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Los ‘ecologistas’ de WWF financian a paramilitares que asesinan y violan en diferentes lugares del mundo

Se multiplican las denuncias por violaciones a los derechos humanos contra la multinacional seudoecologista WWF (Fondo Mundial para la Naturaleza). La ONG financia, equipa y colabora directamente con fuerzas paramilitares que han sido acusadas de golpear, torturar, violar y asesinar en diferentes lugares del mundo (*).

Documentos internos de WWF hablan de su participación en una operación de compra de armas y de haber operado como un centro de espionaje mundial, organizando, financiando y gestionando redes de espías” en comunidades indígenas, “con el fin de facilitar información confidencial a las direcciones de los parques”. La creación de parque nacionales puede ser, a veces, una manera de avanzar sobre territorios todavía no “conquistados”, un colonialismo verde.

Actualmente WWF tiene su sede en Suiza y cuenta con 2.500 funcionarios en 80 oficinas reprtidas por todo el mundo. Gestiona cerca de 150 millones de euros. Se fundó en 1961 con el objetivo de asegurar “la integridad ecológica de los ecosistemas prioritarios”. Fue impulsada por el biólogo Julian Huxley, hermano de Aldous, el autor de “Un mundo feliz”. El primer presidente fue el Príncipe Bernardo de Holanda, que antes había formado parte de las SS.

Bernardo creó un espacio de magnates, “El club de los 1001”, para financiar la organización, del que fueron parte desde los hermanos Rockefeller hasta Henry Ford o representantes de la Barrick Gold, Nokia o IBM. Entre quienes dirigieron la organización o fueron miembros de honor, además, se encuentran el rey Juan Carlos (a quien le descubrieron cazando elefantes) y el esposo de la Reina Isabel, el Príncipe Felipe de Gran Bretaña (quien escribió en su libro titulado “Si yo fuera un animal”, que en otra vida le gustaría “volver como un virus mortal, para contribuir en algo a resolver la sobrepoblación”).

En 2012 el periodista alemán Wilfred Huismann publicó el libro “Panda Leaks”. Uno de los miembros del club de honor de WWF ha sido uno de los fundadores de la Fundación Vida Silvestre Argentina (FDVA), el ex ministro de economía  de la dictadura José Martínez de Oz. Además Huismann afirma que la FDVA es funcional a la sojización del territorio: “Monsanto creó un modelo agropecuario que es predominante en Argentina y WWF a través de FDVA está haciendo esfuerzos para volverlo socialmente aceptable”.

FDVA tiene influencia en el gobierno de Mauricio Macri. El actual Subsecretario de Política Ambiental, Cambio Climático y Desarrollo Sustentable de la cartera que encabeza el rabino Sergio Bergman es Diego Moreno, ex Director General de FDVA. Y Javier Corcuera, otro ex director de FDVA, fue presidente de la Agencia de Protección Ambiental de la Ciudad de Buenos Aires y secretario de Ambiente de la Municipalidad de Pilar. Actualmente no tiene un cargo en el gobierno, después de haber sido denunciado por acoso y maltrato.

Una de los polémicas que envuelve a WWF es por su rol en la creación del Parque Nacional Messok Dja en el Congo, un territorio ancestral habitado por una tribu, el pueblo Baka, que se ve presionada por guardaparques financiados por WWF para abandonar el parque. Se registraron más de 200 casos de violaciones de los derechos humanos en los tres países de la cuenca del Congo.

Según Stephen Corry, director de Survival International (una organización que se dedica a la defensa de los pueblos indígenas), WWF necesita un cambio de dirección amplio y radical: “Debe dejar de trabajar en áreas donde no cuenta con el consentimiento de la población local, compensar a sus víctimas, despedir a los culpables y poner su dinero y vastos recursos al servicio de los pueblos indígenas, que son los mejores conservacionistas y guardianes del mundo natural”. Según la ONU, las tierras y las aguas indígenas representan el 80 por ciento de la biodiversidad global.

WWF iniciará una investigación sobre las revelaciones de que los guardias que financia han torturado y matado a personas, aunque ya había encargado una investigación similar hace cuatro años y luego ocultó los hallazgos. Para realizar la investigación ahora los conservacionistas han contratado al estudio de abogados Kingsly Naply, especialista en “gestión de la reputación” y que aconseja a sus clientes: “responder de forma completa a todas las preguntas, no siempre es la mejor estrategia”. WWF lo sabe desde el principio: su logo es una verdad a medias. El oso panda en el que se inspiraron no era un animal libre y silvestre: se llamaba Chi-Chi y vivía en el zoológico de Londres.

(*) https://www.buzzfeednews.com/article/tomwarren/wwf-world-wide-fund-nature-parks-torture-death

Más información:

– Los pigmeos de África acusan al movimiento ecologista WWF de cometer graves crímenes
– Los ‘ecologistas’ de WWF promueven las matanzas de especies en vías de extinción
– Los ecologistas de WWF acusados de ‘colonialismo verde’ hacia los pigmeos del Congo
 

Mali: un Estado africano bajo la tutela del neocolonialismo

Abdelkader Abderrahman

Mientras que las operaciones del G5 Sahel se reanudaron a principios de este año en un contexto marcado por el crecimiento de los grupos armados yihadistas, se plantea la cuestión de la soberanía de Mali, dos tercios de cuyo territorio está controlado por Barjan [las tropas francesas que ocupan Mali].

Los días se suceden y son similares en el Sahel en general y en Mali en particular. A finales de septiembre, no menos de 60 personas murieron en Mali, en su mayoría civiles. En un solo ataque, 22 civiles tuaregs de la comunidad “idourfan” también fueron ejecutados en la frontera nororiental con Níger.

El 13 de diciembre también murieron unos 50 civiles en los alrededores de Menaka, la principal ciudad del noreste de Mali. Lamentablemente, las atrocidades de 2018 parecen perpetuarse este año, ya que el 1 de enero cerca de cuarenta personas fueron asesinadas en el círculo de Bankass (región de Mopti).

En otro ámbito dramático, la situación es terriblemente alarmante para miles de niños en edad escolar. De hecho, más de 750 escuelas están cerradas en el norte y el centro del país.

La operación francesa Barjan, que sigue controlando el territorio de Mali, lanzó en septiembre una operación aérea en la región de Menaka de Mali, al este del país, en la frontera con Nigeria.

Ciento veinte paracaidistas fueron lanzados por dos aviones de transporte táctico -un Transall C-160 y un A400M Atlas- confirmando el fortalecimiento de las fuerzas militares francesas en el uso de los grandes aviones.

También en septiembre, nueve personas murieron en un doble ataque en Níger y siete miembros de las fuerzas de defensa y seguridad murieron a causa de la explosión de una bomba.

El pasado mes de noviembre, ocho trabajadores de la empresa de perforación Foraco murieron en la aldea nigeriana de Toumour (al sureste de Níger, cerca de la frontera nigeriana) tras un atentado terrorista.

Un sacerdote misionero italiano también fue secuestrado en una aldea a 125 kilómetros al suroeste de Niamey por hombres que llegaron en motocicleta desde Burkina Faso, donde los ataques también están aumentando. Entre septiembre y octubre, casi veinte civiles y soldados murieron como resultado de ataques terroristas. En noviembre, otro ataque terrorista tuvo lugar en la aldea nigeriana de Toumour, en el que murieron ocho personas.

Todos estos ataques y operaciones de secuestro ponen de relieve la naturaleza porosa de las fronteras del Sahel y la amenaza y la inestabilidad transfronteriza que se está extendiendo en la región.

En diciembre, el ACNUR expresó su preocupación por la persistencia de la violencia en las zonas fronterizas de Níger, fronterizas con Mali y Burkina Faso, que obligó a 52.000 nigerianos a abandonar sus hogares el año pasado.

Una evaluación anterior de la ONU en octubre informó que 42.000 personas desplazadas huían de amenazas de grupos armados no estatales o por efectos de medidas de seguridad destinadas a frenar la infiltración terrorista recurrente en Mali.

El G5 Sahel, cuyas operaciones se han reanudado a principios de este año, según anunció el Jefe de Estado Mayor de las Fuerzas Armadas francesas, el general François Lecointre, sigue mostrando fracasos, limitaciones operativas y divisiones internas.

El propio Presidente de Mali, Ibrahim Boubacar Keita, reconoció en la Asamblea General de la ONU celebrada en Nueva York en septiembre que el G5 del Sahel estaba luchando por ser operativo. Esto dice mucho de este instrumento militar subregional que nació muerto y que pronto se pondrá en práctica.

Las cuestiones de financiación se han puesto de relieve en numerosas ocasiones, al igual que las disensiones internas y las cuestiones de dirección.

En particular, la fuerza sufrió un enfrentamiento bastante brutal con el ataque a su cuartel general en Sévaré el 29 de junio y el nombramiento de un nuevo jefe a la cabeza.

En julio pasado, en la última cumbre de la Unión Africana en Nouakchott, Mauritania, la general mauritana Hanena Ould Sidi sucedió al general maliense Didier Dacko.

En noviembre, Hanena Ould Sidi deploró la falta de equipo y la ausencia de un nuevo cuartel general tras el ataque del verano. “Me falta el equipo y el puesto de mando de la fuerza. No tenemos cuartel general y el equipo es lento”, dijo la funcionaria mauritana tras una reunión con la ministra de Defensa francesa, Florence Parly, y su homóloga alemana, Ursula von der Leyen.

La sustitución al frente del G5 contó también con la presencia del Presidente francés Emmanuel Macron. Ya sea una coincidencia de tiempo o un tiempo bien establecido, también parecía una forma de agrademiento al buen estudiante mauritano.

Como recordatorio, Nouakchott finalmente aceptó la idea del G5 Sahel sólo después de que se ejerciera una fuerte presión externa sobre el presidente mauritano para que pusiera fin a sus dudas.

En estas condiciones, tras la decisión de su comandante, el cuartel general del G5 en el Sahel se trasladó de Sévaré a Bamako.

Al alejarse más hacia el sur, el comando del G5 en el Sahel sólo se aleja de sus tropas -cuyo desempeño sobre el terreno aún no se ha demostrado- y de las zonas de conflicto, donde operan terroristas y traficantes de drogas.

Esto lleva a algunas críticas: si las fuerzas del G5 del Sahel no son capaces de protegerse a sí mismas, ¿cómo podrían proteger a las poblaciones locales?

Y lo que es aún más preocupante, esta decisión es también una fuerte señal para las fuerzas militares francesas de Barjan, que les dice que, si bien en teoría el G5 Sahel y el gobierno de Mali controlan esta parte septentrional del país, en la práctica, es en efecto Barjan quien dirige el baile.

Esto marca la desaparición de facto de la soberanía del gobierno central maliense sobre la mayor parte del territorio del país.

El 23 de noviembre, Hamadoun Kouffa, dirigente del Frente de Liberación Macina (FLM), un grupo armado yihadista que surgió en 2015, fue asesinado por las fuerzas militares de Barjan en la región central de Mopti. Esta operación militar francesa, meticulosamente planificada, refuerza la idea de que a través de un sistema de cuadrículas del territorio, desde el norte hasta el centro, es precisamente Barjan quien controla ahora dos tercios de Mali.

La cuestión de la soberanía de Mali también se plantea hoy con respecto al nombramiento en septiembre de Kamissa Camara como Ministro de Relaciones Exteriores.

De hecho, mientras que muchas voces en Mali y en otros lugares han acogido con satisfacción el nombramiento de una joven de las más prestigiosas escuelas francesas y americanas como Ministra de Asuntos Exteriores de su país, algunas de ellas cuestionan no sólo sus capacidades -procedentes de la sociedad civil, sino también, y sobre todo, sus estrechos vínculos con Francia-, ya que no tiene experiencia política en una posición tan estratégica.

Tras la euforia de los primeros días tras su nombramiento, muchos malienses señalan ahora que Kamissa Camara nació y se crió en Francia, lo que puede plantear muchas dudas sobre su verdadera independencia de espíritu, ya que el margen de maniobra de las autoridades malienses frente a París ya es muy estrecho.

En una entrevista con un periodista del canal turco TRT World en julio de 2017, Kamissa Camara respondió a las críticas de Emmanuel Macron sobre la fertilidad de las mujeres africanas diciendo que debería atribuirse “a la torpeza”.

Otros signos tangibles de pérdida de soberanía no engañan a nadie: es el caso, por ejemplo, de la presencia en la zona de equipajes del aeropuerto Modibo Keita de Bamako de la Unidad Especial de Policía (unidad de élite de la gendarmería portuguesa).

Las medidas de seguridad en los aeropuertos de la región hablan por sí mismas. Mientras que las diferentes compañías que operan en Mali o Mauritania -por citar sólo dos ejemplos- aplican las mismas medidas de seguridad en los aeropuertos de estos países, las de Air France son, por el contrario, mucho más estrictas.

Incluso los diplomáticos deben respetar las medidas de seguridad de Air France a pesar de su estatuto. Un diplomático africano de alto rango tuvo recientemente la amarga experiencia de verse obligado a someterse a la puerta de seguridad y a registrar su equipaje.

La decisión de trasladar el cuartel general del G5 del Sahel de Sévaré a Bamako significa que los funcionarios no se sienten seguros en el norte. Sin embargo, lejos de las zonas de conflicto del norte, el mando del G5 Sahel será menos eficaz. Incluso se convertirá en el objetivo principal de los grupos armados terroristas del centro de Mali, que, según algunas fuentes, avanzan lentamente hacia la capital maliense.

Pero lo que es aún peor para la población maliense, esto significa que la inseguridad se trasladará a las mismas puertas de Bamako y se extenderá más fácil y rápidamente en el sur y el suroeste del país.

“Nuestro gran Mali avanza”: el lema visible en los grandes carteles publicitarios en los que predomina Ibrahim Boubacar Keita no oculta el hecho de que su reelección en agosto del año pasado sigue siendo muy discutida.

Mali, presentado con demasiada frecuencia hasta el golpe de Estado de 2012 como un modelo democrático para todos los Estados de la región, sin duda está progresando. ¿Pero en qué dirección? Y especialmente, ¿se está moviendo en la dirección correcta? Porque si Mali recuperó su independencia hace cincuenta y ocho años, su soberanía sigue siendo objeto de debate.

En su libro “Lignes d’horizon”, Jacques Attali profetizó la posible desaparición del Estado maliense. Si este análisis dramático para los malienses, pero también para toda la región que va del Magreb al África occidental, aún no se ha materializado, hay que reconocer que es cada vez más difícil seguir siendo optimistas para este país.

Mali se está hundiendo de forma lenta pero segura en un sistema de supervisión que aún no ha pronunciado su nombre. Los dirigentes malienses y sahelianos no parecen haberse dado cuenta todavía de ello.

https://www.middleeasteye.net/fr/opinions/le-mali-un-pays-sous-tutelle-1507274165

Ha muerto la última esclava sexual de los colonialistas japoneses

Kim Bok-dong, una esclava sexual
El “feminismo” burgués, que se ha colado entre algunos movimientos como una plaga contagiosa, descubre su naturaleza de clase al poner en un primer plano a “la mujer” frente al “hombre” como una abstracción metafísica, una película de buenos y malos que atraviesa cualquier situación histórica y que siempre es igual a sí misma.

El feminismo saca a la “mujer” fuera de las clases y de las luchas de clases para ocultar lo fundamental: el contexto histórico y social en el que se producen determinados fenómenos, como las agresiones sexuales, por ejemplo, que están caracterizados por la dominación, que queda así encubierta.

Ocurre hoy en las empresas, entre los capitalistas y los trabajadores, y ha ocurrido siempre entre colonos y colonizados.

Las clases sociales, la lucha entre ellas y la historia que resulta de su evolución muestran un aspecto muy diferente de “la mujer” que tiene poco que ver con la caricatura del “feminismo” burgués y que silencia fenómenos como la esclavitud sexual de las mujeres coreanas bajo la dominación colonial japonesa.

No veremos a ninguna “feminista” de pacotilla recordar a Kim Bok-dong, que falleció ayer a los 93 años de edad y fue homenajeada por numerosos surcoreanos (hombres y mujeres) que desfilaron junto a su féretro hasta la embajada de Japón en Seúl.

Kim Bok-dong fue una de aquellas mujeres esclavizadas en los burdeles militares, no por “el hombre” sino por el colonialista japonés. Su servidumbre no empezó al nacer mujer sino al nacer el colonialismo en su país y, naturalmente, murió con él en 1945 gracias a una guerra que ganaron la URSS y los antifascistas de todo el mundo.

En sus lemas los manifestantes, que portaban mariposas amarillas, no gritaban contra “el hombre” sino contra el colonialismo: “Japón debe disculparse”, gritaban. “Japón debe indemnizar”, era otra de las consignas.

En 1945, después de la liberación, Kim Bok-dong dedicó todo el resto de su vida a la denuncia de lo ocurrido en su país entre 1910 y 1945. Es un ejemplo de mujer y un ejemplo de lucha feminista de verdad, que ninguno de esos “progres” recordará porque están volcados en preparar otra fiesta de las suyas para el próximo 8 de marzo.

La descolonización de Egipto

Abbas II, kediva de Egipto
Yara El Khoury

A diferencia de sus vecinos del Levante (Líbano, Siria, Palestina, Irak), Egipto es un país perfectamente consciente de su singularidad, y lo ha sido desde los tiempos inmemoriales de los faraones. Está inscrita dentro de unos límites geográficos muy claros trazados por el río Nilo, un río nutriente que vierte su lodo beneficioso cada primavera en un valle verde que corta en medio desierto cuyas relajadas zonas arenosas y rocosas sirven de frontera. Nacido en las misteriosas profundidades de África, el Nilo desemboca en el Mediterráneo después de haber sido dividido en varias ramas que forman el Delta. Los egipcios que viven en sus costas saben que tienen una identidad propia y, a nivel religioso, aparte de la comunidad copta, son de un monolitismo sunita que ni siquiera el largo interludio de los shia fatimíes (969-1171) pudo sacudir.

La campaña egipcia emprendida por el general Bonaparte a finales del siglo XVIII sacó al país de un atropello que lo había mantenido desde que perdió su preeminencia en la época de los mamelucos. En 1517, el sultán otomano Selim I puso fin a esta dinastía de esclavos turcomanos y luego circasianos que habían gobernado el Oriente desde El Cairo desde el final de las Cruzadas. También tomó el título de califa del último descendiente de los abásidas que, cuando los mongoles saquearon Bagdad en 1258, se habían refugiado en El Cairo, elevó entonces a la doble dignidad de sultanato y califato. Desde que fue suplantada por Constantinopla, la capital egipcia ha sido degradada a una ciudad provincial. En 1798, el ejército revolucionario francés trajo a su estela ideas de libertad que imperceptiblemente se deslizarían en los corazones de la población. Un oficial albanés del Imperio Otomano, llamado Mohammed Ali, contribuyó al esfuerzo imperial de expulsar a los franceses de suelo egipcio. En 1805 se elevó a la posición de gobernador al distanciarse del Imperio Otomano. Su política de modernización reintegra definitivamente a Egipto en el curso de la historia. En 1869 la inauguración del Canal de Suez, construido por el francés Ferdinand de Lesseps, hizo del país una parte esencial de la ruta del comercio internacional.

Pero los gastos de los kedivas (*), sucesores de Mohammed Alí, para continuar la obra de modernización, pero también para la ostentación, terminaron endeudando al país que en 1882 quedó bajo control inglés, ya que Londres se había convertido en el propietario del Canal de Suez, una arteria vital para sus intereses porque traza el camino más corto hacia la India, joya de la corona de la Reina Victoria. Los soldados británicos desembarcaron en Alejandría y tomaron El Cairo, donde impidieron el nombramiento del coronel Ahmed Orabi, la primera figura del nacionalismo egipcio, para ocupar el Ministerio de Guerra. El ejército egipcio, caldo de cultivo de este naciente nacionalismo, fue puesto bajo el mando británico.

Sin embargo, nació un embrión de vida política. En 1883, Egipto tuvo una asamblea consultiva elegida por sufragio universal indirecto. En 1907 el país experimentó un sistema multipartidista. El partido Umma (nación) de Saad Zaghlul reivindica la independencia de Egipto del Imperio Otomano y de Gran Bretaña; el partido Watan (patria) de Mustafá Kamel se presenta como una formación tradicionalista y panislámica vinculada a los lazos de Egipto con Estambul; también aparecen liberales-constitucionales muy cercanos al liberalismo europeo.

El país también disfruta de una prensa relativamente libre que beneficia a otras partes del mundo árabe que siguen viviendo bajo el yugo directo de los otomanos. En esta época de Nahda, el renacimiento literario y nacional árabe, la prensa egipcia permite que se expresen las diferentes corrientes de pensamiento.

Tres meses después del comienzo de la Gran Guerra, Inglaterra y el Imperio Otomano se encontraron en campos antagónicos debido a la entrada de este último en la guerra junto a Alemania, los ingleses proclamaron la ley marcial en Egipto y rompieron los últimos vínculos que existían entre El Cairo y Constantinopla. Como señal de esta ruptura, a partir de entonces los kedivas (*) ostentarán el título de sultanes. Egipto se convirtió en un protectorado británico y el Cónsul General británico tomó el título de Alto Comisionado. La Oficina Árabe en El Cairo alentó la revuelta árabe que comenzó en Hijaz y envió al coronel Lawrence a los hijos de Cherif Hussein.

El fin de la guerra en Europa alimentó los sueños de independencia. Fue la principal alegación que una delegación egipcia (wafd) encabezada por el juez Saad Zaghloul del partido Umma presentó al Alto Comisionado Wingate el 13 de noviembre de 1918, dos días después del armisticio de Rethondes. Declarándose incompetente para decidir el asunto, Wingate le aconsejó que se pusiera en contacto directamente con Londres, pero la capital británica se negó a recibirla. Desconsolada, la delegación se convirtió en un partido político y le dio el nombre de Wafd. Su actividad condujo a su dirigente Saad Zaghloul a ser deportado varias veces por los ingleses, pero la fiebre de la independencia se convirtió en una realidad con la que los ingleses y el sultán Fuad, que ascendió al trono en 1917, tuvieron que lidiar. El avance de Wafd fue tal que en 1919 lo tuvieron que autorizar para expresar sus quejas en la apertura de la Conferencia de Paz de París. Saad Zaghloul quedó decepcionado por la aceptación por parte del presidente estadounidense Wilson de un protectorado inglés sobre su país.

Pero la creciente oposición a la que tuvieron que enfrentarse obligó a los británicos a negociar. El 28 de febrero de 1922 el gobierno británico proclamó unilateralmente el fin del protectorado sobre Egipto, pero se reservó cuatro áreas de competencia: la seguridad de las comunicaciones imperiales, la defensa del país contra la agresión extranjera, la protección de los intereses de los extranjeros y las minorías y la administración de Sudán. Estas cuatro cuestiones siguiron pendientes hasta que El Cairo y Londres llegaron a un acuerdo al respecto.

Formulado en 1922, el tratado no se firmó hasta 1936, pero la independencia de Egipto era un hecho real. El descendiente de Muhammad Ali cambia su título una vez más; el sultán Fuad se convierte en rey de Egipto. Se crea una vida política: Constitución, Parlamento bicameral, gobierno nombrado por el rey y responsable ante la Cámara. En las elecciones parlamentarias de enero de 1924, el partido Wafd obtuvo 176 de los 214 escaños. De vuelta del exilio, Saad Zaghlul se convirtió en Primer Ministro. En 1927 surgió una nueva formación en el paisaje político egipcio: la Hermandad Musulmana, fundada por Hassan Al-Banna sobre el rígido modelo de los Ikhwan, la formidable fuerza utilizada por Abdel Aziz Ben Saud para unificar las regiones de la Península Arábiga que iban a convertirse en Arabia saudí.

En abril de 1936, cuando murió el rey Fuad, le sucedió su hijo Faruk, un joven príncipe aclamado por el pueblo. En agosto de ese mismo año, el Primer Ministro Moustapha Nahas, sucesor de Saad Zaghlul, que murió a la cabeza del Wafd, firmó el tratado angloegipcio en Londres. Este acuerdo de 20 años confirma la independencia de Egipto, pero da a Gran Bretaña el derecho a mantener tropas en la zona del Canal de Suez y el Sinaí, a utilizar el espacio aéreo egipcio y el puerto de Alejandría y a reocupar el país en caso de guerra. En 1937, Egipto se unió a la Sociedad de Naciones. Al año siguiente, Nasser cumple 20 años. Está a punto de alistarse en el ejército.

https://www.lesclesdumoyenorient.com/Gamal-Abdel-Nasser-1918-1970-l-homme-le-dirigeant-la-legende-1-3.html

(*) En los tiempos del Imperio Otomano, el kediva era una especie de virrey o pachá que gobernaba en Egipto

Estrategia de la guerra contrarrevolucionaria: el colonialismo francés en Costa de Marfil (2002-2011)

El general Henri Poncet
La guerra moderna no es lo que uno se espera. Por eso cuando estalla ni siquiera es capaz de darse cuenta de que está metido de lleno en ella. Por ejemplo, es posible que los lectores no sepan que en Costa de Marfil hubo una guerra que duró más que la de Siria, diez años, y que acabó con el gobierno de su Presidente, Laurent Gbagbo, a manos del colonialismo francés.

Eso ocurre por efecto de esa parte de la guerra que es la guerra sicológica, la intoxicación y los embustes de la prensa, capaces de desconciertar al más atento. Que nadie se equivoque: una guerra no es más que un engaño, como escribió Sun Tzu hace 2.500 años. El mayor de ellos es que el enemigo no se entere que le han declarado la guerra.

Del 6 al 10 de noviembre de 2004 el ejército colonial emprendió la primera masacre contra una población desarmada y la ministra del ramo, Alliot-Marie la justificó por la situación insurreccional que vivía el país africano. En realidad, las insurrecciones se emprenden contra un gobierno y lo que estaba ocurriendo era lo contrario: el pueblo había salido a la calle a defenderlo del Golpe de Estado promovido desde la metrópoli.

El carnicero al mando de la tropa era el general Henri Poncet, que no sólo era capaz de llenarse las manos de sangre sino de impartir doctrina también, un ideólogo formado en la escuela francesa de guerra colonial. El genocidio de Ruanda no le resulta ajeno en absoluto porque estaba allí, sobre el terreno.

Aquellos días de 2004 son el “noviembre negro” de Costa de Marfil. Gbagbo ordena a su ejército (FANCI) marchar hacia el norte para aplastar el intento de Golpe de Estado protagonizado por la milicia “Fuerzas Nuevas”, que lo había intentado dos años antes.

Los soldados franceses tratan de impedir la marcha bloqueando con camiones las pistas de aterrizaje del aeropuerto de Abidjan. El general Poncet llama a París y pide carta blanca para disparar contra las fuerzas de Gbagbo. La autorización no llega, por lo que las tropas leales avanzan y están a punto de aplastar el golpe cuando ocurre algo muy sorprendente: los aviones Sujoi de su fuerza aérea atacan una base militar francesa en Buaké matando a nueve soldados franceses.

Es lo que esperaban los colonialistas. La reacción consistió en destruir todos los aviones del ejército leal y la ofensiva se frena en seco. Una vez al corriente de la noticia, la población entra en cólera y rodea a la base del ejército francés. La reacción tampoco se hizo esperar y los colonialistas disparan contra la multitud, matando a 70 personas e hiriendo a varios centenares.

A partir de aquí empiezan las típicas cortinas de humo en la prensa. Los pilotos de los Sujoi que atacaron la base francesa eran bielorrusos, pero ¿qué órdenes obedecían? La pregunta es retórica; se sabe de antemano, pero los datos fiables corren menos que los bulos de la prensa que trata de sacar a los colonialistas del atolladero.

Los bielorrusos fueron capturados por los hombres de Poncet, los mantuvieron cuatro días detenidos en Togo y luego los dejaron marchar libremente. Un juez francés procesó a tres ministros, a los que acusó de dicha fuga, imprescindible para mantener el asunto a buen recaudo.

Poco a poco empiezan a salir todas las lacras del terrorismo de Estado y las falsas banderas, empezando por eso que a algunos les cuesta admitir: en todo este tipo de crímenes negros, la intoxicación es tan importante que los colonialistas tienen que empezar matando a los suyos, a sus propias fuerzas, que para ellos no son otra cosa que carne de cañón.

El general Poncet destruyó la fuerza aérea de Gbagbo por “consejo” de otro general de la misma factura, Jean Louis Georgelin, a la sazón jefe de Estado Mayor del Presidente de la República, Chirac.

Estas almas gemelas, Poncet y Georgelin, adiestraron a las fuerzas ruandesas que cometieron el gencidio en Ruanda en 1994. Después dirigieron a las paracaidistas franceses a finales de los noventa, donde se reclutaban a los mercenarios para las misiones más “especiales”, esas que hacen que la mayoría gire la cabeza hacia otro lado.

La primera matanza de Costa de Marfil ocurrió el 6 y el 7 de noviembre. Durante la noche del día siguiente, una columna de tanques franceses se detuvo frente a la residencia de Gbagbo con los cañones apuntando hacia las ventanas. De nuevo la población se levanta. Miles de personas acuden al lugar y se interponen como escudos humanos para proteger a su Presidente.

Es la segunda masacre: 63 muertos y cientos de heridos. En el campo, las escenas son impresionantes, con cuerpos destrozados e incluso decapitados. Desde la terraza del Hotel Ivoire, los francotiradores franceses de operaciones especiales disparan a todos los que se mueven.

La matanza no logra dispersar a la multitud, que permanece sobre el lugar, las fuerzas coloniales se tienen que retirar y el golpe fracasa. Es “una victoria con las manos vacías”, según expresión gráfica del cineasta marfileño Sidiki Bakaba, presente en el lugar. Las imágenes de la matanza aparecen en la televisión marfileña.

El presidente marfileño acumula ya dos matanzas y tres Golpes de Estado y el ejército francés queda en evidencia cuando trata de justificar torpemente la presencia de sus blindados frente a la residencia de Gbagbo. Los colonialistas no son capaces de hacer una cosa (el Golpe de Estado) ni la otra (mentir), por lo que contratan a una de esas empresas consultoras en asuntos de imagen, que a partir de entonces se encargará de mentir adecuadamente, es decir, de que nadie sepa diferenciar la verdad de la mentira. En algo así la complicidad de los medios es fundamental.

En cualquier clase de dominación el terror es un complemento esencial de la mentira. En Costa de Marfil tomó la forma, como en Vietnam, de bombardeos dirigidos contra supermercados, hospitales y también contra las bases militares del ejército leal a Gbagbo. El número de víctimas aún se desconoce y es posible que nadie quiera conocerlas nunca.

El terror desde el aire se complementó con el terror a ras de suelo, en barrios populares, como el de Abobo, en Abidján, donde junto a las tropas de las ONU y las francesas actuó el “Comando Invisible”, una facción de las “Fuerzas Nuevas”.

La mentira complementa al terror cuando los crímenes que comete una parte se imputan a la contraria, debiendo aclarar que al hablar de crímenes nos referimos a matazas como la de Déukoué, al oeste del país, que costó la vida a 800 personas.

Esta vez la combinación del engaño con el terror logró paralizar al movimiento de masas y el Golpe de Estado se consumó. Gbagbo fue capturado y entregado al Tribunal Penal Internacional. El engaño acababa en un vodevil judicial con los papeles protagonistas cambiados.

En 2017 el carnicero Poncet se unió al partido de Macron, de quien es consejero de Defensa y Seguridad. Cambia el Presidente de la República, los figurines; la República no cambia en absoluto.

El Tribunal Penal Internacional absuelve a Gbagbo y Blé Gudé

Algo extraño tiene África que siempre está fuera de foco. Lo que allá ocurra no le interesa absolutamente a nadie, no es noticia. Eso deja a los imperialistas manga ancha para actuar a su antojo. Nadie se va a enterar.

Pero no siempre las noticias son malas, como la de ahora: ha llegado la sentencia absolutoria de Laurent Gbagbo y Charles Blé Goudé por el Tribunal Penal Internacional de manera unánime y tras más de 200 sesiones de juicio y 80 testigos de cargo que no han podido probar algo que nunca existió.

Desde el 13 de diciembre del año pasado los abogados habían exigido la absolución de ambos. Ahora la fiscalía tiene 48 horas para recurrir en apelación y manifestarse sobre la libertad provisional de ambos acusados.

Gbagbo y Blé Gudé podrían abandonar las mazmorras del Tribunal de La Haya, donde han estado encarcelados más de 7 años de manera preventiva, algo que nunca se hubiera admitido si los acusados no fueran africanos.

Laurent Gbagbo fue Presidente de Costa de Marfil en 2011 al ganar las elecciones. Charles Blé Goudé fue su ministro de la Juventud. El imperialismo francés nunca pudo asimilar la llegada de un gobierno a África por medio de las urnas que no estuviera bajo su dictado, por lo que desataron una grave crisis que dejó más de 3.000 muertos.

Luego dejaron que los artificios jurídicos hicieran el resto: los culpables de la desestabilización no fueron los imperialistas sino el gobierno de Gbagbo, para lo cual seleccionaron a los dos cabezas de turco.

En toda la ciudad de Abidyán se están produciendo ostensibles muestras de júbilo popular.

Más información:

— El juicio que quiere humillar a África
— La fiscal del Tribunal Penal Internacional reconoce actuar a las órdenes del imperialismo francés
— El caso Gbagbo pone en evidencia al Tribunal Penal Internacional
— Tribunal Penal Internacional: un testigo denuncia un intento de soborno
— ‘Francia te aplasta como quiere’
— Teatro de sombras en Abidyán
— Proceso Gbagbo: dos años después las acusaciones de los colonialistas se desinflan
— Nuevas revelaciones sobre la farsa judicial tramada contra Gbagbo en el Tribunal de La Haya
— El safari de los derechos humanos
— El safari de los derechos humanos (2)

El 95 por ciento del patrimonio cultural africano sigue expoliado en manos de las potencias coloniales europeas

El 95 por ciento del patrimonio cultural africano sigue expoliado en manos de las potencias coloniales europeas, que las exhiben en museos y, en otras ocasiones, han caido en poder de coleccionistas privados.

El colonialismo humilló y sigue humillando, no sólo a África, sino a potencias actuales como China o India. Gran parte de los tesoros artísticos del Tercer Mundo están en occidente. En una época en la que el turismo cultural crece, los ricos siguen viviendo a costa de algunos de los países más pobres del mundo.

Los bronces de Benin fueron robados en 1897 por los británicos en una expedición militar que destruyó el Palacio Real del entonces reino de Benin.

Hace diez años salieron a subasta en París las dos cabezas de bronce que representaban animales del zodiaco ante la indignación de China, que intentó infructuosamente que los tribunales franceses prohibieran la venta. Los dos bronces procedían del saqueo del Palacio de Verano de Pekín realizado en 1860 por un ejército franco-británico durante la Guerra del Opio.

El busto de Nefertiti que conserva el Museo Egipcio de Berlín fue expoliado por los arqueólogos alemanes en las excanaciones de Tell el Amarna.

Los países africanos quieren acabar con el saqueo. El miércoles el Ministro de Comunicación de Costa de Marfil, Sidi Touré, dio una rueda de prensa para anunciar que han elaborado un censo de obras de arte expoliadas, cuyo número asciende a cerca de 20.000 piezas, valoradas en 6.000 millones de francos CFA.

Todas ellas se conservan fuera del país. “Nuestro país tiene miles de obras de arte retenidas ilegalmente en el exterior, especialmente en occidente”, dijo Touré. El gobierno marfileño ha elaborado un plan de identificación, promoción y devolución de esos tesoros, como lo han hecho otros países africanos.

“Al menos 50 museos de Europa y América, fuera de las colecciones privadas, albergan en sus respectivas colecciones” nuestras obras de arte, añadió el ministro.

“En el marco del proceso de devolución de esos bienes culturales establecido con la UNESCO y la sección africana del Consejo Internacional de Museos (AFRICOM), Costa de Marfil ha nombrado a dos mediadores y conciliadores de esas organizaciones y se ha transmitido una primera lista de 148 obras de arte que se deben devolver”, prosiguió el ministro.

Touré recordó que “el Museo de las Civilizaciones de Costa de Marfil ha sido rehabilitado”.

“El gobierno ha tomado varias medidas para construir un nuevo museo de talla internacional y 12 museos regionales a fin de crear un marco propicio para la conservación, gestión y seguridad de las obras de arte que serán devueltas”, concluyó el portavoz del gobierno de Costa de Marfil ante la prensa.

Francia ya ha decidido devolver a Benin una veintena de obras de arte. El Senegal también ha reivindicado sus objetos de arte en la misma línea. En 2005 Italia devolvió a Etiopía el obelisco de Aksum, arrebatado por las tropas fascistas en 1937.

Las llagas del Ulster siguen abiertas por los atroces crímenes cometidos por los británicos

Íñigo Gurruchaga

Una juez católica, Siobhan Keegan, abrió este lunes en Belfast la investigación judicial sobre la muerte de diez civiles en Ballymurphy por disparos del Ejército británico, hace 47 años. Si la magistrada decide que las víctimas murieron por acciones ilegales, el veredicto podría llevar al procesamiento de exmilitares.

La investigación durará unos seis meses y convocará a decenas de testigos. Los hechos ocurrieron a lo largo de tres días, coincidiendo con la “Operación Demetrius”, que desde las 4 de la madrugada del 9 de agosto consistió en el despliegue de policías apoyados por soldados para encarcelar sin juicio previo a 342 sospechosos de pertenecer al IRA, que había iniciado un año antes su campaña de violencia contra las fuerzas de seguridad y contra protestantes.

Al extenderse en los vecindarios católicos la noticia de la redada, se levantaron barricadas y se produjeron graves disturbios. Hubo explosiones de bombas, disparos y enfrentamientos callejeros. También en Ballymurphy, un distrito del oeste de Belfast, bastión de los republicanos irlandeses, afectado por el desorden desde agosto de 1969.

Soldados del Regimiento Paracaidista apostados en diferentes puntos del barrio habrían matado entre otros a un joven de 19 años, Francis Quinn, cuando asistía a un herido; al sacerdorte Hugh Mullan, de 38, que acudió al mismo lugar con un pañuelo blanco tras advertir a las autoridades militares; a una madre de ocho hijos, Joan Connolly.

Los familiares de los fallecidos han mantenido una larga campaña para reabrir una investigación que la Policía Militar cerró en 1972 exonerando a los soldados, quienes alegaron que las víctimas utilizaron sus armas o cayeron como consecuencia de fuego cruzado. Han investigado con materiales forenses lo ocurrido en aquellos días con gran detalle.

Un documental emitido por la televisión Channel 4 avalaba recientemente la inocencia de las víctimas y ofrecía una explicación alternativa.

Un oficial del Ejército, Frank Kitson, había elaborado, tras su experiencia contra la insurgencia en Malasia y en Kenia de movimientos de liberación nacional, una estrategia de combate en guerras de baja intensidad que incluía intimidar a la población civil. El mismo regimiento de paracaidistas mató a 14 personas un año después en Londonderry reprimiendo una manifestación inicialmente pacífica (un hecho conocido como “Bloody Sunday”).

Aunque parece indudable que la guerra híbrida -combinando medios políticos y represión legal e ilegal del terrorismo- logró mermar drásticamente la operatividad del IRA en las décadas posteriores, aquellas masacres agudizaron la violencia.

Según la base de datos de Malcolm Sutton, en el Archivo del Conflicto de Irlanda del Norte en Internet (CAIN), en 1969 hubo 16 víctimas mortales; en 1970, 26; en 1971, 171; en 1972, 480; en los cuatro años siguientes, 1.100. Lo ocurrido en Ballymurphy y Londonderry es parte importante del nudo argumental que justifica al IRA, que mató a casi la mitad de las 3.500 víctimas del conflicto.

El Gobierno conservador de Edward Heath envió al Ejército a las calles caóticas de Irlanda del Norte en 1969 y las imágenes de aquel tiempo muestran a vecinos católicos recibiendo a los soldados como protectores, ofreciéndoles té y simpatía. El IRA se escindió entre una tendencia izquierdista que rechazaba la violencia y otra, IRA Provisional, que acopiaba armas.

Un francotirador del IRA mató por primera vez a un soldado, Robert Curtis, de 20 años, en febrero de 1971, cuando controlaba unos disturbios. Asesinó días después a seis civiles protestantes con una bomba contra su vehículo. Antes del 9 de agosto se había cobrado 19 vidas, entre ellas las de diez soldados. El Ejército británico había matado a siete (dos miembros del IRA y cinco civiles en disturbios).

Mandos militares no han logrado que el Gobierno apruebe una ley que limite la responsabilidad penal de sus soldados por el tiempo transcurrido desde los hechos. Se quejan de su desventaja con respecto a las investigaciones de los crímenes del IRA porque el Ejército guarda registros de su actividad. La juez Keegan se ha quejado de su falta de colaboración para proveer documentos.

Ministros británicos han explorado la posibilidad de una aministía como la que se aprobó en España, en 1977, para poner fin a la carga de las investigaciones históricas. Grupos de víctimas no lo aceptan, y la reconstrucción de las instituciones del Acuerdo de Viernes Santo tropieza con el desencuentro entre los unionistas del DUP y el Sinn Féin asociado al IRA sobre cómo tratar “el legado” del conflicto.

https://www.elcomercio.es/internacional/union-europea/investigacion-masacre-ballymurphy-llagas-ulster-20181112225406-ntrc.html

La España colonialista inventó los primeros campos de concentración en Cuba

Cuando a finales del siglo XIX la lucha por la independencia arreció en Cuba, la administración colonial española respondió creando los primeros campos de concentración para recluir a la población civil y separarla del movimiento guerrillero (mambises). Fue un modelo que luego Francia copió en sus colonias de ultramar, que la Alemania nazi adaptó y que hoy conocemos por lugares, como Guantánamo, que por un sarcasmo de la historia ha instalado en Cuba, el sitio en el que aparecieron.

Un campo de concentración es un mecanismo de lucha contrainsurgente de las grandes potencias que queda al margen del dispositivo penal del Estado. No hay derechos, no hay condenas, no hay juicios, no hay culpables. Los reclusos ni siquiera tienen una fecha de salida. Impera la ley marcial y toda la población está sometida a las órdendes del capitán general, que en el caso de Cuba era Valeriano Weyler. No hay otra ley que las órdenes de los militares.

La técnica introducida por España lo llamaron “reconcentración”. No atenta a quienes combaten al Estado, en este casi al movimiento anticolonialista cubano, sino a la poblacion civil, en general, especialmente a la que no combate. Su objetivo es matar al pez extrayendo el agua de la pecera, es decir, aislando a la guerrilla del movimiento de masas, de los grupos de apoyo y de la solidaridad.

Los colonialistas franceses lo llamaron “aldeas estratégicas” y las pusieron en práctica en Indochina y Argelia. Las tropas llegaban a una localidad, se los llevaban a todos del lugar y luego llegaba la política de “tierra quemada”. Incendiaban las viviendas, los campos, los graneros. El campo se vaciaba, traladando a la población a las ciudades donde el ejército agrupaba sus tropas. Las familias quedaban separadas, perdían sus viviendas y sus medios de subsistencia.

Los trasladaban a lugares abiertos custodiados por soldados armados donde muchos de ellos perecían de hambre, del hacinamiento, la falta de higiene y las enfermedades infecciosas que no tardaban en hacer su aparición.

La primera proclama de Weyler, dictada el 17 de febrero de 1896, era muy clara: “Todos los habitantes de las zonas rurales o que viven fuera de las ciudades fortificadas se concentrarán en ocho días en las ciudades ocupadas por las tropas. Cualquier individuo que desobedezca esta orden o sea encontrado fuera de las áreas impuestas será considerado un rebelde y juzgado como tal”.

El general Weyler ya había participado con métodos militares expeditivos en la Guerra de los Diez Años de Cuba (1868-1878) que precedió a la Guerra de la Independencia (1895-1898). Para ganar la guerra, el colonialismo español decidió separar a los campesinos de los insurgentes, con el pretexto de protegerlos mientras arrasaba los lugares en los que la guerrilla estaba más arraigada.

El general Weyler ordenó dividir la isla en zonas, aislando una de otras mediante trincheras. Tras visitar los campos, el 17 de marzo de 1898 el senador Redfield Proctor informó al Senado: “Una vez deportados, hombres, mujeres, niños y animales domésticos son puestos en custodia armada dentro de estas trincheras fortificadas”.

Los colonialistas españoles elegir lugares habitables para el confinamiento y para que los reclusos no fueran una carga económica y pudieran cultivar parcelas para su subsistencia.

Los colonialistas españoles se beneficiaron de dos innovaciones tecnológicas del siglo XIX: el alambre de púas, esencial para dificultar las fugas, y el transporte ferroviario, para deportar en masa a la población a larga distancia.

Hasta entonces el alambre de púas se había utilizado en la cría extensiva de ganado en las grandes praderas americanas. Pero los colonialistas no tuvieron ningún inconveniente en tratar a las personas como si fueran animales.

Al final la división en zonas no resultó y la mayor parte de la población rural acabó concentrada y hacinada en el oeste de la isla, donde el hambre y las enfermedades no tardaron en llegar, como lo describen los testigos: “Sacados de sus casas, viviendo en suelo contaminado, agua, aire y comida, o sin nada, no es de extrañar que la mitad de ellos haya muerto y otra cuarta parte esté tan enferma que no pueda subsistir”.

Entonces la prensa (la que no era española) ya calificó la represión militar en Cuba como “exterminio”. Las fotografías de la época muestran a los niños encerrados, desnutridos y demacrados, una imagen aún peor que las que hemos conocido del III Reich.

Los testigos hablaron entonces de entre 400.000 a 600.000 deportados, mientras la mayoría de los historiadores admite hoy de 400.000, de los que 100.000 murieron, un 25 por ciento de ellos. Por si había dudas, quedó así demostrado que los campos de concentración no se habían levantado para “proteger” a la población civil, sino para aniquilarla.

El 9 de febrero de 1897, uno de los dirigentes de la insurrección cubana, Máximo Gómez, escribió al Presidente de Estados Unidos, William Mc Kinley: “Permita que un hombre cuya alma es repulsada por estos indescriptibles crímenes trate de enviar su voz al dirigente supremo de un pueblo libre, culto y poderoso […] Es lógico que una nación que expulsó a judíos y moros, inventó la terrible Inquisición, estableció tribunales sangrientos en los Países Bajos, destruyó a los indios y exterminó a los primeros habitantes de Cuba, asesinó a miles de sus súbditos en las guerras de independencia en América del Sur y multiplicó las inequidades en la última guerra cubana, se conduzca de esta manera […] ¿Se pueden tolerar tales hechos por un pueblo civilizado? ¿Podemos olvidar los principios fundamentales del cristianismo y permitir que estos horrores continúen?”

Los independentistas cubanos pidieron que Estados Unidos reconociera su independencia, lo que se tradujo en algo típico para los movimientos de liberación nacional: el “libertador” quiso convertirse en el nuevo amo. Cuba padeció una segunda intervención militar que no había solicitado y una independencia que más bien era un protectorado militar estadounidense.

Pero los campos de concentración terminaron en 1898. Lo malo es que Estados Unidos lo aprendió todo de ellos y de la salvaje represión española contra Cuba. Lo mismo hizo Francia, e incluso Churchill estuvo en Cuba tomando nota para aplicarlo a las colonias británicas.

Indian Horse: la mala conciencia, la falsa conciencia, la falta de conciencia

“Indian Horse” es una película rodada el año pasado por el director canadiense Stephen S. Campanelli, que durante 20 años fue el operador de cámara de Eastwood, a quien convenció para poner la pasta.

El guión se basa en una novela del también canadiense Richard Wagamese que ha tenido un enorme éxito y ha levantado una enorme polvareda, lo que es muy frecuente cuando un país no conoce su historia porque ha vivido siempre mirando hacia otro lado.

“¿Qué?, ¿Los canadienses hicieron esto?”, preguntó Eastwood cuando leyó el guión. “¿Cómo es que nadie lo sabe?”, repitió el conocido cineasta estadounidense.

A muchos la terapia cinéfila les recordará -muy vagamente- a “Bailando con lobos” y unos pocos pasarán por encima porque son cosas sobre las que ya escribieron Fray Bartolomé de las Casas o el inolvidable Mariátegui.

Colonialismo, religión, exterminio… Volver a replantear otra vez algo de lo que ya se habló cuando los fastos del V Centenario no es un mero recordatorio sino un replanteamiento por partida doble.

Los colonialistas lo hicieron conscientemente y por eso pusieron a los curas y monjas al frente de una tarea que era la de la cruz tanto como la de la espada. La primera te convence y la segunda te mata cuando falla la primera.

Pero de la conciencia pasaron a la inconsciencia y de ahí, poco a poco, a la mala conciencia, al arrepentimiento y a solicitar el perdón por sus numerosos crímenes, que es el punto de partida para la “reconciliación nacional” entre los verdugos y sus víctimas.

Luego podríamos discutir cómo la evolución de la conciencia colonialista ha infectado a los colonizados en forma de indigenismo para difuminar la conciencia de clase. El colonizado tampoco sabe quién es realmente; tampoco sabe qué es porque, como en caso de los bebés robados en España, le han quitado tanto que nunca ha visto su verdadero álbum familiar de fotos.

Algunos llaman a eso “identidad”, que es tanto como decir que A = A, o sea, lógica formal. Los otros lo desprecian por “identitarios”, como si se pudiera ir por el mundo sin tener carnet “de identidad”.

En América y en el Tercer Mundo hizo falta alguien como Mariátegui, a medio camino entre el vasco colonizador y el indio colonizado, para reconstruir las biografías de los autóctonos como campesinos sometidos, expoliados y exterminados.

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