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España ¿país de las maravillas?

Darío Herchhoren
Hace más de cuarenta años tuve la ocasión de ver una película que patrocinaba el Congreso Nacional Africano; el partido de Nelson Mandela, que para aquellas fechas estaba encarcelado en Roben Island. En esa película que se llamaba «Ven Africa», aparecían un grupo de intelectuales de color (negro), entre los cuales estaba la cantante Miriam Makeba, conocida como Mamá Africa, donde ese grupo discutía sobre la democracia en Sudáfrica para cuando gobernaran los que eran una abrumadora mayoría.

Uno de los miembros del grupo dijo en un momento de la película «los blancos siempre están preocupados por la democracia: Que nos dejen el país a nosotros, y que ellos se queden con su democracia».

Esto viene a cuento con algunas cosas que pasan en España, y que no tienen parangón ni paralelo con otros países. Se hablaba en estos días de «pobreza energética», refiriéndose a la falta de dinero para pagar la electricidad y tener calefacción. Se utiliza ese eufemismo para no decir que hay pobreza -a secas-; y esto es una forma de falsificar los hechos que usa la clase dirigente para embaucar y no hablar de lo que han hecho: empobrecer a los ya pobres un poquito más.

Otro ejemplo es el hablar de «populismos» en tono despectivo. El PP (Partido podrido) y el PSOE no son populistas. Populistas son aquellos que denuncian las graves condiciones en que viven los sectores populares y los que señalan a los culpables de esa situación.

Otra de las cosas que llaman la atención es la negativa a quitar los nombres y símbolos fascistas del franquismo. Nos dicen que «no hay que remover el pasado» que «hay que olvidar». Soy de los que piensan que la memoria de las personas no se puede borrar como se borra con una goma de borrar. La gente no pierde la memoria salvo cuando sufre de amnesia, o la enfermedad de Alzheimer; y no es posible que millones de personas sufran esas enfermedades.

Me pregunto también si a alguien se le pasa por la cabeza que en Alemania haya calles, plazas o lugares públicos que se llamen Adolf Hitler o Heinrich Himler, o Herman Goering. ¿Verdad que no?

Sería posible acaso que en Italia haya lugares públicos que se llamen Benito Mussolini o Conde Ciano o General Badoglio o General Mario Roata. Tampoco.

Sin embargo en la toponimia española de ciudades y pueblos existen numerosos lugares con el nombre de Francisco Franco, de Onésimo Redondo, de José Antonio, y en la Academia General Militar en Zaragoza, donde se forman los futuros oficiales de los ejércitos hay una estatua ecuestre del General Franco.

La explicación de todo esto reside en el hecho de que en Alemania y en Italia el fascismo fue derrotado en la guerra, y en España el fascismo se disfrazó de demócrata y produjo el fruto podrido de la «transición», que no fue otra cosa que la «transacción» entre los partidos «democráticos» y el fascismo, en una pirueta propia de el genial Lampedusa que le hace decir al Gattopardo «que todo cambie para que todo siga igual».

Otra de las peculiaridades de España, es que la «leal oposición» al PP, sea el PSOE, partido similar al PP. La pelea entre ambos está motivada por ver quién de los dos administra mejor los intereses de la burguesía, y entre tanto hay otro partido que se llama Unidos Podemos que nuclea a los «verdaderos socialdemócratas»; a aquellos que se reclaman auténticos transformadores de la sociedad, y que son acusados por PP y PSOE de «populistas». Es curioso como la palabreja ha tomado carta de naturaleza y sirve para descalificar toda crítica. El populismo, no es otra cosa que la demagogia; y la demagogia consiste el alabar al pueblo y decirle lo que el pueblo quiere oír; es decir, que es mentirle al pueblo que es lo que están haciendo todos los partidos surgidos de la «transacción».

Seguiremos informando.

La policía y los jueces ponen en libertad a los criminales nazis a pesar de ser reincidentes

A comienzos de setiembre dos nazis insultaron y golpearon a una mujer magrebí​ embarazada y a su marido cuando paseaban por el barrio del Born de Barcelona en compañía de sus dos hijos. La canalla nazi increpó a la mujer porque llevaba un niqab y la pareja reprochó a los dos nazis sus comentarios ofensivos.

A continuación, los nazis le empujaron en varias ocasiones y, además, le agredieron, momento que la mujer interfirió entre los atacantes y su marido. En aquel momento, fue cuando uno de ellos espetó un golpe de pie lateral sobre el abdomen de la víctima embarazada. Se salvó gracias a la interevención de la gente que paseaba por la calle.

La tuvieron que trasladar urgentemente a un hospital, aunque afortunadamente la agresión no repercutió en el feto. Pocos minutos después la Guardia Urbana sólo detuvo a uno de ellos. Al otro sólo le tomaron la filiación.

Al detenido lo llevaron a comisaría y, a pesar de la gravedad de la agresión y de que ambos tenían antecedentes policiales por pertenencia a las Brigades Blanc-i-blaves del club de fútbol Espanyol, lo dejaron en libertad inmediatamente. La llegada de una nueva alcaldesa como Ada Colau al Ayuntamiento de Barcelona no sirvió para nada. Todo seguía igual que siempre.

El delito no eran sólo unas lesiones corrientes, sino que había un crimen racista. Afortunadamente, la cámara de seguridad de un hotel próximo captó los hechos y a la policía no le quedó más remedio que reconocer que la agresión tenía un móvil racista.

Los Mossos d’Esquadra volvieron a citar a declarar a los nazis y reseñaron su identidad, cosa que la Guardia Urbana no habían hecho antes. Los nazis tenían un largo historial de antecedentes por agresiones durante los partidos de fútbol del Espanyol.

Luego los pasaron a disposición judicial con un informe de la Guardia Urbana que, aunque explicaba el afiliación neonazi de los delincuentes, ocultaba que, 25 años antes, uno de ellos había participado en el asesinato de la transexual Sonia en el parque de la Ciudadela de Barcelona.

Ese dato no apareció en el informe de la Guardia Urbana porque, en el momento de los hechos, 1991, el detenido era menor de edad y, por lo tanto, la ley impedía que la policía puediera reseñar los antecedentes juveniles de un detenido.

La Guardia Urbana puso la información en manos de la fiscalía contra el odio, la discriminación y la xenofobia, que requirió a la brigada de información de los Mossos un informe completo sobre los delincuentes y su pasado.

Pero volvió a ocurrir lo mismo de siempre: el juez les tomó declaración y, a pesar de los informes, volvió a dejarles libres.

La guerrilla antifascista en Getafe

Luis Arroyo

Getafe es uno de los pueblos industriales de Madrid de mayor historia revolucionaria. De allí salieron importantes dirigentes obreros de los años treinta, que durante la guerra civil participaban activamente en la defensa de Madrid. De la fábrica de construcciones aeronáuticas, actualmente CASA, salieron aviadores del Ejército Republicano, precisamente escogidos entre los mecánicos y los obreros de la factoria, alguno de los cuales estuvo entrenándose en la Unión Soviética.

Ellos fueron los que formaron luego el número fundamental de la aviación republicana. imponiéndose, incluso, a los aviadores profesionales alemanes e italianos que apoyaban a Franco.

De la tradición y fortaleza revolucionaria de los obreros de Getafe es buena prueba el que, tras la derrota republicana en 1939, donde la mayoría de los dirigentes antifascistas tuvieron que huir o fueron fusilados, se volviera a organizar de nuevo el Partido Comunista local en 1942, precisamente con los pocos obreros comunistas que consiguieron escapar en las cárceles y volver.

“En 1942 éramos sólo trece -nos explica uno de los supervivientes, que tiene ahora un pequeño taller de carpintería- pero en seguida conseguimos el apoyo de muchos más, prácticamente de todo el pueblo. Los nazis comenzaban a ceder ante la ofensiva de los pueblos antifascistas, sobre todo de la Unión Soviética, y eso animaba mucho a la gente. Cuando comenzó el año 1944, repartiamos más de tres mil periódicos comunistas entre otros tantos obreros y antifascistas que estaban ligados de alguna manera a nosotros. Habíamos triplicado la organización y en algunos sitios, como en CASA, el apoyo y la simpatía hacia el PCE era masiva”.

La propia policía tiene datos de que todo esto era verdad. Angel Ruiz Ayúcar -un ex-policía historiador- en su libro “El Partido Comunista. 37 años de clandestinidad”, dice del Comité Comarcal de Getafe: “Del desarrollo de la organización es indice la siguiente relación de radio y efectivos:

Radio número 1. Construcciones Aeronáuticas. 80 militantes.
Radio número 2. Leganés. 30 militantes.
Radio número 3. Telefunken. 16 militantes.
Radio número 4. Varias empresas. 20 militantes.
Radio número 5. Telma. 35 militantes.
Radio número 6. Ericson. 16 militantes.
Radio número 7. Móstoles. Se ignora.
Radio número 8. Varias empresas. Se ignora.

En total, 197 afiliados seguros a los que si añadimos 20 por cada uno de Radios restantes, suman 237 afiliados, de los que la tercera parte pertenecen a una sola empresa. Cada militante cotizaba 0,50 pesetas semanales. Una parte de la cotización iba al Comité Central”.

La población laboral de Getafe y su comarca en aquellos años rondaba los nueve mil trabajadores, que trabajaban preferentemente en una serie de fábricas de gran tradición también en la zona: CASA, Telefunken, Ericson, Telma, Ildea, la fábrica de harina, etc.

La policía preocupada por el auge del Partido Comunista en la zona, desplazó desde Barcelona a un ex comisario político del Ejército Republicano que se había convertido en confidente de la policía, para la cual había estado trabajando desde entonces en la Ciudad Condal. Mucho antes de su traslado, la dirección política de Getafe había ya recibido un informe detallado sobre el ex comisario político Germán Alonso, lo cual demuestra la perfección con la que trabajaban los comunistas a esos niveles en aquellos días.

Como la policía consideró que Germán Alonso podría hacer un buen trabajo en Getafe, le trasladó dejando Barcelona, donde estaba ya “quemado”. Otro motivo para este traslado debió ser que el ex comisario político conocía a dos obreros que la policía consideraba podían estar relacionados con el Partido Comunista. A pesar de todos los cuidados con que actuaron los miembros de la organización comunista, más tarde se pudo deducir que Germán Alonso llegó a saber bastante más de lo que se suponían, “lo cual demuestra cierto mal trabajo de la dirección que no supo tomar verdaderas medidas”, según uno de los antiguos comunistas que dejó el partido cuando Santiago Carrillo fue nombrado Secretario General.

Uno de los temas que más preocupaban a los comunistas en aquellos años, era precisamente el de contrarrestar la acción de la policia. Abundaban los chivatos, y la vigilancia era tremenda. Para resolver el problema, tuvieron que montar un servicio de contraespionaje muy perfecto que les permitía conocer con anterioridad los movimientos de la policía. Por ejemplo, “en caso de una redada solíamos conocer más o menos cuando tendría lugar, de tal manera que durante unas semanas o días dejábamos bien limpias nuestras casas de propaganda e incluso a veces no íbamos a dormir”.

Entre 1942 y 1945 se llegaron a instalar en Getafe tres imprentas clandestinas para sacar la propaganda del Partido Comunista. Hay que tener en cuenta que entonces no existían las multicopistas actuales y los tipos y la impresión debían hacerse a mano. “La propaganda se daba casi siempre en mano a los simpatizantes o a las personas de confianza, muy pocas veces se tiraba por las calles. Únicamente en Madrid se hacía de vez en cuando ‘una siembra’. También nos fabricamos unos tampones de caucho para poner en las paredes la hoz y el martillo”.

A veces, la policia descubría algunos militantes, casi siempre por algún fallo en el reparto de propaganda. Así ocurrió en la fábrica de harinas, donde a un trabajador se le cayó del mono un periódico que le había pasado un miembro de la célula de la fábrica. El trabajador fue detenido y como consecuencia de ello, dos militantes fueron apresados. Uno de ellos era Leonardo Hervás, que formaba parte de la “troika” de dirección de la organización (el esquema entonces era de una dirección formada por tres miembros: responsable politico, responsable de agitación y responsable de propaganda). Fue un duro bache el que tuvo que superar el Partido Comunista de la zona a consecuencia de esta detención.

Durante el tiempo que duró, los militantes se veían exclusivamente en lugares abiertos y concurridos, como en la verbena, y se hablaban por señas. Pero Hervás, ni su compañero dijeron nada a la policía. Al cabo de cierto tiempo les pusieron en libertad, ya que no consiguieron demostrarles nada. A pesar de todo, se mantuvieron alejados de la organización, por si acaso la policía les utilizaba como cebo. Entonces, los interrogatorios eran muy duros y los detenidos podían estar semanas o meses enteros a disposición de la policia, si necesidad de que un juez se hiciera cargo de ellos bajo alguna acusación concreta.

Durante toda esta época, la principal preocupación de los comunistas de Getafe estaba en organizarse, crecer y tomar contactos con otras organizaciones del interior. El contacto con el exterior era prácticamente imposible. En realidad se actuaba autónomamente y siguiendo las experiencias aprendidas durante la guerra.

Fue a partir de 1945, cuando se reanudó el contacto con el exterior, con la dirección nacional y se constituyó el Comité Central local de la zona de Getafe. Algunos de los comunistas del cinturón industrial de Madrid, fueron enviados también a pueblos de La Mancha y de Castilla a organizar allí el Partido.

Hasta el momento de comenzar las guerrillas, el trabajo principal de los comunistas fue el sabotaje, sobre todo de los materiales de guerra para que la industria militar española no estuviese en condiciones de entrar en guerra al lado de Alemania e Italia. De hecho, durante un año se saboteó sistemáticamente la fabricación de los “Junker” en la factoría de CASA. El sabotaje consistía preferentemente en arrojar trozos de cristal en los hornos de la fundición, con lo que el cristal quedaba adherido al acero y éste se partía al llegar al torno.

La guerrilla comienza a actuar

Al constituirse el Ejército Guerrillero de Extremadura-Centro, a finales de 1944, el Comité de Getafe del PCE, junto con el Comité de la Unión Nacional donde se agrupaban las fuerzas antifascistas, apoyó la formación de un grupo guerrillero de ciudad -antecedentes de las guerrillas urbanas- coordinado con el núcleo central de Madrid, que entonces mandaba Vitini Flores. A las guerrillas urbanas se las llamaba entonces “cazadores de la ciudad”.

Como responsable directo de los “cazadores de Getafe” fue nombrado José Camacho Díaz. que había sido responsable de agitación del Comité Comunista de Getafe, de 32 años y natural de El Gordo (Cáceres), desde donde habia emigrado a Madrid. Poco después fue sustituido por Francisco Gascó Santillana, “Berenjena”, un obrero mecánico de 45 años, natural de Getafe, que sería el que dirigiera la mayor parte de las acciones armadas de esta guerrilla.

La guerrilla de Getafe tenía dos importantes misiones: sabotear la línea férrea Extremadura-Madrid a su paso por la zona, y facilitar el aprovisionamiento de bombas al Ejército Guerrillero del Centro. En aquellos años, la falta de material adecuado para la fabricación de bombas era bastante acuciante. La dinamita se consiguió a través de los antifascistas presos que trabajaban en los destacamentos de penados como el de Valdemancos, donde construían la línea férrea Madrid-Burgos. o en otros lugares donde levantaban presas. Un perfecto servicio de espionaje y de audacia de los presos políticos, conseguían sustraer la dinamita necesaria para las bombas.

Pero hacía falta el material para la carcasa y los detonadores. Este material se consiguió fundamentalmente a través de los obreros de CASA y procedía del aluminio y de otros materiales que se utilizaban allí para construir el avión “Junker” de las fuerzas aéreas españolas.

Las bombas que los obreros fabricaban con el material de los aviones salía clandestinamente de la fábrica e iban a parar a una tienda de zapatos -entonces era de alpargatas- muy conocida en Getafe: “La tienda de Gomas de Meseguer”, que ya ha desaparecido. Allí trabajaba como dependienta la novia de un militante comunista, y era ella la encargada de entregar las bombas a los enlaces de la guerrilla. Uno de éstos entraba en la tienda y fingía comprar unas alpargatas de tal color y de tal número, al mismo tiempo que daba la contraseña. La dependienta le entregaba entonces una caja de zapatos que contenía una o dos bombas.

La policía detectó la aparición de estas bombas en las explosiones que destruyeron por entonces a la Delegación de la Falange del distrito de Chamberí y una vivienda de un falangista en la calle de Fuencarral. Y precisamente, siguiendo con el hilo del material utilizado para hacer las bombas, que sólo existía entonces en Getafe y en Cuatro Vientos, fue como la policía consiguió detener a varios guerrilleros, entre ellos a “Berenjena”, que fue fusilado.

La última operación de los “cazadores de Getafe” falló por poco. Se les había encargado sabotear la línea férrea en el momento que se esperaba el paso de un canvoy militar que llevaba armamento y soldados a los Pirineos, donde el fascismo español temía se recrudeciese la lucha guerrillera. La bomba mal colocada, cayó en medio de las vías sin llegar a estallar siendo localizada, intacta. por los servicios de vigilancia de la RENFE. Ello permitió a la policía localizar exactamente la procedencia del material.

La represión que siguió en CASA fue tremenda y bestial, a pesar de lo cual la mayoría de los militantes consiguieron ponerse a salvo. Cientos de trabajadores de CASA fueron torturados y uno de ellos, Morales, un maestro industrial, murió en la cárcel a consecuencia de los golpes recibidos. Otro comunista, Farinas, murió durante los interrogatorios y Lucas y Alfonso, en la cárcel. Varios más que fueron condenados a treinta años de cárcel por el “célebre” coronel Aymerit que dirigía los tribunales terroristas, estuvieron encarcelados hasta el año 1962.

La epopeya de los comunistas de Getafe, es recordada aún por gran parte de sus habitantes que vivieron aquella época. Al igual que recuerdan a las escuadras falangistas que rapaban el pelo a las pobres mujeres de los antifascistas huidos o encarcelados, y que en seguida comenzaron a especular con el suelo y con el desarrollo monstruoso de la ciudad, que en los años setenta tiene ya más de cien mil habitantes y sigue siendo el principal núcleo industrial de Madrid.

Fuente: Crash, mayo de 1978, pgs.20 a 22.

La legislatura se estrena con redadas masivas de antifascistas por toda España

Al más puro estilo fascista, de madrugada, con nocturnidad, la policía ha detenido a 15 personas en Madrid y ha entregado citaciones a otras tantas en Galicia y Andalucía  para que comparezcan la semana que viene a declarar ante la Audiencia Nacional.

La Policía Nacional ha manifestado que se trata de una “operación abierta”, por lo que es posible que haya mas detenciones. La mayoría de ellas se han llevado a cabo en Madrid, exceptuando una en Boadilla del Monte y otra en Villacastín. Los detenidos forman parte de conocidos colectivos antifascistas, como Bukaneros y el colectivo de Moratalaz Distrito 14.

La policía les acusa de la última moda de la Audiencia Nacional: el delito de odio. Los detenidos fueron trasladados a la comisaría de Moratalaz y esta mañana a los juzgados de Plaza de Castilla, en Madrid, donde quedaron en libertad tras prestar declaración ante el juez.

La acusación se basa en una supuesta agresión en la calle Tellez el pasado 12 de octubre porque en el lugar de los hechos la policía asegura que ha encontrado un llavero de Bukaneros y un pañuelo del colectivo Distrito 14. Eso les ha bastado para detener a 15 personas.

Fuera de Madrid, ayer la policía entregó citaciones a una decenas de personas en Andalucía y Galicia para que declaren en la Audiencia Nacional la semana que viene. Al parecer forman parte de un grupo de raperos comunistas. Entre ellos se encuentra el gallego Pipe Díaz.

En un comunicado Red Roja afirma que el Estado, con el nuevo gobierno a la cabeza, actúa preventivamente, intentando aterrorizar a la juventud obrera y a los movimientos sociales para minimizar la respuesta en la calle a las nuevas agresiones que preparan contra el pueblo trabajador.

Frente a la escalada represiva que cada vez recuerda más en formas y contenidos a los de la dictadura, asegura Red Roja, es preciso reclamar con fuerza la Amnistía y la Libertad para Alfon, para Bódalo, para Nahuel y para los cientos de presas y presos políticos que llenan las cárceles del Estado español.

Red Roja manifiesta su solidaridad con las compañeras y compañeros detenidos y hace un llamamiento a unificar las luchas y a fortalecer estructuras populares unitarias frente a las agresiones sociales y laborales y frente a la escalada represiva.

Más información:

La Audiencia Nacional persigue a 13 miembros del colectivo musical ‘La Insurgencia’

Aquella mañana que el PSOE desató el terrorismo de Estado

Foto policial de Juan Martín Luna
En octubre de 1982 el PSOE llegó al gobierno como parte integrante del golpe de Estado que se había producido el año anterior. Su objetivo era llevar adelante el mismo programa político de los militares golpistas; exactamente el mismo. Entre otras cosas suponía organizar los GAL y desencadenar la guerra contra eso que ellos llaman “terrorismo”, aunque muy pronto iba a quedar al descubierto la cortina de humo orquestada en torno al famoso “terrorismo”.

Hasta 1982 en España nunca se había producido un abismo tan grande entre la política subterránea de los “poderes fácticos” que llevaron al golpe de Estado y al PSOE al gobierno, y la efervescencia popular por un cambio real y una mejora en las condiciones de vida y trabajo que permitieron al PSOE recaudar más de diez millones de votos. La mitad de los votantes votaron al PSOE.

Como consecuencia de esa situación paradójica que rodeó a aquellas elecciones, los GRAPO propusieron una tregua unilateral para que el nuevo gobierno pudiera poner en marcha el programa electoral que había prometido, especialmente, la salida de la OTAN, es decir, que su actividad armada no se pudiera convertir en la típica excusa que siempre encuentran.

Pero el PSOE no tenía ninguna intención de cumplir absolutamente ninguna de sus promesas, sino más bien hacer todo lo contrario, lo que demostró desde el primer minuto al asesinar el 5 de diciembre de 1982 al máximo dirigente de los GRAPO Juan Martín Luna. Fue toda una declaración de intenciones, de lo que se estaba preparando en las cloacas del Ministerio del Interior.

Al dirigente de los GRAPO lo mató la policía a tiros en Barcelona en una emboscada montada por el Mando Único para la Lucha Contraterrorista que dirigía el conocido comisario fascista y torturador Manuel Ballesteros. El crimen a sangre fría era tan evidente que a la Audiencia Provincial de Barcelona no le quedó más remedio que condenar a los inspectores policía que dispararon: David Juan León Romero, Ángel Luis Adame Bernáldez y Valentín Martín Cabello.

Naturalmente que sólo era un paripé para guardar las apariencias. La pena que impusieron a cada uno de ellos no pudo ser más ridícula, la mínima: seis meses y un día de prisión porque actuaron con el atenuante de “cumplimiento del deber”, es decir, que los policías no actuaron por iniciativa propia sino siguiendo órdenes emanadas del gobierno del PSOE. En 1988 el Tribunal Supremo confirmó aquella sentencia.

Las condenas levantaron una oleada de indignación dentro el Ministerio del Interior contra los jueces. El ministro, que no era otro que el también fascista José Barrionuevo que luego fue condenado como dirigente de los GAL, el terrorismo de Estado, defendió públicamente el crimen cometido por sus policías en Barcelona.

Por el contrario, la Unión Progresista de Fiscales criticó a la policía por lo que calificó como “actitudes de desobediencia o desestabilización”, es decir, indirectamente decían que un año y medio después del 23-F la policía estaba intentando promover otro golpe de Estado.

Por su parte, en un comunicado el Grupo de Abogados Jóvenes de Madrid consideró insuficiente la pena impuesta a los criminales y criticó las declaraciones del ministro en las que defendía el crimen cometido. El comunicado era muy interesante porque los abogados solicitaban la actuación del Fiscal General del Estado por si algunas de las declaraciones de los miembros de la policía amenazando con que “ante las mismas circunstancias actuaríamos de igual manera” pudieran constituir un delito de apología, equivalente de lo que hoy llaman “enaltecimiento del terrorismo”.

De las decisiones judiciales se desprenden otras reflexiones interesantes. La primera de ellas señala con el dedo al terrorismo de Estado como verdadero “terrorismo” y la segunda muestra claramente que el Ministerio del Interior no quería la paz sino la guerra. Pero no cualquier clase de guerra sino una guerra sucia en la que la policía quedara al margen de posibles sentencias incriminatorias de los tribunales.

A lo largo de los primeros años de gobierno del PSOE, la guerra sucia de los GAL cumplió puntualmente las amenazas que realizó la policía en diciembre de 1982: “ante las mismas circunstancias actuaremos de igual manera”. Felipe González, el ministro Barrionuevo y el PSOE en su conjunto se encontraban en plena fase de preparación de las cloacas del Estado constitucional y los demás partidos parlamentarios callaron como perros todos los crímenes, empezando por el de Martín Luna que sentó un precedente fundamental para entender lo que ocurrió después: que el terrorismo de Estado tenía una dirección política que empezaba por el propio gobierno, que en aquellos tiempos encabezaba el PSOE.

GAL: el reguero de sangre del PSOE no se limpiará nunca

Una vez más, y son ya incontables, el expolicía José Amedo volvió ayer [2011] por sus fueros. Se trataba, en esta ocasión, del juicio contra el que fuera jefe superior de Policía de Bilbao Miguel Planchuelo, acusado de haber financiado en 1986 los ametrallamientos de los bares Batxoki y La Consolation, en el sur de Francia, en los que se produjeron seis heridos graves, los mismos atentados de los GAL por los que Amedo y Domínguez fueron condenados en 1991 a 108 años de prisión. El fiscal pide su absolución, pero la acción popular reclama 114 años de prisión por seis asesinatos frustrados, entre otros delitos.

Este caso fue reabierto por el juez Garzón a raíz de una declaración de Amedo en diciembre de 1994 en la que acusaba a Planchuelo -su jefe directo- de haber pagado los gastos de su viaje a Portugal para reclutar a los tres mercenarios portugueses -Antonio Jorge Ferreira Cisneros, Paulo Figueredo Fontes y Rogerio Carvalho da Silva- que realizaron los ametrallamientos.

Ayer, Amedo, sin embargo, hizo todo lo posible para que Planchuelo sea absuelto. Insistió varias veces en que su antiguo jefe nunca tuvo conocimiento de los atentados contra los dos bares franceses y -en contra lo que había declarado anteriormente- aseguró que tampoco financió su viaje a Lisboa para captar a los portugueses ni aportó el dinero que estos recibieron por su participación. Aseguró que el dinero venía de Madrid.

Defendió que su viaje a Lisboa tenía como finalidad crear una red de información en Portugal porque ETA pretendía constituir allí una base logística. Sin embargo, luego indicó que se trajo a los tres mercenarios portugueses para formar una red de información en Francia, pero que por instrucciones desde Madrid emplearon a los portugueses para realizar atentados.

Preguntado si en otoño de 1983 planearon crear los GAL, Amedo contestó: “Ningún mando policial se hubiese metido si no hubiésemos tenido la certeza de que fue una decisión de Felipe González [entonces presidente del Gobierno], del ministro Barrionuevo y del señor Sancristóbal [director de la Seguridad del Estado], con la anuencia y el consentimiento de cargos políticos del PSOE como el señor Damborenea, Txiki Benegas y Ramón Jáuregui [actual ministro de Presidencia]”.

Amedo, con los ademanes chulescos que le han hecho célebre, llegó a decir que su declaración de 1994 -cuando se autoinculpó del secuestro de Segundo Marey, acusó a la cúpula del Ministerio del Interior de estar detrás de los GAL y a Planchuelo de la financiación de los atentados en los bares Batxoki y La Consolation- no fue voluntaria. Indicó que Michel Domínguez y él fueron presionados por el juez Garzón, que quería ajustar cuentas por no haber sido nombrado ministro. Explicó que, reunidos en el hotel Eurobuilding con el juez y el director de El Mundo, Pedro J.Ramírez, se les dijo que si no colaboraban y denunciaban a sus jefes, Garzón metería en la cárcel a las esposas de ambos por los 200 millones de las antiguas pesetas que se les había pagado por su silencio desde [el Ministerio de] Interior, con fondos reservados, y ellas habían ingresado en Suiza.

Planchuelo mantuvo un perfil bajo en su declaración y aseguró que conoció “por la prensa” los atentados del Batxoki y La Consolation y negó haberlos financiado. Y no los investigó porque ocurrieron en Francia. Lo único que reconoció fue su participación en el secuestro de Segundo Marey (1983), caso por el que ya fue condenado a nueve años de prisión en el Tribunal Supremo, al igual que la cúpula del Ministerio del Interior. Señaló que el País Vasco “era un caos” por aquellas fechas, “con un muerto hoy y otro mañana”. Estaba secuestrado el capitán de Farmacia José Luis Martín Barrios y por eso el Gobierno autorizó que los GEO realizaran un secuestro -el del etarra Larretxea- para intentar canjearlo y salvar la vida de Martín Barrios. “Aquello no fue posible y nos quedamos con Marey”, concluyó Planchuelo. Este insistió en que nunca autorizó la contratación de mercenarios, sino que fue una decisión de la Dirección General de Policía, a cuyo frente estaba Rafael del Río.

Preguntado si había proporcionado dinero a Amedo para financiar a los mercenarios, Planchuelo respondió: “En absoluto”. Y explicó que el entonces subcomisario había recibido tres paquetes con dinero desde Madrid para ese fin.

Tanto Sancristóbal, como Francisco Álvarez, ex jefe policial de la lucha antiterrorista, y Ricardo García Damborenea, que declararon como testigos, exculparon a Planchuelo de toda relación con los atentados o su financiación.

Fuente: El País, 5 de abril de 2011

El terrorismo es el cuento de nunca acabar

Juan Manuel Olarieta
Tras la agresión que llevaron a cabo dos guardias civiles borrachos en el bar Kotxa contra unos vecinos de Altsasu el 15 de octubre, la asociación fascista de víctimas de terrorismo COVITE interpuso una querella no contra los agresores sino contra los agredidos para darle la vuelta al asunto y que los hechos no se juzgaran donde se cometieron sino en el feudo del Estado fascista, Madrid, es decir, en la Audiencia Nacional (que es más de lo mismo, o sea, un tribunal diseñado por el franquismo).

Dicho y hecho; la Audiencia Nacional cumple con lo que de ella se espera: acepta la querella, le da la vuelta a la tortilla y se declara competente porque han reconvertido -por arte de magia- una pelea en una bar en un crimen de terrorismo.

Para ello la Audiencia Nacional ha tenido que calificar de yihadistas a los vecinos de Altsasu: el año pasado los partidos parlamentarios aprobaron uno de esos absurdos “pactos antiyihadistas” por el que le dieron un cambiazo -otro más- al artículo 573 del Código Penal para considerar que el terrorismo es todo, cualquier cosa, algo que ya sabíamos.

Tenemos terrorismo de por vida. El ministro del Interior se felicita porque han acabado con el terrorismo, pero no ha hecho más que empezar. Hasta las peleas de bar y las discusiones entre borrachos irán a parar a la Audiencia Nacional porque los convierten en crímenes terroristas: cuando por medio está la policía o la guardia civil no afectan sólo a los borrachos sino a toda la Policía y a toda la Guardia Civil. Posiblemente también se trate de una agresión a todo el Ministerio del Interior, a todo el Estado, al sistema, al capitalismo…

¿También se emborracha el Ministerio del Interior?, ¿bebe el Estado más de la cuenta?, ¿se pasa de copas la Audiencia Nacional?

Para justificarse, la jueza de la Audiencia Nacional, Carmen Lamela, da muestras de cierto ingenio, inventando cosas que desconoce por completo, como que  la reivindicación de que la Guardia Civil salga de Euskadi es una reivindicación de ETA. Pues si, es cierto, pero no sólo de ETA. Es una reivindicación tradicional de todas las organizaciones progresistas, dentro y fuera de Euskadi, pero ocurre que en su paranoia la jueza Lamela no ve más que eso, ETA, por todas partes.

Es un verdadero escándalo judicial que tratándose de un delito en el que la Guardia Civil es una parte, la jueza ordene que sea la propia Guardia Civil quien lo investigue, arrebatándoselo de las manos de la Guardia Foral de Navarra. ¿La imparcialidad no le importa nada?

La jueza de la Audiencia Nacional quiere que la Guardia Civil le informe sobre el acoso de que son víctimas en Navarra, como si se tratara de un delito sexual. ¿Qué entiende la jueza por acoso?, ¿qué entiende la Guardia Civil por acoso?, ¿por qué no pregunta a los navarros si se sienten acosados por la Guardia Civil? Una dilatada experiencia tabernaria me dice que al darle la vuelta a la tortilla Su Ilustrísima ha perdido el norte, porque en el mundo real suelen ser los borrachos los que se ponen pesados y se dedican a acosar a los sobrios, y no al revés.

Está ocurriendo lo mismo que cuando hace años la prensa dijo que el rey Juan Carlos, hoy monarca supernumerario, había matado al oso Mitrofán después de emborracharlo. No fue así: quien estaba borracho era el monarca.

Su Ilustrísima ha perdido el norte porque no tiene en cuenta los hechos sino lo que ocurrió después de los hechos, cuando los vecinos salieron a la calle para protestar por la agresión de la que -no lo olvidemos- habían sido víctimas. Habla de los lemas de las pancartas, de los gritos de la gente en la calle…

Pero Ilustrísima Jueza: lo que Usted está juzgando como delito es una pelea en un bar no una manifestación, salvo que haya padecido un lapsus y crea que también las manifestaciones, las pancartas y los gritos son delito en esta país. ¿Es así?, ¿han dejado de ser derechos y también los ha convertido Usted en crímenes?, ¿todo es ya delictivo?, ¿no se puede mover ni un dedo?, ¿no se puede gritar en la calle libremente? Es bueno que Usted lo aclare para recomendar a los vecinos de Altsasu que dejen de salir a la calle y se queden en sus casas viendo la tele.

El terrorismo es para toda la vida. Ni se acabado ni se va a acabar nunca porque este Estado está absolutamente obcecado en fabricar terroristas.

Esos dos millones de europeos a los que les niegan hasta los papeles

La presidenta letona Viķe-Freiberga
El 13 de abril del año pasado el presidente estonio, Toomas Hendrick Ilves, pretextando la anexión de Crimea por Rusia, puso el grito en el cielo de que su país también estaba amenazado y pidió la presencia de tropas de la OTAN en su país.

Habitualmente, para lavar a la cara a este tipo de personajes, como el presidente estonio, se les califica como “nacionalistas”. Pero la presencia de tropas extranjeras en el propio país no parece muy propio de “nacionalistas”.

Cuando los dirigentes actuales de los países bálticos recuerdan su antigua incorporación de la URSS, utilizan el término “ocupación”, que para ellos es sinónimo de sufrimiento. No tendríamos ningún inconveniente en creerles a pies juntillas si nos explicaran la diferencia entre una ocupación (la de la URSS) y otra (la de la OTAN).

Pero como no lo explican, seguramente porque para ellos la OTAN no es un ejército extranjero sino algo de su misma sangre, tenemos la sospecha de que su punto de vista no es nacional sino de clase.

No pueden tener ningún punto de vista nacional ni nacionalista porque los dirigentes bálticos tienen muy poco de bálticos, ya que vivieron toda su vida fuera de su país. Eran refugiados que incluso nacieron en Estados Unidos o Canadá, que es donde se han formado. Su pasaporte es gringo y su cultura es gringa. Puestos a elegir, prefirieron Estados Unidos a la URSS, lo cual no parece una opción de tipo nacionalista, sino más bien de clase.

No entraremos ahora a divagar sobre nuestras habituales suspicacias derivadas de que Estados Unidos no le concede a cualquiera un permiso de residencia, y mucho menos un pasaporte. Pregunten a los millones de espaldas mojadas por el trato que reciben de la policía de inmigración estadounidense y los motivos de dicha discriminación.

Los dirigentes políticos bálticos y los del este de Europa, en general, son unos zipayos a la inversa. Cuando tras la caída del Muro de Berlín en 1990 los países bálticos recuperaron su independencia, todos esos exiliados desembarcaron en su país como una legión extranjera. Si ellos desembarcaron en masa en 1990, ¿por qué no pueden hacerlo ahora las tropas de la OTAN?

Si de Estonia pasamos a Lituania, su presidenta, Dalia Grybauskaitė, es doctora honoris causa en la Universidad de Georgetowon, como Aznar, y tampoco vivió nunca en su país, lo mismo que el citado Ilves. La letona Vaira Viķe-Freiberga que metió a su país con calzador en la OTAN y en la Unión Europea, fue profesora de sicología en la Universidad de Montreal entre 1965 y 1998. Se la puede ver posando para una revista de la OTAN.


En el este de Europa, la burguesía no es como en Londres; siempre fue mucho más allá de su clase social. Por ejemplo, el padre del dirigente polaco Donald Tusk, que presidió el Consejo de Europa, luchó en la Wehrmacht contra su propio país (y contra la URSS, por supuesto). ¿Les parece un nacionalista o más bien un fascista?

Si en lugar de poner encima de la mesa todos esos nombres bálticos que nos suenen más bien poco, ponemos los de Brzezinski o Soros, tendremos una imagen un poco más aproximada del personal político que tiene la burguesía en el este de Europa. El gobierno de este tipo de elementos, forjados a imagen y semejanza del III Reich, es lo que explica que en los países bálticos haya dos millones de apátridas: rusos a los que no les reconocen ninguna nacionalidad.

Como los países bálticos pertenecen a la Unión Europea ese tipo de situaciones aberrantes hay que explicarlas con otras palabras: hay dos millones de europeos indocumentados por el hecho de ser rusos y en el mundo actual no tener un documento de identidad es como no tener ninguna clase de derechos.

Son las cosas que tiene la Unión Europea, los campeones de la libertad y los derechos humanos. Pero no se descuiden: la culpa de eso seguro que también la tiene Rusia.

‘¡Rusia es culpable!’

Esta semana se ha celebrado en Moscú un foro de inversores en el que Putin pronunció unas palabras contra las acusaciones “totalmente infundadas” y afirmando que Rusia no era culpable de “todos los pecados mortales y de todos los crímenes”.

Se refería, entre otras, a las recientes acusaciones de crímenes de guerra por los bombardeos rusos contra las posiciones yihadistas en Alepo.

La culpabilización tanto de la URSS, mientras existió, como de Rusia, en la actualidad, está muy arraigada en un país, como España, que hace décadas que no respira otra cosa que fascismo, que corre el riesgo de convertirse en una auténtica tradición, como la Semana Santa o las corridas de toros.

España tiene la patente de la culpabilización de Rusia. En 1941, dos días después del ataque de Alemania contra la URSS el ministro franquista, Ramón Serrano Súñer, pronunció un discurso desde la sede del Movimiento Nacional, situado en la castiza calle de Alcalá. Acababa de terminar una manifestación fascista contra “Rusia” y el ministro gritó desde el balcón:

“Camaradas, no es hora de discursos; pero sí de que la Falange dicte en estos momentos su sentencia condenatoria”, dijo. Luego continuó en medio de los aplausos de las hordas enardecidas por el ataque nazi:

“¡Rusia es culpable! Culpable de nuestra guerra civil. Culpable de la muerte de Jose Antonio, nuestro fundador, y de la muerte de tantos camaradas y tantos soldados caídos en aquella guerra por la agresión del comunismo. El exterminio de Rusia es una exigencia de la historia y del porvenir de Europa”.

Si tuviéramos memoria histórica nos daríamos cuenta de que, después de 75 años, las cosas no han cambiado tanto. Lo mismo que ahora, entonces “Rusia” también era culpable, una frase que fue destacada por la prensa franquista, que era idéntica a la actual: cualquier información sobre la guerra que no procediera del III Reich y sus aliados estaba prohibida, silenciada y perseguida.

La frase de Serrano Súñer se convirtió en la consigna de la División Azul. El 13 de julio los primeros fascistas partieron en tren hacia “Rusia” desde la Estación del Norte de Madrid y el ministro volvió a arengar a las tropas que salían a aplastar al Ejército Rojo: “Vais a defender los destinos de una civilización que no puede morir, y a contribuir a la fundación de la unidad de Europa. Vais a combatir junto a las mejores tropas del mundo”.

Los fascistas ya pensaban en construir la Unión Europea, una “nueva” civilización que se debía lograr a costa del exterminio de la URSS-Rusia. El diario oficial de la falange, Arriba, publicó un editorial titulado “Guerra por la causa de Europa”.

A pesar de la propaganda aquella movilización fue un fracaso. Los franquistas se habían comprometido a reclutar 17.000 voluntarios, pero no lo lograron. Sólo llevaron 9.154 efectivos al frente y el ejército tuvo que contribuir con otros 7.292 un poco menos voluntarios.

Todo para pagar la deuda que los franquistas habían contraído con Hitler por su apoyo durante la guerra civil. Los fascistas pagan en esa moneda: con carne de cañón.

La continuidad de los nazis en la dirección de la República Federal de Alemania

Tribunal del Reich, la Audiencia Nacional nazi
Tras la Segunda Guerra Mundial cerca del 80 por ciento de los cuadros del Ministerio de Justicia de la República Federal de Alemania habían trabajado en el mismo puesto con el III Reich, un número mucho más elevado de lo que siempre se había reconocido oficialmente.

Los datos los publicó ayer el diario Süddeutsche Zeitung, reproduciendo una vieja polémica a la que el historiador Peter Reichel ha calificado como “la segunda historia del nazismo”, es decir, la continuidad del III Reich en la nueva Alemania.

“El número de [antiguos] miembros del NSDAP [el partido nazi] en el seno del Ministerio de Justicia no se redujo tras la guerra, como se había supuesto, sino que aumentó en los años cincuenta”, ha manifestado al Süddeutsche Zeitung uno de los codirectores de la investigación, Christoph Safferling.

Es un tema recurrente que muestra el íntimo vínculo del fascismo con el capitalismo en su última etapa, tal y como analizara Dimitrov en su informe de 1935 a la Internacional Comunista.

Formalmente, la República Federal de Alemania se creó en 1949 como un repudio explícito del pasado más inmediato. Los hechos demuestran algo bien distinto. El contraste con la República Democrática Alemana y otros países del este de Europa es flagrante: sólo la revolución socialista puede acabar con la pervivencia del fascismo.

No sólo los historiadores alemanes, entre otros, como los españoles, están perdidos sino, sobre todo, quienes dicen luchar contra el fascismo sin saber contra qué ni contra quién se enfrentan porque del fascismo, como dice Reichel sólo cuentan la primera parte; les falta la segunda: la persistencia del fascismo bajo “una burda falsificación del parlamentarismo”, como denunciaba Dimitrov en su informe.

En Alemania la historiografía se ceba en el falso anzuelo del holocausto. Pero lo importante es tener en cuenta, como escribió en 1964 Rolf Hochhuth en “Der Stellvertreter” (El Vicario), que los implicados en la “solución final” son los mismos que forjaron luego la “nueva” República Federal de Alemania.

Afortunadamente, hace 20 años saltó una polémica con las últimas investigaciones sobre los crímenes nazis en Serbia y la Unión Soviética.

Los historiadores se hacen los tontos, como en España. Parece que no se quieren enterar de lo que para casi todos los demás es una evidencia, la “Sonderweg” típica de la historia germana, que no es Hitler, como no es Franco en España. El verdadero nudo es que los mismos, las mismas clases sociales coaligadas que llevaron al Reich a la Primera Gran Guerra, la llevaron luego a la Segunda y finalmente a la “nueva” Alemania y a la edificación del sueño fascista: la Unión Europea.

Sin derrocar a esas clases sociales, hoy fundidas en la burguesía monopolista, no es posible acabar con el fascismo, ni en Alemania ni en España.

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