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Día: 18 de octubre de 2025 (página 1 de 1)

El camuflaje de Moscú para evitar los bombardeos nazis en la Segunda Guerra Mundial

Durante los primeros 30 días de la Segunda Guerra Mundial, el Kremlin “desapareció” del paisaje moscovita. Los pilotos alemanes se sorprendieron de que sus mapas eran erróneos y de que no pudieran localizarlo mientras sobrevolaban Moscú.

Fue un plan de camuflaje desarrollado por los arquitectos moscovitas bajo la dirección de Boris Iofan. Las estrellas de las torres del Kremlin y las cruces de las catedrales estaban cubiertas, y las cúpulas pintadas de negro.

A lo largo de todo el perímetro de la muralla del Kremlin se construyeron maquetas tridimensionales de edificios residenciales, tras las cuales no se veían los picos de los muros. Todos los edificios del Kremlin fueron repintados. La Catedral de San Basilio prácticamente desapareció de la Plaza Roja. Los muros falsos y las cubiertas sobre las cúpulas surtieron efecto. La Catedral de la Intercesión de la Virgen fue borrada de la imagen de la capital hasta los días de la victoria.

Incluso se alteraron los contornos del río Moscova, cambiando todos los puntos de referencia que frecuentaban los pilotos nazis. Partes de la Plaza Roja, la Plaza Manege y el Jardín de Alejandro se llenaron de casas de contrachapado. El Mausoleo se convirtió en un edificio de tres plantas y se construyó un camino de arena simulado desde la Puerta Borovitsky hasta la Puerta Spassky. El cadáver de Lenin fue evacuado a Tiumen.

El número de ataques aéreos alemanes contra el Kremlin disminuyó significativamente, pero no se puede afirmar que la aviación enemiga no causara daños al Kremlin. Una bomba alemana cayó sobre el Arsenal, otra sobre el garaje especial donde se encontraban los coches de Stalin; allí murieron oficiales de servicio. Una bomba también impactó en el Gran Palacio del Kremlin, atravesando el techo y el suelo del Salón de San Jorge, pero milagrosamente no explotó, preservando así este singular monumento histórico. El camuflaje no se levantó por completo hasta 1945.

China impone su canon en la elaboración de metales estratégicos

A principios de octubre el Ministerio de Comercio de China amplió su régimen de licencias de exportación a tierras raras, imanes permanentes, materiales superduros y tecnologías relacionadas. El requisito de licencia se aplicar incluso a productos fabricados fuera de China si contienen materiales de origen chino o componentes producidos con tecnología china, un claro paso hacia los controles extraterritoriales, hasta ahora un sello distintivo de Estados Unidos. Empresas especializadas están detallando una regla del 50 por cien: a partir de cierto umbral de contenido de tierras raras chinas o de dependencia de procesos chinos, se requiere la autorización de Pekín, incluso para las exportaciones de empresas no chinas.

Este cambio se produce en un momento en que China ya domina el sector. Aproximadamente el 70 por cien de la producción mundial de tierras raras y el 90 por cien de la capacidad de refinado. En otras palabras, Pekín ya no controla solo el material; regula el acceso al proceso que transforma el recurso en energía industrial (imanes de NdFeB, blancos de pulverización catódica, aleaciones estratégicas). Estos controles están concebidos como instrumentos políticos, no como simples medidas comerciales.

La comunicación china también asume una lógica escalonada: tras el galio, el germanio y el grafito en 2023, vienen los imanes, los polvos y los componentes tecnológicos del equipamiento industrial (baterías, magnetización, abrasivos, semiconductores). Los fabricantes occidentales, desde ASML hasta los grandes monopolios de maquinaria, afirman tener existencias y fuentes alternativas a corto plazo, pero reconocen un riesgo estructural si el ajuste continúa.

Tras el cambio de siglo, Estados Unidos y China estaban estratégicamente alineados en un punto clave: ambos dependían de las importaciones de hidrocarburos. La revolución del esquisto ha alterado esta simetría. A partir de 2015, y especialmente desde 2019, la ecuación energética estadounidense se ha invertido: Washington se ha convertido en un exportador neto a lo largo del año, obteniendo ventajas en costes y autonomía logística (menor dependencia de las rutas marítimas). Pekín, por su parte, sigue siendo un importador neto de petróleo y gas a largo plazo. En el ámbito energético, la ventaja, por lo tanto, recae en Estados Unidos.

Pero el avance de las fuerzas productivas está desplazando el centro de gravedad. En la economía de imanes de alto rendimiento, motores eléctricos, turbinas eólicas, sensores de precisión y cadenas de defensa, óptica y energía, las tierras raras se están convirtiendo en el recurso fundamental y, en ese ámbito, la ventaja es china. La asimetría no reside tanto en el mineral como en los sectores derivados: productos químicos, metalurgia, procesos y conocimientos técnicos. La decisión de octubre sobre las licencias de exportación limita precisamente por ley este sector derivado: condiciona el acceso al procesamiento, incluso cuando la materia prima o la planta no se encuentran en China.

La extensión extraterritorial de las normas chinas de fabricación desplaza el canon hacia donde reside la ventaja actual: el suministro de materiales críticos. Hasta ahora reservada a Washington, la extraterritorialidad ya se aplica a las mercancías fabricadas fuera de China en cuanto incorporan materiales, procesos o propiedad intelectual chinos. El cumplimiento ya no depende únicamente del país exportador, sino también de la potencia fundamental del proceso. Sin embargo, este suministro alimenta precisamente las cadenas que impulsarán la economía de el futuro: semiconductores, inteligencia artificial, electrificación, defensa de alta intensidad, todas ellas con uso intensivo de materias primas estratégicas.

Al autorizar el acceso a sus productos químicos, separaciones y aleaciones, Pekín no impone un embargo: controla el ritmo, puede aplazar o autorizar según sus prioridades y obliga a empresas y estados a vivir en la era de la extraterritorialidad de las normas chinas. Es un factor determinante en la velocidad de equipamiento de las fábricas occidentales y, por lo tanto, en el ritmo de adopción de tecnologías que definirán la futura ventaja competitiva en los mercados mundiales.

La escalada arancelaria anunciada por Trump de hasta el 100 por cien sobre ciertos productos chinos recuerda que Washington cuenta con un arma importante: la profundidad de su mercado interior. Pero frente a una China cuya fuerza exportadora abarca amplias áreas del suministro mundial, el arma aduanera tiene un coste político inmediato: presión inflacionaria en Estados Unidos y mayores costes en la cadena de suministro. Además, tras blandir la amenaza, la Casa Blanca reabrió rápidamente el canal político con una cumbre con Xi Jinping, una señal de que la coerción pura no basta y de que la ecuación también implica gestionar las interdependencias.

Estamos en plena guerra económica. Estados Unidos consolida su ventaja a través de la energía, los mercados y la fuerza normativa; China consolida su ventaja a través de los materiales, la transformación industrial y, ahora, la exportación de su propia fuerza normativa. Como hemos expuesto en entradas anteriores, la normalización es una herramienta del capital monopolista moderno porque las grandes empresas fabrican para un mercado mundial. Cualquiera que sea el lugar en el que una fábrica se instale, los procesos de producción derivan de un canon que llega de fuera.

Nueva cumbre entre Estados Unidos y Rusia para alcanzar la paz en Ucrania

El jueves Trump y Putin charlaron por teléfono durante casi dos horas, aunque en sus declaraciones públicas el estadounidense se había mostrado poco conciliador el ruso. “También dedicamos mucho tiempo a hablar sobre el comercio entre Rusia y Estados Unidos una vez finalizada la guerra con Ucrania”, declaró Trump.

El Kremlin describió el intercambio como “extremadamente franco y de confianza”, seguido de otro entre diplomáticos de ambos países y, finalmente, el anuncio de una nueva cumbre en Budapest. “Hemos acordado una reunión de nuestros asesores principales la próxima semana”, declaró Trump. La delegación estadounidense estará encabezada por el secretario de Estado, Marco Rubio

La reunión podría tener lugar en dos semanas, según Trump, que calificó la Guerra de Ucrania como “ignominiosa”. Trump recibió ayer a Zelensky en la Casa Blanca para informarle de su conversación con Putin.

Trump y Putin se reunieron en Alaska el 15 de agosto y los repetidos ataques ucranianos posteriores han sido una provocación para acabar con cualquier posibilidad de llegar a un acuerdo.

Los medios insisten en el bulo de que Ucrania va a pedir misiles Tomahawk para seguir atacando objetivos en el interior del territorio ruso. En realidad, lo que pretende es vender drones en forma de “acuerdo de cooperación militar”.

Ucrania también podría importar gas natural licuado estadounidense y ejercer de vendedor ambulante, ayudando a las empresas estadounidenses a exportarlo a Eslovaquia y Hungría a través de su infraestructura de oleoductos.

Por su parte, el senador John Thune habló el jueves con su colega Lindsey Graham para volver al fracasado asunto de las sanciones, esta vez en forma de proyecto de ley para imponer aranceles del 500 por cien a los países que compren petróleo o gas ruso.

El proyecto de ley cuenta con el apoyo de una mayoría de senadores, pero lleva meses esperando porque Trump no ha dado luz verde. El presidente estadounidense adelantó que India había acordado dejar de comprar petróleo ruso, pero el gobierno de Nueva Delhi declaró desconocer dicho acuerdo.

Trump no está dispuesto a acceder a las exigencias ucranianas

Los misiles de largo alcance Tomahawk serían el arma ideal para atacar a Rusia en profundidad. Pueden recorrer 2.000 kilómetros y alcanzar sus objetivos con cierta precisión. Los europeos podrían comprarlos para dárselos a Ucrania, siempre que Washington dé luz verde.

“Es una guerra tecnológica”, donde se necesitan “miles de drones” y Tomahawks, explicó ayer Zelensky. “Ucrania produce miles de drones, pero no tenemos Tomahawk, por eso los necesitamos”. Estados Unidos “puede tener miles de drones”, añadió. “Podemos trabajar juntos y fortalecer la producción estadounidense”.

El presidente ucraniano también anunció que se había reunido con empresas energéticas estadounidenses para tratar posibles acuerdos, como la importación de gas, “y están dispuestas a ayudarnos”.

También mantuvo reuniones con importantes grupos militares. “Hablamos de defensa aérea, y después quiero explicarle en detalle nuestra postura”, declaró Zelensky.

Trump respondió que estaría interesado en los drones ucranianos, pero inmediatamente restó importancia a este interés asegurando que Estados Unidos tenía “muchos drones”, ya fueran de fabricación local o adquiridos de otros países. “No hay nada como los aviones de combate”, continuó, elogiando los B52 estadounidenses.

Pero tambien reconoció que no quería provocar a Rusia equipando a Ucrania con misiles de largo alcance, al menos no de inmediato. “Es un arma muy poderosa, pero muy peligrosa; podría significar una escalada”, dijo. El presidente ruso lo dejó claro el jueves durante su conversación telefónica.

Después de todo, la nueva doctrina es “Estados Unidos primero” y no podemos “ceder lo que necesitamos para proteger a nuestro país”, continuó Trump.

Tras la reunión con Zelensky, el presidente estadounidense no mencionó los Tomahawks en el mensaje que publicó. Reconoció que ha acordado otra cumbre en Hungría con Putin dentro de dos semanas.

“No estamos hablando de la OTAN”, porque “son los aliados quienes deben decidir dónde estamos”, admitió Zelensky por su parte, mientras que Washington no quiere que Ucrania se una a la Alianza militar. “La OTAN es la mejor, pero las armas son importantes, tener aliados de nuestro lado es muy importante, y tener garantías de seguridad bilaterales entre el presidente Trump y yo es muy importante”, añadió el presidente ucraniano.

La intervención de Nexperia paraliza la industria automotriz europea

La industria automotriz europea se enfrenta a una crisis inminente debido a la interrupción del suministro de chips por parte de Nexperia, un fabricante clave de semiconductores. Esta situación se ha esencadenado tras la intervención del gobierno neerlandés en la empresa, propiedad del grupo chino Wingtech Technology, lo que ha generado una escalada de tensiones geopolíticas y una profunda preocupación en el sector automotriz mundial.

Nexperia es un actor fundamental en la cadena de suministro de la industria automotriz, produciendo cientos de millones de chips anualmente, incluyendo semiconductores discretos, diodos, transistores y mosfets (*). Estos componentes son esenciales para el funcionamiento de los vehículos modernos, controlando desde interruptores hasta los sistemas de dirección y las unidades de gestión de energía.

La empresa tiene fábricas en Hamburgo, Mánchester y Nimega, con una capacidad combinada que supera los 50.000 millones de componentes al año.

Como informamos, el domingo pasado el gobierno de Países Bajos tomó el control temporal de la empresa, invocando una legislación que data de la Guerra Fría. Esta medida extraordinaria se justificó con el pretexto de preservar los intereses tecnológicos nacionales.

Como consecuencia de la intervención pública, Nexperia ha notificado a los fabricantes de automóviles y a sus proveedores que no puede garantizar la entrega de sus chips a la cadena de suministros automotriz.

La Asociación Europea de Fabricantes de Automóviles ha advertido que las existencias actuales solo durarán unas pocas semanas, lo que podría provocar la interrupción de la fabricación de vehículos en Europa. John Bozzella, director del holding que representa a GM, Toyota, Ford, Volkswagen, Hyundai y otros, ha destacado la gravedad de la situación, afirmando que si el envío de chips automotrices no se reanuda rápidamente, interrumpirá la producción automotriz en Estados Unidos y muchos otros países y tendrá un efecto dominó en otras industrias.

El expolio de Nexperia refleja la política imperialista de asedio a China. En diciembre del año pasado Washington incluyó a Wingtech en su lista negra, designándola como un “riesgo para la seguridad nacional”. El 29 de septiembre de este año, Estados Unidos amplió los controles de exportación para incluir a todas las empresas con al menos un 50 por cien de capital chino.

China respondió con sus propias restricciones a la exportación, prohibiendo a Nexperia China y sus subcontratistas exportar componentes y piezas fabricados en China. Además, Pekín endureció los controles de exportación sobre elementos de tierras raras, cruciales para la fabricación de semiconductores, con el mismo argumento: la “seguridad nacional”.

Fabricantes como Volkswagen y BMW han declarado que su producción aún no se ha visto afectada directamente, pero están investigando los posibles riesgos en su cadena de suministro. El holding Stellantis informó que está colaborando con Nexperia y otros proveedores para evaluar los posibles impactos y desarrollar medidas para mitigar la carencia de suministros.

El desafío para la industria europea es inmenso. La industria automotriz, que representa cerca del 7 popr cien del PIB europeo y emplea a millones de trabajadores, no puede permitirse interrupciones. Además, la producción automotriz opera con programas de “ventas por adelantado” precisamente calibrados. Una escasez de chips, incluso una pequeña fracción del contenido total de semiconductores, puede dejar inoperables a fábricas enteras.

La ‘seguridad nacional’ sustituye a la ‘mano invisible’

La intervención política sobre Nexperia resalta la fragmentación de las cadenas mundiales de suministros industriales. Durante décadas, la internacionalización creó mercados abiertos. Sin embargo, la creciente injerencia pública y los bloqueos tecnológicos obligan a una reconsideración de la viabilidad de la fabricación mundial para las “ventas por adelantado”.

Con sede en Países Bajos, Nexperia es uno de los principales proveedores mundiales de chips de potencia, componentes esenciales para los sistemas críticos de los vehículos modernos. La empresa, anteriormente una división de NXP Semiconductors (a su vez filial de Philips), fue vendida en 2017 a un holding encabezado por Beijing Jianguang Asset Management, que posteriormente absorbida por Wingtech, una empresa china.

Las cadenas mundiales de suministros empezaron a quebrar durante la pandemia, pero con la multiplicación de la demanda de semiconductores, cualquier cuello de botella puede paralizar líneas de producción enteras.

La Comisión Europea ha abierto una investigación para evaluar si Países Bajos ha violado las normas de la competencia o pone en riesgo la seguridad del suministro tecnológico del bloque. Al mismo tiempo, varios gobiernos, especialmente en Alemania y Francia, presionan por una mayor autonomía estratégica en la producción de semiconductores. La Ley Chip europea, aprobada en 2023, ha intentado movilizar más de 43.000 millones de euros para asegurar los suministros tecnológicos del Viejo Continente, pero aún no ha generado resultados tangibles.

(*) Un mosfet es un transistor que controla la corriente en un circuito mediante un campo eléctrico.

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