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Día: 8 de enero de 2026 (página 1 de 1)

Estados Unidos aborda un carguero con pabellón ruso en el norte del Atlántico

El martes la empresa rusa BurevestMarin denunció el intento de Estados Unidos de interceptar el carguero ruso Marinera en el norte del Atlántico en medio de una tormenta.

“Nuestro buque civil, que no lleva carga a bordo y navega en lastre, está siendo perseguido desde hace tiempo por la Guardia Costera de los Estados Unidos. A pesar de los repetidos intentos del capitán por comunicar la identidad y el carácter civil del buque con pabellón ruso, la persecución continúa con la vigilancia aérea coordinada de aviones de reconocimiento P-8A Poseidon de la Armada de los Estados Unidos”, dice el comunicado de la empresa.

Estados Unidos “planea interceptar la embarcación próximamente”, añade el comuicado. BurevestMarin advierte que cualquier intento de desembarque de tropas estadounidense en el carguero desde helicópteros o su abordaje representan un peligro extremo debido a las condiciones climáticas severas. La velocidad del viento en la zona es de hasta 20 metros por segundo con fuertes ráfagas, la altura de las olas alcanza más a 5 metros y la temperatura es cercana o inferior al punto de congelación.

“Cualquier intento de aterrizaje de helicópteros o de interceptación de buques en estas condiciones de tormenta representa una amenaza grave e injustificable para la vida del personal militar estadounidense”, aseguró la empresa, que instó a Estados Unidos a “actuar con moderación y permitir una resolución pacífica a través del derecho marítimo internacional, en lugar de arriesgar vidas en condiciones tormentosas”.

Según la empresa, la embarcación es un buque mercante civil sin carga a bordo y su tripulación está compuesta por ciudadanos de Rusia, Ucrania y Georgia. En este contexto, BurevestMarin cuestionó la necesidad de que la Marina de Estados Unidos lleve a cabo acciones peligrosas contra un carguero civil vacío.

Mucho más que un bloqueo naval a Venezuela

Estados Unidos ha impuesto un bloqueo naval a Venezuela, impidiendo la entrada a la región de los petroleros sancionados y reservándose el derecho a incautarlos. Pero el objetivo va mucha más allá del país caribeño. Los artículos del New York Times de los últimos días han dejado claro que los ataques a las refinerías y al transporte marítimo es una forma de aumentar la presión sobre Moscú.

Varios barcos han sido confiscados. El Bella 1 logró escapar. Estaba registrado como buque ruso, enarbolaba pabellón ruso, cambió de nombre e instantáneamente pasó de ser un buque apátrida a estar bajo la protección de Moscú. Esa debería haber sido la salida. En cambio, Estados Unidos lo incautó de todos modos, nada menos que cerca de Islandia.

Rusia advirtió a Washington que no lo tocara. Washington se encogió de hombros y actuó. No se trataba de aplicar sanciones. Se trataba de poner a prueba los límites de Estados Unidos.

Desde el inicio de la Guerra de Ucrania, Rusia quedó excluida del transporte marítimo, los seguros y la logística occidentales. Así que Moscú se adaptó. Más de mil cargueros navegan discretamente, transportando petróleo ilegalmente sancionado por Estados Unidos.

Para Estados Unidos los barcos son un medio para presionar. Debilitan la flota, presionan a Rusia e Irán. Pero el papel de Venezuela en esta ecuación es muy importante porque Estados Unidos contribuyó a la destrucción de la industria petrolera venezolana. Las sanciones paralizaron la producción, la financiación, el mantenimiento y las exportaciones. Como era de esperar, Venezuela recurrió a China, que compró el petróleo, pagó sin usar dólares y aseguró su suministro a largo plazo.

De repente, Estados Unidos vuelve a exigir el petróleo venezolano. Trump anuncia que Caracas cederá entre 30 y 50 millones de barriles a Estados Unidos, petróleo con un valor de casi 2.000 millones de dólares. Afirma que se venderá a precio de mercado y que él personalmente controlará las ganancias “por el bien del pueblo venezolano y estadounidense”.

El petróleo estaba destinado a China. Ahora no será así y esa es la cuestión. El verdadero objetivo es financiero y estratégico: derrocar a China, reafirmar el dominio del dólar y fracturar la alianza Brics antes de que pueda consolidarse.

Venezuela es solo un punto de apoyo en una estrategia más amplia para devolver al mundo a un sistema donde Washington dicta las reglas y el dólar es indispensable. El dominio absoluto del dólar no evita que los trabajadores estadounidenses se vean sumidos en la pobreza; refuerza el control financiero, consolida bancos que no dudan en arruinarlos.

Estados Unidos hunde a Venezuela en el caos mediante sanciones y luego afirma “estabilizar” lo que ayudó a destruir, todo mientras desvía discretamente petróleo destinado a China.

La incautación de petróleo no se quedará en el Caribe. Ya ha llegado al norte del Atlántico. Es probable que la próxima reacción sea cualquier cosa menos simbólica. Rusia y China no solo observan un petrolero, sino el precedente que podría establecer. Así es como empiezan los errores de cálculo.

Entre Ucrania y Rusia no hay ninguna frontera porque Ucrania renunció a ella

A los intoxicadores les gusta hablar de la “invasión” rusa de Ucrania y de que las fronteras entre los países no se pueden modificar por la fuerza. Se lo deberían haber dicho a los yugoslavos, o a los armenios, o a los somalíes, o a los sudaneses o, sobre todo, a los palestinos.

Por ejemplo, no se puede decir que Crimea haya sido invadida por Rusia porque la península nunca quiso formr parte de Ucrania, ni siquiera en la época soviética. Desde el momento en que se produjo el Golpe de Estado de 2014, nadie se pudo sentir vinculado a un gobierno ilegítimo. Si en Kiev los golpistas podían hacer lo que les diera la gana, lo mismo podían hacer en Crimea.

Otra tonteoría es la de que Rusia inició la guerra para apoderarse de una parte del territorio ucraniano. Sin embargo, cualquier mapa demuestra que si algo le sobra a Rusia es territorio. Es el país más extenso del mundo, casi tanto como todo el continente africano.

En el caso de Ucrania no se trata exactamente de territorios sino de fronteras o, más bien, del empeño de los imperialistas por provocar incendios en las fronteras de Rusia, algo tradicional desde la guerra civil que estalló en la URSS hace cien años. Por eso en 2018 la capital de la URSS se trasladó a Moscú desde San Petersburgo, que estaba demasiado cerca de la frontera.

Las delimitaciones territoriales son el punto débil de un país, como Rusia, precisamente por ser tan extenso y abarcar poblaciones tan diversas en su periferia.

Ahora que los charlatanes lamentan las burlas cotidianas al derecho internacional hay que recordar que son los tratados internacionales entre los países vecinos los que delimitan las demarcaciones. Por ejemplo, el tratado internacional que delimitó las fronteras entre Francia y España es el “Acuerdo de los Pirineos”, firmado en 1659 después de una guerra.

Entre Ucrania y Rusia no hay fronteras mutuamente reconocidas. Tras el final de la URSS, el 31 de mayo de 1997 ambos países concluyeron en Kiev un Tratado de Amistad, Cooperación y Asociación. Boris Yeltsin por Rusia y Leonid Kuchma por Ucrania estamparon su rúbrica en el documento.

El Tratado establecía una asociación estratégica entre dos países recién creados y fijó la línea de demarcación soviética como la nueva frontera entre ambos países. Aquella frontera, como todas las demarcaciones soviéticas, era artificiosa; no se impuso por razones nacionales sino económicas y administrativas.

Al desaparecer la URSS, las viejas demarcaciones administrativas no sólo plantearon problemas a Rusia, sino también entre las antiguas repúblicas soviéticas, como es el caso de Azerbayán y Armenia, que se han disputado Nagorno-Karabaj en varias guerras.

El acuerdo entró en vigor en 1999 y se establecieron puestos fronterizos, pero dado que Rusia y Ucrania formaban parte de la misma zona de libre comercio, su efecto fue mínimo.

En 2014 el gobierno legítimo ucraniano fue derrocado mediante un Golpe de Estado fascista orquestado por Estados Unidos y reemplazado por un gobierno cuyo papel era convertir a Ucrania como carne de cañón contra Rusia.

En 2019 el gobierno golpista ucraniano se negó a renovar el Tratado de Amistad, Cooperación y Asociación. Desde ese momento la frontera entre Rusia y Ucrania dejó de existir. En consecuencia, según el derecho internacional, no existe frontera entre Ucrania y Rusia. Como tantas veces a lo largo de la historia, los límites territoriales entre ambos países serán consecuencia del acuerdo de paz que se firme, que es una manera de decir que será Rusia quien dibuje los mapas gracias a su victoria en la guerra.

La complicidad de Emiratos Árabes Unidos con Israel

Nuevas revelaciones arrojan una más luz sobre la naturaleza de la cooperación en materia de seguridad entre Emiratos Árabes Unidos e Israel, implicando a Abu Dabi en operaciones de espionaje dirigidas contra la Franja de Gaza y Qatar. Según documentos confidenciales atribuidos a los servicios de inteligencia emiratíes, la colaboración va mucho más allá de un simple intercambio de información y refleja una alineación estratégica deliberada con las prioridades de seguridad israelíes.

Según estos documentos, difundidos por varios medios de comunicación árabes, los servicios de inteligencia emiratíes trabajaron en estrecha coordinación con el Mosad, incluyendo la realización de misiones de vigilancia y recopilación de inteligencia en Gaza y Qatar.

Las operaciones se llevaron a cabo siguiendo instrucciones directas del primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, con plazos estrictos y recursos técnicos proporcionados por Israel.

Los documentos describen órdenes emitidas en un lenguaje considerado condescendiente, incluso humillante, por algunos de los propios dirigentes emiratíes. Esta actitud, descrita como carente de cualquier consideración por una colaboración entre iguales, revela un claro desequilibrio en la relación entre ambas partes. Israel, en particular, exigió una drástica intensificación de las actividades de inteligencia emiratí en Qatar, quintuplicando el número de equipos desplegados, considerando a Doha un actor sensible debido a su apoyo político a Hamás.

Las revelaciones confirman la sumisión de Emiratos Árabes Unidos y su lealtad hacia Israel. El hecho de que un Estado árabe se preste a ejecutar órdenes dictadas desde Israel, en un contexto regional marcado por altas tensiones, intensifica las críticas a la política exterior de Abu Dabi.

Las relaciones entre Emiratos Árabes Unidos e Israel no comenzaron con la normalización oficial de 2020. Durante años, contactos discretos y acuerdos de seguridad no declarados allanaron el camino para una colaboración ahora reconocida. La firma de los acuerdos de normalización marcó un punto de inflexión, abriendo la puerta a una cooperación más amplia en los ámbitos de seguridad, militar y tecnológico.

Las recientes filtraciones revelan el lado oscuro de la alianza y la participación directa en operaciones de espionaje contra Gaza, un territorio ya sometido a un severo bloqueo, y contra Qatar, un Estado árabe soberano. También confirman la intensificación de las relaciones de seguridad entre Tel Aviv y ciertas capitales árabes, en detrimento de la confianza regional.

Intento de Golpe de Estado en Burkina Faso

El gobierno de Burkina Faso ha desbaratado un complot organizado por el anterior jefe de la junta de transición, el coronel Paul Henri Sandaogo Damiba. El plan incluía el asesinato del presidente Ibrahim Traoré, según declaró el ministro de Seguridad, Mahamadou Sana, en una entrevista con la cadena de televisión pública RTB.

El golpe se desencadenó el 3 de enero, al mismo tiempo que Estados Unidos secuestraba a Maduro en Venezuela.

Los servicios de inteligencia de Burkina Faso llevaban semanas en alerta máxima: varios cuarteles de la capital burkinesa habían sido movilizados y se habían practicado detenciones.

La desestabilización se llevaría a cabo mediante una serie de asesinatos selectivos de dirigentes civiles y militares, comenzando con la neutralización del capitán Ibrahim Traoré, jefe de Estado y presidente de Burkina Faso, ya sea a quemarropa o colocando explosivos en su residencia. Tras esta acción, se desactivaría la base de drones y se lanzaría una intervención militar terrestre con “fuerzas externas”, dijo el ministro burkinés, en posible referencia a Francia, Costa de Marfil e incluso Togo.

La noche del golpe cientos de personas salieron a la calle, especialmente en Uagadugú y Bobo-Dioulasso. Las movilizaciones surgieron a raíz de un video publicado en las redes sociales por Ibrahima Maïga, exiliado en Estados Unidos, conocido por su apoyo al capitán Traoré.

El gobierno ha identificado al coronel Sandaogo Damiba como el principal organizador del intento de golpe. Su papel fue diseñar y planificar las acciones, buscar y movilizar fondos y reclutar civiles y militares.

El ministro de Seguridad especificó que parte de los fondos, por un total de 70 millones de francos CFA (124.600 dólares), procedía de Costa de Marfil. La investigación y las detenciones de los conspiradores continúan.

“Todos los implicados en este caso comparecerán ante el fiscal de Burkina Faso y se les aplicará todo el rigor de la ley. Quiero asegurar al pueblo de Burkina Faso que la situación está bajo control”, añadió Sana.

El gobierno ha prometido hacer públicas las confesiones obtenidas durante los interrogatorios de los principales sospechosos. La cadena RTB publicó el testimonio de uno de los detenidos, el empresario El Hadj Madi Sakandé, quien afirma haber participado, en nombre de Damiba, en la transferencia de fondos a los golpistas y haber estado al tanto de los planes para asesinar al presidente Ibrahim Traoré y a varios comandantes militares. Según él, parte de los fondos -40 millones de francos CFA (71.200 dólares)- habría sido transferida a tres intermediarios en Uagadugú.

El gobierno asegura que a menudo utilizaban a particulares para transferir dinero y ejecutar órdenes, y piden a la población que denuncie cualquier actividad sospechosa.

Un intento de golpe de Estado anterior fue frustrado en septiembre de 2024. Sana declaró entonces que civiles y militares burkineses residentes en Costa de Marfil habían intentado repetidamente desestabilizar las instituciones del país. Los golpistas están acusados ​​de mantener vínculos con “potencias extranjeras”, en referencia a Francia y Costa de Marfil, y grupos afiliados al Califato Islámico.

Ibrahim Traoré llegó al poder en Burkina Faso tras un golpe militar el 30 de septiembre de 2022, que derrocó a Sandaogo Damiba.

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