El ‘perrito faldero de Estados Unidos’ nada entre dos aguas

Estados Unidos no sólo ha dinamitado la OTAN sino que ha quebrado otro pilar de la posguerra, la “relación especial” con Reino Unido, que ha optado por solidarizarse con los países europeos, no sólo en la cuestión de Groenlandia sino también en los aranceles que Trump ha amenaza con imponer a quienes envíen tropas a la isla.

Este fin de semana el primer ministro británico, Keir Starmer, ha dicho que “imponer derechos de aduana a los aliados que trabajan por la seguridad colectiva de los miembros de la OTAN”, es “un completo error”.

“Nuestra posición sobre Groenlandia es muy clara: forma parte del Reino de Dinamarca y su futuro está en los groenlandeses y los daneses. También hemos dejado claro que la seguridad en el Ártico es importante para la OTAN en su conjunto y que todos los aliados deberían redoblar sus esfuerzos para hacer frente a la amenaza que representa Rusia en diferentes partes del Ártico”, afirmó Starmer.

Desde que llegó al poder en julio de 2024, el cabecilla laborista ha trabajado para fortalecer sus vínculos con la Unión Europea y, al mismo tiempo, preservar la “relación especial” entre su país y Estados Unidos para escapar de la guerra arancelaria.

Actualmente, el arancel general aplicado a Reino Unido es del 10 por cien, frente al 15 por cien de la Unión Europea.

Los partidos políticos británicos no han mostrado fisuras. Han condenado las pretensiones de Estados Unidos. Kemi Badenoch, del partido conservador, afirmó que Reino Unido corre el riesgo de “convertirse en el perrito de los Estados Unidos, que se anexionará Groenlandia y nos impondrán derechos de aduana porque no hemos mostrado firmeza”.

“No siempre estamos de acuerdo con el gobierno de Estados Unidos y en este caso ciertamente no”, afirmó Nigel Farage, dirigente de Reform UK. Su número dos, Richard Tice, esperaba que su jefe y Trump pudieran “intercambiar algunas palabras” al margen del Foro Económico Mundial de Davos. “Aquí es donde la verdadera amistad puede resultar útil”, añadió.

Los sectores automotriz, particularmente los de alta gama, y los del acero son los que más tienen que perder debido a una progresividad arancelaria a través del Canal de la Mancha. Pero la farmacia y la tecnología no está completamente protegida.

La solidaridad de Reino Unido con Dinamarca es retórica. Ni siquiera ha enviado un solo soldado a Groenlandia, a diferencia de un puñado de países europeos que, en total, han desplegado una treintena de soldados entre todos, algo puramente testimonial (por no decir ridículo). Incluso los oficiales suecos que se han trasladado a la isla han llegado a la isla sin sus armas reglamentarias.

‘Operación Resistencia Ártica’

Los europeos han disfrazado sus envíos como parte de una fantasmal “Operación Resistencia Ártica”, iniciada el jueves de la semana pasada. Para no enfadar a Trump más de lo debido, han camuflado su paripé con el pretexto de la “amenaza rusa”.

Estados Unidos amenaza a Dinamarca, pero el enemigo no puede ser otro que Rusia. El Ministerio de Defensa alemán justificó la burla por la necesidad de evaluar las amenazas rusas y chinas en el Ártico, evitando cuidadosamente cualquier referencia a los objetivos estadounidenses.

Esta postura oficial refleja las contradicciones de la política europea, atrapadas en su servilismo hacia Washington y su pertenencia a la OTAN. El embajador francés para asuntos polares, Olivier Poivre d‘Arvor, dice que el despliegue tiene como objetivo “mostrar a Estados Unidos que la OTAN está presente” en Groenlandia.

Al diplomático francés se le ha olvidado que media docena de países europeos no son la OTAN. Por su parte, la primera ministra danesa, Mette Frederiksen, ha advertido que un ataque significaría el fin de la OTAN, es decir, hay que esperar al ataque para redactar el obituario de la Alianza.

La reunión celebrada el jueves en Washington entre Dinamarca y Estados Unidos fue un fracaso. Pero Dinamarca lleva tiempo sospechando de las verdaderasa intenciones de Washington. Por eso el año pasado el gobierno de Copenhague presupuestó 1.200 millones de euros en previsión de una guerra, cuyo adversario no será Rusia.

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