La rivalidad entre Arabia Saudí y Emiratos Árabes Unidos, de la que hemos hablado en entradas anteriores, sigue su curso y se manifiesta, sobre todo, en el continente africano y, más en concreto, en Sudán, donde la guerra causa estragos desde 2023.
Riad acaba de anunciar la compra de oro de Sudán, lo que marca una ofensiva estratégica en el comercio africano de metales preciosos. La iniciativa, presentada el sábado en el quinto Foro Minerales del Futuro en Riad, sitúa a Riad en competencia directa con Dubai, el centro tradicional del comercio continental de oro.
Lo que está en juego va más allá de una simple transacción comercial: busca reestructurar las rutas del comercio de oro africano y ofrecer a los productores del continente nuevas alternativas frente al contrabando que promueve Emiratos Árabes Unidos para financiar la guerra.
La Compañía de Refinería de Oro Saudí, una empresa pública saudí, ha confirmado oficialmente su disposición a adquirir inmediatamente lingotes de oro sudaneses. El anuncio se produce tras una reunión de alto nivel entre Bandar Alkhorayef, ministro saudí de Industria y Recursos Minerales, y su homólogo sudanés, Nur Al Dayem Al Taha. Suleiman Bin Saleh Al Othaim, presidente de la refinería saudí, confirmó que su empresa está dispuesta a iniciar transacciones con Jartum sin demora.
Esta iniciativa comercial forma parte de un plan más amplio de Riad para diversificar su economía más allá de los hidrocarburos. Al centrarse en el sector aurífero africano, Riad pretende captar una parte de los flujos comerciales que hasta ahora han transitado masivamente por Emiratos Árabes Unidos durante décadas. El momento es oportuno: Sudán atraviesa un período de guerra que lo impulsa a reconsiderar sus alianzas comerciales tradicionales.
Para Jartum la propuesta saudí representa una gran oportunidad para legitimar y formalizar sus exportaciones de oro. Durante años, el país ha visto que una parte significativa de su producción de oro fluía a través del contrabando hacia Dubai, eludiendo así los ingresos fiscales del gobierno. Las sanciones internacionales que han afectado a Sudán durante mucho tiempo han fomentado el mercado negro, privando al gobierno de ingresos vitales para su desarrollo.
La búsqueda de nuevos socios comerciales también llega en un momento en que Sudán intenta reactivar su frágil economía. Desde la secesión de Sudán del Sur en 2011, que se llevó consigo la mayor parte de sus reservas de petróleo, la minería de oro se ha convertido en la principal fuente de divisas del país. Esta dependencia del sector minero hace aún más crucial asegurar mercados de exportación fiables y transparentes.
El oro llena el subsuelo de varios países africanos
Los metales preciosos son un pilar económico para muchos estados africanos. Más allá de Sudán, países como Ghana, Malí, Burkina Faso, Tanzania y Sudáfrica dependen en gran medida de los ingresos generados por la minería y las exportaciones de oro. Las rentas en divisas financian importaciones esenciales, equilibran el comercio y financian los presupuestos públicos.
La minería del oro crea miles de empleos, tanto en la extracción industrial como en la minería artesanal, que sustentan a poblaciones enteras. Los ingresos fiscales procedentes de esta actividad suelen representar una parte sustancial de los ingresos públicos, especialmente en países donde la diversificación económica sigue siendo limitada. Sin embargo, la valoración óptima del oro depende en gran medida de la capacidad de los estados para establecer alianzas comerciales con compradores internacionales.
La volatilidad de los precios internacionales del oro y las fluctuaciones monetarias afectan directamente a las economías de los países productores. Disponer de múltiples canales de comercio ofrece cierta protección contra las crisis económicas y fortalece el poder de negociación de los gobiernos africanos. Precisamente desde esta perspectiva, la iniciativa saudí podría cambiar el equilibrio del mercado.
Emiratos Árabes Unidos se ha consolidado desde hace tiempo como el centro esencial del comercio de oro africano. Sus refinerías de vanguardia, su zona de libre comercio y su ubicación geográfica estratégica han atraído flujos masivos de metales preciosos de África. Sin embargo, hay sospechas de blanqueo de capitales con parte del oro comercializado.
Arabia Saudí está aprovechando su estatus de potencia regional y sus crecientes relaciones diplomáticas con varios países africanos para posicionarse como alternativa. Riad posee la infraestructura necesaria y tiene pretensiones de expansión económica continental que van más allá del sector minero. El objetivo también es propinar un golpe a Emiratos Árabes Unidos.