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El chaquetón eterno

Jaime Noguerol 
14 de abril. Cumplo un antiguo rito y camino por el cementerio de San Francisco recordando a los republicanos ajusticiados, muchos de ellos ante las paredes de este hermoso cementerio. Qué guerra sanguinaria. Por los dos bandos. Hay que recordarla, hermano lector. Fue hace nada, hace 80 años. Días tristes, las lecheras bajaban silenciosas a la ciudad y murmuraban: “Hoy hay consejo de guerra”. Los paisanos bajaban temblorosos de los coches de línea: “Hoy van a fusilar a dos hombres”.
Pero te cuento. Hoy camino melancólico entre las tumbas y panteones. Ya nadie escribe epitafios. Algún día visitaré en Baltimore el mármol de Allan Poe: “Dijo el cuervo: nunca más”. También el de Emily Dickinson: “Me llaman”. Pero en San Francisco tenemos un epitafio genial, el de Ben-Cho-Shey: “Ten o gusto de lles ofrecer aos seus amigos o seu novo domicilio no cumio do cimiterio de Ourense, onde os agardará ata que o boten de alí os ediles de turno. / Quedan suprimidas tódalas homenaxes postmortem porque as cousas ou se fan ao seu tempo ou non se fan”.
Ay, en la próxima generación nadie llorará ante nuestras tumbas. Qué ingenuo soy al pensar “quizás alguien lleve flores a mi sepultura”. Medito sobre esos viejos cementerios olvidados alrededor de las iglesias. El desolado cementerio de Larache. El de Tánger, cuánto medité allí. Y aquella tumba solitaria de un sargento del Tercio cerca de las playas de Alhucemas. Los tanques nazis avanzando poderosos sobre las sepulturas de soldados desgraciados en Stalingrado.
Se me está yendo la olla; yo quiero escribir sobre los republicanos. Camino por San Francisco y me detengo ante el memorial que alzaron los Amigos de la República. De pronto, me invade la melancolía. Año 73, París. Aquel entrañable café de Montparnasse. Allí di con los últimos republicanos ya ancianos que habían huido en 1939, atravesando los nevados Pirineos. Me pregunto. ¿cómo se llamaba aquel hombre que todavía tenía en su cartera el arrugado carné de la CNT? Sí, era Juanito: “Soy de la tierra de la canción de Dolores, de Calatayud”. Él lideraba la tertulia de aquellos hombres que habían jurado no regresar a España hasta que muriese el general ferrolano.
Qué ingenuos, ya estábamos en el 73 pero insistían: “Enseguida va a caer, sé de buena fuente que el pueblo pronto va a rebelarse”. Ya no vivirá Antonio, el conductor de tanques, siempre silencioso en la mesa de los tertulianos. Pude arrancarle algo de su historia: “Yo estaba en la columna de la 9ª Compañía de la 2ª División Blindada, al lado de Amado Granell aquel agosto de 1944, nadie nos quitará la gloria de haber sido los primeros en entrar en el París liberado. Los franceses siempre lo han querido ocultar, pero allí estábamos nosotros, los primeros”.
El que sí hablaba era Juanito, el de Calatayud. Yo lo escuchaba con mucha atención, tenía la sensación de suplir al nieto que intuyo no pudo tener. “Al final de la guerra, cuando lo del Ebro, nos hizo mucho daño la lluvia y el lodo, los puentes construidos se nos venían abajo. Ellos tenían mejor armamento y más disciplina pero, créeme, amigo, los de la CNT teníamos más cojones”.
(Inevitable, viene a mi mente el último maqui, Camilo de Dios, guerrillero antifranquista. No hace tanto estuve en su apacible casa en Sandiás. Ay, rondará ya los 90 años. De vez en cuando voy a visitarlo y él, solidario, sonríe triste cuando muy discreto va a buscar su eterno chaquetón de cuero con el que anduvo por los montes. Me lo pongo. Qué bien hecho está, tiene un porte militar y abriga. “Me lo hizo un sastre de la calle de La Paz que tenía nuestras ideas. Nos hizo uno para cada uno de nosotros jugándose la vida, la ciudad estaba llena de delatores y falangistas. Fíjate cómo pesa, parece nuevo, hecho ayer. Cuánto trabajó de noche para hacerlos”.
Mira tú, alguien los delató, aquel Día del Padre, 19 de marzo de 1949, bajó con los suyos a bombazos Montealegre abajo. Mal orientados se dieron de bruces con este viejo cuartel de San Francisco. Los objetivos eran dos crueles jefes, un falangista y un militar. Triste día aquel. Corrió la sangre. La ciudad se conmocionó. Refugiados en la casa de la plaza de Las Mercedes, los disparos no cesaban. El resto es pura historia.
Seguro que en tu mesa estará todavía El Mundo Obrero de este mes.
Ay, Camilo, una tarde me mostraste un secreto. Cumplo.
Pronto iré a ponerme de nuevo el chaquetón).

https://www.laregion.es/opinion/jaime-noguerol/el-chaqueton-eterno/20190421083828867134.html

El fantasma de ‘la ultraderecha’ lo ha promocionado ‘la izquierda’ domesticada

El difunto Mitterrand y el Partido Socialista francés lanzaron en 1982 una operación de promoción del Frente Nacional, “la ultraderecha” francesa, que ahora ha cambiado su nombre. Para ello invirtieron considerables recursos económicos y mediáticos.

En Francia se ha publicado una abundante documentación al respecto, con la correspondiente polémica.

En 1994 varios autores del Partido Comunista publicaron el libro “La mano derecha de Dios” en el que relataban con cierto detalle aquella obra de ingeniería política y social. En internet se pueden leer varias páginas extractadas (1).

En las elecciones legislativas de junio de 1981 y en las cantonales de marzo del siguiente año “la ultraderecha” francesa tuvo un 0,2 por ciento de los votos. El Frente Nacional no interesaba absolutamente a nadie en Francia. Ningún canal de televisión se tomó la molestia de viajar al congreso que celebraron.

Jean Marie Le Pen protestó por ello, pero no se dirigió a las televisiones sino al Elíseo: en Francia no se estaba respetando el pluralismo político, escribió a Mitterrand en una carta.

El Presidente le respondió personalmente el 22 de junio por la misma vía. Los “ultras” tenían razón: “Es lamentable que el congreso de un partido sea ignorado por la radio y la television. No pueden ignorar su obligación de pluralismo. Por lo tanto, el incidente que está denunciando no debería volver a ocurrir. Pero pido al Ministro de Comunicaciones que llame la atención de los responsables de las empresas de radio y televisión sobre la infracción que usted me ha mencionado”.

La misma cúpula de la República tomó cartas en el asunto porque Mitterrand era el más demócrata de todos los demócratas. Por algo había sido un fiel servidor del régimen fascista de Vichy durante la ocupación alemana.

El gobierno “socialista” presionó para obligar a los medios de comunicación a dar al Frente Nacional una visibilidad de la que había carecido hasta entonces.

Lo recordó luego Annik Beauchamps, que trabajaba en el primer canal de la televisión pública: “Alain Chaillou y yo recibimos la orden de invitar a Jean Marie Le Pen a las noticias de las 23.00 horas, y era una orden lo suficientemente precisa como para obligarnos a obedecerla”.

En 2007 Yvan Blot escribió otro libro sobre la “trampa” urdida entre Mitterrand y Le Pen (2), lo que aquí llamaríamos “la pinza”.

También Le Pen admitió que la “omertá” que había contra el fascismo en Francia se rompió gracias a Mitterrand (3). Fue el origen de eso que ahora se llama “visibilidad”: si no te ve nadie, nadie te puede votar. A partir de entonces comenzó el famoso “auge de la ultraderecha” en Francia. En marzo de 1983 Le Pen fue elegido concejal de Paris y su carrera ya no se detuvo.

Pero los “socialistas” hicieron algo mucho más importante en favor de “los ultras”: en 1985 cambiaron la ley electoral para que fuera “más representativa”, es decir, para que al año siguiente el Frente Nacional obtuviera 35 escaños.

Si alguien quería saber los motivos del auge del fascismo, el racismo, la xenofobia, el populismo y demás, ahí tiene que buscar una explicación.

Dos fasacistas en la Guerra de Argelia

Como buenos fascistas, Mitterrand y Le Pen se conocían desde hacía años, desde los viejos tiempos de la guerra por la liberación de Argelia, cuando el primero formaba parte del gobierno en París y el otro era un paracaidista en Argel.

Aquella guerra engendró dentro del ejército colonial una camarilla golpista, la OAS, encabezada por el general Raoul Salan. El abogado que defendió al general cuando fue juzgado por un consejo de guerra, fue Jean Louis Tixier-Vignancourt, quien también ocupó un alto cargo en el gobierno fascista de Vichy.

El abogado asumió la defensa de Salan a petición de Mitterrand porque más que amigos, ambos eran correligionarios.

Pues bien, en 1965 Tixier-Vignancourt se presentó a las elecciones presidenciales con Le Pen como director de campaña y en la segunda vuelta, pidió el voto a favor de… Mitterrand.

A partir de entonces se selló un pacto entre el Partido Socialista, encabezado por Mitterrand, y “la ultraderecha”, incluidos los colonialistas nostálgicos de la “Argelia francesa”.

Cuando desde el gobierno “la izquierda” francesa comenzó a implementar la política de “la derecha”, se generó la consabida desmoralización por parte de ese marasmo de incautos, ingenuos e infelices que prolifera por todas partes.

Entonces a aquella política la llamaban “rigor” y ahora la llaman “recortes”.

Ocurrió en Andalucía lo mismo que en Francia: antes que votar a una mala copia de “izquierdas”, algunos electores prefieren votar al original, a los genuinos representantes “ultras”.

(1) http://michel.delord.free.fr/maindroite.pdf, http://lepcf.fr/LA-MAIN-DROITE-DE-DIEU
(2) Mitterrand Le Pen: le piège. Histoire d’une rencontre secrète, Rocher, 2007
(3) Le Pen raconte Mitterrand, Le Point, núm. 2015, 28 de abril de 2011

‘Cuando se preocupan de los ricos más que de los pobres,
yo, François Mitterand, digo que eso no es justo’
(cartel con el que el Partido Socialista francés ganó las elecciones presidenciales de 1981)

‘Muerte a la inteligencia’ (por qué los fascistas son gilipollas)

Juan Manuel Olarieta

En sus aspectos fundamentales, la anécdota histórica es conocida. En los inicios del golpe de Estado de 1936, los fascistas convocaron un acto en la Universidad de Salamanca que acabó en una trifulca, típicamente hispánica, en la que algún fascista gritó “¡Muerte a la inteligencia!”, lo cual se ha atribuido al general Millán Astray.

En una Universidad centenaria, como la de Salamanca, o en cualquier otra, incluidas las posmodernas del tipo “Rey Juan Carlos”, tales invocaciones no pueden ser más significativas. A los fascistas no les gusta la cultura, el conocimiento, la ciencia o el arte. La inteligencia les desnuda siempre.

Por experiencia propia, casi todos conocemos que donde hay un ignorante hay alguien que porta todos los estigmas propios del fascismo, todos sus “daños colaterales” como el racismo o el machismo, especialmente en España, donde históricamente se ha adherido a lo típicamente español, que es el cuartel, ese estilo militar zafio y burdo que se observa en los monárquicos, los taurinos o los cazadores.

“No somos fachas, somos españoles”, fue el grito más coreado en la manifestación del 8 de octubre de 2017 en Barcelona y el asunto tiene enjundia, sobre todo en la actualidad, después de que hayan inventado eso del “auge de la ultraderecha”. Vamos a ver: en este país, ¿cuándo no ha existido tal auge? La respuesta es: en la transición, cuando necesitaron disimular que eran algo diferente de lo que son. Ahora se han quitado la careta; todo vuelve a su “ser”. Los fascistas ya no encuentran sus pilares en la Constitución de 1978, que pretenden reformar, sino en el golpe de Estado del 18 de julio, que es donde siempre han estado.

En España se confunde “lo español” con lo fascista porque desde 1936 así se impuso a sangre y fuego. Por ejemplo, se confunde la bandera fascista con la bandera nacional (española) porque se cree que España es una nación y no un Estado.

A partir de ahí, una confusión impuesta sobre cientos de miles de cadáveres se contagia como la peste, es decir, que no es sólo algo propio de la reacción sino también de todos esos que se consideran a sí mismos como “de izquierdas”, como Cayo Lara o Paco Frutos, por poner dos ejemplos.

Es uno de los principales malentendidos ideológicos que prevalece porque “la ideología dominante es la de la clase dominante” o, en otras palabras, aquí el fascismo, que era una ideología muy minoritaria en 1936, se ha propagado gracias al terrorismo de Estado, que aún no ha acabado. En España el fascismo no es la ideología de tal o cual partido, sino la de un Estado que, en cuanto engranaje de dominación de una clase social, se ha diseminado entre amplias capas de la sociedad.

Es evidente, por ejemplo, que cuando en las nacionalidades oprimidas se cuidan mucho de matizar diciendo “Estado español” en lugar de España, es por influencia del fascismo, o sea, que a los independentistas también les han hecho creer en uno de los pilares del 18 de julio: que España es una nación. A partir de ahí los símbolos del Estado, como la bandera, se identifican con los de la nación, lo mismo que el ejército o la iglesia. De ahí que en Galicia, Euskadi o Catalunya algunos califiquen como “española” a la bandera fascista.

Sin embargo, las historias que cuentan los fascistas no son nacionales y, por lo tanto, no son españolas, porque no sólo dejan fuera a ilustres personajes que “han hecho historia” (historia de verdad), como Ferrer y Guardia, por poner un ejemplo, sino que los siguen tratando de terroristas. A partir de aquí, es normal esa afición tan extendida por el terrorismo. Es normal que frente a un fascismo atosigante, a muchos se les escape el enaltecimiento a la más minima oportunidad que tienen de soltarse la lengua en las redes sociales.

La frase es una muleta bien conocida: “Tú no sabes en qué país vives”. Habría que añadir que ni siquiera sabemos quiénes somos porque los fascistas se han preocupado de que así sea. Han propagado como la peste su propia ignorancia. Ni siquiera ellos saben quiénes son realmente, como gritaron bien claro en Barcelona. No saben que son fascistas y se creen simplemente españoles, lo mismo que ante el espejo las personas anoréxicas y bulímicas se ven gordas. Pues bien, de igual manera que a un anoréxico no le puedes dejar que haga su propio diagnóstico, lo mismo ocurre con un fascista.

En la medida en que es dominante y dilatado en el tiempo, el fascismo está muy extendido en la sociedad española y, como enemigo de la inteligencia, no razona por dos motivos: primero porque no lo necesita y segundo porque no sabe.

Los fascistas se hicieron con las riendas en 1939 gracias a una guerra y a la represión posterior, y eso es todo lo que saben hacer, eso es lo que les ha funcionado siempre, durante 80 años. ¿No ven a los del “procès” en el banquillo de los acusados?

Nadie ha enseñado nunca a los fascistas a proceder de otra manera diferente de lo que han hecho siempre, y esa experiencia es la que transmiten a los demás. Lo mismo que un cuartel, un Estado fascista, como el español, no puede funcionar si la infantería se pone a discutir las órdenes que han recibido del capitán (y el capital).

El estilo cuartelero y corrupto del fascismo español se ha propagado, pues, a instituciones como las escuelas y las universidades con la mayor naturalidad. Pensar es criticar y en este país todos los términos asociados al pensamiento, como “discusión”, por ejemplo, tienen una connotación peyorativa. No sabemos criticar porque nadie nos ha enseñado a discutir. Todo lo contrario. Nos han enseñado a obedecer.

“¡Niño no discutas!”, se oye a cada paso. Desde pequeños hemos aprendido a callar, sobre todo ante nuestros “mayores”, ante una autoridad cualquiera, a pesar de que sólo podemos aprender si discutimos y criticamos. El fascismo no podría durar ni un minuto más si fuéramos capaces de adquirir el hábito de aprender, de razonar, de discutir, de criticar y, por lo tanto, de rebelarnos.

Ahora bien, si los fascistas están equivocados por completo, incluso sobre sí mismos, “la izquierda” también tiene sus buenas dosis gregarias. Ayer alguien me dijo que iba a votar -a pesar de los pesares- porque le tenía miedo a “la derecha” y le respondí diciendo que yo no iba a votar porque a quien le tengo miedo es a “la izquierda”. Incluso en el lenguaje, tan corrompido como Gürtel, te obligan a hablar de esa manera absurda.

A cada paso “la izquierda” nos demuestra que sus orígenes también están en el 18 de julio. Lo escuchamos a diario. Recientemente Errejón, prototipo de la estupidez de esa “izquierda”, dejó bien claro que para combatir el auge de la ultraderecha (pongan las comillas), la izquierda (más comillas) debía enarbolar la bandera nacional (comillas), o sea, que debíamos convertir a la bandera fascista en algo que no es, una bandera por encima de todos, de unos y otros…

Que el fascismo mete miedo no es algo reciente; pero que se siga manteniendo gracias al miedo, es ya una definición del verdadero Estado que padecemos, por lo que la pregunta es inevitable: si el voto es -por definición- libre, ¿cómo es posible que en pleno siglo XXI se siga hablando del “voto del miedo”? Algo no cuadra aquí y esos que son “de izquierdas” tampoco lo quieren explicar porque se van a meter todas las papeletas miedosas en el zurrón.

Seamos claros: quien está jugando con el fantasma de la ultraderecha -y por lo tanto con el miedo- es precisamente “la izquierda”, lo cual es ilustrativo de que ellos no son la alternativa al fascismo sino más de lo mismo: el fascismo de rostro humano. Sacudirse de encima al fascismo no es, pues, cosa de urnas sino de la lucha antifascista organizada.

Hambre y corrupción franquista en el campo de concentración de Castuera que recluyó a 15.000 republicanos

La clasificación de los presos que llegaban a Castuera, la represión sistemática y la reeducación bajo los valores del nacional-catolicismo resumen la esencia de este campo de concentración. Se cumplen 80 años de la apertura de un “infierno” de alambre y espinos por el que pasaron alrededor de 15.000 personas a lo largo de un año.

Su ubicación no era casual, ya que Castuera se había convertido en la capital “roja” del frente de La Serena, una línea de resistencia republicana que surcaba las estribaciones de la comarca pacense hasta la frontera con la provincia de Cáceres. Allí las trincheras y el combate cuerpo a cuerpo se mantuvieron hasta el verano de 1938.

Fue uno de los campos de prisioneros de Extremadura, una región donde hubo al menos 17 según las investigaciones del periodista Carlos Hernández de Miguel. Se levantó semanas antes del final de la guerra, cuando los militares franquistas ya tenían claro cuál iba a ser el resultado de la contienda. Tuvo cautivos a militares afines al régimen, civiles, sindicalistas o políticos.

Los testimonios orales de los supervivientes narran la falta de higiene y las duras condiciones que soportaron alrededor de unos barracones desmontables, en los que había mucho tiempo libre y poco pan.

El historiador Antonio López, autor del libro “Cruz, Bandera y Caudillo”, explica que el hambre se agravó con un caso de corrupción perpetrado por los responsables del campo, que desviaron parte del dinero destinado a alimentar a los presos. Con sus “mordidas” eliminaron el rancho caliente previsto en su dieta, que quedó reducida a escasas latas de sardina para compartir y mendrugos de pan.

Se vieron implicados el jefe del campo y el director de la prisión provincial de Badajoz, junto con los directores de las cárceles de Herrera del Duque y Puebla de Alcocer. El caso se destapó cuando se multiplicaron las muertes por inanición y las enfermedades, a lo que se sumó un importante incremento de fugas. Tras los interrogatorios militares los implicados fueron multados e inhabilitados, sólo unos meses.

Uno de los testimonios orales recogidos por el investigador, un guardián original de Fuente de Cantos, relata que las primeras bajas por hambre y enfermedad fueron las de los “valencianos”. Se trataba de prisioneros llegados desde la zona del Levante, cuyos cadáveres fueron arrojados a unas de las fosas cercanas al campo.

La muerte les sacudió con más virulencia porque estaban lejos de sus casas y no podían recibir apoyo familiar. No tuvieron la suerte de los reclusos de Extremadura, que tenían el respaldo de los allegados que se desplazaban hasta allí. Algunos incluso se establecieron en Castuera.

La práctica del terror y la violencia con la entrada de los jefes de la Falange fue una constante. Un modo de amedrentar a todos los prisioneros que se sumaba a las condiciones infrahumanas en las que vivían.

El mejor testimonio que han documentado hasta el momento es el de Albino Garrido, fallecido hace dos años. Conoció el barracón de incomunicados, destinado a quienes iban a morir en un consejo de guerra. Fue protagonista de una historia de resistencia en mayúsculas, porque Albino escapó del campo, estuvo preso casi un año y salió con vida. Más tarde se refugió en Francia, donde fue apresado y trasladado a un campo nazi.

En su libro de vivencias relató la crudeza y la sangre fría de los franquistas. Cuenta el caso de su amigo Isaías Carrillo Sosa, asesinado mientras estaba despiojando a otro preso. En mitad de la rutina de la limpieza que se hacían unos a otros se acercó un falangista, sacó su pistola y lo mató sin mediar palabra. A la víctima la sacaron del barracón ante el pavor y el terror de todos sus compañeros.


“Cruz, Bandera y Caudillo” es el nombre que da título al trabajo documental del investigador extremeño Antonio López, un título que resume a la perfección la estampa que daba la bienvenida a la finca.

Se conserva muy poco de la estructura del campo, por su carácter desmontable, aunque llama la atención una peana de grandes dimensiones que soportaba una cruz erigida en el patio de ceremonias. Un elemento simbólico que dejaba claro el interés del régimen por reeducar a todos aquellos que habían sido fieles a la República, o que habían participado de alguna manera en la revolución social años atrás.

La bandera franquista estaba fuera del recinto alambrado, a 90 pasos. “Un modo de decirle a los prisioneros: tenéis que ser buenos católicos, y luego ya españoles cuando nosotros queramos, claro”, señala López, que también es miembro de la Asociación Memorial Campo de Castuera.

Había unos 80 barracones que se distribuían en torno a un patio central, con dos núcleos de filas a ambos lados. Eran estructuras desmontables, con cubierta de uralita y chapa que rápidamente se llenaron de presos.

El gran volumen de internos hizo necesaria una ampliación del campo y se levantaron “covachas”, cabañas recubiertas de matorrales en los que eran ubicados de dos en dos. Eran conocidas con el nombre de “Villaverde”. Ellos mismos tenían que dar forma a las estructuras para refugiarse, al mismo tiempo que se encargaban del adecentamiento de las calles.

Una de las claves de Castuera es la llegada de Ernesto Navarrete como jefe del campo, “que ya tenía a sus espaldas una hoja de servicios lo suficientemente sangrienta como para estar al frente”. Además estará en la sombra Manuel Carracedo, encargado del servicio de información de policía militar, tal como confirmó él mismo en unos testimonios grabados.

En su cautiverio los presos veían el tiempo pasar, a la espera de un destino incierto y al antojo de las órdenes del jefe del campo y del resto de militares. Permanecían a la espera de recibir informes políticos y sociales. A favor o en contra.

Lo primero que se hacía con ellos, tras ser detenidos a pie de trinchera, era una hoja declaratoria. En ella se reflejaba información relativa a la guerra, su lugar de origen y su municipio.

Una vez recopilados todos los datos los servicios de información se ponían manos a la obra y contactaban con la localidad. Solicitaban informes políticos y sociales al alcalde, el jefe de la Falange, el cura y a otras personas “de bien” -todas de derechas- para que dieran su correspondiente opinión.

A partir de los datos se clasificaba al reo. Se le podía abrir diligencias, con las que comenzaba la instrucción de un consejo de guerra o se le podía dejar allí. “El servicio de información va a facilitar la represión y los juicios sumarísimos en menos de una semana, algo que va a permitir acelerar los fusilamientos”.

Los representantes de la resistencia republicana van a acabar en barracones incomunicados, de los que no paraban de salir nuevas “sacas” de fusilamientos. Las diferentes campañas de catas y excavaciones han constatado varias fosas comunes, como la que se localizó en el cementerio.

El historiador habla de otras fuentes que apuntan a la práctica de la “cuerda india” en Castuera, por la que decenas de presos habrían sido atados y empujados al interior de la mina de La Gamonita, cercana al municipio. Posteriormente se habrían arrojado bombas de mano a su interior para acabar con sus vidas. Es una versión que ya relata Justo Vila en su libro sobre la guerra civil en 1985, y a la que también han hecho referencia los testimonios de los prisioneros supervivientes.

El campo funcionó hasta abril de 1940, a lo largo de un año completo. No se sabe cuántas personas llegaron a pasar con exactitud por la falta de documentación que existe.

Antonio López aclara que la cifra de 15.000 presos debe entenderse de manera orientativa, porque la información que se conserva está incompleta y es heterogénea. Hubo gente que sólo estuvo un día, mientras que otros pudieron estar meses cautivos, o el año entero.

A día de hoy se sigue sin tener acceso a toda la información de la represión franquista. Los investigadores y familiares denuncian que no tienen vía libre al archivo de la Guardia Civil, a lo que se suman los documentos depositados en dependencias del Ejército, que custodia documentación histórica. Por ello han reclamado de manera reiterada que la información sea depositada en el Ministerio de Cultura y en los archivos correspondientes para su libre acceso.

No obstante se sabe, a través de algunos archivos militares y las estimaciones realizadas, que en el mes de abril llegó a haber casi 6.000 prisioneros, y en mayo la misma cantidad. Mientras, en los meses de comenzó a bajar la cifra hasta las 3.000 personas. El número va fluctuando hasta el final, cuando se cierra con unos 1.200 prisioneros.

El número de desaparecidos sigue aumentando, “no paran de llegar biografías que se truncan cuando llegan al campo”. Se trata de familiares de víctimas que pierden el rastro de sus seres queridos allí, como confirman las cartas conservadas, y que ahora reclaman verdad, justicia y reparación.

El campo se cierra finalmente por la propia degradación de las instalaciones y porque las funciones para las que estaba destinado pasan a Mérida, Badajoz o Almendralejo. Los 1.200 prisioneros que quedaban dentro cuando llegó el momento de la clausura fueron repartidos entre Puebla de Alcocer y Herrera, donde los conventos funcionaron a modo de prisión.

Otras personas fueron enviadas a un batallón de trabajos forzosos, al no tener nada que imputarle. Llegan a parar a lugares como las colonias penitenciarias de Montijo, el eufemismo usado para ocultar al campo de concentración que mantuvo en Montijo y otras dos localidades a a 1.500 presos. Fueron obligados a construir parte del actual canal de Montijo y la presa que lleva el mismo nombre.

https://www.eldiario.es/eldiarioex/sociedad/Hambre-corrupcion-franquista-Castuera-concentracion_0_885411842.html

En Alemania el prototipo del delincuente es… aleman (y no un extranjero, ni un emigrante, ni un refugiado)

En septiembre del año pasado la policía regional de Sarre hizo públicas las cifras sobre ataques con cuchillo cometidos entre enero de 2016 y abril de 2018. Las estadísticas policiales apuntaban que la mayoría de ataques fueron cometidos por ciudadanos alemanes. Concretamente, del total de 1.490 denuncias y infracciones de la ley registradas en ese periodo, 842 casos fueron agresiones con cuchillo cometidas por ciudadanos alemanes; el resto de los ataques fueron protagonizados por ciudadanos de otros Estados de la Unión Europea (94) o por extranjeros extracomunitarios (158).

La estadísticas quedaban lejos de confirmar una de las tesis más repetidas por los neonazis de AfD, es decir, que la criminalidad ha aumentado en Alemania debido a la inmigración y a la llegada de refugiados. Por eso, en febrero de 2019, y partiendo de la base de que muchos de agresores con pasaporte alemán eran ciudadanos de origen extranjero nacionalizados, el diputado regional de AfD Rudolf Müller lanzó una pregunta parlamentaria al Gobierno del Sarre. Con ella quería saber cuáles eran los nombres más repetidos en el grupo de 842 agresores con pasaporte alemán registrados por la policía.

Tras volver a analizar sus bases de datos, la respuesta de la policía tampoco pudo satisfacer a los neonazis. Los trece nombres de pila más comunes en el grupo de agresores eran, en orden descendente, los siguientes: Michael, Daniel, Andreas, Sascha, Thomas, Christian, Kevin, Manuel, Patrick, David, Jens, Justin y Sven. Ni un sólo nombre árabe apareció en la respuesta de las autoridades locales. Además, de los 842 agresores con pasaporte alemán, sólo 14 contaban con otro pasaporte, es decir, tenían doble nacionalidad. La relación que los racistas constantemente intentan establecer entre migración e inseguridad, y con la que quiere alimentar un discurso islamófobo e incluso xenófobo, recibía otro jarro de agua fría estadístico.

La historia procedente del Sarre fue la antesala de la presentación esta semana del informe de estadísticas criminales a nivel federal. El Ministerio de Interior, Fomento y Patria alemán, en manos del socialcriastino bávaro Horst Seehofer, registró 5,4 millones de delitos a lo largo de 2018. Se trata de la cifra más baja desde 1992. “Alemania es uno de los países más seguros del mundo”, dijo Seehofer, uno de los políticos conservadores alemanes que más ha coqueteado con las tesis racistas.

Llama la atención que tanto la cifra de robos como la de la criminalidad callejera se hayan venido reduciendo en Alemania de manera constante desde 2015, mientras que las de agresiones físicas se han mantenido estables tras un pequeño incremento en 2016. En verano de 2015 se produjo la llamada “crisis de refugiados”, cuando más de un millón de personas procedentes mayoritariamente de Oriente Próximo buscó refugio en Alemania después de que la canciller alemana Angela Merkel decidiera no cerrar las fronteras del país.

El informe del Ministerio del Interior alemán también especifica qué porcentaje de sospechosos o criminales son extranjeros: un 30,5 por ciento de todos ellos no cuenta con un pasaporte alemán y de ese porcentaje, solo un 8,8 por ciento son inmigrantes. El 20 por ciento restante fueron, por tanto, extranjeros que cometieron algún tipo de delito cuando estaban de paso en el país. Esto último provoca lo que Holger Münch, presidente de la Oficina Federal de Investigación Criminal, considera un “efecto distorsionador”.

En recientes declaraciones al tabloide “Bild Zeitung”, Münch ponía como ejemplos de ello el hincha de un club de fútbol extranjero que es detenido por la policía durante disturbios antes o después de un partido de Liga de Campeones, el turista que comete algún tipo de infracción o el criminal que cruza eventualmente las fronteras de Alemania, pero que no reside en el país.

Por tanto, y a pesar de que como reconocen las autoridades alemanas, hay un cierto repunte en la criminalidad en el grupo de inmigrantes procedentes del norte de África y del África subsahariana, este último incremento sigue siendo insuficiente para sostener la tesis de AfD: que hay una relación directa entre la inmigración y el aumento de la delincuencia y la inseguridad en Alemania. Según las cifras oficiales, la amplia mayoría de infracciones sigue siendo cometidas por ciudadanos alemanes y la criminalidad ha disminuido desde la llamada “crisis de los refugiados” de 2015.

“Aquello que se siente es también realidad”, dijo en septiembre de 2016 Georg Padzerski, dirigente fascista de AfD en Berlín, en un debate televisado previo a las elecciones regionales en las que el partido nazi obtuvo 230.000 votos y más del 14 por ciento de todos los sufragios en la multicultural y mayoritariamente liberal capital alemana. Padzerski respondía así a una pregunta sobre por qué su partido solía mostrar una imagen negativa de la inmigración pese a que la inmensa mayoría de extranjeros residentes en el país no son criminales y viven de una manera pacífica.

Padzerski hacía así referencia a una de las estrategias fundamentales del joven partido ultraderechista: capitalizar una creciente sensación de inseguridad entre la ciudadanía alemana que se da, paradójicamente, mientras las estadísticas de criminalidad menguan. Así lo apunta una investigación confeccionada por el Instituto Max-Planck, en colaboración con la Oficina Federal de Investigación Criminal, y que también fue presentada esta semana, paralelamente a la de las estadísticas de criminalidad dadas a conocer por el Ministerio de Interior federal.

Según el estudio del Instituto Max-Planck, más de un 20 por ciento de los ciudadanos alemanes se sintió inseguro en 2017 al salir de casa. Ese porcentaje suponía un crecimiento del 5 por ciento con respecto a 2012, cuando se hizo el último estudio al respecto. Curiosamente, las personas con trasfondo migratorio, y especialmente los ciudadanos alemanes con raíces turcas (la mayor minoría del país), perciben un mayor peligro de ser víctimas de un delito.

La procedencia de la percepción de la inseguridad parece, sin embargo, irrelevante para el partido fascista más exitoso de la historia de la República Federal de Alemania, sino sólo la percepción de la inseguridad en sí misma, que puede seguir siendo una fuente de votos para AfD. Los dirigentes del partido fascista, consecuentemente, no dejan pasar oportunidad alguna para agitar el discurso del miedo.

“¿De verdad es Alemania uno de los países más seguros del mundo?”, se preguntaba Alice Weidel, copresidenta de la fracción nazi en el Bundestag, al postear en su cuenta de Twitter un vídeo de presuntos ciudadanos árabes intentando apuñalar a un sin techo en el metro de Berlín. Ello, sólo un día después de la presentación de las estadísticas oficiales de criminalidad. Ni la policía ni el texto de la noticia posteada por Weidel confirmaban que los agresores fueran extranjeros ni tuvieran origen árabe, pero para la dirección de AfD la sensación de inseguridad, digan lo que digan las estadísticas, vale tanto o más que la pura realidad.

https://www.elconfidencial.com/mundo/europa/2019-04-07/el-criminal-prototipo-se-llama-andreas-no-mohamed-fiasco-de-la-ultraderecha-alemana_1927958/

En el Ministerio del Interior no hay cloacas; la cloaca es el propio Ministerio

Juan Manuel Olarieta

A raíz del espionaje policial a Podemos se ha puesto de moda afirmar que dentro del Ministerio del Interior hay cloacas, de donde se deduce que hay algunos departamentos que no son nauseabundos, como la dirección general de prisiones, por ejemplo, o que en los demás Ministerios no hay cloacas ni nada parecido a ellas.

Si yo tuviera un cargo público y quisiera presumir de demócrata haría una reférendum casi todas las semanas para preguntar a “la ciudadanía” lo siguiente: sufrido elector, si pudieras meter al Estado en un barco que naufragara, ¿qué organismo público salvarías? Luego daría un listado como el siguiente: Universidad Rey Juan Carlos, Agencia Tributaria, Tribunal Constitucional, Corona, Banco de España, Senado, autonomías, ejército, fiscalía…

Incluso metería en la lista a otro tipo de organismos, como la Unión Europea, la OTAN, el Fondo Monetario Internacional, la ONU…

La viuda del mercenario Jean Pierre Cherid acaba de publicar un libro sobre las cloacas del Ministerio del Interior, que conoce muy bien porque su marido formó parte de ellas hasta que sus jefes, o sea, los jefes del Ministerio, lo asesinaron en 1984, según confiesa ella misma, cuando el PSOE estaba en el gobierno.

Luego las cloacas no nacieron con Villarejo sino que Villarejo se incorporó a ellas casi el mismo tiempo que Cherid se dedicaba a asesinar y poner bombas, lo cual ocurrió tanto en pleno franquismo como después (porque el franquismo no ha acabado).

De ahí que Pablo Iglesias equipare la vigilancia policial sobre Podemos con los GAL de la manera torpe a la que nos tiene acostumbrados. “Lo que le ha ocurrido a Podemos es lo más grave desde los tiempos de los GAL”, dice.

Contra Podemos las cloacas policiales trataron de orquestar ese tipo de montajes, cierto, aunque no son nada novedosos, sino todo lo contrario. Hicieron lo que estaban acostumbrados a hacer. Pura rutina. La conclusión del montaje es que antes todo era ETA y ahora todo es Podemos.

Todo montaje nauseabundo acaba en dos cloacas. La primera de ellas es la prensa. Cuando un reportaje se apoya en “fuentes bien informadas”, se refiere a tipos como Villarejo, que se ha hecho millonario con la compraventa de “información” (entre otros negocios a cada cual más nauseabundo).

La segunda es la fiscalía, parte integrante de todos los circos propagandísticos. Como dijo el ministro Fernández Díaz, la fiscalía se dedica a “afinar” los informes que le presenta la policía, algo que en el caso de Podemos no hizo.

Hizo algo peor: echó tierra encima de las heces que la policía le puso sobre la mesa sabiendo que la colitis era ilegal. Es lo mismo que se repite una y otra vez desde la transición: tierra encima de los cadáveres, más fosas comunes, más silencio y, por lo tanto, más impunidad.

Hay “miedo a investigar las cloacas del Estado”, dice José Antich, director del periódico catalán El Nacional. ¿Miedo? ¿Quiere decir que no vivimos en un país libre?

A estas alturas hay muy pocos motivos para quedar sorprendidos de que ocurran este tipo de cosas. Los informes de las cloacas policiales sobre Podemos son de la misma factura que los de Askapena, las herriko tabernas y el amplísimo entorno de ETA. ¿Acaso no ven el desfile de cloacas que comparecen cada día en el juicio por el referéndum catalán?

Cuando durante 40 años un Estado se esfuerza por aparentar algo que no es, todo es una gran cloaca.

En memoria de un albañil sevillano asesinado por la espalda en 1978 durante una movilización obrera

El 8 de julio de 1978 un policía de paisano mató de un tiro en la espalda a Francisco Rodríguez Ledesma, un albañil de 56 años, durante las movilizaciones de trabajadores de la empresa Hilaturas y Tejidos Andaluces, S.A. (Hytasa).

Paco, como le conocían sus amigos y familiares –eran siete hermanos–, fue víctima del terrorismo de Estado. Así lo entienden y reclaman sus vecinos del barrio del Cerro del Águila, donde ocurrieron los hechos que desencadenaron su asesinato.

Mil personas acudieron a su entierro, según las crónicas periodísticas de la época, que ya auguraban también que aquella muerte, como la de Caparrós o la de Verdejo, también en Andalucía, quedaría impune.

Desde el verano de 1977 los trabajadores de Sevilla estaban en la calle en lucha contra el expediente de regulación de empleo presentado por Hytasa.

En 2015 varios miembros de la asociación Aire Libre difundieron un cartel que colocaron ecomo homenaje a Rodríguez Ledesma, que fue nombrado también cerreño del año. “Pusimos un clavel en la imagen porque su hermana nos contó que le dejaban uno todos y cada uno de los días que pasó en el hospital”, cuenta Pepe Verdón.

En aquellas fechas también mataron en París a su amigo Aurelio Fernández, militante del PCE(r). “Las manifestaciones eran asiduas”, añade Verdón.

El barrio evillano tiene una larga trayectoria de lucha y resistencia contra el fascismo desde el mismo inicio de la guerra en 1936. El historiador José María García Márquez destaca un caso en el Cerro del Águila: “Especialmente impactante fue la muerte de Francisco Portales Casamar, de 35 años, empleado del Matadero y afiliado a Unión Republicana, detenido por orden de Queipo el 10 de agosto de 1936, junto a su cuñado Rafael Herrera Mata. Lo juzgaron en consejo de guerra el 21 del mismo mes y lo condenaron a muerte. Al día siguiente, 22, Queipo aprobó la sentencia y el 23 fue asesinado a las seis y media de la mañana en la muralla de la Macarena. Rafael, impresor que trabajó en El Cerro en la imprenta de Luis Barral, fue puesto en libertad poco después, aunque en 1937 sería nuevamente detenido y asesinado el 29 de enero de 1938”.

La hermana de Francisco, Luisa Portales, fue una mujer muy conocida en el barrio por su militancia política en Unión Republicana; y su hermano Luis, activo miembro de las Juventudes Libertarias, estuvo a punto de ser capturado, aunque no lo detuvieron hasta enero de 1938 y lo condenaron a veinte años de prisión, indica García Márquez.

En dos grupos de 11, de 22 miembros de la columna minera de Huelva, que llegó a Sevilla el 19 de julio, fue traicionada por la Guardia Civil y los fusilaron. “Se quiso que toda la ciudad tuviese conocimiento de la ejecución como escarmiento público y por eso los dividieron en grupos por distintos barrios. Las desapariciones se sucedían una tras otra. Llantos, gritos de desesperación, búsquedas de familiares por todos los centros de reclusión de Sevilla, etc., se convirtieron en algo cotidiano y repetido en aquel verano y otoño de 1936”.

La guerra contra el fascismo no acabó hace 80 años

Granada García, una mujer de La Algaba (Sevilla), estaba pintando en la puerta de la calle con un pañuelo rojo en su cabeza cuando entró el comandante Corrales con su columna. “Ya te lo estás quitando y lo estás quemando”. Un pañuelo rojo. Podía haber sido verde, o azul, o negro. Pero era rojo, qué delito.

La anécdota es un ejemplo gráfico de que en muchas zonas de España, como en Andalucía, no hubo ninguna guerra. Fueron víctimas de la represión fascista. Allí no hubo ninguna guerra, por lo que no es necesario desmontar la excusa de que “las guerras son muy malas”, de que lo mismo hicieron unos y otros.

El historiador Francisco Espinosa ha podido contabilizar 130.199 víctimas de la represión franquista en España, una cifra que aumentará si se sigue investigando. Los cálculos aproximados en Andalucía indican unas 49.000 víctimas de la represión fascista, una cifra aún abierta.

En Andalucía hay más personas desaparecidas que en Chile, Argentina y Guatemala juntos. En Córdoba la represión franquista fue especialmente cruel: 4.000 personas fueron asesinadas y arrojadas a fosas comunes. Córdoba fue el Auschwitz de Franco.

En Écija mataron a 278 personas y los únicos tiros que hubo los dieron los sublevados. Lo mismo ocurrió en Fuentes de Andalucía, donde asesinaron a más de 100.

La historia desmonta que hubiera una cruzada contra la religión católica. De los 12 sacerdotes y decenas de monjas que había en Morón, dos salesianos murieron, ambos beatificados. Pero no fueron fusilados; murieron en un tiroteo provocado por el teniente de la Guardia Civil. Además, uno de los curas, José Blanco, disparó ardorosamente contra los obreros desde el cuartel.

El gobernador militar de Sevilla prohibió que se cortara el tráfico en la carretera que va desde La Algaba al cementerio de Sevilla. Los arrieros que iban con las mulas a abastecer los mercados de la capital tenían que escuchar los gritos y los culatazos. Es la crónica del horror que empiezan a documentar los libros de historia con 80 años de retraso.

En La Rinconada asesinaron a las diez de la mañana en la plaza a dos personas acusadas de asaltar a un terrateniente. Sabían que no habían sido ellos y aun así los ejecutaron. Luego mataron a los culpables.

Las mujeres padecieron todo tipo de barbaridades. Los franquistas consideraron a las mujeres republicanas como botín de guerra, cosificándolas, deshumanizándolas; convirtieron el cuerpo de las mujeres en un campo de batalla más, usándolo como medio y como mensaje. Para los varones vencidos, era el medio por el cual se les humillaba nuevamente tras la derrota. ”A La Trunfa le dieron una paliza y, sin dejar de maltratarla, la introdujeron en un cuarto del cortijo, donde la intimidaron” tendiéndola en el suelo, “obligándola a remangarse” y exhibir “sus partes genitales; hecho esto, el sargento, esgrimiendo unas tijeras, las ofreció al falangista Joaquín Barragán Díaz para que pelara con ellas el vello de las partes genitales de la detenida, a lo que este se negó; entonces el sargento, malhumorado, ordenó lo antes dicho al guardia civil Cristóbal del Río, del puesto de El Real de la Jara. Este obedeció y, efectuándolo con repugnancia, no pudo terminar, y entregó la tijera al jefe de Falange de Brenes, que terminó la operación. Y entre este y el sargento terminaron pelándole la cabeza”.

Tras la guerra llegaron las incautaciones de bienes, que no fueron palacios, ni grandes casas. Se llevaron lo poco que tenían: las gallinas, los aperos, las mantas, el colchón…

Llegó, por supuesto, el hambre, la otra matanza con la que el franquismo doblegó aún más a una población aterrorizada.

Llegaron también los campos de concentración, y los trabajos forzados, y la censura, y las torturas, y los estados de excepción, y las redadas, y las cárceles, y el Tribunal de Orden Público…

La guerra contra el fascismo no acabó el 1 de abril de 1939. No ha acabado. El franquismo nunca dejó de matar, de reprimir, de encarcelar… Lo hará hasta el último aliento que le quede.

https://www.lamarea.com/2019/03/29/la-guerra-que-guerra-no-acabo-el-1-de-abril-de-1939/

PreS.O.S. políticos enfermos: ¡libertad inmediata!

Isabel Aparicio Sánchez
El 1 de abril se cumple el quinto aniversario de la muerte en prisión por falta total de asistencia sanitaria y médica de la presa política comunista Isabel Aparicio Sánchez.

Esta militante del PCE(r) llevaba años gravemente enferma y denunciando su grave desatención médica. En la calle, entre 2011 y el 2014 hubo campaña de solidaridad. Pero todo fue inútil. El exterminio fue en Zuera”…

El también preso político del PCE(r) Manuel Arango Riego, lleva numerosos años con graves enfermedades, de numerosa afección, que le impiden llevar una vida mínima saludable para el afrontamiento y la recuperación en prisión. La campaña en su solidaridad se está extendiendo, pero hace poco hemos sabido que la cárcel de Herrera de la Mancha lleva más de tres meses reteniendo los informes de salud del preso político comunista Manuel Arango. Tanto, que hasta el juez titular del Juzgado Central de Vigilancia Penitenciaria de la Audiencia Nacional, Jose Luís Castro, ha tenido que dictar una providencia notificada también a la defensa del preso del PCE(r) Manuel Arango, por la cual se afea a la dirección de la prisión de Herrera de la Mancha la falta de remisión de varios informes sanitarios imprescindibles para ventilar la solicitud de tercer grado por motivos de enfermedad grave. Según Castro, que contesta así a una solicitud de la defensa por la que se exigía impulso a las actuaciones por las dilaciones que estaba sufriendo, “ha sido incesante la comunicación entre el Centro Penitenciario y este Juzgado”.

El 12 de diciembre fue requerida a la prisión diversa documentación “recibiendo informes del Centro Penitenciario el 9 de enero de 2019, los cuales, al resultar incompletos para la pronunciación en relación al recurso, se reitera requerimiento al día siguiente, 10 de enero de 2019, recibiendo despacho del CP el 15 de enero, haciendo una nueva reiteración el día 24 de enero y posteriormente otra con fecha 6 de febrero de 2019”.

Las pruebas médicas realizadas, que no han sido trasladadas a la defensa, se han podido conocer por las comunicaciones de Arango, han evidenciado que padece de hepatología crónica, úlcera duodenal, escoliosis y artrosis, entre otras varias dolencias más, en su última carta de marzo señala que “cada vez tengo muchas más dificultades para andar, tengo una movilidad del 60% y si la mantengo ya me conformo, pero dudo mucho que la pueda mantener (en estas circunstancias)”.

Manuel Arango, además de preso político, es viudo de Isabel Aparicio, la presa política comunista militante del PCE(r) que falleció el 1 de abril de 2014 víctima de la desatención sanitaria y que Arango lleva denunciando desde entonces.

Parece evidente que el Estado quiere obtener un resultado parecido. Y labor de todo solidario el evitarlo.

Son 21 las y los presos políticos vascos gravemente enfermos. 32 los fallecidos en la cárcel, o en consecuencias de su enfermedad o desatención penitenciaria. El caso cercano de Oier Gómez ha sido tildado de ‘crueldad política española hasta el último segundo’.

Son Manuel Arango y M.ª José Baños Andujar los presos del Colectivo de presos comunistas y antifascistas gravemente enfermos. Son 5 los comunistas y antifascistas muertos en prisión. 3 los muertos a consecuencia directa de la desatención en prisión. Y hemos venido informando las graves desatenciones que han venido sufriendo últimamente Juan García Martín, Lucio García Blanco, M.P.M. Arenas…

¡A las presas y presos los sacamos a la calle ahora, o mañana puede ser tarde!
¡Presas y presos políticos enfermos libertad inmediata!
¡Amnistía total!

Socorro Rojo Internacional

La Gran Mezquita de París protegió a los judíos perseguidos por el fascismo en la Segunda Guerra Mundial

Si Kaddour Benghabrit
El saber sí ocupa lugar. Las taras ideológicas, los prejuicios inculcados o la pura desinformación periodística no sólo confunden la memoria sino que no dejan espacio para que se desarrolle un pensamiento realmente libre.

Es el caso del “choque de civilizaciones” o las guerras “de religión” que corrompen profundamente la conciencia de millones de personas hasta el día de hoy. A veces esa deformación se arrastra del pasado hasta la actualidad; otras veces es la actualidad la que proyecta sus prejuicios sobre el pasado.

Así la lucha entre los judíos y los musulmanes parece que trasciende la historia: siempre ha sido así y así seguirá siendo siempre. Pero la ciencia demuestra no hay nada que trascienda la historia, aunque a veces es preferible recurrir al cine mejor que a un grueso libro de historia.

Por ejemplo, en 1991 el cineasta y escritor argelino Derri Berkani dirigió el documental “La mezquita de París, una resistencia olvidada” sobre la lucha de los musulmanes franceses contra la ocupación nazi de Francia y el apoyo que prestaron a los judíos perseguidos por el fascismo (1).

En 2011 el documental “Los hombre Libres”, de Ismael Ferroukhi, volvió sobre el tema: el papel de los argelinos en las filas de Francotiradores y Partisanos (FTP), la guerrilla antifascista francesa, donde comunistas, judíos y musulmanes coincidieron en una misma lucha (2).

“Ayer, al amanecer, los judíos de París fueron detenidos, ancianos, mujeres y niños en el exilio como nosotros, trabajadores como nosotros, son nuestros hermanos y sus hijos son nuestros hijos. Si uno de ustedes conoce a uno de estos niños, debe darle asilo y protección hasta que pase la desgracia. Hijo de Cabila, tu corazón es grande”, decía durante la ocupación un mensaje de los musulmanes de FTP que recoge un libro del historiador Ethan Katz.

En una entrevista que concedió en 2011 a Le Nouvel Observateur, el historiador Benjamin Stora recordó que en 1939 vivían en Francia cerca de 100.000 argelinos en condiciones miserables. La lucha sindical y política era “su principal medio de expresión”. Algunos de ellos se unieron a la Estrella del Norte de África, que hizo campaña a favor de la independencia de Argelia, mientras que otros se unieron a la resistencia contra la ocupación alemana (3).

Los militantes argelinos de FTP rescataron a niños judíos llevándolos a la Gran Mezquita de París para protegerlos de las redadas. Algunos que escaparon de los campos de concentración nazis, como el doctor Albert Assouline, también se escondieron allí, según confesó. Fueron actos “sin motivaciones religiosas”, dice Berkani, que utiliza el término “Cabila FTP” para referirse a los argelinos, en su mayoría cabileños, que utilizaban la jerga tribal para evitar las infiltraciones de confidentes.

Pascal Le Pautremat, asesor histórico de la película de Feroukhi, confirma que “la historia oral sugiere que la mezquita protegió a los civiles judíos”. En aquel momento, añade, “había un hermoso entendimiento entre judíos y musulmanes en el Mediterráneo”, un entendimiento que “se puede encontrar en la ayuda de la mezquita de París”.

Si Kaddour Benghabrit fundó la mezquita en 1922 y la dirigió hasta 1954. Su objetivo no era sólo el de rezar sino también expresar el vínculo entre Francia y el islam. Pero Benghabrit no es Schindler y su actividad durante la resistencia sigue siendo desconocida. El testimonio de su bisnieto, Merwane Daouzli, un profesor jubilado así lo atestigua. Daouzli explica que la lucha de su bisabuelo ni siquiera se mencionó dentro de su familia, hasta que en 1991 la población descubrió que había protegido a los judíos.

“Estaba en casa de un amigo que tenía un CD del cantante argelino Salim Halali. En este CD, hay una biografía del cantante que explica que fue ayudado por Si Kaddour Benghabrit. Me sorprendió, le dije a mi amigo: ‘¿Te lo puedes creer? ¡Es mi bisabuelo!’”.

Halali es un famoso cantante judío argelino. Su verdadero nombre es Simón y en 1940 “se salvó de los campos de concentración gracias a la intervención de Si Kaddour Benghabrit, que le expidió un certificado de conversión al islam en nombre y que, para corroborarlo, hizo grabar el nombre de su padre en una tumba abandonada del cementerio musulmán de Bobigny”.

La historia la relata el documental “Les Hommes Libres”, donde el artista, interpretado por el actor Mahmoud Shalaby, actúa en la mezquita de París. “Mi familia y yo estamos muy apenados por el olvido de las autoridades francesas. No hay trabajo de memoria cuando mi abuelo permitió que esta mezquita existiera y salvó judíos, un acto del que estoy muy orgulloso”, dice Daouzli.

La expedición de documentos falsos a judíos de origen norteafricano no significa, sin embargo, que la Gran Mezquita de París creara un sistema organizado de resistencia y rescate de judíos. Lo que había eran personas, dice Berkani, quien señala que en el lugar de culto había subterráneos, tal y como aparece en su página web. La mezquita tenía bodegas que daban acceso al río Bièvre, un pequeño río parisino que desempeñó un papel activo en el rescate de muchos judíos y combatientes de la resistencia.

Un imán en la resistencia antifascista
En la resistencia antifascista de la mezquita hay que contar con Abdelkader Mesli, un imán al que nombraron representante de la Gran Mezquita en Burdeos que sí trabajó de manera organizada y proporcionó documentos falsos a los prófugos, entre ellos a los judíos. Detenido por la Gestapo en julio de 1944, fue enviado a los campos de concentración hasta 5 de mayo de 1945, aunque la presencia de musulmanes en los campos de concentración es absolutamente desconocida, a diferencia de los judíos.

Al igual que el bisnieto de Benghabrit, el hijo de Mesli, Mohamed, también se enteró tarde de la lucha de su padre. “No sabía nada excepto que había sido deportado. Fue en 2010, mientras revisábamos las cosas en la casa de mi madre, cuando descubrimos todos los papeles”, dice.

Si hoy en día los libros, las películas y los testimonios dan cuenta de este episodio de la historia sin mostrar datos consistentes, el trabajo de memoria que emanan de las autoridades francesas y argelinas y de las instituciones judías y musulmanas es casi inexistente. Afortunadamente hay excepciones que confirman la regla. Annie-Paule Derczansky, presidenta y fundadora de la Asociación de Constructores de la Paz, ha estado haciendo campaña desde 2002 a favor de “la identidad, la ciudadanía y la reconciliación republicana entre las comunidades judía y musulmana”.

Al descubrir el documental de Berkani, pidió para que se pusiera una placa conmemorativa frente a la Mezquita Mayor de París que, hasta la fecha, nadie ha colocado aún y que, con los tiempos que corren nadie colocará jamás.

En 2005 Derczansky obtuvo del actual rector, Dalil Boubakeur, una nota interna del Ministerio de Asuntos Exteriores fechada el 24 de septiembre de 1940, en pleno régimen vichysta, en la que decía que “para las autoridades de ocupación” la mezquita de París era “sospechosa entregar fraudulentamente a individuos de raza judía certificados que atestiguaban que los interesados eran de confesión musulmana”.

Tras la creación del Estado de Israel en 1948, las cosas han cambiado mucho. Para el sionismo esta historia resulta inquietante. “El CRIF [Consejo Representativo de las Institutions Judías de Francia] no quiere saber nada de la resistencia musulmana”, lamenta Derczansky, que se dedica a proyectar el documental de Berkani en las escuelas, a pesar de la falta de apoyo.

En un artículo publicado en la página web del CRIF en 2013, Jean Corcos, vicepresidente de la comisión CRIF para las relaciones con los musulmanes, habla de “leyendas, desgraciadamente demasiado buenas para ser verdad, incluso delirantes”. Corcos cuestiona el número de judíos salvados por la Gran Mezquita de París -propuesto por Albert Assouline en el documental de Berkani- y la historia del cantante Salim Halali. Sin embargo, considera que “sin duda ha habido, y dentro de la propia mezquita, personas anónimas que han ayudado a que los judíos parezcan musulmanes en sus relaciones, dentro de sus posibilidades y sin que el rector haya intentado impedirlo”(4).

También en la mezquita, el trabajo de memoria histórica es tímido. Sin embargo, un artículo del New York Times recuerda que en su libro “Entre los Justos”, Robert Satloff dedica un capítulo a la Gran Mezquita de París, en el que Boubakeur confirma que unos cien judíos fueron ayudados por los musulmanes (5). A pesar de ello, las cifras no son verificables, ya que el acceso a los archivos sigue siendo difícil, incluso hoy en día, a causa de la posición de la mezquita durante la Guerra de Argelia por la independencia a favor del  colonialismo.

Al bisnieto de Benghabrit le hubiera gustado que su abuelo fuera reconocido como “hombre justo”, un estatus concedido por el Yad Vashem Memorial israelí a quienes arriesgaron sus vidas para ayudar a los judíos durante la guerra.

Por el contrario, el hijo de Mesli no lo quiere para su padre porque “no era alguien que buscara títulos”. Tras la guerra, dice, “siguió ayudando a la gente, independientemente de sus orígenes. Estaba en su naturaleza. Era parte de su vida”.

La lucha contra el fascismo cabe concluir, no es patrimonio de nadie. Ni antes ni ahora. Las pretensiones de identificarla o reducirla a una ideología o una religión son otras tantas manipulaciones de la historia.

(1) https://www.bm-lyon.fr/spip.php?page=agenda_date_id&source=326&date_id=6396
(2) https://www.youtube.com/watch?v=VOrzCbNumC8
(3) https://bibliobs.nouvelobs.com/actualites/20110927.OBS1193/quand-la-mosquee-de-paris-sauvait-des-juifs.html
(4) http://www.crif.org/fr/tribune/la-grande-mosqu%C3%A9e-de-paris-sous-loccupation-entre-v%C3%A9rit%C3%A9s-et-l%C3%A9gendes/37248
(5) https://www.nytimes.com/2011/10/04/movies/how-a-paris-mosque-sheltered-jews-in-the-holocaust.html


https://www.middleeasteye.net/fr/news/une-resistance-oubliee-quand-la-grande-mosquee-de-paris-venait-en-aide-aux-juifs

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