La web más censurada en internet

Etiqueta: Elecciones (página 8 de 8)

Los sondeos electorales son mecanismos de manipulación de los votantes

Después de las elecciones de junio, el diario “El Mundo” titulaba así una información: “Descalabro de las encuestas ante los resultados del 26-J”. Se refería al hecho de que todos los sondeos previos a las elecciones -y hay que remarcar lo de todos- vaticinaron el famoso “sorpasso” de Podemos al PSOE, que nunca llegó a producirse (1).

Ese tipo de “descalabros” estadísticos son mucho más corrientes de lo que el lector supone. Se daría cuenta de ello si en cualquiera de los comicios que hay por el mundo (en los países “democráticos” claro) prestara más atención a los sondeos que a las elecciones y comparara ambos. Tras unas elecciones el “descalabro” electoral siempre es portada de cualquier periódico: fallaron las previsiones y las encuestas. No es que se equivoquen unas u otras empresas especializadas que venden demoscopia, sino algo peor: se equivocan absolutamente todas. Aún no sabemos por qué subsisten ese tipo de empresas, por qué siguen ganando dinero y por qué hay quien sigue encargando ese tipo de encuestas que siempre fallan. ¿Acaso la estadística no es una ciencia?, ¿o es una ciencia muy poco exacta?

Evidentemente que la estadística es una ciencia y que cualquier sondeo realizado con unos mínimos criterios de rigor no debería fallar jamás. Los electores no cambian su decisión de voto de la noche a la mañana.

Esa no es la cuestión. Los sondeos sirven -sobre todo- para forjar esa imagen que llaman grotescamente “el pueblo soberano”, es decir, que las elecciones son actos espontáneos, libres, incondicionales y, por lo tanto, muy difíciles de predecir de antemano. Evidentemente que no es así. Las elecciones están dirigidas de tal manera que el voto se sujete a un cierto grado de control, que puede ser mayor o menor pero que siempre existe.

Una de las maneras de controlar una elecciones son, precisamente, los sondeos, lo cual está reconocido por la propia ley electoral, que prohíbe publicarlos cinco días antes de las elecciones, precisamente para que no influyan sobre ellas. Pero tomen nota del busilis: la prohibición no es realizar encuestas, sino publicar sus resultados.

Ya saben: el que hace la ley hace la trampa. En las últimas elecciones se publicaron sondeos electorales hasta el último día… en “El Periòdic d’Andorra”(2), es decir, manipulación hasta el final para intoxicar a los votantes con el famoso “sorpasso”.

En mayo del año pasado, la manipulación de las elecciones
británicas mediante sondeos adquirió tales dimensiones que el organismo que supervisa la
publicación de encuestas, el “British Polling Council”, ordenó la apertura de una investigación.

El CIS, el Centro de Investigaciones Sociológicas, es una institución pública que se dedica a realizar sondeos todos los días sobre los asuntos más insospechados que cabe imaginar. La mayor parte de esos sondeos no se publican a los cuatro vientos, es decir, nadie les concede dimensión informativa, lo mismo que a otros sondeos privados o reservados que realizan empresas particulares.

Cualquiera puede dirigirse a la sede del CIS en Madrid para pedir información estadística sobre cuestiones de lo más variadas, es decir, que aparentemente la información es accesible, e incluso podemos admitir que toda ella es abierta y pública, que no esconden nada (aunque nos extrañaría). Es pública pero no se publica. ¿Por qué? Por dos motivos. El primero es que un sondeo que no se divulga no condiciona sus resultados, es decir, es más fiable. El segundo es que ese tipo de sondeos fiables se los queda el gobierno y deja el resto, la morralla, para que se los coman los perros.

La argumentación se debe leer también a la inversa: un sondeo que se publica es porque pretende condicionar el voto en una determinada dirección, de tal manera que cuanto más publicidad se le da, mayor es la manipulación que se pretende.

Los sondeos son profecías que se cumplen -o se niegan- a sí mismas, la parte más importante de cualquier campaña electoral. Casi ningún periodista pregunta a los candidatos por su programa electoral; lo que le pregunta es su opinión sobre la última encuesta. Un sondeo le da al futuro votante la máxima confianza por su aparente neutralidad y le orienta sobre el sentido de sus intenciones de voto.

Como además no sólo se publica una única encuesta sino varias realizadas por empresas diferentes, el elector supone que nadie le oculta nada, es decir, que no hay otras encuestas que las que se han publicado, lo cual es falso.

El punto de partida de cualquier sondeo electoral también es falso, por falta de objetividad. Salvo que aún quede algún ingenuo que crea en la neutralidad de la prensa, hay que tener en cuenta que quienes contratan los sondeos son los medios de comunicación, cuya neutralidad es cero. Luego tampoco los sondeos que publican pueden ser neutrales nunca. ¿O el que paga ya no manda?

De la misma manera que los periódicos y los periodistas tienen mil triquiñuelas para manipular la información, hay mil millones de triquiñuelas en los sondeos que los especialistas conocen a la perfección y que se enseñan en los primeros cursos de sociología de las universidades de Estados Unidos. Lo llaman “ingeniería social”.

Este es el panorama que tenemos las “democracias avanzadas”: en unas elecciones los partidos políticos jamás van a cumplir sus programas  electorales, es decir, con lo que prometen, los medios de comunicación jamás van a contar nada verosímil y los sondeos están a esa misma altura. De ahí sus famosos “descalabros”.

Hay, además, otro aspecto que tampoco habrá pasado desapercibido a un lector medianamente sagaz: como suele ocurrir con las encuestas del CIS, de un mismo sondeo, e incluso de unas mismas elecciones, los medios de comunicación y los políticos pueden obtener -y obtienen- conclusiones completamente dispares.

Tenemos que confesar que a nosotros nos chiflan los sondeos; pero los que más nos gustan son los que no se publican.


(1) http://www.elmundo.es/espana/2016/06/26/57703f14268e3e5d1a8b4612.html
(2) http://sondeos.elperiodic.ad/quinto-sondeo-elecciones-generales-26j.html

Los cultivadores del cretinismo parlamentario

El cretinismo parlamentario, decía Marx, es una enfermedad incurable (*). Desde que apareció a mediados del siglo XIX aún no ha se ha inventado ninguna vacuna que la remedie. Es más, hay medios e intelectuales que cultivan y propagan esa enfermedad meticulosamente, como si acabaran de descubrirla.

Se trata de una dolencia típica de la pequeña burguesía, que no va más allá en sus concepciones políticas que en su sistema de vida material. Ambos son muy limitados, dice Marx, porque la pequeña burguesía no da más de sí. Por eso lleva ese nombre: todo en ella es tamaño pequeño.

Los cretinos se expresan en medios repletos de expresiones cretinas, empezando por “la izquierda” y “la derecha”, un tipo de expresiones introducidas en España por los carrillistas en la transición y que procede de la Revolución Francesa, es decir, de la burguesía.

Leo que en Europa hay un auge de la “extrema derecha” porque han sacado muchos votos. Los cretinos no tienen en cuenta más que ese tipo de datos. Si hay muchos votos, es un éxito y si hay pocos es un fracaso o una crisis.

El termómetro mide la temperatura y los votos la fuerza o la debilidad de un partido político, y ambos son evanescentes: van y vienen. Si al mediodía hace calor, por la madrugada hace frío. Un partido es fuerte en unas elecciones y en las siguientes se ha convertido en flojo.

Los partidos políticos no son nada por sí mismos; lo que son o dejan de ser ni siquiera lo dicen sus votos, sino algo peor: su número de votos. No son otra cosa. Van bien si hay votos y en caso contrario empiezan los problemas internos.

Los cretinos creen que si tienes muchos votos es porque tu actividad institucional ha sido buena y si bajan es porque no lo ha sido. Todo se mueve en torno a esas actividades, no al trabajo sindical, vecinal, juvenil, cultural… Se trata de actividades que no dan votos y, por lo tanto, tampoco los quitan.

El cretinismo parlamentario es como el vudú o cualquier otra concepción mágica. No tiene en cuenta más que unas elecciones que se celebran de vez en cuando, no la realidad cotidiana.

Por ejemplo, antes de tener votos, la “extrema derecha” ha apaleado trabajadores inmigrantes o quemado albergues de refugiados, que son delitos penados con la cárcel, a pesar de lo cual nadie tomó nunca medidas contra los responsables. Es como si a un perro rabioso el Estado no le pusiera un bozal, ni lo sujetara con una correa. A la menor oportunidad el perro fascista va a salir corriendo a morder al primer moreno que encuentre, y eso -a la larga- merece una recompensa electoral.

El cutrerío no ve más que votos que, como decía Marx, son las trompetas de Jericó que van a derribar todas las murallas que se pongan por delante: “Los demócratas creen en las trompetas, cuyos toques habían derribado las murallas de Jericó. Y cuantas veces se enfrentan con las murallas del despotismo intentan repetir el milagro”.

La izquierda está en crisis porque tiene muy pocos votos. Cuando en 1975 los revisionistas tenían la mitad de los votos en Italia, todo iba muy bien; la izquierda no estaba en crisis, sino todo lo contrario: lo consideran como una etapa de apogeo.

Lo mismo que los cretinos, los místicos y los creyentes creen que las palabras son mágicas. “El verbo se hizo carne”, dice el Evangelio. Las palabras altisonantes (radicales, revolucionarias) alejan a “la gente”, mientras que los eufemismos parece que ayudan a acercarla. Lo mismo ocurre con los programas y las consignas.

Todos los partidos políticos, pero especialmente los de la clase obrera, son como el pescado: se empiezan a pudrir por la cabeza. Su fuerza no sólo son los votos sino -principalmente- su dirección ideológica y política, su estrategia. Por el contrario, los grupos pequeño burgueses alardean de lo contrario: de su falta de dirección, de su horizontalidad. Por eso no se pudren nunca y reaparecen una y otra vez con distintos formatos. No tienen rumbo, no saben lo que quieren. Van a donde los lleva el viento.

(*) Marx, El 18 Brumario de Luis Bonaparte, Barcelona, 1971, pg.133.

La crisis política sólo se puede superar con un cambio de Estado, no sólo de gobierno

Ha sido necesario que el PSOE se desplome para empezar a leer artículos como el que escribe Juan Antonio Molina en “Nueva Tribuna” (*), cuyo título resume muy bien algo que muchos aún no tienen claro y sobre lo que conviene insistir una y otra vez: “No es una crisis de partido, es una crisis de Estado”.
Algunos comparan la actual crisis del PSOE con la de 1979, cuando Felipe González dimitió para eliminar al “marxismo” de los estatutos del partido, algo que no hacía falta porque el PSOE nunca fue marxista, una ciencia que cuando se fundó en el siglo XIX nadie conocía en España.
No es, pues, una crisis ideológica, escribe Molina acertadamente: “Las crisis que ha sufrido el Partido Socialista en los años de la llamada Transición no han sido crisis ideológicas u organizativas, aunque pudieran parecerlo, sino de acomodo a la nueva función que desde Suresnes se le dio como partido de Estado, como elemento orgánico del régimen del 78. No otra cosa fue la crisis del marxismo o de la OTAN”.
El PSOE, añade Molina, nació del “posfranquismo” de lo que entonces se llamaba “poderes fácticos” y su crisis encarna -mejor que nada- lo que ahora llaman “régimen del 78”. Pero la alternativa a un “partido de Estado” no es un “partido de los ciudadanos”. En el moderno Estado monopolista tales partidos han dejado de existir.
En un “Estado de partidos”, los partidos son “partidos de Estado”. El Estado tiene que asegurar que funcionen aquellos partidos que necesita para sí mismo, mientras que los demás juegan el papel de floreros para aparentar que hay pluralismo político.
Verdaderos cómplices del “régimen (fascista) del 78”, los reformistas alzan la voz con la gastada cantinela de “derrotar al PP” como si estuvieran en guerra con alguien. Su tremendismo lingüístico es típico de los movimientos inofensivos que todo lo resuelven con elecciones, en espera de recaudar más votos, aunque el truco para lograrlo sea todo lo contrario: consiste precisamente en moderar el lenguaje.
La crisis del Estado fascista no es sólo una crisis institucional, de la monarquía, del sistema electoral, del Senado o de las autonomías sino también una crisis de los medios de comunicación, de los partidos y de credibilidad. Los nuevos fenómenos políticos que han aparecido recientemente, como Podemos o los escándalos de corrupción, son las consecuencias más superficiales de la crisis y no se solucionan con cambios de gobierno sino con cambios de Estado.
(*) http://www.nuevatribuna.es/opinion/juan-antonio-molina/no-crisis-partido-crisis-estado/20161002145726132281.html

Más información:

– La refundacion fascista del PSOE
– La bancarrota del PSOE es la del propio Estado fascista
– Ha sido el servicio secreto quien ha desencadenado la crisis del PSOE
 

Podemos pierde más de la mitad de sus votos en las Vascongadas

Tras la borrachera llega la resaca. En sólo tres meses, Podemos, que había ganado el primer puesto en las anteriores elecciones en las Vascongadas, ha perdido más de la mitad de los votos.

En Galicia ha perdido un 21 por ciento de votos, pero en las Vascongadas lo que ha perdido es un verdadero bastión.

No es que sus sueños se hayan venido abajo; lo que se ha desplomado son los sueños de quienes les votaron en las anteriores elecciones. La pérdida de votos ha sido la misma en los tres territorios vascongados: un 53 por ciento. Si en lugar de elecciones fuera una operación, hablaríamos de hemorragia.

El montaje Podemos es víctima de la propia campaña publicitaria intensiva que le aupó hasta los platós de televisión. Al principio todos pican el anzuelo: compran para probar el nuevo producto, hasta que se dan cuenta de que no tiene nada que ver con lo que anunciaban y vuelven a comprar lo de siempre, lo mismo de antes.

Nadie sabe si Podemos es carne o pescado. Es algo tan deliberadamente confuso que, finalmente, los votantes se han dado cuenta de que sólo vende humo. Han realizado una campaña absolutamente vacía de contenido. Como es marca de la casa, no se han posicionado en ninguno de los temas clave de las Vascongadas.

Nadie sabe su opinión sobre la independencia, la consulta soberanista o la incorporación de Navarra a la Comunidad Autónoma Vasca.

Sus propuestas ante la crisis del capitalismo y la miseria creciente no han ido más allá de un par de tópicos gastados.

Es normal que Podemos no tenga ningún contenido político, social ni ideológico porque, también en las Vascongadas, es una jauría de corrientes y tendencias unidas por una misma marca comercial. No hay nada más.

Como cualquier otro consumidor, el votante siempre prefiere lo malo conocido, las marcas de (des)confianza, como la banda de Otegi, que celebra el desplome de sus competidores. Están eufóricos porque “sólo” han perdido cuatro escaños.

Los que hemos vuelto a ganar las elecciones somos los abstencionistas convictos y confesos. La abstención ha subido al 38 por ciento, una de las más elevadas de la historia en las elecciones autonómicas al Parlamento vascongado.

No es que estemos hartos de unos o de otros; estamos hasta el gorro de todos ellos.

Otegi dice que ‘inhabilitarle’ es una ‘cacicada judicial’

B.
También podría haber dicho que es un «atropello judicial» o una flagrante injusticia «a la española», que se saltan sus propias leyes, etc., pero nunca va a decir la verdad: que ha sido «inhabilitado» por el Régimen español de carácter fascista nacido tras la guerra civil y continuado bajo otros ropajes, formas y maquillajes cosméticos, en la «democracia» actual que los más progres dan en llamar «régimen del 78» (suponemos que en referencia al año en que se aprobó la Constitución española y no en todas las autonomías, como Euskadi, por ejemplo).

Y no lo va a decir no porque crea que, efectivamente, en el Estado español hay una «democracia», que no lo cree, sino porque, una vez metido en el «maelstróm», en el remolino que succiona todo lo que se menea -y lo que no acaba en la cárcel-, como un agujero negro atrapa la luz, metido, decimos y acabáramos, en eso que llaman, muellemente, el «sistema», no admite disonancias dentro de las reglas de juego del susodicho «sistema». O paradigmas sin «decalage» ni «paralages», sin orisferas ni asíntotas. Un paradigma, un istema, completo. Ya lo dijo un inventor de este «sistema», el franquista, ergo: fascista Fraga Iribarne recién muerto Franco y empezada recién la «Reforma»: «o se está dentro de las reglas del juego (de la Reforma supervisada por los poderes fácticos), o se quiere otra cosa (la Ruptura democrática, que se decía entonces)». Y quien quiera «otra cosa», nos tendrá enfrente, venía a decir el falangista Fraga.

Tenemos, pues, que están los que se sitúan «enfrente» y los que no, o sea, los que creen que en España hay «democracia», deficiente, sí, pero democracia, oye, de baja calidad, sí, pero democracia, joder, que hay un «déficit democrático», pues sí, te lo acepto, pero democracia, cojones. ¿Dónde se sitúa Otegi y, por ende, la Izquierda Abertzale Oficial? Con estos últimos, indudablemente. Con los que no se atreven a llamar a las cosas por su nombre. Con los que acabarán enfrentándose a los que sí nos atrevemos a llamar al pan, pan, y al régimen español, fascista.

Ya Otegi se «comió» seis años y medio de «caldero» por, según la judicatura española tratar de reorganizar la ilegalizada izquierda abertzale, cuando en realidad lo que estaba haciendo es decirle a ETA que lo dejara, que ya vale, que soplan «nuevos tiempos y ciclos», así paga Roma, perdón Madrid, a los vendidos, y ahora, ante esa «cacicada», el hombre, sus abogados, «recurren» a otras instancias jurídicas, metajurídicas y extrajurídicas, confiando en que, tal vez, suene la flauta de la cordura en el fascismo español. No falta algo de razón a quienes dicen, desde la caverna o el PsoE vasco, que van de «víctimas» y ya tienen la «campaña» hecha jugando este rol.

Nosotros decimos: te mean encima, y dices que llueve. No otra cosa puede decir Otegi metido de hoz y coz en los entresijos de las reglas de juego, del sistema, del capitalismo, en definitiva. Lo único que le queda es comer el coco a su peña, que sigue siendo, inercialmente, emocionalmente, fiel, hasta el día menos pensado.

¿Después de Franco, qué?, se preguntaba la «intelligentsia» española. Y alguien respondió: «después de Franco… las instituciones». Y hasta hoy, sólo que con Otegi and Company de recién invitados a este tinglado de la antigua farsa. De momento, ya hay un montón de «liberados» que viven de este cuento y del cuento. No todos, por supuesto. Y ni mucho menos.

Buenas tardes.

Nota.- Quien esperara que habláramos de Mariano o del chulo Soria, se confundió de blog. Eso queda para los vividores y «contestatarios» del «sistema», que, como decía Th.Adorno, «se someten al sistema hablando de la revolución».

El medio es el mensaje también en las elecciones

El ministro Margallo con Manolo el del Bombo
Juan Manuel Olarieta

Si la lucha de clases es el motor de la historia es porque cada uno de los acontecimientos sociales y políticos que se suceden forman parte de esa lucha, lo que no sólo significa que hay dos partes sino, además, un choque entre ellas.

Una explicación -teórica o retórica- sobre cada uno de los acontecimientos de esa lucha de clases, refleja la misma lucha de clases, muestra un punto de vista sobre ella y también un posicionamiento, esto es, una toma de partido. Cuando alguien dice que no toma partido, que es neutral, que sólo se atiene a los datos y que su explicación es “científica” es porque ha tomado partido por la clase dominante, que actualmente es la burguesía.

Las últimas elecciones son un buen ejemplo de que las explicaciones que se están ofreciendo sobre ellas expresan los intereses políticos ligados a la dominación de clase de la burguesía, empezando por lo más elemental, a saber, que lo que a la burguesía le interesa, a pesar de la retórica, no son las propias elecciones, el hecho de que las personas puedan ejercer (o no) su derecho de voto y expresarse de esa manera, sino los resultados electorales, que es algo distinto.

Dado que ese punto de vista es burgués, también es dominante y se transmite a los medios “alternativos”, “progres”, de “izquierdas” y demás. A ellos también lo que les preocupa no son las elecciones sino los resultados electorales. En este caso se muestran sorprendidos por los resultados electorales, pero no por la campaña electoral.

A lo máximo, las candidaturas “del cambio” suelen decir, al más puro estilo burgués, que no han sabido “comunicar” bien su proyecto o su programa, aunque nunca se sabe a qué se refieren con eso porque aquí quien realmente “comunica” son los medios de comunicación, cuya naturaleza política, económica e ideológica no creo necesario explicar ahora.

Ese tipo de lenguaje alambicado y académico quiere poner de manifiesto, de muy mala manera, dos cosas: que quienes se presentan a las elecciones aspiran a utilizar los mismos medios y que eso se debe a la falta de medios propios. Aquí habría que añadir ahora aquello que dijo el canadiense Marshall McLuhan en los sesenta (“el medio es el mensaje”) que se hizo tan famoso, o dicho de otra manera: los medios no son neutrales, lo cual es una obviedad. Si en unas elecciones alguien quiere exponer un mensaje distinto, debe utilizar otros medios también distintos.

Ni siquiera debería hablar de “medios” en plural porque hoy en las elecciones no hay otro medio que la televisión; sabemos que ha habido elecciones porque lo hemos visto por la tele; fuera de ella no ha habido eso que llaman “actos electorales”. Personalmente, por la calle no he encontrado carteles, convocatorias o actos de ninguna candidatura. Absolutamente ninguno.

La conclusión es que no ha habido tales elecciones, ni tales actos electorales, de manera que ese tipo de debates que se entablan en algunos grupos seudorrevolucionarios sobre si votar o no, sobre si presentar candidatura o no, o sobre si apoyar a unos o a otros, son ridículos.

Si se pone como metáfora la polémica futbolística entre los “resultadistas” y los partidarios del “jogo bonito”, la conclusión no deja lugar a dudas: las organizaciones realmente antifascistas y revolucionarias son partidarias del “jogo bonito”, defienden el principio realmente deportivo y deportista de que lo importante es participar.

… o no participar, que es otra forma de participar a la que se podría aplicar todo lo que acabo de enunciar porque, en efecto, no basta con no votar sino que, si así lo decide, una organización realmente revolucionaria tiene que desplegar una campaña activa en torno al boicot.

Como en cualquier otro aspecto de la lucha, en unas elecciones las organizaciones revolucionarias no sólo tienen que adoptar una postura partidista sino militante y organizada. Lo mismo si se presentan que si llaman al boicot, tienen que hacer, en la medida de sus fuerzas, campaña electoral que, como cualquier otra campaña, se expresa en la forma combativa que es típica: reuniones, carteles, pintadas, folletos, etc.

Las candidaturas que se han llamado del “cambio” no es que hayan engañado a sus votantes sólo por el programa, por sus principios o por sus objetivos, sino que su campaña ha sido idéntica a las del no-cambio. Creen que así “llegan a más gente”, una expresión típica del reformismo hispánico desde los tiempos de la transición.

Una organización que quiera cambiar algo -de verdad- no sólo debe “llegar a más gente” sino “llegar” por otros medios distintos que, además, son más poderosos que la televisión y que las redes sociales porque la burguesía no los puede utilizar: es el contacto directo con las masas, el boca a boca, las reuniones, los debates y la movilización de sus fuerzas, en definitiva.

Habría que empezar a criticar el uso de un lenguaje tan repugnante como el de los reformistas: una organización revolucionaria no “llega” a las masas sino que forma parte integrante de ellas.

Píldora

Bianchi

Esta vez, sí, será breve.

Dice Pedro Sánchez que, si depende de los votos de “Podemos”, nunca será presidente. Ha tardado en darse cuenta. Y es que la ambicion de Pablo Iglesias consiste en, una vez engullida Izquierda Unida, fagocitar al PsoE entero y constituirse en el referente de eso que llaman “izquierda” (y no lo es).

¿Ir contra el PP? Nada de eso. Todo está pensado, tácticamente, para volver al “bipartidismo” donde estará, por un lado, lo que llaman la “derechona” (junto con “Ciudadanos”) y “El Koletas” y adláteres, mareas, etc., por otro. ¿Y el PsoE? Fundido y hundido. Habrá ratas que lo abandonen, pero será compensado con el “fichaje” de Errejón, que preferirá ser cabeza de ratón que cola de león con Iglesias.

¿Cuál será la piedra de toque de todos estos partidos unionistas y lo que, en ultima instancia, les pondrá de acuerdo, o no? El referéndum catalán, si es que llega a celebrarse, o les dejan… que esa es otra.

Buenos días.

Se venden votos a 20 dólares la unidad

Ezra Fieser
Jayson era un votante primerizo en la República Dominicana, o hubiera sido, si es que hubiera tenido la intención de votar. En vez de eso, estaba intentando hallar la forma de convertir la cédula electoral en dinero.

Al final, el joven de 19 años dijo que recibió 1.000 pesos (22 dólares) a cambio de entregar su cédula de identidad durante las elecciones presidenciales del domingo. Jayson tenía un plan B para solicitar ofertas, –“Caminaré por ahí con mi tarjeta pegada en la frente”— pero no tuvo necesidad de usarlo. Su amigo, Luis, de 21 años, lo hizo aún mejor. Dijo que le pagaron cerca de 28 dólares por votar por el Partido de la Liberación Dominicana, el partido gobernante. “Tomé el dinero, pero después voté por quien yo quise”.

En momentos en que el presidente Danilo Medina se encamina a la reelección, con un 62 de los votos, según un recuento preliminar, los partidos de oposición aseguran que todo ha sido un fraude. En todo el país y el espectro político, distintos candidatos dijeron que la compra de cédulas de identidad y de votos proliferó. Los canales de televisión mostraron cómo se hacían las transacciones justo en frente de los centros de votación.

Roberto Rosario, el presidente de la Junta Central Electoral, dijo que todos los partidos estaban involucrados, aunque manifestó que esas prácticas “no alterarían los resultados” de las distintas votaciones locales y nacionales que se llevaron a cabo el domingo. Antes de las elecciones la Junta implementó nuevas normas para evitar fraudes y Rosario dijo que los mismos partidos tienen que asumir parte de la responsabilidad para que el proceso sea transparente.

Héctor Olivo, director de comunicaciones del Partido por la Liberación Dominicana de Medina, dijo que el grupo “nunca había estado involucrado en tales prácticas. Por lo que no es algo a lo que pueda referirme”.

Observadores electorales de la Organización de los Estados Americanos dijeron en un comunicado que habían “visto masas de personas alrededor de los centros de votación” y que habían recibido “quejas por la compra de votos y cédulas electorales”.

Como parte del intento para reducir los abusos se entregaron a los votantes nuevas tarjetas de identificación y se instalaron escáneres de huellas dactilares en los centros de votación. El consejo electoral dijo que las medidas evitarían que la gente votara más de una vez, o que votaran con la identificación de otra persona.

No obstante, esas medidas de protección sólo hicieron que algunos estrategas de partido cambiaran de tácticas. En una variante, los punteros políticos locales rastillaron los vecindarios para identificar a los votantes que planeaban apoyar a un grupo rival y les ofrecieron alquilar sus cédulas por el día, hasta el cierre de los comicios, el esquema con el que lucró Jayson.

Julio de la Rosa, coordinador de la Alianza Dominicana Contra la Corrupción, dijo que las nuevas medidas representan un avance en cuanto a la transparencia de las elecciones. Sin embargo, “aún se ven campañas que proporcionan alimentos, regalos, e incluso combustible gratuito”.

Fuente: http://www.bloomberg.com/latam/2016/05/18/en-republica-dominicana-la-gente-vende-sus-votos-por-us20/
 

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información.plugin cookies

ACEPTAR
Aviso de cookies