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Fascismo y multinacionales: el papel de Volkswagen en las torturas practicadas durante la dictadura brasileña

La filial de Volkswagen en Brasil prestó apoyo material a las torturas perpetradas por la dictadura militar de 1964 a 1985. El informe final de la Comisión Nacional de la Verdad, publicado a finales de 2014, ofreció los detalles sobre el papel de la multinacional alemana.

El monopolio Volkswagen, con sede en Wolfsburg, Alemania, es el segundo mayor fabricante de automóviles del mundo. Su filial en Brasil produce automóviles desde 1953 y actualmente emplea a 24.000 trabajadores.

Lucio Bellentani, antiguo trabajador de Volkswagen en la planta de Sao Bernardo do Campo, cerca de Sao Paulo, contó a la Comisión su experiencia en 1972: “Me bloquearon los brazos a la espalda e inmediatamente me pusieron las esposas. La tortura comenzó en cuanto llegamos al centro de seguridad de Volkswagen. Me golpearon, apalearon y abofetearon”.

La Comisión de la Verdad fue creada en 2011 por la presidenta Dilma Rousseff para investigar los crimenes cometidos contra quienes resistieron al régimen militar. El informe final de 1.000 páginas destaca el asesinato y la desaparición de 434 personas. La Comisión precisó que “esos eran sólo los casos que habían podido comprobar… a pesar de las dificultades de la investigación, en particular la imposibilidad de acceder a los documentos de las fuerzas armadas, que, según la versión oficial, habrían sido destruidos”.

Según algunas estimaciones, varios miles de personas fueron detenidas por razones políticas y 6.000 fueron torturadas durante los años de la dictadura.

El informe señala que más de 80 empresas nacionales e internacionales colaboraron ampliamente con el gobierno militar. Proporcionaron información sobre sus trabajadores, entregaron a personas al Departamento de Orden Político y Social (antiguo centro administrativo de la policía, centro penitenciario y sala de torturas) o incluso financiaron a fuerzas paramilitares progubernamentales, como la Operação Bandeirante.

En febrero de 2014 la Comisión decidió examinar más de cerca la relación entre el régimen militar y Volkswagen. Los resultados prueban que oficiales del ejército y la policía y representantes de 25 grandes empresas se reunieron en el marco del Centro Comunitario de Seguridad (CECOSE), un organismo especial de represión creado en 1983.

El informe concluye que “el representante de Volkswagen desempeñó un papel muy importante durante estas reuniones. Inició discusiones sobre temas de gran importancia y preparó informes para el CECOSE”. Las empresas esperaban que el gobierno les ayudara a resolver los problemas que enfrentaban con sus trabajadores. Los bajos salarios de los trabajadores se consideraban un elemento clave del crecimiento económico del Brasil.

Luiz Inacio Lula da Silva era uno de los trabajadores que Volkswagen vigilaba, aunque no estaba contratado por la multinacional. Entonces Lula, que entre 2003 y 2010 fue Presidente de Brasil, informó a los obreros de Volkswagen que sus patrones les espiaban.

En Alemania se creó una coalición de veinte ONG, “Nunca Mais – Nie Wieder”, para reunir información sobre el papel de las multinacionales e instituciones alemanas que apoyaron la dictadura brasileña. Académicos como Nina Schneider, historiadora latinoamericana de la Universidad de Constanza, asegura que las empresas matrices alemanas estaban al tanto de lo que sucedía en Brasil. “Hay que arrojar luz y Volkswagen debe explicar su papel”, dijo a la radio Deutsche Welle.

Las controversias sobre las actividades de Volkswagen en Brasil no son nuevas. En 1945 Franz Paul Stangl, antiguo comandante nazi de los campos de exterminio de Sobibor y Treblinka, escapó de Alemania a Brasil, donde trabajó durante 15 años para Volkswagen en Sao Bernardo do Campo. Stangl fue extraditado en 1967 y declarado culpable de la masacre de 900.000 personas.

Tras la publicación del informe de la Comisión de la Verdad, Volkswagen se comprometió a buscar información sobre la participación de matones a su servicio en el terrorismo de Estado. Pero hasta la fecha, Volkswagen sigue acumulando denuncias ya que en 2015 la multinacional fue acusada de prácticas antisindicales y de despedir a 800 trabajadores en su planta de Anchieta en Sao Bernardo do Campo.


Más información:
– Informe y conclusiones de la Comisión Nacional de la Verdad sobre los crímenes de la dictadura militar en Brasil

Cuatro muertos durante una huelga en la República Dominicana

Anoche murió un herido de bala durante la huelga en San Francisco de Macoris, en la República Dominicana. El fallecido, de nacionalidad haitiana, había sido evacuado al hospital.

La huelga está convocada por organizaciones populares que reclaman aumento de salarios, arreglo de calles, carreteras, construcción de acueductos y respeto a la soberanía nacional, entre otras demandas.

Uno de los organizadores del paro, el Frente Amplio de Lucha Popular (Falpo), ha destacado el apoyo a la huelga
general, ya que más del 95 por ciento del transporte de pasajeros está paralizado, así como la docencia y distintos comercios.

Respecto al tema del
transporte, la Oficina Metropolitana de Servicios de Autobuses reforzó la cantidad de unidades en Santiago y, además,
cuenta con el apoyo de autobuses del Ministerio de Defensa totalmente gratis para la población.

La protesta está dando lugar a duros enfrentamientos en las calles entre manifestantes, que lanzan piedras, y policías, que disparan sus armas y han matado a cuatro huelguistas y herido a otros cinco.

Los piquetes queman neumaticos para bloquear las calles. Se están produciendo saqueos a los comercios e intentos de incendiar las oficinas del partido PLD. La policía utiliza drones por vez primera en un intento de reaccionar ante la movilización popular.

Los familiares de las víctimas y los colectivos populares responsabilizan a la policía de las muertes. Tras conocerse las muertes, vecinos de Ciruelitos se lanzaron a la calle gritando a la policía “que nos maten a todos”.

Uno de los muertos es un niño de 13 años, Kevin Rodríguez, que falleció tras recibir dos impactos de bala en la cabeza durante un incidente con la policía en el municipio de Navarrete, perteneciente a la provincia Santiago.

En Ciruelitos, también en la provincia de Santiago, se han producido violentos enfrentamientos entre manifestantes y policías, resultando con dos impactos de bala en la cabeza Wilson David Camilo, de 25 años.

La víctima salió a una tienda para comprar una lata de leche para un hijo suyo, pero antes de llegar a su destino se encontró en medio de un tiroteo de la policía contra los manifestantes.

Algunos manifestantes encapuchados también dispararon contra la sede del Ayuntamiento de San Francisco de Macorís, aunque no causaron ninguna víctima.

‘Vamos a matarlos. No quedará nada. Si no quieres que los libaneses los maten, los mataremos nosotros’

Con motivo del 30 aniversario de las masacres de los campos palestinos de Sabra y Shatila, en donde fueron asesinados entre 800 y 2.000 palestinos, en 2012 el investigador estadounidense Seth Anziska publicó un artículo en el New York Times asegurando que los dirigentes israelíes habían engañado deliberadamente a sus homólogos estadounidenses.

Es una de las dos ingenuidades más típicas sobre dichas matanzas. La primera consiste en decir que fue cosa de los falangistas libaneses, sin intervención israelí; la segunda admite la intervención israelí, pero elude la responsabilidad de Estados Unidos, a quien todos engañan.

Hoy el mismo autor acaba de publicar un libro sobre la diplomacia estadounidense en Oriente Medio desde el primer Acuerdo de Camp David (1977) hasta los Acuerdos de Oslo (1993) en el que dedica unas 20 páginas a las masacres de Sabra y Shatila con la aportación de nuevas fuentes, incluyendo documentos clasificados de la Comisión Kahane en Israel, que había evaluado la responsabilidad de los sionistas en los crímenes.

Poco antes de las masacres, Israel había logrado la expulsión (negociada) de los combatientes palestinos de la OLP del Líbano a Túnez y otros países árabes.

Una vez que fueron evacuados, el 1 de septiembre de 1982 el presidente estadounidense Reagan pronunció el único discurso importante de sus dos mandatos dedicado a la guerra israelo-palestina. Aunque no apoyaba la creación de un Estado palestino, exigía la evacuación israelí de los territorios que ocupaba en Cisjordania y Gaza.

El Primer Ministro israelí Menahem Begin reaccionó muy agresivamente porque consideró que el plan de Reagan conducía a la formación de un Estado palestino, lo que era tanto como instalar una base soviética en el corazón de Oriente Medio.

En un Líbano ocupado por Israel, Begin había logrado poner a Bechir Gemayel, el dirigente de las falanges cristianas, en la Presidencia. Pero Gemayel es asesinado muy poco después, el ejército israelí invade la capital, Beirut, y los falangistas entran en los campos palestinos porque los israelíes los dejan entrar, les proporcionan apoyo logístico y, en particular, iluminan los campamentos por la noche para que la matanza sea la mayor posible.

Al día siguiente, Morris Draper, embajador itinerante de Estados Unidos en Oriente Medio, y Sam Lewis, embajador en Tel Aviv, se reunieron con el ministro de Defensa Ariel Sharon, el jefe de Estado Mayor Rafael Eitan y el jefe de Inteligencia Militar Yehoshua Saguy. Draper exige que Israel retire a los falangistas de los campos de refugiados y Saguy se niega. Cuando Draper insiste, el general israelí responde, burlándose de él: “¿Y quién les impedirá quedarse?”

Los israelíes consideran que los campos tienen que ser “limpiados de terroristas”, afirmando falsamente que los combatientes palestinos de la OLP todavía estaban presentes. “La gente hostil dirá que el Tsahal [ejército israelí] permanece en Beirut para permitir que los libaneses maten a los palestinos en los campos”, dice Draper, a lo que Sharon responde: “Así que vamos a matarlos. No quedará nada. Si no quieres que los libaneses los maten, los mataremos nosotros”.

Era un desafío, una manera de decir a Estados Unidos: “vamos a matarlos y no te atreverás a hacer nada contra nosotros”. De esa manera los israelíes consiguen que Estados Unidos acepte que los falangistas sigan en los campos de refugiados durante otras 48 horas. El precio es conocido: entre 800 y 2.000 palestinos asesinadas o desaparecidas. Víctimas de violaciones, niños y ancianos muertos a tiros, hombres llevados a destinos sin retorno.

Los falangistas cristianos no fueron más que el brazo ejecutor del ejército israelí. Lo que unía a israelíes y falangistas no sólo era el intento de debilitar a la OLP, sino a los palestinos, en general, como confesó el general Saguy en una conversación con Bashir Gemayel celebrada en el rancho privado de Ariel Sharon el 31 de julio de 1982. Dos días antes de que corriera la sangre, Gemayel le dijo a Sharon que “se deben crear las condiciones para que los palestinos abandonen el Líbano”.

Los documentos muestran que los israelíes estaban plenamente informados de las intenciones de los falangistas de expulsar a los palestinos del Líbano por el terror. El 14 de junio de 1982, una semana después de que comenzara la invasión israelí, Gemayel dijo al director del Mossad, Nahum Admoni, que “es posible que, dependiendo del contexto, necesitemos varios Deir Yassin”, es decir, varias matanzas, una propuesta que el jefe falangista realiza tres meses antes de las masacres.

El tema se volvió a plantear de forma inequívoca a principios de julio. Durante una reunión en el cuartel general de los falangistas en Beirut, Gemayel preguntó a los israelíes “si se opondrían si él [Gemayel] llevara excavadoras a los campos palestinos en el sur para llevárselos”. Sharon, que está presente, responde: “Nada de esto es asunto nuestro”.

Las discusiones para expulsar a los palestinos a la fuerza continuaron hasta poco antes de la masacre. Según declaró ante la Comisión Kahane el coronel israelí Elkana Harnof, un alto funcionario de inteligencia, los falangistas le dijeron que “Sabra se convertiría en un zoológico y Chatila en un aparcamiento”. Un miembro del equipo de investigación de la Comisión Kahane tomó declaración al padre de uno de los falangistas que le dijo que antes de la operación, los milicianos cristianos habían sido informados por su dirigente, Elie Hobeika. “Los hombres comprendieron que su misión era liquidar a los jóvenes palestinos, para empujar [a la población] a huir de los campos a gran escala”.

El aparato de seguridad israelí, en su conjunto, era plenamente consciente de las intenciones de su aliado libanés, los falangistas cristianos. Los archivos de la Comisión Kahane muestran claros signos de coordinación entre israelíes y falangistas antes de la entrada en los campos, aunque la excusa es siempre la de “deshacerse de los terroristas”.

Los israelíes y los falangistas no sólo hablaban entre ellos de la ”liquidación de los terroristas”, sino también del futuro de la población palestina: una masacre obligaría a los palestinos a huir de Líbano.

Los generales israelíes y el Mosad están claramente informados de las intenciones de los falangistas. De su conversación con el enviado especial de Estados Unidos, Draper, se desprende que el Ministro de Asuntos Exteriores Yitzhak Shamir es plenamente consciente de lo que está ocurriendo en los campos palestinos durante las masacres.

Pero lo que muestran los archivos, sobre todo, no es la existencia de determinadas responsabilidades, sino un contexto general y una acumulación de signos que explican por qué los israelíes, a sabiendas, dejan que los falangistas libaneses cometan la carnicería.

Khashoggi: el periodista de las mil caras

Jamal Khashoggi era un periodista con mil caras pero ninguna es la que venden los intoxicadores. Procedía de una familia poderosa y rica, lo que le permitió estudiar en Estados Unidos.

Era nieto de Mohammed Jaled Khashoggi, médico personal de Abdelaziz Ben Abderrahmane Ben Saud, alias Ibn Saud, el fundador del Reino de Arabia saudí.

Era sobrino de Adnan Khashoggi, un poderoso traficante de armas, considerado a principios de los ochenta como el hombre más rico del mundo. Su tío vivió en Marbella hasta que murió el año pasado en Londres.

También era sobrino de Samira Khashoggi, madre de Dodi El-Fayed, la amante de la princesa Diana que murió en 1997 en el accidente de París.

Osama Bin Laden también estaba entre sus familiares, un hombre muy cercano al que entrevistó dos veces. En 1988 posó con un lanzacohetes entre los yihadistas árabes que combatieron a la URSS en el frente afgano.

El periodista era miembro de la Hermandad Musulmana, una organización apoyada por el régimen saudí durante la Guerra Fría contra los movimientos progresistas y laicos árabes, y luego clasificada como organización terrorista por el mismo régimen saudí tan pronto como tejió su red en las instituciones del Reino.

Pero ahora la Hermandad Musulmana pretende reemplazar a la monarquía saudí por un Estado islamista más moderno, dice John Bradley en The Spectator.

Su pertenencia a la Hermandad Musulmana le acercó al Presidente turco  Erdogan, también afiliado a la Hermandad Musulmana.

Como miembro de la Hermandad Musulmana, Khashoggi se oponía al acercamiento de Riad al Estado de Israel y apoyaba las reivindicaciones palestinas (al menos hasta cierto punto).

No es nada nuevo, aunque son datos que las cadenas de intoxicación están ocultando sistemáticamente para cargar las tintas contra Riad.

Khashoggi era muchas cosas, pero no era otras. Por supuesto, no era ningún demócrata. Durante mucho tiempo fue un cortesano incondicional del régimen y colaborador de los órganos de propaganda de la monarquía, como la Gaceta Saudita, Okaz o Al-Watan.

Por supuesto, en 2011 apoyó a los islamistas que desataron la Guerra de Siria.

También apoyó públicamente la decapitación del dirigente chiíta saudí Nimr Baqr Al-Nimr, condenado a muerte en enero de 2016 por sus discursos contra la Casa Real que impera en Riad.

Khashoggi no era periodista sino dirigente del espionaje saudí, dice el periódico alemán Die Welt (*). Durante décadas fue asesor de Turki Ben Fayçal, dirigente del espionaje saudí y fabricante de la marca Al-Qaeda, al alimón con Estados Unidos.

Finalmente, Khashoggi acabó enfrentado con el príncipe Mohammed Ben Salman, una de las batallas intestinas que sacuden a los clanes de Riad.

La más importante de esas batallas es que ha llevado a los saudíes a imponer un bloqueo contra Qatar y, en definitiva, a enfrentarse con Turquía, que es quien ha destapado su atroz asesinato.

Junto con le CIA, Khashoggi preparaba una “Primavera Árabe” en Riad. En enero formó el grupo Dawn en Delaware y también tenía previsto poner en marcha un sitio web orientado a la economía. El plan consistía en reunir a intelectuales, reformistas e “islamistas moderados” en la llamada “Democracia para el mundo árabe actual”, especialmente dedicada a controlar a la prensa árabe.

El plan procede de su experiencia personal en el intento de asalto de los islamistas al gobierno argelino en la década de los noventa, los Amigos de la Democracia en Argelia, donde Khashoggi fue corresponsal durante las fallidas elecciones, que el gobierno canceló para evitar una victoria islamista.

(*) https://pjmedia.com/spengler/german-press-reveals-saudi-spook-saga-behind-khashoggi-disappearance/

El asesinato de Gadafi ha dejado un rastro de sangre que no se limpiará jamás

Sin los siete años que Siria lleva en guerra, la atención del mundo estaría puesta en otra parte, en la joya de aquellas “primaveras árabes” de 2011: la invasión y destrucción de Libia, seguida de la repulsiva matanza de su máximo dirigente, Muammar Gadafi.

A Libia no le faltó de nada: ni la OTAN, ni la ONU, ni los imperialistas, ni la intoxicación mediática, ni los yihadistas, ni los objetivos humanitarios de todos ellos. Había que acabar con un dictador que violaba los derechos humanos.

El destino de Gadafi demostró el verdadero significado de los derechos humanos, sin que las ONG humanitarias hayan levantado ni la más mínima protesta.

A Gadafi le ocurrió como a Libia, un país follado más que fallido. Desde mediados de octubre el espionaje imperialista sabía el escondite de Gadafi y fueron acompañados de sus sicarios, yihadistas jaleados por los medios de comunicación del mundo entero en lo que calificaron como una “revuelta popular” (tan popular o más que el Partido Popular).

El 20 de octubre los yihadistas capturaron vivo a Gadafi en medio de gritos de “Alah ajbar”. Hicieron lo que hacen siempre, lo que mejor saben hacer, descuartizar y grabarlo en un vídeo que luego difundió Global Post. Le golpearon con los pies, con las puños y con palos, le arrancaron el pelo y uno de ellos le metió un palo por el culo, mientras le sacaban del canal en el que se escondía.

Después le introdujeron en una ambulancia con el pretexto de llevarle a un hospital de Misrata, pero cuando estaba en el interior le dispararon en la cabeza. Según el periódico italiano “Il Corriere dela Sera” quien apretó el gatillo fue un espía francés enviado por Sarkozi, entonces Presidente de la República.

En junio el “nuevo” Presidente francés, Macron, admitió que la intervención del ejército y el espionaje francés en Libia fue un “error”, otro más de una gran potencia que se equivoca por el mundo mucho más de lo que debería. En las próxima elecciones los franceses deberían elegir a candidatos menos torpes.

Gadafi fue uno de los mayores promotores del panafricanismo, que forma parte de la lucha del Continente Negro por sacudirse de encima el peso de las grandes potencias imperialistas. De ahí que quince asociaciones africanas hayan presentado una querella contra Sarkozi por asesinato ante el Tribunal Penal Internacional.

La explotación de los trabajadores conduce hasta la muerte

El miércoles de la semana pasada un trabajador de una empresa de Quintanar de la Orden, en Toledo, murió aplastado por una máquina.

La empresa, llamada Quintaplast, se dedica a la fabricación de moldes de plástico y envases para la alimentación.

Una hermana del trabajador también murió hace unos años en otro “accidente” laboral, esta vez en una explotación agraria del pueblo.

El fallecido, de 35 años de edad, se llamaba Andrés y deja viuda y dos niños. La viuda, Daniela, ha publicado un desgarrador relato en las redes sociales. Dice que trabajó durante un año en la misma empresa en la que murió su compañero.

Pide a los trabajadores de la empresa que denuncien sus condiciones de trabajo. No quiere que “se queden callados”. Quiere que cuenten en qué condiciones tienen que trabajar.

Se pregunta también por la Inspección de Trabajo y si acudirá a la empresa cuando ya hayan puesto medidas de seguridad.

“Quiero que todo el mundo tenga claro que el padre de mis hijos no era solo mecánico de coches, el arreglaba cualquier tipo de máquina. Se que lo conoce todo el pueblo y la gente sabe que era una persona muy inteligente, trabajadora, apañada que no se le resistía ninguna máquina que tocaba”.

El 26 de julio falleció otro trabajador de 45 años en Toledo en un accidente laboral al precipitarse desde un tercer piso de un edificio en construcción en el barrio de Santa María de Benquerencia de la capital.

El mismo día otro trabajador de 49 años falleció también al precipitarse a un bidón de esmalte en una fábrica de cerámicas de Alameda de la Sagra, también en Toledo.

El 8 de octubre el consejero de economía de la Junta Autonómica convocó una rueda de prensa para asegurar que el número de “accidentes” laborales había descendido…

Indian Horse: la mala conciencia, la falsa conciencia, la falta de conciencia

“Indian Horse” es una película rodada el año pasado por el director canadiense Stephen S. Campanelli, que durante 20 años fue el operador de cámara de Eastwood, a quien convenció para poner la pasta.

El guión se basa en una novela del también canadiense Richard Wagamese que ha tenido un enorme éxito y ha levantado una enorme polvareda, lo que es muy frecuente cuando un país no conoce su historia porque ha vivido siempre mirando hacia otro lado.

“¿Qué?, ¿Los canadienses hicieron esto?”, preguntó Eastwood cuando leyó el guión. “¿Cómo es que nadie lo sabe?”, repitió el conocido cineasta estadounidense.

A muchos la terapia cinéfila les recordará -muy vagamente- a “Bailando con lobos” y unos pocos pasarán por encima porque son cosas sobre las que ya escribieron Fray Bartolomé de las Casas o el inolvidable Mariátegui.

Colonialismo, religión, exterminio… Volver a replantear otra vez algo de lo que ya se habló cuando los fastos del V Centenario no es un mero recordatorio sino un replanteamiento por partida doble.

Los colonialistas lo hicieron conscientemente y por eso pusieron a los curas y monjas al frente de una tarea que era la de la cruz tanto como la de la espada. La primera te convence y la segunda te mata cuando falla la primera.

Pero de la conciencia pasaron a la inconsciencia y de ahí, poco a poco, a la mala conciencia, al arrepentimiento y a solicitar el perdón por sus numerosos crímenes, que es el punto de partida para la “reconciliación nacional” entre los verdugos y sus víctimas.

Luego podríamos discutir cómo la evolución de la conciencia colonialista ha infectado a los colonizados en forma de indigenismo para difuminar la conciencia de clase. El colonizado tampoco sabe quién es realmente; tampoco sabe qué es porque, como en caso de los bebés robados en España, le han quitado tanto que nunca ha visto su verdadero álbum familiar de fotos.

Algunos llaman a eso “identidad”, que es tanto como decir que A = A, o sea, lógica formal. Los otros lo desprecian por “identitarios”, como si se pudiera ir por el mundo sin tener carnet “de identidad”.

En América y en el Tercer Mundo hizo falta alguien como Mariátegui, a medio camino entre el vasco colonizador y el indio colonizado, para reconstruir las biografías de los autóctonos como campesinos sometidos, expoliados y exterminados.

Mueren 11 espías extranjeros al explotar un arsenal de armas químicas que tenían los yihadistas en Siria

La explosión ayer de un taller de fabricación de explosivos y armas químicas en Idlib causó la muerte de 11 yihadistas británicos, chechenos y turcos, miembros de las centrales de inteligencias extranjeras que dirigen la guerra contra Siria.

El arsenal estaba situado en el distrito de Turmanin, en la ZONA norte de Idlib, a sólo 15 kilómetros de la frontera turca y contenía grandes cantidades de explosivos, fertilizantes y barriles de cloro líquido.

Los muertos son 9 espías extranjeros y 2 miembros de los Cascos Blancos, aunque el número podría aumentar porque han aparecido calcinados varios restos humanos.

Una parte del arsenal albergaba un laboratorio de producción de explosivos y productos químicos y los extranjeros que lo supervisaban se encontraban dentro en el momento de la violenta explosión.

En colaboración con los Cascos Blancos, Tahrir Al-Sham (Al-Qaeda, Frente Al-Nosra) transportó sustancias desde este arsenal a lugares desconocidos y el 14 de octubre anunció en un comunicado su oposición al acuerdo sobre el establecimiento de una zona desmilitarizada en Idlib, firmado por los turcos y los rusos en Sochi.

Desde 2013 las grandes cadenas de intoxicación acusan al gobierno de Damasco de fabricar y lanzar armas químicas como pretexto para posteriores ataques, pero las evidencias siguen poniendo de manifesto de dónde procede dicho armamento.

A pesar de las pruebas de los crímenes de guerra cometidos por los Cascos Blancos que operan en Siria, tanto ellos como sus familiares serán recibidos como héroes en Gran Bretaña.

En Canadá Jacques Trudeau también ha concedido asilo político a muchos miembros de los Cascos Blancos, rindiéndoles homenaje público.

Los Cascos Blancos son una organización creada por el MI6 para la campaña de intoxicación propagandística contra el gobierno de Bashar Al-Assad.

El turismo es un gran negocio en Guatemala, sobre todo si es de tipo sexual

El Informe de situación de trata de personas en Guatemala 2017 presentado en mayo pasado por la Procuraduría de los Derechos Humanos (PDH) no deja lugar a dudas: en Guatemala la trata de personas y delitos conexos van en aumento, aunque los indicadores cuantitativos que brindan las autoridades públicas no lo reflejen.

De acuerdo con el Ministerio Público (MP), durante 2017 se detectaron 460 posibles víctimas de trata de personas y se registraron 266 denuncias por este mismo delito. Estos datos evidenciarían una reducción del 23 por ciento de las posibles víctimas y del 21 por ciento de las denuncias en comparación con 2016. Datos que según la PDH no son creíbles y que revelarían un enorme subregistro debido a las debilidades que afronta la institucionalidad, y por ende el Estado, para un adecuado abordaje de la temática.

En efecto, una reducción tan significativa resulta inexplicable si consideramos que las causas estructurales de la trata de personas, como son los índices de pobreza, la marginación, discriminación, desigualdad de oportunidades, la falta de acceso a la justicia y a los servicios básicos, la ineficiencia y desinterés del Estado hacia los pueblos indígenas, no sólo no han cambiado, sino que se han profundizado. Además, se estrecha cada vez más la relación entre trata de personas y crimen organizado. “La explotación de seres humanos es un negocio altamente lucrativo para los grupos criminales organizados”, se lee en el informe de la PDH.

Durante su visita a Guatemala en noviembre del año pasado, el Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos (ACNUDH) Zeid Ra’ad Al Hussein, dio a conocer algunos datos de la grave situación del país. “Hay dos realidades en Guatemala: para una pequeña minoría es un país moderno y funcional, para el resto de la población –en particular para las mujeres, pueblos indígenas, migrantes y personas con discapacidad– es un país donde se han enfrentado a toda una vida de discriminación, marginación y los efectos perniciosos de la corrupción y la impunidad”.

Esta dura realidad se refleja en las estadísticas brindadas por Al Hussein. Alrededor del 60 por ciento de la población vive en pobreza absoluta y el 23 por ciento en pobreza extrema. El 46,5 por ciento de las y los menores de 5 años padecen de desnutrición crónica, más del 20 por ciento de la población es analfabeta y entre las mujeres indígenas esta cifra asciende al 43 por ciento. El Estado sólo asigna el 3,15 por ciento del PIB al sector salud.

Es inevitable que, con una situación tan dramática, los sectores más vulnerables de la población guatemalteca, en particular niños, niñas, adolescentes, mujeres y pueblos indígenas, estén expuestos al flagelo de la trata de personas, violencia sexual, explotación sexual infantil, incluyendo al turismo sexual. Del total de víctimas detectadas por el MP en 2017, el 61 por ciento (280) son mujeres y el 21 por ciento (95) son niñas, niños y adolescentes (NNA). Las adolescentes mujeres representan el 79 por ciento (75) del total de NNA víctimas de trata.

Otro dato muy preocupante brindado por la PDH es que el año pasado, el Mecanismo de Búsqueda Inmediata de Mujeres Desaparecidas reportó 1.810 mujeres desaparecidas, el 77 por ciento de las cuales eran niñas y mujeres adolescentes. Del total, solamente 320 (17,7 por ciento) fueron localizadas.

Asimismo, señala grandes debilidades en cuanto a prevención y detección de casos, identificación, atención y protección a las víctimas, falta de un enfoque multicultural y el aumento de la impunidad. El Centro de Información, Desarrollo y Estadística Judicial del Organismo Judicial (CIDEJ) reportó que durante 2017 solamente fueron dictadas 43 sentencias por trata de personas y 3 por el delito de remuneración por trata. El 78 por ciento (36) de estas sentencias fueron condenatorias mientras que el restante 22 por ciento (10) absolutorias.

La fuerte debilidad que sigue mostrando Guatemala hizo que el año pasado el Departamento de Estado de Estados Unidos bajara la categoría al país (pp.37), ya que pasó del nivel 2 de vigilancia a la lista de países en vigilancia “El Gobierno de Guatemala no cumple plenamente con las normas mínimas para la eliminación de la trata, sin embargo, está haciendo esfuerzos significativos para hacerlo”, se lee en el Informe anual sobre la Trata de Personas 2017.

“Las causas estructurales de los delitos de explotación sexual infantil y trata siguen intactas. Cada vez más evidenciamos como las mujeres continúan siendo el grupo en mayor riesgo y en situación de vulnerabilidad ante estos delitos. Esto refleja que seguimos siendo víctimas de una sociedad patriarcal, de un sistema de dominación y subordinación que funciona a través de la desigualdad de género y el racismo”, dijo Ana Lucía Peláez, defensora de las personas víctimas de trata de la PDH, a Alba Sud.

El informe de la PDH manifiesta que “la trata coloca a mujeres y niñas en situaciones de explotación específica a su género, como la prostitución en condiciones de explotación y el turismo sexual, y de trabajo forzoso en los sectores del trabajo doméstico y los servicios. La trata –continúa el documento– trae también como consecuencia daños asociados a su género, como la violación, el matrimonio forzoso, el embarazo no deseado o forzado, el aborto forzoso y las enfermedades de transmisión sexual. De todos estos casos, en su mayoría se ven más afectadas las niñas, mujeres adolescentes y mujeres adultas indígenas”.

Una de las caras de la explotación sexual comercial como modalidad de la trata de personas es indudablemente el turismo sexual. “El turismo sexual no es una modalidad de la trata de personas, pero sí es una forma de explotación sexual vinculada directamente con la trata. También en ese caso hay un subregistro muy alto. La gente sabe de estos delitos, que se dan principalmente en los lugares más turísticos y en las zonas fronterizas, pero nadie lo denuncia. La Secretaría contra la violencia sexual explotación y trata de personas (SVET) ha desarrollado campañas específicas para combatir este delito y promover la denuncia ciudadana”, agregó Peláez.

“En Guatemala hay turismo sexual. Lamentablemente tenemos muy poca capacidad de detectar casos y, por eso, hay pocas denuncias. Comenzamos un proceso de concientización y capacitación para mejorar el nivel de denuncia y persecución del delito, pero falta mucho por hacer. El gobierno debería ver la trata y la explotación sexual comercial como problemas de nación. También es importantes que se sumen todos los sectores sociales para sensibilizar. Es un flagelo que nos afecta como población y todos debemos participar para erradicarlo”, dijo el Procurador de los Derechos Humanos, Augusto Jordán Rodas Andrade, a Alba Sud.

En este sentido, la SVET preside la Mesa Nacional para la prevención y protección de niños, niñas y adolescentes contra la explotación sexual en actividades relacionadas con viajes y turismo (MENACESNNA), instancia intersectorial integrada por instituciones públicas, privadas y organismos internacionales, cuyo Plan estratégico institucional (2018-2022) fue aprobado el año pasado.

Es en el marco de esta instancia y la SVET que se ha desarrollado la campaña “Protegiendo nuestro mayor tesoro”, que se propone sensibilizar sobre la problemática de la explotación sexual de niñas, niños y adolescentes en actividades relacionadas con viajes y turismo, así como prevenir a turistas nacionales y extranjeros de las consecuencias de sus actos al incurrir en estos delitos, y fomentar la cultura de denuncia.

Asimismo, Guatemala se adhirió a la Campaña “Corazón Azul”, promovida a nivel mundial por la Oficina de Naciones Unidas contra la Droga y el Delito (ONUDD), logrando la adhesión de la primera empresa privada del sector turístico, el Hotel Hilton Garden Inn, realizando un proceso de capacitación de todo su personal en materia de trata de personas.

En julio de este año, en ocasión del Día Mundial contra la Trata de Personas, la PDH lanzó la nueva campaña #DenunciaLaTrata, para crear conciencia entre la población sobre este grave problema y promover entre la población la denuncia de este delito.

Entre las principales recomendaciones hechas por la PDH al Estado de Guatemala en su Informe, destacan contrarrestar las causas estructurales que originan la explotación y trata de personas, mejorar el abordaje de estos delitos con pertinencia cultural y desde una perspectiva de los derechos humanos. También se recomienda insistir en que se garanticen derechos específicos de los pueblos y las víctimas identificadas, y la atención, protección y reparación digna con el fin de procurar la restauración de sus proyectos de vida.

http://www.albasud.org/blog/es/1062/trata-de-personas-y-turismo-sexual

Emiratos Árabes Unidos contrata mercenarios en Estados Unidos para cometer crímenes ‘a la carta’ en Yemen

Una empresa de mercenarios radicada en el paraíso fiscal de Delaware, Estados Unidos, fue contratada en 2015 por el gobierno de Emiratos Árabes Unidos para asesinar a Anssaf Ali Mayo, dirigente del partido Al-Islah colocando explosivos en sus oficinas.

La empresa militar se llama Spear Operations Group y utiliza a antiguos miembros de las fuerzas especiales estadounidenses y su base en Delaware les garantiza el anonimato en el corazón mismo de Estados Unidos.

Los mercenarios debían disimular una bomba cerca de la puerta del cuartel general de Al-Islah, situado junto a un estadio de fútbol en el centro de Adén, una importante ciudad portuaria del Yemen. Uno de los capataces de la misión dijo que la explosión iba a matar a todos los que estuvieran en la oficina.

Cuando el 29 de diciembre llegaron a las 9:57 de la tarde, todo parecía tranquilo en la sede. Los mercenarios salieron del vehículo con armas en las manos. Uno de ellos transportaba la carga explosiva al edificio, pero cuando estaba a punto de llegar a la puerta, otro miembro de la tripulación abrió fuego en una calle poco iluminada y el plan fracasó.

Este ataque armado, descrito por dos de sus participantes y corroborado por imágenes tomadas desde drones, es la primera operación de una empresa estadounidense con fines de lucro en un país, como Yemen, devastado por la guerra.

La empresa Spear Operations Group es propiedad de Abraham Golan, un ciudadano húngaro que también posee pasaporte israelí. El hombre afirma haber vivido en Francia y haberse unido a la Legión Extranjera antes de embarcarse en el lucrativo negocio de los mercenarios.

Parece ser que que Golan vivió en Israel e incluso apareció con Danny Yatom, el antiguo jefe del Mossad, diciendo en 2008 a una revista estadounidense que había estado con él en Londres celebrando una fiesta.

El contrato yemení se concertó en una comida de negocios en Abu Dhabi, en un restaurante italiano del club de oficiales de una base militar de Emiratos Árabes Unidos en la que participaron Golán e Isaac Gilmore, un antiguo miembros de los SEAL, las fuerza especiales de la Armada de Estados Unidos.

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