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Abstención

El artículo sobre la abstención que a continuación adjuntamos fue escrito y publicado a primeros de octubre del 2018. Es cierto que en estos meses han ocurrido muchas cosas sobre las que hacer hincapié, pero un artículo tiene sus límites. Subrayar las elecciones europeas que no se mencionaban y los cambios de fechas que han acaecido. Por lo demás, nos reafirmamos que Euskal Herria tiene que hacer su camino independiente que no puede ser otro que la revolución socialista vasca. Es el único planteamiento solidario pensando en el Pueblo Trabajador Vasco y en su clase obrera en particular.

Nos dicen, por activa y por pasiva que las elecciones en Euskal Herria sur serán alrededor de Mayo del próximo 2019. Elecciones para los ayuntamientos, las diputaciones de las vascongadas y las forales navarras. Ya veremos pero, en todo caso, las fechas no son el problema y no nos preocupan. Esos no son más que los espectáculos preelectorales que cada 4 años nos montan. Parece que es así y nada podemos hacer al respecto.

Hace tiempo que se veía venir a la compañía teatral al completo y cuando hacen desparecer al MLNV y Sortu acepta la ley de partidos y se suma al club de los “buenos”, se acabó compaginar la dinámica político-militar, la lucha popular, la lucha social, la lucha obrera… con la lucha institucional. Y finalmente el complejo EH Bildu, descarta todas las luchas salvo la decisión de integrarse definitivamente, al mas puro estilo reformista y pequeño burgués, en el sistema que nos ocupa y explota por medio de su circo institucional, económico, represivo y mediático.

Seremos claros e intentaremos ser breves. ¿Alguien piensa para qué vale nuestro voto si luego se enfadan porque la patronal no les invita? ¿Y qué harán para lograr ser invitados? ¿Quién iba a pensar que homenajearían a miembros de los cuerpos represivos, olvidándose de cientos de caídos por la independencia y el socialismo? ¿Qué significa la firma de EH Bildu con todo el parlamento español en comandita asegurando que las fuerzas de “seguridad” españolas son las que defienden “nuestra democracia” y “nuestra constitución española”? ¿A cuenta de qué se felicita a Trump por su victoria y por sus ejemplares elecciones democráticas? ¿Por qué cuando antes la Izquierda abertzale (hoy  oficial) decía NO, a pistas para vehículos que casi no los utilizarán en parajes únicos de nuestra tierra y, ahora, dice si? ¿Alguien tiene una explicación suficiente acerca de la desaparición de Udalbiltza fuera a parte de ser una entrega/concesión a la soberanía española? ¿Alguien puede explicar por que desapreció ESAIT?

Porque eso de las políticas inclusivas… la unilateralidad y la horizontalidad y la diversidad, no son más que maniobras para ceder ante el capital y darle aun más poder. Pues todo eso nos tiene bastante hartitos/as. Lo mismo que esto es posible y eso es imposible. Lo que es posible es lo que le interesa al sistema, y al revés. Ya es Casualidad. Basta ya de esconder la lucha de clases con argumentos de la pequeña burguesía.

¿Alguien piensa que EH Bildu va a defender a la clase obrera vasca hasta sus últimas consecuencias, o Ahal dugu/podemos con las hipotecas de los chalets de sus direcciones? Alguien piensa que aceptando la partición de Euskal Herria (el preámbulo del nuevo estatuto firmado por EH Bildu y el PNV lo hace) se puede firmar algún acuerdo en positivo. ¿Hay alguien en este país que además de las estructuras del PNV y cierto numero de afiliados (más las derechas españolas) se pueden fiar del PNV? Si no hay modo de fiarse ¿por qué nos han engañado mil y una veces? ¿por qué Sortu sonríe pensando que le han pillado al PNV con esta firma del preámbulo del Estatuto? Hace muchos años algún ingenuo podría pensar que EH Bildu le ha engañado a la burguesía del PNV, pero lo cierto es que esa firma, junto con muchas otras señales, supone el deseo de gobernar como ellos y con ellos, es decir  con la burguesía vasco-española y el capital.

¿Quién que milite en los diferentes sectores del movimiento popular, en el movimiento vecinal, en el movimiento obrero (que ya se han encargado varios de dejarlo en la UCI), en el movimiento social, en el movimiento estudiantil o en dinámicas de denuncia y de solidaridad internacionalista puede fiarse de alguien que ha desecho todo ello? Ha desecho todo lo que el capital quería y durante largas decenas de años no había podido ¿Es que alguien con planteamientos revolucionarios se puede fiar de esos nuevos inquilinos del sistema?

La crisis ha venido para quedarse y hay índices muy preocupantes. Las políticas y medidas arancelarias tomadas sobre todo por la potencia imperialista de los Estados Unidos de América del Norte y su gran agujero negro que supone la multimillonaria deuda pública. El continuo saqueo mundial mediante las guerras diseñadas en Tel-aviv, Riad, Londres, Berlín Paris o Washington. La destrucción de infraestructuras y culturas de países soberanos. Hambre, cólera, desesperación y un odio hacia occidente que el tiempo nos dirá hasta dónde puede llegar. Y por desgracia esto no ha hecho más que empezar. Para todos y todas pero con la salvedad de que nosotras vivimos en un país capitalista y todavía tenemos, muchos y muchas de nosotras, medios de subsistencia. Y no queremos ofender a nadie con lo de las banderas amarillas (simbología de acogida para los que huyen de la guerra), pero son parte de la ocultación y prolongación de las guerras imperialistas lo queramos o no.

¿Qué haremos cuando la solidaridad se convierta entre nuestro pan o el de ellos y ellas? Y no es un discurso populista o facha el que planteamos. Solo hay una manera de no disputarse el pan. Hagamos la revolución social vasca (entre otras) y acabaremos con las guerras imperialistas y con sus consecuencias como son la migración, el hambre, el cólera,  la incultura o la imposición de la cultura judeo cristiana. No hay otra solución viable que la toma del poder revolucionario por parte de la clase obrera, de los de abajo y sus aliados, aquí y allí. Y no olvidemos que el Estado español y Euskal Herria siguen mandando bombas y equipamiento militar a asesinos declarados sin que aquí pase nada grave que revuelva nuestras vidas de diario.

¿Quién va a defender, y aportar soluciones de raíz, en los ayuntamientos o diputaciones a todos los problemas estructurales que padecemos? Nadie reivindicará ni nos ofrecerá coger en nuestras manos los medios de producción a todos los niveles. Simplemente porque ya no hay nadie en ese ámbito institucional que lo plantee. O les han apartado o se han reciclado. O se han ido.

Hay que ser consciente que votando, tal y como están las cosas hoy en día, te conviertes, quieras o no, en una auténtica herramienta del sistema. Se utilizará tu voto y lo que conlleva, esa dinámica de discusión de lo posible e imposible, para perpetuar al sistema. Si no se cuestiona el hecho mismo de ir a votar no estamos planteando solucionar los problemas de raíz. Serán parches que el sistema capitalista y sus largos brazos en las instituciones los sortearán de una u otra manera. Sin olvidar que, diariamente, al capital le sobran miedo y medios para asustarnos en todos los ámbitos de la vida con el objetivo de que estemos bien quietos.

Es público que voceros de EH Bildu han manifestado públicamente que están dispuestos para gobernar… ¿Qué pensamos que encierra esa disposición? Eso quiere decir que si llega el caso harán lo que tenga que hacer cualquier partido de gobierno, de Estado. Y ellos lo harán. Hay cientos de cosas que pensamos que nunca se atreverían a hacer y lo han hecho y no ha pasado casi nada. Bueno, pasa que aquí y allí estamos gentes debatiendo que hacer además de no votar.

Y decimos que no pasa casi nada porque aunque lo oculten parcialmente a nivel grandilocuente tanto el capital como los medios de comunicación, algunos que han llegado a última hora al club del sistema, si están preocupados. Y hablamos de EH Bildu sobre todo. Se interrogan si la gestión de entrada en el sistema, con lo que conlleva de concesiones al capital y falta de defensa del pueblo trabajador vasco y su clase obrera en especial, están siendo asimilados por sus bases. De todos modos, con todo lo que han hecho ya (solo hemos mencionado algunas cosas), más dejar a los presos y presas políticas vascas que se busquen la vida o se pudran en las cárceles, es una señal de lo que están dispuestos a hacer y denota el calado ético y el alcance político de hasta dónde quieren llegar.

Y ya no podemos decir aquello de que “no entendemos lo que pasa”, “ETA sabrá lo que ha hecho, sus razones tendría”… lo mismo sobre lo que ha hecho y está haciendo Sortu…o “yo no entiendo nada y me quedo en casa…” Ya. Muy bien. Y durante los siguientes años ¿qué hacemos? ¿Cómo defendemos a nuestra tierra y a nuestra gente? ¿Cómo manejamos Euskal Herria? ¿Ocupamos cada vez que haya desahucios? ¿Vamos a admitir que alguien trabaje en negro, o que no trabaje porque no entra en el cupo establecido por el capital? ¿Hasta cuando esta situación? Ocupemos en cuanto nos informemos y organicemos. No nos ofrecen otras salidas en este y en otros mil temas. Cada vez hay más gente a la que no le llega para el final de mes. ¿Es que eso no nos motiva para pensar en actuar?

Alguien dirá que muchas alternativas no hay. Alguien pensará que quizá ninguna. Sí las hay y en Euskal Herria las hemos conocido y practicado. A veces entre bastante gente. Eso no es otra cosa que las asambleas de barrio, pueblo o tajo. Pequeñas y grandes. A veces incluso con grupitos de gente trabajando diferentes problemas y buscando soluciones… Coordinados/as. Eso es imprescindible. El capital, sus brazos ejecutores políticos o coercitivos pueden actuar ante una dinámica sectorial pero lo tendrán más difícil si las luchas se coordinan. Llamaríamos a eso pequeños embriones de contra poder popular. Es decir que no tendríamos que depender de ninguna instancia oficial o de partido. Lo que primaria saber es lo que ocurre en un pueblo o barrio ante una problemática concreta y a ver qué podemos hacer para encararlo y solucionarlo. Creemos que como idea puede valer. Es evidente que la confianza y la honradez son elementos imprescindibles para poder llevar todo esto adelante. Y ni qué decir tiene que el trabajo habrá de ser voluntario.

Por todo ello y más, hacemos un llamamiento a organizarnos en pueblos, barrios o centros de trabajo para hacer un planteamiento claro a la abstención activa, pública y revolucionaria. Basta ya de farsas, de chalets en la sierra, de burocracias de sindicatos y partidos vendidos, de una u otra manera, al capital.

Hacemos un llamamiento a no dejar en el olvido y en los problemas del día a día, esta forma de información, de conocernos, de comunicación, de debate y de toma de decisiones. Estas son vitales para nuestras vidas, para las de otros seres humanos que malviven lejos de nosotros y para los que vendrán detrás de nosotros. Nada es imposible. Solo se pierde lo que se abandona sin lucha. Organización y lucha. Por la Independencia y el Socialismo para Euskal Herria, siempre adelante.

Generales y Autonómicas: Rosa Parks no se presentó a las elecciones

Diego Herchhoren
Las encuestas han sembrado el terror. Lo que los medios de comunicación llaman “extrema derecha” parece llevar adelante un ascenso imparable que, si nada lo remedia, puede hacer que el trío PP, Ciudadanos y VOX alcancen cuotas de poder institucional hasta ahora nunca vistas. Entre nuestra gente sobrevuela un fantasma: hay que ir a votar para evitar su ascenso. Quien hace esta afirmación normalmente es aquella persona que no se siente identificada con ninguno de los partidos alternativos a este trío, pero no se perdonaría que su abstención facilitara el ascenso al poder de las derechas.
Piensa que probablemente los partidos alternativos (PSOE o las diferentes marcas de Podemos) pueden ser mejor, y más fiscalizables por el electorado, y servir de dique frente a lo que llaman “el auge de la extrema derecha”. Sin embargo, las personas que hacen este análisis, honesta o interesadamente, pasan por alto la experiencia consolidada de cuatro años de “gobiernos del cambio”. No es Ana Botella quien llevará adelante la Operación Chamartín, como tampoco será Maria Dolores de Cospedal quien meterá en prisión a los 6 repobladores del pueblo okupado de Fraguas, en Guadalajara. Tampoco es cierto que un eventual gobierno apoyado por VOX suponga un deterioro en los derechos de las mujeres, o sino que se lo pregunten a las miles de ellas que acuden a cuarteles o comisarías y son disuadidas de ejercer sus derechos.
No es que exista un peligro de ascenso del fascismo. El problema es que el fascismo ya lo tenemos entre nosotros desde hace tiempo, y con mayor o menor ingenuidad, quien nos invite a votar para impedir su “ascenso” nos está indirectamente invitándonos a obviar esta realidad porque, en definitiva, ir a votar en abril y mayo será, lisa y llanamente, aplazar el problema otros cuatro años más.
Antonio Baños, dirigente de la CUP hasta hace poco tiempo, afirmaba que los cambios más trascendentales de una sociedad siempre vienen precedidos de sonoros actos de desobediencia. Rosa Parks no se presentó a las elecciones para cambiar la ley que obligaba a ceder su asiento a los blancos, simplemente se sentó en el lugar de los blancos.
Abstenernos en estas elecciones es una oportunidad de poner en evidencia que este modelo económico no nos representa porque, no lo olvidemos, ningún rico gobernante nos va a permitir que, con sus reglas, podamos hacer que deje de ser rico y deje de ser gobernante. La abstención no es una opción, es un ejercicio de desobediencia para quienes queremos cambiar las cosas, porque por desgracia, a muchas personas que padecen la precariedad de vida, los desahucios o la miseria, no pueden perder más tiempo pensando que esta vez, quienes defraudaron, no lo van a volver a hacer.

Bolsonaro: en las elecciones todo es de mentira

El presidente brasileño, Jair Bolsonaro, ha destituido a su ministro de la Secretaría General de la Presidencia, Gustavo Bebianno Rocha, salpicado por un escándalo de financiación irregular de campaña electoral de su partido.

El general Floriano Peixoto asumirá la cartera vacante. El número de militares en el gobierno asciende ya a ocho.

Bebianno era el presidente del Partido Social Liberal durante la campaña electoral, cuando cometieron un fraude en la utilización del Fondo Especial de Financiación de Campaña para sus candidatos.

El antiguo ministro ha negado en todo momento cualquier irregularidad porque en una campaña electoral todo es mentira, todo es falso y todo es fraude. Pero como los engaños se han normalizado, a nadie le sorprende.

El fraude lo reveló el diario Folha de São Paulo en octubre del pasado año. Una retahíla de multimillonarios ligados a Bolsonaro financió la campaña, en contra de una ley que se acababa de aprobar expresamente para impedir ese tipo de conductas.

Los fascistas contrataron a empresas informáticas para difundir mensajes falsos por las redes sociales, calumnias y fotos trucadas, hasta el punto de crear un auténtico “matrix”, un mundo paralelo que sacudió a millones de votantes un día tras otro.

Los operadores de telefonía y otras grandes empresas vendieron ilegalmente la bases de datos de sus clientes para poder enviarles mensajes falsos en masa.

Tras conocer el fraude, WhatsApp bloqueó cientos de miles de números de Brasil usados para divulgar masivamente noticias falsas a favor de Bolsonaro, además de una serie de números de Estados Unidos que formaban parte del fraude.

La nueva ley brasileña establece la posibilidad de anular las elecciones y, por lo tanto, destituir a Bolsonaro de su cargo, algo que no va a ocurrir, a pesar de que dos de los contendientes del fascista lo han solicitado a los tribunales.

Antes del inicio de la campaña de intoxicación, Bolsonaro aparecía como perdedor en todos los sondeos por una diferencia muy grande de votos respecto a los demás candidatos. Fue subiendo a medida que el fraude empezaba a llegar a las redes sociales, hasta que la última semana la campaña se hizo aún mucho más agresiva.

¿Por qué millones de brasileños se creyeron las mentiras de Bolsonaro? Por la Ley de Goebbels: la confianza en un mensaje no depende de su contenido sino del número de veces que se repite.

Más información:

– Elecciones virtuales, candidatos virtuales, partidos virtuales, democracias virtuales

Aquí no hay que cambiar de gobierno, hay que cambiar de Estado

Juan Manuel Olarieta

El encefalograma de la política española es tan plano que casi todo gira en torno a la corrupción. Los partidos políticos se acusan -los unos- de ser más corruptos que los otros. Hay tantas operaciones contra la corrupción que el diccionario se ha agotado. Soy incapaz de diferenciar entre Gürtel, Malaya, Guateque, Tándem, Púnica… Perdí la cuenta allá por 2014 cuando la policía sostenía 82 operaciones contra la corrupción política que afectaban a 1.000 corruptos.

Cuando -sorprendentemente- hay algún político al que no le han pillado metiendo la mano en la caja, se dice de él que es “un buen gestor”. Si los medios quieren hacer referencia al gobierno de Estados Unidos también utilizan expresiones burocráticas como “la administración Trump” que se han metido en el tuétano de la infrapolítica moderna.

Es otra muestra más del encefalograma plano del universo en el que vivimos. Esta misma semana la alcaldesa de Madrid, Manuela Carmena, ha dicho que la “izquierda sabe administrar” porque desde 2014 el ayuntamiento ha reducido la deuda a la mitad, es decir, porque “la izquierda” se dedica a pagar los agujeros que deja “la derecha”. Eso es tan importante que la alcaldesa saca pecho y convoca una rueda de prensa para anunciarlo.

Si un político se dedica a administrar como un apoderado, entonces queda la pregunta del millón: ¿quién es el que manda?, ¿quién tiene realmente el poder? Es imposible suponer siquiera que alguien como Pedro Sánchez es el que toma las decisiones en La Moncloa. Él no es más que un gestor y la tarea de los partidos políticos hoy es esa: admininistrar.

Los anglosajones tienen un buen dúo de vocablos para expresar esta situación: hablan de “policy” para referirse a la iniciativa y la planificación, a hacer cosas nuevas y distintas, y la “politics” que es el lodo de la politiquería, típica de Estados mediocres como España. Es el cotilleo político, los chacarrillos de taberna en los que los unos se entretienen con lo que dicen los otros.

La politiquería tiene dos componentes, superficialidad y apariencia, que en última instancia son sinónimos de falsedad. En cuanto se levanta la alfombra de la más simple administración pública aparece el laberinto de papeles, informes y organismos de expertos que rodean la toma de cualquier decisión para evitar que sea calificada de “arbitraria”, que es la esencia misma de la decisión política y de la política. Sin embargo, hoy la arbitrariedad está mal vista; contraviene el famoso “Estado de Derecho”, donde todo es previsible, está sometido a normas, reglamentos, circulares, decretos, procedimientos…

En la política moderna no importa lo que hagas, no importa si haces una cosa o la contraria; lo importante es hacerlo “bien” y eso no significa otra cosa que eso: que tomes tus decisiones siguiendo los cauces establecidos. La legalidad está por encima de todo.

En España habría que añadir un componente que diferencia a este Estado de cualquier otro del resto de Europa: una impronta cuartelera de la que no se ha desprendido desde el siglo XIX y que la derrota de la Republica en la guerra civil ha acabado consolidando. Aquí los políticos son chusqueros. “Todo por la patria”. Sufrimos un Estado edificado en torno a un ejército, y no al revés.

La falta de iniciativa, de criterio y de personalidad de los políticos alcanza tales grados que ni siquiera son capaces de escribir sus discursos por sí mismos. Para ese tipo de tareas tienen a alguien que se lo pone sobre el papel. Ellos sólo tienen que leer correctamente. Nadie les pide más.

Los políticos se arrastran pegados al suelo como los limacos. Por eso la política no cambia nada de lo que ya hay; se limita a administrar y los medios y los tertulianos no hablan de otra cosa que no sea la buena o mala administración de este o el otro.

Sigamos el hilo: en el Estado moderno la administración es tarea propia de funcionarios, que son quienes se mueven en los laberintos burocráticos de cualquier organismo público como pez en en agua y se burlan de los políticos recién llegados porque no saben ni dónde se enchufa el ordenador.

Además de funcionarios, los políticos se rodean de legiones de expertos que les asesoran en cada una de las decisiones que tienen que aprobar. Es corriente leer que un reputado catedrático de la universidad ha escrito el apartado económico del programa electoral de un determinado partido, lo cual parece que le revaloriza. Ese partido “sabe lo que hace”, dicen. En realidad, son tan ineptos que no son capaces de elaborar por sí mismos su programa, es decir, lo que quieren hacer. Hacen lo que otros dicen.

La mediocridad hispánica es típica de los fascistas. Las cadenas más reaccionarias siempre imputan a los políticos que carecen de titulación académica, lo cual es sinónimo de “falta de formación”. Por el contrario, para los mediocres la ostentación de diplomas universitarios es sinónimo de una “buena preparación”, por lo que se dedican a acumularlos y si no los tienen, los falsifican, o pagan por ellos, o sobornan a las universidades para que se los entreguen. Como buenos mediocres, son unos acomplejados. Son una cosa (borregos) pero quieren aparentar lo contrario.

Desde la transición, en España la mediocridad está considerada como una virtud: es el punto medio. Ni un extremo ni el otro. Es el centro, la UCD, el gobierno  de los subsecretarios cuyo máximo exponente fue Adolfo Suárez, ejemplo de fascista a la vez que borrego.

Aquí la política ha llegado a ser cosa de oficinistas y de papeleo. Es tan mediocre que también bosteza de aburrimiento, como cualquier otra rutina.

El laberinto burocrático es tan caótico que nadie sabe cuántos funcionarios hay en España. Según la Encuesta de Población Activa son más de tres millones, aunque el Registro Central de Personal de las Administraciones cuenta medio millón menos.

Los funcionarios en España son viejos, como la institución para la que trabajan. Sólo el 5 por ciento de ellos tiene menos de 34 años y no tardan mucho en adaptarse al medio. No les queda más remedio. Como un político, un funcionario no tiene color propio porque lo pierde en cuanto ocupa su plaza. Adopta el de la oficina donde trabaja, como los camaleones.

La mediocridad tira por la calle del medio: en España los funcionarios y los expertos se han reconvertido en políticos. Los funcionarios se infiltran en la política y los políticos en la función pública. Hay casi medio millón de políticos trabajando en los laberintos administrativos y empresas públicas, una cifra absolutamente desconocida en Europa. Es otro rasgo típico del Estado hispánico: el enchufe. El Estado recompensa y devuelve favores a determinados personajillos políticos con cargos muy bien remunerados y blindados. Naturalmente “a dedo”.

Una de las consecuencias es que en España los sueldos de la función pública son un 44 por ciento superiores a los que imperan en el sector privado, una ventaja que hay que añadir a que, como solía decirse antes, el funcionario “tiene la plaza en propiedad”. El despido es casi impensable.

En ocasiones, por pura ingenuidad, un político o un partido quiere hacer algo diferente. Pero no basta con las buenas intenciones. En las instituciones públicas no hay presupuesto para hacer cosas nuevas. Por ejemplo, en la mayor parte de los ayuntamientos el dinero se va en gastos corrientes, es decir, en hacer lo mismo que se ha hecho siempre, en mantener la rueda en funcionamiento. En Galicia la administración autonómica sólo dedica un 6,4 por ciento a inversiones.

Hay ayuntamientos que ni siquiera tienen dinero para pagar los gastos corrientes y viven de las subvenciones, es decir, que son municipios que se sostienen en pie gracias a la caridad, como los mendigos. En Madrid la comunidad autónoma tiene lo que falsamente califica como PIR (Plan de Inversiones Regionales) que sirve para pagar los gastos corrientes de los ayuntamientos sin dinero. Si el partido que dirige el ayuntamiento es diferente del que dirige la autonomía, se queda sin subvenciones; tiene que reducir actividades y en las siguientes elecciones se lo va a reprochar el bando contrario, precisamente aquellos que les han dejado sin un céntimo.

Es el encefalograma plano a escala municipal, lo justo para que las ruedas del Estado no se detengan. ¿Cómo puede un partido emprender cosas nuevas cuando a duras penas es capaz de mantener en marcha la vieja maquinaria que ya existe?

La única solución, pues, no es cambiar de gobierno sino cambiar de Estado, pero eso es algo que no se remedia con elecciones.

Los hilos que van del Kremlin a Trump pasan por WikiLeaks pero no conducen a ninguna parte

Nancy Pelosi, rematadamente tonta
El viernes, Roger Stone, un asesor político que en 2016 apoyó públicamente la campaña presidencial de Trump, fue detenido y acusado por el fiscal especial Robert Mueller de los delitos de falso testimonio, de presionar a un testigo y de obstruir un procedimiento judicial (1).

Mueller, un antiguo director del FBI, lleva desde 2017 investigando el apoyo de los rusos a Trump en las elecciones de 2016, por lo que este fin de semana los titulares de los medios son contundentes: por fin empiezan a aparecer los hilos que conducen desde Trump hasta el Kremlin. Uno de esos hilos es Stone.

Sin embargo, leyendo la acusación de Mueller nada de eso aparece. O no sabemos inglés, o nos hemos equivocado de texto, o las dos cosas a la vez. Más bien, Mueller ha cogido de la oreja a Stone no para acercar la causa judicial al Kremlin sino a otro sitio bien diferente, WikiLeaks, aunque ¿qué mas da?, ¿acaso no es Assange un espía ruso? Si es así, Mueller lo tiene un poco más complicado. Primero deberá demostrar que quien influyó en la campaña fue WikiLeaks; luego deberá demostrar que quien está detrás de WikiLeaks es el Kremlin.

Deben Ustedes armarse de paciencia: si hasta ahora Muller no ha demostrado nada, esperen a ver su trabajo por duplicado.

Hasta ahora sabemos que Stone cometió una serie de delitos durante su comparecencia ante el HPSCI (Comité permanente de la Cámara de Representantes sobre Inteligencia Investigativa).

En las elecciones de 2016 Stone declaró públicamente que estaba en comunicación directa con WikiLeaks y con Assange. Steve Bannon, que entonces formaba parte de la campaña de Trump, le pidió que le preguntara a WikiLeaks a qué hora publicaría las filtraciones de los correos electrónicos que habían obtenido del Comité Nacional del Partido Demócrata.

Naturalmente Trump quería utilizar la publicación para atacar a Hillary Clinton, su oponente en las elecciones.

Por su parte, WikiLeaks y Assange negaron cualquier relación con Stone. Más tarde se supo que Stone tenía dos personas de contacto, el actor neoyorquino Randy Credico y el escritor Jerome Corsi, con los que podría haber tenido un contacto indirecto con WikiLeaks. Pero la acusación no dice nada sobre su relación con WikiLeaks.

Durante su comparecencia ante el HPSCI, Stone mintió sobre varios detalles relacionados con su tergiversación anterior y le pidió a Randy Credico que hiciera lo mismo. Estas son las únicas cuestiones de las que trata la acusación. Son las mentiras de un mentiroso que repiten a miles en cualquier campaña electoral. La diferencia es que se convierten en delito cuando se dicen durante una investigación judicial.

En ninguna parte de la acusación Mueller dice las mentiras de Stone supongan la existencia de un hilo con WikiLeaks o con el Kremlin. Stone dijo haber estado en contacto con WikiLeaks, Bannon le pidió que le hiciera algunas preguntas a WikiLeaks, Stone no tenía conexión con WikiLeaks, respondió con rumores de segunda mano e información disponible públicamente. Fin de la historia.

Hasta aquí la acusación; ahora veamos cómo vende la moto el New York Times: “Al acusar a Roger Stone, Mueller muestra el vínculo entre la campaña de Trump y WikiLeaks”, titula (2) incurriendo en un bulo manifiesto cuya persecución dejamos para los cazarecompensas.

Luego siguen veintiocho párrafos sobre el arresto y otras preguntas, cinco fotos y el gráfico de arriba, pero ninguna explicación de la supuesta relación que, según la acusación, Stone afirmaba tener pero que nunca existió.

Mueller rebusca y no encuentra nada. Ha acusado a los rusos de lavado de dinero y piratería informática, dos delitos que no tienen nada que ver con la campaña de Trump, que los ha metido con calzador y que nunca llevará ante un tribunal porque no quiere hacer el ridículo ante el mundo entero. Pero hay que seguir con la campaña adelante porque todo esto se hace para las primeras planas de los medios.

Desesperada, la presidenta de la Cámara, Nancy Pelosi, hace la guerra por su cuenta: “La acusación de Roger Stone muestra claramente que hubo un intento deliberado y coordinado por parte de altos funcionarios de la campaña Trump de influir en las elecciones de 2016 y derrocar la voluntad del pueblo estadounidense” (3).

¿Han leído bien? Por favor vuelvan a hacerlo despacio. Lo que dice Pelosi es de cajón: los miembros de la campaña de Trump intentaron influir en las elecciones de 2016. ¡Querían que ganara Trump y lo lograron! Los partidarios de Trump lograron que fuera elegido, en contra de la voluntad del pueblos estadounidense, que quería que garana Clinton.

Si, en efecto, la presidenta de la Cámara de Representantes de Estados Unidos es rematadamente imbécil.

(1) https://int.nyt.com/data/documenthelper/586-roger-stone-indictment/d34c762c3e142f844c2b/optimized/full.pdf
(2) https://www.nytimes.com/2019/01/25/us/politics/roger-stone-trump-mueller.html
(3) https://www.speaker.gov/newsroom/12519-4/

Venezuela: ¿cuándo empezarán los bolivarianos a dar golpes de Estado en lugar de recibirlos?

Juan Manuel Olarieta

Después de 1945 en todo el mundo el imperialismo (Estados Unidos, sus universidades, su prensa) ha reducido el lenguaje político al mínimo: si hay o no hay democracia. Un lenguaje mínimo es expresión de un pensamiento mínimo, es decir, muy fácil de inculcar en amplias masas de la población. Pero además de fácil, también se aprende rápido; no requiere matices engorrosos.

Su efecto es reduccionista: un lenguaje mínimo empobrece absolutamente la capacidad de argumentar y de discutir políticamente.

El minimalismo político es aún mucho más contundente, alcanzando lo cutre, cuando el discurso se polariza en torno al dilema de democracia o dictadura. A partir de que un país o gobierno no es una democracia, como Corea del norte, se producen varios daños colaterales.

El primero es que una dictadura se convierte en un país que no interesa nada a nadie. Aunque todo lo demás lo haga bien, el mundo le desprecia porque no es democrático. En la actualidad eso es lo único fundamental e importante, mucho más que alimentar a la población, que tenga vivienda, educación, sanidad… Es más, muchos de los gobiernos etiquetados como dictaduras se caracterizan por preocuparse de asuntos que no tienen que ver con la democracia.

Segundo, de una dictadura es posible decir cualquier imbecilidad y no quedar mal. Un tertuliano, por ejemplo, no parece gilipollas, sino todo lo contrario, cuado habla mal de dictaduras, como Corea del norte, Siria, Irán o Venezuela. Los que parecen imbéciles son los demás que defienden a países o gobiernos indefendibles.

Tercero, las imbecilidades sobre las dictaduras y los dictadores proliferan, incluso se hacen chistes (“¿Por qué no te callas”) y el país y el gobierno se convierte en un tópico del que todos pueden hablar sin saber nada.

Cuarto, desde 1945 todos presumimos de demócratas, casi nadie propone ni defiende a ninguna dictadura. “¿Dictadura? ¡Ni la del proletariado!”, decía el PCE en la transición.

A partir del simplismo, hay que seguir simplificando todavía más. Para dar o quitar la etiqueta democrática a un país o gobierno es suficiente con un único motivo: tiene que haber más de un partido, los partidos tienen que alternar entre ellos y el alterne depende de elecciones.

La falta de alternancia es sospechosa. Si los que están duran mucho en el cargo lo más probable es que no sea porque lo hagan bien sino porque no hay democracia.

Lo que haga tal o cual partido una vez que ha ganado las elecciones no es culpa del partido sino de que la gente es gilipollas, elige mal, toma decisiones equivocadas. Si en 1982 el PSOE sacó diez millones de votos prometiendo no meter a España en la OTAN, la culpa del ingreso no es del PSOE sino de esos diez millones que les votaron. ¿Acaso no sabían que les iban a engañar?

Pero el PSOE lo hizo todo bien, limpiamente, impecable, con elecciones y reféréndum. Tampoco importa que luego nadie respetara las condiciones del referéndum, es decir, que el PSOE se burlara de los millones de votantes que aceptaron el ingreso (y ya no digamos los que votaron en contra).

Por lo tanto, para evitar engaños, no basta con las elecciones sino que, además, deben ser “limpias”. Por ejemplo, si el gobierno mete a sus oponentes políticos en la cárcel, como hace España, por ejemplo, las elecciones no son “limpias”.

Por lo tanto, ¿por qué España pasa la prueba del algodón y otros países no son democráticos, aunque tengan elecciones? Porque son los demás los que te aprueban o te suspenden, como en el instituto. De ahí que, cuando un gobierno está bajo sospecha, los imperialistas mandan “observadores internacionales”, lo cual es otra diferencia importante: en una dictadura uno se avala a sí mismo; en una democracia quienes te avalan son los demás.

La “comunidad internacional” no envía observadores a España, por ejemplo, para calibrar la calidad de unas elecciones y comprobar si los candidatos pueden hacer campaña libremente (si hay libertad de expresion) o, por el contrario, si los han metido en la cárcel. Cuando en unas elecciones hay observadores hablamos de la segunda división de la democracia; tenemos sospechas, dudas…

Por eso los miran con lupa y no les permiten cosas que son corrientes en la primera división. Eso permite discriminar y normalizar lo anormal: exactamente lo mismo que convierte a España en una democracia, a cualquier otro país sospechoso lo convierte en dictadura.

La gente cutre y gregaria no va más allá; no se preocupa de exquisiteces del tipo: veamos quiénes son esos observadores, ¿serán neutrales?, ¿quién los envía?, ¿con qué propósito?, ¿quién les paga sus gastos?, ¿qué manual de limpieza electoral manejan?

Si alguien observa a los observadores pone en tela de juicio a la “comunidad internacional”, a organismos y personas de los que nadie puede dudar porque son la quintaesencia, la primera división de la democracia, como Estados Unidos, Gran Bretaña, Francia, la OEA, la OSCE, Zapatero, Jimmy Carter…

Ahora bien, con Venezuela se puede hacer una excepción que los cutres pasan por alto. El gobierno bolivariano ha ganado más elecciones que muchos otros del mundo y de la historia reciente pero, además, también ha superado más golpes de Estado que ninguno, por lo que yo me pregunto lo siguiente: ¿cuándo veré un golpe de Estado de los bolivarianos?, ¿cuándo meterán a la cárcel a esa chusma de criminales golpistas con una cadena perpetua no revisable?

Los bolivarianos están acomplejados por algo que “los otros”, que son sus enemigos precisamente, no van a hacer nunca, como lo vienen demostrando desde siempre: no les van a conceder la etiqueta de la democracia, como tampoco se la van a conceder a Corea del norte. En este mundo el que reparte las medallas es el general, no la tropa de línea. Los jefes dicen lo que es y lo que no es, y los demás a callarse la boca.

Podemos: el ‘boberío’ pone punto final a un experimento fallido

Juan Manuel Olarieta

Hace ya tiempo que los “bobos” arrastran los pies, lo que cumple el guión previsto al pie de la letra, lo mismo que el PCE cumplió el suyo durante la transición, antes de entrar en un coma muy profundo.

Estaba cantado porque ya no hay partidos políticos, tal y como se entendieron en el siglo XIX. Antes los partidos pretendían dirigir un Estado; ahora es el Estado quien dirige a los partidos. Se crean partidos “de ocasión” que, además, hacen de ello su seña de actuación política

El “boberío” forma parte de esa corriente tan extendida que hace gala de oportunismo y reniega de la idea misma de partido, poniendo en su lugar otros sustitutivos asamblearios, desde la base, plataformas, convergencias, transversales…

Podemos fue uno de esos montajes “ad hoc” que nació para reconducir un movimiento espontáneo, como el 15-M, sacarlo de la calle y llevarlo al terreno de siempre: pacífico, electoral y legalista. En los tiempos de euforia Errejón lo definió como “una máquina de ganar votos”.

Las coaliciones políticas modernas no necesitan nada más, porque el resto les viene dado por el Estado. Lo mismo que Syriza en Grecia o LREM de Macron en Francia, son chiringuitos desmontables, de quita y pon, de un solo uso, en los que es imposible encontrar una mínima propuesta de principios. Todo depende de por dónde sople el viento. No tienen nada “en común”.

Nunca hemos sabido si en Podemos son monárquicos o republicanos, o si están a favor o en contra de la OTAN. Nacieron lanzando el cebo de exigir una auditoría de la deuda y la renta básica universal, pero ahora ya nadie se acuerda de aquello; ni siquiera ellos mismos.

Podemos desaparece antes de que experimente el gran batacazo electoral que le esperaba en su terreno de juego favorito: las urnas. Los gusanos se lo están devorando. Ya nadie quiere la marca “Podemos”, pero en Andalucía el cambio de logo tampoco les ha servido para nada.

Los problemas no se solucionan cambiando el logo, por muy electoralistas que sean.

Han acabado siendo un galimatías. Por todas partes, aparecen divergencias internas. En Cantabria el Parlamento autonómico ha tenido que disolver su grupo de tres parlamentarios porque eran incapaces de ponerse de acuerdo sobre nada. En Madrid, Errejón y Carmena le han hecho la cama y preparan su propia alternativa.

En el futuro quedará como un laboratorio contemporáneo de lo que es la política moderna, esa tan detestada, mediocre y superficial, un fango en el que revuelcan por igual los políticos, los periodistas y los licenciados recién salidos de la universidad. Demasiados títulos y ninguna expriencia laboral.

Detrás los “bobos” dejan la baba, un rastro imprescindible de decepción, el mismo que en los ochenta se calificó como “desencanto”. La transición había encantado a muchos que luego había que desencantar porque no basta con devolver a su casa a los que protestan. Deben marcharse quemados, amargados y renegando de sí mismos.

Para que el fascismo suba como la espuma se tiene que crear ese microclima de desesperación que se cuece entre engaños y desengaños.

Más información:

– Casi todos los ‘bobos’ votan a Podemos (a diferencia de los ‘bonobos’)

– Fascismo y ultraderecha: un fenómeno que no se mide con la vara LGTBI
– La degeneración política del eco-pacifismo

Lo que avanza en Andalucía no es el fascismo sino la lucha antifascista

Juan Manuel Olarieta

Por razones muy comprensibles, muchos izquierdistas convencidos no entienden -ni admiten- que los trabajadores voten “a la derecha” y, como es natural, mucho menos aceptan que voten “a la ultraderecha”. Lo más “natural” es que un obrero vote, y que vote, además, “a los suyos” que son los partidos “de izquierda”, es decir, esas bandas de papanatas que llevan las siglas del PSOE o de Podemos.

No hay más que leer las montañas de artículos que han escrito los “expertos” sobre las elecciones en Andalucía para darse cuenta del cúmulo de niebla que muchos acumulan en sus cabezas. Se trata de saber si los trabajadores han votado o no a Vox, para lo cual hay que analizar cada pueblo y cada barrio y comprobar los resultados electorales.

Luego hay que despotricar de la chusma ignorante que tiene “la culpa” del auge de “la ultraderecha” porque votan a quien no deben, porque no tienen “conciencia”… A diferencia de los que votan a “la izquierda”, que lo hacen -según parece- por una elevada conciencia política… A veces no es extraño despreciar a toda una clase social explotada diciendo que “eres más tonto que un obrero de derechas” y otras estupideces parecidas.

El pensamiento burgués, que es esencialmente cutre en estos tiempos que corren, supone que los votos son representativos de la sociedad, es decir, que la reflejan. Cuando los votos se inclinan hacia “la ultraderecha” es porque la sociedad se inclina hacia ese costado. En la medida en que, a su vez, la sociedad es mayoritariamente obrera, quienes deberían ganar todas las elecciones son esos izquierdistas del tipo PSOE o del tipo Podemos.

Si no es así es porque algo falla o, mejor dicho, es porque todo falla, es decir, porque ese tipo de planteamientos con los que la burguesía se enreda la cabeza son absoluta y rotundamente falsos, como se ha demostrado cientos de veces desde que se celebran elecciones.

En fin, el cretinismo político burgués es incapaz de ir más allá de los sondeos y los recuentos, sin que jamás se detenga ni por un momento en reflexionar acerca de quienes no votan, por más que los porcentajes, como en Andalucía, se acerquen casi a la mitad del censo. De la abstención no habla nadie nunca, por elevada que sea… No vaya a ser que el tarro de las esencias salga al descubierto, como el genio de la lámpara de Aladino.

En todo este tipo de concepciones subyace también un cierto mecanicismo entre la condición social (real) y su reflejo (ideal) en la conciencia, de tal manera que el obrero (el ser social) “debe ser” o inclinarse hacia su propia clase, hacer causa común con ella. ¿No es la conciencia un reflejo de la condición de clase?, o mejor dicho ¿no debería ser así?, ¿se equivocan acaso los materialistas?

Si la sociedad burguesa funcionara de una forma mecánica, la dominación no sería posible. La minoría no podría someter a la mayoría. Para ello es necesario que una parte de la mayoría, es decir, de los trabajadores, renieguen de su clase y, en definitiva, de sí mismos, de su condición social.

En todas las sociedades que ha conocido la historia, una parte de los oprimidos juega a favor de los opresores. Una parte de los esclavos está a favor de la esclavitud. En África una minoría negra, autóctona, es la correa de transmisión del imperialismo. En las cárceles, los “cabos de vara” son presos que sostienen el régimen de los carceleros.

No es posible quebrar un sistema de dominación sin acabar con los cómplices que nos rodean y que se hacen pasar por “uno de nosotros”. El Estado burgués necesita imperiosamente traidores, renegados, vendidos… Por ejemplo, los sindicatos “amarillos” son casi tan viejos como los “rojos”. Si ese tipo de organizaciones no aparecen en el escaparate, la propia burguesía tiene la necesidad de crearlos y promocionarlos porque son imprescindibles.

No es posible emprender ninguna batalla seria contra el capitalismo sin denunciar a las garrapatas y parásitos adheridos a las luchas populares, por más que juren y perjuren que también quieren cambiar una sociedad que es injusta y que son casi como nosotros mismos: progresistas, antifascistas e incluso revolucionarios.

Es algo que el movimiento obrero conoce desde su mismo origen. No es tan complicado y tiene, además, nombres y apellidos de partidos políticos, sindicatos y personajillos de la farándula que viven del cuento, de las subvenciones y las tertulias de los medios de comunicación. Si la clase obrera no les vota, y mucho más si deja de votar, como en Andalucía, no sólo no es síntoma de un “auge de la ultraderecha” sino todo lo contrario: de que vamos avanzando.

Fenómenos mediáticos: Vox, Podemos…

Bianchi

Estamos tentados -a riesgo de simplificar las cosas- de afirmar que, así como «Podemos» nació en un plató de televisión, o alrededor de una terraza de bar tomando unas birras unos profesores universitarios de medio pelo avispadillos en Lavapiés, otro tanto sucede con Vox, aunque estos con otras libaciones y otras extracciones.

También puede deberse, ante el agotamiento de un sistema bipartidista -PP,PsoE-, a destilados fabricados en los laboratorios y covachuelas, con retortas y marmitas, de «think tanks» para reanimar el cotarro con otras «ofertas electorales» para consumo del «cuerpo electoral», que se dice.
El canal privado La Sexta, sobre todo, promovió y promocionó a «Podemos» hasta la extenuación, y lo mismo, o parecido, ha hecho con Vox con el mismo formato aunque distinto mensaje: si los primeros son pintados de «progres» y semibolcheviques para la caverna, los segundos son la «ultraderecha», rayana en el fascismo, lo que, por una parte, «europeiza» al Estado español con una «extrema derecha» que faltaba en el mapa político español, una «anomalía», al decir del cínico Felipe González en comentario supuestamente «gracioso» de este cerval anticomunista, y, por otra parte, «centra» a los partidos que protagonizaron el timo de la llamada «Transición», PP y PsoE, alejados de los «extremos».
Sólo hace falta, eso sí, la «gente» (como decían los «podemitas» antes de convertirse ellos mismos en «casta») que, como cumple en una democracia que se precie, mire usted, les vote, les legitime. Pero, como ya no se dan mítines multitudinarios como antaño, algo anticuado y a los que ni diós iría, se ofrecen -en las campañas electorales, sobre todo- resúmenes televisivos de primeras espadas hablando en un portal o en un frontón pero ya con autobuses y bocadillo para llenar y «estimular», igual que con Franco movilizando a sus huestes. Y para ello, ¿qué mejor que machacar al personal, un día sí y otro también, en tertulias y telediarios, entrevistas y debates, que con imágenes de estos zánganos? Ya se experimentó con un PsoE inexistente en los albores de la «Transición» reanimando su cadáver.
Esto que digo se me ocurrió estando en la sala de espera de un hospital donde los allí presentes veían embobados la caja tonta en que aparecían, o bien, tertulianos políticos (?), o bien, telebasura del hígado, que, si bien lo miramos, apenas hay diferencia entre un tertuliano y una folklórica ya que venden lo mismo: estiércol.
Y es que, queridos amigos, amigas, ya no existen, como las llamaba el gran Lenin, «las masas», sino el (gran) «público»… mediatizado. Como el público que llevan a un set de televisión por 50 euros para hacer bulto en un programa y aplauden cuando se enciende el cartel luminoso de «applause». Un público reducido a reflejos condicionados como el perro de Pavlov. Un público que asiste al show mediático (o al despliegue patético del 40º aniversario de la Constitución), el que lo ve, claro, al que quieren idiotizado, embrutecido y nesciente. Un, como decía el «situacionista» Guy Debord, «espectáculotariado».
Buenas tardes,

La abstención es el ‘partido más votado’ en Andalucía

Jose A. Cano

La opción favorita de los votantes andaluces no fue ninguno de los partidos que se presentaban sino la abstención. Con un 58’65 por ciento de participación, han sido los comicios regionales en los que menos porcentaje del censo ha ido a votar desde 1990, cuando apenas llegó al 54’7 por ciento, y también los recientes de cualquier tipo, incluyendo generales o municipales.
En total, 2,6 millones de andaluces, más de un 41 por ciento del censo, no han votado nada. Es una cifra superior al del número de votantes o porcentaje de voto de cualquiera de los partidos que se presentaban. De hecho, el partido ganador de las elecciones, el PSOE, ha tenido poco más de un millón de votos. Ni siquiera la alianza que se da como más probable, PP con Ciudadanos y Vox, alcanza los dos millones de votos, entre los tres suman 1,8 millones de votantes, 800.000 menos que todas las personas que decidieron no votar.
Los resultados que ofrece la Junta de Andalucía calculan el porcentaje de votos sobre el total de participantes, es decir, cuando se dice que el PSOE-A obtuvo el 27 por ciento o el PP el 20 por ciento de los votos es sobre la gente que acudió a votar, no sobre el censo total. Si se suma a los abstencionistas los porcentajes de voto quedarían así: PSOE 16 por ciento (27 por ciento sobre participación), PP 11 por ciento (20 por ciento), Ciudadanos 10,4 por ciento (18 por ciento), Adelante Andalucía 9 por ciento (16 por ciento) y Vox 6 por ciento (10,9 por ciento).
Respecto a las autonómicas de 2015 han dejado de votar algo más de 400.000 personas. Entonces ya ganó también la abstención, 2,2 millones y 36 por ciento frente al 35 por ciento de porcentaje de voto del partido ganado, el PSOE. Esto es prácticamente el número de votos que ha perdido Susana Díaz y también una cifra muy similar a la del número de votantes de Vox.
Se trata de una tendencia que no se ha detenido desde 2004-2008. En aquellas autonómicas, celebradas a la par que las generales, la participación alcanzó el 75 por ciento y el 72 por ciento respectivamente, en cifras muy similares aunque ligeramente inferiores a las del resto de España. Desde entonces la participación ha sido descendente.
De hecho el ritmo se incrementa y se ve claramente si contamos con la participación en comicios de cualquier tipo en Andalucía desde 2011. En las municipales de 2011, 34,1 por ciento de abstención, dejaron de votar 2,1 millones de andaluces. En las generales de ese mismo año la participación sube, y dejan de votar 1,8 millones y a abstención es del 29,3 por ciento.
El ligero repunte se da también entre las autonómicas de 2012, un 39 por ciento de abstención y 2,3 millones de personas que se quedaron en casa, y 2015, un 37 por ciento y 2,2 millones. En las municipales de 2015 dejan de votar 2,4 millones, un 38 por ciento del censo. En las generales de diciembre de ese año la abstención es del 30,9 por ciento, dos millones de personas, y en las de verano de 2016 del 31’8, 1,8 millones. Este desfase se debe a los cambios en el censo también.
El voto nulo, por cierto, ha batido un récord absoluto del 2,2 por ciento de los votos emitidos, más del doble que en 2015 y por primera vez superando el 2 por ciento en unos comicios andaluces.

https://lamiradacomun.es/nacional/abstencion-elecciones-andalucia/

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