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Día: 7 de octubre de 2025 (página 1 de 1)

La guerra electromagnética de Israel

El ejército israelí también libra una guerra en la sombra en el frente electromagnético. Soldados equipados con ordenadores portátiles o furgonetas repletas de antenas acompañan a las tropas israelíes en las operaciones de exterminio de Gaza.

Otros registran constantemente una multitud de pantallas en una base subterránea, fuertemente protegida contra ataques con misiles. Su ubicación se mantiene en secreto.

Es el entorno en el que opera la discreta unidad 513. Recientemente el ejército israelí autorizó a un canal privado de la televisión a filmar por primera vez las instalaciones, con la condición de que se difuminaran los rostros de sus miembros.

Todo lo que emite ondas queda bajo la vigilancia de esta unidad. El ejército logra infiltrar mensajes en transmisiones de radio y televisión palestinas, libanesas o sirias, cuyas emisiones son interrumpidas abruptamente. “De este modo, hemos logrado emitir alertas a la población del sur del Líbano y de diversas zonas de la Franja de Gaza para que abandonen inmediatamente sus hogares en previsión de ataques inminentes” del ejército israelí, explica uno de los oficiales israelíes.

Miles de móviles también son blanco de la piratería electromagnética. “Podemos utilizar la tecnología que tenemos más allá de nuestras fronteras”, añade el oficial israelí ante las cámaras.

Los miembros de la unidad brindan apoyo cercano a las unidades de infantería y tanques en las operaciones militares en Gaza. Su misión es neutralizar drones suicidas.

“Durante la guerra de los 12 días con Irán en junio, ayudamos a neutralizar mil de estos dispositivos, de los cuales solo uno explotó en territorio israelí”, asegura otro oficial de la unidad. El sistema utilizado no solo bloquea las ondas que guían a los drones, sino que permite recuperarlos intactos.

No obstante, la unidad ya ha tenido un importante fracaso, como reconocen sus mandos. A pesar del arsenal tecnológico desplegado, no pudieron interceptar ni descifrar las señales del ataque de la resistencia palestina el 7 de octubre de 2023.

Morgan Stanley consagra al bitcoin como ‘oro digital’ en Wall Street

El gigante bancario Morgan Stanley, que gestiona más de 1,3 billones de dólares en activos, ha adoptado las criptomonedas como un entelequia apta para la especulación bursátil. En su último informe, el Comité Mundial de Inversiones del banco califica al bitcoin como un “activo raro, comparable al oro digital”, destacando su idoneidad para formar reservas de capital.

Ahora los asesores financieros de Morgan Stanley están autorizados a asignar criptomonedas a las carteras de sus clientes. Las asignaciones podrán variar entre el 2 y el 4 por cien según el perfil de riesgo de los especuladores, algo inédito para una institución de esta envergadura.

El informe especifica que las carteras de alto crecimiento podrán incluir hasta un 4 por cien de criptoactivos, mientras que las carteras equilibradas se limitarán al 2 por cien. Por otro lado, se invita a los clientes preocupados por la preservación de su capital o por la estabilidad de sus ingresos, a mantenerse alejados de esta clase de activos volátiles.

Esta iniciativa se enmarca en un contexto de creciente importancia de los activos digitales en los mercados tradicionales, apoyada por una política económica de apoyo a la especulación del gobierno de Trump.

Es un giro importante. La entrada del bitcoin en las carteras gestionadas por Wall Street podría acelerar su adopción mundial y fortalecer su papel como activo de especulación por derecho propio.

La guerra en la sombra de Emiratos Árabes Unidos contra Sudán

Una de las guerras más brutales se desarrolla en Sudán, en medio del olvido mediático. Es consecuencia de la injerencia de Emiratos Árabes Unidos en la destrucción del país africano, iniciada años atrás, cuando en 2019 fue derrocado Omar Al Bashir, tras meses de protestas orquestadas desde el exterior.

El enfrentamiento entre el ejército, encabezado por el general Abdel Fattah Al Burhan, y las Fuerzas de Apoyo Rápido (RSF), un poderoso grupo paramilitar comandado por el general Mohamed Hamdan Dagalo, alias “Hemedti”, han sumido al país en el caos. Pero tras la fachada de un enfrentamiento civil, se libra una guerra a través de intermediarios, donde Emiratos Árabes Unidos actúa como la mano oculta que fortalece a uno de los bandos.

Emiratos Árabes Unidos está proporcionando un apoyo militar crucial a las RSF de Hemedti. Las remesas dee armas llegan a través de sofisticadas rutas encubiertas. La principal vía de suministro identificada es Chad, país vecino de Sudán. Desde allí, utilizando aviones de carga, Emiratos Árabes Unidos ha estado enviando armas, drones y otro material bélico a las fuerzas paramilitares.

El apoyo no es casual. Hemedti no es solo un señor de la guerra; es un capitalista con importantes intereses en las minas de oro de Sudán. Por su parte, Emiratos Árabes Unidos es un centro neurálgico para el tráfico del oro sudanés, gran parte del cual se extrae y comercializa de manera irregular. Al respaldar a Hemedti, Emiratos no solo busca ampliar su influencia política en el Cuerno de África, sino también proteger un flujo de recursos vital para su economía y su posición como centro de comercio de metales preciosos del mundo.

La estrategia emiratí va más allá del apoyo logístico. Los sátrapas financian una sofisticada campaña de intoxicación desde Abu Dabi. Han creado grupos de presión, empresas de relaciones públicas y granjas de bots para lavar la imagen de Hemedti, presentándolo no como el cabecilla de una milicia acusada de numerosos crímenes de guerra, sino como un actor político legítimo y necesario para la estabilidad de la región.

Paralelaente las campañas desacreditan al ejército sudanés y a sus aliados, creando un ecosistema de información que justifica y enmascara la intervención externa. Esta guerra narrativa es tan importante como la que se libra en el terreno, ya que dificulta las presiones internacionales contra el bando respaldado por Emiratos o, en el mejor de los casos crea ese pantano característico de “ni unos ni otros”.

La guerra ha devastado el país y lo ha vuelto a fragmentar. Las RSF controlan vastas regiones, incluida la capital, Jartum. La ONU ha alertado sobre la hambruna que afecta a millones de personas, en lo que es ya la mayor crisis de desplazamiento interno del mundo.

Lejos de la imagen de mediador neutral que quiere proyectar, Emiratos Árabes Unidos aviva las llamas de la guerra, en Sudán lo mismo que en Libia.

La contradicción entre Trump y su directora de inteligencia sobre el programa nuclear iraní

El 25 de marzo la directora de inteligencia de Estados Unidos, Tulsi Gabbard, respondía a una pregunta ante el Senado, afirmando que “la Comunidad de Inteligencia sigue evaluando que Irán no está construyendo un arma nuclear y el máxímo dirigente Jamenei no ha autorizado el programa de armas nucleares que suspendió en 2003”.

La postura de Gabbard reflejaba la evaluación de las centrales de inteligencia estadounidenses, que durante años habían mantenido que Irán detuvo su programa de armas nucleares en 2003. Sin embargo, en su comparencia, Gabbard también había advertido que el almacenamiento de uranio enriquecido de Irán estaba “en sus niveles más altos y no tiene precedentes para un estado sin armas nucleares”, señalando una creciente capacidad.

El 17 de junio, durante una rueda de prensa a bordo del Air Force One, Trump la desmintió: “No me importa lo que ella diga. Creo que [Irán] estaba muy cerca de tener un arma nuclear”.

Ante la contradicción pública, Gabbard salió a defender la coherencia entre ambas posturas y acusó a los medios de comunicación de sacar su testimonio de contexto: “El presidente Trump estaba diciendo lo mismo que yo dije”.

Un dirigente de la Oficina del Director de Inteligencia Nacional argumentó que “solo porque Irán no esté construyendo un arma nuclear ahora mismo, no significa que no esté ‘muy cerca’ como dijo el presidente Trump”.

El vicepresidente J.D. Vance también intentó tapar la incongruencia, señalando que “el testimonio de Tulsi fue en marzo, y muchas cosas han cambiado desde entonces”.

Las explicaciones no ocultan la evidente fricción en pleno mes de junio, en un momento de máxima tensión internacional, con Israel realizando una campaña de ataques aéreos contra la infraestructura nuclear y militar iraní.

¿Qué significa estar ‘cerca’ de una bomba nuclear?

La discrepancia escondía un debate técnico sobre cómo medir la proximidad de un país con la bomba nuclear. Existen diferentes formas de definir esa distancia. Irán necesitaría aproximadamente una semana para producir suficiente uranio enriquecido al 90 por cien para una bomba, dado su actual almacenamiento de uranio enriquecido al 60 por cien.

El general Michael Kurilla, cabecilla del Comando Central del ejército, testificó a mediados de junio que, en una aceleración hacia el arma, Irán podría producir material para diez armas nucleares en tres semanas.

Pero convertir la materia prima en un dispositivo nuclear funcional es algo mucho más complejo. Irán necesitaría varios meses para crear un artefacto nuclear, y aún más tiempo desarrollar uno lo suficientemente pequeño y liviano como para ser lanzado mediante un misil balístico.

Por lo tanto, Irán no tiene armas nucleares -a diferencia de Israel- y está lejos de poder fabricar una… en el supuesto de así lo decidiera. La consecuencia más obvia de ello es que las sanciones y demás medidas de presión contra Teherán carecen de fundamento.

Purga interna en la Casa Blanca

Como consecuencia del desacuerdo, Gabbard fue excluida de reuniones clave de seguridad nacional sobre la guerra entre Israel e Irán, marginando así a la principal dirigente de la inteligencia del país en medio de una crisis internacional.

Estas divergencias públicas podrían tener consecuencias importantes porque el papel de las centrales de inteligencia, y especialmente las estadounidenses, ha cambiado hace tiempo. Los espías ya no se mueven sólo en el mundo oscuro de los secretos. No sólo recopilan información sino que la fabrican y la difunden. No hay que leer los medios de comunicaciones para apercibirse de que las noticias -ciertas o falsas- que el mundo digiere las redactan las centrales de inteligencia, como la CIA.

Rusia ha reproducido este esquema para la Guerra de Ucrania y numerosas informaciones se difunden como filtraciones de SVR, el servicio exterior de inteligencia, que también tiene su propia página web.

Por lo demás, como ha reconocido el senador Mark Warner, las filtraciones se cocinan según las necesidades del momento. Depende de la campaña de intoxicación que haya que difundir, al estilo de las “armas de destrucción masiva” de Powell en 2003.

A Gabbard no la purgan porque contara una mentira al Senado, sino por decir algo inconveniente en una situación política muy delicada. Por eso al senador le preocupa que el gobierno pueda estar “cocinando los manuales” de inteligencia, es decir, que se tomen decisiones políticas en base a informes falsos o amañados. La CIA, por ejemplo, puede enviar a las redacciones de los periódicos las falsedades que considere convenientes, pero la Casa Blanca necesita información auténtica.

Pero si las informaciones sobre la bomba nuclear de Irán son falsas (sean cercanas o lejanas), las informaciones sobre las consecuencia de los bombardeos israelíes de junio tiene esa misma tara. La Casa Blanca afirmó que las instalaciones nucleares iraníes habían sido destruidas por completo y que tardarían “años” en reconstruirlas.

La fuente de ese tipo de informaciones es siempre la misma, los espías, y su credibilidad es cero. Sólo dicen la verdad cuando se equivocan.

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