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Un militar condenado por los falsos fusilamientos de Abena, en 1984, dio un seminario para los empresarios de Guadalajara

El General Jaime Íñiguez, en Guadalajara
El pasado jueves 21 de marzo, el general de división del Ejército de Tierra y comandante del Mando Conjunto de Operaciones Especiales, Jaime Íñiguez, dio una charla para acercar a los directivos de varias empresas de la provincia sobre cómo las tácticas militares pueden ser de gran ayuda dentro de la empresa. La charla estuvo llena de elogios hacia las Fuerzas Armadas y su «tesón» en situaciones de crisis, y el militar proponía trasladar estas tácticas al mundo empresarial, pues según él, la empresa es un escenario parecido a una guerra.
El autor de este seminario tiene motivos para pensar así. Y es que este general ascendido en 2014 por el gobierno de Mariano Rajoy a su actual puesto, fue protagonista hace algo más de tres décadas de un infame episodio revelador de quiénes son los verdaderos enemigos del Ejército español. El evento estaba organizado por la Fundación Ibercaja y la «Asociación para el Progreso de la Dirección» (APD).
Los falsos fusilamientos de Abena
El miércoles seis de junio de 1984 se intuía el inicio del verano en el
Pirineo. Con la caída del sol, y aprovechando que las temperaturas eran
ligeramente más suaves que en las jornadas precedentes, los vecinos de
Abena, un pequeño pueblo de Huesca situado a 20 kilómetros de Jaca,
coincidían en la Plaza Mayor y en las calles de localidad; era un buen
momento para cambiar un saludo y comentar las pequeñas incidencias del
día a día antes de retirarse a casa para cenar.

De repente ocurrió algo inesperado: comenzaron a oírse voces y gritos provenientes de la plaza. Los vecinos, movidos por la curiosidad, se acercaron a ver qué ocurría. Allí se encontraron con un grupo de una veintena de militares, vestidos de camuflaje y con las armas bien visibles que identificaba a quienes iban llegando. Les pedían los papeles, los interrogaban brevemente y los apartaban a un lado. Sin embargo, los vecinos de Abena no se preocuparon en demasía: la presencia de soldados en maniobras, procedentes de Jaca (donde tenía su sede la Brigada de Cazadores de Montaña) era relativamente habitual.

Lo extraño, sin embargo, era su actitud: el oficial al mando (un capitán), dio orden de reunir a todo el pueblo en la plaza. Los militares se dispersaron en pequeños grupos por las calles, llamando a las puertas y voceando. Unos minutos más tarde, las gentes de Abena –ahora sí, preocupadas y asustadas- se amontonaban delante de su ayuntamiento mientras un teniente procedía a leer en un papel un bando. Un bando de guerra. 
Concentraron a los habitantes en la plaza del pueblo
En silencio escucharon como el militar anunciaba que su compañía había tomado el pueblo y descubierto una “red de apoyo a la guerrilla”. Como represalia y en consonancia con las órdenes impartidas por la superioridad, pasarían por las armas a los cabecillas. Dicho esto, los soldados empujaron a dos personas contra uno de los muros del ayuntamiento. Los vecinos los reconocieron de inmediato: eran el alcalde de la localidad, Juan Galindo, y un vecino llamado Generoso Ara. Ante la consternación general, se formó un pelotón de fusilamiento al mando del mismo teniente que había leído el bando. Cuando el oficial gritó la orden de “¡Apunten!”, se oyeron lamentos y protestas. Una mujer comenzó a llorar, pero nadie reaccionó. Hay que tener en cuenta que menos de cincuenta años antes esta misma escena se había repetido en varios lugares de la provincia: los mayores de Abena sabían, por propia y dolorosa experiencia, que en España lo de fusilar a alcaldes en plena Plaza Mayor no era algo impensable, ni mucho menos.

“¡Fuego!”, ordenó secamente el teniente y un instante después el estruendo de la descarga ahogó el coro de murmullos y protestas. Muchos vecinos cerraron los ojos, como hicieron el alcalde y Generoso, convencidos de que –por motivos que desconocían- iban a morir. Pasó lo que pareció una eternidad pero, para alivio y pasmo general, los fusilados siguieron en pie, temblando de miedo e incredulidad. Los soldados, por su parte, comenzaron a reírse: “¡que eran balas de fogueo, hombre!”. Todo había sido, explicaron, parte de las maniobras, una pequeña broma. Que no se preocupasen, que ya se iban. 
Asalto de desconocidos a Radio Jaca
Los habitantes de Abena volvieron silenciosos a sus casas. Ese silencio perduró durante las jornadas siguientes. Tenían buenas razones para ser discretos: seis días después, uno de los vecinos se puso en contacto con Radio Jaca y contó lo ocurrido. La emisora lo difundió a las 22h mediante una grabación, ya que entre las 22 y las 23h los periodistas salían a cenar. 
En ese lapso de tiempo, un grupo de desconocidos asaltó la emisora, destruyendo todo el equipo técnico –incluyendo las grabaciones- y sustrayendo, de paso, las 30.000 pesetas que se encontraban en la caja. Sin embargo, el esfuerzo fue inútil: la noticia dio el salto a todos los medios de comunicación del país, generándose una enorme polémica. Se supo que los soldados pertenecían a las COE (Compañías de Operaciones Especiales), que realizaban unas maniobras de adiestramiento junto con alumnos de la Academia General de Zaragoza, los futuros oficiales del ejército. Hacía apenas 3 años del fallido golpe de estado del 23-F y mucha gente se preguntó si era normal incluir en un ejercicio el fusilamiento sumario de un cargo democráticamente elegido. ¿Qué tipo de instrucción recibían quienes estaban considerados como la flor y nata de las fuerzas armadas?. 
El asunto fue recogido por la prensa internacional y el ejército no tuvo más remedio que reaccionar. Anunció una investigación sobre el proceder del oficial al mando, el capitán Carlos Alemán Artiles y de su segundo, el teniente Jaime Íñiguez Andrade. Tras una pugna judicial el Supremo decidió que el asunto competía a la justicia militar, que un año después condenó a ambos a algunos meses de arresto militar con pérdida de antigüedad durante el tiempo de la sanción.

De los asaltantes de Radio Jaca, nada más se supo. Los únicos indagados fueron, paradójicamente, José Luís Rodrigo y Carlos Sánchez-Cruzar, dos de los periodistas que habían difundido la información, que fueron citados a declarar por el juez militar en el marco del sumario 256/85, que terminó discretamente archivado.
Antonio Román, entre los asistentes
El acto contó con la presencia de Antonio Román, alcalde de Guadalajara. José Luis San José, director provincial en Guadalajara de Ibercaja, fue el encargado de introducir el acto junto con Arturo Orea-Rocha, Regional Sales Director Western Europe BASF. Jorge Sicilia Espuny, Gerente Comercial de Negocio Ibercaja Banco, el ponente anteriormente mencionado, Blanca del Amo, Directora del Centro Cultural de Fundación Ibercaja en Guadalajara el General Jaime Íñiguez de Andrade, así como diversas autoridades políticas y militares, y del ámbito empresarial de la Provincia de Guadalajara e Ignacio Pausa, Director de Recursos Humanos de APD.

Aurora Picornell: comunista balear asesinada por el franquismo

“Podéis matar a hombres, a mujeres, a niños como el mío que todavía no han nacido. ¿Pero, y las ideas? ¿Con qué balas mataréis las ideas?”. El imaginario colectivo atribuye esta frase a la activista Aurora Picornell, asesinada por el franquismo en la noche de reyes de 1937. Antes de abandonar la cárcel con las tropas del régimen, dicen que la joven se despidió de sus compañeras de celda, llevando con ella una bobina de hilo que prometió hacerles llegar si sobrevivía. Después de ser torturada, fue fusilada y enterrada en una fosa común. La bobina nunca regresó.

Picornell se ha convertido en un icono de la memoria histórica y del republicanismo, tanto que popularmente se le conoce como la Pasionaria de Mallorca. El auge de la figura de Picornell ha culminado con la instalación de un busto en su memoria en el barrio palmesano del que era vecina: El Molinar. Al acto, impulsado por el Ayuntamiento de Palma y el Consell de Mallorca en el marco de la iniciativa “Mallorca té nom de dona”, asistió la sobrina de Picornell, Catalina, cuyo padre también fue asesinado por el régimen.

Picornell fue un “personaje absolutamente rompedor”, una persona que consiguió desmontar “el rol tradicional de las mujeres” a principios del siglo XX, como comenta el historiador David Ginard Féron. Autor de Aurora Picornell: feminismo, comunismo y memoria republicana en el siglo XX (2018) y de Aurora Picornell: de la historia al símbolo (2017), Ginard es uno de los expertos más reconocidos en este ámbito. “Picornell es el icono perfecto: tiene un nombre emblemático, es mujer y, además, activista. Hasta hay camisetas de ella”, comenta.

Nacida en 1912, Picornell destacó desde muy joven en una sociedad cerrada, católica y tradicional como la mallorquina. Ginard comenta que Picornell se movió en dos ámbitos novedosos para la mujer de la época: el laicismo –en 1930 pasó a formar parte de la Liga Laica de Mallorca– y el feminismo –en 1928 hizo el prólogo del libro La mujer, ¿es superior al hombre?, de la escritora Margarita Leclerc. Picornell dio importantes pasos en el feminismo de los años 30 y fue la primera en impulsar actividades por el día de la mujer en Baleares en 1934.

Tras la instauración de la Segunda República, Picornell se incorporó en el Partido Comunista de España y se convirtió en “la figura más importante del partido en la isla, a pesar de ser solo una militante”, afirma Ginard. Su capacidad de oratoria, unida a su empatía y movilización constante, la llevaron a dar el salto al mundo sindical: como se dedicaba al textil, al igual que gran parte de las mujeres mallorquinas, organizó el Sindicato de Sastrería de Mallorca.

La sastre Picornell adquirió una “enorme popularidad”, como recuerda Ginard. “Incluso, las personas jóvenes escribían cartas a la prensa obrera diciendo que querían ser como ella”, recuerda el historiador. Por ello, no le sorprende que fuera una de las primeras personas en ser detenidas tras el golpe militar el 18 de julio de 1936. Mallorca estuvo, desde el principio, en la zona sublevada. Picornell fue llevada a la prisión provincial de Palma, mientras el régimen franquista tumbaba la República.

Poco tiempo duró en prisión: en la noche de reyes de 1937, del 5 al 6 de enero, el régimen la mató. Tenía 24 años. “Fueron unas circunstancias particularmente trágicas, la asesinaron junto a cuatro mujeres, una era una madre que estaba con sus dos hijas”, dice Ginard. Las cinco fueron asesinadas mediante la técnica de las “sacas de presos“: con una orden de liberación firmada por el gobernador civil, los agentes sacaban a los prisioneros para “ponerlos en libertad”, aunque en realidad terminaban matándoles a sangre fría.

Picornell y sus cuatro compañeras fueron asesinadas en el cementerio de Porreres. El cuerpo de la sastre fue enterrado en la fosa común del Camposanto y sus restos no han sido localizados. Pero la tragedia en torno a la Pasionaria de Mallorca no terminó tras su asesinato: el franquismo también mató a su padre y a sus dos hermanos. Además, su marido, al acabar la Guerra Civil, intentó organizar la resistencia en el Partido Comunista. Acabó detenido, torturado y asesinado (*).

Picornell ha vuelto a ser noticia tras la instalación de un busto suyo en el barrio de El Molinar (Palma), gracias a la iniciativa “Mallorca té nom de dona”, del Consell Insular. “El objetivo es poner, en el espacio público, nombres de mujeres que han significado mucho para la isla”, explica Jesús Jurado, vicepresidente segundo y conseller. La familia dice que está “muy contenta de que se reconozca la figura de Aurora y de que se haya hecho al menos un poco de justicia”.

No es casualidad que Picornell sea una de las mujeres escogidas para feminizar el espacio público. “Ella ha sufrido un proceso de simbolización. La sociedad la ha convertido, mientras estaba viva y una vez muerta, en un icono”, comenta Ginard. El historiador menciona, incluso, todas las teorías que giran en torno a la sastre: por ejemplo, que uno de los asesinos se paseó por los bares de El Molinar con un sujetador de Picornell lleno de sangre. “Es parte de la cultura popular, aunque solo sea una de los 1.5000 republicanos muertos en Mallorca”, concluye.

https://www.eldiario.es/sociedad/Aurora-Picornell-pasionaria-Mallorca-republciana_0_879462265.html

(*) El marido de Aurira Picornell se llamaba Heriberto Quiñones.

De torturar para los nazis a espiar para la CIA: el caso de ‘Brígida la Sanguinaria’

Su extrema brutalidad y la fiereza de sus zarpazos le valió el apodo de La Tigresa, aunque otros prisioneros decidieron denominarla ‘Brígida la Sanguinaria’. Aquella mujer alta, rolliza, de espeso cabello castaño, gozaba fustigando a los internos que con miedo, ni tan solo se atrevían a mirarla a la cara. Hildegard Lächert parecía un “demonio demente”, tal y como aseveraban los supervivientes.

Era como si una fuerza maligna se hiciera dueña de su mente y de su cuerpo. Hasta la expresión de su cara se tornaba cuando sentía esa violenta necesidad de golpear y asesinar. Esta guardiana fue el “azote sádico” de campos de concentración nazis como Majdanek o Auschwitz. Pero tras quedar en libertad, la sorpresa llegó cuando se convirtió en una agente espía de la CIA.

Esta temida criminal nazi, de nombre completo Hildegard Martha Lächert, había nacido el 20 de enero de 1920 en Berlín. En cambio, lo único que se conoce de ella es que se dedicó a la enfermería en la capital alemana y que tuvo varios hijos. Dos de ellos antes de los 22 años y justo antes de ingresar en el campo de concentración de Majdanek como Aufseherin (vigilante); y el tercero lo tuvo en 1944 mientras servía en el centro de exterminio de Auschwitz.

Apuntar primeramente que Lächert ni siquiera formaba parte del Partido Nacionalsocialista Obrero Alemán (NSDAP) antes de ser guardiana, simplemente decidió alistarse para “ayudar” en el Frauenlager (campamento femenino) de Majdanek. Su profesión como enfermera podría servirles de mucho al personal del campo en cuestión. Aunque como veremos, sus tareas se extralimitaron.

Durante sus andanzas en este centro de internamiento algunas testigos como Janina Latowitcz, contaron durante el juicio de Majdanek que Lächert “era como una bestia, hambrienta de sangre”. Se trataba de una mujer perversa y retorcida. A pesar de tener dos hijos pequeños, los niños sufrieron los peores maltratos. Era como si les profesase un odio especial. La Aufseherin era el “azote sádico del campo”, como llegó a argüir otra de las supervivientes.

Pese a que físicamente tenía apariencia de “buena niña” e incluso “muy bella”, Henryka Ostrowska declaró que “cuando hablaba con los hombres de las SS o con sus camaradas, era encantadora y muy divertida. Pero cuando nos hablaba y nos golpeaba, la cara era horrible. La cara, no era la cara de una mujer”.

El sobrenombre de “Brígida la Sanguinaria” no era por casualidad. Le encantaba azotar a las reclusas hasta que la carne empezaba a sangrar a borbotones. Aquella “puta sádica brutal”, como la denominaba su compañera Christa Roy, se divertía jugando con el látigo, azotando una y otra vez la espalda y el pecho de los presos. Ninguna parte de su cuerpo se libraba de su seña de identidad.

Por otro lado, Lächert siempre salía bien armada a pasear por el campo. Portaba una pistola y siempre alardeaba ante los reos de ser una buena tiradora. Era la mejor manera de infundirles pavor. Otras veces, cuando veía a alguien robando comida, utilizaba una barra de metal. En ese instante, La Tigresa embestía atrozmente contra la víctima hasta dejarla sin conocimiento.

Curiosamente, el mayor Schiffer presentaba a la guardiana como un modelo de mujer nazi, ya que mostraba una “firmeza necesaria”. Esta descripción chocaba de lleno con la que hacían sus reclusas que manifestaban que la Hildegard normalmente corría por el campo gritando como alma que lleva el diablo, mientras abofeteaba a todo aquel que no se quitase el sombrero cuando pasaba.

De las 500.000 personas que poblaban el campamento, la mitad fueron asesinadas impunemente y seleccionadas a morir en las cámaras de gas. La exagerada irritación que sentía hacia los niños de Majdanek, la llevaron al menos en dos ocasiones, a gasear a grupos de más de cien pequeños. Para conseguirlo, les daba caramelos. De este modo se ganaba su confianza a la hora de subirlos a los camiones.Por otro lado, durante el último año de servicio en el campo, Lächert se quedó embarazada y tras dar a luz a su tercer hijo, en 1944 deciden trasladarla al campo de concentración de Auschwitz. Allí permaneció hasta el mes de diciembre. Escapó cuando se enteró de la inminente llegada del Ejército Soviético.

Pero las referencias sobre lo que ocurrió después no son concluyentes. Hay informes que sitúan a Hildegard como supervisora de Bolzano, un campo de detención en el norte de Italia, mientras que otros insisten en que estuvo en el campo de Mauthausen-Gusen en Austria.

Sea como fuere, el 24 de noviembre de 1947 la Tigresa se sentó en el banquillo de los acusados con otros 23 ex miembros de las SS, en el famoso juicio de Auschwitz. Entre los procesados de esta primera vista judicial celebrada en Cracovia (Polonia), destacaron criminales como María Mandel, Luise Danz, Alice Orlowski o Therese Brandl.

El 22 de diciembre el Tribunal llega a un veredicto y condena a Hildegard Lächert a 15 años de prisión por los crímenes de guerra cometidos en Auschwitz y Płaszów. Enviada a una cárcel de Cracovia, la ex Aufseherin pasa allí parte de su pena. Tan solo nueve de los quince años que le impusieron. Queda en libertad en 1956.

Durante casi veinte años Hildegard recuperó su vida. Se hizo ama de casa, cuidó de sus pequeños y pasó desapercibida entre la comunidad de vecinos. Pero cuando parecía que todo había acabado para la ex guardiana nazi, el gobierno alemán decide reabrir el caso y detener a 16 antiguos vigilantes del campo de concentración de Majdanek. Entre ellos, Lächert.

Este proceso -considerado uno de los más largos en la historia de los crímenes de guerra nazi- se inició el 26 de noviembre de 1975 y concluyó el 30 de junio de 1981 en una Corte de Düsseldorf. Uno de los principales motivos por los que se alargó tanto fue que la mayoría de los testigos no querían que sus antiguos verdugos los vieran, ni pasar de nuevo por el horror de contar lo sucedido.

Respecto al iracundo comportamiento de Lächert en el campo de concentración, gran parte de los testigos la describieron como la “peor” persona de todo el campo, “la más cruel”, “la bestia”, “el pánico de los reclusos”.

Se la acusaba de ser cómplice de más de 1.200 asesinatos. Pero uno de los principales cargos que se le imputaron fue el de haber incitado a uno de los perros que siempre la acompañaba, a que atacase a una presa judía. Su único delito: haber sido violada y embarazada por un oficial de las SS del que la Aufseherin se había encaprichado. El animal acabó destrozando a la confinada.

También se la imputó por emplear constantemente una fusta de montar reforzada con bolas de acero y con la que provocó la muerte a más de un preso; de disparar a sangre fría a una judía griega después de que su perro le diese caza; de ahogar a dos internas en el pozo negro por no haber limpiado suficientemente los retretes del campo; y como no, de formar parte en la selección a las cámaras de gas.

En su defensa, la acusada intentó negar lo sucedido: “Yo nunca lesioné gravemente o maté a nadie, ni siquiera tomé parte en la selección” de personas para ser asesinados. Aún así, “Brígida la Sanguinaria” se enfrentó a ocho cadenas perpetuas por los cargos anteriormente citados. Y finalmente, el Tribunal la condenó a 12 años de prisión.

Cuando la gente congregada en la abarrotada sala escuchó la sentencia y el veredicto, comenzaron a gritar y exclamar: “Esto es un escándalo” y “una ofensa para las víctimas del nazismo”. De todos los inculpados, solo uno de ellos fue condenado a cadena perpetua. Aquel 30 de junio de 1981 terminó en Düsseldorf “el último gran juicio” del nazismo bajo las airadas protestas de los asistentes.

Tras cumplir su pena, Hildegard Lächert fue puesta en libertad y pasó sus últimos años en su ciudad natal, Berlín, donde murió en el año 1995. Sin embargo, una investigación realizada por el semanario alemán Der Spiegel en 2016, reveló entre otras cosas que salió antes de tiempo de prisión y que llevó una doble vida tras el proceso judicial. Parece ser que tanto la Agencia Central de Inteligencia norteamericana (CIA) como el Servicio Federal de Inteligencia alemán (BND), reclutaron a esta asesina como espía para luchar contra la antigua Unión Soviética y los países socialistas.

“Por primera vez ha quedado demostrado que una vez que concluyó la Segunda Guerra Mundial los servicios secretos de los países occidentales reclutaron no sólo a criminales nazis hombres, sino también mujeres”, explica la publicación germana. Porque ambas instituciones gubernamentales “sabían a quien tenían en sus filas”. Tras varios años de espionaje, las agencias de inteligencia finalmente prescindieron de sus servicios por un curioso motivo: hablaba demasiado.

La neonazis alemanes se financian con dinero procedente de testaferros residentes en España

La neonazis de Alternativa para Alemania (AfD) han ingresado irregularmente donativos procedentes de Suiza a través de “hombres de paja” en el extranjero.

La AfD ha financiado campañas electorales de algunos candidatos con fondos dudosos, registrados en su contabilidad como donativos de ciudadanos que percibieron a cambio de ese “servicio” unos 1.000 euros en efectivo.

Der Spiegel menciona el caso de un alemán afincado en la Costa Brava, cuya identidad no revela, y que ha admitido haber enviado el dinero.

La ARD añade a otros dos alemanes, un matrimonio asimismo residente en la Costa Brava, que también actuaron de falsos donantes para las campañas de la AfD a cambio de dinero en metálico.

Estas revelaciones comprometen al dirigente de la AfD, Jörg Meuthen, y se suman a sucesivas informaciones de las últimas semanas que apuntan al ingreso irregular de donativos por el partido procedentes de Suiza.

La dirección de la AfD, la tercera fuerza en el Parlamento federal (Bundestag) y con escaños en las cámaras regionales de los 16 estados del país, ha admitido que tales ingresos no fueron registrados correctamente en su contabilidad, lo que se ha atribuido a errores por inexperiencia.

Meuthen ejerce la presidencia colegiada del partido con Alexander Gauland, quien además dirige el grupo parlamentario en el Bundestag y a quien la Fiscalía de Frankfort investiga por delito fiscal.

Las sospechas de financiación irregular surgieron a finales de 2018, tras revelarse un ingreso de 130.000 euros repartido entre varios pagos de 9.000 euros, aparentemente para evitar tener que declarar quién es el donante.

A ese caso se unió hace unas semanas el de otro donativo también ingresado irregularmente, por 89.000 euros, lo que podría acarrear al partido una multa de hasta 400.000 euros.

En ambos casos se trataba de donativos procedentes de Suiza, con los que supuestamente se financiaron campañas electorales de candidatos de la formación.

La irregularidad fue detectada por la administración del Bundestag, encargada de computar, revisar y publicar las fuentes de financiación públicas o privadas de los partidos.

El Bundestag aprobó en 2002 una reforma de la financiación de los partidos –tras revelarse repetidos escándalos en las grandes formaciones–, de forma que a partir de los 10.000 euros debe declararse la identidad del donante.

Quedó explícitamente prohibido fraccionar esos ingresos y se establecía la obligación de comunicar de inmediato a la administración parlamentaria todo donativo superior a los 50.000 euros.

http://www.spiegel.de/politik/deutschland/afd-strohmann-erhielt-1000-euro-fuer-gefaelschte-spendenquittung-a-1259152.html

Más información:

– ¿Quién financia el famoso ‘auge de la ultraderecha’ en Europa?
– La complicidad del servicio secreto alemán con los crímenes nazis divide al gobierno de Merkel
– Nazis y policías: las dos caras de la misma moneda

Las hermanas Úriz: dos comunistas navarras en la guerra contra el fascismo

El periodista Manuel Martorell es especialista en buscar historias lejanas, ya sea en otras latitudes (es experto en Oriente Medio), o en otras cronologías, como en el siglo XX español. Buceando en la biografía de Jesús Monzón, miembro clave del PCE y de la historia de los maquis, se topó con los nombres de Josefa y Elisa Úriz, que aparecían como “contacto para coordinar las acciones con el núcleo de la resistencia en París”. De la “corazonada” que tuvo al ver el apellido nació luego una investigación que primero tomó forma de exposición y ahora de un libro titulado “Pioneras. Historia y compromiso de las hermanas Úriz Pi” (Txalaparta, 2018).

En sus páginas, rescata, junto con la ayuda de los expertos en Historia de la Educación María del Carmen Agulló Díaz y Salomó Marquès, la travesía vital de estas dos comunistas navarras que fueron precursoras en todo: en su compromiso político con el antifascismo, en la lucha por los derechos de las mujeres y en la difusión de métodos pedagógicos que aún hoy son minoritarios en las escuelas españolas.

A Josefa (Badostáin, 1883 – Berlín, 1958) y a Elisa (Tafalla, 1893 – Berlín, 1979) el siglo XX les pasó por encima. Lucharon contra el fascismo allí donde se encontraron: ya fuera en España, Francia o Alemania. Formaron parte activa de la resistencia francesa después de exiliarse cuando la Guerra Civil se encaminaba ya hacia la victoria del dictador Francisco Franco. Ambas nacieron en Navarra y murieron en Berlín oriental y, aunque no fueron deliberadamente olvidadas, sus nombres pasaron a ocupar un espacio secundario en los documentos  historiográficos o en el callejero de Lleida, donde Pepita Úriz tiene una calle.

En el exilio, ambas hermanas ya no pudieron reconstruir su vida familiar. Elisa había perdido a su marido, Antonio Sesé, secretario general de UGT Catalunya, cuando lo asesinaron en 1937 los anarquistas, aunque su autoría exacta no quedó clara. Nunca volvieron a España, a pesar de que Elisa lo intentó en los años 60 aprovechando una medida de gracia del gobierno franquista que, sin embargo, no le aseguraba no ser detenida.

Cuando la democracia llegó a España, Josefa llevaba muerta 20 años y Elisa ya tenía 85, demasiado mayor para volver a su tierra. “Cuando ella murió lo hizo pensando que había cumplido con su deber, con su vocación y con su forma de pensar. No se arrepintió nunca de lo que había hecho”, explica Martorell, que para su investigación contactó con la mujer que cuidó a Elisa durante sus últimos días, la doctora Olga García Domínguez, su vecina en Berlín.

Las Úriz eran motor de cambio allí donde iban. Hijas de un capitán de Infantería que las educó en un ambiente liberal, las dos estudiaron magisterio y participaron en misiones pedagógicas durante la II República española, en el caso de Pepita dirigiendo las que se llevaron a cabo en el pirineo leridano entre 1932 y 1934: “Hablaban de una educación igualitaria y rompieron todos los moldes de la época. Pepita no utilizaba libros de texto y aplicaba los métodos de Freinet o de Montessori, que hoy siguen siendo minoritarios en España”, explica Martorell.

Además de extender pedagogías que se oponían al memorismo y favorecían el trabajo en equipo, su función siempre iba más allá de las cuatro paredes del aula. Pepita apoyó el grupo Batec, surgido de las tertulias pedagógicas en el Café Express de Lleida y ambas impulsaron la FETE-UGT en Cataluña, de la que Josefa fue presidenta.

Ambas fueron piezas clave en la lucha contra el autoritarismo y la República Democrática de Alemania así se lo reconoció a Elisa Úriz, a quien concedió la Medalla de la lucha contra el fascismo.

En plena guerra civil trabajaron en la Ayuda Infantil de Retaguardia, que llegaron a dar hasta a 100.000 menús infantiles al día. Tras salir de España, formaron parte de los primeros grupos de la Resistencia Francesa y gestionaron la evacuación de cientos de familias hacia América Latina hasta “cuatro días antes de que las tropas alemanas iniciaran su ofensiva sobre Bélgica y Francia”, recuerda Martorell.

Cuando acabó la Segunda Guerra Mundial y parecía que podrían ejercer sus actividades en París con libertad y tranquilidad, las hermanas se toparon con una de las operaciones que Martorell describe como “uno de los puntos más oscuros de la historia de Francia”: la operación a Bolero-Paprika. La Guerra Fría había comenzado y los comunistas, antiguos aliados contra el nazismo, se volvían a convertir en sospechosos. En abril de 1951, las hermanas recibieron su orden de expulsión y recayeron en Alemania oriental.

Pero los métodos importados del resto de Europa de estas “maestras de maestras” no fueron el único campo donde fueron pioneras. Ambas hermanas impulsaron la asociación Mujeres Antifascistas Españolas (MAE) en 1934 y después formaron parte de la Unión de Mujeres Españolas (UME), fundada en 1946 en París.

Elisa jugó un papel destacado en la dirección ejecutiva de la Federación Democrática Internacional de Mujeres (FDIM), de la que salió también la Declaración Universal de los Derechos de la Infancia y la creación del Día Internacional del Niño, que después instauró la ONU en 1954.

En 2019, inmersos en la cuarta ola feminista, el libro también es una buena ocasión para mirar hacia atrás y ver lo que hicieron las mujeres españolas que precedieron a la actual generación. Se replanteaban todo: “Los grupos feministas podían ser más radicales que en la actualidad porque tenían más barreras que romper. Ponían en cuestión la unidad familiar, y no solo de la familia heterosexual”, explica Martorell, describiendo un clima en el que también se discutía sobre “amor libre” o prácticas más abiertas a la incuestionable monogamia actual.

La exposición que precedió al libro (“De Badostáin a Berlín Oriental. Historia y compromiso de las hermanas Úriz”) comenzó con una colaboración entre el Ayuntamiento navarro del Valle de Egüés y el Concejo de Badostáin, la localidad donde nacieron. Ahora ya se muestra en cuatro versiones (castellano, castellano-euskera, catalán y alemán-castellano) y ha visitado decenas de localidades en País Vasco, Navarra y Catalunya, además de seis ciudades de Alemania.

Desde el día 11 de marzo se puede ver también en la Facultad de Psicología de la Universidad Autónoma de Madrid, pero habrá que esperar hasta el día 22 para poder charlar con el autor en ese mismo espacio, en el que presentará el libro a las 12.30 del mediodía. Para los que se queden con las ganas, a las 19.30 estará también en el Ateneo Republicano de Vallecas.

https://www.cuartopoder.es/espana/2019/03/18/las-hermanas-uriz-las-comunistas-navarras-que-desafiaron-a-franco-y-a-hitler/

El MI5 investiga las conexiones de los nazis neozelandeses con los británicos

El nazi neozelandés Brenton Tarrant
El espionaje británicos MI5 está investigando las conexiones de Brenton Tarrant, el autor de la masacre de Nueva Zelanda, con los fascistas británicos. En su manifiesto, Tarrant incita a sus seguidores a asesinar al alcalde de Londres, Sadiq Khan, y reconoce su admiración por Darren Osborne, el autor del atentado contra la mezquita de Finsbury Park en Londres que causó un muerto y nueve heridos en junio de 2017.

Tarrant admite que la violencia islamófoba en las islas británicas fue una de sus fuentes de inspiración. El autor de los ataques que causaron 49 muertos en Nueva Zelanda expresa también su devoción por Owald Mosley, el fallecido fundador de la Unión de Fascistas Británicos, a quien considera “la persona más cercana a mis creencias en la historia”.

Los ataques de islamofobia aumentaron en el Reino Unido un 25 por ciento en 2017, cuando se registraron 1.200 incidentes. Los incidentes protagonizados por grupos fascistas han aumentado un tercio desde el voto a favor del Brexit, precedido por unos días por el asesinato de la diputada laborista Jo Cox a mano del fascista Thomas Mair a los gritos de “Grann Britain primero!”

El gobierno británico ha prohibido al grupo neonazi Acción Nacional y lo ha incluído en el listado de organizaciones terroristas. También ha sometido a una vigilancia especial las actividades el Frente Nacional y de la Liga de Defensa Inglesa (EDL), cuyo fundador, Tomy Robinson, se ha convertido en el héroe nacional del redivivo Ukip, el Partido de la Independencia del Reino Unido.

El ministro de Interior, Sajid Javid, ha convocado a los policías expertos en terrorismo para tomar medidas preventivas y redoblar la vigilancia policial en las mezquitas. “Vamos a garantizar sobre todo la seguridad en las plegarias de los viernes, pero vamos también a evaluar cualquier otra posible amenaza contra otros objetivos”, anticipó Neil Basu, máximo responsable de contraterrorismo.

La policía ha reforzado la seguridad del alcalde de Londres, Sadiq Khan, descrito en el manifiesto de Tarrant como uno de sus tres grandes objetivos, junto a la canciller alemana Angela Merkel y al presidente turco Erdogan. Khan es descrito en el documento de 74 páginas como “un invasor paquistaní que se sienta como representante del pueblo de Londres”.

“¿Qué mejor señal para el renacimiento blanco que la eliminación del invasor?”, escribe Tarrant.

https://www.elmundo.es/internacional/2019/03/16/5c8d18c221efa0d05f8b469c.html

Las 12 tribus -o más- de Israel: el racismo, el sionismo y el fascismo van de la mano

Israel tiene muchas más de 12 tribus. No hay un pueblo judío como no hay un pueblo cristiano ni un pueblo musulmán sino poblaciones distintas unidas sólo por los mismos ritos religiosos, como argumentó convincentemente Shlomo Sand hace unos años (1).

Los judíos no son una nación, ni una etnia, ni una raza, ni lo han sido nunca. Son pueblos diferentes que practican una misma religión que, además, fue la primera de tipo expansionista. El judaísmo surgió en el mismo lugar donde surgieron las demás religiones monoteístas, en Oriente Medio, desde donde se extendió hacia otros lugares poblados por habitantes diferentes.

Los judíos no marcharon a la diáspora expulsados de sus tierras ni por el Imperio Romano ni por nadie. El mito de un exilio que ha durado 2.000 años es un relato bíblico puramente fantástico. Como las demás religiones monoteístas lo que los judíos expanden son sus propias creencias, que pasan de unos pueblos a otros, lo que demuestra que no se trata -en absoluto- de una religión “cerrada” sobre sí misma, una especie de secta, como se ha hecho creer.

La historia no conoce ningún caso parecido de una población que haya sobrevivido tanto tiempo a tantas vicisitudes históricas, por más que se trate del “pueblo elegido por dios”. Como los seres humanos, los pueblos nacen, se desarrollan, se entremezclan y fenecen o son absorbidos por otros. Por eso son historia, pasado y presente.

Lo mismo ocurre con las ideologías y las creencias, que se desplazan tanto o más que las poblaciones. Unos pueblos asimilan las costumbres y ritos de otros, pierden las suyas o las entremezclan.

Como en otros casos, la ideología se superpone a la historia engendrando leyendas más o menos irreales. A veces esas ideologías sirven para mantener la identidad colectiva del propio pueblo. Otras las fabrican sus enemigos que, en muchas ocasiones, son sus propios vecinos y alcanzan también a la religión vecina.

El mito del “judío errante”, por ejemplo, es un invento cristiano del siglo XIII que dio lugar a una abundante colección de relatos literarios antisemitas. Los judíos mataron a Cristo y fueron condenados a la inmortalidad. Debían expiar una culpa eterna vagando por el mundo.

El reino de Jazaria

El reino de JazariaEntre el siglo VIII y el IX se judaizó el reino de Jazaria, que comprendía el norte del Cáucaso y la orilla oriental del Mar Negro, alcanzando buena parte de lo que hoy es Ucrania. Posiblemente la mayor parte de los jázaros eran pueblos turcos y eslavos entre los que se impuso el idioma yiddish. En el siglo XII el reino desapareció como tal a causa de las invasiones mongolas, que empujaron a sus habitantes hacia el oeste. De ahí que las fuentes historiográficas más antiguas sobre la presencia de los judíos en Europa daten del siglo siguiente.

Hacia 1900 la inmensa mayoría de los judíos, un 80 por ciento, no vivían en Palestina sino en Europa del este. Pero no eran emigrantes, no se habían desplazado procedentes de otro lugar, aunque las ideologías racistas que empezaron a surgir entonces, entre ellas el sionismo, dijeran lo contrario.

Según los sionistas, la especie humana se podía subdividir en razas diferentes y los judíos eran una de ellas.

En 1940 el régimen fascista de Vichy fabricó una “raza judía” diferente de la francesa, aunque en realidad se remitía a los ancestros: son judíos los hijos de padres judíos. Entonces, ¿cuándo eran judíos los padres? La respuesta remitía a la religión: cuando practicaban los ritos judíos. En caso de duda, el sospechoso debía demostrar que no lo era, por ejemplo, aportando un certificado de bautismo, aunque no siempre eso le libraba de la deportación.

A una intrincada legislación racista le sucedió en Francia un diluvio de litigios judiciales, con todo tipo de casos contradictorios, por ejemplo sobre los judíos no practicantes, los conversos, los híbridos…

En la medida en que la expresión “raza” adquirió un tono peyorativo en 1945, se utilizaron otras alternativas para llegar a la misma conclusión: había un pueblo judío, los judios forman una nación, tienen derecho a regresar a “su tierra”, etc.

Pero el mito de la nación judía es tanto un invento del sionismo como del fascismo y conduce a las mismas conclusiones: a la limpieza étnica y a la creación de un Estado confesional. Cada cual debe ubicarse en su propio país porque todos los pueblos tienen un territorio adscrito y si no lo tienen, hay que crearlo, como en el caso de Israel.

Cuando los libros de historia dicen que hace 500 años los españoles expulsaron a los judíos o a los moriscos, parece que hablan en tercera persona. Nadie extrae la conclusión de que unos españoles expulsaron a otros de sus casas, de sus tierras y de su país.

Toda la verborrea sobre el holocausto no ha explicado lo más simple: ¿cómo lograron los nazis diferenciar a un alemán de otro alemán para enviarle a un campo de concentración?, ¿cómo lo hicieron los vichystas franceses?, ¿y los franquistas?

No lo lograron porque era imposible. Por eso en 2002 Bryan Mark Rigg calculó que unos 150.000 judíos, que los nazis denominaban “mischling” (híbridos), sirvieron en la Wehrmacht. No eran mestizos; eran tan alemanes como los demás y, desde luego, se sentían ajenos a las víctimas que enviaban a los campos de concentración (2). Entre los “mischling” hubo un mariscal de campo, 21 generales y 7 almirantes. Lo mismo cabe decir de otras instituciones públicas del III Reich de las que los judíos formaron parte.

La foto que ilustra la portada del libro de Rigg es tópica desde los tiempos del III Reich: un apuesto soldado alemán en quien se podía adivinar un cabello rubio y ojos azules bajo su casco nazi. Se trataba de Werner Goldberg, un inequívoco apellido judío.

La madre del coronel Walter Hollander era judía, pero Hitler le entregó personalmente un certificado de “arianidad” que, por si cabían dudas, le convirtió en alemán “de pura cepa” por arte de magia.

Hay ideologías en las que casi todo cumple unas funciones mágicas. En 1940 el III Reich publicó un decreto ordenando que todos los soldados que tuvieran dos abuelos judíos debían abandonar el ejército. No se cumplió nunca por el mismo motivo: no se podía cumplir.

Como no hay desafío mayor que cumplir lo imposible, en 1943 los nazis repitieron el intento y volvieron a ordenar que los “mestizos” salieran de filas. Al año siguiente volvieron a la carga y elaboraron un listado de 77 generales “judíos”, o medio judíos, o con antepasados judíos…

Las concepciones racistas de los nazis eran absurdas, lo mismo que las de los sionistas. En todos los países del mundo la condición judía no estaba en la sangre ni en los cromosomas. No era más que una etiqueta que ponía quien tenía el poder para hacerlo. Los primeros sorprendidos fueron aquellos obligados a padecerla. Bajo el III Reich dejaron de ser alemanes para ser otra cosa. Pero los nazis no pusieron la etiqueta sólo a los judíos; tampoco se la pusieron a todos los judíos.

Ocho apellidos judíos

A los franquistas les ocurrió lo mismo. En mayo de 1941 José Finat Escrivá de Romaní, conde de Mayalde, Director General de Seguridad, envió a los gobernadores civiles la orden de elaborar un listado de los “israelitas” que había en cada provincia. “Las personas objeto de la medida que le encomiendo han de ser principalmente aquellas de origen español designadas con el nombre de sefardíes, puesto que por su adaptación al ambiente y similitud con nuestro temperamento poseen mayores garantías de ocultar su origen y hasta pasar desapercibidas sin posibilidad alguna de coartar el alcance de fáciles manejos perturbadores”, decía la orden.

Los franquistas tampoco eran capaces de diferenciar a un judío de un español “genuino”. La Gestapo estaba tras la pista de uno de ellos, Samuel Ros, un falangista que escribía en el diario “Arriba”. Estaba tan integrado que no había manera de diferenciarlo de cualquier otro fascista.

Claro que, como diría un jurista, había un fuerte indicio: el apellido. En Francia si alguien tenía un patronímico como “Cohen” no se libraba de la deportación ni aunque le hubiera bautizado el obispo más consagrado. La cuestión es que la ley judía es matrilineal y son judíos los hijos de madre judía; el primer apellido no significaba nada. Ahora bien, ¿qué fascista tenía en cuenta la ley judía?

Son los absurdos del racismo. Hasta el siglo XX los apellidos no sólo no se imponían a nadie sino que se podían cambiar, por lo que no denotan un origen de manera necesaria, de manera que los hijos adoptivos no tomaban el apellido de sus padres biológicos.

A la inversa, los apellidos de los judíos sefardíes españoles no tienen nada que ver con los askenazíes alemanes.

No obstante, el rastro del racismo llega hasta hoy. Por ejemplo, España no permite recuperar la nacionalidad a los moriscos que fueron expulsados hace 500 años, pero sí a los judíos sefardíes. Sin embargo, ¿cómo pueden demostrar su origen español? Uno de los recursos más fáciles es el mismo de siempre: el apellido. En internet hay sitios -sionistas algunos de ellos- que hacen listados de estos apellidos, que superan los 5.200, aunque los propios amantes de los listados advierten: “En España, salvo excepciones, no puede haber apellidos hebreos. Debido a las conversiones forzadas y los estatutos de limpieza de sange, los judíos tuvieron que cambiar de apellidos y de nombres” (4).

Así que llegamos al siglo XXI y seguimos como al principio. Tanto los fascistas como los sionistas siguen haciendo listados de judíos, que primero sirvieron para expulsarles de su país, luego para enviarles a los campos de concentración y ahora para darles (¿devolverles?) la nacionalidad.

Los mismos que los elaboran no ocultan su origen: “Estos apellidos están sacados de las listas de penitenciados por el Santo Oficio”, previenen. La maldita Inquisición nos sigue torturando 500 años después y seguimos haciendo listados, aunque la lista de Schindler es como la de “los 10 más buscados por el FBI”: no están todos los que son ni son todos los que están. Ocurrió en el III Reich como en la España actual: no hay ningún listado de judíos sino de quienes fueron expulsados hace 500 años acusados de ello por la Inquisición.

(1) When And How The Jewish People Was Invented?, Resling 2008.
(2) Bryan Mark Rigg, Hitler’s Jewish Soldiers, traducido al castellano: La tragedia de los soldados judíos de Hitler, Inédita Editores, 2009.
(3) https://elpais.com/diario/2010/06/20/domingo/1277005953_850215.html
(4) https://www.tarbutsefarad.com/apellidos-judios/lista-apellidos-judios.html

Las mujeres comunistas que llegaron de Bélgica para combatir el fascismo en España

Feigla “Vera” Luftig era mujer, judía, belga y comunista. Su marido, un brigadista internacional que murió en la batalla de Madrid. Pronto advirtió la amenaza del nazismo, sobre todo cuando comenzaron a llegar a Amberes los primeros huidos de Alemania, a quienes atendió junto a otras colegas en un local marxista donde solían reunirse. Aunque al principio había reprochado a su pareja que se alistase como voluntario para defender la Segunda República, luego tomó conciencia, se infló de valor y convenció a sus hermanas Rachel y Golda para irse a España a luchar contra el fascismo. Al poco entendió que aquella guerra fratricida era un ensayo de Hitler para foguearse ante un combate mayor que todavía se estaba gestando. Cuando pusieron rumbo a Barcelona, eran veintiuna.

“Pese a que muchas no tenían formación, se enrolaron como brigadistas y ejercieron de enfermeras. Veían España como la tierra prometida. Muchas habían salido de los países del Este por el antijudaísmo reinante. Aquí abrazaban no sólo la posibilidad de defender una joven República, sino también de poder vivir en una sociedad socialista. O sea, además de frenar el fascismo, soñaban con tener un hogar y un futuro, porque ya sabían lo que estaba sucediendo en Alemania e intuían que se avecinaba algo grave. La guerra civil española era para ellas algo mucho más que una contienda, porque suponía la oportunidad de defender Europa frente a los totalitarismos de ultraderecha”, explica Sven Tuytens, autor del libro “Las mamás belgas”, como se las conoció popularmente.

El periodista belga ya había abordado su historia en un documental homónimo, pero aquí se centra menos en el aspecto hospitalario para ahondar en las trágicas biografías de las mujeres a partir de su correspondencia y sus diarios, profundiza en su investigación y vuelve a contar con el único testimonio vivo: Rosariet, apodada cariñosamente “La Peque”, porque cuando prestaba ayuda en el Hospital Militar Republicando de Ontinyent (València) tenía sólo quince años. A sus noventa y siete, sorprende su clarividencia y el revelado mental del retrato de Vera. “Fue el primer testigo directo con quien me encontré. Algo increíble, porque no pensaba que sobreviviese nadie de la época”, recuerda el corresponsal en España de la radio televisión pública belga VRT.

“Casi centenaria, es todo un personaje. Una mujer muy fuerte, lúcida, con una memoria impresionante y un gran sentido del drama. Empezó como ayudante de enfermería cuando apenas era una adolescente, ayudando en el quirófano sin saber nada de medicina, y se jubiló como enfermera. En realidad, ninguna conocía el oficio, pues lo aprendieron trabajando, aunque luego ella se formaría en el ramo y siguió ejerciendo hasta su jubilación”, señala Tuytens, quien ha enriquecido la edición española del libro, publicado originalmente en su país, con nuevas aportaciones. Allí, la crítica lo ha calificado como “un merecido homenaje a mujeres luchadoras, que defendieron la igualdad de derechos y la justicia social en momentos en los que reivindicarlos no era tan evidente”, en palabras de Lode Vanoost, del periódico De Wereld Vandaag.

No obstante, la verdadera protagonista es Vera. Y, por extensión, sus hermanas, y sus colegas residentes en Bélgica, y las brigadistas llegadas de otras latitudes, y todas las valencianas que arrimaron el hombro. “Era el motor del grupo y, además de decidida, la que tenía más carácter. Poseía un sólido bagaje político y su pareja, Emiel Akkerman, había sido un destacado sindicalista que falleció en la guerra civil. Aunque, en realidad, seis de ellas también habían perdido a sus novios y maridos, muertos en combate tanto en la Ciudad Universitaria, como en Guadalajara o en el Jarama”.

¿Pero cómo llegó Sven Tuytens a Vera Luftig? La vida, disculpen el tópico, es una caja de sorpresas. Y, precisamente, en una de cartón yacía la fotografía de once mujeres posando el primero de mayo de 1937 en la barcelonesa plaza de Catalunya. La conservaba en su despacho el director de un archivo belga, quien había investigado sobre los brigadistas internacionales de origen judío. “Los historiadores siempre tienen cosas guardadas”, ironiza el periodista, quien se preguntó quiénes serían aquellas enfermeras que esbozaban una contenida sonrisa, desconocedoras de lo que se les venía encima. “La historia de las mujeres ha sido secundaria. Nunca se ha contado y me interesaban mucho más sus vivencias en la retaguardia que las de los hombres en el frente”.

La historia de “Las mamás belgas” no es sólo la de su paso por aquel hospital militar republicano, antaño monasterio de los franciscanos y actual colegio de la Concepción. Cuando la República cayó, se trasladaron a Argelia, desde donde viajaron a Bélgica. Allí se sumaron a la lucha armada, mientras que los brigadistas permanecían detenidos en la capital de la colonia francesa, pues eran considerados peligrosos, según Tuytens. Ese gesto machista permitió que ellas siguiesen combatiendo el nazismo desde casa. “Vera se convirtió en un personaje clave de la red de espionaje soviética Orquesta Roja durante la Segunda Guerra Mundial, aunque luego fue desarticulada por los nazis y sus miembros, torturados y asesinados. Nuestra protagonista, en cambio, logró escapar al sur de Francia y esconderse, hasta que regresó a su país al final de la Segunda Guerra Mundial”.

Peor suerte corrieron sus hermanas. Rachel fue un enlace de la resistencia hasta que la capturaron y dio con sus huesos en un campo de concentración: afortunadamente, sobrevivió. Golda tuvo un hijo a quien llamó Madrid, pero ambos terminaron recluidos en el campo de exterminio de Auschwitz, de donde nunca volverían a salir. De las veintiuna enfermeras, otras cuatro sufrieron el mismo final. “Lo tenían todo en contra: eran mujeres, judías y comunistas”, explica Tuytens, quien durante el esbozo de sus vidas y sus muertes deja entrever tres olvidos. O, si se prefiere, menosprecios, tanto en España como en Bélgica. Antes de la nada y después de todo.

No habían venido aquí sólo para combatir, desde un hospital de la retaguardia, a las tropas de Franco, sino también para alcanzar la emancipación femenina. No querían estar subordinadas a un hombre, fuese un médico o un militar, pero el aura de aquella miliciana armada que aparecía en la foto había comenzado a difuminarse. “Eran brigadistas, mas los varones que ejercían de sanitarios las veían como enfermeras”. Pese a su causa, que iba más allá de la bélica, seguía habiendo una gran diferencia de estatus, por lo que chocaron contra el machismo de los doctores.

“Eran mujeres formadas, instruidas y modernas en un entorno masculino tradicional. Quizás en Barcelona y Madrid hubiese sido diferente, si bien les tocó un pueblo de València, lógicamente más atrasado que esas grandes ciudades. Un ejemplo: las vecinas no hablaban con extranjeros. Por ello, cuando algunas empezaron a trabajar en el hospital, se les abrió la  mente, porque algunas eran muy jóvenes y hasta analfabetas. De algún modo, para las autóctonas, fue una forma de conocer nuevas ideas y burlar el control social, familiar y eclesiástico”, cree el corresponsal de la radio televisión flamenca.

Sin embargo, lo más duro no fue curar las extremidades congeladas de los republicanos que regresaban del frente de Teruel, ni atender a los heridos por los bombardeos de los sparvieri de la Aviazione Legionaria sobre la estación ferroviaria de Xàtiva, una masacre que se llevó por delante a mujeres y niños que esperaban la llegada de un convoy republicano. El éxodo posterior tampoco tuvo un destino feliz, pues Hitler desencadenaba un nuevo conflicto que terminaría trayendo más muerte. Unas guerrearon y sufrieron el encierro. Otras murieron asesinadas. Todas fueron relegadas y, en el mejor de los casos, se traspapelaron en los libros de historia.

Las que permanecieron en Bélgica desconocieron la gloria, pues la historia no sólo la escriben los vencedores, sino también los perdedores que saben escribir bien. “Es llamativo que cayesen en el olvido, pese a que deberían ser consideradas unos ídolos”. ¿Qué ocurrió para que fuese así?, se pregunta años después Tuytens. “Pues lo mismo que le sucedió a los republicanos españoles que combatieron en Francia: la resistencia francesa se vendió muy bien y fueron postergados. Igualmente, en Bélgica, figuraron en un primer plano quienes habían luchado desde dentro, aunque las enfermeras también integrasen posteriormente la resistencia armada junto a los partisanos belgas”.

https://www.publico.es/politica/mujeres-brigadistas-enfermeras-guerra-civil-franquismo.html

Bolsonaro sí cumple sus promesas electorales: la policía de Río de Janeiro duplica el número de asesinatos

Los asesinatos cometidos por la policía de Río de Janeiro casi se duplicaron en enero de este año en comparación con el mes anterior, lo que sugiere que las promesas de “acciones letales” de Bolsonaro y el gobernador Wilson Witzel, antiguo infante de marina, se mantienen.

El 22 de febrero el Instituto de Seguridad Pública de Brasil dijo que la policía asesinó a 160 personas en enero, un aumento del 82 por ciento con respecto a diciembre. El alarmante número de víctimas de la policía coincide con el primer mes de los mandatos de Bolsonaro y Witzel. Ambos asumieron el cargo el 1 de enero y prometieron implementar tácticas policiales de tirar a matar.

Fue el segundo mayor número de asesinatos en el mes de enero desde 1998.

A pesar del fuerte aumento en el número de asesinatos policiales, el crimen callejero, como los atracos y los robos en el transporte público, han alcanzado su nivel más alto desde 1991, con 11.230 casos registrados.

Esta violencia ha continuado hasta febrero. En una operación realizada por la policía militar en las comunidades de Morro do Fallet y Fogueteiro el 8 de febrero, 15 personas murieron en
circunstancias sospechosas.

Los familiares de las víctimas alegan que varios de los jóvenes fueron detenidos dentro de una casa y ejecutados inmediatamente.

Otros han presentado quejas ante organismos públicos diciendo que algunas de las víctimas recibieron disparos en las piernas para evitar que se escaparan y luego las apuñalaron hasta la
muerte.

Sin embargo, cuando se le preguntó sobre la operación en Morro do Fallet, Witzel desestimó la controversia y elogió las acciones de la policía militar.

La Oficina del Fiscal General de Brasil abrió una investigación sobre el caso.

La represión no se dirige contra el crimen sino que va acompañada de ataques a políticos que se oponen a las tácticas de “carta blanca”. El asesinato de la militante Marielle Franco sigue sin resolverse, pero su asesinato se ha relacionado con sus críticas abiertas a la policía de Río de Janeiro.

El mentor político de Franco y un congresista de Río, Jean Wyllys, huyeron de Brasil a fines de enero tras recibir amenazas de muerte.

Dada la victoria de Witzel en las elecciones del año pasado y la alineación entre las políticas represivas estatales y federales, los crímenes de la policía continuarán.

https://www.insightcrime.org/news/brief/brazil-police-license-to-kill-rio/

El paramilitarismo sigue activo en Colombia

El paramilitarismo es un fenómeno político, económico, social y cultural arraigado en Colombia. Las organizaciones sucesoras del paramilitarismo tienen vínculos con las antiguas Autodefensas Unidas de Colombia (AUC), teóricamente desaparecidas en 2006.

Según la Defensoría del Pueblo de Colombia, existen 27 departamentos en el país con presencia de grupos armados ilegales que son sucesores del paramilitarismo.

Las organizaciones que defienden los derechos humanos también han denunciado que los paramilitares han ocupado áreas del territorio donde anteriormente operaban las FARC.

Las raíces históricas del paramilitarismo se remontan a mediados de los años sesenta. Su objetivo es político: impedir cualquier brote que tenga como objetivo la realización de un cambio sociopolítico en el país.

Los militares crearon los primeros ejércitos privados en Colombia como una manera eficaz de combatir el comunismo y el movimiento obrero y campesino.

Fueron entrenados por Estados Unidos y a lo largo de estos años han asesinado a unas 220.000 personas.

La versión apoyada por el Estado para identificar a estos grupos armados solo como Bandas de Crimen Organizado está lejos de la realidad y oculta las profundas dimensiones del paramilitarismo.

El Centro Nacional de Memoria Histórica sostiene que las estructuras armadas actuales responden a organizaciones neoparamilitares con un vínculo directo con las estructuras antes de la desmovilización de las AUC en 2006.

Silvia Becerra, autora del libro “Organizaciones sucesoras del paramilitarismo”, afirma que este fenómeno se ha reproducido en Colombia por un marco legal que lo ha favorecido, desde el decreto 3398 de 1965 que autoriza a los militares a entregar armas a los civiles.

Otro libro que desentraña la más reciente oleada de paramilitarismo en Colombia es “Guerras recicladas”, escrito por la periodista María Teresa Ronderos.

Los grupos paramilitares se han financiado, como la mayor parte de la reacción y la contrarrevolución modernas, del narcotráfrico. Alguos de esus dirigentes fueron extraditdos a Estados Unidos no por los crímenes cometidos sino acusados de tráfico de drogas.

Tras disolver las AUC, uno de sus dirigentes, Daniel Rendón Herrera, alias “Don Mario”, creó el grupo criminal Águilas Negras Héroes de Castaño, además de las llamadas Autodefensas Gaitanistas de Colombia, también conocidas como Clan del Golfo, el mayor grupo de narcotráfico que opera en estos momentos en Colombia.

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