrático no es posible un juicio sobre la memoria histórica en el que alguien defienda a la otra parte: al fascismo.

De ahí que todos los juicios sobre la memoria histórica sean como la pescadilla que se muerde la cola, para unos, los fascistas, y para los otros, los antifascistas.

Si España hubiera cambiado, si hubiera habido una transición, no serían necesarias leyes, como la de la memoria histórica. Todos los cargos públicos harían reverencias a quienes como Puig Antich lucharon contra el fascismo, habría monumentos a su memoria, habría calles con su nombre, los juicios franquistas se tendrían por nulos y habrían indemnizado a las víctimas y a sus familiares.

Los verdugos, como Utrera Molina, serían denostados y sería un delito hacer apología de ellos y enaltecerlos.

Sin embargo, está ocurriendo al revés. Los que se sientan en el banquillo son siempre los antifascistas. La ley, los jueces y las sentencias amparan a los verdugos, hasta el punto que la fiscalía considera que el odio al nazismo es un crimen. El Tribunal Supremo condena a los independentistas catalanes por un delito, el de sedición, que es el mismo que imponía el Tribunal de Orden Público a los trabajadores en huelga en los viejos tiempos.

Este tipo de fenómenos ocurren en pleno siglo XXI no por las leyes, ni por los jueces, ni por los fiscales sino porque seguimos viviendo bajo el fascismo, por más que intenten disimularlo.

Los franquistas convirtieron la plaza de toros de Valencia en campo de concentración al finalizar la guerra civil

Una foto, solo una foto queda de un hecho desconocido para la mayoría de valencianos. La plaza de toros de la ciudad se convirtió al final de la Guerra Civil Española en un campo de concentración improvisado para opositores del régimen franquista que acababa de vencer en la contienda.

Sucedió en abril de 1939 y, aunque no existe ninguna placa que lo recuerde, la foto que ilustra este artículo muestra el único recuerdo visual que queda de aquella atrocidad: prisioneros hacen cola en el margen derecho de la imagen, mientras decenas de presos se agolpan en los balcones del coso.

«Los detenidos lanzaban a la calle papelitos con su nombre escrito para contactar con sus familias», explica a eldiario.es el historiador Ricard Camil Torres. El periodista Carlos Hernández de Miguel, autor de Los campos de concentración de Franco (Ediciones B, 2019), detalla en ese reportaje que el de la plaza de toros fue uno de los 296 campos que hubo por España en aquel periodo y se calcula que pasaron unas 10.000 personas, todos hombres. La mayoría de los detenidos son combatientes y miembros del Ejército republicano.

¿Qué hacían con los presos en estos campos de concentración? El coronel Antonio Aymat, jefe de la Columna de Orden y Policía de Ocupación de Valencia, proclamó en el diario Avance que los soldados del Ejército de la República debían «pasar por el campo de concentración para ser clasificados».

«Los que estáis en Valencia, debéis acudir a la Plaza de Toros, donde se os dará de comer con rancho en frío y se formarán distintos trenes para trasladaros a los lugares de clasificación», explicaba Aymat en el citado periódico.

Julián Sanz y Mélanie Ibáñez, historiadores, detallan que la capacidad de la plaza se quedó pequeña en apenas unos días y que varios trenes partieron con hasta 6.000 detenidos fuera de la ciudad. Se trató de un campo de concentración provisional y de corta duración; una prisión temporal que supuso el inicio del encarcelamiento y represión para muchos republicanos.

https://valenciasecreta.com/la-plaza-de-toros-de-valencia-un-campo-de-concentracion/

1939: los polacos estaban compinchados con los nazis, recuerda Putin 80 años después

El lunes comentábamos en una entrada la escalada verbal entre Rusia y Polonia con motivo del origen de la Segunda Guerra Mundial. Ayer Putin volvió a la carga ante una audiencia de altos funcionarios del Ministerio de Defensa ruso: los archivos recuperados en Europa por el Ejército Rojo después de 1945 demostraban que varios países, entre ellos Polonia, estaban en connivencia con el III Reich.

Los polacos “prácticamente hicieron un trato con Hitler. Esto queda claro en los documentos de los archivos”, dijo Putin, diciendo que en 1938 el embajador polaco en Alemania prometió erigir un “hermoso monumento” en Varsovia a Hitler después de que éste propusiera “enviar judíos a las colonias de África”.

El embajador polaco “se solidarizó completamente con Hitler” y Putin lo acusó de ser un “bastardo” y un “cerdo antisemita”.

Luego estableció un paralelismo con las decisiones de los actuales funcionarios polacos de “demoler los monumentos a los soldados del Ejército Rojo”, que una vez homenajeados como los libertadores del país, mientras que en los últimos años en Polonia han sido sistemáticamente desacreditados.

En los últimos días, Rusia y Polonia han multiplicado las acusaciones de carácter histórico. La diplomacia rusa ha criticado la “retórica agresiva” del gobierno de Varsovia, cuya insolencia crece a medida que la OTAN les da alas.

Rusia lleva muchos años denunciando lo que considera el olvido en el que han caído los países occidentales los considerables sacrificios realizados por la URSS hasta 1945, y en particular los 27 millones de soviéticos que murieron en la Segunda Guerra Mundial.

El viernes Putin denunció la resolución del Parlamento de Estrasburgo sobre la “memoria europea”, aprobada en septiembre, que ponía en pie de igualdad al comunismo y al nazismo.

En la reunión de ayer con los altos oficiales del ejército, Putin no se mordió la lengua. Tampoco se limitó a recordar la historia, ni sus palabras eran retórica: a continuación elogió las nuevas armas hipersónicas de Rusia, que ”ningún otro país tiene”.

Es por si alguien no queda convencido de lo que realmente ocurrió en 1939…

Rusia – Polonia: hoy como en vísperas de la Segunda Guerra Mundial

Estamos en pleno siglo XXI y Rusia y Polonia se siguen culpando mutuamente del estallido de la Segunda Guerra Mundial, como en 1939. El sábado intercambiaron comunicados oficiales en los que se acusan mutuamente de distorsionar la historia y “socavar” las relaciones bilaterales.

“Con preocupación e incredulidad acogemos las declaraciones de los representantes de la Federación Rusa, incluido el Presidente Vladimir Putin, sobre la génesis y el curso de la Segunda Guerra Mundial, que tergiversan los acontecimientos”, dijo el Ministerio de Asuntos Exteriores polaco en una larga declaración en su sitio oficial de internet.

Es como si el tiempo no hubiera pasado. En lugar de seguir el camino emprendido por Gorbachov y Yeltsin, Putin da marca atrás, “renueva la propaganda estalinista” y “desperdicia el esfuerzo conjunto de los expertos polacos y rusos y los logros de sus predecesores, Mijaíl Gorbachov y Boris Yeltsin, quienes, a pesar de las dificultades, habían tratado de buscar un camino de verdad y reconciliación en las relaciones polaco-rusas”.

Según el gobierno polaco, durante la Segunda Guerra Mundial su país no sufrió a causa del III Reich sino de la URSS, para lo cual se puntan al carro de las miles de víctimas del “totalitarismo bolchevique” que, como todas las demás cifras, nadie puede saber de dónde han salido. El gobierno de Varsovia estima en 566.000 el número de víctimas polacas de la “represión soviética”.

El domingo, una portavoz del Ministerio de Asuntos Exteriores ruso consideró a Polonia como “el principal protagonista en la adopción de las sanciones europeas contra Rusia” y la acusó de “socavar“ las relaciones a través de “una retórica agresiva y la demolición de monumentos a los luchadores contra el fascismo”.

La semana pasada, en una evocación de los orígenes de la Segunda Guerra Mundial, Putin culpó a las potencias occidentales y a Polonia, antes de denunciar la sucia resolución del Parlamento Europeo sobre la “memoria europea”, adoptada en septiembre, que ponía en pie de igualdad al comunismo y al nazismo.

El jueves en una reunión de los presidentes de la Comunidad de Estados Independientes y en su conferencia de prensa anual al día siguiente, Putin denunció el “increíble cinismo” de ese tipo de resoluciones.

“¡La gente no sabe leer ni escribir! Que lean los documentos de la época, que vean cómo se firmó el llamado Acuerdo de Munich en 1938, cuando los dirigentes de los principales países -Francia, Gran Bretaña- firmaron un acuerdo con Hitler sobre la división de Checoslovaquia, en el que también participó Polonia”, dijo Putin.

Lo mismo que a la Unión Europea, a Polonia tambien se le vala boca y la repugnante propaganda anticomunista que emiten sus portavoces oficiales no sólo contradice la historia, sino que es fascismo, el de 1939 y el de toda al vida.

Franquismo = represión, robo y nazismo

Skorzeny: criminal de guerra de las SS
Darío Herchhoren

El fin de la guerra civil española, significó para los españoles una de las mayores tragedias de su historia, con cientos de miles de muertos por la misma contienda,y con más de un millón de muertos luego de la «victoria». Junto a esas cifras ya de por si espeluznantes hay que agregar los cientos de miles de exiliados, y la conversión de España en la mayor cárcel del mundo, donde la represión alcanzó cotas inimaginables, y todo ello con la indispensable colaboración de la iglesia católica, que es corresponsable de las crueldades del propio franquismo.

Pero hay una faceta poco explorada del franquismo, que es la colaboración de empresas vinculadas carnalmente con el nazismo a través de empresas alemanas que sentaron sus reales en España y pervivivieron al propio Franco, y que aún perviven bajo otros nombres en la actualidad.

Hay que destacar el caso de Otto Skorzeny, famoso piloto austríaco de la Luftwafe que liberó a Mussolini de Montecasino donde estaba prisonero de los partisanos italianos, y que luego de la derrota del Tercer Reich, se refugió en España con el beneplácito del franquismo y creó en España una empresa de pavimentación, donde a costa del erario público español ganó licitaciones para el asfaltado de algunas carreteras. Está enterrado en el cementerio de la Almudena, donde un monumento lo recuerda para la eternidad.

Otro tanto ocurrión con León Degrelle, un nazi belga, fundador del partido rexista (¿?) belga, también refugiado en Málaga, donde gracias a concesiones otorgadas por el estado se dedicó a obras públicas, viviendo allí hasta su muerte.

En la conferencia de Breton Woods, del 22 de julio de 1944, los aliados recomendaron a todos los paises que habían luchado en la guerra, proceder a identificar las empresas alemanas instaladas en ellos y sus inversiones y miembros para despojarlos de todos sus bienes y liquidarlos.

El franquismo a regañadientes tuvo que aceptar esas directivas, y dando largas, consiguió que la medida no alcanzara a ciudadanos alemanes en España que eran «particulares» y no representaban al estado alemán nacionalsocialista. Es así como la empresa alemana IG Farben, una de las mayores empresas químicas del nazismo relacionadas directamente con las SS y su aparato eonómico, se travistió en España bajo el manto de la empresa española Unicolor. En sudamérica se transformó en anilinas Colibrí y en Pelikan. Si buscamos en el registro mercantil del año 1946 veremos que casi todos los miembros del consejo de administración son alemanes, y algunos son catalanes como Alfonso María Gallardo, Juan Santiagosa, José María Planella, Salvador Mayoles, Juan Pittier, Félix Kotegan, Tomás Casanovas y Juan Llorena. Todos estos asiduos del Liceo de Barcelona, y recibidos allí con gran pompa, junto al cónsul alemán, que era recibido con honores de jefe de estado.

La IG Farben logró dividirse y se utilizó para ello a la empresa Flix de Tarragona, una antigua empresa española desde 1897 que giraba en plaza con el nombre de sociedad Electroquímica de Flix que pasó a formar parte de la empresa alemana Chemiske Fabrik Elektron, que financio a la famosa División Azul fascista y mandada a la URSS. Flix era visitada por jerarcas nazis con total naturalidad, y pagó los gastos de un monumento al «alzamiento nacional». Finalmente fue una de las fábricas químicas, que colaboró en la fabricación del DDT, y del gas Zyklon B, que era utilizado en las célenbres cámaras de gas, y colaboró con el creador de los camiones Rauff, donde se transportaban prisioneros y se conectaba el tubo de escape con la caja donde viajaban esos prisioneros para que murieran.

Finalmente la IG Farben se camufló en ERT (Explosivos Rio Tinto) que se asoció con la empresa Cross, dando lugar a la empresa ERCROS en la actualidad.

La gran burguesía catalana a través de sus grandes familias como José Valls Taberner, Luis Valls Taberner, Félix Millet, y con la colaboración del General Camilo Alonso Vega, director de la Guardia Civil, formaron un muro impenetrable que logró mantenerse hasta la actualidad.

Todo esto crea una atmósfera asfixiante en torno al franquismo, que muestra de esta manera su costado quizá más oculto, y que junto al saqueo de los bienes de los perdedores con las famosas responsabilidades políticas que sirvieron para robar sus patrimonios, más las concesiones a bancos y eléctricas, hicieron que una nueva clase burguesa, se hiciera enormemente rica y pasara a formar parte principal del apoyo al franquismo.

Hay que añadir, que el propio dictador amasó una ingente fortuna gracias a generosas «donaciones» que recibió. Hay un dato que es ilustrativo: el abogado de la familia Franco Miguel Herrero y Rodriguez de Miñón, dirigente otrora del PP, cobró honorarios de quinientos millones de pesetas, por la gestión de la liquidación de los terrenos de Xanadú, junto a la carretera de Extremadura hace pocos años. Esto da una idea de la monumentalidad del robo.

‘Operación Araña’ contra quienes defiendan el pasado soviético de Letonia

Aleksander Filei
En Letonia el Servicio de Seguridad del Estado (VDD) ha propuesto a la Fiscalía abrir un proceso penal contra Aleksander Filei, miembro de la Unión Rusa Letona, un partido político que representa los intereses de la comunidad de habla rusa de Letonia, por “negacionista”, es decir, por negar que Letonia fue un país ocupado por la URSS.

Es significativo que un país atribuya al espionaje la vigilancia sobre los relatos que las personas y los colectivos hacen sobre la historia, de tal manera que todos los mensajes sean uniformes y vayan en la dirección correcta, adecuada, sin errores ni equivocaciones. Si te equivocas al contar la historia te acusan de negacionismo y vas a la cárcel.

En su comunicado de prensa los espías indican que el 17 de junio Letonia recuerda la ocupación soviética del país, que comenzó en 1940, mientras que Filei publicó “Happy Birthday” en Facebook, lo cual es un delito imperdonable en un país democrático, como el báltico.

Lo que fue trágico para Letonia es feliz para Filei, quien también escribió: “Hace exactamente setenta y nueve años, un contingente limitado del Ejército Rojo fue introducido en Letonia, sometido por un régimen dictatorial, que se basaba en los principios de un nacionalismo feroz. Este acto condujo al rápido establecimiento del poder soviético”.

Filei felicitaba a los letones por la adhesión a la URSS y, además, añadió lo siguiente:

“Letonia no se oponía en absoluto a convertirse en soviética. El movimiento obrero era poderoso y estaba muy extendido.

“Para ser honesto, el verano de 1940 trajo a varios miles de personas la tan esperada liberación de la insoportable opresión latifundista. Especialmente a los pequeños agricultores, los trabajadores agrícolas esclavos y los trabajadores pobres. Por lo tanto, esta fecha debe ser respetada y su memoria mantenida”.

Es imperdonable recordar ese tipo de cosas: la explotación de los trabajadores, la esclavitud latifundista, la pobreza… Por eso la Fiscalía va a revisar los documentos recibidos de los espías y decidir si Filei debe ser acusado por sus errores históricos.

Las leyes letonas imponen penas de prisión de hasta cinco años, trabajos forzados o una multa a todos aquellos que en público glorifiquen, nieguen o justifiquen los crímenes de guerra soviéticos contra Letonia y su población.

Es lo que aquí la Audiencia Nacional llama “enaltecimiento”. La reforma del Código Penal que prevé la condena de la negación de la ocupación soviética de Letonia fue aprobada por el Parlamento letón en mayo de 2014.

Letonia forma parte de la Unión Europea, donde los políticos se llenan la boca con su defensa de una libertad de expresión que no aparece por ninguna parte, y mucho menos cuando se trata de la URSS.

Letonia y la Unión Europea se han empeñado en imponer una historia, la historia fascista, como en España: a golpe de “operaciones araña”, de detenciones y de cárceles.

https://www.interfax.ru/world/684736
https://rus.delfi.lv/news/daily/criminal/delo-protiv-aleksandra-fileya-ob-otricanii-okkupacii-latvii-peredano-v-prokuraturu.d

Desaparecido en combate: los soldados de Estados Unidos presos en Vietnam tras el final de la guerra

En los Acuerdos de Paz de París que pusieron fin a la Guerra de Vietnam, Estados Unidos se comprometió a pagar a Vietnam 3.250 millones de dólares en concepto de indemnizaciones, lo cual significa que los imperialistas reconocían dos cosas fundamentales: que eran los únicos responsables de ella y que habían sido derrotados. “El que pierde paga”.

Como los vietnamitas tenían un conocimiento muy preciso de lo que es el imperialismo, a diferencia de otros, se reservaron un as en la manga: no entregarían a todos los prisioneros de guerra estadounidenses hasta haber cobrado la indemnización.

El acuerdo se firmó y la guerra terminó oficialmente. Para camuflar la derrota, Nixon debía hacer dos cosas. La primera ocultar que hubiese ningún estadounidense encarcelado en Vietnam. La segunda ocultar la naturaleza de los pagos a realizar de manera tal que no parecieran una segunda derrota, aún más humillante que la anterior.

Trató de disimular los miles de millones de dólares como “ayuda humanitaria”, pero el Congreso ni quiso asignar una suma tan grande de dinero a un “régimen comunista” al que despreciaban.

Debilitado por el escándalo de Watergate, Nixon optó por esperar a que las aguas se calmaran para hacerlo todo a escondidas, una vez que el foco de atención se hubiera puesto en otro lugar.

El gobierno de Hanoi le siguió la corriente. Esperó a recibir el dinero pactado y, mientras tanto, declaró que todos los presos estadounidenses habían sido liberados.

Nixon cayó, llegaron otros presidentes a la Casa Blanca y la situación se enquistó, mientras seguía oculta. Durante dos décadas los vietnamitas mantuvieron encacelados a los prisioneros estadounidenses y siguieron negociando su liberación a cambio del dinero que se les debía. Pusieron en libertad a algunos que contrajeron enfermedades y otros murieron.

Por razones obvias, el gobierno vietnamita no entregó los cadáveres y cuando lo hizo, los presentaron como si hubieran sido consecuencia de la guerra, es decir, como si los hubieran descubierto con posterioridad. Incluso llegaron a liberar a algunos de ellos, pero siempre mantuvieron a un grupo para asegurarse el cobro del dinero.

En 2013 el diario canadiense “Toronto Star” relataba la aparición de un anciano de 76 años de edad en un pueblo de Vietnam que había sido llevado al país desde Estados Unidos para combatir en la guerra, desapareció en 1968 y padecía trastornos sicológicos. Con su biografía se elaboró el documental “Unreclaimed” (“Sin reclamar”), en el que se concluye que no permaneció en el país porque los vietnamitas no lo dejasen marchar sino porque Estados Unidos no quería aceptar su retorno (*).

En Estados Unidos, el asunto de los presos se reconvirtió en el de los “desaparecidos”. Ni vivos ni muertos. Fue el tema estrella de los sectores más reaccionarios y militaristas, a los que pronto se les fueron sumando los conspiranoicos siempre atentos a este tipo de asuntos cabalísticos.

Los rumores se convirtieron en guiones de Hollywood de ínfima calidad cinematográfica pero gran difusión comercial.

El Senado se vio obligado a crear una de esas “comisiones de investigación” que no investigan nada, sino al revés: intentan tapar el asunto. La operación de encubrimiento la dirigió un personaje que luego fue conocido en el mundo entero: John McCain, el personaje perfecto porque había sido prisionero de guerra en Vietnam.

Naturalmente, los medios de intoxicación participaron en la campaña de encubrimiento como cabía esperar: primero no informaron de nada y segundo desacreditaron a quien lo hizo calificándolo como conspiranoico.

Este tipo de situaciones crea una hipocresía. Todo el mundo lo sabe, todo el mundo lo comenta… siempre que los micrófonos y las cámaras estén apagados. Oficialmente, no hay nada de nada, una situación que no cambia de un presidente a otro ni de un partido a otro. Da igual.

Muy poco después de que el Senado emitiera su informe negacionista, apareció un documento gracias a la caída de la URSS, que puso los trapos al descubierto: las actas de una reunión de la dirección del Partido del Trabajo de Vietnam en la que discuten el número de presos estadounidenses que mantienen en las cárceles.

Los dos antiguos asesores de seguridad nacional, Henry Kissinger y Zbigniew Brzezinski, aparecieron en la televisión afirmando que el documento era fidedigno y que los prisioneros de guerra estadounidenses habían permanecido detenidos en Vietnam después de finalizar la guerra.

El ocultismo no cesó por ello. Tanto la Casa Blanca como la prensa se atuvieron a un guión del que no podían salir sin admitir su doble derrota en Vietnam, reabrir todas las heridas y reconocer un engaño que se había había prolongado durante muchos años. Es la política del avestruz: “No puede ser verdad”. En el mundo real hay algunos agujeros a los que nadie quiere mirar nunca.

(*) https://actualidad.rt.com/sociedad/view/93236-soldado-eeuu-olvidado-vietnam

Rusia abre una investigación sobre la masacre de 214 niños huérfanos cometida por los nazis en la URSS en 1942

Entierro de los huérfanos asesinados
La Comisión Rusa de Investigaciones ha abierto un atestado sobre la masacre de 214 niños huérfanos cometida por los hitlerianos en el orfanato de Zeysk, en la región de Krasnodar, en octubre de 1942, en plena Segunda Guerra Mundial, según ha manifestado esta mañana Svetlana Petrenko, portavoz de dicha Comisión.

Los documentos desclasificados por el FSB ruso sobre el crimen en masa han servido de base para que la Comisión abra una investigación criminal por el delito de “genocidio” en virtud del artículo 357 del Código Penal ruso.

La masacre muestra que el ejército hitleriano invadió la URSS para exterminar a una parte importante de la población. En la región de Krasnodar los matarifes encargados de las matanzas fueron los miembros de las SS-10 «a» Sonderkommando, dirigido por Kurt Christmann, enviado a Kuban equipado con cámaras de gas móviles.

Durante las expediciones de castigo de los días 9 y 10 de octubre de 1942, los miembros del Sonderkommando, con la participación del jefe de la Gestapo de Zeysk, el teniente Bededeker, el comandante de la ciudad Kandler y el médico de la Gestapo Strauch, cometieron el asesinato en masa de los niños del orfanato de la ciudad, utilizando gas letal.

Cuando el Ejército Rojo liberó la región de Krasnodar de la ocupación nazi en 1943, encontraron los cuerpos de 214 niños gaseados cerca de la granja de Chirochansk.

Algunos soldados alemanes, incluido Kurt Christmann, ya fueron condenados por crímenes de lesa humanidad en la región de Krasnodar. Al mismo tiempo, Bededeker, Kandler y Strauch, así como otras personas no identificadas, incluidos los soldados del Sonderkommando “no fueron castigados por atrocidades cometidas contra civiles soviéticos”, según dice la Comisión,.

De acuerdo con el Estatuto del Tribunal Militar Internacional de Nuremberg, el asesinato y exterminio de civiles antes o durante la guerra, constituye un crimen contra la humanidad y ese crímen es imprescriptible, explicó Svetlana Petrenko esta mañana.

Petrenko añadió que ningún crimen basado en ideas fascistas o racistas debe pasar desapercibido y quedar impune.

https://rg.ru/2019/10/30/reg-ufo/sk-vozbudil-delo-po-faktu-ubijstva-214-detej-v-ejske-v-1942-godu.html

Monumento a los 214 huérfanos gaseados por los nazis en 1942

Operación Barbarroja: los primeros momentos del Ejército Rojo frente a la invasión hitleriana de 1941

En la historiografía burguesa abundan los tópicos acerca del “desastre” del Ejército Rojo en 1941 ante el ataque de la Wehrmacht, que tienen una explicación igualmente tópica que abunda en la figura de Stalin como responsable de ese “desastre”, exactamente igual que de todos los demás “desastres” soviéticos.

Mil veces repetidos, los tópicos se concentran en que Stalin “confiaba” en el Pacto de No Agresión firmado en 1939 con Alemania, o bien en que no hizo caso de las numerosas advertencias que le llegaron, o bien en que el Ejército Rojo había quedado debilitado por las purgas de los años treinta.

Las primeras semanas de la guerra sobre suelo soviético fueron, en efecto, muy duras para el Ejército Rojo, sobre todo por la estrategia de resistencia a ultranza frente al avance hitleriano, que inicialmente no se pudo sostener.

Sin embargo, ello hay que ponerlo en relación con la situación histórica. Por ejemplo, Francia no fue capaz de resistir en absoluto y fue ocupada en muy pocos días, a pesar de lo cual la historiografía no lo califica como un “desastre” militar ni político porque, por su propia naturaleza de clase, un gobierno como el francés no podía hacer frente al ataque fascista, ni siquiera por el hecho proceder de un país extranjero.

La explicación es que la existencia de la URSS en la Segunda Guerra Mundial plantéo a todos los países capitalistas una lucha de clases superpuesta a una guerra convencional contra un enemigo “exterior”. Para muchos gobiernos europeos, como Polonia, por ejemplo, el auténtico enemigo no era Alemania, ni mucho menos el fascismo, sino el propio movimiento obrero y nadie mejor que los fascistas estaban preparados para hacer frente a ese enemigo interno.

En diciembre de 1941 Estados Unidos también sufrió una fuerte derrota en Pearl Harbour, que tampoco se califica como “desastre”, evadiendo la cuestión de fondo con el pretexto de la “sorpresa”. Nunca verán a nadie emplear contra Roosvelt los mismos términos que contra Stalin.

Stalin, el gobierno soviético y el Estado Mayor del Ejército Rojo sabían de antemano que un ataque alemán era inminente. Stalin fue el primero en advertirlo con diez años de antelación. Además, el Ejército Rojo conocía de sobra la manera de proceder de la Wehrmacht porque lo había analizado en España, lo había vuelto a comprobar en Europa entre 1939 y 1941 y lo había experimentado durante la “guerra de invierno” con Finlandia.

Pero una cosa es saber y otra estar preparado. No cabe duda de que se hicieron preparativos, uno de los cuales fueron las purgas en la dirección del Ejército Rojo, donde muchos cuadros militares tuvieron que dimitir y otros se reincorporaron. La limpieza pone de manifiesto que muchos oficiales del Ejército Rojo no compartían una misma estrategia militar.

Otro preparativo importante fueron las inversiones en la industria pesada, que comenzó a volcarse en la fabricación de material de guerra desde junio de 1940. A finales de ese año se empezaron a celebrar reuniones de alto nivel para estudiar las posibles líneas de ataque alemán. En diciembre de 1940 y en enero y marzo de 1941 se convocaron tres conferencias militares, lo que indica que no había la suficiente unanimidad dentro del Estado Mayor para hacer frente a la invasión.

No existía acuerdo sobre el ataque alemán ni tampoco sobre la reacción frente al mismo, si bien el punto de partida era correcto: había que dilatar lo más posible la fecha del ataque, lo cual vuelve a poner de manifiesto que el Ejército Rojo no estaba preparado para el mismo.

La historiografía más reciente que se apoya sobre documentos originales soviéticos indica que cuando en junio de 1941 los hitlerianos pusieron en marcha la Operación Barbarroja, el Ejército Rojo estaba en plena reorganización interna (*). El ataque capturó numeroso material de guerra recién llegado de las fábricas de armamento. Los cuadros intermedios del ejército se esperaban el ataque pero no supieron reaccionar frente al mismo. Una cosa es disponer del material de guerra más moderno y otra diferente saberlo utilizar y hacer un uso militarmente eficaz sobre el terreno.

Hay conocimientos que no se aprenden en ninguna academia y que requieren de experiencias muy amargas para adquirirlos. A eso se le llama “práctica”.

(*) D.M.Glantz, Before Stalingrad. Barbarossa. Hitler’s invasion of Russia, 1941
Stroud, Glouc., Tempus, 2003

‘Las Waffen SS son el orgullo del pueblo letón’

El Ministro de Defensa letón, Artis Pabriks, no se corta. En la conmemoración del 28 de septiembre declaró que los letones que lucharon en las Waffen SS durante la Segunda Guerra Mundial son “el orgullo del pueblo letón y del Estado”.

La Unión Europea es así y no le importa volver a su pasado más negro; como si nda hubiera cambiado.

Quien condena al nazismo no son los “demócratas” de Bruselas sino los de Moscú. La embajada rusa en Letonia ha condenado enérgicamente la rehabilitación de criminales de guerra, lo que “pone los pelos de punta”, dice el comunicado oficial.

En la Unión Europea lo más parecido a España son, pues, los países Bálticos, con la diferencia de que éstos tienen sobre sí el ojo vigilante de Moscú, del que no pueden librar muy fácilmente.

Es un arma de doble filo porque a los imperialistas les vale cualquier cosa, sobre todo los nazis bálticos, con tal de poner en dificultades a Rusia.

Veremos. En Bruselas se creen que pueden abrir la  caja de los truenos cuando les de la gana y la OTAN hace lo propio. El Centro Cooperativo de Excelencia para la Ciberdefensa de la OTAN está situado en Tallin, a tiro de piedra desde cualquier sitio.

La Legión Letona se creó en 1943, en plena guerra mundial, integrándose dentro de la Waffen SS. Anualmente celebran un desfile millar en el que se reúnen unos 1.000 nazis procedentes de varios países de Europa.

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