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Autor: Redacción (página 1257 de 1362)

Al-Assad encabeza una amplia coalición política contra el yihadismo

Además de militar y diplomática, la guerra contra el yihadismo en Siria tiene un componente político importante que siempre ha existido de hecho pero que sólo ahora, cuando el ejército regular avanza, aparece con mucha más claridad.

El gobierno de Damasco no combate en soledad sino que ha creado una alianza con fuerzas nacionales (kurdos) y religiosas (cristianos).

La principal milicia kurda YPG (Unidades de Protección del Pueblo Kurdo) ha formalizado una alianza con el gobierno con el nombre de “Fuerzas Democráticas Sirias”, en el que también se ha integrado el grupo Burkan Al-Furat, mayoritariamente árabe.

En Siria está apareciendo un nuevo escenario que repercutirá más allá de la guerra, en las negociaciones de paz, en la transición y, en definitiva, en una nueva correlación de fuerzas interiores, hasta ahora oculta detrás de una agresión internacional.

Los protagonistas no volverán a ser los mismos, como ha reconocido Federica Mogherini, la responsable diplomática de la Unión Europea. La creación de las Fuerzas Democráticas Sirias “cambia el dato”, dijo ayer, añadiendo que hay que coordinar “las intervenciones en el conflicto”. No aclaró qué es lo que hay que coordinar ni quién se va a encargar de ello, seguramente porque no lo sabe.

No obstante, el uso del plural ya pone de manifiesto que en Siria empiezan a aparecer actores de los que nadie ha hablado antes y, por lo tanto, son posibles muchas combinaciones, que van más allá de la guerra.

Como es característico en Oriente Medio, esas combinaciones recurren a padrinos foráneos, por lo que quienes, como Turquía, han apostado por el caballo perdedor, pueden quedarse fuera de juego, salvo que las próximas elecciones saquen a Erdogan del gobierno de Ankara. Hasta la fecha Erdogan ha apostado por promover el yihadismo en Siria y por catalogar a YPG como la sucursal siria del PKK, es decir, como una organización terrorista.

Erdogan es la versión yihadista de la Audiencia Nacional. Tiene tal paranoia con Bashar Al-Assad y con los kurdos, al mismo tiempo, que ve terroristas, brazos, tentáculos y “entorno” por todas partes. Está tan desesperado por acabar con el terrorismo que no hace otra cosa que promocionarlo.

Va a acabar muy mal. Será el cazador cazado. Culpar al Califato Islámico por el último atentado de Ankara, que ha costado casi 100 vidas, es como culparse a sí mismo.

Atención: Esta noticia contiene información errónea. Está corregida en este enlace:

La policía británica abandona la custodia de Julian Assange

La policía británica se ha aburrido de custodiar la puerta de la embajada de Ecuador en Londres para detener a Julian Assange, el fundador de WikiLeaks. Después de tres años de vigilar la legación diplomática ha mandado a los guardianes a que cumplan otras funciones.

La presencia de policías durante 24 horas «ya no es proporcionada» y los recursos son «finitos», dijo un portavoz oficial.

No obstante, la policía advirtió que continuará con un «plan encubierto» para arrestar al australiano si deja el edificio. Se estima que la vigilancia de Assange le ha costado 20 millones de dólares a la policía.

Assange es un programador informático nacido en Australia que en 2009 denunció los crímenes cometidos por la policía en Kenia.

En 2006 fundó el sitio web WikiLeaks para publicar información secreta sobre los chanchullos internos de los imperialistas. Desde entonces ha publicado más documentos clasificados que toda la prensa mundial junta. El sitio de internet ha padecido el mayor número de ataques informáticos que se conoce con el fin de impedir el acceso a ellos, por lo que para evitar su desaparición existen más de mil sitios diferentes con la misma información clonada.

En 2012 creó el Partido WikiLeaks, anunciando su presentación como candidato para el Senado australiano.

Como consecuencia de sus actividades está perseguido y tuvo que refugiarse en la embajada de Ecuador en Londres para evitar ser extraditado a Suecia por una farsa judicial en el que le imputan un supuesto delito sexual cometidos en 2010.

La denuncia la interpuso una gusana cubana que trabaja para la CIA. Fue cerrada inicialmente y luego reabierta por presiones de la embajada de Estados Unidos en Estocolmo.

Estados Unidos le acusa de espionaje y traición, por lo que podrían imponerle la pena de muerte.

Assange es una de las muestras de que el imperialismo no tolera ni la más leve deslealtad: si les atacas son capaces de perseguirte hasta la tumba.
Además, es un ejemplo de que las informaciones oficiales no tienen nada que ver con el mundo real, que se esconde en medio de una maraña de datos reservados que tratan por todos los medios de que no vean la luz.

Rusia logra neutralizar a Arabia saudí en la guerra de Siria

El domingo Putin se entrevistó en Sochi con el nuevo ministro saudí de Defensa, Mohammed bin Salman Al-Saud por segunda vez en pocos meses.

El Presidente ruso ha obtenido el compromiso de los saudíes de “cooperar más estrechamente” en Siria, aunque no queda nada claro en qué consistirá dicha “cooperación” porque mientras Moscú sostiene al gobierno de Damasco, Riad hace lo propio con el Califato Islámico y ha criticado la intervención militar rusa en apoyo al ejército regular.

Parece que la autocracia saudí también ha renunciado al derrocamiento de Bashar Al-Assad porque tras el encuentro el ministro saudí de Asuntos Exteriores, Adel Al-Dschubeir, declaró que su país es partidario de un “diálogo” entre el gobierno y la oposición para abrir un periodo de transición en Damasco.

Al-Dschubeir también dijo que Rusia había disipado los temores saudíes sobre el creciente papel de Irán en el futuro de Siria.

Putin ha obtenido otra victoria diplomática de largo alcance en Oriente Medio. Hace muy pocos días los dirigentes religiosos wahabitas llamaron a la guerra santa contra Rusia.

El diario alemán “Deutsche Wirtschafts Nachrichten” relaciona el giro saudí con la “lucha por el poder” que viven las camarillas de Riad tras la muerte del anterior monarca (*).

Los progresos militares del ejército regular sirio marchan en paralelo con los avances diplomáticos de Rusia y ya están en la frontera con Turquía. Al mismo tiempo, el Califato Islámico ha padecido una importante derrota en los alrededores de la base aérea de Deir Ezzur, donde ha dejado 120 cadáveres.

(*) Erfolg für Putin: Saudi-Arabien gibt Widerstand gegen Russland auf, http://deutsche-wirtschafts-nachrichten.de/2015/10/11/erfolg-fuer-putin-saudi-arabien-gibt-widerstand-gegen-russland-auf/

Un tribunal en el que todos los acusados son negros

El domingo llegó a Argel el presidente de Sudán, Omar El Bechir, en una visita oficial que durará tres días.

Hace algún tiempo Sudán y Egipto eran un único país, creado a lo largo del río Nilo. Incluso después de la partición entre ambos, Sudán era el país más extenso de África. Pero en 2011 perdió otro pedazo, con el que los imperialistas crearon Sudán del sur.

Pero a quien persiguen es al presidente sudanés porque el Tribunal Penal Internacional es una de esas repugnantes instituciones internacionales creadas para que las ONG, los humanistas y los amantes de los derechos humanos duerman con su conciencia bien tranquila.

Sin embargo, como en cualquier tinglado racista de los tiempos del apartheid, en ese Tribunal todos los acusados son negros.

La primera vez que El Bechir salió de su país fue en junio. Viajó a Sudáfrica para participar en una cumbre de la Unión Africana. Las ONG aprovecharon para poner una querella en su contra ante los tribunales sudafricanos, ese tipo de acciones rocambolescas que tienen un enorme eco mediático, porque se trata justamente de eso: de salir en los medios y nada más.

Los querellantes pedían que El Bechir fuera detenido en virtud de una orden emitida por el Consejo de Seguridad de la ONU durante la guerra de Darfur. Lograron que un tribunal le impidiera salir del país.

Fue una comedia. Al día siguiente el presidente sudanés ya estaba en su casa y cuando los tribunales sudafricanos pidieron explicaciones al Ministerio del Interior, éste contestó lo siguiente: “no pudimos impedir su fuga porque no presentó el pasaporte en el puesto fronterizo”. De risa.

A diferencia de Sudáfrica, Argelia no ha ratificado el tratado que instituye el Tribunal Penal Internacional, por lo que ahora mismo duerme plácidamente en la otra orilla del Mediterráneo.

En 1998 se reunieron en Roma representantes de 193 países para crear el órgano mundial capaz de poner en marcha esa idiotez a la que llaman “justicia universal”. El estatuto lo firmaron 121 de ellos, por lo que tiene muy poco de “universal”. En cuanto a lo de “justicia” no merece la pena ni mencionarlo…

Un jurista erudito recordaría que los precedentes de un tribunal de esta naturaleza están en el artículo 227 del Tratado de Versalles, sí, aquel que en 1919 puso fin a la primera guerra imperialista y dejó las puertas abiertas a la segunda.

El mundo está gobernado por dos especies surgidas a lo largo de la evolución de la humanidad, los imperialistas y los farsantes, que cualquiera puede contemplar, uno al lado del otro, en ese vodevil que se llama Tribunal Penal Internacional.

El Tratado de Versalles creó un tribunal así para juzgar al emperador del Reich alemán, Guillermo II, al que los vencedores acusaban (tomen nota), de “ofensas supremas contra la moral internacional y la autoridad sagrada de los tratados”. Lo sagrado, lo ético, lo jurídico… todo en uno.

Pero un tribunal con tan magnos deberes hacia la humanidad nunca vio la luz. Guillermo II se marchó a Holanda, un país que nunca adoptó ninguna medida en su contra, a pesar de los graves delitos cometidos por el emperador alemán. ¿Dónde quedó lo sacro, lo moral y lo jurídico? Debajo del cesto de los papeles. ¿Donde quedó Guillermo II? Está enterrado en Holanda, justo al lado de la sede actual del Tribunal Penal Internacional…

En este Tribunal no sólo todos los acusados son negros, sino que todos son africanos porque África es el único continente en el que se cometen genocidios y crímenes de guerra, contra la humanidad y demás.

Quizá el Tribunal amplíe pronto su radio de acción geográfico. El reciente bombardeo de la OTAN contra un hospital en Kunduz, Afganistán, que ha matado a 33 personas ha sido calificado por “Médicos Sin Fronteras”, como un “crimen de guerra”, por lo que esperamos pronto ver a Obama sentado en el banquillo de los acusados. ¿Será porque Obama también es negro?

Amenazas imperialistas contra Suecia por el reconocimiento del Sáhara

El gobierno socialdemócrata sueco se dispone a reconocer a la República Árabe Saharaui Democrática, el Estado proclamado por el Frente Polisario, que cuenta con el aval de varios países de África y América, pero ninguno de Europa. Suecia sería el primero.

El gobierno de Marruecos ha respondido tan agresivamente como cabía esperar: bloqueando la apertura de la primera tienda de Ikea en el país, prevista para el martes.

Pero mucho más feroz ha sido la del “Washington Post” en un artículo firmado por Adam Taylor, un plumilla londinense: “La política exterior sueca consiste en un ‘totalitarismo feminista’ que quiere resucitar una vieja tradición diplomática sueca de los años años 80 que se basaba en el apoyo ideológico a los movimientos separatistas en los países en desarrollo”.

Sólo un baboso puede escribir algo así. ¿A qué viene eso del “totalitarismo feminista”? Es cierto que la llegada de la socialdemocracia al gobierno a comienzos de este mes ha cambiado la política exterior de Suecia y que eso le ha granjeado la enemistad de países que merece la pena enumerar: Israel, Arabia saudí, Emiratos Árabes Unidos y ahora Marruecos.

Pero, a cambio, se ha ganado nuestra amistad, por si le vale de algo.

No conforme con publicar artículos estúpidos, el “Washington Post” pasa a las amenazas, al más puro estilo imperialista, como la que Marruecos ha puesto en marcha: “La reputación de Suecia como socio comercial y de negocios está en juego”.

En la política exterior todo son chantajes: si no complaces a Estados Unidos y a sus socios vas a tener problemas, o sea, presiones económicas. No podrás organizar unos juegos olímpicos. Tampoco el Banco Mundial te va a conceder un préstamo. Las multinacionales se irán del país…

El periódico califica al gobierno sueco de “radical”, de volver a los vicios diplomáticos de los años 80: “Algunos miembros del partido socialdemócrata miran la política exterior de Olof Palme durante los años 70 y 80 como un ideal. Este antiguo Primer Ministro sueco adoptó una política de [….] apoyo a los movimientos separatistas en los países en desarrollo. Fue asesinado en Estocolmo en 1986 y la muerte no se ha aclarado”.

Es lo que ocurre cuando los chantajes económicos no son suficientes. Entonces llegan los asesinatos y las amenazas de cometerlos. Hay que ser tan canalla como el “Washington Post” para recordar ahora ahora aquel asesinato. Pero mienten cuando tienen que dar el último detalle: el asesinato de Palme está absolutamente claro; lo mató la CIA precisamente por este tipo de decisiones “radicales”.

¿Son los refugiados una inversión rentable?

La semana pasada el diario alemán Bild Zeitung calculaba que Alemana podría recibir este año a un millón y medio de refugiados. Se basaba en un documento confidencial del gobierno federal que, de puertas afuera, habla de sólo 800.000 peticiones de asilo.

Merkel sigue siendo partidaria de la acogida de los refugiados porque Alemania es un país agotado demográficamente. Como en toda Europa, la población alemana envejece. Los países europeos presentan síntomas alarmantes de decrepitud. Son masas de jubilados necesitadas de una asistencia médica y personal permanente.

El capital necesita reponer su ejército industrial de reserva, fuerza de trabajo joven a la que poder explotar durante varias décadas. Pero los alemanes no quieren tener hijos. Un informe de la fundación Bertelsmann dice que la fuerza de trabajo se podría reducir de 43 millones de obreros hoy, a 29 millones en 2050 si no hay nuevas aportaciones de mano de obra externa, inmigraciones y llegadas de trabajadores foráneos.

Para mantener la maquinaria capitalista en marcha, Alemania necesita cada año medio millón de trabajadores emigrantes más. Según el Ministerio de Trabajo si la aportación fuera de sólo 200.000 trabajadores al año, la fuerza de trabajo disminuiría en casi tres millones en 2030.

No obstante, la acogida de esa masa de emigrantes requiere un dispositivo público de asistencia para el que no hay financiación en la actualidad. El ministro del Interior, Thomas de Maizière, ha hablado de la necesidad de encontrar un equilibrio entre las necesidades y las posibilidades.

Según el diario Frankfurter Allgemeine Zeitung la acogida de un millón y medio de emigrantes costaría 10.000 millones de euros aproximadamente este año, lo que supone cuatro veces más que el desembolso del año pasado.

El gobierno alemán también echa números. Cada emigrante cuesta 13.000 euros al presupuesto público, contabilizando el albergue, la comida, la atención médica y unas migajas de dinero para que puedan ir tirando mientras se tramitan los papeles.

Uno de los desembolsos más importantes son los 500.000 euros que cuesta el adiestramiento del emigrante para que pueda aprender el idioma.

En Alemania nadie habla de los refugiados como de un drama humanitario. Es una inversión como cualquier otra. Pero, ¿será una inversión rentable? Para que ello sea posible, es decir, para obtener beneficios con la emigración y el asilo, es necesario abaratar los enormes costes sociales. A su vez, eso exige que las ONG acometan la tarea de una manera caritativa, es decir, en base a voluntarios que trabajen gratis para que el capitalismo funcione a pleno rendimiento. Máximo beneficio con el mínimo coste.

El fin del hombre rojo según Svetlana Alexievich

Svetlana Alexievich
Este año el Premio Nóbel de Literatura ha recaído en la escritora Svetlana Alexievich, nacida en Ucrania en 1948 pero con pasaporte bielorruso.

Creo que no es necesario insistir en que un Premio Nóbel es, más que nada, un descrédito para cualquiera, que tendrá que demostrar que, a pesar del galardón, sabe escribir sin faltas de ortografía. Si le hubieran dado el Premio de la Paz, tendría que demostrar que no ha desatado ninguna guerra.

Antes que nada y, sobre todo, antes que sus escritos, lo que hay que decir acerca de Alexievich es lo que nadie va a decir: sus vínculos con la Fundación Soros y el Club Pen, lo cual nos ahorra dar más explicaciones sobre eso que se llama “su posicionamiento” ideológico y político en relación a uno de sus libros: “El fin del hombre rojo”.

Al “hombre rojo” Alexievich lo llama también “Homo sovieticus” porque ella trata más de los soviéticos que de los soviets, lo cual es un punto de vista muy interesante acerca de la URSS. La caída de la URSS no sólo supuso el fin del socialismo (o de lo que quedaba de él) sino de un tipo de personas que existieron en aquella época y ya han desaparecido.

“El fin del hombre rojo” describe el fin de una civilización. Es una vasta encuesta, casi sociológica, de miles de personas que vivieron en la URSS y murieron con ella. ¿Cómo vivían los soviéticos?, ¿se enamoraban?, ¿con qué soñaban?, ¿qué les decepcionaba? En relación a aquel universo privado Alexievich dijo en una entrevista de hace tres años algo muy interesante:

“Era un mundo aparte, con su propia definición del bien y el mal, un mundo donde todo era diferente del oeste. Ponga Usted a discutir a dos personas de 60 años, una ex-soviética y otra occidental. Ellas constatarán que, tras su primer día de vida, sus existencia tienen pocas cosas en común, como si hubieran vivido en dos planetas. Su alimentación, sus temas de conversación, las películas y los libros que les han chocado, sus vacaciones, su habitat, sus héroes, su visión de la carrera profesional y de las relaciones humanas, todo era diferente. En la escuela no les enseñaban las mismas cosas. De hecho, para lo bueno y para lo malo, los comunistas lograron crear un hombre particular, el ‘Homo sovieticus’ con una cultura, una moral y costumbres muy diferentes de los de los occidentales. Si se olvida esto, uno no entiende nada de la Rusia actual”.

Luego la escritora afirma de que en la URSS “casi todo el mundo vivía igual” y hablar de dinero era considerado “indecente”. Por el contrario, los soviéticos hablaban de literatura durante horas, algo que en España, la patria de Cervantes, ignoran por completo.

Los valores que las escuelas inculcaban a los niños soviéticos eran de tipo colectivo, algo por lo que merecía la pena que cada uno de ellos se sacrificara, es decir, pusiera lo individual al servicio de lo social. La URSS enseñaba la importancia de los valores y esos valores eran, además, positivos, lo que tiene que chocar en un mundo que carece de ellos, es decir, de cualquier clase de valores ni principios porque se trata de crear una sociedad completamente amoral.

“Hoy mucha gente vive peor que bajo el poder soviético. Si uno no tiene dinero no puede conseguir que sus hijos estudien, ni tener atención médica. Antes todo eso era posible gratuitamente”, añadía Alexievich en la entrevista.

La URSS, que en otros tiempos fue una gran potencia, “vive de las rentas actualmente”,
dice Alexievich en sus entrevistas. Sin embargo, nadie puede vivir
siempre de las rentas porque tarde o temprano se acaban agotando.

En Rusia “a nadie le gusta la sociedad de hoy”, por lo que “hay una nostalgia muy fuerte por la época soviética, incluso entre los jóvenes que leen de nuevo a Marx y hablan de revolución”, decía la escritora espantada. Pero es lógico, como ella misma explicaba, porque “en la sociedad rusa actual quien hace la ley es el robo y el dinero”. ¿Cómo no sentir la necesidad de rebelarse ante algo así?, ¿cómo no buscar en el pasado las soluciones para el futuro?

Evidentemente una contrarrevolucionaria como Alexievich no hacía apología gratuita de la URSS sino para abalanzarse contra Putin, que es su paranoia personal. Al fin y al cabo la URSS es el pasado y Rusia es el presente. A pesar de haber ganado las elecciones en las que ha participado, a Putin lo califica como un dictador y algo peor: un autócrata. El Huffington Post presentaba así su entrevista con Alexievich en Minsk: “Putin no tiene nada que envidiar a los dictadores que se sucedieron a la cabeza de la URSS”.

Si Putin es un dictador, ¿de dónde procede su enorme popularidad? La admiración de los rusos por los dictadores, desde Lenin hasta Putin, ¿tiene una explicación patológica? Según Alexievich, “para el pueblo ruso Putin encarna una voluntad de renovación”, por lo que vuelve la nostalgia por el pasado: Putin “encarna nuestra grandeza desaparecida”, dijo Alexievich al diario francés Le Figaro.

Este ridículo lenguaje intelectualoide genera muchas dudas: lo que hoy quieren recuperar los rusos, ¿es realmente la grandeza?, ¿la grandeza de quién?, ¿no será que quieren recuperar el socialismo? Dicho en otras palabras: lo que hizo grande a la URSS, ¿no fue el socialismo?

El escándalo Volkswagen muestra la rivalidad entre los imperialistas

El artículo de Rafael Poch en “La Vanguardia”(*) sobre el fraude de Volkswagen es esclarecedor, sobre todo procediendo de un país, como Alemania, que prodiga lecciones de moralidad en Europa.

Credit Suisse estima en 78.000 millones de euros el perjuicio que el fraude puede ocasionar al primer monopolio automovilístico alemán.

La empresa de seguros Axa estima que el asunto le costará a Alemania alrededor del 1,1 por ciento de su PIB. El sector automovilístico representa más del 17 por ciento de las exportaciones alemanas.

“¿Es este escándalo un asunto técnico?”, se pregunta Poch. Naturalmente que no. Los parámetros de emisiones de los automóviles no los deciden los burócratas de Bruselas, ni el límite de velocidad de las autopistas alemanas lo deciden los diputados del Bundestag.

Los monopolios del automóvil pesan mucho en la política de Bruselas, donde hay oficialmente 240 grupos de presión declarados, 43 de ellos de Volkswagen, que son los que preparan las leyes a los políticos como platos precocinados.

Se vio claro en 2013, cuando Merkel vetó y pospuso hasta 2022 normas en materia de emisión, de acuerdo con un guión conjunto de Daimler-Benz y BMW.

El gobierno alemán conocía el fraude que ahora ha estallado, como sabían los tecnócratas de Bruselas que los procedimientos para medir las emisiones de gases son un timo.

Se ha hablado mucho del origen nazi de Volkswagen, pero mucho menos del papel que Volkswagen desempeñó, por ejemplo durante la dictadura de los generales brasileños (1964-1985) confeccionando listas negras para los militares entre sus empleados, cuando su jefe de seguridad en Sao Paulo (desde 1959 hasta 1967) era Franz Stang, antiguo comandante de los campos de exterminio nazis de Sobibor y Treblinka.

En París la agencia encargada de comprar los espacios publicitarios de Volkswagen en la prensa francesa chantajeó a una veintena de diarios regionales: si querían seguir recibiendo publicidad debían renunciar a publicar informaciones sobre el fraude durante los días en que se publicaran los anuncios. Solo tres diarios, sobre una veintena protestaron.

Quien crea que asuntos de tanta trascendencia los decide un funcionario de la agencia ambiental de Estados Unidos, se equivoca. Cuando se trata de lanzar un torpedo de tal calibre contra un país amigo, es que ocurre algo en la relación y se quiere lanzar una amenaza.

La pregunta que Poch plantea es bien simple: ¿Qué ha pasado entre Estados Unidos y Alemania para que una institución pública de Washington lance este torpedo contra Berlín?

Las negociaciones del TTIP, el acuerdo de “libre comercio” transatlántico no van bien. Las relaciones entre las potencias imperialistas son cada vez más tensas. Estados Unidos trata de intimidar cada vez más violentamente a sus vasallos europeos. Ha llegado la hora de los golpes bajos, la antesala de la guerra.

(*) http://blogs.lavanguardia.com/paris-poch/2015/10/06/das-auto-62027/#.VhTYEFJNxkY.twitter

Las armas de los yihadistas proceden de Estados Unidos

El jueves Red Voltaire  informó que la sección del Departamento del Tesoro de Estados Unidos encargada de la lucha contra la financiación del terrorismo había iniciado una investigación sobre el origen de los vehículos Toyota del Califato Islámico.

En el verano de 2014 el Califato Islámico penetró en territorio irakí a bordo de más de 800 vehículos de la marca japonesa Toyota, modelos Hilux y Land Cruiser, aparentemente nuevos.

Aquel equipamiento había llegado a manos del Califato Islámico en un tren especial fletado por los servicios secretos turcos. El mismo tren transportaba también armamento pesado comprado en Ucrania por Arabia saudí.

Según han declarado fuentes militares irakíes a la Agencia de Noticias Fars, el equipamiento militar capturado por el ejército irakí a los terroristas del Califato Islámico en Beiji, al norte de Irak, es de fabricación estadounidense.

Desde hace varios meses las fuerzas irakíes vienen realizando labores de limpieza en Beiji, que permanecía bajo el control del Califato Islámico. Tras apoderarse de la ciudad, de su refinería de petróleo y de sus alrededores, los militares encontraron numeroso material militar y municiones estadounidenses en las posiciones de los yihadistas.

El material había sido arrojado a las posiciones del Califato Islámico por helicópteros y aviones de carga estadounidenses.

Periódicamente los altos funcionarios irakíes vienen denunciando públicamente el suministro de armas y municiones de Estados Unidos a los terroristas del Califato Islámico. En ocasiones desde aviones estadounidenses también se han lanzado alimentos para que los yihadistas puedan subsistir atrincherados en sus posiciones.

Las últimas protestas han procedido del coordinador de las fuerzas populares irakíes, Jafar Al-Jaberi, quien recientemente dijo que los aviones de Estados Unidos habían lanzado armamento sobre posiciones ya abandonas por los terroristas, para estimularlos a recuperarlas.

Testigos oculares de Al-Havijeh, en la provincia de Kirkuk, vieron caer pesados fardos desde dos aviones con los distintivos de la Fuerza Aérea estadounidense sobre la zona comprendida entre Al-Khas y Diyala que hasta hace pocos días estaba controlada por los yihadistas.

En febrero un diputado informó de que el ejército irakí había derribado dos aviones británicos en la provincia de Al-Anbar que transportaban armas destinadas a los yihadistas.

“El Comité de Seguridad Nacional y Defensa del Parlamento irakí dispone de fotos de dos aviones británicos que se estrellaron cuando llevaban armas al Califato Islámico”, declaró el jefe del Comité, Hakem Al-Zameli, según un comunicado publicado por el Centro de Información en árabe del Consejo Supremo Islámico de Irak.

Como consecuencia del incidente, el Parlamento irakí pidió explicaciones a Londres.

Pero no se trata de casos aislados. El diputado irakí desveló que el gobierno de Bagdad recibe diariamente informaciones procedentes tanto de fuentes civiles como de fuerzas de seguridad en la provincia de Al-Anbar sobre numerosos vuelos de aviones de la coalición internacional que envían armas y suministros al Califato Islámico.

El referido diputado explicó, además, los motivos de la ayuda occidental a los yihadistas. Según él, Estados Unidos prefiere una situación caótica en la provincia de Al-Anbar, que está cerca de las ciudades de Kerbala y Bagdad, porque no pueden solucionar la crisis generada por el Califato Islámico.

También en febrero un funcionario irakí denunció a las potencias occidentales y sus aliados regionales por su apoyo hacia los takfiríes en Irak, afirmando que habían descubierto armas de fabricación estadounidense e israelí en las regiones que habían sido limpiadas de yihadistas.

“Hemos descibierto armas fabricadas en los Estados Unidos, en los países europeos y en Israel en las zonas liberadas del control del Califato Islámico en la región de Al-Baqdadi”, dijo el jefe del Consejo provincial de Al-Anbar, Khalaf Tarmouz, según informó el sitio de internet Al-Ahad.

Un diputado ruso quiere impedir el retorno del ‘stalinismo’

En Rusia los sondeos de opinión muestran que, a pesar de décadas de propaganda negra, Stalin sigue siendo el dirigente histórico más apreciado por la población, y lo que es peor: la popularidad de Stalin en las encuestas crece con el transcurso del tiempo.

Para conjurar este “peligro” el diputado de la Cámara Alta (Consejo de la Federación), Konstantin Dobrinin, propuso en setiembre del pasado año un proyecto de ley contra la rehabilitación de Stalin y de su actividad política al frente de la URSS.

Es bastante frecuente en todos los países: los parlamentarios niegan lo que las personas más desean. La Rusia actual no sólo mantiene bastantes referencias de la desaparecida URSS, sino que ha creado incluso algunos nuevos. Por ejemplo, a un reciente rompehielos lo ha bautizado con el nombre de “Lenin”. Pero el límite al que no puede llegar es Stalin. El georgiano resulta realmente indigesto.

El proyecto de ley del diputado Dobrinin se dirige “contra la rehabilitación de los crímenes del régimen totalitario de Stalin (estalinismo)”. Pretende que las informaciones justifiquen la represión estalinista se consideren extremistas y se prohíba su difusión.

Si no se combate el “stalinismo” la sociedad rusa corre el riesgo de padecer serios reveses. Para ello hay que continuar con el lavado de cerebro de los rusos, que últimamente estaba un poco descuidado. Dobrinin quiere que las instituciones públicas desplieguen más actividades en el seno de la sociedad para borrar el recuerdo de Stalin y crear una imagen diferente de la que los rusos conservan.

Para que vean cómo funcionan las cosas en la Rusia actual: el diputado se ha negado a conceder entrevistas a la prensa de su país para explicar los motivos de su propuesta. Sin embargo, el proyecto de ley va acompañado de una breve explicación que conviene conocer.

Según Dobrinin en los últimos años viene proliferando una propaganda cada vez más amplia que niega o justifica la “represión masiva” de la época de Stalin, lo cual contribuye a popularizar a los movimientos radicales que, a su vez, pueden “desestabilizar” la situación del país y favorecer el acceso al poder de fuerzas proclives a la represión masiva.

Un proyecto de ley de estas características no puede resultar más contradictorio porque, por un lado, dice que los “crímenes stalinistas” tuvieron una amplitud sin precedentes y marcaron a la sociedad soviética en su conjunto. Pero si eso sucedió tal y como lo describe Dobrinin y la historiografía burguesa del mundo entero, la sociedad rusa actual tendría una opinión muy negativa sobre Stalin que no sería necesario cambiar sino, en todo caso, ratificar.

El proyecto de ley de Dobrinin sobra porque tras el desmantelamiento de la URSS en 1990, es decir, hace 25 años, ya se aprobaron las leyes según las cuales hay que escribir la historia en la Rusia actual. Por supuesto, aquellas leyes fueron canónicas, es decir, repitieron el conocido reparto de papeles entre el verdugo (Stalin) y las víctimas (todos los demás) y, además, rehabilitaron a éstas.

Pero si la ley y la historia están tan claras en Rusia, ¿por qué aprobar una nueva? Porque a pesar de ellas la población rusa sigue llevando flores a la tumba de Stalin todos los días, porque su casa natal es el destino turístico más frecuentado de Georgia, porque en las bodas los convidados siguen cantando alabanzas a Stalin entre trago y trago… en definitiva porque no hay manera de erradicar la memoria de Stalin en la conciencia de las masas, ni en Rusia ni en ningún país del mundo.

La burguesía no se puede resignar ante esta realidad, ni tampoco ante la historia; le desagrada profundamente; quiere que todo ocurra de otra manera y sólo puede cambiar el pasado y el presente con un simulacro: aprobando leyes en un parlamento. No puede hacer otra cosa más que esa: aprobar nuevas leyes y esperar que se produzca el milagro.

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