El esfuerzo de China para superar la brecha digital con Estados Unidos

China ha lanzado una nueva constelación de satélites dedicados a internet desde la provincia insular de Hainan utilizando un cohete Larga Marcha 12. La operación busca fortalecer las capacidades de conectividad espacial del país y ampliar el acceso a los servicios digitales. El lanzamiento se produce en un contexto de intensa batalla por los satélites en órbita baja (LEO) para superar la brecha digital. El control de la infraestructura de comunicaciones y la autonomía tecnológica son los puntos centrales de la disputa. Ante esta dinámica, la red Starlink de Elon Musk sigue siendo el referente más fuerte.

El país asiático continúa su ascenso en el ámbito del internet satelital. El reciente lanzamiento de un grupo de satélites desde el Centro Espacial Wenchang en la isla de Hainan marca un nuevo paso en su estrategia para fortalecer sus telecomunicaciones orbitales. Transportados por un cohete Larga Marcha 12, estos satélites se colocaron en órbita baja para proporcionar servicios de conectividad de alta velocidad. El gobierno chino asegura que la misión se desarrolló según los objetivos técnicos, y los satélites entraron en órbita con éxito.

La iniciativa forma parte de una política más amplia destinada a fortalecer su infraestructura digital. China considera el espacio como un factor clave para defenderse, impulsar su desarrollo económico, impulsar la transformación digital y garantizar la seguridad de sus comunicaciones. Los satélites de internet, en particular, permiten cubrir zonas donde las redes terrestres siguen siendo insuficientes, a la vez que ofrecen velocidades adecuadas para los servicios en línea, la educación a distancia y las aplicaciones industriales.

El centro de lanzamiento de Wenchang

El despliegue de constelaciones de satélites en órbita terrestre baja aborda varios objetivos estratégicos. En primer lugar, busca mejorar el acceso a internet en todo el país, incluidas las regiones rurales, montañosas e insulares. En segundo lugar, refuerza la independencia tecnológica del país respecto a Estados Unidos. Al desarrollar sus propios sistemas de comunicación espacial, China limita su dependencia de redes controladas por actores externos.

Como es característico, China tiene un enfoque gradual, que combina la inversión pública, la capacidad industrial y la experiencia científica. El centro de lanzamiento de Wenchang, ubicado en la provincia de Hainan, desempeña un papel central en esta estrategia. Gracias a su ubicación geográfica y a su moderna infraestructura, se ha convertido en un punto clave para los lanzamientos espaciales, en particular aquellos destinados a aplicaciones comerciales y civiles.

Más allá de los aspectos técnicos, estos programas también reflejan el deseo de huir del control tecnológico de Estados Unidos. La infraestructura de comunicaciones es crucial, al igual que las redes energéticas o de transporte. Controlar sus propios canales de difusión de datos es fundamental para garantizar la estabilidad económica y la seguridad.

Un mercado en expansión: la conexión a internet vía satelite

La conexión a internet vía satelite está experimentando un rápido crecimiento a nivel mundial. Muchos países están invirtiendo en este sector para reducir la brecha digital y mejorar la cobertura en zonas con escasa cobertura de redes terrestres. Las constelaciones de órbita terrestre baja (LEO) ofrecen menor latencia y mayores velocidades de datos que los satélites tradicionales, lo que las hace atractivas para una amplia gama de usos.

En los últimos años, la conectividad espacial se ha convertido en un imperativo económico, social y estratégico. Es una forma de apoyar la educación a distancia, desarrollar servicios digitales, fomentar la innovación y asegurar las comunicaciones en tiempos de guerra. Estos sistemas también sirven para mantener enlaces estables durante desastres naturales o en zonas aisladas.

Sin embargo, el creciente número de satélites en órbita terrestre baja plantea interrogantes sobre la gestión del tráfico espacial, los riesgos de colisión y la preservación del entorno orbital. A escala internacional las grandes potencias negocian la regulación de estas actividades, en particular en lo relativo a la asignación de frecuencias y la sostenibilidad a largo plazo.

En este panorama, China avanza con una estrategia estructurada, pero no está sola. Otras potencias y numerosas empresas privadas están invirtiendo fuertemente en internet espacial, lo que contribuye a una mayor competencia y a una innovación tecnológica acelerada.

La red omnipresente que llena el cielo: Starlink

A pesar de la aparición de nuevos protagonistas, Starlink, la red satelital de SpaceX, sigue siendo la referencia del sector. Fundada por Elon Musk, la empresa estadounidense ha desplegado miles de satélites en órbita terrestre baja para proporcionar acceso a internet de alta velocidad en todo el mundo. Esta primacía se basa en un modelo integrado que combina cohetes reutilizables, producción de satélites y servicios comerciales.

Starlink ya está operativo en muchas regiones del mundo, incluyendo África, Europa y América. El servicio es utilizado por particulares, empresas, ONG y, en algunos casos, instituciones públicas. Su capacidad para lanzar rápidamente sus propios satélites a costes relativamente bajos ha contribuido en gran medida a esa posición dominante.

Frente a este gigante, China está adoptando un enfoque diferente, basado en programas públicos y la movilización de su capacidad industrial. El objetivo no es solo comercial, sino también estratégico: garantizar una infraestructura independiente y competitiva. Si bien Starlink se mantiene en cabeza en términos de despliegue y cobertura, las iniciativas chinas reflejan un claro deseo de reducir la brecha.

Son dos modelos distintos de desarrollo espacial. Por un lado, una empresa privada, aunque patrocinado por el Pentágono, impulsado por la rápida innovación y la inversión masiva; por otro, un Estado que se basa en la planificación, la autonomía y la consolidación gradual de su capacidad tecnológica.

El reciente lanzamiento de satélites de internet por parte de China confirma que el espacio se ha convertido en un escenario central de la guerra tecnológica. Las constelaciones orbitales ya no se limitan a proyectos militares. Están configurando el futuro de las comunicaciones, la economía digital y la guerra.

A medida que nuevos satélites se incorporan a la órbita terrestre baja, el acceso a internet se está convirtiendo en un asunto tan estratégico como el acceso a la energía o la infraestructura de transporte. China, al igual que otros países, necesita escapar de la dependencia de Estados Unidos y Starlink de Elon Musk para asegurar su futuro.

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