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En las elecciones presidenciales francesas Macron no es el candidato manchú sino todo lo contrario

Emmanuel Macron
En Francia los sondeos presidenciales ponen por delante a Emmanuel Macron, un prototipo del político moderno, con estudios universitarios muy brillantes, máster en especialidades tan apasionantes como la política fiscal, profesional, burócrata curtido, a pesar de su juventud, en organismos de esos cuyos nombres aparecen y desaparecen…

Todo en diez años. Su aspecto es como el de Albert Ribera, fraguado en una escuela de diseño, aunque la imagen -según dicen- no es tan importante, ni siquiera en esta era de mercadotecnica. Lo importante es quién le ha llevado de la mano hasta la cumbre, aparte de sus propias cualidades, que otros también acaparan.

¿Habrán sido los rusos?, ¿será Macron el candidatu manchú?, ¿el Trump de las elecciones presidenciales francesas?, ¿otra injerencia rusa en las democracias consolidadas?

Por si las moscas la CIA vigila de cerca a Macron, tan de cerca que en 2012 ordenó a la NSA que interceptara todas las comunicaciones entre los candidatos franceses, según se desprende de la correspondencia privada de Hillary Clinton. Sin embargo, Macron es un político en la línea de Clinton, totalmente opuesto a Trump; no es uno de esos “populistas”.

Cuando en 2002 Macron acabó sus estudios en la Escuela Nacional de Administración, comenzó a hacer prácticas con un millonario, Henry Hermand, marca de una cadena de conocidos supermercados, al que la socialdemocracia había nombrado prefecto de la provincia de Oise. El millonario le enseña a Macron que ya no se puede ser conservador, ni liberal, ni mucho menos un reaccionario. El político moderno debe ser necesariamente “progre”, abierto a los cambios, las modas y las últimas tendencias y dispuesto a cambiar cuaquier cosa para que todo siga igual.

John Podesta
Este tipo de políticos surgen de la misma factoría que John Podesta, el jefe de campaña de Clinton: el “Center for American Progress”. El secreto de los progres de plástico es no hacer ascos a nada, por lo que tras acabar sus prácticas, Macron empezó a trabajar como inspector de finanzas con otro padrino del costado político opuesto, Jean Pierre Jouyet, un jerifalte de Instituto Aspen, núcleo de los “doberman” más reaccionarios de Washington.

Cuando otro “doberman”, el Presidente Sarkozy, crea la Comisión Attali para promover el librecambismo y el europeísmo, Jouyet coloca en ella a su joven peón para se forje en la mediocridad moderna vestida con sus mejores galas. Las inovaciones de Attali y su comisión no van más allá de la creación de una institución financiera internacional, otra más, la democractización del mundo y la Unión Europea como modelo y, a la vez, como laboratorio.

La Comisión Attali era un nido avispas. Gracias a ella Macron trabó contacto con Serge Weinberg, un peón de Laurent Fabius, la izquierda, y con  François Henrot, de la banca Rotschild y de la French-American Foundation que busca jóvenes de plástico para convertirlos en los políticos del futuro, secuaces de los intereses de Estados Unidos en Francia.

En 2012 llegó el momento de dar el salto: en tiempos de Hollande, la izquierda, a Macron le nombran secretario general adjunto del Elíseo, que es una manera de decir, “chico de los recados”, como aquellos botones que había antes en la banca, que empezaban de consejes y a veces llegaban a dirigir una sucursal.

Así sucedió y el conserje que llevaba los cafés por la mañana acabó siendo ministro de Economía en un tiempo récord. Fue el año que la CIA ordenó a la NSA que vigilara las comunicaciones francesas y del mensaje de Clinton en el que meciona a Macron, entonces un desconocido, con una asombrosa precisión.

Tras las elecciones francesas no sucederá lo mismo que tras las elecciones estadounidenses porque ocurrirá lo que está previsto de antemano: no ganará el candidato manchú sino Macron. Los rusos no habrán manipulado las elecciones; las habrá manipulado el otro bando y eso no es ningún escándalo; ni siquiera es noticia.

Cómo contribuye Twitter a la falsificación de las elecciones

Eso que la burguesía califica como “política” es como todo lo demás, falso, porque se basa en algo que es inherente a su propia condición de clase: la apariencia y la superficialidad.

Hay, pues, una política superficial, aparente, que se basa en la publicidad y en la colusión con los medios de comunicación, y otra subterránea, clandestina, que sólo aparece cuando los micrófonos se apagan.

Los políticos burgueses, lo mismo que las empresas capitalistas, se apoyan en las apariencias, en una determinada imagen “de marca” que no tiene nada que ver con la realidad.

Como el mismísimo Trump, por ejemplo, tienen una cuenta en Twitter para aparentar un contacto inmediato y directo con sus conciudadanos, mientras abren otras falsas en las que se explayan con mayor libertad. Por eso se produce esa paradoja: en las primeras, las verdaderas, no dicen la verdad, mientras que es en las falsas donde dicen lo que realmente piensan.


El político de verdad empieza en cuanto el micrófono se apaga. Ahí es donde se muestra tal cual es realmente.

Lo mismo ocurre en Twitter, tanto con los políticos como con los partidos. Hay perfiles verdaderos y perfiles falsos, pero si quieres saber la verdad tienes que ir a estos últimos.

En una cuenta falsa un partido puede decir lo que le da la gana, mientras que la verdadera le compromete.

Los verdaderos maestros en el arte de la falsificación son los de Podemos, un partido virtual donde los haya. Pero la proliferación de cuentas falsas es característica de todos los partidos burgueses, hasta el punto de que se ha creado un blog, llamado Bots de Twitter (*), para denunciarlas.

Los partidos y los políticos tienen dos perfiles en internet lo mismo que tienen dos caras en la vida real y no es que una sea verdadera y la otra falsa, puesto que ellos mismos son los que las abren: ambas son falsas y si abren dos es porque quieren decir dos cosas distintas.

Son como Jekill y Míster Hyde; tienen su lado oscuro, que se pone de manifiesto, sobre todo, en las épocas electorales, ya que viven de ellas. Las elecciones son su habitat y el sello de calidad de una democracia -dicen ellos- se mide por sus elecciones.

Si a esa banda de farsantes les tomamos la palabra y equiparamos la democracia a las elecciones, entonces estaremos obligados a concluir que unas elecciones falsas conducen a una falsa democracia. Si las promesas electorales son falsas, si el dinero gastado en las elecciones no es el real, si llevan a cabo un trabajo subterráneo en internet, ¿qué tienen de auténtico los partidos burgueses?, ¿qué tienen de verdad las elecciones? Si todo es falso, ¿pueden ser un reflejo veraz de la realidad, de una determinada opinión?, ¿o más bien es todo mentira, una falsificación?

En 2015, durante las elecciones andaluzas, Twitter tuvo que suspender por fraude varias cuentas abiertas por los partidos políticos que se presentaban a ellas. Las cuentas desaparecieron, pero las elecciones no. Nadie dijo que eran un fraude.

Sin embargo, los pucherazos informáticos de los partidos han llegado a tal extremo de que pagan a empresas para generar los fraudes, una mecánica que ya funciona de forma automática, por medio de programas que generan miles de mensajes como si fueran reales. Hay políticos falsos, con cuentas falsas que emiten mensajes falsos por las redes sociales, que crean falsos seguidores, falsas tendencias (“trending topics”)…

No sólo en internet. Todo en la política burguesa es falso, lo que en Argentina denominan “trucho” y en la jerga informática anglosajona “trolleo”. Especialmente en épocas electorales los partidos contratan “troll centers” con expertos a sueldo dedicados a jornada continua a falsificar la realidad en internet. Las farsas electorales se han profesionalizado e institucionalizado y nadie parece sorprenderse por ello.

(*) https://botsdetwitter.wordpress.com/

WikiLeaks publica miles de archivos sobre Marine Le Pen ante las elecciones presidenciales francesas

Se reproduce la misma situación que con las elecciones presidenciales de Estados Unidos, con la diferencia de que esta vez las revelaciones no tratan sobre uno de los candidatos solamente, sino sobre dos: ayer WikiLeaks publicó casi 5.000 documentos sobre Marine Le Pen y François Fillon, ambos políticos de la más abierta reacción.

De los archivos publicados, 1.100 corresponden a Marine Le Pen y 3.600 a Fillon, ambos sometidos a escarnio por otros tantos asuntos de corrupción. Llueve, pues, sobre mojado.

El semanario satírico Le Canard Enchaîné ha denunciado que la mujer de Fillon, se embolsó unos 900.000 euros en calidad de asistente de su marido en la Asamblea Nacional, mientras que Le Pen logró que el Parlamento Europeo le pagara un sueldo mensual a su cuñada y a su guardaespaldas, ambos como asistentes.

Según la OLAF (Oficina Europea de Lucha contra el Fraude) ambos cobraban un sueldo de 350.000 euros mensuales de los fondos del Parlamento Europeo.

Lo más probable es que en esta ocasión los medios de propaganda no orquesten el consabido escándalo, como en el caso de Trump porque tanto Fillon como Le Pen se han declarado partidarios de un acercamiento de la Unión Europea con Rusia. En el caso de Le Pen algunos medios han afirmado que el partido fascista francés ha sido financiado por Rusia. En el de Fillon, se entrevistó recientemente con Merkel para levantar las sanciones impuestas a Rusia como consecuencia de la anexión de Crimea.

En Bruselas la culpa de todos los contratiempos, cuyo origen está en la ineptitud de sus cabecillas, se imputan a los manejos entre bastidores del Kremlin, como en los peores tiempos de la Guerra Fría y el oro de Moscú.

Tenemos oro de Moscú para rato porque WikiLeaks ha prometido que 2017 va a ser un año que nos va a cortar la respiración. Seguro que sus escandalosas revelaciones nos van a demostrar que nuestros políticos, además de cretinos, son unos chorizos y otras cosas que ya sabemos desde siempre. Sí, esos mismos políticos que hablan de democracia, libertad, derechos humanos, pluralismo, estado de desecho y demás palabrería.

El ejército de Senegal invade Gambia para destituir al presidente del país

Yahya Jammeh no quiere dejar el cargo
Ayer al mediodía tropas senegalesas, con el aval del Consejo de Seguridad de la ONU, cruzaron la frontera de Gambia para apoyar al nuevo presidente electo Adama Barrow, enfrentado al Presidente derrotado en las urnas, Yahya Jammeh, que se ha negado a dimitir y declaró el estado de excepción durante tres meses.

Los motivos ya los explicamos recientemente en otra entrada: los nuevos yacimiento de gas que se han descubierto en África occidental.

Noticias sin confirmar aseguraban que Jammeh había abandonado el país y se había refugiado en Mauritania después de entrevistarse con el Presidente Mohamed Uld Abdel Aziz.

Por la tarde comenzaron a producirse violentos choques de las tropas senegalesas con milicianos del Movimiento de Fuerzas Democráticas de Casamance, que desde 1982 lucha por la independencia de Casamance y es partidario del presidente derrotado.

El coronel de las tropas senegalesas, Abdou Ndiaye, anunció la invasión a la agencia Reiters inmediatamente después de que el nuevo Presidente prestara juramento de una manera rocambolesca en… Dakar, la capital de Senegal, en las oficinas de la embajada de… Gambia.

El Consejo de Seguridad de la ONU ha actuado con la conformidad de la Comunidad Económica de Estados de África Occidental, en donde lo importante es lo de “económico”. Los 15 Estados que la componen estaban presionando a Jammeh para que abandone el cargo y le habían amenazado con una intervención militar.

Senegal cuenta con el apoyo de la potencia regional, Nigeria, cuya aviación realizó vuelos de reconocimiento en Banjul, así como de Gana que ha anunciado el envío de 250 soldados de apoyo.

Jammeh dirige Gambia desde 1994 gracias a un golpe de Estado sin efusión de sangre. Recientemente declaró a Gambia como una “república islámica”. A diferencia de su único vecino, Senegal, que es francófono, Gambia es un país anglófono poblado por apenas dos millones de habitantes y enclavado dentro del anterior.

Senegal ya intervino militarmente en Gambia en 1981 para impedir un golpe de Estado contra el entonces Presidente Dawda Jawara.

Trump, el candidato manchú, y cómo los rojos se han apoderado de la Casa Blanca

“El candidato manchú” es una película estrenada en 1962 protagonizada, entre otros, por Frank Sinatra y Angela Lansbury en una de sus más soberbias interpretaciones.El argumento es una intriga política típica de la propaganda imperialista durante la Guerra Fría: en la Guerra de Corea un grupo de soldados estadounidenses son capturados e internados en Manchuria, donde sus carceleros chinos y soviéticos les lavan de cerebro (porque a todos los comunistas alguien les ha lavado el cerebro).

Uno de los prisioneros pertenece a una prestigiosa, reaccionaria y adinerada familia, aunque su madre es una espía soviética. Al joven los espías del KGB, la agencia de espionaje soviética, le controlan mostrándole una carta: la reina de diamantes.

El objetivo de los comunistas es dar un golpe de Estado en Washington e instalar a su padre en la Presidencia, quien actuaría como una marioneta al servicio de la URSS.

La película, a veces titulada en castellano “El embajador del miedo”, se estrenó en plena crisis de los misiles en Cuba. Se basa en una novela de Richard Condon quien, a su vez, se inspiró en un relato que le hizo un agente de la CIA, que le contó que los soldados que habían caído prisioneros en Corea, padecieron amnesia tras su cautiverio en algún lugar de Manchuria.

En 2004 Jonathan Demme realizó una nueva versión de la misma novela, mucho más conocida, con muchas variantes que le restan expresividad al relato original.

El tiempo vuela. Nadie se acordaba de aquello hasta que el 22 de julio de 2016 Wikileaks publica cerca de 20.000 correos electrónicos internos del partido demócrata en los que se pone de manifiesto el favoritismo de la cúpula del partido a favor de Hillary Clinton y en detrimento de otro candidato del mismo partido: Bernie Sanders.

Como consecuencia del descubrimiento de la manipulación, Debbie Wasserman Schultz, que debía presidir la Convención Demócrata de Filadelfia, dimite de la presidencia del partido.

“No hay mejor defensa que un buen ataque”, debieron pensar en el partido demócrata para esconder su chanchullo interno. Dos días después, el 24 de julio, el coordinador de campaña de Clinton, Robby Mook, afirma en un programa de la CNN que quienes habían pirateado los ordenadores del Comité Nacional del Partido Demócrata y apoderado de los correos electrónicos eran espías rusos.

Luego Mook aseguró también que los rusos publicaron los correos electrónicos para favorecer a Trump. “No creo que sea una coincidencia que esos correos electrónicos fueran revelados la víspera de nuestra convención, y creo que eso es preocupante”, afirmó sin parpadear ante las cámaras.

Mook se refería a que la revelación de Wikileaks había ocurrido cuando el candidato republicano se estaba haciendo más pro-ruso. El presentador resopla ante las cámaras: “Esa es una acusación muy fuerte” y le pregunta por las pruebas que podían respaldar sus insinuaciones.

El jefe de campaña responde: “Necesitamos que los expertos hablen sobre ello. La prensa ha informado que es posible que los piratas que penetraron en la Convención Demócrata de Filadelfia estén trabajando en coordinación con Rusia”.

El muñidor de Clinton se refería a un artículo aparecido en abril en el New York Times sobre un “gusano” informático llamado “Fancy Bear” o APT28 que “parece ser” una creación del GRU, la inteligencia militar rusa.

Desde entonces el partido demócrata y los secuaces de Clinton comienzan a referirse a Trump como la versión siglo XXI del “candidato manchú”. Trump es un agente de Putin, un comunista emboscado que se ha apoderado de las riendas del país más libre del mundo para crear una sociedad totalitaria.

Este inicio de año es como para echarse a temblar. Los comunistas ya no están sólo en Moscú, sino también en Washington.

Más información:
– La ideología dominante es como los zombis: nos persigue por más que se demuestre su falsedad
– Trump, el candidato manchú, y cómo los rojos se han apoderado de la Casa Blanca
– Los hilos que van del Kremlin a Trump pasan por WikiLeaks pero no conducen a ninguna parte
– Las mentiras llegan y se quedan para siempre
– El gobierno británico dirige a los medios en la campaña de intoxicación contra Rusia
– Espías y periodistas: se le atrapa antes al mentiroso que al cojo 

Siguen las denuncias de manipulación electoral de las redes sociales

Si alguna vez existió, la neutralidad de la red ya se ha acabado. La campaña de censura emprendida por Google y Facebook con la excusa de una supuesta “guerra” contra los bulos y falsas noticias falsas que circulan por las redes sociales puede hacer que los usuarios e incluso sus propias trabajadores busquen alternativas en otras empresas.

Los monopolios informáticos siguen afinando sus algoritmos para que, sobre todo en época electoral, los buscadores pongan los resultados “políticamente correctos” en el primer escalafón… a costa de etiquetar a ciertos sitios de noticias alternativos y ponerlos en la lista negra.

Hay mucho dinero por medio. Una gran parte de los medios digitales obtienen sus ingresos por publicidad del tráfico que les conducen los buscadores y las redes sociales por medio de enlaces.

Tres trabajadores de Facebook han denunciado de manera anónima al New York Times el apaño de los algoritmos con fines de manipulación y de generación de tráfico “políticamente correcto” y “trending topic” a la carta.

La multinacional de Mark Zuckerberg ha ensayado sus nuevos algoritmos en Pakistán, Rusia y Turquía, donde ha borrado del mapa 55.000 perfiles, una cifra que se multiplicará exponencialment“Actualmente nuestro objetivo es ayudar a las empresas chinas y
conquistar mercados fuera de China utilizando nuestra plataforma
publicitaria”e si llega a un acuerdo con el gobierno chino.

En un comunicado oficial, Facebook ha reconocido su interés por el mercado chino, pero asegura que aún no ha llegado a un acuerdo con el gobierno de Pekín. “Actualmente nuestro objetivo es ayudar a las empresas chinas y conquistar mercados fuera de China utilizando nuestra plataforma publicitaria”, dice el comunicado.

Mientras tanto, en Estados Unidos algunos siguen asegurando que durante las últimas elecciones algunos buscadores y redes sociales se alteraron para condicionar el voto los usuarios.

Trumping’ Jack Flash

B.

Jugando con la canción de Rolling Stones “Jumping” Jack Flash” (Jack el Saltarín, o algo así), parece que el magnate Donald Trump ha ganado en el circo yanki las elecciones, ese show-business: puro reality-show.

En la Piel de Toro todos los voceros mediáticos, desde el búnker hasta la “progresía” (La Sexta) pasando por EL PAIS,han coincidido en la previa en llamar a Trump de todo menos guapo: racista, xenófobo, payaso, machista, etc. Y, en efecto, es todo eso (peor es la prosionista Hilaria, una amenaza mundial para el concierto de las naciones con su programa belicista y agresivo), pero me pregunto cuánto tiempo va a tener que pasar para que estos “detractores” (muchos de boquilla) “descubran” las bondades del “cazurro” Trump hasta hace dos días. Igual que Barrionuevo, ministro del Interior que fuera con Felipe González en su primer gobierno allá por 1982, “descubrió” a la Guardia Civil.

Es típico de los lamebotas mediáticos: siempre con el Poder, del pelaje que sea, cobistas y pelotas. “Get bent” (que les den…).

Buenos días.

Coñazo gringo hasta en la sopa

B.

Para un día que no hay fútbol en la tele, enchufo la misma y no hay canal que no hable de la “transcendental” pugna electoral en los USA. Encuestas en la rua preguntando al personal quién cree que ganará, Trump o Hillary, o quién desea que gane, famosos que apoyan a uno o a otra, pero nadie pregunta algo así como ¿realmente le importa a usted quién cojones gane esas elecciones? ¿sabe usted que allí no vota casi ni dios?

No falta el cínico chistoso que dice que lo único importante en nuestras vidas son las elecciones yankis pues todo el planeta depende de su resultado y de quién gane. Los mass media españoles volcados en “informarnos” minuto a minuto demostrando, uno, un freudiano complejo de inferioridad lacayuno respecto al Imperio, al que manda, y, dos, trasladar ese complejo al pueblo para interesarle en algo que se la suda mayormente si a sus problemas reales atendemos.Nos quieren como al perro de Pavlov (grandísimo neurólogo soviético y premio Nobel, por cierto) y sus reflejos condicionados, o sea, que estemos estimulados por el sonido de, como el perro, un timbre para tener la sensación de hambre y funcionen los jugos gástricos, o sea, en román paladino, tenernos atontados, robotizados e imbecilizados ergo: narcotizados, cloroformados, se me acaban los sinónimos.

Y no es que no nos importe el resultado de esas elecciones -cuando escribimos estas breves líneas no lo sabemos-, claro que sí, no somos anacoretas ni ermitaños y todo lo que pase en el mundo nos afecta pues vivimos bajo el mismo sol, pero que nos traten como al burro al que el conductor del carro le pone una zanahoria colgada de un palo delante de de sus orejeras y cartolas, pues no, va a ser que no, mire usted.

Por no hablar de la unánime voluntad de tertulianos, enteradillos, especialistas y bocazas en que salga Hilaria y no el bruto Trump (que significa “triunfo” y no “trampa”), desde la caverna hasta “progres”, sin decir que la sionista Clinton tiene más peligro que un mono con pistolas y nos lleva directamente a la, ahora sí, III Guerra Mundial (por lo menos, Oliver Stone ha dado un toque en este sentido). La Carta de Ajuste de la TVE franquista en blanco y negro era menos aburrida.


En fin, como decía el chiste -nos lo tomaremos con algún humor- “que gane el mejor”, y decía el colegui, “no, no, el mejor no, que gane el otro”.

Buenas noches.

Trump será el próximo Presidente de Estados Unidos

El candidato republicano Donald Trump tiene un pie en la Casa Blanca. El millonario será el Presidente número 45 de Estados Unidos. Esta madrugada sumaba ya 264 delegados de los 270 necesarios para conseguir hacerse con las riendas del gobierno, frente a los 215 de Hillary Clinton. Las proyecciones también indican que los republicanos mantendrían el control del congreso y del Senado.

Como es habitual, estas elecciones han interesado más a la prensa que a los electores, que casi nunca votan. También allá ganan quienes se abstienen de participar en una de las farsas políticas más descomunales que se organizan cada cuatro años. No es que los estadounidenses no voten, sino que unos 70 millones de personas ni siquiera se toman la molestia de inscribirse en el censo para poder hacerlo. Dicha obligación se impuso para impedir que los trabajadores, los pobres y los negros pudieran ejercer su derecho. Suponen casi un 40 por ciento de la población con derecho al sufragio activo.

A Estados Unidos le llaman “la democracia más grande del mundo” porque la mitad de los electores no votan en las elecciones presidenciales. En las elecciones legislativas es aún peor. La participación no va más allá de la tercera parte.

La explicación de la abstención es más que evidente. Las elecciones no interesan más que a una reducida oligarquía de grandes intereses monopolistas. Excepto los medios de comunicación, desde hace décadas cualquiera sabe que en Estados Unidos un Presidente es un pintamonas que ni siquiera es capaz de pronunciar un discurso oficial por sí mismo.

También en Estados Unidos las elecciones no las ganan los votos sino los fondos. Los candidatos financian sus campañas dopados hasta las cejas con fuertes subvenciones de financieros y grandes empresas capitalistas. El 99 por ciento de la población estadounidense no aporta ni un sólo céntimo a los partidos o a sus candidatos, es decir, que los candidatos son marionetas de las grandes empresas. La mayoría ni vota ni aporta dinero.

Aparte de los que no votan, hay que contar a los que no pueden votar, como los puertorriqueños y, en general los trabajadores que, a pesar de estar inscritos en el censo, no pueden votar porque sus patrones no los autorizan a ausentarse del puesto de trabajo o no tienen los medios necesarios para desplazarse al colegio electoral. A diferencia de otros países, en Estados Unidos tanto la inscripción como la votación se realiza en días y horas laborales, concretamente un martes.

Hay cuatro millones de personas condenadas por un delito mayor que, además de la libertad, pierden el derecho al sufragio. Por ejemplo, en Florida casi una tercera parte de la población no puede votar por tener antecedentes penales, lo cual incluye una buena parte de la población negra más pobre.

A las elecciones de Estados Unidos nadie envía observadores para certificar la limpieza de los comicios porque es el único país del mundo en el que nadie habla de pucherazos electorales a pesar de que se producen por partida doble. Por un lado, inflan y desinflan los censos para que unos no puedan votar y otros voten dos y tres veces. Por el otro, los recuentos de papeletas son una chapuza, como se pudo comprobar en 2000 cuando eligieron a Bush, a pesar de que las elecciones las había ganado Al Gore.

Una de las corruptelas más comunes es el denominado “voto ausente”. Se trata de un voto que no es secreto porque quien deposita la papeleta no es el elector sino un agente pagado por las maquinarias electorales que “testifican” la intención de voto del elector. Hay numerosos fraudes con la manipulación del “voto ausente” de votantes sin que éstos lo sepan.


Con este tipo de votos se han producido escándalos históricos, como el de 1996, cuando el diario Miami Herald publicó datos oficiales que revelaron que entre los electores de ese estado aparecieron 50.000 delincuentes encarcelados y 17.000 fallecidos que votaron por el procedimiento del “voto ausente”. En el mismo artículo, el periódico agregó la existencia de 47.000 personas que estaban inscritas como electores en más de un distrito.
Como en otros países, cada vez es más difícil hablar de democracia en Estados Unidos sin caer en el ridículo. En lugar de “la democracia más grande del mundo” los medios deberían hablar hoy del “fraude más grande del mundo”.

Los mensajes más secretos de Hillary Clinton los imprimía el ama de llaves

Ayer el diario estadounidense New York Post informó de que, siendo secretaria de Estado, Hillary Clinton, recibía por correo electrónico documentos confidenciales de sus asesores del Departamento de Estado y luego los enviaba a su empleada doméstica para que se los imprimiera.

Marina Santos, de origen filipino, fue contratada para cuidar la casa de los Clinton en Washington y, según el FBI, entre 2011 y 2012, manejó borradores de discursos e informaciones confidenciales.

“Por favor, pide a Marina que imprima para mí todo lo mencionado”, decía un correo electrónico de Clinton dirigido a su asesora Huma Abedin respecto a un documento de 2011 marcado como confidencial.

Marina Santos también pudo acceder a una sala secreta llamada SCIF que los funcionarios diplomáticos de seguridad establecieron en la ciudad británica de Whitehaven. A pesar de que Santos no tenía la autorización, entró dentro del SCIF para recoger documentos de un fax confidencial y dárselos a Clinton, dice el FBI.

El FBI señala que periódicamente Clinton recibía el Informe Diario Presidencial ―un documento secreto preparado por la CIA y otros centros de inteligencia estadounidenses― a través de un fax confidencial.

El Departamento de Estado también ha criticado el uso de un servidor privado de correo electrónico por Hillary Clinton cuando estaba al frente de la diplomacia de Estados Unidos. Clinton ha sido acusada de negligencia en el manejo de datos clasificados. De los 30.000 correos del Departamento de Estado analizados por el FBI, 110 contenían información clasificada.

La reapertura de la investigación sobre los correos electrónicos de Clinton no le ha sentado bien a la candidata demócrata ni a su equipo de campaña, que arremetió contra el director del FBI, James Comey.

Una candidatura muy completa para la Casa Blanca

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