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El terror de los falangistas y la Guardia Civil en León: los ‘paseos’ de 1936

Las nuevas investigaciones sobre lo ocurrido en los primeros meses de la Guerra Civil Española apuntan cómo se desarrollaban los ‘paseos’. Incluso con documentos tan extraordinarios como la denuncia, con nombre y apellidos del delator, que provocó el del abogado izquierdista José Fuertes; siendo la primera vez que se publica uno de estas características. Los diarios de los Roa de la Vega cuentan también cómo se asesinó al famoso abogado del Estado Esteban Zuloaga, que apareció muerto con once tiros en la carretera de San Andrés. Además, las autoridades tuvieron que ‘imaginar’ que algunos ciudadanos habían desaparecido extrajudicialmente al emitir certificados de su paradero.

Por ‘paseado’, cuando no se refiere al participio del verbo pasear, hay que entender que se trata de todo aquel asesinado —en particular durante el período de la Guerra Civil—, que no fue sometido a un juicio previo ni ‘ajusticiado’ de modo regular por las autoridades gubernativas del momento. Es decir, que no ha sido procesado formalmente, aunque sí ha podido ser detenido.

Tanto en las listas publicadas de represaliados (fusilados tras consejo de guerra y ‘paseados’), como de presos ‘residentes’ en San Marcos, es común encontrar graves errores en publicaciones recientes. De lo que no  cabe la menor duda es de que las muertes reales son superiores a las publicadas y de que los leoneses presos en San Marcos fueron muchos más que los que aparecen en ellas. Sencillamente hubo cientos de leoneses de la capital que fueron retenidos en San Marcos, pero al no habérseles abierto proceso no figuran en lista alguna.

José Fuertes Martínez, el ‘paseado’ que no está en ninguna lista

Así sucede con el abogado, natural de Trobajo del Camino y residente en León (avenida del Padre Isla número 33), José Fuertes Martínez, quien, como tantos otros ‘desaparecidos’ tampoco figura en lista publicada alguna y que, sin embargo, también fue ‘paseado’. José Fuertes era un joven conocido abogado soltero de 24 años, que aparece citado en la prensa de la época junto a los casos profesionales en los que intervenía defendiendo a todo tipo de presuntos delincuentes. Además, como él reconoce en sus propias declaraciones, pertenecía a Izquierda Republicana y después de la Revolución del 34 intervino y recogió firmas para solicitar la libertad de los presos. También ayudaba en asuntos jurídicos a miembros del Sindicato Minero Castellano liderado en León por Antonio Fernández Martínez. En agosto de 1936 José Fuertes fue detenido. Un despiadado informe de la Comisaría de Investigación y Vigilancia decía:

1º. A raíz del comienzo del Glorioso Movimiento Nacional fue detenido por su significación extremadamente izquierdista, y puesto más tarde en libertad, sin saberse más de él. Era mala persona en su conducta moral, pues se acompañaba continuamente de mujeres de vida pública, formando escándalos, por los que alguna vez fue presentado en esta Comisaría. En el aspecto religioso también era malo, pues no sólo no cumplía sus deberes en tal aspecto, sino que maldecía de ellos, y parece ser que en una ocasión con otros colocó una bomba en la casa de un sacerdote; en su ideología coincidía con las del partido de Izquierda Republicana, habiendo contribuido con dos pesetas para regalar un pergamino a Azaña; virtudes no se le conocía ninguna, en cambio tenía muchos vicios, pues además de lo expuesto solía embriagarse.

2º. Se dedicaba a dar mítines por varios pueblos, y en uno de ellos dado en Armunia, dijo que había que hacer desaparecer a la Guardia Civil, a la que odiaba como igualmente a los agentes de Policía. Fue siempre gran propagandista y especialmente durante el período preparatorio de las últimas elecciones, siempre de las ideas más avanzadas e incitaba a los obreros a la violencia.

3º. Después del Alzamiento Nacional, y antes de ser detenido, no se le vio actuar, pudiéndose asegurar que, dada su manera de ser y de pensar, no podía estar conforme con este Movimiento.

4º. Como arriba queda indicado, parece ser que estaba afiliado a la Izquierda Republicana, figurando también como socio del Ateneo Obrero, de tendencias marxistas.

5º. Carece en absoluto de bienes propios y el único medio de vida se lo daba su carrera de abogado, si bien, por su poco amor al trabajo, los ingresos debían ser pocos.

Además, José Fuertes había tenido unos días antes del ‘alzamiento’ más problemas con la Justicia. Otro informe de la Comisaría le acusaba de haber intentado violar a una mujer «que reclamó auxilio» el 8 de julio de 1936, ante lo que un mozo del hotel Nieto le amenazó con una escopeta de caza «al tratar de penetrar con una tanguista en dicho hotel» y se asegura que se negó «a firmar [José Fuertes] la comparecencia en esta Comisaría por no haber sido redactada por él como abogado, observando una conducta poco correcta con los funcionarios de servicio».

A pesar de lo aquí expuesto, el 22 de agosto de 1936 el juzgado de instrucción certifica que José Fuertes carece de antecedentes penales y tampoco ha sido condenado en ningún juicio de faltas. Éste explica en sus declaraciones que no tuvo parte activa en el ‘alzamiento’, y de este modo propone a varios testigos, algunos de reconocido prestigio y considerados ‘hombres de orden’ como el médico Olegario Llamazares, el farmacéutico Matías Robla Contreras, el procurador Manuel Menéndez Ramos o Sira San Pedro, viuda de Zarauz.

La denuncia del vecino que ‘condenó’ a Fuertes

Con lo que no contaba José Fuertes es que un personaje de Trobajo llamado Gumersindo de Toledo Fernández lo había denunciado el 16 de agosto. A Gumersindo se le puede localizar en los archivos durante el mes de agosto de 1936 efectuando numerosas aportaciones económicas para la suscripción Pro Fuerza; algunas en su nombre pero otras muchas a nombre «del pueblo de Trobajo», o «por orden de un tejero de Trobajo». Estas prácticas eran comunes que las realizaran importantes falangistas, como así las realizaba el conocido jefe de centuria Florentino Borge, quien enviaba a la Comisión Pro Fuerza, oro, dinero y todo tipo de suministros en especie desde San Emiliano.

Esos días de agosto de 1936 fueron terribles en cuanto a la presentación de denuncias. El propio doctor Eduardo Pallarés se queja amargamente de que su encarcelamiento se debe a una denuncia de otro reputado doctor llamado Joaquín Valcarce. Eduardo Pallarés acusa directamente al doctor Valcarce de ser el causante de la denuncia que lo llevó a prisión ese mismo 17 de agosto (causa 493/37, Archivo Intermedio Militar del Ferrrol, folio 44 vuelto): «Fui detenido por orden del médico presidente de la Cruz Roja Sr. Valcarce […]». Este delator era el oculista del hospital San Antonio Abad y sustituyó en la presidencia de la Cruz Roja de León al ex seleccionador nacional de la Selección de Fútbol Joaquín Heredia Guerra que a finales del noviembre del 36 sería ‘paseado’ cerca de Mansilla de las Mulas.

Y, sin embargo, esas denuncias tan difíciles de demostrar documentalmente existieron. Y para muestra, la que tal vez le supuso la muerte al abogado José Fuertes Martínez. En la fotografía se lee una de las primeras denuncias que se hacen públicas en España con el nombre y apellidos del delator. Las hay en los archivos, pero pocas, ya que la Guardia Civil se deshizo de muchos. Este tipo de documentos ofrecen consistencia al dato frente a la ‘memoria oral’, que no suele ser nada fiable en estos casos como se está demostrando con ellos.

Cuando encuentran el cuerpo de Fuertes, en el expediente de incautación se adjunta un certificado de defunción en el que se especifica que: «[…] natural de Trobajo del Camino […] fue hallado junto a otro en una huerta en las afueras de esta Villa, vestía gorra negra, mono y pantalón claro, gabuchas claras, piso goma, el cual se le encontró un mechero de mecha y un pañuelo en el bolsillo de color, que quedó en poder del Juzgado. Falleció […] a las dos horas a consecuencia de heridas de arma de fuego según resulta de dictamen facultativo […]».

Once tiros para el abogado Esteban Zuloaga

Otra de las historias versa sobre Esteban Zuloaga Mañueco, que se cuenta entre las víctimas de los abogados del Estado. Manuel Santamaría Andrés entre los catedráticos de Instituto. Aquilino Huerta del Río en el Ayuntamiento y otros tantos. Ahí residía la idea, porque las víctimas no fueron elegidas al azar. Así funciona el terror, como si se tratara de «una inevitable, aséptica y quirúrgica amputación que evitará que el cáncer se extienda por todo el cuerpo [o nación]», según palabras de los militares sublevados.

El caso es que este abogado del Estado (defensor de Alfredo Nistal, líder de la Revolución del 34 en León, y cuñado de José Pallarés Torres), realizó donaciones a la causa sublevada. Se le detecta en los archivos ofreciendo una segunda ‘donación’ de 250 pesetas (otras 200 ya las había entregado el 10 de agosto) a la ‘Suscripción’ el 24 de agosto.

Sin embargo, una semana más tarde un grupo de hombres vestidos de falangistas lo van a buscar y lo sacan de la casa de su cuñado José Pallarés Torres. Esteban Zuloaga, que había sido el abogado defensor del líder de la Revolución de Octubre en León, Alfredo Nistal, aparece muerto en una cuneta con once impactos de bala.

La noticia del asesinato conmociona a la ciudad. Hasta Roa de la Vega lo indica en su diario personal: «Viernes, 4 de septiembre. Aparece en la carretera de San Andrés el cadáver de Zuloaga muerto la noche anterior. D.E.P.»

Juan Manuel Roa, hijo de este ex alcalde monárquico Francisco Roa de la Vega, escribió en en su libro ‘La memoria olvidada’ lo que ocurrió con él en las páginas 339 y 340: «Tal fue el caso del Abogado del Estado don Esteban Zuloaga, que sufrió el más humillante de los paseos, por no hacer caso a los consejos que le dio mi padre, al que le llegó el soplo de que D. Esteban no se recataba de hablar en cualquier parte reprobando en voz alta las atrocidades que en León se cometían. Fue el mes de agosto del 36 cuando más cadáveres aparecían en las carreteras leonesas, y en el que mi padre se presentó en casa de Zuloaga, que también tenía su familia en zona roja, para decirle que las tropas nacionales no tardarían en conquistar San Sebastián, donde veraneaban su mujer y sus dos hijas, en una situación parecida a la nuestra. Le aconsejó, sin poder disimular el apremio, que saliera de León lo más pronto posible y se instalara en cualquier pueblo guipuzcoano próximo a la capital, para poder entrar en ella detrás de los soldados, como él también pensaba hacerlo cuando se acercasen a Celorio, pero añadió: «Tú debías quedarte en San Sebastián durante el mayor tiempo posible, prolongando el veraneo con Maravillas y las niñas, ya que no tienes hijos en el frente que te den preocupación, así podrás volver a casa cuando esto se apacigüe».

«No era fácil engañar a un hombre tan inteligente y suspicaz como era don Esteban Zuloaga; ¿pero qué te crees?, respondió, ¿piensas que me van a matar? No hubo manera de convencerle de que en León corría un serio peligro, y mi padre fue a decirle a D. José Pallarés, cuya esposa era hermana de doña Maravilla [quiere decir Enriqueta], para ver si ellos conseguían vencer la tenacidad de su cuñado, porque estaba seguro de que su compañero y amigo corría un gran peligro. No pudieron con él […] Don José Pallarés, llorando, se lamentaba de que no hubiese hecho caso del consejo de mi padre».

El asesinato a tiros de un abogado del Estado, que no parecía ser enemigo declarado sino simple servidor de la Administración, demuestra que cualquier excusa era válida para las ejecuciones extrajudiciales. Sólo haber defendido al líder de la Revolución del 34 en León, aparte de otras circunstancias y odios personales, serviría para condenarlo. Y, de paso, atenazar a toda la población leonesa para que se mantuviese sumisa a la nueva ‘causa’.

El ‘terror’ de los falangistas y la Guardia Civil

Por los archivos se conoce que los grupos incontrolados de falangistas, requetés, miembros militarizados de la CEDA e incluso grupos formados por los propios militares, se dedicaban a protagonizar todo este tipo de razzias contra «el adversario», cumpliendo órdenes, por acción directa u omisión, del Gobernador Militar. Lo que conocemos como policía, dependía del Gobierno Civil y de la Delegación de Orden Público. Las cúpulas policiales, al igual que el Gobierno Civil, estaban militarizadas. En León, la cúpula de la Guardia Civil formaba parte de los cuadros de Falange; es el caso de Luis Medina Montoro, donde ya tenemos constatación de su militancia en Jaén, de donde era nativo.

Un documento sobre Serapio Pedrejón nos demuestra cómo se solicita información sobre una persona a la que, como en muchas de las ejecuciones de ésa época, se la ha eliminado sin procedimiento alguno.

Las muchas autoridades que lo han eliminado son incapaces de tener constancia documental sobre el crimen, por lo que especulan con la posibilidad de que haya sido ejecutado valiéndose de la única fuente que poseen, que es la declaración de los funcionarios hecha a su mujer. Y escriben años después un documento ultrajante.

Este tipo de situaciones son las que impiden a los historiadores cuantificar el número de personas asesinadas. Serapio Pedrejón de la Fuente no aparece en ninguna lista de presos de San Marcos, ni de fusilados, ni de procesados. Sin embargo fue de los primeros en sufrir la más radical de las represiones. Como se constata en el documento, otra vez se repite el patrón sobre la actuación de la Guardia Civil, que es quien lo detiene y quien presuntamente se ‘deshace’ de él a los pocos días. Así funcionaba la máquina del terror.

Esta primera etapa de violencia dará paso en 1937 a otro tipo de ejecuciones ‘regulares’, que son las de las sentencias de muerte producidas tras juicio militar, y en especial sobre todos los huidos a zona ‘roja’ que lucharon en los frentes de batalla y que son capturados cuando cae el Frente Norte en octubre de 1937.

Javier González Fernández Llamazares http://www.ileon.com/actualidad/065744/los-paseos-en-leon-en-1936-los-asesinatos-de-los-abogados-fuertes-y-zuloaga

9 años de cárcel a los nazis argentinos por formar parte de una organización criminal

Un Tribunal Federal de Mar del Plata, en Argentina, emitió un veredicto histórico al condenar con penas de hasta 9 años y 6 meses de prisión a siete nazis por cometer violentos ataques de discriminación, superioridad racial y odio contra militantes políticos y sociales, personas de la comunidad trans y defensores de la igualdad de género entre octubre de 2013 y febrero de 2016.

En su alegato el fiscal Juan Manuel Pettigiani había pedido penas considerablemente menores. Las querellas consideraban que estaba probada la existencia de una organización nazi y habían solicitado condenas de hasta 15 años de prisión.

Este juicio significa la primera condena a un grupo que en democracia realizó violentos ataques motivados en crímenes cometidos por la ideología nazi, la intolerancia y el odio.

La lectura completa de la sentencia se hará el próximo 10 de mayo, aunque el presidente del Tribunal, Roberto Falcone, dio los principales argumentos para entender cómo llegaron a su conclusión.

Falcone criticó al fiscal, quien en su alegato no consideró que estaba probada la existencia de una agrupación criminal amparada en la ideología nazi y remarcó que tanto las golpizas, las amenazas, como los ataques adhieren a “un plan común” en el que, claramente, los condenados se sienten identificados y forman parte.

Para el presidente del Tribunal Federal, durante el debate oral la defensa y la fiscalía presentaron “un falso escenario”, en el que situaron estos delitos de odio como una confrontación entre “tribus urbanas” por la disputa del espacio público.

“La interpretación del fiscal es errónea. Los delitos realizados por los acusados incitan al odio, a la discriminación, la violencia, todos estos sentimientos destructivos del orden social y democrático”, consideró el juez.

“Son delitos que incitan al odio, a la violencia. Son delitos peligrosos para la sociedad, que envenenan el clima social y ponen en peligro el sistema de convivencia”, expresó Falcone, quien destacó que las víctimas no fueron elegidas al azar, sino por ser parte de colectivos vulnerables y minoritarios.

“El derecho jamás puede tratar al odio con benevolencia. En este sentido la incitación al odio hacia determinados grupos definidos crea un peligro cierto de generar un clima de violencia u hostilidad”, remarcó Falcone.

El juez explicó que el Estado “castiga a los intervinientes en este tipo de agrupaciones, porque si se espera que los integrantes de estas agrupaciones pasen a la acción el Derecho Penal llega demasiado tarde”.

“Debemos interpretar estos delitos en el contexto social actual. En este contexto se denominan delitos de pertenencia, de status”, dijo Falcone y, ante esta situación es que aseguró que “la organización ya supone una amenaza a la sociedad normativa”.

“La pertenencia a la organización se castiga con independencia a los hechos que se puedan cometer en el futuro”, explicó antes de dar a conocer las condenas.

http://www.lacapitalmdp.com/duras-penas-contra-neonazis-se-demostro-que-era-una-organizacion/

Los fascistas atacan a los inmigrantes acampados en una isla de Grecia

Al menos 10 personas fueron hospitalizadas y más de 100 detenidas tras un ataque fascista el fin de semana contra inmigrantes que desde hace cinco días acampan en el principal puerto de la isla de Lesbos, en Grecia.

La policía desalojó la plaza en el principal puerto de Mitilene tras de los enfrentamientos de la noche previa. Manifestantes locales arrojaron bengalas y petardos contra los manifestantes y prendieron fuego a los contenedores de basura.

La televisión pública señala que la mayoría de los heridos eran inmigrantes y que ninguno de los casos es de gravedad.

Las protestas de los refugiados comenzaron después de que un tribunal dictaminara la semana pasada que los inmigrantes que arribaban a las islas griegas procedentes de Turquía podían viajar a Grecia continental para solicitar asilo. El fallo no tiene efecto retroactivo, lo que significa que los migrantes que ya estaban en el lugar no podían salir.

Antes de los disturbios, el alcalde de la isla, Spyros Galinos, renovó su compromiso con el gobierno de reducir los altos niveles de hacinamiento en Lesbos y otras islas.

Según el pacto entre la Unión Europea y sus asociados, el gobierno de Atenas, primero, debía enviar los refugiados de las islas hacia el continente para, luego, mandarlos a Turquía, el país del mundo que más refugiados acoge: 3,5 millones. Pero el flujo de las islas al continente ha sido muy limitado.

https://www.eleconomista.com.mx/internacionales/Ultras-atacan-a-refugiados-en-Lesbos-20180423-0128.html

Cientos de neonazis han celebrado el cumpleaños de Hitler en el este de Alemania

Este fin de semana ha tenido lugar en la pequeña localidad de Ostritz, de tan solo 2.300 habitantes, un festival para celebrar el cumpleaños de Hitler. Ha sido la primera edición de “Schild und Schwert” (“Escudo y Espada”) que lleva las iniciales SS, una celebración que pretenden repetir en años sucesivos.

El festival ha durado todo el fin de semana y ha incluido conciertos, actividades deportivas, una feria de tatuajes y la venta de productos con consignas, camisetas con frases como “I <3 HTLR”, carros de combate de juguete y demás parafernalia típica con la que se financian.

En los carteles a la venta se podían leer textos como “Hermandad Aria” o “Más guarderías, menos centros de asilo” que llevaban el anagrama del Partido Nacional Democrático.

Los vecinos han reaccionado organizado actividades paralelas, tales como la llamada “fiesta por la paz”, un concierto contra el fascismo y una manifestación de grupos progresistas.

“Si la gente puede reunirse y celebrar el cumpleaños de Hitler sin problemas, esto demuestra claramente que nuestras leyes y nuestra sociedad están enfermos”, opinó Sascha Elser, portavoz del movimiento antifascista “Rechts Rockt Nicht”, en una convocatoria para celebrar una contramanifestación.

Desde 2014 las celebraciones neonazis son cada vez más frecuentes en Alemania. Las reuniones pacíficas están permitidas en Alemania, aunque no así las esvásticas o saludos nazis, motivo el cual la policía detuvo a un hombre de 31 años que hizo el saludo nazi.

A diferencia de Alemania, en Polonia dos hombres fueron detenidos el sábado por propagar el fascismo al organizar otro concierto de aniversario de Hitler. Unos 300 policías realizaron una redada en Dzierzoniow, acompañados de agentes de la Agencia de Seguridad Interna de Polonia.

Las agresiones son habituales en este tipo de convocatorias. En 2015, durante una manifestación convocada por los neonazis alemanes para protestar contra la llegada de refugiados procedentes de Siria, fueron golpeados brutalmente cinco colombianos pertenecientes al grupo neonazi Tercera Juerza que viajaron a Alemania para apoyar a sus colegas alemanes, que les confundieron con refugiados sirios.

El apoyo de la multinacional IBM al franquismo durante la guerra civil

Hitler con Watson, el presidente de IMB
La dilatada historia de IBM, fundada en 1911 con el nombre de CTR (Computing Tabulating Recording Corporation), no está exenta de sombras que empañan sus muchas luces. Bajo el paraguas de la multinacional centenaria se inventaron el cajero automático, el disquete, el disco duro y aún hoy la empresa asombra al mundo con el desarrollo de su inteligencia artificial, llamada Watson en honor al más dirigente de la multinacional. Sin embargo, las vicisitudes empresariales llevaron a IBM a negociar con los regímenes fascistas en España y Alemania.

“En los primeros 3 meses de 1939, IBM vendió 700.000 tarjetas perforadas a España”, asegura el investigador estadounidense Edwin Black. El país estaba en plena Guerra Civil y el destinatario de aquellas cartulinas preparadas para contener información no era otro que el bando sublevado de Francisco Franco.

Hijo de judíos supervivientes de campos de concentración, Black es el autor de “IBM y el Holocausto”, un libro en el que se pone de manifiesto la colaboración de la compañía dirigida por Watson con los nazis durante la Segunda Guerra Mundial a través de la venta de maquinaria y tarjetas perforadas que, entre otras cosas, se utilizaron para la organización de los campos de concentración. Sin embargo, aquella no era la primera operación de IBM en suelo europeo en tiempos bélicos.

“Si recibes tantas tarjetas perforadas en tan poco tiempo, estás preparado para multiplicar tus operaciones”, explica el investigador. Y el momento en que llegó esa venta masiva al bando de Franco no fue casual. El material tecnológico se recibió a comienzos de 1939, cuando apenas faltaban semanas para que Franco suscribiera, desde Burgos, el último parte de guerra dando por finalizada la contienda. “La ayuda de IBM fue clave para que Franco ganara la Guerra Civil”, sentencia Black.

Aquel parte del 1 de abril de 1939 fue el del célebre “cautivo y desarmado el Ejército Rojo”. Según Black, las tarjetas perforadas habrían sido utilizadas por Franco y los suyos precisamente para eso: dar caza y recluir a sus oponentes. “Se les dio un uso relacionado con el censo militar, pero también para las encarcelaciones y la organización de prisioneros en campos de concentración y, sobre todo, para que los servicios secretos [el SIPM, Servicio de Información y Policía Militar] persiguieran a republicanos”, desglosa el investigador.

Las tarjetas de IBM “fueron programadas para rastrear a los partidarios del Gobierno democrático para que pudieran ser detenidos”, añade el historiador Edwin Krales, que también ha indagado acerca del papel de la tecnológica en los grandes acontecimientos de la primera mitad del siglo XX. Estos contenedores de información eran la clave para que las tabuladoras Hollerith fueran útiles. “Configuraban las máquinas para cualquier cosa que estuvieran buscando”, explica Krales.

No obstante, Black aclara que la relación entre IBM y los regímenes de Hitler o Franco era estrictamente comercial. “IBM vendía estas tarjetas perforadas no por afinidad al fascismo, sino porque aspiraba al dominio mundial de la informática”, argumenta.

Con ello, Black no resta importancia a la colaboración del gigante tecnológico con el golpe militar en España o el Holocausto nazi. De hecho, a día de hoy, el autor se dedica a recorrer las facultades de Informática de medio mundo pidiendo, con las sombras de Watson y la multinacional como argumento, que el nombre del dirigente de IBM desaparezca de rincones honoríficos de las universidades. “IBM nunca ha pedido disculpas ni ha dado explicaciones por los miles de muertes que provocó en la Guerra Civil”, denuncia el investigador.

Si la Guerra Civil sirvió de campo de pruebas para que los contendientes de la entonces futura II Guerra Mundial experimentaran el potencial de su armamento, para IBM la oportunidad de vender su material al bando franquista no fue muy distinta. “La Guerra Civil se convirtió en el terreno de prueba para averiguar la eficacia de las tarjetas perforadas”, explica Krales.

Tras la Guerra Civil, prosigue, IBM seguía produciendo tarjetas perforadas que se usaron en los territorios ocupados por los nazis “para llevar a cabo sus redadas”. Hoy, una de estas tabuladoras se conserva en el Museo del Holocausto de Washington, y fue precisamente ante esta máquina donde Black se preguntó por primera vez cuál era la relación entre IBM y la Alemania nazi. Años más tarde, publicaría su investigación.

Volviendo a España, lo cierto es que una vez terminada la guerra antifascista, la relación entre Franco y la tecnológica estadounidense no se dio por concluida. Una noticia publicada el 4 de enero de 1946 por el diario ABC anunciaba la “entrega al Caudillo de un importante donativo” procedente de las arcas de IBM. “La International Business Machine Corporation, de Nueva York, hace donación de 109.000 pesetas para su reparto entre las clases más necesitadas”, explicaba la nota.

50.000 de esas pesetas iban a parar directamente a manos de Franco, según ABC, para que él fuera el encargado de repartirlas. El dictador agradecía entonces “los generosos sentimientos filantrópicos de Mr. Watson, recordando al propio tiempo que no es la primera vez que este señor envía donativos a España”.

Para Black, estas habituales donaciones que el propio Watson hacía a través de su empresa habrían sido más bien una suerte de pagos por los servicios prestados. “España se convirtió en un país neutral importante: era un interlocutor entre Nueva York y Alemania”, argumenta el investigador.

El comercio directo con Alemania e Italia (tanto con sus Gobiernos como con sus empresas) estaba completamente prohibido para las empresas estadounidenses. Sin embargo, España y Suiza eran las grietas perfectas por las que colarse: su condición oficial de países neutrales durante la Segunda Guerra Mundial los convertía en la puerta de entrada para que IBM introdujera sus tarjetas perforadas con destino final en las potencias del Eje. “España funcionó como un socio para IBM”, sentencia Black.

La relación comercial de IBM con el fascismo se habría extendido durante casi una década por medio de la venta de material tecnológico.

https://www.elconfidencial.com/tecnologia/2018-04-21/otra-historia-de-ibm-tarjetas-franquismo-guerra-civil_1552819/

 El fascismo está indisolublemente ligado al monopolismo y la técnica nunca ha sido un instrumento políticamente ‘neutral’.
No hay más que ver esta tarjeta perforada de IMB con el emblema nazi

El franquismo contra la cultura: la quema de libros en la España más negra (1936–1939)

Cuando se habla de quema de libros en el siglo XX, la imagen que suele venir a la retina es la Beberplatz de Berlín el 10 de mayo de 1933, escenario de una gran hoguera en la que ardieron miles de ejemplares de obras consideradas “antialemanas”. Ni que decir tiene que, a lo largo de la historia, ha habido muchos otros episodios de fuego purificador, desde el incendio de la biblioteca de Alejandría pasando por la quema de libros de Confucio en China durante la dinastía Qin, o el auto de fe de octubre de 1861 en Barcelona en el que fueron pasto de las llamas 300 volúmenes espiritistas, por citar solo tres de ellos. Menos conocido es el hecho de que, desde el golpe de julio de 1936 hasta el final de la guerra, numerosas piras se encendieron en las ciudades y pueblos de la España nacional en las que ardieron gran número de publicaciones tildadas de “antiespañolas” y “envenenadoras del alma popular”.En los primeras días del conflicto no se habían dictado todavía órdenes por parte de los nuevos gobernadores civiles sobre la prohibición de la literatura disolvente, pero el modus operandi de los sublevados incluía siempre la destrucción del “material peligroso” que constituían determinadas obras. Así, a la entrada de las fuerzas requetés en varias localidades de La Rioja, lo primero que hicieron fue depurar las bibliotecas y quemar los archivos de las distintas sedes sindicales, donde se suponía que existía “literatura perniciosa”.

En Córdoba, ya el 19 de julio una de las prioridades de los sublevados era también la limpieza de librerías y kioscos como lo señalaba el Jefe de Orden Público y teniente general de la Guardia Civil Bruno Ibáñez Gálvez en una nota publicada por el ABC de Sevilla el 26 de septiembre:

“En nuestra querida capital, al día siguiente de iniciarse el movimiento del Ejército salvador de España, por bravos muchachos de Falange Española fueron recogidos de kioscos y librerías centenares de ejemplares de esa escoria de la literatura que fueron quemados como merecían. Asimismo, muy recientemente, los valientes y abnegados Requetés realizaron análoga labor, recogiendo también otro gran número de ejemplares de esas malditas lecturas que deben desaparecer para siempre del pueblo español”.

En Palma, el primer día del golpe, el 19 de julio de 1936, según testimonio del cenetista Manuel Pérez (Osuna, Sevilla, 1887–Río de Janeiro, 1964), atrapado en la isla con motivo del congreso constituyente de la regional de la CNT en Baleares, los sublevados actuaron de forma similar:

“Ocupados los centros oficiales donde los rebeldes no hallaron la menor resistencia, se inició el asalto a las organizaciones obreras y a los locales donde tenían su residencia las agrupaciones de izquierdas. Nada escapó a la furia vandálica de las hordas fascistas. Después de destrozarlo todo: muebles, cuadros, instrumentos de trabajo, etc., recordando los autos de fe de la Santa Inquisición, hicieron hogueras con los libros que encontraron en las bibliotecas”.

La aversión a los libros llegó hasta extremos delirantes como recoge Josep Massot i Muntaner en Cultura i vida a Mallorca entre la guerra i la postguerra (1930–1950), (Abadia de Montserrat, 1978):

“L’odi contra els llibres m’ha estat confirmat per un testimoni de primer ordre: a Inca, per exemple, foren cremades totes les obres en català d’una biblioteca pública –entre les quals el primer volum del Diccionari Català–Valencià–Balear– i la biblioteca pública circulant de Sencelles –prou considerable– fou assaltada i, després de fer un caramull amb els llibres hom hi defecà al damunt”.

Por esas mismas fechas, en la localidad abulense de Barco, los libros de la Agrupación Socialista, los de la Sociedad de Oficios Varios y los de la Agrupación de Trabajadores de la Tierra “fueron destruidos por las Milicias a su llegada a esta localidad en los preliminares del Glorioso Movimiento Nacional”.

En Soria, el jefe de la Biblioteca Pública de la ciudad castellana, refiere, según José Andrés de Blas y Fernando Larraz en la primera entrega de “La Guerra Civil española y el mundo del libro. Censura y represión cultural (1936–1937)” que “en los primeros días del Movimiento Nacional, se dispuso la recogida inmediata de los pocos ejemplares que, sin destruir, quedaban en esta plaza, ya que, al pasar por Soria, la columna de requetés del general Mola, prendió fuego a los libros que había en un kiosco dedicado a dicho comercio y los que fueron recogidos después sufrieron la misma suerte en una dependencia de este Gobierno Civil”.

En la localidad cacereña de Herrera de Alcántara tuvo lugar una “expurga” de obras en la Biblioteca Municipal “verificada en los primeros días del Movimiento Glorioso” en la que se quemaron los libros considerados como literatura disolvente, según informó el consistorio del pueblo al Ministerio de Educación Nacional cuando este asumió las competencias en materia de bibliotecas.

En Córdoba se quemaron los libros de segunda mano de los puestos de la plaza de la Corredera como cuenta el escritor y abogado Carmelo Casaño Salido en su libro Nuestra ciudad (apuntes del recuerdo y las cosas) (Delegación de Cultura, Ayuntamiento de Córdoba, 1984):

“Un día desaparecieron los libros. Los compraron al peso y se los llevaron a Las Tendillas, para quemarlos, porque estaban celebrando las Misiones. La tarde de aquel domingo, después del sermón de un jesuita con bonete, ardieron, crepitando, los viejos libros que dormían en la Corredera. Definitivamente murieron todos: el Ars Amandi y La vida de San Esperanto. Él echó en la pira dos novelas de Hugo Wast, y todavía le duele la mano cuando lo recuerda”.

La censura de libros quedó bajo control militar en las primeras semanas de la guerra. De hecho muchos títulos incautados, que no fueron quemados, también fueron custodiados por las autoridades militares. El bando del 28 de julio de 1936, que declaraba el estado de guerra, imponía la censura previa de todo impreso o documento destinado a la publicidad o difusión. Posteriormente, la censura se estableció por orden del 29 de mayo de 1937 aunque se tendría que esperar hasta el 23 de abril de 1938 para su regulación con la Ley de Prensa, impulsada por Ramón Serrano Suñer y que tenía como objetivo que los españoles leyesen “noticias basadas exclusivamente en la verdad y en la responsabilidad”. Esta era la “noble idea” de la que debía impregnarse toda la prensa.

El periódico Arriba España de Pamplona en su primer número del 1 de agosto incitaba a la destrucción de libros en estos términos: “¡Camarada! Tienes obligación de perseguir al judaísmo, a la masonería, al marxismo y al separatismo. Destruye y quema sus periódicos, sus libros, sus revistas, sus propagandas, ¡Camaradas! ¡ Por Dios y por la patria!” Su director era el clérigo falangista Fermín Yzurdiaga, que acabaría siendo Jefe Nacional de prensa y Propaganda.

La diatriba del órgano oficial de Falange Española en Navarra fue seguida al pie de la letra por los soldados requetés que ocuparon Tolosa, el 11 de agosto. Los franquistas apilaron en la plaza Zaharra de la localidad guipuzcoana los libros de la imprenta de Ixaka López Mendizábal, los volúmenes en euskera de la biblioteca municipal, los de las escuelas y los quemaron.

El 14 de agosto los soldados del coronel Yagüe entran en Badajoz y, según informaba el Jefe de la Biblioteca Provincial de la capital pacense, a requerimiento de Javier Lasso de la Vega al hacerse cargo de la Jefatura de Archivos y Bibliotecas, organismo creado a fines de marzo de 1938:

“Pocos días después de conquistada esta capital por las tropas nacionales, se realizó, por elementos heterogéneos afectos al movimiento, una visita de inspección y requisa por todas las librerías y kioscos en los que se recogieron cuantos libros de carácter extremista y pornográfico fueron hallados y se reunieron en la Oficina de Censura Militar donde una vez comprobada la tendencia perniciosa fueron condenados al fuego”.

La primera gran quema pública se produjo, sin embargo, en La Coruña el 19 de agosto de 1936. Más de 1.000 libros ardieron en varias hogueras en la dársena del puerto de la ciudad gallega, frente al Club Náutico. Se trataba de obras de autores como Blasco Ibáñez, Ortega y Gasset, Pío Baroja o Miguel de Unamuno junto a la biblioteca personal del diputado de Izquierda Republicana y presidente del Consejo entre mayo y junio de aquel año, Santiago Casares Quiroga (La Coruña, 1884–París, 1950) y la del centro de estudios sociales “Germinal” de la urbe coruñesa.

El acto presidido por un sacerdote apellidado Maseda (que hizo la selección de volúmenes a incendiar) fue recogido en el periódico El Ideal Gallego el 19 de agosto:

“A orillas del mar, para que el mar se lleve los restos de tanta podredumbre y de tanta miseria, la Falange está quemando montones de libros y folletos de criminal propaganda comunista y antiespañola y de repugnante literatura pornográfica”.

En Galicia también se incautaron los bienes de la sociedad “Alianza Republicana” de Carballo, en La Coruña, cuya documentación se conserva. Se decomisaron en los locales el Reglamento de la Sociedad y el Libro de Actas. El gobernador civil dispuso la destrucción del material confiscado con estas palabras: “Debo manifestarle que procede sean quemados los libros y demás documentos incautados y los fondos que existan deberán remitirlos a esta Delegación”.

La inquina en contra de las lenguas no castellanas provocó el asalto y la quema de los libros de la editorial gallega Nós y su director, Anxel Gasol, fue fusilado.

En Oviedo, tras la entrada el dia 8 de agosto de una Columna Gallega, de inmediato se clausura la B.P.C. (Biblioteca Popular Circulante) y parte de la directiva sufre la represión política o el exilio. La biblioteca es expurgada y las obras de Felipe Trigo, Blasco Ibáñez o José María Carretero arden en la Pedrera, seleccionadas por el poeta Casimiro Cienfuegos, entre otros.

En estos primeros meses de la guerra no solamente las bibliotecas y librerías fueron blanco de la ira de los sublevados sino que también la padecieron los propietarios en sus personas.

La primera disposición de la Junta de Defensa Nacional, organismo de gobierno de la España sublevada hasta el 30 de septiembre, sobre depuración de bibliotecas y el control de las lecturas fue la Orden del 4 de septiembre en la que acusaba al Ministerio de Instrucción republicano de haber difundido obras marxistas entre la infancia. Por ello era necesario hacer desaparecer esas publicaciones de escuelas y bibliotecas y obligaba a la destrucción de las mismas, autorizando solo aquellas “aquellas cuyo contenido responda a los sanos principios de la Religión y de la Moral, y que exalten con su ejemplo el patriotismo de la niñez”.

Ese mismo día Queipo de Llano hacía público su bando número 25 en cuyo segundo punto se obligaba a todos los establecimientos editoriales, a las librerías y a los kioscos radicados en la Segunda División Orgánica a entregar todas las publicaciones prohibidas a las autoridades militares en un plazo improrrogable de 48 horas. Y en el tercer punto se hacía extensiva esta obligación a todos los particulares, a entidades públicas y a corporaciones privadas.

Atendiendo a esta bando, los falangistas de Sevilla, según el testimonio del delegado de Propaganda, Antonio Bahamonde, recorrieron las editoriales y librerías. Las obras de autores que, según su criterio, eran de tendencia marxista, eran requisadas y destruidas allí mismo.

El carácter indiscriminado de la purga lo puso de manifiesto incluso un historiador poco sospechoso de afinidad con el bando republicano como Rafael Abella en La vida cotidiana durante la guerra civil. La España nacional (Planeta, 1973):

“En cuanto a la censura de libros, su implantación tuvo características inicialmente draconianas en expurgo de bibliotecas públicas y privadas y retirada de la venta de toda la literatura conceptuada de pornográfica, de marxista, de ácrata o de disolvente, término en el que incluía lo que era de matiz contrario a la línea del Movimiento. Desde Nakens a a Martín de Lucenay, desde Belda a Kropotkin se quemaron en grandes piras que, a modo de autos de fe, convirtieron en humo un montón de letra impresa considerada nefasta– y, en ciertos casos con razón–, para los españoles. Y digo en ciertos casos porque al socaire de esta depuración se destruyeron muchos libros de editoriales tachadas de peligrosas –Cenit, Oriente, Ulises, España– y otros tantos editados por Biblioteca Nueva, por Pueyo y por Espasa–Calpe. Entidades significadas en lo literario más que en lo social”.

El 23 de diciembre de 1936, la Junta Técnica del Estado –creada por Franco en octubre del mismo año y sucesora de la Junta de Defensa Nacional de España– promulgó un Decreto que declaraba ilícitas todo tipo de publicaciones socialistas, comunistas, libertarias, pornográficas y disolventes.

Esta disposición legal contemplaba sanciones contra aquellos que incumplieran su aplicación. Las infracciones implicaban una multa de 5.000 pesetas y si se reincidía aquella aumentaba un quíntuplo y además llevaba aparejada la pérdida de empleo público, o bien la inhabilitación del sancionado para el ejercicio de la industria editorial o de librería, así como el cierre del respectivo establecimiento.

En estos primeros meses de la guerra algunos libreros y bibliotecarios pagaron con la vida su compromiso con la cultura. Es el caso del librero Miguel d’Iom de Ceuta, asesinado en una de las sacas por los sublevados junto a otros militantes anarquistas de la ciudad. No fue un caso aislado.

En agosto la prensa cordobesa informaba de la detención del librero, editor e impresor Rogelio Luque (Priego, Córdoba, 1897– Córdoba, 1936), librepensador, naturista y esperantista. Editó y colaboró en numerosas revistas culturales como Popular, La Pluma, Biblis y Quijote y fundó, con su hermano la librería Luque que, con diferentes emplazamientos, pervivió hasta los años noventa. Los rebeldes lo fusilaron el 16 de agosto.

Pilar Salvo, maestra de Zaragoza, responsable de una biblioteca infantil fue asesinada en aquel mismo mes.

Juana María Capdeviele

Juana María Capdeviele Sanmartín (Madrid, 1905–Rábade, Lugo, 1936), pedagoga y bibliotecaria, fue la primera mujer jefa de una biblioteca de facultad (la de Filosofía y Letras) de la Universidad Central de Madrid, puesto al que accedió en 1933. Además desarrolló una importante labor como jefa técnica de la biblioteca del Ateneo de la capital española. En 1936 se casó con Francisco Pérez Carballo, el cual sería designado, tras la victoria del Frente Popular, gobernador civil de La Coruña.En el ejercicio de su cargo fue apresado y asesinado el 25 de julio. Al llamar al Gobierno Civil para tener noticias de su esposo, se le comunicó que sería recogida –estaba embarazada–, y conducida junto a él. Sin embargo, fue detenida y encarcelada y se la puso al tanto de la trágica suerte de su cónyuge. En la noche del 18 de agosto fue asesinada y se encontró su cuerpo con dos tiros en las proximidades de Rábade, en Lugo.

Los profesionales que habían permanecido en la zona gubernamental fueron sancionados a posteriori a medida que los franquistas iban ocupando los territorios. Así, María Moliner (Paniza, Zaragoza, 1900–Madrid, 1981), una de las máximas responsables del servicio de bibliotecas durante la guerra en Valencia y autora del Plan de Bibliotecas Públicas de 1938, fue expedientada por colaborar con la política republicana. Carmen Caamaño fue separada definitivamente del Cuerpo de Archivos y Bibliotecas por orden del 29 de julio de 1939 a causa de su militancia política, por citar solamente dos casos.

La primera biblioteca universitaria purgada fue la de Valladolid en 1937 de la que se quemaron miles de libros en varias hogueras y algo parecido sucedió en la de Santiago de Compostela donde los libros de Castelao sufrieron un destino incierto. Tales acciones contaron con el apoyo de rectores como el de la Universidad de Zaragoza, Gonzalo Calamita Álvarez.

El 16 de septiembre de 1937 se promulgó otra normativa sobre la formación de comisiones depuradoras de las bibliotecas públicas y centros de lectura en cada distrito universitario. En todos los distritos universitarios debían formarse comisiones depuradoras presididas por el rector o un delegado suyo y formada por un catedrático de la Facultad de Filosofía y Letras, un representante de la autoridad eclesiástica, un funcionario del Cuerpo de Facultativos de Archiveros y Bibliotecarios, un representante de la autoridad militar, otro de la Delegación de Cultura de FET de las JONS y otro de la Asociación Católica de Padres de Familia. Las comisiones debían retirar aquellos “libros, revistas, publicaciones, grabados e impresos que contengan en su texto láminas o estampados con exposición de ideas disolventes, conceptos inmorales, propaganda de de doctrinas marxistas y todo cuanto signifique falta de respeto a la dignidad de nuestro glorioso Ejército, atentados a la unidad de la Patria, menosprecio de la Religión Católica y de cuanto se oponga al significado y fines de nuestra Cruzada Nacional.

Estas comisiones, una vez analizados los fondos, debían enviar a la Comisión de Cultura y Enseñanza las listas con los títulos de las publicaciones que considerasen un peligro para los lectores. En la Comisión de El Ferrol participó el escritor Gonzalo Torrente Ballester. Después la Comisión de Cultura examinarían los listados haciendo la siguiente clasificación: por un lado las obras pornográficas de carácter vulgar sin ningún mérito literario. Por otro las publicaciones destinadas a propaganda revolucionaria o a la difusión de ideas subversivas sin contenido ideológico de valor esencial. Y finalmente, aquellos libros y folletos con mérito literario o científico, que por su contenido ideológico pudieran ser nocivos para los lectores “ingenuos o no suficientemente preparados para la lectura”. Los dos primeros grupos serían destruidos, mientras que el último permanecería guardado en los respectivos establecimientos en espacios restringidos. Estas obras sólo podrían ser consultadas con un permiso especial. La sala con libros prohibidos empezaron a proliferar a partir de entonces, los llamados infiernos. El infierno de la Biblioteca Pública de Oviedo no fue abierto al público hasta 1975.

Como se ha comentado anteriormente, uno de los motivos de la purga de libros era la destrucción de las publicaciones que “menospreciaban” la religión católica. En tal empeño, los rebeldes contaron con la colaboración, salvo en contadas excepciones, de las autoridades eclesiásticas. Un ejemplo de ello es la pastoral del obispo de Palencia, Manuel González y García (Sevilla,1877–Madrid,1940) “Lecciones de la tragedia presente. Preparando soluciones para la posguerra”, de noviembre de 1937 donde abogaba por la desinfección cultural y por la reconstrucción del pensamiento sobre las ruinas del liberalismo secularizador. El prelado acusaba al gobierno republicano de haber promovido la difusión de una literatura extranjerizante, anticatólica y pornográfica:

“Libros sobre cuestiones sexuales se vendían donde quiera rápidamente, y era una gran cantidad de prosa tóxica y pornográfica se ofrecía abiertamente en los quioscos. Ganapanes, aprendices, muchachas de servir, mozuelas de taller, elementos generalmente jóvenes y poco preparados, rodeaban los tenderetes de aquella baja mercancía, que el gobierno republicano ofrecía al pueblo para que… se ilustrase. La campaña pornográfica iba junto con la propaganda comunista. Había interés en debilitar el sentimiento y la dignidad de la institución familiar y de todas aquellas fuerzas morales que fuesen obstáculo a la demagogia moscovita”.

Manuel González García fue canonizado por el Papa Francisco en marzo del 2016 en Roma. A la ceremonia asistió una delegación española presidida por el entonces ministro del Interior Jorge Fernández Díaz, el alcalde de Palencia, Alfonso Polanco Rebolleda y la presidenta de la Diputación, Ángeles Armisén Pedrejón. Las campanas de la ciudad castellana repicaron ese día para celebrarlo.

El jesuita Constancio Eguía Ruiz (Santander, 1871–?) se distinguió, igualmente, por su ataque al libro porque consideraba que las publicaciones difundidas durante la República eran una de las mayores responsables de la tragedia de la guerra civil. Arremetió contra los sellos más innovadores que se hicieron eco de la literatura antibelicista y social de entreguerras y de la teoría política y social como Zeus, Cenit, CIAP, Hoy, Caro Raggio e incluso contra firmas convencionales como Espasa–Calpe, Revista de Occidente y Dossat que se habían dejado arrastrar al incluir colecciones y títulos “malignos” para hacer negocio y estar en boga.

En mayo de 1938, el obispo de Salamanca Enrique Pla y Daniel (Barcelona, 1876– Toledo, 1968) publicó otra pastoral titulada Los delitos del Pensamiento y los falsos ídolos intelectuales, menos conocida que la de Las dos ciudades, un duro alegato contra el liberalismo, origen de todos los males y contra la libertades de prensa, creación y lectura.

La Iglesia “adora la Verdad, pero no es fetichista del libro, porque sabe que hay libros buenos y libros malos, libros benéficos y libros venenosos y corruptores. ¡El fetichismo del libro, de los intelectuales! ¿Podrán medirse los estragos que ha causado, sobre todo desde fines del siglo décimo octavo, el no querer distinguir entre libros buenos y malos y dar beligerancia a cuanto se presente en tipos de imprenta en tipos de imprenta? Esta ha sido la tesis del liberalismo”.

El papel de FET de las JONS fue también decisivo. Así, en 1938 el falangista Fernando García Montoto, furibundo partidario de la quema de libros, folletos, periódicos y de la eliminación física de sus autores en En el amanecer de España (Tetuán, Imprenta Hispana, 1938) denunciaba en estos términos las preversidades de ciertas obras:

“Significa que el libro y la prensa mal inspirados –verdaderamente estupefacientes del alma– habían intoxicado ya la conciencia colectiva, aletargándola. Significa, en fin, que el Enemigo estaba a punto de conseguir su objeto, de corromper la médula de un gran pueblo. Guerra, por tanto, al libro malo. Imitemos el ejemplo que nos brinda Cervantes en el capítulo sexto de su Obra inmortal”.

E incitaba a encender hogueras en todos los pueblos para destruir los libros envenenadores del alma popular:

“Y que un día próximo se alcen en las plazas públicas de todos los pueblos de la nueva España las llamas justicieras de fogatas, que al destruir definitivamente los tóxicos del espíritu almacenados en librerías y bibliotecas, purifiquen el ambiente, librándolo de sus mismas contaminadores. ¡Arriba España! ¡Viva Franco! ¡Viva España!”

La exhortación de García Montoto a hacer piras con los libros malignos fue seguida al pie de la letra por los falangistas que habían ocupado Madrid el 28 de marzo de 1939. Un mes después, el 30 de abril, tuvo lugar lo que el periódico Ya calificaba en su edición del 2 de mayo como “Auto de Fe en la Universidad Central”. Era la manera que tenía el Sindicato Español Universitario (SEU) de celebrar la Fiesta del Libro. El periódico nacionalcatólico reproducía el discurso que pronunció para la ocasión Antonio de Luna, catedrático de Derecho, que había permanecido en la ciudad durante la guerra formando parte de la Quinta columna. En 1940 fue apartado de su cátedra.

Don Antonio Luna comenzó su discurso con la lectura de un pasaje del Quijote y, finalmente, se leyó el acta del auto de fe, redactada en rudos y rotundos términos: “Para edificar a España Una, Grande y Libre, condenamos al fuego los libros separatistas, los liberales, los marxistas, los de la leyenda negra, los anticatólicos, los del romanticismo enfermizo, los pesimistas, los pornográficos, los de un modernismo extravagante, los cursis, los cobardes, los seudocientíficos, los textos malos y los periódicos chabacanos. E incluimos en nuestro índice a Sabino Arana, Juan Jacobo Rousseau, Carlos Marx, Voltaire, Lamartine, Máximo Gorki, Remarque, Freud y al Heraldo de Madrid. Prendido fuego al sucio montón de papeles, con alegre y purificador chiporroteo, la juventud universitaria, brazo en alto, cantó con ardimiento y valentía el Cara al Sol.

Francesc Tur https://serhistorico.net/2018/04/04/el–bibliocausto–en–la–espana–de–franco–1936–1939/

Un fascista posa satisfecho tras quemar libros en Tolosa, Gipuzkoa

No hay delitos de odio sino crímenes fascistas

Juan Manuel Olarieta

Aquí y en casi todo el mundo son muchos los que se lamentan, una y otra vez, del retroceso de las fuerzas revolucionarias, de la falta de conciencia y del auge de la “ultraderecha” cuando ellos mismos son expresión de ese retroceso y contribuyen a alimentarlo a cada paso.

Recientemente uno de los sitios progresistas más característicos, el Salto Diario, recordaba los 25 años del asesinato de Guillem Agulló, lo que calificaba como uno de esos “delitos de odio” (1) que han hecho famosos últimamente (2) y que, como tantas otras frases vacías, lo mismo sirve para un roto que para un descosido.

El secuestro de la conciencia empieza por el secuestro del lenguaje. Hay que llamar a las cosas por su nombre: el asesinato de Guillen Agulló fue un crimen fascista, uno de tantos.

Como en todos los demás crímenes de la misma naturaleza, a la sangre le siguió otro fenómeno del que todos se lamentan, la impunidad de los criminales, algo sobre lo que nadie repara con el detenimiento que merece.

Sabemos que podemos culpar de un asesinato a personas y grupos a los que también calificamos de manera ambigua y confusa, recurriendo siempre a eufemismos, como “ultras”, por ejemplo, que es otra manera de no decir nada, es decir, que sirve para encubrir la realidad, sobre todo si nos hemos creído que esos grupos son dispersos, locales o autónomos.

La pregunta interesante es: ¿quién es responsable de la impunidad de los crímenes fascistas? Sólo cabe una respuesta: el Estado. No se trata de la protección de unos u otros fascistas. Da lo mismo que el crimen se cometa en Valencia, o en Madrid, o en Barcelona. En pleno siglo XXI los crímenes fascistas quedan impunes porque todos ellos tienen un poderoso cómplice: el Estado.

Cuando el Estado asegura la impunidad de un cierto tipo de delitos es porque quiere promocionarlos y controlarlos. Por lo tanto, el fascismo no son grupos, colectivos, partidos o minorías violentas, sino la instrumentalización política que el Estado hace de sus actividades criminales. Una cosa (los fascistas) no se puede separar de la otra (el Estado). Ambos son igualmente fascistas, pero especialmente el segundo, el Estado.

Esta mañana el titular de un periódico mexicano expone una alarma hipócritca, típica de la manera en que la burguesía encubre este tipo de fenómenos: “Alertan sobre avance de ultraderecha”(3). Otro titular de hace unos días es también característico: “Ultraderecha cobra auge en Europa Central y Oriental” (4).

En un caso la noticia se refiere a Latinoamérica; en el otro a Europa. Blanco y en botella: el fascismo está en auge en todas partes y nadie hace nada por impedirlo, en especial el Estado, que es a quien corresponde perseguir los crímenes fascistas.

No es nada nuevo respecto a los años treinta, la época en la que surgió el fascismo, un movimiento que ascendió en medio de un ola de crímenes, todos los cuales fueron apoyados y sostenidos por los respectivos Estados en los que se cometieron.

Nos suelen acusar de que calificamos a todo como “fascista”. En realidad, son ellos los que reducen el fascismo a las personas y grupos que se reconocen como tales. El Estado no tiene nada que ver con eso, dicen. Incluso el Estado es neutral, lo cual se compadece muy mal con la impunidad de la que ha hecho gala hasta ahora, tanto en lo que se refiere a la memoria histórica como a los crímenes cometidos tras la transición.

Ese ha sido el argumento de un juez de Madrid para sacar a la División Azul de la ley de memoria histórica y mantener el nombre de una calle de la capital dedicada a una unidad que luchó codo con codo en las filas del ejército hitleriano. Para el juez la División Azul no era de color azul.

Es más, los propios jueces no son fascistas, sino independientes; están sometidos a la ley, que tampoco es fascista.

La Iglesia católica en España tampoco es fascista, ni lo fue nunca, a pesar de que una de las denominaciones tradicionales del franquismo fuera el de “nacionalcatolicismo”.

Después los oportunistas sacan a relucir el catálogo de postmoderneces para difuminar al fascismo en un archipiélago característico: machismo, xenofobia, antisemitismo, islamofobia, homofobia… Todas ellas son ajenas al fascismo, a las clases sociales, al imperialismo… El racismo no tiene que nada que ver con eso; son cosas diferentes. Se puede ser racista sin ser fascista. Todos debemos respetar las etiquetas con las que cada cual se define a sí mismo: conservadores, nacionalistas, derechistas, cristianos, identitarios… Lo que nadie se detiene a explicar son las razones por las que todas esas etiquetas, tan diferentes, confluyen en las mismas personas y partidos políticos.

Cuando la burguesía no quiere ver el fascismo en ninguna parte, es porque ya se ha impuesto por doquier.

(1) https://www.elsaltodiario.com/crimenes-de-odio/25-anos-asesinato-neonazi-guillem-agullo
(2) http://crimenesdeodio.info/
(3) http://almomento.mx/alertan-sobre-avance-de-ultraderecha/
(4) http://www.ntrguadalajara.com/post.php?id_nota=96024

De los Juegos Olímpicos hitlerianos de 1936 a la Copa del Mundo de Fútbol 2018

Afortunadamente, los diplomáticos británicos, viejos zorros del imperialismo, ya no son lo que eran. Su mejor ejemplo es el mentecato de Boris Johnson, cabecilla actual del Foreign Office que hace unos días comparó a Putin con Hitler y ha reincidido en otra comparación del mismo nivel: la Copa del Mundo de Fútbol de este año en Moscú con los Juegos Olímpicos de Berlín en 1936.

El 14 de marzo la Primera Ministra británica Theresa May dijo que ningún alto funcionario o miembro de la familia real británica viajaría a Rusia este verano para la Copa del Mundo de 2018.

El intelecto de los miembros del gobierno de Londres no da para más. Cuando la semana pasada se lo contaron a Maria Sajarova, la portavoz de la cancillería rusa, volvió a responder de una manera ingeniosa, dando la vuelta al asunto. No hay tal equiparación: los diplomáticos británicos estuvieron presentes en los Juegos Olímpicos del III Reich pero no irán a la Copa del Mundo de Moscú.

Además de los representantes diplomáticos que en 1936 estuvieron presentes como parte de sus obligaciones, varios políticos y funcionarios británicos fueron allá por su propia voluntad, dijo Sajarova. “Conseguimos encontrar un folleto titulado ‘Los invitados de honor de los XI Juegos Olímpicos’. Lo tengo en mis manos. ¿Quién representó al Reino Unido en los Juegos Olímpicos de 1936?”, añadió la portavoz rusa, que leyó una lista de ocho asistentes.

“¿Qué hacían esos señores en casa de Hitler”, volvió a preguntar Sajarova. Era retórica: los británicos fueron a Berlín a mantener contactos con los dirigentes nazis.

“Las personas mencionadas participaron en eventos oficiales relacionados con los Juegos Olímpicos. Estaban en el estadio, estaban presentes en la ceremonia de inauguración. Habían mantenido contactos activos con funcionarios alemanes en Berlín”, resumió Sajarova.

A diferencia de los representantes del cuerpo diplomático acreditados en aquel momento en Alemania y presentes en los eventos deportivos como parte de sus funciones, “los miembros de la clase dirigente británica habían venido a Alemania por su propia voluntad”.

“Quiero destacar: en Berlín, en Hitler, en 1936, vinieron como representantes de la clase dirigente británica, como miembros de la Cámara de los Lores, como aristócratas. Quiero recordar que en 1936 Alemania todavía estaba envenenada por la ideología que conocemos”, dijo la portavoz, antes de recordar que el sistema de campos de concentración ya existía y que las leyes raciales de Nuremberg se aplicaban a quienes se oponían al régimen nazi, a los elementos que éste consideraba antisociales, etc.

Por razones políticas e ideológicas, la URSS no participó en los Juegos Olímpicos hasta 1952. Una de ellas fue la negativa del Comité Olímpico Internacional a tener contacto directo con la Unión Soviética, el mismo Comité Olímpico Internacional que había “apreciado mucho el nivel de organización de los Juegos Olímpicos de Berlín”, explicó Sajarova.

“Sr. Boris Johnson, ¿no le parece vergonzosa o nauseabunda la participación de tantos funcionarios británicos en la ceremonia de apertura de los Juegos Olímpicos de 1936? Todas esas honorables personalidades británicas, esos señores, ¿qué hacían en la casa de Hitler? Explícaselo a tus ciudadanos”, concluyó Sajarova.

Los neonazis siembran terror en Berlín

En 2016 los vecinos del popular barrio berlinés de Neukölln que se atrevieron a desafiar a los neonazis o a expresar su apoyo a los refugiados fueron objeto de ataques incendiarios, las ventanas de sus domicilios fueron destrozadas y sus casas fueron marcadas con pintadas fascistas y racistas.

El movimiento ReachOut contabilizó 38 agresiones de ese tipo hace dos años y 36 en 2017. A principios de 2018, la junta municipal emitió una resolución en la que le pedía a la policía clasificar esos actos como “terrorismo”.

Ferat Kocak, un ciudadano de origen turco que trabaja para una universidad privada en Berlín, es sólo una de las personas que vio arder su propiedad –su automóvil– en febrero de este año.

El mismo día, un incendio provocado destruyó una librería especializada en literatura política de izquierda. Pintadas que rezan “cerdo rojo” o “rata de izquierda” no han cesado de aparecer en Neukölln.

A veces, ignorar en la calle a los nazis del Partido Nacionaldemócrata de Alemania (NPD) o rechazar los pasquines que reparten basta para recibir de ellos una respuesta violenta.

Las víctimas y los militantes políticos de la zona señalan a un pequeño grupo de nazis, en especial a dos miembros de la sección local del NPD. Después de todo, alegan, quienes orquestan estos crímenes conocen muy bien Neukölln y los lugares de residencia de sus objetivos.

La gracia multicultural que sus habitantes le imprimieron a Neukölln lo ha convertido en uno de los barrios más atractivos de Berlín, pero también en blanco de ataques y crímenes perpetrados por los nazis.

Aunque sigue siendo el barrio más pobre de la capital alemana, Neukölln ya exhibe los síntomas típicos de la gentrificación: sus cafés, sus bares y sus restaurantes atraen a turistas como moscas; los estudiantes y los jóvenes profesionales pasan más tiempo allí que en sus propios vecindarios; inquilinos con mayor poder adquisitivo empiezan a desplazar a los inmigrantes que se establecieron allí antes, atraídos por los alquileres bajos… Más que cambiar de cara, la zona se encarece.

http://www.dw.com/es/berl%C3%ADn-neonazis-siembran-terror-en-neuk%C3%B6lln/a-43289038

 

Un pueblo de Guadalajara concluye la Semana Santa quemando un muñeco de Carles Puigdemont

Se trata del municipio de Luzón, situado a apenas 100 kilómetros de la capital alcarreña, y que es famoso por dos cosas: los llamados Diablos de Luzón, una celebración pagana que se realiza durante el carnaval, y porque su Ayuntamiento  (PSOE) ha comenzado los trámites para la instalación de una macrogranja porcina que tiene en guardia a varios municipios de la zona, a tenor de las consecuencias ambientales que conlleva.
En la Semana Santa luzonense es habitual hacer la quema del Judas, donde se expresa un deseo popular de que arda en el infierno el personaje elegido.
Históricamente, las figuras elegidas eran variopintas, desde el Príncipe Carlos de Inglaterra hasta Osama Bin Laden. Pero en esta ocasión, los promotores de los actos religiosos han elegido al líder del PDeCAT en el exilio Carles Puigdemont como la persona a la que hay que desearle la muerte, es decir, que esto se hace con el visto bueno del Obispado.
Además, es un aviso a navegantes a los emigrantes del pueblo residentes en Cataluña, que si bien no expresan una adhesión al independentismo, se muestran contrarios a este tipo de salvajadas e imposiciones, de la que participaron varios niños, haciendo los honores de prender la mecha que quemaría a Puigdemont.
En los años precedentes, se hizo lo mismo con Pablo Iglesias, líder de Podemos, o Manuela Carmena, la alcaldesa de Madrid, también con el apoyo de la Iglesia Católica.

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