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Roma no paga a los traidores y Estados Unidos tampoco

Ahí tienen una foto inédita de hace 45 años de Joe Biden, el actual candidato a las primarias demócratas en las elecciones presidenciales de Estados Unidos que, para diferenciarse de Trump, se declara partidario de la inmigración. Pero durante la Guerra de Vietnam trató de impedir la evacuación de decenas de miles de refugiados de Vietnam del sur, a pesar de que eran cómplices de Estados Unidos.

Entonces Biden dijo que Estados Unidos no tenía ninguna obligación, “ni moral ni de otro tipo”, de evacuar a los extranjeros cuando el ejército norvietnamita y el Viet Cong llevaron a cabo su última ofensiva contra el sur y avanzaron hacia Saigón en 1975.

Su posición contrasta con la que tomó casi 30 años después con los cómplices irakíes y afganos que habían colaborado con los invasores estadounidenses. “Tenemos que ayudar a esta gente”, dijo su entonces asesor de política exterior, Tony Blinken, en 2012. “Tenemos una deuda de gratitud con esta gente. Ponen sus vidas en juego por Estados Unidos”.

Biden dijo en 2015 que no aceptar a los refugiados sirios en Estados Unidos sería una victoria para el Califato Islámico y en 2017 aseguró que había que proteger, apoyar y dar la bienvenida a esos refugiados para cumplir la promesa de Estados Unidos.

Cuando el gobierno fantoche de Vietnam del sur se derrumbó en 1975, el presidente Gerald Ford se comprometió a evacuar a miles de familias survietnamitas que habían ayudado a Estados Unidos durante la guerra. La voz principal que se opuso en el Senado al rescate fue Biden.

Cientos de miles de traidores survietnamitas podían ser perseguidos por las fuerzas liberadoras, pero Biden insistió en que “Estados Unidos no tiene la obligación de evacuar a uno ó 100.001 vietnamitas del sur”.

En abril de 1975, Ford argumentó que como las últimas tropas estadounidenses se habían retirado del país, Estados Unidos debían evacuar a los vietnamitas del sur que habían colaborado con Estados Unidos durante la guerra.

“Estados Unidos tiene una larga tradición de abrir sus puertas a los inmigrantes de todos los países… Y siempre hemos sido una nación humanitaria”, dijo Ford. “Sentimos que varios de estos vietnamitas del sur han sido muy leales a Estados Unidos y merecen la oportunidad de vivir en libertad”.

Pero Roma no paga a los traidores y Biden quería hacer lo mismo. Convocó una reunión entre el presidente y el Comité de Relaciones Exteriores del Senado para expresar sus objeciones a la solicitud de Ford de que financiaran la evacuación. El Secretario de Estado Henry Kissinger, que dirigió la reunión, dijo a los senadores que “la lista total de personas amenazadas de exterminio en Vietnam es de más de un millón” y que “la lista mínima es de 174.000”.

“Debemos centrarnos en la evacuación de las tropas americanas. Evacuar a los vietnamitas y proporcionar asistencia militar al gobierno de Vietnam del sur son cuestiones completamente diferentes”, dijo.

Kissinger respondió que hay “vietnamitas con los que tenemos una obligación” y Biden respondió: “Votaré por cualquier cantidad de dinero para evacuar a los americanos. No quiero que esto se mezcle con la evacuación de los vietnamitas”.

Ford se sorprendió por la respuesta de Biden, diciendo que no evacuar a los vietnamitas del sur sería una traición a los valores americanos: “Abrimos nuestra puerta a los húngaros… Nuestra tradición es dar la bienvenida a los oprimidos. No creo que esta gente deba ser tratada de manera diferente a los demás, húngaros, cubanos y judíos en la Unión Soviética”.

El Comité de Relaciones Exteriores del Senado recomendó que el proyecto fuera aprobado por el pleno del Senado por una votación de 14 a 3. Biden fue uno de los tres senadores del comité que votaron no. El informe de la conferencia también fue aprobado por el Senado en su totalidad por un voto de 46 a 17, con Biden de nuevo votando en contra.

Saigón cayó el 30 de abril de 1975 y los traidores que no pudieron escapar de Vietnam fueron condenados a cumplir condena en campos de reeducación.

A pesar de la oposición de Biden y otros destacados miembros del partido demócrata de la época, el ejército de Estados Unidos evacuó a más de 130.000 traidores tras el colapso de Vietnam del sur, y cientos de miles más se reasentaron en Estados Unidos en los años siguientes.

Uno de aquellos fue Quang Pham, que escribió una autobiografía en 2010, “A Sense of Duty: Our Journey from Vietnam to America”, sobre la huida a Estados Unidos en 1975 a la edad de 10 años con su madre y tres hermanas, de 11, 6 y 2 años. Su padre, miembro del ejército de Vietnam del Sur, no huyó con ellos y pasó más de una década en un campo de reeducación antes de trasladarse a Estados Unidos en 1992.

Pham elogió a Ford por salvar a los refugiados vietnamitas como su familia y criticó a los demócratas como Biden por tratar de mantenerlos fuera.

Pham creció en Estados Unidos y se unió a los Marines, en cuyas filas combatió en la Primera Guerra del Golfo.

https://www.washingtonexaminer.com/news/the-us-has-no-obligation-biden-fought-to-keep-vietnamese-refugees-out-of-the-us

La gran huelga de mujeres de 1918 en Barcelona

Edmundo Fayanas Escuer

La I Guerra Mundial había sumido a Europa
en una situación desoladora tanto económica como socialmente. Se
producen levantamientos populares continuos y una dura represión
policial y militar. Esta situación pone en crisis los regímenes
liberales preponderantes en esos momentos históricos.

La
situación española era terrible a pesar de no haber participado en la I
Guerra Mundial. Las fábricas estaban a todo rendimiento, lo que provocó
un fuerte enriquecimiento del sector empresarial mientras que al mundo
obrero lo mantenía en la más absoluta indigencia, con salarios de
miseria y con situaciones cercanas a la esclavitud.

Barcelona
era la zona de mayor desarrolló del país donde la burguesía catalana no
hacía más que enriquecerse, mientras que el movimiento obrero luchaba
por lograr unas condiciones de vida dignas. En este sentido, destacaba
el poderío del movimiento obrero anarquista y en menor medida, los
socialistas.

Fue en el barrio chino de Barcelona donde se produjo
un levantamiento popular exclusivamente de mujeres liderado por simples
vecinas hartas de los abusos de los comerciantes

Ante la amenaza
que suponía este movimiento obrero, amplios sectores del empresariado
catalán no dudaba en contratar a pistoleros a sueldo para eliminar a los
dirigentes anarquistas catalanes
y estos contaban con la pasividad y
aquiescencia de la policía. Estos a su vez respondían también con
asesinatos.

Sin embargo, es en el barrio chino de Barcelona donde
se produjo un hecho insólito, nada menos que un levantamiento popular
exclusivamente de mujeres y que fue liderado de forma espontánea por
simples vecinas, hartas de los abusos de los comerciantes.

Durante
los años que duró la I Guerra Mundial, los productos básicos de
consumo, pan, carbón, aceite, bacalao, habían subido por encima de los
sueldos de una población que ya se encontraba exhausta, mal alimentada y
explotada en el trabajo, en consecuencia, estaban al límite de la
supervivencia.

En el inicio de enero de 1918, pocos días antes de
la revuelta de las mujeres, la Junta de Subsistencia había establecido
un precio de venta tasado para el carbón, que los comerciantes no
estaban dispuestos a venderlo a dicho precio, por lo que tan sólo se
conseguía carbón a precios superiores al 30% del precio tasado por la
Junta. Esto provocó un gran malestar social contra los comerciantes y el
Gobierno.

Como vemos, fue el precio del carbón y el monopolio
que ejercían algunos comerciantes sobre productos básicos de la
alimentación de la población, lo que provoca el inicio de la revuelta de
las mujeres. Los comerciantes hacían que se pagaran a precios
demasiados elevados todos estos productos en relación a los jornales de
los trabajadores.

Eran muchos los
comerciantes que no respetaban los precios tasados por el Gobierno y los
subían indiscriminadamente para obtener pingues beneficios. De esta
forma, llegó el duro invierno y no tenían carbón para poder calentarse y
tampoco disponían de los alimentos suficientes por lo que se iba
extendiendo el hambre.

El carbón se convirtió entonces en un
producto de lujo
. Las mujeres barcelonesas no esperaron a que los
sindicatos obreros lucharan contra esta explotación por parte de los
comerciantes. Fueron las mujeres trabajadoras, que tenían entre trece y
treinta años quienes están en el origen de esta huelga.

El diario
barcelonés de esta época “El Diluvio” relata de esta manera el inicio
de dicha movilización: “Eran las diez de la mañana, Amalia Alegre, una
vecina de la calle el Olmo, cuelga en la calle un papel en donde convoca
a todas las mujeres a dirigirse en manifestación al Gobierno Civil para
protestar por la falta de subsistencias a precio tasado. Pronto se
reúnen unas 500 mujeres que desde la calle del Olmo se dirigen por el
Arco del Teatro hasta Cires y de ahí llegan a Conde del Asalto desde
donde acceden a las Ramblas. Por el Paseo de Colón llegan al Gobierno
Civil”.

De dicha manifestación surge una Comisión de cinco
mujeres, que está encabezada por Amalia Alegre y que será recibida por
el Gobernador Civil, Auñón. Dicha comisión solicita que se respeten por
parte de los comerciantes los precios estipulados por la Junta de
Subsistencia para los productos de consumo y que no se acaparen
alimentos en los almacenes a la espera de la subida de precios.

El
Gobernador Civil les promete que llegarán productos en cantidad a las
tiendas y que estos serán vendidos a los precios tasados.

A pesar
de esta promesa, por la tarde se produce otra manifestación y en esta
ocasión las mujeres van acompañadas por sus hijos, acudiendo nuevamente
frente al Gobierno Civil de Barcelona. Esa misma tarde se producen
fuertes incidentes enfrente de diversas carbonerías que vendían el
carbón por encima de los precios tasados.

Al día siguiente, a
media tarde se vuelven a concentrar un grupo numeroso de mujeres en el
Paralelo barcelonés y gritaban contra los acaparadores y la falta de
subsistencias en las tiendas.

Los sindicatos obreros acuden por
primera vez a dicha concentración para respaldar a las mujeres. Sin
embargo, las mujeres rechazan su presencia y les dicen que esta protesta
es únicamente de mujeres. Los sindicatos se retiran ante esta petición
de las mujeres y se niegan a la presencia de los hombres.

La policía hace acto de presencia, pero ellas seguían gritando:

¡Tenemos hambre!
¡Queremos el abaratamiento de las subsistencias!

A
su paso van cerrando todo y las mujeres se van uniendo a la marcha, se
enfrentan con los comerciantes que se niegan a cerrar y en las Ramblas
donde paran tranvías e invitan a las mujeres que iban en los mismos a
sumarse a la manifestación.

Entran en algún local de diversión
rompiendo los cristales y hacen salir a los ahí presentes y piden a los
artistas que se unan a la protesta, lo que consiguen en la mayoría de
los casos.

La zona donde vivían estas mujeres era una zona muy
pobre y deprimida en contraste con el Paralelo donde abundan los
cabarets y los cafés, era una zona cara de Barcelona. Los clientes que
se encontraban en sus terrazas huyen despavoridos. Muchos de los
artistas que había en esa zona de cabarets secundan la huelga de las
mujeres y se niegan a actuar.

Desde el Paralelo se dirigen por la
calle Conde del Asalto cerrando todos los locales abiertos. En el local
Edert Concert lo destruyen todo, lo mismo sucede en el Alcázar Español.

Este
potente movimiento de las mujeres debido al frío y al hambre que
sufrían en Barcelona enseguida contó con el apoyo y la simpatía de
amplios sectores de la clase trabajadora. Esto queda bien reflejado en
el periódico “El Diluvio” en su edición del doce de enero y dice:

“Como
prueba de solidaridad con las manifestantes y dar fuerza al acto,
habían abandonado el trabajo las obreras de las fábricas… y las
manifestaciones crecían al grito de ¡mujeres a la calle, a defenderse
del hambre y a poner remedio al mal! ¡Por la humanidad, a la calle
todas!”

Se manifiestan por las Ramblas y llegan a los almacenes
El Siglo donde una comisión de las manifestantes pide al dueño el cierre
de los almacenes y que se les unan las dependientas, pero el
propietario se niega y se produce rotura de cristales y de mobiliario
del almacén. Ante esta situación, el propietario decide cerrar el
almacén.

Los tranvías que circulan por la Rambla son detenidos y a
las pasajeras se les invita a manifestarse con ellas. Es una huelga sin
dirigentes y son las mujeres que tienen mayor arrojo y capacidad
oratoria las que dirigen la manifestación. Como vemos, es un movimiento
sin una dirección clara y sin una estrategia, pero sí sabían lo que
deseaban.

Se producen reuniones con el alcalde de Barcelona y también con el Gobernador Civil, a quien le dijeron: “Si
no se solucionaban las demandas de los trabajadores, harán parar a los
hombres, obligándoles a que se queden en casa, y las mujeres se echarán a
las calles seguras de imponerse, ya que toda la razón las asiste”.

Por
su parte, hasta los estudiantes acordaron en asambleas sumarse a las
manifestaciones en solidaridad. Ante el acuerdo tomado en asamblea por
los estudiantes de sumarse a las protestas, una comisión de mujeres se
dirige a los periódicos para que estos informen que no aceptarán la
incorporación de varones. Prefieren continuar ellas solas la revuelta.

El
lunes, 14 de enero amaneció con miles de mujeres en las calles, pasando
por todos los centros de trabajo, tiendas y fábricas a invitar a las
mujeres a que abandonen el trabajo y se unieran a la manifestación.

Llegaron
a hacer manifestaciones paralelas en diferentes puntos de la ciudad,
entre 3.000 y 4.000 mujeres. Si seguimos la información que aparece en
el diario El Diluvio, más de 14.000 habían hecho huelga en las fábricas,
sumándose a las manifestaciones
.

Los comerciantes barceloneses
asustados ante la potencia de la manifestación cierran sus tiendas. Las
mujeres están encolerizadas y disfrutan del éxito de su planteamiento,
pero son conscientes de que necesitan seguir la lucha y ampliarla, por
lo que al día siguiente plantean volver al Gobierno Civil al comprobar
que lo prometido por el gobernador no se ha cumplido y los precios
continúan igual.

Esa mañana ya habían cerrado varias fábricas del
distrito V con mayoría de trabajadoras. Estas trabajadoras se reúnen y
realizan una manifestación y lucen temas como:

¡Abajo las subsistencias!
¡Fuera los acaparadores!
¡Mujeres a la calle, a defenderse del hambre y a poner remedio al mal!
¡Por humanidad, a la calle todas!

Por la tarde vuelven a sucederse manifestaciones y se producen incidentes con la rotura de lunas y cierres de comercios. Aparecen las fuerzas de la guardia civil pero no intervienen, temiendo que su violencia genere una gran respuesta popular y se limita a vigilar y formar cordones de seguridad frente a los mercados.

Por la noche se repite la manifestación de mujeres que de nuevo obliga a cerrar las salas de espectáculos del Paralelo y Distrito V.

La guardia civil recorre las calles a caballo y se ha acuartelado a las tropas. Las fuerzas de seguridad custodian los mercados. Comisiones de mujeres recorren los barrios de Sans, Gracia y San Andrés pidiendo a las mujeres que trabajan que se les unan y a la vez rechazando el apoyo de los varones.

A los hombres se les dice que sigan trabajando pues ellas solas son capaces de lograr lo que se han propuesto. Una manifestación de unas 4.000 mujeres se dirige a la Plaza Real en donde se improvisa un mitin.

De pronto, en otras ciudades, como Málaga o Valencia, las mujeres imitan a las de Barcelona y convocan protestas. La rebelión femenina se extiende a Málaga, produciendo sangrientas consecuencias. Valencia sufre también la ira de las mujeres, que parecen enloquecidas, como accionadas por una extraña y poderosa fuerza con la finalidad de conseguir sus justas reivindicaciones.

La tarde de aquel lunes, catorce de enero, una manifestación de al menos 5.000 mujeres acude al Gobierno Civil donde tiene lugar una reunión de la Junta de Subsistencias que estudia la posibilidad de aumentar la llegada a Barcelona de artículos de primera necesidad.

El ímpetu de las mujeres consigue romper el cordón de los guardias de seguridad que se encuentran custodiando la entrada al edificio y en tropel suben las escaleras para hablar con el gobernador.

Viendo el cariz que toma el asunto, el gobernador manda desalojar la escalera repleta de mujeres y la presión entre las que temerosas de resultar heridas quieren bajar y el empuje que desde abajo aplica el resto de mujeres hace que se desprenda la baranda de hierro, cayendo un grupo de mujeres.

Dio como resultado 25 mujeres gravemente heridas cuando se desprendió la baranda de hierro de la escalera. Piernas fracturadas, conmociones cerebrales, varias de ellas heridas. Por suerte no muere ninguna.

Fuera del edificio las esperaban miles de mujeres. Mientras tanto en las calles de Barcelona, grupos de mujeres asaltan tahonas, paran carros de carbón y los vacían, entran en las carnicerías buscando alimentos.

Grupos de mujeres cierran tahonas y acuden a los centros de trabajo de las mujeres pidiendo solidaridad y que se unan a la huelga. Se producen los primeros robos y saqueos y los comerciantes empiezan a usar armas para defender sus negocios. La tensión social es máxima.

Las mujeres siguen negando el apoyo de los hombres, que no pueden ni tan siquiera entrar en los mítines que tienen lugar en varios locales del barrio, para así evitar que se infiltre la policía pues solo había hombres y ninguna mujer policía.

La situación es tan precaria que el Gobernador tiene que aceptar una limitación de los precios en los alimentos. Sin embargo, esta medida hace que se desconvoque la huelga y las protestas.

Posteriormente, las mujeres comprobarán que muchos comerciantes no acatan la medida, lo que provoca más incidentes y más robos. Por otro lado, hay un mitin en el cine Montaña en donde se rechaza el bando y se desautoriza a la comisión de mujeres que aprobó el bando del gobernador del día anterior, por entender que las medidas no son suficientes. El mitin finaliza llamando a continuar la huelga al día siguiente

El miércoles, el paro en las fábricas es masivo. En las calles, los establecimientos de alimentación no abren. Hay múltiples asaltos a carbonerías, así como a tahonas y carnicerías. En algunos establecimientos, los dueños se defienden nuevamente a tiros del intento de asalto.

El miércoles 23 de enero, el Gobierno Central destituye al gobernador civil de Barcelona, Sr. Auñón, y para que no haya un vacío de poder mientras se nombra al nuevo gobernador, se designa como gobernador interino a Prat, presidente de la Audiencia. Al día siguiente se celebra un mitin en la Font del Gat al que acuden 5.000 mujeres. Este mitin disuelto por la guardia civil, que se emplea con extrema dureza.

Al día siguiente el paro en las fábricas fue masivo, protagonizado tanto por mujeres como por hombres. Los centros de trabajo con mayoría de mujeres trabajadoras, como guarderías o perfumerías, cerraron todos. Los diarios barceloneses anuncian que “Puede decirse que el paro fue general”.

Tuvieron que cerrar los cines, los teatros y los mercados, frente al inminente asalto de las manifestantes, que en su paso bloqueaban tranvías y sustraían productos de las tiendas de alimentos y repartían el pan que sacaban de las tiendas. Mientras en las calles las manifestaciones no cesaban, con duros enfrentamientos con la guardia civil, cargas, corridas y detenciones.

El jueves, se celebra un mitin en El Globo Cautivo del Salón de San Juan. No se permite la entrada a los varones excepto periodistas acreditados. Se aprueban varias medidas como que las subsistencias tengan el mismo precio que antes de la guerra, la reducción del alquiler en un 20%, readmitir a los 6.000 trabajadores del transporte que habían sido despedidos por entender que una de las razones del aumento del precio de las subsistencias era el encarecimiento del transporte.

Acuden al gobierno civil y presentar los acuerdos del mitin, y recibidas por el gobernador les dice que algo harán para mejorar la situación. El viernes se calcula en 20.000 trabajadoras las que secundan el paro. Sagrera, San Martin, San Andrés. Pueblo Nuevo se suman al paro.

Empieza la tercera semana del conflicto sin visos de solución. Los comerciantes o no tienen género en las tiendas para no tener que venderlo al precio tasado o se niegan a venderlo por debajo de determinado precio. Para no colocar mercancía en sus tiendas han hecho desaparecer los carros que surtían a las tiendas desde los almacenes. Son detenidos varios comerciantes que se niegan a abrir la tienda o por no querer vender al precio tasado.

La casa de aceites Salat con una tienda importante en Rambla Canaletas es de las que no quiere vender el aceite al precio fijado y ante la irrupción de un grupo de mujeres que exige el precio convenido, las golpean y la fuerza pública detiene al encargado de la tienda.

Se suman las llamadas señoras al conflicto, la por entonces aún poco numerosa clase media. Todos las llaman señoras y así se identifican ellas. Hacen llegar una nota a la prensa expresando la necesidad de abaratar las subsistencias y los alquileres, sobre todo los alquileres, y convocando a su grupo al Salón de San Juan el siguiente jueves para dirigirse en manifestación al gobierno civil. En el resto de España hay disturbios por el mismo motivo en La Coruña, Alicante y Málaga.

Aumenta el número de fábricas en paro. En muchas de las fábricas con personal de ambos sexos, la falta de mujeres impide continuar la producción, por lo que han de parar a su vez los hombres. Se extiende el asalto a los comercios. Sobre todo a los de pesca salada, más refractarios a vender al precio tasado. Se asaltan los almacenes de aceites Salat en Wad Ras que se está distinguiendo por hacer caso omiso a las disposiciones del bando.

El viernes se declara el estado de guerra en la provincia ante el descontrol y la pérdida de poder por parte de las autoridades. Fuerzas del ejército se encargan de la custodia de mercados y establecimientos comerciales. Simultáneamente, el gobierno central emite un real decreto decretando la censura militar de prensa.

Se declara el Estado de Guerra y los soldados toman las calles y custodian los principales mercados. Los militares van pertrechados con armamento. Hay ametralladoras en cada esquina y la protesta finaliza con éxito pues los comerciantes acaban acatando las limitaciones de precios y, desde entonces, Barcelona comprueba la fuerza de la unidad de las mujeres proletarias.

El sábado se publica un bando del Gobierno Civil prohibiendo la exportación desde Barcelona de una serie de artículos de primera necesidad, dictando los precios para la venta al público de los alimentos y subsistencias más utilizadas por los trabajadores, y dando curso a una serie de decisiones para impedir que dichas subsistencias pudieran permanecer almacenadas a la espera de que subiese su precio.

Una comisión de mujeres, entre las que aparece Amalia Alegre, se reúne con el gobernador, aprueba el bando y toma la resolución de desconvocar la huelga.

El domingo los movimientos son varios; por un lado, comisiones de comerciantes, de abastecedores, de ultramarinos, acuden al gobierno civil en solicitud de que se anule el bando puesto que al precio al que se había fijado la venta de algunos productos, haría que vendiesen por debajo del precio de compra.

A partir de la salida de las tropas a la calle, desaparecen las manifestaciones y los asaltos a los comercios. Se instalan ametralladoras en varios enclaves y se disuelve todo conato de concentración. La prensa pasa a las últimas páginas la información del conflicto y aún con sordina.

Finalmente, el sábado asumió el nuevo gobernador civil González Rothwos, quien anunció una serie de medidas para aumentar el abastecimiento de productos de primera necesidad, enumerando una lista de precios para esos productos e informando las sanciones frente a la no aceptación por los tenderos de los precios tasados. Patrullas del ejército supervisarían que los establecimientos se abran y que el precio al que venderían los productos respete las instrucciones dadas.

Las valientes mujeres vuelven a las fábricas y centros de trabajo. Pero la revuelta acaba después de fuertes semanas de huelgas tras una revuelta intensa, paralizando la ciudad entera, ocupando la sede del Gobierno, haciendo caer un gobernador civil. Y, sobre todo, imponiendo sus demandas para mejorar el abastecimiento y bajar precios.

En pocos días volverán las mujeres al trabajo y se pone fin a la revuelta femenina por el derecho a unos precios justos y a tener calor en el invierno.

Durante dos semanas la lucha de las mujeres barcelonesas consiguieron paralizar la ciudad, que cesara el Gobernador Civil y un Bando donde se toman medida para mejorar el abastecimiento de alimentos y carbón y reducir sus precios. Se consigue una buena parte de lo que se pretendía.

https://www.nuevatribuna.es/articulo/cultura—ocio/8m-luchafeminista-huelga-mujeres-barcelona-1918/20200302183556171663.html

Cuando los obreros ponían bombas durante las huelgas: 100 años de la huelga de los camareros de Zaragoza

Se cumplen 100 años de la huelga de los camareros en Zaragoza, que se prolongó durante meses. Luchaban por la jornada de 8 horas y la abolición de las propinas, entre otras reivindicaciones.

La huelga comenzó el 26 de diciembre de 1919 pero el intento de sublevación del Cuartel del Carmen a principios de enero de 1920, a cargo del anarquista Ángel Chueca, conllevó la declaración del Estado de Guerra en la ciudad y paralizó el movimiento huelguista, pero no lo hizo desaparecer, ni solucionó el problema.

La llegada de febrero y el fin del Estado de Guerra reactivó la huelga. El 1 de febrero los patronos despidieron a más de un centenar de trabajadores que no se presentaron en sus puestos.

El 6 de febrero los dependientes de hoteles y restaurantes se afiliaron al Sindicato Único de Alimentación, quedando al margen la sociedad obrera de camareros. A mitad de febrero hubo cafés que aceptaron las demandas de los trabajadores iniciando el Sindicato Único una campaña de boicot contra los locales que no las aceptaron.

El día 22 de febrero se alcanzó un punto de inflexión. Ese día explotó una bomba en el café Royalty y fueron desactivadas otras dos en los cafés Central y Moderno. Eran tres de los cafés más conocidos de la ciudad.

Según testigos presenciales un individuo depositó una bomba dentro del Royalty. La explosión, a las 15.45 horas, fue tremenda y causó grandes daños materiales, también resultaron heridas varias personas.

Por la noche se descubrieron bombas en los cafés Central y Moderno, que no llegaron a detonar. La policía detuvo a dos personas, un conocido y significado anarquista, Victoriano Gracia, fue acusado de fabricar la bomba y entregársela a Eugenio Pascual Ventura para su colocación en dicho café.

Eugenio era un viejo conocido de la policía, con condenas por estafa, tenencia y disparo de armas e injurias. Ambos detenidos se enfrentaron a un largo proceso penal, con muestras de solidaridad hacia ellos.

A pesar de las detenciones, las explosiones continuaron. A finales de febrero el Gobernador Civil clausuró el Sindicato Único, el Centro Obrero de Camareros y prohibió todo tipo de reuniones obreras. Pero la huelga continuaba.

En abril hubo otro importante atentado que las autoridades y la prensa relacionaron con la huelga de los camareros. La madrugada del 2  de abril, Agustín Flaños y  Ángel Romero salían de tomar algo en el Royal Concert, actual sala Oasis, y fueron sorprendidos por un grupo de personas armadas que acabó con sus vidas.

Agustín era un esquirol en la huelga, lo que sirvió a las autoridades para relacionar el crimen con los huelguistas y detener a los máximos sospechosos. Tres anarquistas, ninguno de ellos pertenecientes al sindicato de Alimentación, fueron detenidos.

Ante la detención de otra veintena de sindicalistas se produjo un paro obrero que se extendió a Calatayud, Épila, Gallur, Alagón y Pastriz, además de los sabotajes; como las dos explosiones en los jardines de Capitanía General.

Un año después los tres detenidos por el crimen fueron declarados inocentes y el tribunal dejó en el aire la autoría de los asesinatos, pero abriendo la posibilidad de que fuese un crimen por robo.

Unos días antes del atentado del Royal Concert, se sucedieron múltiples explosiones en cafés de toda la ciudad. El 30 de marzo explotaba una bomba frente al Gobierno Civil y el 31 de marzo explotaba otro artefacto frente al café Ambos Mundos.

El 5 de mayo se dio por finalizada la huelga tras la liberación de varios presos y la promesa de reabrir los centros obreros. La huelga terminó sin que se lograsen los objetivos marcados.

El uso de la represión y la fuerza por parte de las autoridades marcaría el devenir de las siguientes huelgas que jalonarían todo el año 1920. Huelgas laborales, huelgas políticas con atentados, sabotajes, muertos y detenciones indiscriminadas.

https://arainfo.org/1920-2020-la-huelga-de-camareros-y-camareras/

La huelga de las ‘señoritas obreras’ cumple cien años

Reinaldo Spitaletta

Ya se había establecido, desde los albores del siglo XX, el llamado modelo empresarial antioqueño, que, dentro de una complejidad de aspectos, estaba aliado con la Iglesia. Se ejercía desde las élites una estricta vigilancia y control de los trabajadores con diversos mecanismos que iban desde catequesis, patronatos, misas campales… y la conservación de la virtud (consistente en obedecer). Había dietas y censuras. El catolicismo —con el beneplácito de los nuevos industriales de Medellín— estableció qué podía leer o ver o pensar un trabajador, en tiempos en que ya el cine era una opción en la que, pese a todo, unos y otros se igualarían en el espectáculo.

Las nuevas factorías de textiles (la primera en establecerse en el Valle de Aburrá fue la Fábrica de Tejidos de Bello, llamada en sus comienzos Compañía Antioqueña de Tejidos) se alimentaron con mano de obra femenina en su mayoría. Había ciertos condicionamientos, como que las trabajadoras no podían ser casadas y mucho menos madres solteras. Los patronatos, entre otros fines de domesticación, se encargaban del cuidado de la virginidad.

A comienzos del XX, cuando el modelo ya tenía raigambre, sucederá un acontecimiento extraordinario que pondrá en evidencia no solo una serie de atropellos patronales, sino la enorme capacidad de lucha de las señoritas obreras. En la Fábrica de Tejidos de Bello (fundada en 1902 y cuyas labores comenzaron dos años después), 400 muchachas se declararon en huelga, un término que se estrenaba en el país. En 1919, debido a otros alzamientos de trabajadores en Colombia, bajo el gobierno de Marco Fidel Suárez se estableció el derecho de huelga (Ley 78 de 1919). Valga anotar que, en ese año, se presentó en la Plaza de Bolívar la masacre de sastres.

Cuatrocientas trabajadoras (la fábrica también tenía unos 100 obreros) se alzaron contra la tiranía del empresario Emilio Restrepo Callejas, alias Paila, del que ya, años antes, se había quejado Carlos E. Restrepo, por su soberbia y autoritarismo. Y no solo contra el gerente-administrador, sino contra varios capataces, que las chantajeaban y acosaban. En el memorial que presentaron, las muchachas (algunas entraban desde muy niñas, a veces para poder ganar plata para el vestido de la primera comunión) exigían, además, que les permitieran trabajar calzadas.

Entonces se laboraba de sol a sol, en una larga jornada en la que, según el régimen interno, se cobraban multas a las trabajadoras por diversos motivos, entre ellos el llegar tarde. Había discriminación salarial. Las señoritas ganaban menos que los obreros. En su memorial (entonces no se hablaba de pliego de peticiones) incluyeron rebaja de la jornada y aumento del pago. En la huelga y sus previos sobresalió, como una suerte de Juana de Arco (así la calificaron varios cronistas de época), la bellanita Betsabé Espinal, de 24 años.

El 12 de febrero de 1920 estalló la primera huelga en Colombia. Y la hicieron 400 señoritas, dirigidas por una “negrita avispada”, que “no se tragaba nada”, como dirían los periodistas que, a montones, cubrieron el acontecimiento singular. El Luchador, El Espectador, El Correo Liberal y otros periódicos dieron cuenta de la altiva batalla de las trabajadoras encabezadas por la valerosa Betsabé y de las que, además, se recuerda a Trina Tamayo, Adelina González, Teresa Piedrahíta, Matilde Montoya, Rosalina Araque, Carmen Agudelo y Rosalina Araque…

“Betsabé era en esos momentos supremos la justicia hecha mujer que surgía del antro pavoroso de todas las injusticias”, decía el reportero Tintorero, del periódico El Luchador. Las “doncellas en rebelión” se erigieron en paradigma de la lucha por las reivindicaciones de los trabajadores (hombres y mujeres). No se trató de una liza de género, sino de una combativa manifestación que rompió los controles del modelo empresarial y lo desnudó en su condición de explotador. En el Valle de Aburrá, el porcentaje de mano de obra femenina de las fábricas era, en 1920, del 80 por ciento.

La huelga duró 21 días y recibió la solidaridad de la prensa, los trabajadores, parte de la Iglesia y el pueblo en general. Las huestes femeninas ganaron la batalla, que se tornó en hito histórico. Betsabé y sus muchachas lograron que la jornada laboral se redujera a diez horas, que tuvieran tiempo para almorzar y tomar el algo, alza de salarios del 40 por ciento y poder trabajar calzadas; echaron a pique el represivo sistema de multas y, sobre todo, obtuvieron los despidos de los acosadores Jesús Monsalve, Teodulo Velásquez y Manuel J. Velásquez, que, por sus maniobras, habían “arrojado a los abismos pavorosos de la prostitución a varias de las obreras”.

Después de la huelga Betsabé Espinal entró en una suerte de limbo. Poco o nada se supo de sus actividades tras liderar un movimiento excepcional. Murió en 1932, en Medellín, en las afueras de su casa cercana al cementerio de San Lorenzo, electrocutada por “alambres de luz”. Ya había ganado la luz de la historia.

https://www.elespectador.com/opinion/centenario-de-la-huelga-de-senoritas-columna-903885

El lugar más radiactivo del mundo: las Islas Marshall, campo de pruebas nucleares de Estados Unidos

Fernando Mejía

Las Islas Marshall son un país de Micronesia, ubicado en el Océano Pacífico, entre Hawái y Australia, conformado por 29 atolones y cinco islas. En 1944, luego de derrotar al ejército japonés en la Segunda Guerra Mundial, los estadounidenses ocuparon ese territorio y convirtieron a los atolones Kwajalein y Enewetak en bases militares.

Más adelante, en 1947, las Naciones Unidas crearon el Territorio en Fidecomiso de las Islas del Pacífico, conformado por las Islas Marianas, Micronesia, Palaos y las Islas Marshall, que quedó bajo la administración de Estados Unidos. El gobierno estadounidense encontró en las Islas Marshall el lugar ideal para probar el potencial de las armas nucleares, entre 1946 y 1958, al inicio de la Guerra Fría con la Unión Soviética, debido a su ubicación remota y lo que interpretaron como una escasa población: para ese entonces había menos de 15.000 habitantes en ese territorio, según datos del Banco Mundial.

El gobierno estadounidense detonó 67 cabezas nucleares en las Islas Marshall durante esa década, enfocadas en dos lugares específicos: 44 pruebas se realizaron en el atolón de Enewetak y otras 23 en el atolón Bikini. En esta última, de hecho, se realizó la prueba conocida como Castillo Bravo, el primero de marzo de 1954, que es mil veces más poderosa que la bomba Little Boy, arrojada sobre Hiroshima en 1945 y, por tanto, es la bomba más poderosa que ha detonado Estados Unidos en su historia.

Las pruebas de armas atómicas causaron daño no solo en las zonas que fueron impactadas múltiples veces, sino en todas las Islas Marshall. Los impactos causaron cráteres en lagunas de poca profundidad, evaporizó islas enteras e hizo que cientos de habitantes tuvieran que exiliarse de sus hogares.

Los altos mandos del ejército estadounidense engañaron a las 184 personas que vivían en Bikini, indicándoles que esas pruebas eran importantes porque las bombas atómicas acabarían con las guerras del mundo y por eso debían trasladar su hogar a otro lugar, mientras la contaminación descendía, cosa que nunca pasó. Entonces, los estuvieron moviendo de una isla a otra, con dificultades para conseguir agua y comida. Hoy Bikini sigue deshabitado por los altos niveles de radioactividad.

En Enewetak, por su lado, hoy viven más de 600 personas a pesar de que, además de las pruebas de armas nucleares, también se probaron armas biológicas. Las autoridades estadounidenses no les informaron a los habitantes de ese atolón sobre las pruebas biológicas, que incluyeron un aerosol diseñado para acabar con las tropas enemigas.

La publicación de documentos clasificados reveló que algunos científicos buscaban estudiar a los seres humanos que viven en un ambiente contaminado por la radiación, que afectó a todas las Islas Marshall. En 1970 Estados Unidos decidió limpiar las zonas en las que hicieron pruebas, en un proceso que les llevó tres años. Luego, llevaron todos los desperdicios nucleares a una estructura de más de 85.000 metros cúbicos o, lo que es lo mismo, unas 35 piscinas olímpicas, ubicada en la isla Runit, perteneciente al atolón Enewetak, y cubierta con una cúpula de medio metro de grosor que fue llamada el domo Runit, aunque los locales lo llaman ‘La Tumba’.

Pese a ocultar los desperdicios en una estructura tan compleja, la radiación sigue siendo alta en esa zona del mundo. Han encontrado niveles elevados de elementos radiactivos como americio 241, cesio 137, plutonio 240 y plutonio 239, considerada esta última la sustancia más tóxica del planeta. Al menos cuatro islas y atolones de las Islas Marshall tienen una radiación más alta que Hiroshima y Chernóbil, lugares que se consideran inhabitables por los próximos 24.000 años, aunque se han visto animales en las zonas cercanas a la central nuclear donde sucedió el accidente nuclear de 1986.

La radiación del lugar ha causado problemas de salud en los habitantes, que hoy superan los 53.000 habitantes en todas las Islas Marshall. Entre las muchas enfermedades que causa la radiación, hay una que llama la atención porque también afecta la cultura de ese lugar: trastornos de tiroides que han afectado a más de 1.500 marshaleses que estaban vivos durante las pruebas, muchos de los cuales son músicos que desarrollan nódulos cancerígenos en su garganta, los cuales, a pesar de poder ser extirpados quirúrgicamente, dañan la voz y les impiden volver a cantar y la música es una de las tradiciones más fuertes de las Islas Marshall.

Pero, por si fuera poco, la contaminación de la radiación en las Islas Marshall se puede extender en todo el mundo, causando una crisis nuclear que amenaza con envenenar las aguas, acabar con cientos de especies marinas e incluso podría llegar a afectar a países cercanos y a sus habitantes, especialmente en Oceanía y Asia.

‘La Tumba’ de Runit se está agrietando y los desechos se están goteando al océano. El goteo causa el blanqueamientos de corales, muerte de peces, daños en las algas y brotes de enfermedades graves, que incluyen la mayor epidemia de dengue registrada en ese país. La pregunta ahora es ¿qué hará Estados Unidos para evitar esta inminente crisis mundial que empezaron ellos mismos hace más de 70 años?

https://www.las2orillas.co/el-desastre-nuclear-que-seria-las-islas-marshall-el-lugar-mas-radiactivo-del-mundo/

Los cómplices imperialistas del genocidio armenio

“¿Quién se acuerda ya del exterminio de los armenios?”, preguntaba Hitler en 1939, unos días antes de invadir Polonia.

El genocidio armenio fue consecuencia de la Primera Guerra Mundial, es decir, de la entrada del capitalismo en su etapa imperialista, pero muy pocos años después nadie recordaba nada. La memoria es sí: muy selectiva. Nos olvidamos de algunos acontecimientos, pero alguien se encarga de que no nos olvidemos de lo que les interesa.

Hay genocidios y genocidios. Depende. No todos los muertos son iguales. Ni todos los pueblos. A veces todo parece depender de la cantidad, de si matas a muchos o pocos.

El genocidio armenio ha vuelto a la actualidad de la manera más repugnante posible: como una arma arrojadiza contra Turquía. Si Erdogan mantuviera otra política, ni Estados Unidos, ni Alemania, hubieran alzado la voz.

Los armenios les importan un bledo. Sólo son el instrumento útil, el interruptor que tan pronto se enciende como se apaga. De Armenia nadie sabe nada y, lo que es peor, nadie quiere saber nada, aunque hay excepciones como… los comunistas.

En enero de 1916, cuando el genocidio apenas comenzaba, Karl Liebknecht bramó en el Reichstag en medio de un ruido ensordecedor: “En el Imperio Turco Aliado, la población armenia está siendo expulsada de sus hogares y masacrada por cientos de miles”. El diputado pidió que el gobierno informara de la situación.

Von Stumm, Jefe de la Sección Política del Ministerio de Asuntos Exteriores y Enviado Plenipotenciario del Kaiser, respondió lo siguiente: “El Canciller del Reich es consciente de que la Sublime Puerta [gobierno turco de Estambul], enfrentada hace algún tiempo a un intento de insurrección de nuestros enemigos, ha evacuado a la población armenia de ciertas partes del Imperio Turco y les ha asignado otros lugares de residencia. Debido a algunas de las repercusiones de esas medidas, se produjo un intercambio de opiniones entre los gobiernos alemán y turco. No se pueden revelar más detalles”.

Turquía y Alemania fueron aliados durante la Primera Guerra Mundial. En el momento del genocidio había muchos alemanes en Turquía, testigos de primera mano de lo que estaba ocurriendo.

Algunos de aquellos alemanes eran protagonistas principales del genocidio, que es la parte interesante del asunto. Alemania no es ajena al genocidio armenio. Los planes de expulsión de los armenios procedían del barón Colmar von der Goltz, que había trabajado desde 1883 como instructor militar del Imperio Otomano, donde tenía el rango de mariscal turco, conocido como “Golz Pashá”.

En 1913 el periodista alemán Paul Rohrbach sugirió la deportación de los armenios para encontrar una solución a la cuestión armenia. En 1913, bajo el mando del general Liman, unos 800 oficiales alemanes desembarcaron en Estambul para adiestrar militarmente a su aliado. Algunos de ellos participaron directamente en la planificación y ejecución de las deportaciones.

El general alemán Fritz Bronsart von Schelldorf, Jefe del Estado Mayor del Ejército Otomano en Estambul, justificó su actividad criminal contra los armenios incluso después de la guerra, escribiendo en 1919: “El armenio es como el judío, fuera de su país es un parásito: ‘chupa’ la salud de su país de residencia. De ahí ese odio casi medieval contra ellos, un pueblo indeseable. Con su exterminio todo se ha terminado”.

Hoy sabemos que los exterminios no se acabaron en 1919. No habían hecho más que empezar porque son inherentes al imperialismo. El ejército alemán no es ajeno al genocidio armenio y lo que había dirigido en 1920 lo repitió dos décadas después en su propio suelo. Si la matanza de los armenios se había olvidado, ¿quién se acordaría de una segunda matanza?

La matanza franquista de ‘Los cien de Almonte’: lo que hacían es ‘matar y robar’

Juan Miguel Baquero

Manuel se acerca con un papel en la mano. Lo entrega al periodista, como carta de presentación. Tiene un título: Matarifes Almonte. Porque es un listado «con los asesinos de mi pueblo», dice. Alguno de esos nombres mató a su padre, Antonio, asesinado en septiembre del 36. Su hijo, 83 años después, sigue buscando sus huesos y denunciando a quienes lo ejecutaron. 83 años después, la matanza franquista de ‘los cien de Almonte’ sigue viva.

Las víctimas del franquismo en esta comarca de Huelva lindante con el Parque Nacional de Doñana ni siquiera han tenido la oportunidad de buscar las fosas donde yacen sus familiares. Hasta ahora. Tras décadas de espera, la tierra ha comenzado a dar respuestas sobre los posibles paraderos de quienes hoy, todavía, siguen siendo desaparecidos.

Las tareas de localización corresponden a un proyecto arqueológico financiado por el Ministerio de Justicia. Como otras en suelo andaluz, caso de Nerva, también en la provincia onubense, o Utrera (Sevilla). La comunidad es la más castigada por la violencia golpista, con al menos 45.566 víctimas en 708 fosas comunes.

Unas cifras globales que superan a la violencia de Estado en Argentina y Chile, juntas. Pero la Junta de Andalucía, mientras, cumple un primer año de Gobierno de PP y Ciudadanos, sostenido por la extrema derecha de Vox, sin aprobar la exhumación de ni una nueva tumba ilegal de la guerra civil o la dictadura de Francisco Franco.

«Llegaron cuatro golfos asesinos y se lo llevaron por ser de izquierdas, y ya está, por querer la democracia», arranca Manuel Rodríguez Castilla. Tiene «89 años bien cumplidos», remarca, y sigue buscando a su padre, Antonio Rodríguez Soltero. «Y tenían tan pocos cojones que los mataban amarrados», denuncia.

Manuel está sentado en una acera del cementerio de Hinojos. Por ahí dicen los testimonios orales que estaría enterrado su padre y una parte de los cien vecinos que el fascismo mató en Almonte, incluida una mujer, conocida como Francisca la Charamusca.

Las máquinas han descartado unas primeras posibles ubicaciones. Queda seguir trabajando documentación y testimonios, en una tarea asumida por un equipo científico encabezado por la arqueóloga Elena Vera.

El mundo de la Memoria Histórica espera que el nuevo Gobierno de coalición PSOE–Unidas Podemos dé un impulso a las exhumaciones de fosas del franquismo. Empezando por las propias familias de represaliados.

Del otro lado del relato están las páginas casi en blanco que vienen sumando las derechas en Andalucía. Sin nuevas fosas aprobadas, más allá de las intervenidas este año que provienen de la legislatura anterior, como la del terror en Villaverde o la del Cojillo y las financiadas por el Estado, caso de la tumba que ejemplifica los asesinatos de madres «por sustitución».

O como el convenio a tres de Pico Reja en Sevilla, junto a la Diputación y adjudicado ya por el Ayuntamiento, y el inicio del Plan de Memoria 2020 sin aclarar cuánto ha gastado del presupuesto 2019.

Y, mientras, una parte de los más de 100.000 desaparecidos ya nunca podrán ser localizados. Como certificó el informe encargado por la Dirección General de Memoria Histórica del Ministerio de Justicia, “el tiempo sigue corriendo contra las víctimas del franquismo”.

«Es lo que hacían, matar y robar», continúa Manuel. Y «estos son los asesinos», reafirma señalando un listado con más de medio centenar de nombres, apellidos y apodos como el Caballero, el Tuerto, el Espartero o el Cojo Pataslargas. Todos de Almonte, «donde mismo vivo hoy», apunta el hijo de Antonio.

«Hemos convivido toda la vida con quienes mataron a nuestros padres». Porque eran «voluntarios matando gente» que nunca «han dicho nada en un juzgado», sostiene con firmeza. «Ya han pasado 83 años, ¿no voy a poder decir yo quiénes eran?», plantea.

La madre de Manuel, Isabel Castilla, quedó viuda en una madrugada a inicios de septiembre de 1936. «La dejan sola con un montón de criaturas». En su casa, aquel niño ya solo oiría «nada más que suspiros». Porque la represión fascista contra ellas tenía una saña especial. Los golpistas, en Almonte, mataron a 99 hombres y una mujer.

«Me llamo Mercedes Isabel Gómez Cabrera y soy familia de Francisca Cabrera Rodríguez, alias Frasquita la Charamusca». Ella es la única mujer asesinada entre ‘los cien de Almonte’. No estaba casada, no tenía hijos, no militaba en partidos o sindicatos. A la Charamusca «la matan como venganza a la familia».

Tras seis días detenida “la suben a un maldito carro, ya purgada y pelada”, camino al cementerio de Hinojos. “También nos dijeron que fue violada”, añade Mercedes. “Sufrió bastantes humillaciones”. Ahora su familia busca “que aparezcan y darles digna sepultura”.

Hacer Memoria. Como intentó en los años 80 el documental ‘Rocío’ de Fernando Ruiz Vergara. Una cinta “que fue bastante impactante para muchísima gente” porque un anciano aporta los nombres de algunos asesinos. “La persona mayor que sale es mi tío, Pedro la Cana”, confirma Mercedes Gómez. La película, censurada en plena democracia, sigue en la misma situación oficial y su autor acabó exiliado en Portugal, donde falleció. “Fue todo contra Fernando”, dice.

Porque España sigue remando contra la desmemoria. Y en esta zona de Huelva, acariciada por las brumas selváticas de la amenazada Doñana y las travesías marismeñas de las romerías rocieras, el olvido y la impunidad no son menos que en otros sitios.

Porque todo episodio tiene su rastro en el recuerdo, en las páginas pasadas. Y la matanza de ‘los cien de Almonte’ tiene germen y explicación en un caso ocurrido pocos años antes, como cuenta el libro Contra la República. Los «sucesos de Almonte» de 1932. Laicismo, integrismo católico y reforma agraria (Aconcagua Libros), de Francisco Espinosa Maestre. Dicen que fue un motín popular. «Es posible que muchos de los que gritaban ‘¡Viva la Virgen del Rocío!’ en lo que en realidad estuviesen pensando es en ‘¡Muera la República!’, como firma el historiador.

https://www.eldiario.es/andalucia/huelva/franquista-Almonte-Frasquita-Charamusca-asesinados_0_976052619.html

La caza de un demonio (el nazismo) alimentó otro demonio (el sionismo) a base de mentiras

Simon Wiesenthal
Guy Walters

Desde principios de los años 60, el nombre de Simon Wiesenthal se convirtió en sinónimo de cazador de nazis. Su estatus es el de un santo laico. Fue nominado cuatro veces para el Premio Nobel de la Paz, nombrado caballero honorario en Gran Bretaña, ha recibido la Medalla Presidencial de la Libertad en EE.UU., la Legión de Honor Francesa y al menos otras 53 distinciones, y a menudo se le han acreditado unas 1.100 «cabelleras» nazis. Es mejor recordado por sus esfuerzos para rastrear a Adolf Eichmann, un notorio criminal de guerra.

Sin embargo, su reputación se basa en la arena. Era un mentiroso… y uno muy malo. Desde el final de la Segunda Guerra Mundial hasta el final de su vida en 2005, mintió repetidamente sobre su supuesta persecución de Eichmann y sus otras hazañas como cazador de nazis. También inventó historias grotescas sobre sus años de guerra e hizo falsas afirmaciones sobre su educación universitaria. Hay tantas inconsistencias entre sus tres principales memorias autobiográficas, y entre estas memorias y los documentos contemporáneos, que es imposible construir una narrativa fiable basada en ellas. La falta de respeto de Wiesenthal por la verdad permite cuestionar todo lo que escribió o hizo.

Si su duplicidad tenía un motivo, probablemente se basaba en buenas intenciones. Porque sus mentiras no son los únicos descubrimientos impactantes que he podido hacer mientras estudiaba la fuga de los criminales de guerra nazis. Encontré una falta de voluntad política para cazarlos. Muchos de ellos podrían haber sido llevados ante la justicia si los gobiernos hubieran estado dispuestos a asignar incluso pequeñas cantidades de dinero para este fin.

Nació en 1908 en Buczacz, en Galicia, que entonces pertenecía al Imperio Austrohúngaro y ahora en Ucrania. Después de la Primera Guerra Mundial, Buczacz cambió de manos muchas veces, de polacos a ucranianos y luego a las fuerzas soviéticas. En 1920 Wiesenthal, de 11 años de edad, fue atacado con una espada por un ucraniano a caballo que le cortó el muslo hasta el hueso. Wiesenthal vio la cicatriz como una de las muchas pruebas de que estaba protegido de una muerte violenta por un “poder invisible” que quería mantenerlo vivo para un propósito particular.

Sus antecedentes eran ideales para cualquier aspirante a fabulista. Como muchos otros en Galicia, Wiesenthal pasó su infancia inmerso en el género literario polaco de la narración de cuentos contados durante las comidas. En un lugar como el Buczacz de los años 20, la verdad era un concepto bastante elástico. A la edad de 19 años, se matriculó como estudiante de arquitectura en la Universidad Técnica de Praga, donde descubrió su vocación de narrador y dio espectáculos unipersonales.

Sus estudios no fueron tan bien. Aunque la mayoría de sus biografías, incluyendo la del sitio web del Centro Simon Wiesenthal, indican que se graduó, en realidad no completó sus estudios. En algunas biografías se afirma que se graduó como ingeniero de arquitectura en el Politécnico de Lvov, en Polonia, pero no hay ningún registro de sus estudios allí en los archivos públicos de Lvov y su nombre no figura en el registro polaco de arquitectos e ingenieros de construcción de la preguerra.

Toda su vida afirmó fraudulentamente que tenía un título; su membrete lo mostraba con orgullo.

Del mismo modo, hay grandes contradicciones en sus dramáticos relatos de la Segunda Guerra Mundial. Estaba en Lvov cuando cayó ante los nazis en 1941. Afirma que él y un amigo judío llamado Gross fueron arrestados a las 4 p.m. el domingo 6 de julio, una de las pocas fechas que permanecen inalteradas en su siempre cambiante biografía. Sin embargo, siempre que es tan preciso, suele mentir.

Lanzados a prisión, fueron puestos en fila con otros 40 judíos en un patio. La policía auxiliar ucraniana comenzó a disparar balas rúnicas en la nuca de cada hombre, avanzando hacia Wiesenthal. Fue salvado por las campanas de una iglesia que llamaba a la oración del atardecer. Increíblemente, los ucranianos interrumpieron sus ejecuciones para ir a misa. Los supervivientes fueron llevados a celdas donde Wiesenthal afirma que se durmió. Fue despertado por un amigo ucraniano de la policía auxiliar que lo salvó a él y a Gross diciéndoles que se hicieran pasar por espías rusos. Fueron interrogados brutalmente -Wiesenthal perdió dos dientes- pero fueron liberados después de limpiar la oficina del comandante.

El relato de esa sensacional fuga -uno de los más famosos de Wiesenthal y que ayudó a establecer la noción de su misión divina- es con toda probabilidad completamente fabricado. Ciertamente, los ucranianos llevaron a cabo brutales pogromos en Lvov a principios de julio de 1941, pero fueron seguidos por una pausa y sólo se reanudaron el 25 de julio. Según el testimonio de Wiesenthal a los americanos que investigaron los crímenes de guerra, no fue arrestado hasta el 13 de julio, cuando logró huir gracias a un soborno. Al datar su arresto en el 6 de julio, su historia encajaba en el calendario de los pogromos.

A finales de 1941 Wiesenthal estaba en Janowska, un campo de concentración cerca de Lvov. Asignado a pintar insignias nazis en locomotoras soviéticas, se hizo amigo de Adolf Kohlrautz, el inspector jefe del taller, que se oponía secretamente al nazismo. Aparentemente el 20 de abril de 1943 fue seleccionado de nuevo para una ejecución masiva. La Janowska SS lo había escogido entre los judíos para ser fusilado durante una sombría celebración del 54 cumpleaños de Hitler. Caminaron silenciosamente hacia una gran zanja de arena, de dos metros de profundidad y 450 metros de largo. Allí pudieron ver algunos cadáveres. Obligados a desnudarse, tuvieron que caminar en fila india por un pasillo de alambre de púas llamado la cañería para ser tiroteados uno a uno al borde de la zanja.

Un silbido interrumpió los disoparos, seguido de un grito que decía “¡Wiesenthal!” Un hombre de las SS llamado Koller corrió hacia él y le dijo a Wiesenthal que lo siguiera. “Me tambaleé como un borracho”, recordó Wiesenthal. “Koller me dio un par de bofetadas y me devolvió a la realidad. Caminé de espaldas por la cañería, desnudo. Detrás de mí, el sonido de los disparos comenzó de nuevo, pero se detuvo mucho antes de que yo llegara al campamento”. De vuelta al campo, encontró un radiante Kohlrautz que había persuadido al comandante del campo de que era esencial mantener vivo a Wiesenthal para pintar un póster con una esvástica y las palabras “Agradecidos a nuestro Führer”.

Según Wiesenthal, el 2 de octubre de 1943 Kohlrautz le advirtió de que pronto serían liquidados el campo y sus prisioneros. El alemán le dio a él y a un amigo permiso para visitar una papelería en la ciudad, acompañado por un guardia ucraniano. Se las arreglaron para escapar por la puerta de atrás mientras el guardia esperaba delante.

Una vez más, parecía haber engañado milagrosamente a la muerte. Pero sólo tenemos su palabra. Según Wiesenthal, Kohlrautz fue asesinado en la batalla de Berlín en abril de 1945. Sin embargo, le había dicho a uno de sus biógrafos que Kohlrautz había sido asesinado en el frente ruso en 1944. Y en una declaración jurada hecha en agosto de 1945 sobre las persecuciones sufridas durante la guerra, omitió completamente esta historia. En este documento, como en su testimonio ante los americanos en 1945, menciona a Kohlrautz sin decir que este alemán le salvó la vida.

A partir de esto es imposible establecer una secuencia fiable de eventos en el curso de la vida de Wiesenthal durante la guerra. Con al menos cuatro versiones muy diferentes de sus actividades entre octubre de 1943 y mediados de 1944 -incluyendo su supuesto papel como oficial de la Resistencia-, merecen plantearse cuestiones importantes. En los decenios de 1970 y 1980, algunos, como Bruno Kreisky, el ex canciller austríaco, acusaron repetidamente a Wiesenthal de colaborar con la Gestapo. Las afirmaciones de Kreisky fueron apoyadas por pruebas no confirmadas de los gobiernos soviético y polaco. Wiesenthal lo demandó y ganó el caso.

Sea cual sea la verdad, en noviembre de 1944 Wiesenthal estaba en Gross-Rosen, un campo cerca de Wroclaw. Le dijo a Hella Pick, su biógrafo, que había sido obligado a trabajar descalzo en la cantera del campo y que pronto descubrió que el equipo de 100 prisioneros asignados a la brigada de trabajo se reducía en una persona al día. Después de unos días, se aseguró de que su turno estaba cerca. “Mi verdugo estaba detrás de mí”, recordó, “listo para romperme el cráneo con una piedra. Me di la vuelta y el hombre, sorprendido, dejó caer su piedra y me aplastó el dedo del pie. Grité de dolor”.

La rápida reacción de Wiesenthal y sus gritos aparentemente le salvaron la vida porque había una especie de inspección ese día -pensó que debía ser la Cruz Roja-, así que fue llevado a la clínica de emergencias. Le amputaron el dedo del pie sin anestesia mientras dos hombres lo sostenían. Al día siguiente, Wiesenthal dijo que estaba agonizando. El doctor regresó y vio que tenía una ampolla llena de pus en las plantas de los pies. “Lo cortó y la gangrena brotó por toda la habitación”.

Una vez más, hay que poner en duda uno de los “milagros” de Wiesenthal. En primer lugar, esta historia no aparece en ninguna otra biografía o declaración. Segundo, si la Cruz Roja hubiera realizado una inspección ese día, las SS habrían detenido temporalmente las ejecuciones. Y de hecho, a la Cruz Roja no se le permitió ir a los campos en ese momento. Finalmente, las consecuencias médicas parecen muy poco probables.

Poco después, según el relato de Wiesenthal, se las arregló para caminar 200 kilómetros al oeste de Chemnitz después de la evacuación de Gross-Rosen. Caminar con un pie gangrenoso y un dedo recientemente amputado debería haber sido un infierno. Como un zapato, tenía la manga de un viejo abrigo envuelta alrededor de su pie con un poco de alambre. Utilizó un palo de escoba como bastón. De los 6.000 prisioneros evacuados a pie, sólo 4.800 llegaron a Chemnitz. Con su pie infectado, Wiesenthal tuvo la suerte de ser uno de ellos.

Desde Chemnitz, los prisioneros llegaron al campo de Mathausen cerca de Linz, Austria. Wiesenthal llegó allí en la helada noche del 15 de febrero de 1945.

En “Asesinos entre nosotros” cuenta que él y otro prisionero, el príncipe Radziwill, se apoyaron mutuamente en su camino hacia el campo. El esfuerzo fue demasiado grande y se desplomaron en la nieve. Un hombre de las SS disparó un tiro que se interpuso entre ellos. Como los dos hombres no se levantaron, fueron dados por muertos a temperaturas bajo cero. Cuando llegaron los camiones para recoger a los que habían muerto en la marcha, Wiesenthal y Radziwill, inconscientes, fueron arrojados a una pila de cadáveres. En el crematorio los prisioneros que descargaban los cuerpos se dieron cuenta de que estaban vivos. Se les puso bajo una ducha fría para descongelarlos y a Wiesenthal le llevaron al Bloque VI, el “bloque de la muerte” para los pacientes condenados.

En 1961 entrevistado para los archivos de Yad Vashem por el periodista israelí Haim Maas acerca de sus años de guerra, Wiesenthal informó de que la infección de su pie se había vuelto verde azulado y se había extendido a su rodilla. Estuvo en el pabellón de la muerte durante tres meses hasta el final de la guerra. Demasiado débil para levantarse de la cama, afirmaba haber sobrevivido, increíblemente, con 200 calorías diarias, simplemente con un trozo de pan o una salchicha que un amigo polaco había introducido de contrabando para él.

Mathausen fue liberado el 5 de mayo de 1945. A pesar de su peso de apenas 50 kilos, Wiesenthal había salido corriendo para recibir a los tanques americanos. “No sé cómo me las arreglé para levantarme y caminar”. Si pudo caminar, fue porque su pierna gravemente infectada tuvo que ser tratada durante los tres meses anteriores, ya sea por amputación o antibióticos. Sabemos que no fue amputado y que el tratamiento con antibióticos no era común para los pacientes judíos en los campos de concentración. Una vez más, es como si un milagro hubiera ocurrido.

La velocidad de la recuperación de Wiesenthal es tan sorprendente que uno podría pensar que no estaba tan enfermo como decía. Sólo veinte días después de su liberación, escribió al comandante americano del campo para preguntarle si podía participar en la asistencia a las autoridades que investigaban los crímenes de guerra. Afirmando haber permanecido en 13 campos de concentración -en realidad no fue a más de seis campos- Wiesenthal entregó una lista de 91 nombres de los que se sentía responsable de un “sufrimiento incalculable”.

Según la mayoría de los relatos, Wiesenthal había preguntado si podía unirse a los investigadores de crímenes de guerra americanos, pero éstos se negaron, diciéndole que no estaba lo suficientemente bien. Después de ganar algo de peso, volvió al caso y fue asignado a un capitán con el que Wiesenthal afirma haber capturado su primera “cabellera”, un guardia llorón de las SS llamado Schmidt.

“Hubo muchos más en las semanas siguientes”, escribió más tarde Wiesenthal. “No había necesidad de ir lejos. Prácticamente podrías matarte caminando”.

Un curriculum vitae escrito después de la guerra no menciona su trabajo para los americanos pero cita su actividad como vicepresidente del Comité Central Judío en Linz, en la zona de ocupación americana. Su tarea era recopilar listas de supervivientes que otros supervivientes pudieran consultar en la búsqueda de sus seres queridos.

Durante al menos un año después del final de la guerra, otra de las tareas de Wiesenthal fue ejercer una fuerte presión en nombre de sus correligionarios judíos; se convirtió en presidente de la Organización Internacional de Campos de Concentración, que tenía su sede en París. También había establecido contactos con el Plan Brichah, que enviaba en secreto a los judíos de Europa a Palestina.

Hasta febrero de 1947 no creó la organización que lo hizo famoso: el Centro de Documentación e Historia Judía de Linz. Su propósito era recopilar información sobre la Solución Final con el fin de procesar a los criminales de guerra. Wiesenthal afirmó haberla creado debido a los comentarios antisemitas hechos por un oficial americano, lo que le hizo darse cuenta de que los Aliados no cazarían a los nazis, como era necesario.

Es triste, pero tenía razón. Él y su equipo de 30 voluntarios recorrieron los campos de desplazados recogiendo pruebas de las atrocidades cometidas por los antiguos prisioneros de los campos de concentración. En total, el equipo de Wiesenthal compiló 3.289 cuestionarios, una hazaña mucho más extraordinaria que cualquier cosa que los Aliados pudieran lograr.

Wiesenthal murió en 2005 a la edad de 96 años y fue enterrado en Israel. Los homenajes y elogios eran numerosos y excesivos, y en la época ocupada podría haber sido mezquino disminuirlo en vista de los muchos aspectos positivos del papel que desempeñaba. Era fundamentalmente un “showman” y cuando encontró su papel como el principal cazador de nazis del mundo, lo interpretó bien. Como es el caso de muchos espectáculos populares, era imposible para los críticos decir al público que el Gran Espectáculo de Wiesenthal era poco más que una ilusión. Al final fue una ilusión creada para una gran causa.

El artículo que traducimos estaba en este enlace hasta el año pasado:
http://entertainment.timesonline.co.uk/tol/arts_and_entertainment/books/book_extracts/article6718913.ece
Pero ha desaparecido por motivos obvios de censura, así que para leerlo hay que recurrir a otro enlace:
https://web.archive.org/web/20091103094210/http://entertainment.timesonline.co.uk/tol/arts_and_entertainment/books/book_extracts/article6718913.ece

El artículo se compone de extractos del libro que el autor había publicado el año anterior: Hunting Evil: The Nazi War Criminals Who Escaped and the Quest to Bring Them to Justice, Random House, Nueva York, 2009

Juan Carlos I: la vida miserable de un soplón al servicio de sus amos de Washington

La CIA ha desclasificado más de 12 millones de páginas de información, de las que unas 12.500 tratan sobre España. Los informes de estrategia y cables diplomáticos secretos reflejan la visión e influencia de la inteligencia norteamericana sobre el devenir del país en un momento clave de su historia como fue la Transición. Según los documentos, Juan Carlos I se convirtió en uno de los informantes más valiosos de Estados Unidos, revelando información confidencial a su contacto en Madrid, el embajador norteamericano Wells Stabler. Además, Juan Carlos habría pactado la entrega del Sáhara Occidental a Marruecos. Todo a cambio del apoyo norteamericano para convertirse en Rey.

Mediados de la década de los 70. La Revolución de los Claveles triunfa en Portugal. En Italia, los comunistas están muy cerca de llegar a formar parte del Gobierno. En Grecia la dictadura militar se desmorona. Y en España, el dictador Francisco Franco está en las últimas. El panorama es muy preocupante para los intereses norteamericanos, que ven como sus aliados pierden fuerza. Además del propósito global de frenar al comunismo y al socialismo, para Estados Unidos esta zona es especialmente importante a nivel geoestratégico. En 1973 por ejemplo, los aviones norteamericanos que se dirigían a Oriente Medio para apoyar a Israel en la guerra del Yon Kippur solo consiguen autorización portuguesa para repostar, y es probable que a partir de ahora ya no sea así. Hay que hacer algo.

Esta necesidad de Estados Unidos de ganar influencia en la región encuentra un aliado muy oportuno: Juan Carlos I. El sucesor natural del dictador Francisco Franco no era del agrado norteamericano en un principio. La CIA veía poco capacitado al monarca para liderar una transición democrática en el país. Sus únicos puntos a favor eran su «encanto personal», su intención de no legalizar el partido comunista y no tener hemofilia (enfermedad hereditaria de los borbones). Todo lo demás estaba en su contra:

“Hay poco entusiasmo por Juan Carlos y la monarquía en España, pero una cierta disposición a apoyarle al no haber una alternativa mejor … Si logra preservar la Ley y el orden mientras consigue una apertura política ganará apoyo. El reto es enorme. Y es improbable que el nuevo rey reúna las cualidades necesarias para lograrlo” (informe secreto de la CIA).

Sin embargo, poco después la figura del Borbón como aliado internacional fue ganando peso en los informes de inteligencia, hasta el punto de referirse a Juan Carlos como «motor del cambio» ¿Qué sucedió para que se diera este cambio de parecer?

En 1975 se pone en marcha un proyecto secreto de la CIA que tiene como objetivo arrebatar la provincia número 53 de España: el Sáhara Occidental. Se trata no solo de un un territorio rico en fosfatos, hierro, petróleo y gas, sino que es muy valioso a nivel geoestratégico. La inestabilidad en España debido a la enfermedad del dictador Francisco Franco es clave para llevar a cabo esta operación, que consiste en invadir la provincia española mediante una marcha de unos 350.000 ciudadanos marroquíes que se harían pasar por antiguos habitantes de la zona. Se trata evidentemente de la famosa Marcha Verde.

El 6 de octubre de 1975 los servicios de inteligencia del ejército español informan al dictador Francisco Franco de estos planes de «invasión pacífica» del Sáhara Occidental y le piden que mueva ficha. Y aquí es donde entra en juego Juan Carlos I, que se convirtió en confidente de Estados Unidos, enviando información secreta de todos los movimientos que Franco realizaba en la provincia del Sáhara. Es decir, el entonces príncipe Juan Carlos reveló información confidencial sobre los planes de España en el conflicto del Sáhara a una potencia extranjera que estaba jugando un papel clave en dicho conflicto. Hay quien lo denominaría alta traición.

De este modo, Juan Carlos I se convirtió en aquel momento clave de la historia del país en informante de Estados Unidos, con la esperanza de lograr así el apoyo norteamericano tras la muerte de Franco. Lo consiguió, y probablemente la historia de España sería muy diferente de no haber tomado esa decisión.

El contacto del entonces Príncipe era el embajador norteamericano en España, Wells Stabler, que tenía contacto directo con la Casa Blanca y con el jefe del Departamento de Estado, Henry Kissinger, quien le comunicó a este respecto en uno de los documentos ahora desclasificados: “Tus contactos con el príncipe deben ser tratados con la mayor discreción. Estos informes tienen un grandísimo valor para Estados Unidos y haremos lo que esté en nuestra mano para asegurarnos de que en el futuro se manejen de manera apropiada” (Henry Kissinger).

31 de octubre de 1975, Juan Carlos asume la jefatura en funciones del Estado debido a la enfermedad del dictador Francisco Franco. Uno de los temas más urgentes que debe tratar es respecto a la decisión del rey Hasan II de Marruecos de lanzar una ofensiva para reclamar una provincia española: el Sáhara Occidental.

El mismo día de la toma de posesión de su nuevo cargo, Juan Carlos preside su primer Consejo de Ministros, y muestra su intención de ponerse al cargo del asunto del Sáhara, pero no informa de que ya había enviado a Washington a su hombre de confianza, Manuel Prado y Colón de Carvajal, con la finalidad de conseguir el apoyo norteamericano y evitar así un conflicto con Marruecos que le podría costar su añorada Corona. De este modo, Kissinger media con Hassan II y finalmente se firmaría el pacto secreto por el que Juan Carlos entregaría el Sáhara español a Marruecos, a cambio de que Estados Unidos se convierta en su aliado en el complejo futuro que tiene por delante.

El 2 de noviembre, Juan Carlos viaja a la capital del Sáhara Occidental , El Aiún, donde asegura ante las tropas españolas: «Se hará cuanto sea necesario para que nuestro Ejército conserve intacto su prestigio y su honor». Hasta se permite decirles a los oficiales de sus tropas: “España no dará un paso atrás, cumplirá todos sus compromisos, respetará el derecho de los saharauis a ser libres”, y también: “No dudéis que vuestro comandante en jefe estará aquí, con todos vosotros, en cuanto suene el primer disparo”. Sin embargo, sabía que estaba mintiendo. Ya había pactado con Hassan II los términos de la entrega del Sáhara.

En uno de los documentos desclasificados, el embajador de Estados Unidos en España comunica a Washington: «Madrid y Rabat han acordado que los manifestantes sólo entrarán unas pocas millas en el Sáhara español y que permanecerán un corto periodo de tiempo en la frontera, donde ya no hay tropas españolas (…) El príncipe [Juan Carlos] ha añadido que una delegación representativa de unos 50 marroquíes tendrán permitido entrar en la capital territorial de El Aiún».

En el documento también se puede apreciar el temor de la inteligencia nortemericana a que se descontrolara la situación: «La zona en la que no está prevista que caminen los manifestantes está claramente marcada como campos de minas. Juan Carlos dijo que las fuerzas españolas usarán cualquier medio a su disposición para evitar que los marroquíes crucen esta línea […] Una vez que los manifestantes crucen la frontera, la situación puede descontrolarse fácilmente». También se habla de los posibles movimientos del Frente Polisario: «Algunos de sus miembros están en el área que ya han abandonado las tropas españolas […] Casi con total seguridad intentarán atacar a los manifestantes».

Finalmente, el 6 de noviembre de 1975 la Marcha Verde invade la provincia española. Todo estaba preparado de antemano. Los campos de minas y los legionarios se retiraron de la frontera. La ONU, atónita ante los acontecimientos, urge a Hassan II a retirarse y a respetar la legalidad internacional. El Consejo de Seguridad se pronunció aprobando la resolución 380, en la que “deplora la realización de la marcha” e “insta a Marruecos a que retire inmediatamente del territorio del Sáhara Occidental a todos los participantes en la marcha”, así como volver a hacer un llamamiento al diálogo. Sin embargo, todo estaba pactado ya.

En plena Guerra Fría, Estados Unidos y Francia anhelaban la anexión marroquí del territorio, puesto que Argelia y el Frente Polisario eran cercanos a la Unión Soviética. Hassan II, que atravesaba una compleja situación política interna, marcaba un tanto por la escuadra. Y España perdía un territorio clave, pero Juan Carlos I ganaba un reinado. Todos contentos. Excepto claro está, los habitantes del territorio en cuestión, que fueron las víctimas colaterales de este pacto/traición, y cuyo sufrimiento generado se ha alargado hasta nuestros días.

Los movimientos ocultos, las mentiras y la deslealtad de Juan Carlos con el tema del Sáhara podrían ser considerados sin duda alta traición. Sin embargo, son un juego de niños comparado con lo sucedido unas semanas antes. El 16 de octubre, el dictador Francisco Franco sufría una crisis cardíaca que le dejó al borde de la muerte. La embajada norteamericana en Madrid incluso lo llegó a dar por muerto. En estos días, Juan Carlos se convirtió en el mejor informador de Estados Unidos de todo lo que estaba sucediendo en Madrid, e incluso pidió ayuda al embajador Stabler para que intercediera por él ante el presidente Carlos Arias Navarro con la finalidad de convencerlo de que Franco le traspasara sus poderes antes de morir. Kissinger se negó en rotundo por miedo a que relacionaran a Estados Unidos:  «No estás -repito- no estás autorizado a mediar con Arias en este momento». Así que Juan Carlos tuvo que esperar para ver colmadas sus ansias de poder.

Durante los siguientes meses, el contacto de Juan Carlos con el embajador norteamericano fue habitual. Además de las conversaciones telefónicas documentadas en los archivos desclasificados, cualquier ocasión era buena para verse en persona: en la base militar de Torrejón, en un encuentro con estudiantes del National War College o en Palma de Mallorca. Cualquier excusa era buena para que Juan Carlos informara de todo lo que estaba sucediendo en las altas esferas españolas y acercarse así a Estados Unidos, su mejor baza para llegar al ansiado reinado. Sin embargo, este presente en forma de información confidencial era un esfuerzo eran prescindible, puesto que Estados Unidos ya tenía claro que Juan Carlos era el mejor candidato para sus intereses en España (y no eran pocos).

El 4 de noviembre de 1975 Wells Stabler envió a la Casa Blanca un informe general de la situación en España y de su incierto futuro tras la muerte del dictador, redactado en gran parte con la información obtenida a través de Juan Carlos I. Las respuestas sobre las líneas generales a seguir que Henry Kissinger le envía de vuelta a Madrid no tienen desperdicio:

«El interés de Estados Unidos reside en empujar a Juan Carlos a que dé un giro gradual, pero de manera decidida y no demasiado lenta, hacia la democratización. Debemos darle el apoyo que él claramente está pidiendo a Estados Unidos»
– «No favoreceremos a ningún partido político en concreto más allá de las decisiones democráticas, pero anticipamos que la transición estará en manos básicamente del bloque conservador»
– «Veríamos la participación del partido comunista en un futuro gobierno español como algo muy negativo que dañaría irremediablemente los lazos con nosotros y con las instituciones de Europa occidental»
– «Los países de la Europa occidental deberían participar en la toma de poder de Juan Carlos y el funeral de Franco en una base positiva para el futuro, no en términos de recriminaciones sobre el pasado»

Obviamente la prioridad de Estados Unidos no era la democratización del país, sino principalmente lograr un acuerdo ventajoso para la instalación de las bases militares estadounidenses en España. El acuerdo anterior vencía precisamente en 1975, y Franco se había dedicado a torpedear la renovación al no poder formar parte de la OTAN. De este modo, Juan Carlos se convirtió en la mejor baza norteamericana para lograr el ingreso de España en la Alianza Atlántica y lograr la instalación de varias bases militares en suelo español. Y Estados Unidos se convirtió en la mejor baza de Juan Carlos para llegar al poder. Una historia de amor y traición con drásticas consecuencias para el desarrollo de la historia reciente del estado español.

Finalmente, el 21 de septiembre de 1976 se firmó el Tratado de Amistad y Cooperación entre España y Estados Unidos, ya con Juan Carlos como rey, siendo el paso previo para el ingreso en la OTAN, que no llegó hasta 1982.

https://www.eulixe.com/articulo/reportajes/juan-carlos-i-regalo-sahara-marruecos-cambio-corona/20200121170108018210.html

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Operación Cóndor: el terrorismo de Estado en Latinoamérica se conoce gracias a la participación de Estados Unidos

Más de 7.000 registros secretos de Estados Unidos sobre la guerra gucia en Argentina fueron desclasificados en abril pasado. Por primera vez aparecieron documentos que vinculan directamente a Augusto Pinochet y Manuel Contreras con asesinatos selectivos planificados y ejecutados por la Red Cóndor, creada y dirigida por Contreras para coordinar la represión de los servicios de inteligencia de las dictaduras del Cono Sur. En julio de 1976 un informe de la CIA informó que una de las operaciones de Cóndor era “liquidar individuos seleccionados” y que Chile tenía “muchos objetivos en Europa”. Otro cable secreto de la CIA indicó que Contreras y Pinochet coordinaban las “listas de objetivos”. También incluyen revelaciones sobre los crímenes de Letelier-Moffitt y el general Prats y su esposa, ejecutados por la DINA en Washington y Buenos Aires.

Entre julio y principios de agosto de 1976, pocas semanas después de que el régimen de Pinochet fuera anfitrión de una reunión clave de la Operación Cóndor en Santiago, la CIA obtuvo información que vinculó al general Pinochet directamente con las operaciones de asesinatos que planificó y ejecutó la Red Cóndor. Una fuente de la CIA informó que entre los planes de Cóndor (coordinación de los servicios secretos de las dictaduras del Cono Sur) estaba el “liquidar individuos seleccionados” en el extranjero. “Chile tiene ‘muchos objetivos’ (no son identificados) en Europa”, le informó una fuente a la CIA a fines de julio de 1976.

En otro cable secreto de inteligencia de la CIA, la misma fuente entregó información adicional sobre los complots para ejecutar asesinatos: “Juan Manuel Contreras, el hombre que originó todo el concepto de Cóndor y ha sido el catalizador en su creación, coordinará los detalles y las listas de objetivos con el presidente chileno Augusto Pinochet Ugarte”.

Por esta precisa razón, la CIA estimaba que mientras algunos líderes de los países que integraban la Operación Cóndor “no serían informados de estos planes de operaciones de asesinatos en Europa”, era poco probable que esa situación se repitiera en Chile.

Estos reveladores reportes de inteligencia sobre la Operación Cóndor fueron desclasificados en abril pasado, junto con cerca de 47.000 páginas de archivos secretos de la inteligencia estadounidense sobre la guerra sucia en Argentina. Más de 7.000 registros de la CIA, el FBI, el Pentágono y el Consejo de Seguridad Nacional (NSC) arrojan nueva y cuantiosa luz sobre el estado de terror que existía en Argentina entre 1976 y 1983, cuando los militares estaban en el poder.

Los detallados documentos, desclasificados por el gobierno de Donald Trump, entregan nueva y extensa evidencia de la infraestructura de la represión, el destino de cientos de desaparecidos que fueron secuestrados, torturados y asesinados. Además, detallan el rol de Argentina en la campaña de terrorismo internacional conocida como Operación Cóndor.

Algunos de esos documentos -hasta ahora desconocidos- revelan también importante información sobre el rol de la dictadura chilena en la coordinación de la represión criminal que se ejecutó a través de la Operación Cóndor.

El “Proyecto de Desclasificación de Argentina”, como es conocido oficialmente en los círculos del gobierno estadounidense, es uno de los raros casos en que el presidente Donald Trump no revirtió una política iniciada por su predecesor (Barack Obama), sino que la completó. Fue durante la preparación de la visita de Estado que realizaría el presidente de Argentina Mauricio Macri a Estados Unidos, en abril de 2017, cuando Fernando Cutz, director senior del Consejo Nacional de Seguridad para Asuntos del Hemisferio Occidental, informó a Donald Trump que Macri le había pedido personalmente a Obama esa desclasificación especial cuando este visitó Buenos Aires un año antes.

Trump tenía antiguos vínculos personales con Macri. Décadas antes, habían salido juntos de bar en bar en Nueva York mientras sus padres hacían negocios inmobiliarios. Años más tarde, la Organización Trump buscó la ayuda de Macri para concretar su plan de construir una Torre Trump en Buenos Aires. Esa relación, “ayudó a poder presentar el proyecto como una solicitud de Macri en lugar de una iniciativa de Obama”, recordó Cutz.

Aunque hay que decir que la verdadera génesis del “Proyecto de Desclasificación de Argentina” comenzó con un error de programación presidencial. En efecto, todo se originó en la primavera de 2016, cuando la administración Obama organizó un viaje histórico de dos días para el presidente a La Habana y luego un viaje de tres días a Argentina. Las fechas de las visitas de Estado de alto perfil fueron determinadas, en parte, por el hecho de que eran las vacaciones de primavera de las dos hijas de Obama y ​​él quería que ellas pudieran disfrutar de unas cortas vacaciones en Cuba y en la Patagonia, en el sur de Argentina.

Pero el anuncio de la Casa Blanca de que el presidente de Estados Unidos estaría en Buenos Aires el 24 de marzo de 2016, coincidiendo con el 40 aniversario de la sangrienta toma de control militar, provocó una protesta de las agrupaciones de derechos humanos en Argentina. Estados Unidos era percibido, en palabras del Premio Nobel de la Paz argentino Adolfo Pérez Esquivel, como “un cómplice de golpes de Estado en esta región”. Las protestas masivas, con pancartas que decían “El Día de la Memoria: Fuera Obama”, fueron vistos como una amenaza.

Fue entonces que, en una reunión con el presidente Mauricio Macri, activistas de derechos humanos, liderados por las famosas Abuelas de Plaza de Mayo, le exigieron que le pidiera a Obama que desclasificara los registros de inteligencia que podrían ayudarlas a localizar a sus hijos e hijas desaparecidos. También a los nietos que habían nacido en centros de detención secretos y luego adoptados por familias militares después de que sus madres fueron ejecutadas.

Para corregir esta grave afrenta a las familias de las víctimas, la Casa Blanca y el gobierno de Macri organizaron una ronda de “diplomacia de la desclasificación”: el uso de documentos secretos de Estados Unidos para avanzar en las relaciones bilaterales. Así, en la mañana del 24 de marzo de 2016, Obama y Macri visitaron el Parque de la Memoria en Buenos Aires para presentar sus respetos a las víctimas de la guerra sucia.

“Hoy, en respuesta a una solicitud del presidente Macri, y para continuar ayudando a las familias de las víctimas a encontrar algo de la verdad y la justicia que merecen, puedo anunciar que el gobierno de los Estados Unidos desclasificará aún más documentos de ese período, incluyendo, por primera vez, registros militares y de inteligencia. Creo que tenemos la responsabilidad de enfrentar el pasado con honestidad y transparencia”, declaró Obama en un discurso conmovedor.

Solo tres meses más tarde, en junio de 2016, la Casa Blanca emitió una “tarea” para todas las agencias de seguridad nacional de Estados Unidos, titulada “Proyecto de Desclasificación de Argentina”: ordenó una búsqueda de archivos durante 18 meses y una revisión de los registros relevantes. “La Administración continúa apoyando los esfuerzos para aclarar los hechos que rodean las violaciones de derechos humanos, los actos de terrorismo y la violencia política en Argentina durante el período de la Guerra Sucia de 1975 a 1984”, se lee en la directiva, en la que, además, se pidió a las agencias “que prioricen el apoyo para este esfuerzo”.

Según John Fitzpatrick, quien dirige la Oficina de Administración de Registros de la NSC, casi 400 archiveros, analistas, oficiales de FOIA (Ley de Libertad de Información) y administradores de registros provenientes de 16 agencias gubernamentales diferentes participaron en la búsqueda y el procesamiento de los documentos, usando aproximadamente 30.000 horas de trabajo para completar el proyecto.

Antes de que Barack Obama dejara la presidencia de su país, su administración publicó las dos primeras partes de los registros. Luego, en abril de 2017, durante su propia reunión cumbre con Mauricio Macri, el presidente Trump le entregó personalmente un pendrive que contenía la tercera parte. Como era de esperar, Donald Trump marcó el lanzamiento final de estos documentos proclamándolo como el más grande de la historia.

“La publicación de los registros constituye la mayor desclasificación en la historia de los registros del gobierno de los Estados Unidos directamente a un gobierno extranjero”, escribió Trump en una carta enviada a Macri el 11 de abril de 2019.

Cuando los documentos de inteligencia se desclasifican, generalmente están repletos de párrafos tachados: franjas de información ocultas en virtud de la seguridad nacional o para proteger “fuentes y métodos” encubiertos. Pero debido al meticuloso control de calidad ejercido por un administrador de registros NSC llamado John Powers, los últimos registros publicados por la CIA, el FBI y la Agencia de Inteligencia de Defensa en Argentina están mucho menos censurados que las desclasificaciones especiales anteriores. Esta transparencia excepcional los ha convertido en documentos mucho más valiosos para los historiadores, así como para los investigadores legales que continúan persiguiendo estos crímenes contra la humanidad.

Como colección, los documentos constituyen un catálogo del sadismo que caracterizó el terrorismo de Estado en Argentina. Por ejemplo, un cable de la CIA informó que varios meses después del golpe de Estado de 1976, la policía federal detuvo y asesinó en masa a 30 militantes y luego dispersó partes de sus cuerpos -utilizando dinamita- en un campo abierto “como una advertencia a los extremistas de izquierda”.

Otro informe del FBI proporcionó detalles sobre cómo las fuerzas de seguridad interceptaron y robaron una carroza fúnebre con los restos de Marcos Osatinsky, líder del grupo guerrillero Montoneros, “para evitar que el cuerpo fuera sometido a una autopsia, la que habría demostrado que había sido torturado”.

Al menos media docena de cables del FBI y la CIA registran una operación del SIDE (Servicio de Inteligencia del Estado que tuvo en Argentina una función similar a la DINA en Chile), para secuestrar, torturar y ejecutar a dos oficiales de la embajada cubana sospechosos de ayudar a militantes de izquierda en Argentina. Después de que los cubanos fueron asesinados, según un informe del FBI marcado como “Secreto / solo para sus ojos”, “sus cuerpos fueron arrojados con cemento en un gran tambor de almacenamiento y arrojado al río Luján”, cerca de Buenos Aires.

Otro cable del Departamento de Estado describió cómo los agentes de seguridad argentinos detuvieron y torturaron a una psicóloga en silla de ruedas para obtener información sobre uno de sus pacientes.

La tortura fue rutina, afirmó Patricia Derian, subsecretaria de Estado para los Derechos Humanos durante la administración del presidente estadounidense James Carter, después de un viaje de investigación a Argentina.

“La picana eléctrica, algo así como una picana de ganado sobrecargada, sigue siendo aparentemente una herramienta favorita de tortura, como lo es el tratamiento del ‘submarino’ (inmersión de la cabeza en una tina de agua, orina, excremento, sangre o una combinación de estos)”, según el resumen de abusos que surgen de los documentos desclasificado que hizo Derian. “Ya no hay ninguna duda de que Argentina tiene el peor historial de derechos humanos en América del Sur”, concluyó.

Muchos de los documentos recientemente desclasificados van más allá de una descripción de las violaciones de los derechos humanos e identifican a los infractores. “Estos documentos entregan nombres. Identifican a los perpetradores y a sus víctimas”, observa mi colega Carlos Osorio, analista senior del Archivo de Seguridad Nacional, quien proporcionó una amplia experiencia y apoyo al “Proyecto de Desclasificación de Argentina”.

Debido a que entregan esos nombres, proporcionan un nivel de verdad y responsabilidad que muchos otros proyectos de desclasificación no han logrado, afirma Osorio.

Por ejemplo, un informe de la CIA sobre una reunión de los participantes de la Operación Cóndor en diciembre de 1976, realizada en Buenos Aires, “para discutir operaciones de guerra psicológica”, proporciona los nombres de los dos oficiales de la DINA que asistieron: el teniente coronel Enrique Cowell Mansilla, quien se desempeñó como subdirector de Operaciones Psicológicas de la DINA; y el teniente Arturo Mejías, del mismo departamento de la DINA chilena.

Además, cientos de cables del agente del FBI Robert Scherrer, quien constantemente proporcionó la información más detallada sobre las operaciones y los abusos de las fuerzas de seguridad argentinas, contienen las identidades no censuradas de sus fuentes confidenciales, proporcionando así una lista maestra de las personas que presenciaron, tuvieron conocimiento o estuvieron directamente involucrados en el aparato de represión. Aunque muchas de sus fuentes han fallecido, los registros sin censura permitirán a los investigadores de derechos humanos determinar quién dentro del Ejército, los Servicios de Inteligencia y la policía argentinos tenían conocimiento en detalle sobre atrocidades específicas. Esa información ayudará ahora a avanzar en una serie de investigaciones en curso sobre derechos humanos.

No obstante tener su sede del FBI con asiento en Buenos Aires, Robert Scherrer se convirtió en el investigador principal del asesinato con un coche bomba del ex embajador chileno Orlando Letelier y su colega en el Instituto de Estudios de Política, Ronni Moffitt, de tan solo 25 años. El atentado terrorista tuvo lugar en Washington el 21 de septiembre de 1976.

El famoso informe de “Chilbom” [bombardeo de Chile] de Scherrer fue el primer –y durante años el único– documento parcialmente desclasificado que mencionaba la participación de la Operación Cóndor, identificándola como una “organización [recientemente establecida] entre los servicios de inteligencia cooperantes en América del Sur”. La inteligencia que Scherrer reunió sugería que el asesinato de Letelier y Moffitt era una posible misión de “fase tres” de Cóndor, encabezada por el general Augusto Pinochet de Chile y su policía secreta, la DINA.

El cable “Chilbom” de Scherrer ahora ha sido desclasificado por completo, y la identidad de su fuente revelada: un agente de Inteligencia del Ejército argentino involucrado en los esfuerzos de los escuadrones de la muerte en Europa. “La fuente es el Dr. Arturo Horacio Poire, quien es miembro del grupo especial argentino que posiblemente participará en la tercera fase de la ‘Operación Cóndor’”, se lee en el informe de Sherrer. La identificación de Poire ha abierto la puerta a una nueva investigación sobre los esfuerzos de Cóndor para extender su represión al exterior.

Pero la versión no editada del cable de Scherrer es solo uno de las docenas de registros excepcionalmente detallados del FBI y la CIA sobre la Operación Cóndor que se encuentran en la colección de Argentina. Proporcionan una historia mucho más completa de la infraestructura y la capacidad operativa de Cóndor de lo que se conocía anteriormente.

Argentina -y no el Chile de Pinochet, país que ideó por primera vez el concepto de colaboración de las policías secretas de las dictaduras del Cono Sur-, fue designado “Cóndor 1”. Los registros desclasificados de la CIA dejan en claro que los “distintivos de llamada” numéricos para los países miembros eran en realidad alfabéticos: Argentina fue Condor-1; Bolivia, Cóndor-2; Chile, Cóndor-3; Paraguay, Cóndor-4; Uruguay, Cóndor-5. Estas designaciones se usaron en comunicaciones encriptadas entre los países miembros de Cóndor.

Luego del asesinato de Orlando Letelier y Ronnie Moffit en Washington, altos oficiales de las Fuerzas Armadas argentinas se preocuparon porque la investigación en Estados Unidos renovara la atención en otro asesinato similar y el rol de militares argentinos en ese hecho: el atentado con un carro bomba que acabó con la vida del general Carlos Prats y su esposa Sofía Cuthbert en Argentina, en septiembre de 1974.

La CIA supo que el comandante en jefe de la Armada argentina, almirante Emilio Massera, recibió varios reportes sobre el asesinato de Letelier que discutían “el probable curso de la investigación, cómo esta afectaría al régimen chileno, y la posible aparición de información sobre el asesinato de Prats”. De acuerdo a fuentes de la CIA en Argentina, las Fuerzas Armadas estaban preocupadas de que el gobierno del entonces presidente de EEUU, Jimmy Carter, “va a intentar crear un escándalo por el caso Prats en Argentina” y decidieron que “deben adoptarse medidas para ocultar cualquier responsabilidad de Argentina” en el asesinato del ex comandante en jefe chileno y su señora.

La “oficina central de archivos” de la Operación Cóndor se estableció en Santiago, según fuentes de la CIA. Pero Argentina fue la sede operativa de un programa especial de Cóndor llamado “Teseo” (el mítico rey griego que mató al temible Minotauro y otros enemigos del orden social), cuya misión era “liquidar individuos seleccionados” en el extranjero. Los cables secretos de la CIA describen a “Teseo” como “una unidad establecida por la organización cooperativa Cóndor de servicios de inteligencia sudamericanos para realizar ataques físicos contra objetivos subversivos”, primero en París y luego en otras ciudades europeas.

En septiembre de 1976, las naciones de Cóndor firmaron un acuerdo titulado “Regulación de Teseo, Centro de Operaciones”, para ratificar su cooperación en planificación, financiamiento, logística, comunicaciones y “selección de objetivos”. La CIA obtuvo una copia del acuerdo que describe, con detalles banales, cómo cada servicio de inteligencia contribuiría al programa internacional de asesinatos. El Centro de Operaciones estaría compuesto por “representantes permanentes de cada servicio participante”. Su horario de trabajo sería de 9:30 a.m. a 12:30 p.m. y de 2:30 p.m. a 7:30 p.m. Cada país haría una contribución de US$10.000 para gastos operativos, con cuotas mensuales de US$200 pagadas “antes del 30 de cada mes”.

Los equipos para ejecutar asesinatos enviados a Europa estarían compuestos por cuatro individuos, “eventualmente con una mujer incluida” presumiblemente para ayudar a proporcionar cobertura para la misión. “Los costos operativos en el extranjero se estimaron en US$3.500 por persona durante diez días”, describió el acuerdo, “con US$1.000 adicionales para la primera vez, para asignación de ropa”. En la sección clave titulada “Ejecución del objetivo”, el acuerdo establece que los equipos operativos “a) interceptarán el objetivo, b) llevarán a cabo la operación y c) escaparán”.

Los funcionarios de la CIA vieron estos complots de Cóndor para asesinar en Europa como un posible escándalo para la agencia y se movieron proactivamente para frustrarlos. “Los planes de estos países para emprender acciones ofensivas fuera de sus propias jurisdicciones plantean nuevos problemas a la Agencia”, escribió Ray Warren, entonces jefe de la División de América Latina. A fines de julio de 1976, Warren activó la alarma del subdirector de la CIA: “Se deben tomar todas las precauciones para garantizar que la Agencia no sea acusada injustamente de ser parte de este tipo de actividad”.

Un mes después, Warren volvió a advertir a sus superiores de las “ramificaciones políticas adversas para la Agencia en caso de que Cóndor participe en asesinatos y otras violaciones flagrantes de los derechos humanos”. Pero también informó sobre la “acción” que los agentes de la CIA estaban realizando para “evitar” esas ramificaciones “en caso de que los países de Cóndor procedan con el aspecto europeo de sus planes”.

Si bien esa sección del memorándum de Warren todavía está censurada, otro documento desclasificado basado en el memorándum de Warren y otros registros de la CIA -un informe del Senado sobre Cóndor calificado como de alto secreto-, fue publicado sin modificaciones. “La CIA advirtió a los gobiernos de los países en los que es probable que ocurran los asesinatos, Francia y Portugal, que a su vez advirtió los posibles objetivos”, se lee en el informe sin censura. “La trama fue frustrada”, concluye.

Estos registros revelan la habilidad de la CIA para contrarrestar las misiones asesinas de Cóndor en Europa, y revive las preguntas sobre por qué y cómo fracasó en detectar y disuadir una misión similar en el centro de Washington, DC: el atentado con coche bomba de septiembre de 1976 que cobró la vida de Letelier y Moffitt.

Hasta ahora, “la Operación Cóndor ha sido un misterio mortal”, dice el periodista de investigación John Dinges, que está utilizando los registros desclasificados para reeditar su libro pionero “Los años del cóndor”. “Durante décadas, tanto la CIA como el FBI nos mantuvieron en la oscuridad sobre lo que sabían y cuándo lo supieron”. Pero con los documentos recientemente publicados, “esa pregunta central puede ser respondida, y es vergonzoso para el gobierno de los Estados Unidos”, afirma Dinges.

Hubo un enlace íntimo de la CIA con los funcionarios de Cóndor, y una amplia inteligencia temprana de los planes de Cóndor que pudieron haber evitado el asesinato en Washington, concluyó.

Como muchos registros, en el “Proyecto de Desclasificación de Argentina”, los documentos sobre la Operación Cóndor entregan nombres, fechas, lugares de reunión y descripciones vívidas de los programas clandestinos llevados a cabo por los servicios de inteligencia y seguridad de las dictaduras del Cono Sur.

Este tesoro de nuevas evidencias ayudará a los investigadores de derechos humanos en Chile, Argentina y los otros países de Cóndor que continúan persiguiendo los delitos de terrorismo patrocinados por el Estado en la era de los regímenes militares.

De hecho, desde que se publicaron los documentos en abril de 2019, equipos de funcionarios argentinos los han evaluado por su valor probatorio en los enjuiciamientos de derechos humanos. A mediados de septiembre, según funcionarios de la embajada argentina, el Ministerio de Justicia de ese país transmitió un conjunto de consultas y solicitudes de aclaración a Washington. Los funcionarios estadounidenses que trabajaron en el proyecto de desclasificación están ahora examinando esas preguntas.

Los documentos “ya fueron aportados en causas en curso tanto en etapa de investigación como de juicio”, según un comunicado del Ministerio Público Fiscal en Argentina. Han revelado “nuevos datos sobre el funcionamiento de las instituciones durante la última dictadura“, así como “datos sobre la responsabilidad de funcionarios que participaron en violaciones masivas a los derechos humanos”.

Las organizaciones de derechos humanos, así como las familias de las víctimas, para quienes los documentos pueden proporcionar un cierre triste pero conmovedor, también están revisando este material. Y con mucho interés y expectativa ya que gran parte de los propios archivos de la represión de Argentina también han desaparecido: fueron quemados, enterrados o tal vez arrojados al océano, al igual que muchas víctimas.

Como dijo Carlos Osorio en la audiencia con motivo de la publicación de los registros, el 12 de abril pasado: “En varios casos estos documentos proporcionarán a esas familias la única evidencia que hayan tenido sobre el destino de sus seres queridos”.

https://ciperchile.cl/2020/01/09/operacion-condor-los-asesinatos-selectivos-que-implican-a-pinochet-y-a-manuel-contreras/

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