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Día: 10 de diciembre de 2024 (página 1 de 1)

Otro golpe de Estado judicial: el caso de Rumanía, un país demasiado cercano a Rusia

En la primera vuelta de las elecciones presidenciales de Rumania, el candidato Calin Georgescu, crítico con la OTAN, obtuvo un apoyo significativo, lo que provocó una rápida respuesta de Estados Unidos en forma de amenazas, que no tardaron en materializarse: el Tribunal Constitucional anuló la primera vuelta de las elecciones presidenciales, a pesar de un recuento que validó la victoria de Georgescu.

Rumanía agachó la cabeza. Circularon rumores sobre la llegada de un enviado estadounidense a Bucarest y, pocas horas después, se conoció la decisión del Tribunal Constitucional. Esto demuestra hasta qué punto los imperialistas están dispuestos a hacer todo lo posible para mantener al gobierno rumano bajo control.

Para justificar el golpe de Estado, los altavoces del imperialismo han lanzado su consabida letanía de bulos: era prorruso, el Kremlin se había entrometido en las elecciones con la correspondiente campaña de desinformación en las redes sociales y bla bla bla bla bla bla bla bla…

Según el tribunal, hubo una campaña en las redes sociales “que involucró a alrededor de 25.000 cuentas de TikTok coordinadas a través de un canal de Telegram, influencers pagados y mensajes coordinados”.

A esos jueces alguien debe explicarles lo más básico: para ganar unas elecciones hay que hacer campañas de propaganda, difundir consignas y publicidad, cuanta más mejor.

Después de que las elecciones quedaran anuladas, la policía ha lanzado una campaña represiva para demostrar que las elecciones no fueron limpias. Ha interrogado 20 personas y ha registrado 18 locales, apoderándose de lo más típico en cualquier crimen de esta naturaleza: ordenadores, discos duros, documentos, carteles…

¿Por qué Rumanía es tan importante para los intereses estadounidenses que amenazaría con suspender la cooperación y las inversiones en materia de seguridad en caso de un cambio político?

Rumania es un antiguo miembro del Pacto de Varsovia que ahora forma parte del flanco oriental de la OTAN y está a la vanguardia de los esfuerzos del bloque para amenazar a Rusia. La costa rumana del Mar Negro proporciona una ruta conveniente para el envío de armas a Ucrania a través del pueerto de Odesa.

La infraestructura militar de la OTAN en Rumania sirve como trampolín para lanzar drones (como el MQ-9 Reaper, por ejemplo) para espiar desde el aire los movimientos de Rusia en el Mar Negro y coordinar los ataques ucranianos contra Crimea.

Su condición de país ribereño del Mar Negro ayuda a la OTAN a justificar su presencia naval en esta parte del mundo.

La frontera entre Rumania y Moldavia permite a la OTAN amenazar Transnistria, un enclave moldavo separatista encajado entre Moldavia y Ucrania, donde está estacionado un contingente de fuerzas de paz rusas.

La base aérea Mihail Kogalniceanu, ubicada cerca de Constanta, se está ampliando y se espera que se convierta en la base militar de la OTAN más grande en Europa. Esta expansión amenaza con convertir a Rumania en una especie de portaaviones a las puertas de Rusia.

La base militar de Deveselu, cerca de Caracal, alberga el sistema de defensa antimisiles balísticos Aegis Ashore de Estados Unidos, cuyos lanzadores Mk 41 pueden utilizarse para lanzar misiles (como los misiles de crucero Tomahawk) contra Rusia.

La lección de Siria: en la guerra rige la ley del más fuerte

Las grandes tragedias que se abaten catastróficamente sobre los pueblos tienen una dolorosa virtud: mostrar descarnadamente la realidad de todos los actores.

Ahora el pueblo sirio está viviendo el duro hachazo perpetrado por el imperialismo sionista utilizando a supuestos yihadistas, en realidad bandas de mercenarios de diferente pelaje. Actúan a sus órdenes, por procuración, en Chechenia, el Sahel, Iraq, Libia, también en Ucrania; y culminan ahora en Siria el trabajo sucio iniciado en 2011.

Invasiones y golpes de Estado en la ‘guerra contra el terrorismo’

Siria es el último episodio de una estrategia iniciada el 11 de septiembre de 2001, con el espectacular auto-atentado – hoy se puede calificar así con todo rigor – de las Torres Gemelas en Nueva York, y del Pentágono, con el que se iniciaba la “guerra contra el terrorismo”. Pero como el “terrorismo” estaba por todas partes y, de hecho, aparecía oportunamente en París, Bruselas, Madrid o Barcelona, se pusieron en marcha en los países de la OTAN y sus satélites Estrategias de Seguridad Nacional dirigidas fundamentalmente contra “enemigos internos”, junto a un considerable endurecimiento de la legislación represiva “antiterrorista”.

En el exterior, la diana estaba puesta claramente en países árabes y musulmanes. El enemigo declarado era Al Qaeda, pero sorprendentemente organizaciones similares con diferentes nombres reaparecían en diferentes países, siempre atacando a gobiernos u organizaciones opuestas al imperialismo. El disfraz de yihadistas no cubría del todo las vergüenzas: su alianza con Israel y la ausencia de apoyo a la liberación de Palestina era incompatible con el ideario mínimo de cualquier organización árabe o musulmana.

La identificación de esos yihadistas con los intereses del imperialismo, no fue óbice para que organizaciones que se decían de izquierda los calificaran de “rebeldes” que “luchaban contra el gobierno opresor”. Y eso sucedió incluso cuando, como ocurrió en Libia en 2011, la OTAN acudía en su ayuda para aniquilar el país que concentraba las esperanzas de los pueblos de África de sacudirse el colonialismo y el imperialismo.

Los planes del imperialismo chocaron contra obstáculos imprevistos

El general Wesley Clark lo explicó con toda claridad en una intervención pública en 2007. El mismo 11S de 2001 recibió la orden: EE.UU debía invadir siete países (Iraq, Libia, Siria, Líbano, Somalia, Sudán e Irán) en cinco años. Cuando preguntó a sus jefes por qué se debía empezar por Iraq, si es que había alguna relación entre Sadam Husein y Al Qaeda, la respuesta fue que no, que se trataba del petróleo.

Esa estrategia funcionó en Iraq (2003) y en Libia (2011). Iraq estaba exhausto tras la guerra fratricida con Irán (alimentada por EE.UU) y después de 12 años de brutal embargo. En 2003, Rusia y China, si bien no participaron en la ocupación, cometieron la ignominia de votar a favor de la Resolución de la ONU que legalizaba la ocupación de Iraq.

En 2011, ante el ataque y destrucción de Libia por la OTAN, tanto Rusia como China – países con estrechas relaciones políticas y comerciales con el gobierno de Trípoli – se abstuvieron en la votación de la Resolución del Consejo de Seguridad que amparaba los bombardeos de la Alianza Atlántica, sin hacer uso de su derecho de veto.

Después llegó el turno de Siria y Rusia empezó a cambiar su posición. En 2015 vetó las Resoluciones que culpabilizaban falsamente al gobierno sirio de diferentes hechos (uso de armas químicas, etc.) y que pretendían justificar una intervención militar abierta. Hacía años ya que había presencia encubierta de tropas de EE.UU, Francia y Gran Bretaña, que ocupaban zonas petrolíferas y actuaban de consuno con el Daesh. También Israel tenía instalados hospitales en la frontera donde se atendía a los heridos yihadistas.

A partir de septiembre de 2015, Rusia, a petición del gobierno sirio, interviene militarmente contra los invasores. Para dar una idea de la envergadura de la ayuda militar, según el gobierno ruso, se enviaron alrededor de 63.000 militares a Siria, la Fuerza Aérea rusa realizó más de 39.000 incursiones, en las que abatieron a más de 86.000 insurgentes y destruyeron 121.466 objetivos terroristas. Se instaló en la provincia de Latakia una segunda base militar rusa; la de Tartus procedía de la época de la URSS.

Otros hechos militares y políticos iban a marcar profundamente el futuro. Sobre la base de las victorias militares de 2.000 y 2.006 de Hezbollah sobre Israel, las primeras de un grupo armado árabe sobre la entidad sionista, y la estrecha colaboración entre el general iraní Qasem Suleimani y Hasan Nasrallah se crea el Eje de la Resistencia. Se configura como un movimiento estrictamente político, anti sionista y antiimperialista – por encima de diferencias religiosas, étnicas o nacionales –, que reconoce su centro motor en la liberación de Palestina. Además de su definición política y de la unidad que sobre ella ha sido capaz de forjar, el componente fundamental es la fe en la Victoria y la constatación de que la lucha armada es la única opción.

Este movimiento, del que formaba parte Siria junto a la Resistencia palestina, la libanesa, de Yemen, Irán e Iraq, se convirtió en el catalizador de la lucha contra el sio- imperialismo en toda la región, especialmente a partir del 7 de octubre de 2023.

No incluimos en este análisis el otro gran elemento que surge en estos años, la creación de los BRICS, porque CNC no comparte las valoraciones de ciertos analistas políticos y organizaciones de izquierda que parecen depositar en esta alianza que, hoy por hoy, no pasa de ser una asociación económica, las esperanzas de salvación de la humanidad. El pueblo palestino, el libanés y ahora el sirio, han podido comprobar que ni el genocidio más brutal ha suscitado en los BRICS, siquiera la decisión de ruptura de relaciones con los perpetradores; tampoco ante la invasión de Siria por las fuerzas más salvajes y retrógradas apoyadas por EE.UU, Israel y Turquía, se ha convocado al Consejo de Seguridad de la ONU.

Las contradicciones internas y la infiltración del enemigo

Desde la caída de la URSS, cualquier vestigio de respeto a los principios del derecho internacional o a los tratados, ha desaparecido. Es evidente que el único límite al orden internacional “basado en reglas”, las reglas del imperialismo, es la fuerza o la amenaza de usarla. Pero hay elementos importantes que hacen que fuerzas muy inferiores desde el punto de vista militar derroten a ejércitos poderosos. La larga historia de las revoluciones populares, de las guerras de liberación o la derrota de la Alemania nazi por la URSS y la resistencias antifascistas de los diferentes países europeos, lo acreditan. Y es que la maquinaria de guerra, que es capaz de destruir masivamente desde lejos, puede desmoronarse frente al valor y la determinación de quienes han decidido, junto a su liderazgo, que la muerte vale la pena cuando se lucha por la dignidad y la justicia.

Es la falta de este último elemento en el que confluyen la formación técnica militar, la conciencia política y el coraje, lo que parece haber influido decisivamente, junto a la traición de los jefes militares, en el desmoronamiento y la rápida retirada de las fuerzas regulares sirias. Las batallas de años anteriores fueron libradas fundamentalmente por Hezbollah – que perdió allí centenares de combatientes y jefes militares – y Rusia, sin que el ejército sirio aprovechara la inapreciable lección práctica que proporciona la guerra misma. Es más, la propuesta de Rusia de suministrar equipos y ayudar a reformar el ejército fue rechazada y los jefes militares sirios que lucharon junto a Hezbollah y Rusia fueron destituidos. Los que les sucedieron han huido ahora con sus soldados.

Hay otro asunto muy espinoso, que tiene dos vertientes que son determinantes en toda guerra y para cualquier organización revolucionaria: la capacidad de penetrar y de obtener información de los planes del enemigo, y tanto o más importante, detectar y eliminar a los traidores dentro de las propias filas.

Dos ejemplos contrapuestos se han dado dentro del Eje de la Resistencia en los últimos tiempos. El primero lo dirigió el líder de Hamás, Yahya Sinwar. La obtención de información acerca de los espías infiltrados en sus filas y su eliminación permitió sorprender al enemigo el 7 de octubre y construir sólidamente la Resistencia. El propio Sinwar murió en combate, no en un atentado.

Por el contrario, problemas graves de seguridad parecen estar detrás de los asesinatos de dirigentes tanto en Líbano como en Irán. De su solución depende en buena medida su capacidad de enfrentar una guerra, aun más larga y dura.

El balance previsible de la caída de Siria para el Eje de la Resistencia y para Rusia

Más vale que quienes confían en la democracia burguesa y en el derecho internacional vayan aterrizando. No hay otra ley que la del más fuerte, y la impunidad de Israel y de los gobiernos de EE.UU y la UE que le apoyan, es total. Catorce meses de matanza masiva y deliberada de la población civil palestina, la inmensa mayoría mujeres y niños, lo atestiguan. Las sentencias de los tribunales internacionales son papel mojado porque los gobiernos no las cumplen.

Unidades del ejército de EE.UU que, vulnerando la legalidad internacional han estado ocupando desde hace más de una década instalaciones petrolíferas sirias y robando su petróleo, han apoyado ahora con su fuerza aérea a los yihadistas – a quienes cínicamente considera terroristas – y bombardeado al ejército sirio.

Por su parte, Israel, tres horas después de que los yihadistas entraran en Damasco, empezó a bombardear en Siria instalaciones científicas – impedir el desarrollo científico de los árabes es una obsesión del sionismo –, bases aéreas, edificios de inteligencia y aduanas. Así mismo, tanques israelíes han ocupado la zona desmilitarizada de los altos del Golán.

A la espera de que el Eje de la Resistencia analice la nueva situación y se reorganice, lo que es evidente es que el sio-imperialismo ha comprobado que puede actuar con toda impunidad y que su cerco a Irán es cuestión de tiempo.

Rusia, por su parte, ha recibido un duro golpe en Siria y hasta sus bases en el Mediterráneo están en peligro. Una vez más, después de las promesas de la OTAN de que no se expandiría hacia el Este, después del fiasco deliberado de los Acuerdos de Minsk de 2014 sobre Ucrania o después de la descomunal tomadura de pelo de la reunión de hace menos de un mes en Astaná en la que, junto a Irán y Turquía, era país garante de la estabilidad de Siria, Rusia ha podido comprobar que los acuerdos internacionales sólo sirven para ganar tiempo hasta la próxima puñalada.

El mayor riesgo de Rusia es que en Ucrania, como en Siria, deje al enemigo con capacidad de recuperarse y atacar de nuevo con más fuerza. El peligro que acecha al gobierno de Rusia es que prevalezcan los intereses oligárquicos de quienes quieren conseguir un acuerdo de paz a cualquier precio, para volver a los negocios con occidente cuanto antes. Y no hay vuelta al pasado porque el objetivo del imperialismo occidental es acabar con Rusia como potencia y como país, cueste lo que cueste; incluso a costa de acabar con todo rastro de credibilidad democrática como muestran la desestabilización de Georgia, de Moldavia, de Abjasia o de Rumanía.

Un paso más hacia la guerra a gran escala

La caída de Siria hoy por hoy representa un importante paso hacia el control de Oriente próximo por el sio-imperialismo y un debilitamiento del Eje de la Resistencia y Rusia. De ambos a la vez y más vale que Rusia entienda cuanto antes que sus destinos están unidos. Igual que lo debemos entender nosotros, haciendo de la solidaridad con el Eje de la Resistencia un baluarte concreto del Internacionalismo.

También significa que el imperialismo anglosajón se siente más fuerte y más proclive a llevar a cabo sus planes de guerra a gran escala contra Rusia y China en suelo europeo y, como venimos alertando, con la juventud obrera como carne de cañón.

La amenaza no es inminente pero los preparativos avanzan, por ahora, de forma inexorable. La destrucción económica de Europa, la militarización social y la economía de guerra, corren en la misma dirección.

Sus planes son bien claros y frente a ellos, no caben lamentos de que viene la guerra o propuestas pacifistas que chocan con la dura realidad. La única actitud coherente es denunciar todas esas políticas como una agudización de la lucha de clases en la crisis del capitalismo, cuya máxima expresión es la guerra, y preparar a la clase obrera para enfrentarla.

‘La madre de todas las mentiras’

Junio de 1981 es un mes marcado en negro en el calendario marroquí. Un levantamiento popular ocurrido en Casablanca, conocido como la Revuelta del Pan, fue brutalmente aplastado por el ejército enviado por el rey Hassan II, el padre del actual monarca, a los barrios más pobres, donde la multitud se manifestaba contra el hambre y la carestía.

Los soldados asesinaron a unos mil hombres, mujeres y niños. El ejército se llevó los cadáveres de las calles para enterrarlos en secreto. Prohibieron fotografiar a los muertos.

Décadas después los marroquíes luchan por conocer la verdad. Con el cambio de siglo se creó la típica comisión de investigación “ad hoc” para encubrir los sucesos, para ocultar la brutalidad y la represión llevadas a cabo por el Estado marroquí: miles de detenciones arbitrarias, desapariciones, juicios farsa, torturas, violaciones y represalias.

La cineasta Asmae El Moudir ha rodado una magnífica película: “La madre de todas las mentiras”. Cuando el capitalismo silencia o engaña, los pueblos buscan su propia identidad y su memoria por todos los caminos posibles, incluido el arte y la cultura.

Moudir nació nueve años después de la matanza, pero llegó a considerarla como parte de sí misma, de su vida familiar y de su biografía. La realizadora siempre se preguntó por qué no tenía fotos de su familia; ni siquiera podía verse a sí misma cuando era niña. En 2016, cuando ayudó a su familia en una mudanza, descubrió que se erigían tumbas sobre los restos cerca de su casa. La zona había sido una vez un campo de fútbol donde su padre jugaba como portero. Presionó a su familia para obtener más información y se encontró con la ira, especialmente de su abuela, Zahra, por curiosear demasiado. Moudir descubrió que los restos eran de jóvenes manifestantes y que se estaban erigiendo monumentos musulmanes para honrar a los muertos.

La familia hizo todo lo posible para mantener a raya la curiosidad de la cineasta. Pero, con el tiempo Moudir trabaja con su padre, un hábil albañil, para reconstruir en miniatura el vecindario tal como era durante su infancia, incluida la casa en la que ella creció, con pequeñas figuras humanas. Al mismo tiempo, reúne a su madre y su padre, su abuela y dos vecinos, en un esfuerzo por llegar a la verdad sobre un pasado reprimido u oscurecido. En el espacio se desarrollan diversas conversaciones y pequeños dramas, intercalados con material sobre hechos históricos.

Al narrar la película, la realizadora dice que el modelo de barrio es “un lugar donde se pueden revelar secretos” y expresa su fastidio hacia su abuela, una anciana a la que acusa de “controlar a todos”. El día de los disturbios hizo todo lo posible para mantener a su familia dentro de casa para evitar que sufrieran daños.

La anciana pasó “años espiando a la gente”; fue una “dictadora que oprimió a todos”. Muy a menudo, el espectador la verá apuntando a la cámara con su bastón. Les ladra a otros miembros de la familia y en un momento dado llama “perra” a su nieta. Preguntada sobre el día de las masacres de 1981, la anciana exclama: “No vi nada. ¡Nada en absoluto! No vi nada. Ahora vete”.

Su nieta considera a la abuela como la verdadera directora del documental. Descubre en ella ciertos aspectos represivos de su abuela, en particular su hostilidad a ser fotografiada y a las imágenes en general. No le gustan las fotos, prefiere los recuerdos. El motivo es su sufrimiento personal así como en su miedo a la represión porque son muchos los que ignoran que el miedo puede durar siglos.

La realizadora recuerda muy bien una foto suya cuando era niña, “la única que tuve. Una foto que me dio mi madre para tranquilizarme, pero fue en vano. Estaba convencida de que no era yo la de esa foto y que mi madre me había mentido”.

“La madre de todas las mentiras” tardó diez años en realizarse y se proyectó el 22 de enero en el Festival de Cine de Sundance. Es una mezcla de recuerdos agradables y otros mucho más oscuros, una metáfora del mundo en el que vivimos aún hoy, donde las batallas políticas nunca se construyen sobre aquello de lo que nadie habla, de los silencios y los ocultamientos que, la mayor parte de las veces, versan sobre la represión política.

Activistas de la PAH plantan al tribunal que les juzgará por una protesta contra Caixabank

El 26 de marzo de 2021, ocho activistas de la Plataforma de Afectados por la Hipoteca (PAH) de Guadalajara fueron procesadas por el Juzgado de Instrucción nº1 de la ciudad, a petición del Grupo Caixabank y la Fiscalía. Se les solicitó penas de 3 años y 9 meses de prisión y 11 meses respectivamente, debido a su participación en una protesta llevada a cabo en el interior de una sucursal bancaria en Cabanillas del Campo el 5 de diciembre de 2017. Las activistas exigían la paralización del desahucio de una familia, un compromiso que el banco había asumido tras meses de negociaciones para encontrar una solución habitacional.

La protesta terminó con el desalojo y la detención de 8 personas, que fueron trasladadas a dependencias de la Guardia Civil, por orden del entonces subdelegado del gobierno Juan Pablo Sánchez-Seco. La concentración de más de un centenar de personas esa misma tarde a las puertas del cuartel donde estaban detenidas las 8 supuso su liberación inmediata, pero hoy enfrentan severas penas por ejercer un derecho fundamental, en un contexto de persecución sistemática contra activistas que defienden el derecho a la vivienda.

Las #8deCaixabank no es un caso aislado

La Plataforma Antirrepresiva de Guadalajara ha difundido un manifiesto que enmarca este proceso judicial en una tendencia más amplia de criminalización de la protesta social en España, siendo que en la propia Guadalajara el movimiento en defensa del derecho a la vivienda ha tenido que enfrentar multas y otros procesos penales por sus acciones y movilizaciones. «La intención es tratar a quienes reivindican derechos básicos como delincuentes, y a la organización de estas acciones como un grupo criminal, como les ha pasado a las activistas ambientales de Futuro Vegetal«.

Desde la Plataforma señalan como un caso particularmente grave y que inevitablemente va a tener incidencia en el caso de Guadalajara, el conocido como el de «Las 6 de la Suiza». El 19 de junio de 2024, el Tribunal Supremo ratificó una condena de tres años y medio de prisión y una multa de 125.000 € a seis sindicalistas de la CNT por organizar protestas frente a la pastelería “La Suiza” en Gijón, lo que evidencia un patrón de criminalización de la disidencia y, al tener esa sentencia una función casacional, sienta una doctrina de aplicación por los tribunales inferiores.

Un juicio político y sin pruebas

La Fiscalía General del Estado, en sus memorias anuales, ha declarado reiteradamente que los movimientos sociales y políticos que se desvíen de los márgenes permitidos deben ser vigilados y perseguidos, bajo etiquetas como «terrorismo» o «delito de odio». Esto refleja un intento de aleccionar al público sobre las consecuencias de desbordar los límites establecidos. Los procesos judiciales que enfrentan los activistas no solo buscan determinar culpabilidad o inocencia, sino que tienen como objetivo establecer límites a los derechos fundamentales, como se evidencia en el caso de las #8deCaixabank.

A pesar de las pruebas insuficientes presentadas por la Fiscalía y Caixabank, que en condiciones normales deberían haber llevado al archivo del caso, las activistas se enfrentan a un juicio cuya sentencia creen que ya está firmada. El verdadero «delito» que se les imputa es el de protestar, específicamente por el derecho a la vivienda, un derecho que entidades como Caixabank han vulnerado sistemáticamente.

Objeción de conciencia

Desde la Plataforma se hace un llamado urgente a los movimientos sociales y sindicales para que comprendan que, al activar un proceso judicial contra quienes participan en protestas, se enfrentan a un sistema que manipula las reglas a su favor. «Es un error alimentar la esperanza de que los tribunales actuarán con magnanimidad, ya que la historia demuestra que las libertades políticas solo se conquistan fuera de las salas de audiencias«.

Por ello, el grupo de personas imputadas ha decidido no acudir al juicio fijado para el 10 y 12 de febrero de 2025, en un esfuerzo por rechazar la legitimidad de estos juicios políticos y reafirmar que la desobediencia civil no es un delito, y han iniciado una convocatoria estatal para que organizaciones y colectivos en situación similar se sumen a esta campaña de insumisión y de objeción de conciencia frente a este tipo de procesos judiciales.

La consigna es clara: No a los juicios políticos. Sin libertad de expresión, no hay democracia

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