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Estrategia de la guerra contrarrevolucionaria: el colonialismo francés en Costa de Marfil (2002-2011)

El general Henri Poncet
La guerra moderna no es lo que uno se espera. Por eso cuando estalla ni siquiera es capaz de darse cuenta de que está metido de lleno en ella. Por ejemplo, es posible que los lectores no sepan que en Costa de Marfil hubo una guerra que duró más que la de Siria, diez años, y que acabó con el gobierno de su Presidente, Laurent Gbagbo, a manos del colonialismo francés.

Eso ocurre por efecto de esa parte de la guerra que es la guerra sicológica, la intoxicación y los embustes de la prensa, capaces de desconciertar al más atento. Que nadie se equivoque: una guerra no es más que un engaño, como escribió Sun Tzu hace 2.500 años. El mayor de ellos es que el enemigo no se entere que le han declarado la guerra.

Del 6 al 10 de noviembre de 2004 el ejército colonial emprendió la primera masacre contra una población desarmada y la ministra del ramo, Alliot-Marie la justificó por la situación insurreccional que vivía el país africano. En realidad, las insurrecciones se emprenden contra un gobierno y lo que estaba ocurriendo era lo contrario: el pueblo había salido a la calle a defenderlo del Golpe de Estado promovido desde la metrópoli.

El carnicero al mando de la tropa era el general Henri Poncet, que no sólo era capaz de llenarse las manos de sangre sino de impartir doctrina también, un ideólogo formado en la escuela francesa de guerra colonial. El genocidio de Ruanda no le resulta ajeno en absoluto porque estaba allí, sobre el terreno.

Aquellos días de 2004 son el “noviembre negro” de Costa de Marfil. Gbagbo ordena a su ejército (FANCI) marchar hacia el norte para aplastar el intento de Golpe de Estado protagonizado por la milicia “Fuerzas Nuevas”, que lo había intentado dos años antes.

Los soldados franceses tratan de impedir la marcha bloqueando con camiones las pistas de aterrizaje del aeropuerto de Abidjan. El general Poncet llama a París y pide carta blanca para disparar contra las fuerzas de Gbagbo. La autorización no llega, por lo que las tropas leales avanzan y están a punto de aplastar el golpe cuando ocurre algo muy sorprendente: los aviones Sujoi de su fuerza aérea atacan una base militar francesa en Buaké matando a nueve soldados franceses.

Es lo que esperaban los colonialistas. La reacción consistió en destruir todos los aviones del ejército leal y la ofensiva se frena en seco. Una vez al corriente de la noticia, la población entra en cólera y rodea a la base del ejército francés. La reacción tampoco se hizo esperar y los colonialistas disparan contra la multitud, matando a 70 personas e hiriendo a varios centenares.

A partir de aquí empiezan las típicas cortinas de humo en la prensa. Los pilotos de los Sujoi que atacaron la base francesa eran bielorrusos, pero ¿qué órdenes obedecían? La pregunta es retórica; se sabe de antemano, pero los datos fiables corren menos que los bulos de la prensa que trata de sacar a los colonialistas del atolladero.

Los bielorrusos fueron capturados por los hombres de Poncet, los mantuvieron cuatro días detenidos en Togo y luego los dejaron marchar libremente. Un juez francés procesó a tres ministros, a los que acusó de dicha fuga, imprescindible para mantener el asunto a buen recaudo.

Poco a poco empiezan a salir todas las lacras del terrorismo de Estado y las falsas banderas, empezando por eso que a algunos les cuesta admitir: en todo este tipo de crímenes negros, la intoxicación es tan importante que los colonialistas tienen que empezar matando a los suyos, a sus propias fuerzas, que para ellos no son otra cosa que carne de cañón.

El general Poncet destruyó la fuerza aérea de Gbagbo por “consejo” de otro general de la misma factura, Jean Louis Georgelin, a la sazón jefe de Estado Mayor del Presidente de la República, Chirac.

Estas almas gemelas, Poncet y Georgelin, adiestraron a las fuerzas ruandesas que cometieron el gencidio en Ruanda en 1994. Después dirigieron a las paracaidistas franceses a finales de los noventa, donde se reclutaban a los mercenarios para las misiones más “especiales”, esas que hacen que la mayoría gire la cabeza hacia otro lado.

La primera matanza de Costa de Marfil ocurrió el 6 y el 7 de noviembre. Durante la noche del día siguiente, una columna de tanques franceses se detuvo frente a la residencia de Gbagbo con los cañones apuntando hacia las ventanas. De nuevo la población se levanta. Miles de personas acuden al lugar y se interponen como escudos humanos para proteger a su Presidente.

Es la segunda masacre: 63 muertos y cientos de heridos. En el campo, las escenas son impresionantes, con cuerpos destrozados e incluso decapitados. Desde la terraza del Hotel Ivoire, los francotiradores franceses de operaciones especiales disparan a todos los que se mueven.

La matanza no logra dispersar a la multitud, que permanece sobre el lugar, las fuerzas coloniales se tienen que retirar y el golpe fracasa. Es “una victoria con las manos vacías”, según expresión gráfica del cineasta marfileño Sidiki Bakaba, presente en el lugar. Las imágenes de la matanza aparecen en la televisión marfileña.

El presidente marfileño acumula ya dos matanzas y tres Golpes de Estado y el ejército francés queda en evidencia cuando trata de justificar torpemente la presencia de sus blindados frente a la residencia de Gbagbo. Los colonialistas no son capaces de hacer una cosa (el Golpe de Estado) ni la otra (mentir), por lo que contratan a una de esas empresas consultoras en asuntos de imagen, que a partir de entonces se encargará de mentir adecuadamente, es decir, de que nadie sepa diferenciar la verdad de la mentira. En algo así la complicidad de los medios es fundamental.

En cualquier clase de dominación el terror es un complemento esencial de la mentira. En Costa de Marfil tomó la forma, como en Vietnam, de bombardeos dirigidos contra supermercados, hospitales y también contra las bases militares del ejército leal a Gbagbo. El número de víctimas aún se desconoce y es posible que nadie quiera conocerlas nunca.

El terror desde el aire se complementó con el terror a ras de suelo, en barrios populares, como el de Abobo, en Abidján, donde junto a las tropas de las ONU y las francesas actuó el “Comando Invisible”, una facción de las “Fuerzas Nuevas”.

La mentira complementa al terror cuando los crímenes que comete una parte se imputan a la contraria, debiendo aclarar que al hablar de crímenes nos referimos a matazas como la de Déukoué, al oeste del país, que costó la vida a 800 personas.

Esta vez la combinación del engaño con el terror logró paralizar al movimiento de masas y el Golpe de Estado se consumó. Gbagbo fue capturado y entregado al Tribunal Penal Internacional. El engaño acababa en un vodevil judicial con los papeles protagonistas cambiados.

En 2017 el carnicero Poncet se unió al partido de Macron, de quien es consejero de Defensa y Seguridad. Cambia el Presidente de la República, los figurines; la República no cambia en absoluto.

La CIA y Newsweek: crímenes, mentiras y cortinas de humo

Orlando Letelier
El 21 de septiembre de 1976 una bomba dirigida por control remoto que viajaba en el vehículo del diplomático chileno Orlando Letelier explotó mientras circulaba por el centro de Washington.

Junto al diplomático falleció también su asistente estadounidense Ronni Moffit.

Hasta el más inepto podía sospechar que un atentado en el centro de Washington sólo puede ser un trabajo “interno” de cualquiera de los servicios de inteligencia de Estados Unidos, sobre todo teniendo en cuenta la complejidad del “modus operandi”. En otras palabras, el atentado fue obra de la CIA. Hoy lo llamarían “de falsa bandera”.

Entonces la CIA estaba dirigida por Bush padre, recién fallecido, y ahora la sede central de la central en Langley lleva su nombre, lo que pone de manifiesto la naturaleza criminal de ambos: de la Bush y de la CIA.

El vicepresidente de los matones de Langley no era otro que Vernon Walters, recién cumplida su misión en España.

Los asesinos borran unas pistas y fabrican otras, naturalmente falsas, que es lo que hizo entonces la CIA: fabricó un informe falso en el que exoneraba del crimen a la dictadura pinochetista, se lo envió al FBI y, naturalmente, a la prensa, en este caso a la revista Newsweek, desde donde comenzó a circular por todo el mundo como versión oficial, rigurosa y seria. Lo demás era asunto de los conspiranoicos de siempre.

No hará falta decir que exonerar a la dictadura chilena era como exonerarse a sí misma en todos y cada uno de los crimenes que se cometieron, dentro y fuera de Chile.

El dato es importante porque el crimen formaba parte de la Operación Cóndor, una campaña internacional dirigida al exterminio de cualquier clase de oposición a la dictadura militar.

Pasaron 24 años hasa que en un informe dirigido al Congreso el 18 de septiembre de 2000, la CIA reconoció oficialmente por primera vez que quien ordenó el atentado terrorista fue el jefe de la DINA Manuel Contreras.

Lo que el informe callaba era que, a su vez, Contreras no era otra cosa que un agente a sueldo de la propia central de espionaje. En consecuencia, quien ordenó el atentado fue la propia CIA, por si cabían dudas, lo que es tanto como calificar de asesino a Bush y a Walters.

En su informe la CIA añadía que la central estaba al corriente del papel desempeñado por el gobierno chileno en el crimen de Washington y en los demás asesinatos cometidos por la Junta militar.

Newsweek publicó su fraude el 11 de octubre de 1976, asegurando que “la policía secreta chilena no estaba involucrada” en el asesinato de Letelier. “La agencia [CIA] llegó a esta decisión porque la bomba era demasiado burda para ser obra de expertos y porque el asesinato, que ocurrió mientras los dirigentes chilenos cortejaban el apoyo estadounidense, sólo podía perjudicar al régimen de Santiago”.

La CIA y la prensa actuaron, como hacen ahora, de manera sincronizada y con esa falta absoluta de escrúpulos a la que nos tienen acostumbrados. Después del asesinato de Letelier y Moffitt, Bush prometió la plena cooperación de la CIA para encontrar a los asesinos. Pero en su lugar, lo que hizo fue crear pistas falsas, cotinas de humo e intoxicar al mundo entero con mentiras.

Newsweek no fue el tonto útil del crimen y el engaño subsiguiente. En 1988 el gran periodista Robert Parry, ya fallecido, descubrió que la CIA había sido informada por su embajador en Paraguay de que Michael Townley, el ejecutor material del asesinato, se disponía a entrar en Estados Unidos con un pasaporte falso suministrado por la DINA. La revista no quiso publicar el artículo de Parry porque 12 años después dejaba al descubierto su complicidad con el engaño de la CIA.

Por si no fuera suficiente, en lugar de autocriticarse, la revista cargó contra Parry, al que acusaron de “difamar a Bush”, que es tanto como difamar al Jack El Destripador.

Más información:
– El asesinato de Letelier es el primer acto de terrorismo internacional cometido en Washington
– España: el paraíso perfecto para todos los criminales latinoamericanos 

La masacre de My Lai: símbolo de los crímenes imperalistas en Vietnam

Era el 16 de marzo de 1968, cuando las tropas estadounidenses invadieron la región de Son My en la búsqueda de vietcongs (integrantes del Frente Nacional de Liberación de Vietnam), considerados terroristas por los americanos. El teniente William Laws Calley tenía asignada la zona My Lai 4, donde se proponía llevar a cabo las más viles acciones. Al escuchar que se alejaba el sobrecogedor sonido de los helicópteros, los aldeanos imaginaron que ya había pasado el peligro, pero no sabían que Calley y sus hombres se habían lanzado en paracaídas y merodeaban en la zona con las peores intenciones. Al llegar, sin mediar palabra, violaron a las mujeres y a las niñas, mataron el ganado y prendieron fuego a las humildes viviendas hasta arrasarlo todo. Para terminar, reunieron a los supervivientes en una acequia y los fusilaron sin piedad. Aunque nunca se sabrá la cifra exacta de asesinatos, pues el Gobierno echó tierra sobre el asunto, se estima que fueron al menos 504 personas indefensas: en la macabra operación se incautaron apenas tres armas.

Como era de suponer, dado el clima de paranoia propio de la Guerra Fría, la prensa apenas divulgó la masacre más de un año después, cuando el editor Seymour Hersh decidió publicarla en notas aparecidas el 13, 20 y 25 de noviembre de 1969 en el diario St. Louis Post Dispatch. Le siguió el Cleveland Plain Dealer, que publicó las fotos de Ronald L. Haeberle, un exfotógrafo del ejército, quien había sustraído las fotos al control oficial, pues fueron tomadas con su cámara personal. Esto fue aún más perturbador, pues las imágenes (en color) mostraban que la mayoría de los cientos de ejecutados eran ancianos, mujeres y niños, incluso muchos bebés (la escena más famosa de la película Platoon, de Oliver Stone, fue inspirada en esta matanza).

Se demostró que el teniente Calley era una persona muy inestable con serios problemas de actitud que, al no lograr ascensos ni condecoraciones, decidió cometer una matanza y fingir que los asesinados eran enemigos abatidos (sobra resaltar las similitudes con la infame realidad colombiana). Y aunque fue juzgado y condenado por los actos de My Lai, solo pasó tres años bajo arresto domiciliario, pues fue indultado por el presidente Richard Nixon en persona. En 2006 el periódico Los Ángeles Times informó que durante aquella invasión (entre 1965 y 1971) se registraron 178 asesinatos más de no combatientes. A la larga, los tribunales militares solo condenaron a 23 personas por esos hechos.

Por supuesto, esta no fue la única matanza cometida por las fuerzas estadounidenses, pero sí la que más escándalo desató a causa de las mencionadas publicaciones, que provocaron la ira del presidente Nixon y miembros del Ejército, además de la indignación general en gran parte del país. Este tipo de actos bárbaros, peor que el perpetrado por los nazis en Oradour, daba la razón a los estadounidenses pacifistas, para quienes la guerra de Vietnam no era una contienda justa ni necesaria. A su vez, el Gobierno restaba importancia a dichas manifestaciones, acusando a sus integrantes de hippies, lunáticos y hasta terroristas enemigos del país.

En este contexto, las protestas antibélicas con motivo de la guerra de Vietnam iban en ascenso en Estados Unidos, en particular contra la invasión a Camboya (anunciada con gran jactancia por Nixon en la televisión nacional). Fue así como en mayo de 1970 se desarrollaron fuertes protestas por esta causa en la Universidad Estatal de Kent (Ohio), con el incendio de un edificio, disturbios, amenaza de saqueos y el despliegue de policías, bomberos y, por orden del alcalde, incluso acudieron unos mil efectivos de la Guardia Nacional, con el resultado de que los estudiantes fueron tiroteados por esta fuerza, con un saldo de cuatro asesinados (Allison Krause, Jeffrey Glen Miller, Sandra Lee Scheuer y William Knox Schroeder) y nueve heridos (uno de ellos sufrió parálisis permanente), pues dispararon contra los estudiantes indiscriminadamente y los redujeron con bayonetas, ya que también resultaron heridos varios transeúntes que observaban las protestas en la distancia.

Los deplorables sucesos recibieron la atención inmediata de toda la nación: cientos de universidades, colegios e institutos promovieron una huelga estudiantil y hubo cierre masivo de los centros educativos. El país estaba de luto y asombrado: ¿no que la guerra era allá? Por entonces surgió un clamor en la juventud del país, siempre señalada de vivir una ilusión hippie de tinte comunista.

Por eso no querían ser parte de una guerra donde, además de ellos, muchos latinos y negros irían a pelear contra amarillos que no les habían hecho nada para proteger la tierra que los blancos les habían arrebatado a los pieles rojas y volver a casa en un cajón. De hecho, los jóvenes les tenían pánico a los planes de reclutamiento para participar en una guerra absurda e incluso incendiaban la citación (como se aprecia en la película Hair, de Milos Forman). Así, los campus universitarios de todo el país estallaron en protestas y oposiciones al conflicto, en lo que la revista Time tituló de “huelga estudiantil a lo largo de la nación”.

Por esta razón las fotografías de los muertos y heridos de la Universidad Kent, publicadas en los periódicos del mundo, amplificaron la sensación de furia hacia la política expansionista, imperialista e invasiva de Estados Unidos, aunque esta vez la violencia estalló en su propio jardín. En particular, las imágenes captadas por el fotógrafo John Filo de Mary Ann Vecchio, una niña de catorce años, llorando sobre el cuerpo de Jeffrey Miller, asesinado de un disparo en la boca, causaron estupor en el mundo entero y ganó ese año el premio Pulitzer, convirtiéndose en una de las imágenes más impactantes de la masacre.

Además de desencadenar numerosas protestas en los campus universitarios del país, la actitud ante el tiroteo quedó expresada en una pancarta creada por los estudiantes de la Universidad de Nueva York: “No podrán matarnos a todos”. Durante una manifestación en Washington D.C., unas 100.000 personas repudiaron la política criminal de Nixon y la ciudad fue un campo de batalla, con una muchedumbre rompiendo ventanales y destrozando vehículos, así que Nixon se atrincheró en Camp David bajo protección militar. Los ocho guardias nacionales involucrados fueron acusados y enjuiciados, pero alegaron defensa propia y un juez retiró los cargos en 1974.

Tras ver las fotos de la masacre de Kent en la revista Life, el canadiense Neil Young quedó en estado de shock y al instante escribió la canción “Ohio”, que su banda Crosby, Stills, Nash & Young grabó de inmediato en Los Ángeles en unas pocas tomas y tocando en directo en los estudios de Atlantic Records. La cara B del sencillo se titulaba, quizá de forma desafiante: “Find the Cost of Freedom” (Encuentra el costo de la libertad), compuesta por Stephen Stills. La canción de protesta, escrita como reacción a la masacre, es considerada el mejor homenaje de la cultura popular ante los trágicos sucesos. Apenas dos semanas y media después, el tema salió al aire en las principales estaciones de radio de todo el país y cobró gran resonancia y popularidad.

En las notas del álbum recopilatorio Decade (1977), Neil Young escribió que “David Crosby lloró cuando acabó su toma”; de hecho, al final de la canción se puede escuchar a Crosby gritando: “Cuatro, ¿por qué? ¿Por qué murieron? ¿cuántos más?”.

La letra de la canción suscita sentimientos de horror, indignación y sobrecogimiento tras los disparos. Comienza con el verso “Tin soldiers and Nixon coming” (Soldaditos de plomo y Nixon llegando), reflejando así el sentimiento de la comunidad, que atribuyó la culpa de las muertes al presidente. Crosby declaró que incluir el nombre de Nixon en la canción fue “lo más valiente que he oído nunca”. Fue así como, sin proponérselo, el grupo se convirtió en vocero del movimiento de contracultura estadounidense, dándoles el estatus de líderes del pensamiento a lo largo de la década de 1970.

Y claro, algunas estaciones de radio prohibieron la canción, a causa de la mención del presidente Nixon, pero recibió cobertura en las radios FM ilegales en universidades y ciudades grandes. “Ohio” fue incluida por la revista Rolling Stone en su lista de las 500 mejores canciones de todos los tiempos. Crosby, Stills y Nash visitaron el campus de la Universidad de Kent por primera vez el 4 de mayo de 1997, donde cantaron la canción para la Conmemoración Anual del 4 de mayo.

A causa del famoso escándalo del Watergate, Nixon finalmente se vio obligado a renunciar, también por televisión, en 1974.

https://www.elespectador.com/noticias/cultura/la-masacre-de-my-lai-nixon-y-una-cancion-de-protesta-articulo-833720

En un ataque a Siria los cazas israelíes ponen en peligro a dos aviones de pasajeros que sobrevolaban Líbano

En la madrugada de ayer seis cazas F-16 de la aviación israelí volvieron a atacar a Siria, ocultos tras dos aviones civiles que sobrevolaban el espacio aéreo de Líbano, poniendo en riesgo la vida de los pasajeros que transportaban.

El ministro libanés de Transportes, Yussef Fenianos, ha clarado que los dos aviones estuvieron al borde la catástrofe a causa de la agresión israelí, que se pudo evitar “milagrosamente”, dijo.

Fenianos añadió que su gobierno tenía intención de protestar de manera formal ante el Consejo de Seguridad de la ONU ya que Israel ha vuelto a violar la Resolución 1701 sobre el conflicto israelo-libanés.

Según Newsweek, el objetivo del ataque aéreo israelí era una delegación de dirigentes de Hezbollah que llegaba a Damasco en visita oficial (*). El sitio libanés NewLebanon.info había informado de que una delegacion de Hezbollah viajaba a Teherán con escala en Damasco para intervenir en el funeral del ayatollah Mahmoud Hashemi Shahroudi, fallecido el 24 de diciembre.

Se prolongó durante una hora y media. Los cazas israelíes disparon sus misiles desde el espacio aéreo libanés, como tienen por costumbre, aprovechado que el ejército de este país carece de defensa antiaérea.

Los israelíes lanzaron 16 misiles GBU-39, de los que 14 pudieron ser interceptados por la defensa antiaérea siria. Los otros dos alcanzaron a un arsenal de armas, hiriendo a tres soldados.

Netanyahu ha prometido continuar los ataques contra Siria después de la retirada de las tropas estadounidenses de aquel país, con la excusa de la presencia militar iraní sobre su suelo.

“La decisión de retirar 2.000 soldados americanos de Siria no cambiará nuestra política. Continuaremos reaccionando contra la tentativa de Irán de poner pie militarmente en Siria e incluso, si es necesario, extenderemos nuestras operaciones”, declaró el Primer Ministro israelí tras una reunión de su gobierno.

Por su parte, el gobierno iraní ha declarado en repetidas ocasiones que sus fuerzas sólo desempeñan un papel consultivo en Siria y niegan ninguna intención de establecerse militarmente en Siria.

(*) https://www.newsweek.com/hezbollah-leaders-targeted-reportedly-hit-israeli-airstrike-us-official-says-1271274

El legado de George Bush en Panamá

Ha muerto George H. W. Bush quien, como buen César del imperio norteamericano, dejó su legado de muerte y destrucción en algunos territorios controlados desde la Roma moderna, Washington. Irak y Panamá comparten el lamentable “honor” de haberse convertido en trofeos de guerra del emperador recientemente fallecido.

Hasta el día de hoy, la invasión ordenada por él el 20 de diciembre de 1989 contra Panamá sigue siendo el hecho más sangriento de nuestra historia. Más sangriento que el 9 de enero de 1964, que la independencia de España y la separación de Colombia. Para encontrar algo tan sangriento debemos remontarnos a la Guerra de los Mil Días o a las matanzas de los conquistadores españoles Balboa, Pedrarias y Gaspar de Espinosa.

El sismógrafo de la Universidad de Panamá registró 417 impactos de bombas en las primeras 14 horas de la invasión. De ese total, 66 bombas cayeron en los primeros 4 minutos.

En el libro “La verdad sobre la invasión” hemos dicho: “En una sola noche las tropas norteamericanas asesinaron 100 veces más panameños que 21 años de régimen militar. En una sola semana se hicieron 100 veces más prisioneros políticos que los que hubo en 5 años de régimen norieguista… se mataron civiles inocentes que no estaban en combate… murieron niños y mujeres embarazadas”.

La invasión produjo 2000 heridos contabilizados por la Cruz Roja, 18 mil personas perdieron sus hogares en El Chorrillo, cuyas casas fueron incendiadas por las tropas norteamericanas, y no por los “batalloneros” como falsamente se ha dicho. Se arrestaron más de 5000 personas, entre militares y civiles, y se las condujo a un campo de concentración en Nuevo Emperador. Para el sector privado las pérdidas materiales se contabilizaron en 400 millones de dólares. El sector público nunca hizo balance de sus pérdidas.

¿Cuántos muertos hubo? A ciencia cierta no se sabe porque todos los gobiernos que se han sucedido desde 1990 han actuado en complicidad para ocultar estos crímenes y no han investigado. El gobierno de Juan C. Varela estableció una Comisión del 20 de Diciembre, que debe cumplir la misión de esclarecer la cuantía de los muertos, entre otras cosas. Estamos a la espera de conocer los resultados de sus investigaciones.

El Comando Sur reconoció 314 militares panameños caídos en combate, frente a 23 norteamericanos. No reconoció muertos civiles. Pero el Comité Panameño de Derechos Humanos reconocía en 1990 tener una lista de 556 muertos, que incluía 93 desaparecidos. La directora del Hospital Santo Tomás nombrada por Endara hablo de 61 cadáveres en su morgue y de otros 70 a 80 en la de la Caja de Seguro Social. Isabel Corro, del Comité de los Caídos del 20D, hablaba de más de mil, y Ramsey Clark, exprocurador norteamericano que estuvo en Panamá especuló con más de 7.000 muertes.

Quienes han procurado lavar la responsabilidad de George H. Bush sobre estos crímenes, achacan toda la responsabilidad al general Manuel Noriega, y alegan que “la invasión fue para salvarnos del dictador y traernos la democracia”.

Pero cualquier persona inteligente puede apreciar los frutos de la invasión del 20D casi tres décadas después: un régimen político antidemocrático y corrupto; un modelo económico neoliberal injusto; un canal al servicio de la oligarquía; una política exterior sometida al Departamento de Estado. Sin duda, hoy seguimos sufriendo los efectos de la invasión ordenada por G.H. Bush.

—Olmedo Beluche https://www.alainet.org/es/articulo/197267

Twitter colabora con Arabia saudí en la captura de un periodista que fue torturado y asesinado

El periodista saudí Turki Bin Abdul Aziz Al-Jasser
Twitter entregó la información a Arabia saudí para que capturara a Turki Bin Abdul Aziz Al-Jasser, un periodista que fue detenido el 15 de marzo, siendo torturado y después asesinado (1) como Jamal Khashoggi en Estambul.

En su cuenta Kashkool, el periodista denunciaba las violaciones de los derechos humanos del gobierno de Riad.

“Fue a través de la antena de Twitter en Dubai que obtuvieron su información. Así es como fue detenido”, dijo una fuente que quiere permanecer en el anonimato a Metro.co.uk (2).

“Twitter se ha vuelto inseguro para disidentes y oponentes. Todo el mundo habla bajo amenaza y presión”.

“Las cuentas de los disidentes saudíes están siendo espiadas. No estamos seguros cuando usamos Twitter”.

La fuente también declaró que Saud Al-Qahtani, antiguo asesor del Tribunal Real, dirige una red de espionaje cibernético y tiene contactos en la oficina de Twitter en Dubai.

El llamado “topo de Twitter” transmitió información sobre Al-Jasser, lo que condujo a su detención a principios de este año.

Después de la noticia de la muerte de Al-Jasser, en un intento de acusar a la plataforma de ser peligrosa, muchos empezaron a utilizar la etiqueta #TwitterKilledTurkiAlJasser (Twitter ha matado a Turki Al-Jasser).

“Queremos que se haga justicia a los militantes que han sido detenidos por Twitter”, escribió una persona en su cuenta. Otro añadió: “Twitter ya no es seguro”, mientras que un tercero confirmó: “Twitter necesita revisar su política de privacidad. Literalmente, aquí hay vidas en juego”.

Al-Qahtani, que fue destituido tras la muerte del periodista Jamal Khashoggi, se refirió a los tres métodos utilizados por la policía saudí para exponer a los militantes en las redes sociales el año pasado.

En un mensaje de 2017 advirtió que las cuentas anónimas no podían proteger a los disidentes. Saud Al-Qahtani escribió sobre los métodos utilizados para localizar a los disidentes que utilizan Twitter, escribiendo en línea: “¿Tu apodo te protege de la lista negra?”

“No. 1. Los Estados tienen los medios para conocer al propietario del apodo. 2. La dirección IP puede ser identificada por muchos medios técnicos. 3. El secreto no lo revelaré”.

La fuente declaró que su mensaje era considerado como “una seria amenaza”.

El presunto asesinato de Al-Jasser se produce justo un mes después del asesinato de Khashoggi, periodista de A-Qaeda, en el consulado saudí en Estambul.

(1) https://thenewkhalij.news/
(2) https://metro.co.uk/2018/11/09/twitter-gave-saudi-arabia-information-about-journalist-who-ended-up-dead-8123873/

La crisis capitalista reduce la esperanza de vida en Estados Unidos

La esperanza de vida en Estados Unidos continuó cayendo el año pasado, según los informes oficiales de los Centros para el Control de Enfermedades (*), que destacan el efecto desastroso de la crisis en la clase obrera estadounidense. El país no había experimentado un período tan prolongado de disminución de la esperanza de vida desde hace un siglo.

Los suicidios y las sobredosis de drogas, conocidas como muerte por desesperación, han sido identificadas como las fuerzas que impulsan la continua disminución de la esperanza de vida en Estados Unidos.

En 2017 más de 2,8 millones de estadounidenses murieron, un aumento de cerca de 70.000 con respecto al año anterior, y el mayor número de muertes en un solo año desde que el gobierno de Estados Unidos comenzó a recopilar estos datos. Entre 2016 y 2017 la tasa de mortalidad ajustada por edad de la población total aumentó en un 0,4 por ciento.

La esperanza de vida promedio en Estados Unidos se redujo de 78,7 a 78,6 años. La esperanza de vida de los hombres disminuyó de 76,2 a 76,1 años, pero se mantuvo sin cambios para las mujeres en 81,1 años. La esperanza de vida de las mujeres siempre ha sido mayor que la de los hombres y la brecha sigue aumentando. En 2017 la brecha en la esperanza de vida entre hombres y mujeres aumentó en 0,1 años, de 4,9 años en 2016 a 5,0 años en 2017.

Las tasas de mortalidad por edad entre 2016 y 2017 aumentaron en los grupos de edad de 25 a 34 años, 35 a 44 años y más de 85 años. Las estadísticas indican un sistema sanitario deficiente para las personas mayores y una crisis social que asola a los trabajadores jóvenes. Las muertes por desesperación, incluido el alcoholismo, son una de las principales causas de muerte entre los más jóvenes.

El año pasado la tasa de mortalidad por suicidio en Estados Unidos alcanzó su nivel más alto en 50 años. Desde 2008 ha sido la causa de muerte para todas las edades en Estados Unidos. En 2016 el suicidio se convirtió en la segunda causa principal de muerte entre las personas de 10 a 34 años de edad y en la cuarta causa principal entre las personas de 35 a 54 años de edad. Entre 1999 y 2017 las tasas de suicidio aumentaron tanto para hombres como para mujeres, con el mayor aumento anual desde 2006.

El aumento promedio anual en las tasas de suicidio aumentó de alrededor del 1 por ciento anual de 1999 a 2006 a un 2 por ciento anual de 2006 a 2017. La tasa de suicidio estandarizada por edad de las mujeres aumentó de 4,0 por 100,000 en 1999 a 6,1 en 2017, mientras que la tasa de suicidio de los hombres aumentó de 17,8 a 22,4.

El estudio también se centra en los suicidios en zonas rurales desfavorecidas. En 1999 la tasa de suicidio en el mundo rural era 1,4 veces mayor que en la mayoría de las zonas urbanas. La tasa en las zonas rurales era de 13,1 por cada 100.000 habitantes, mientras que en las zonas urbanas era de 9,6 por cada 100.000 habitantes. La brecha se amplió aún más en 2017, cuando la tasa de suicidio en el mundo rural (20 por cada 100.000 habitantes) aumentó en un factor de 1,8 en comparación con las zonas urbanas (11,1).

La tasa de sobredosis de drogas se ha disparado en el mismo período. De 1999 a 2017 la tasa de sobredosis aumentó de 6,1 por 100.000 a 21,7 por 100.000. La tasa aumentó en un promedio del 10 por ciento anual entre 1999 y 2006, del 3 por ciento anual entre 2006 y 2014 y del 16 por ciento anual entre 2014 y 2017. Este aumento coincide con la crisis de opioides que está asolando parte de los Estados Unidos, concentrada en Virginia Occidental, Ohio y Pensilvania.

Las cifras reflejan el fracaso del sistema capitalista y la naturaleza enferma de la sociedad estadounidense. Los empleos precarios y mal pagados, cuando existen, han reemplazado los empleos destruidos. Los trabajadores están siendo empujados al borde de la desesperación por los efectos del asalto de la burguesía sobre el nivel de vida alcanzado por la clase obrera en el siglo XX.

(*) https://www.cdc.gov/nchs/data/databriefs/db328-h.pdf

La ONU no mantiene la paz en la República Centroafricana, mantiene las matanzas

Los Cascos Azules mauritanos de la ONU encargados del mantenimiento de la paz en la República Centroafricana de Minusca han sido acusados de complicidad en la masacre de Alindao cometida el 15 de noviembre, en la que unas 60 personas fueron asesinadas, según un testigo presencial, Benoît Lallau, miembro de Cáritas (*).

El jefe de Minusca es un representante especial del Secretario General de la ONU en la República Centroafricana. Desde su cargo se dedica a redactar comunicados de prensa condenando -siempre muy enérgicamente- los asesinatos de unos u otros, pero no hace absolutamente nada por impedirlos.

Alindao es un centro de acogida para los numerosos refugiados que huyen de la guerra. Los pueblos de la periferia quedaron calcinados y no se puede contabilizar el número de víctimas con exactitud.

Entre las víctimas del obispado de Alindao hay dos sacerdotes que fueron martirizados. La parroquia católica fue diezmada y los lugares de culto arrasados por jóvenes de la Unión para la Paz en África Central (UPC) de Ali Darassa Mahamat, originario de Níger.

La UPC es el nombre que recibe en la actualidad la antigua Seleka, que desató una ola de terror con la llegada al poder de Michel Djotodia Am Nondroko, tras el Golpe de Estado de 2013.

Ali Darassa Mahamat impone el terror en la región bajo la mirada indulgente de los Cascos Azules mauritanos. En 2015 el encargado de negocios estadounidense pidió inútilmente al jefe de Minusca que detuviera a Ali Darassa Mahamat.

Como Libia, Somalia y otros, la República Centroafricana es un Estado follado por los imperialistas. A pesar de que el Estado casi ha desaparecido por completo (o precisamente por ello), el dinero desde el exterior sigue fluyendo y no en pequeña cantidad: sólo el coste operativo de Minusca es de 1.000 millones de dólares.

En la capital, el Presidente Touadera y su clan familiar derivan cada céntimos hacia sus bolsillos y para que nadie se queje, ha integrado a la oposición en su gobierno. Todos se reparten el pastel. Entre sus asesores presidenciales se encuentra Hassan Bouba, uno de los dirigentes de la UPC, la misma que acaba de arrasar Alindao y sus alrededores.

En la República Centroafricana la ONU no mantiene la paz; mantiene las matanzas. Si algún día ocurre un milagro y deja de haber matanzas, se acaba el flujo del dinero.

(*) https://www.la-croix.com/Monde/Afrique/sait-lattaque-contre-leveche-dAlindao-Centrafrique-2018-11-17-1200983758

De héroe a criminal de guerra, en Irak como en el ‘salvaje oeste’

El pistolero Gallagher en Irak
El Jefe de Operaciones Especiales de Estados Unidos, Edward Gallagher, médico y francotirador condecorado por la Marina de Estados Unidos, está siendo investigado por crímenes de guerra en Irak.

Gallagher disparó contra civiles durante la Guerra de Irak y posó con el cuerpo de un joven miembro del Califato Islámico apuñalado hasta la muerte.

Mientras estaba en una misión en Irak, Gallagher disparó a una niña que caminaba por la orilla de un río y disparó a un anciano, amenazando con matar a sus camaradas si lo denunciaban.

El antiguo héroe está acusado de asesinato premeditado, de desacreditar al ejército y obstruir a la justicia, así como de otros cargos, por los que puede ser condenado a cadena perpetua.

El caso ya ha dañado la reputación que trata de cultivar la Marina de Estados Unidos, implicando a otros, incluyendo a un teniente acusado de hacer la vista gorda ante los crímenes de guerra de Gallagher.

Una audiencia preliminar de dos días, celebrada en la Base Naval de San Diego y que terminó el jueves, reunió el testimonio de otros miembros de su unidad, que describieron a Gallagher como imprudente y sangriento.

Joe Warpinski, del Departamento de Investigación Criminal de la Armada de Estados Unidos, informó que algunos miembros del personal de la Armada de Estados Unidos que sirvieron con Gallagher afirmaron haber pasado más tiempo protegiendo a los civiles de él que luchando contra el Califato Islámico.

Las llagas del Ulster siguen abiertas por los atroces crímenes cometidos por los británicos

Íñigo Gurruchaga

Una juez católica, Siobhan Keegan, abrió este lunes en Belfast la investigación judicial sobre la muerte de diez civiles en Ballymurphy por disparos del Ejército británico, hace 47 años. Si la magistrada decide que las víctimas murieron por acciones ilegales, el veredicto podría llevar al procesamiento de exmilitares.

La investigación durará unos seis meses y convocará a decenas de testigos. Los hechos ocurrieron a lo largo de tres días, coincidiendo con la “Operación Demetrius”, que desde las 4 de la madrugada del 9 de agosto consistió en el despliegue de policías apoyados por soldados para encarcelar sin juicio previo a 342 sospechosos de pertenecer al IRA, que había iniciado un año antes su campaña de violencia contra las fuerzas de seguridad y contra protestantes.

Al extenderse en los vecindarios católicos la noticia de la redada, se levantaron barricadas y se produjeron graves disturbios. Hubo explosiones de bombas, disparos y enfrentamientos callejeros. También en Ballymurphy, un distrito del oeste de Belfast, bastión de los republicanos irlandeses, afectado por el desorden desde agosto de 1969.

Soldados del Regimiento Paracaidista apostados en diferentes puntos del barrio habrían matado entre otros a un joven de 19 años, Francis Quinn, cuando asistía a un herido; al sacerdorte Hugh Mullan, de 38, que acudió al mismo lugar con un pañuelo blanco tras advertir a las autoridades militares; a una madre de ocho hijos, Joan Connolly.

Los familiares de los fallecidos han mantenido una larga campaña para reabrir una investigación que la Policía Militar cerró en 1972 exonerando a los soldados, quienes alegaron que las víctimas utilizaron sus armas o cayeron como consecuencia de fuego cruzado. Han investigado con materiales forenses lo ocurrido en aquellos días con gran detalle.

Un documental emitido por la televisión Channel 4 avalaba recientemente la inocencia de las víctimas y ofrecía una explicación alternativa.

Un oficial del Ejército, Frank Kitson, había elaborado, tras su experiencia contra la insurgencia en Malasia y en Kenia de movimientos de liberación nacional, una estrategia de combate en guerras de baja intensidad que incluía intimidar a la población civil. El mismo regimiento de paracaidistas mató a 14 personas un año después en Londonderry reprimiendo una manifestación inicialmente pacífica (un hecho conocido como “Bloody Sunday”).

Aunque parece indudable que la guerra híbrida -combinando medios políticos y represión legal e ilegal del terrorismo- logró mermar drásticamente la operatividad del IRA en las décadas posteriores, aquellas masacres agudizaron la violencia.

Según la base de datos de Malcolm Sutton, en el Archivo del Conflicto de Irlanda del Norte en Internet (CAIN), en 1969 hubo 16 víctimas mortales; en 1970, 26; en 1971, 171; en 1972, 480; en los cuatro años siguientes, 1.100. Lo ocurrido en Ballymurphy y Londonderry es parte importante del nudo argumental que justifica al IRA, que mató a casi la mitad de las 3.500 víctimas del conflicto.

El Gobierno conservador de Edward Heath envió al Ejército a las calles caóticas de Irlanda del Norte en 1969 y las imágenes de aquel tiempo muestran a vecinos católicos recibiendo a los soldados como protectores, ofreciéndoles té y simpatía. El IRA se escindió entre una tendencia izquierdista que rechazaba la violencia y otra, IRA Provisional, que acopiaba armas.

Un francotirador del IRA mató por primera vez a un soldado, Robert Curtis, de 20 años, en febrero de 1971, cuando controlaba unos disturbios. Asesinó días después a seis civiles protestantes con una bomba contra su vehículo. Antes del 9 de agosto se había cobrado 19 vidas, entre ellas las de diez soldados. El Ejército británico había matado a siete (dos miembros del IRA y cinco civiles en disturbios).

Mandos militares no han logrado que el Gobierno apruebe una ley que limite la responsabilidad penal de sus soldados por el tiempo transcurrido desde los hechos. Se quejan de su desventaja con respecto a las investigaciones de los crímenes del IRA porque el Ejército guarda registros de su actividad. La juez Keegan se ha quejado de su falta de colaboración para proveer documentos.

Ministros británicos han explorado la posibilidad de una aministía como la que se aprobó en España, en 1977, para poner fin a la carga de las investigaciones históricas. Grupos de víctimas no lo aceptan, y la reconstrucción de las instituciones del Acuerdo de Viernes Santo tropieza con el desencuentro entre los unionistas del DUP y el Sinn Féin asociado al IRA sobre cómo tratar “el legado” del conflicto.

https://www.elcomercio.es/internacional/union-europea/investigacion-masacre-ballymurphy-llagas-ulster-20181112225406-ntrc.html

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