Mientras que las cancillerías europeas se jactan de su deseo de “paz” en Ucrania, más de 600 paracaidistas británicos entrenan junto a la 11 Brigada de Paracaidistas francesa en escenarios de combate, emboscadas y resistencia a los ataques. “Se trata de preparar a nuestros soldados para las guerras del siglo XXI”, dicen los Estados Mayores.

Esta discrepancia entre las palabras y los hechos es llamativa porque revela una tendencia preocupante en la política exterior europea, arrastrada tras Londres hacia una escalada militar en Europa, en medio de otra en Oriente Medio.

Según declaraciones de Zelensky, Francia y Reino Unido estarían preparados cada uno para desplegar unos 5.000 soldados en Ucrania en caso de acuerdo con Rusia». El anuncio es sorprendente. ¿Desde cuándo se prepara un acuerdo de paz mediante el envío de tropas de combate? ¿Desde cuándo la desescalada ha implicado una mayor militarización de un teatro de operaciones?

El gobierno británico ya no oculta sus intenciones. El 24 de febrero, Londres anunció la creación de una plantilla de 70 personas, con un presupuesto de 200 millones de libras, para preparar el envío de un contingente militar a Ucrania. El Ministerio de Defensa británico habla de “asegurar el futuro de Ucrania” y de “garantiazar la seguridad a largo plazo”.

Se espera que Reino Unido, cuyo ejército se reduce a unos 70.000 efectivos, un mínimo histórico, retire tropas de Estonia y Chipre para intervenir en la Guerra de Ucrania, es decir, desnuda a un santo para vestir a otro porque no tiene más para poner sobre el campo de batalla.

Una guerra dirigida por dos lunáticos

El general Richard Shirreff, antiguo comandante adjunto de la OTAN para Europa, ha afirmado que Reino Unido “no debería involucrarse con los estadounidenses bajo ninguna circunstancia, ya que están dirigidos por dos lunáticos fanáticos como Trump y Hegseth, sin una estrategia adecuada ni una reflexión seria sobre el objetivo final de esta guerra”.

“Una vez más, tenemos a un presidente estadounidense que ha ido a la guerra, una guerra por voluntad propia, una guerra de orgullo desmedido, sin una idea clara de cómo terminará y sin una estrategia precisa”, comenta el general.

“La situación se va a deteriorar muy, muy rápidamente”, añade y califica el asesinato de Alí Jamenei como una locura: “La idea de asesinar al ayatolah Jamenei, quien no solo era el jefe de Estado iraní, sino también el símbolo religioso de los chiítas en todo el mundo, ha sido absurda”.

Asesinarlo durante el Ramadán es tan sutil como matar al Papa en la Plaza de San Pedro durante la Semana Santa, afirma. “Inflamará al mundo chií y, al hacerlo, corre el riesgo de empujar a muchos iraníes que podrían haberse reconciliado, que podrían haber considerado rebelarse, a unirse a las filas de los irreconciliables”.

Un guerrero siempre dispuesto a lo peor: Macron

Ante la invasión estadounidense en Irak, en 2003 el presidente francés Jacques Chirac se negó a dejarse arrastrar por guerras que no eran las suyas. Esta tradición parece hoy muy lejana. Macron ha optado por embarcarse en toda clase de batallas, en el peor momento posible, cuando en África le echan a patadas. La declaración de intenciones firmada en París con Londres y Kiev prevé el despliegue de tropas francesas y británicas en Ucrania, una aventura militar que tendrá consecuencias dramáticas.

Putin ha advertido muchas veces que cualquier contingente extranjero presente en suelo ucraniano se convierte en un objetivo legítimo. El Ministerio de Asuntos Exteriores ruso aclaró que la presencia de infraestructura o ejército occidental en Ucrania será considerado como una intervención exterior.

En París no podrán decir que no lo sabían. El anexo a la ley de programación militar 2024-2030 reconoce que el ejército francés tiene “brechas de capacidad preocupantes”. En estas condiciones, prometer 5.000 hombres para una misión arriesgada en Rusia es un farol. ¿Qué pasará el día que un soldado francés caiga bajo fuego ruso? ¿Cómo lo van a digerir? El apoyo económico y la entrega de equipos son una cosa; enviar tropas de combate es otra, radicalmente diferente.