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Día: 1 de abril de 2025 (página 1 de 1)

El Canal de Panamá inicia una etapa de colisiones entre Estados Unidos y China

El 4 de marzo una empresa china, CK Hutchinson, vendió 43 puertos en 23 países a un consorcio de empresas estadounidenses dirigido por BlackRock. Dos de ellos, Balboa y Cristóbal, se encuentran en el Canal de Panamá y tienen una condición estratégica.

Mañana es la fecha clave: CK Hutchinson y el consorcio estadounidense dirigido por BlackRock firmarán el contrato definitivo. CK Hutchinson pertenece a Li Ka-shing, un multimillonario de Hong Kong, y los medios insistgen en suponer que actuaba por cuenta del gobierno chino. Lo que no dicen es si BlackRock actuaba por encargo del gobierno de Trump.

Li Ka-shing es un emigrante de China continental que, según dicen los cuentos chinos, construyó su imperio vendiendo flores de plástico, antes de lanzarse al sector inmobiliario, las telecomunicaciones y el transporte marítimo.

Ahora al magnate lo califican de “traidor” por haberse arrodillado ante Estados Unidos. Trump elogió la venta en su discurso sobre el estado de la Unión, mientras Xi Jinping está enfadado, según dicen. China teme que Washington utilice el canal de Panamá contra Pekín después de la compra de los derechos de explotación de los puertos por una empresa estadounidense.

El 15 de marzo Ding Xuexiang, miembro del Comité Permanente del Buró Político del PCCh y viceprimer ministro chino, ha enviado un equipo de trabajo especial a Hong Kong para analizar el acuerdo sobre los puertos.

Entre el 13 y el 19 de marzo, el periódico hongkonés propekinés Ta Kung Pao, publicó más de 10 editoriales llamándole de todo. Un artículo publicado el 13 de marzo indicaba que la venta a BlackRock podría tener un impacto en el comercio exterior de China y en la Ruta de la Seda, una inversión china de mil millones de dólares en infraestructuras repartidas por todo el mundo.

Aunque CK Hutchinson, la empresa vendedora, cotiza en la bolsa de Hong Kong, está constituida como sociedad en las Islas Caimán. En la última década, la parte de sus actividades en China continental y Hong Kong se ha reducido a poco más del 10 por cien. Li se ha embolsado casi 20.000 millones de dólares, 14 veces las ganancias del año pasado.

El canal de Panamá es un cuello de botella estratégico que juega un papel crucial en las actividades militares y económicas de los Estados Unidos, sirviendo como un paso obligado para los buques de guerra y las mercancías entre los océanos Atlántico y Pacífico.

Cada año, el canal de Panamá maneja 270.000 millones de dólares en mercancías, es decir, el 5 por cien del comercio marítimo mundial, de las cuales más del 70por cien transita por los puertos estadounidenses. El canal estuvo bajo control estadounidense hasta 1999, momento en el cual su soberanía fue transferida a Panamá en virtud de un tratado de 1977 firmado por el presidente Jimmy Carter.

El Tratado Carter-Torrijos de 1977 impone la “neutralidad permanente” del canal, garantizando que ningún país sea discriminado y que ningún barco actúe con hostilidad. Según este acuerdo, si esta neutralidad es amenazada, Estados Unidos puede recurrir a la fuerza para defenderla.

Después de asumir el cargo en enero, Trump cuestionó esa neutralidad. “China está explotando el canal de Panamá”, declaró durante su discurso de investidura. “No se lo hemos dado a China. Se lo hemos dado a Panamá y lo recuperaremos”.

En 1997 CK Hutchinson obtuvo los derechos de gestión de los dos puertos situados en los extremos del canal de Panamá por un período de 25 años. En 2021 el acuerdo fue renovado hasta 2047.

Unos días antes de viajar a Panamá para su primer viaje fuera de Estados Unidos, el secretario de Estado Marco Rubio declaró en una entrevista el 31 de enero: “Es completamente inaceptable que empresas con sede en Hong Kong controlen los puntos de entrada y salida del canal. Esto no puede continuar”.

“Si hay un conflicto y China les ordena hacer todo lo posible para bloquear el canal para que Estados Unidos no pueda comerciar y que la flota militar y naval estadounidense no pueda alcanzar el Indo-Pacífico lo suficientemente rápido, tendrán que hacerlo […] y lo harán. Tendríamos entonces un problema mayor entre manos”, continuó.

Después de la visita de Rubio, Panamá declaró el 2 de febrero que no renovaría su acuerdo con la Ruta de la Seda cuando el acuerdo actual expire el próximo año.

Estados Unidos no puede permitir que China gane la batalla por el canal de Panamá porque, en caso contrario, Washington perdería su influencia en el mundo. Es un preludio del choque entre Estados Unidos y China. En el futuro, muchos activos estratégicos importantes en todo el mundo serán objeto de enfrentamientos similares. Se abrirá entonces oficialmente una era de colisiones económicas y estratégicas.

Las últimas pistas sobre el asesinato de Kennedy conducen hasta… Israel

Durante décadas los historiadores creyeron que los archivos sobre el asesinato de John F. Kennedy en 1963 estaban censurados porque escondían a los responsables del magnicidio. Cuando se abrieran, todo quedaría aclarado. Es el cebo que ha alimentado la gigantesca literatura producida sobre el crimen de Dallas.

Cuando el 18 de marzo Trump ordenó la apertura de los últimos archivos, 64.000 documentos, han aparecido pocas pistas que arrojen algo más de luz, lo cual es insólito en un país que tiene las mayores legiones de policías del mundo. Pero es otra ingenuidad: el papel de la policía no es sólo investigar, sino también lanzar cortinas de humo.

Uno de los aspectos más novedosos de la desclasificación de la masa documental es que la “hipótesis Piper”, o sea, la intervención del Mosad en el asesinato, se refuerza. La pista israelí la abrió en los años noventa Michael Collins Piper y en su momento fue calificada como “conspiranoica” (1) porque ponía en primer plano el programa nuclear israelí, llamado “proyecto Dimona”.

Al mismo tiempo, la participación de la CIA en el crimen se disuelve, a pesar de que el papel estelar de uno de sus dirigentes de la época, James J. Angleton (2), se realza. No obstante, Angleton no intervino respaldado por la central de inteligencia estadounidense, sino en su condición de agente doble del Mosad.

Los conspiranoicos como Piper tienen razón. La CIA siempre había ocultado los vínculos entre Angleton y los servicios de inteligencia israelíes, algo que ya no tiene sentido. Uno de los documentos menciona que Angleton gestionaba “varios servicios de inteligencia, muchos de ellos con [el Servicio de Inteligencia israelí]”. Las palabras entre corchetes habían sido censuradas hasta ahora.

El director del Mosad, Meir Amit, había calificado a Angleton como “el mayor sionista de todos”, pero la condición de Angleton como espía doble no se conoció hasta 2017, cuando Jefferson Morley publicó su biografía (3). Por eso en Estados Unidos cada vez más le califican de “traidor”, precisamente a un espía como él que durante le Guerra Fría fue un paranoico de las traiciones y los dobles juegos.

Pero el problema de quienes destapan algo es que ocultan el resto y Morley lo que ocultó en su obra fue la participación de Angleton en el asesinato.

Kennedy se oponía a que Israel se dotara de armas nucleares y había puesto a John McCone al frente de la CIA porque también se oponía al “proyecto Dimona”, mientras Angleton, al menos en este punto, se enfrentó a su jefe en Langley y siguió las instrucciones que le llegaron desde Tel Aviv.

Como había hecho antes con Eisenhower, McCone recomendó a Kennedy que impusiera sanciones económicas contra Israel.

La oposición de Kennedy al armamento nuclear israelí creó una crisis diplomática entre Estados Unidos e Israel que a duras penas se pudo mantener en secreto. Los israelíes se negaron a someterse a las garantías internacionales prescritas por la Agencia Internacional de Energía Atómica y McCone temía que el proyecto Dimona “desencadenara graves disturbios en Oriente Medio”.

La “hipótesis Piper” conduce a decir que no tiene sentido incriminar a la CIA, en bloque, en el asesinato de Kennedy. El asunto es aún más turbio y lo importante sería identificar a los dirigentes de la central que, como Angleton, pudieron estar implicados, sin el conocimiento del máximo responsable de la central.

Cuando Angleton murió en 1987, un artículo del Washington Post destacó los homenajes que le rindieron en Israel. “Angleton es conocido por haber ayudado a Israel a obtener datos técnicos nucleares”, dijo el periódico. Era algo mucho más grave. El “traidor” encubrió el robo y contrabando de materiales destinados al reactor nuclear de Dimona.

Angleton visitaba con frecuencia la sede del Mosad en Tel Aviv, donde era recibido por Efraim Halevy, el agente de enlace con la estación de la CIA en Tel Aviv. Hoy no es ningún secreto que Halevy acompañaba a Angleton en sus giras y registraba sus encuentros con los dirigentes israelíes.

Uno de aquellos viajes fue en junio de 1963, cuando dimitió David Ben Gurión, uno de los fundadores del Estado de Israel en 1948, a quien conocía desde hacía muchos años. Se reunieron en la vivienda privada de Ben Gurión en el Neguev. Ben Gurión dejó su cargo como Primer Ministro el día de la recepción de la última carta de Kennedy amenazando a Israel con sanciones en caso de negativa a una inspección de Dimona.

La hipótesis indica que Ben Gurión dimitió al no haber logrado que Kennedy cediera y decidió ocuparse de él de otra manera. Es probable que recurriera a los antiguos del Irgún y del Lehi, organizaciones terroristas especializadas en asesinatos políticos y operaciones bajo bandera falsa, en particular Menahem Begin e Isaak Shamir, quienes posteriormente se convertirían en primeros ministros de Israel.

El refuerzo de la hipótesis de Piper gana credibilidad al tener en cuenta que la pista de Jack Ruby, el asesino del “asesino”, así como la mafia conducen directamente al Irgún. Las raíces de Jack Ruby no estaban en Sicilia; su verdadero nombre era Jacob Rubinstein.

Otra pieza del rompecabezas que va encajando es la de Lyndon B.Johnson, el sucesor de Kennedy, reconocido como el presidente de Estados Unidos más favorable Israel desde los tiempos de Truman. Los historiadores que apuntaban a Johnson como el cerebro del asesinato, como Roger Stone (4), ya no pasan por alto la intervención de Israel.

(1) Fallecido en 2015, Piper escribió en 1993 un libro titulado “El juicio final: el eslabón perdido en la conspiración para el asesinato de JFK”, que fue calificado de negacionista y antisemita.
(2) Angleton fue director de contraespionaje de la CIA desde 1954 hasta 1975 y fue el que más empeño puso siempre en tapar a los autores del magnicidio porque él y sus jefes del Mosad estaban entre los asesinos.
(3) Antiguo periodista del Washington Post, en 2017 Morley escribió “El Fantasma: la vida secreta del maestro del espionaje de la CIA James Jesus Angleton”.
(4) En 2013 Stone escribió “El hombre que mató a Kennedy: el caso contra LBJ”, donde califica al vicepresidente de amoral, sicópata, borracho, vicioso, cruel y vengativo, entre otras cosas.

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