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Día: 7 de diciembre de 2024 (página 1 de 1)

Los padres de la santa iglesia de la tecnología

Lo más interesante no es que alguien haya publicado un libro sobre la nueva religión contemporánea, la tecnología, sino que lo haya hecho precisamente el Instituto Tecnológico de Massachusetts. La obra es de Greg Epstein, que se declara “agnóstico” de la nueva religión (1), que tiene sus pontífices que, como portavoces de dios en la tierra, no se equivocan nunca. Pero también tiene sus sacerdotes, sus diáconos, sus párrocos, sus monaguillos, sus místicos y sus akelarres.

La nueva iglesia tiene fieles, que a veces se llaman “geeks”, que se encargan de convertir la tecnología en una ideología, e incluso en una subcultura donde no es fácil diferenciar entre un progreso de las fuerzas productivas y un batiburrillo de tonteorías.

Es verdad que no hay muchos “geeks”, pero les gusta escribir en blogs y foros de internet para sentar cátedra. Si no estás con ellos es porque eres un hereje o, como se dice en el mundo moderno, un “negacionista”. Es posible que, como tal, seas al mismo tiempo “ultraderechista” porque los creyentes siempre defienden el orden establecido: la democracia, los derechos humanos y la CIA.

Como todas las religiones, la tecnología moderna ha amasado grandes fortunas y creado poderosos monopolios que empiezan a darle bocados el mundo. Si el obispo Bezos compra el Washington Post, Musk compra X/Twitter. Para ellos es un entretenimiento más. Cuando tienes mucho dinero, no sabes en qué gastarlo.

Las empresas tecnológicas se envuelven en un halo de misterio y se enorgullecen de tener una cultura y reglas propias (“términos de servicio”), como las órdenes monásticas. También exigen juramentos de lealtad, en forma de acuerdos de confidencialidad.

Como los milagros bíblicos, las estupideces tecnológicas no tienen límites. Unos “geeks” dicen que el universo es un holograma (2) y otros que vivimos dentro una simulación de ordenador (3). Son estupideces cada vez más corrientes en las modernas revistas que se califican a sí mismas como “científicas”.

Las estupideces yambién tienen su jerarquía. La mayor de ellas es es creer que los problemas de la humanidad son técnicos y que, por lo tanto, corresponde solucionarlos a los técnicos.

Otra es suponer que la tecnología es siempre algo positivo y que su impulso actual no deriva de un intento de control social asfixiante, como el reconocimiento facial. A cualquier cosa lo llaman “tecnología” y cualquier “tecnología” se considera un progreso.

Como consecuencia de ello, los que se oponen a las tonteorías de los “geeks” se oponen al progreso, son unos reaccionarios, se han quedado anticuados… Es lo que pretenden hoy los reformistas: asimilar cualquier crítica a la famosa “ultraderecha”.

(1) https://mitpress.mit.edu/9780262049207/tech-agnostic/
(2) https://www.esquire.com/es/ciencia/a44709661/universo-holografico/
(3) https://www.muyinteresante.com/actualidad/61730.html

Si Rusia afloja en Siria, aflojará en todos los frentes

Con muy poco los yihadistas han hecho mucho en Siria. La intervención de Turquía, otro actor por delegación, no es pretexto suficiente para explicar el fracaso del ejército regular, pero también de Rusia e Irán, que tenían la cabeza puesta en otros lugares.

No se puede dejar ningún trabajo sin terminar, y menos una guerra. No se puede dejar a los terroristas a sus anchas en Idlib, bajo la tutela de de un país como Turquía. Que no hayan proclamado un califato no es excusa. Los han dejado prepararse durante cuatro años y en tres días han capturado Alepo, que es la segunda ciudad más grande de Siria.

Rusia no puede caer otra vez en la trampa de dejar el trabajo sin terminar en Ucrania. No puede congelar la guerra. Debe terminarla definitivamente y enviar un aviso a sus vecinos, desde el Báltico hasta el Cáucaso. De lo contrario los imperialistas no les van dejar un minuto de tranquilidad.

Además, si Rusia quiere hacer las cosas bien, debe hacerlas por sí misma. No puede contar con aliados y socios circunstanciales. Los iraníes estaban demasiado ocupados con Palestina y Líbano.

Erdogan le ha apuñalado por la espalda, y no es la primera vez. Turquía nunca ha dejado de trabajar para la OTAN, ni tampoco de dirigir a los yihadistas que operan en el norte de Siria. Sin el MIT, su servicio de inteligencia, el ataque terrorista contra Alepo habría sido imposible.

Los acuerdos internacionales son papel mojado si no están respaldados por la fuerza bruta. Los últimos ejemplos son los de Misk de 2014 o el firmado en 2020 en Astaná. La captura de Alepo es una burla directa a un trato que convirtió a Rusia, Irán y Turquía en países garantes de Siria, un papel que ninguno de ellos ha cumplido.

Los días 11 y 12 de noviembre se celebró en Astaná la 22 reunión internacional sobre Siria en el “formato Astaná”, y sobre sus resultados se emitió una declaración conjunta. Más papel mojado.

La caída de Alepo no se pudo producir sin la traición de los generales sirios, sin la huida de sus subordinados, sin que el frente quedara expuesto y sin que muchas armas quedaran se abandonadas en manos de los yihadistas. Es poco probable que esto hubiera sido posible si Damasco hubiera sido plenamente consciente de la situación, incluida la lealtad y el profesionalismo de sus oficiales superiores.

Para que los dirigentes sean conscientes de la situación es necesario tener fuentes de información sobre el terreno y un organismo capaz de recopilarlos, analizarlos y transmitirlos de manera oportuna.

Rusia no puede ceder en Siria. Si lo hace, sucumbirá en todas partes. La coincidencia en el tiempo de acontecimientos como la escalada en Ucrania, los ataques de largo alcance contra el interior de Rusia, el ataque al sistema bancario ruso, la crisis en Abjasia, la desestabilización en Georgia y la crisis en torno a Alepo no son accidentales.

Al imperialismo los nievos misiles Oreshnik no le han impresionado en absoluto y ha respondido intensificando significativamente sus esfuerzos para presionar a Rusia en todos los frentes.

El éxito en Alepo puede alentar a los imperialistas a atacar en otros puntos. Rusia debe mantener unidas todas sus líneas y estar preparada para afrontar nuevos desafíos.

Si Rusia todavía tenía dudas sobre la pertinencia de las negociaciones, la situación actual en Siria debe haberles convencido de que tienen que abordar la cuestión ucraniana de forma definitiva, que no deje lugar a dudas.

Israel financia a siete grupos terroristas que operan en Siria

La ofensiva de Siria la han desatado -fundamentalmente- dos grupos yihadistas coordinados. Uno es el Ejército Nacional Sirio (“Al-Jays al-Watani As Suri”) y el otro la Organización de Liberación de Levante (“Hayat Tahrir Al Sham”).

Son dos facciones islamistas diferentes creadas por iniciativa de Turquía tras su operación “Escudo del Éufrates” lanzada en marzo de 2017. En aquel momento Ankara pretendía impedir que los kurdos del PKK controlaran el norte de Siria y la frontera entre ambos países. Los miembros del ANS actuaron entonces como carne de cañón de Turquía para crear una zona de amortiguamiento en la región.

El carácter ideológico de este “ejército” es una mezcla variopinta de yihadismo y neotomanismo. Hay quienes son cercanos a la Hermandad Musulmana y consideran que Erdogan es hoy el dirigente de ese movimiento. Pero no hay que engañarse. Ante todo son mercenarios, carne de cañón. Van donde les pagan.

Se estima que cuenta con entre 50.000 y 100.000 hombres, completamente armados y entrenados por Turquía. La mayoría de sus miembros son árabes, pero también tiene una fuerte minoría de turcomanos y, lo que es más sorprendente, de kurdos.

Siria no es el único escenario donde participan sus mercenarios. Son enviados a dondequiera que los intereses turcos estén amenazados, especialmente en Libia, más recientemente en Azerbaiyán en la guerra de Nagorno-Karabaj contra las tropas armenias, pero también en el Sahel, donde ahora protegen a los buscadores de oro turcos.

El otro componente mercenario es la “Organización de Liberación de Levante” o “Hayat Tahrir Al Sham”. Fundado oficialmente en enero de 2017, este movimiento es resultado de la fusión de varias organizaciones yihadistas, la más importante de las cuales fue la anteriormente conocida como Frente Al Nosra.

Esta organización se beneficia del apoyo financiero de Qatar, lo que significa que la mano de Washington no está lejos.

Desde el punto de vista ideológico, Hayat Tahrir Al Sham es una organización abiertamente yihadista cuyo núcleo fundador del Frente Al Nusra estuvo afiliado a Al Qaeda hasta 2017. Su número se estima en alrededor de 30.000 mercenarios.

¿De dónde cobran los terroristas?

Con excepción del grupo llamado “Ejército Nacional Sirio”, cuyo dinero es claramente de origen turco, es muy difícil rastrear las fuentes de financiación de las demás organizaciones, aunque la prensa israelí ha sido muy locuaz al respecto. Así, según una investigación de Elisabeth Tsurkov para el periódico Haaretz de 21 de febrero de 2018, Israel proporciona apoyo financiero directo a siete grupos terroristas en Siria.

Algunos de estos grupos que comenzaron a recibir ayuda de Israel a finales de 2017 fueron financiados previamente por el Comando de Operaciones Militares, un centro operativo gestionado por la CIA. Hasta 2018 este centro pagaba los sueldos de decenas de miles de miembros del frente sur del Ejército Libre de Siria, proporcionándoles armas y municiones.

Youssef Hindi recuerda, por su parte, que el dinero estadounidense terminó en 2018 por decisión de Trump, lo que obligó a Israel a asumir el control, si no quería que esas facciones desaparecieran de la guerra.

Todas mis fuentes, afirma Tsurkov, “han confirmado la identidad de al menos siete grupos [de yihadistas sirios] que reciben apoyo israelí, con la condición de que no se nombren los grupos”.

De la guerra regional al ‘gran juego’ internacional

Atascado en Gaza y el Líbano, donde el ejército israelí apenas ha destacado por sus hazañas militares (salvo el paréntesis de los ataques con los buscapersonas contra los dirigentes de Hezbollah), Israel y muy probablemente las redes belicistas estadounidenses que seguirán en el gobierno hasta el año que viene, parecen haberse vuelto contra el gobierno sirio. La pregunta es por qué.

Para Washington se trataría de romper la coalición entre Hezbollah, Siria e Irán, con la perspectiva de debilitar a Rusia en su flanco sur, sacar a Moscú de su acceso al Mediterráneo, bloquear la nueva “Ruta de la Seda” de China y provocar un atolladero que penalizaría al futuro gobierno estadounidense.

Los problemas estadounidenses son tanto externos, parte del “gran juego” político internacional, como internos, con un relevo del mando entre dos gobiernos con puntos de vista aparentemente opuestos.

Qatar y Turquía desempeñan el papel de intermediarios en ese juego y explotan, de manera más o menos abierta, a los nuevos ejércitos de mercenarios yihadistas.

El derrocamiento de Bashar Al Assad y el caos que seguiría en Siria lograrían los objetivos del actual gobierno israelí de remodelar la región en beneficio de un Israel más grande. Esto sólo puede suceder con la destrucción de los Estados de la región, que es donde las organizaciones terroristas resultan útiles.

Para convencerse de ello basta releer las declaraciones del actual ministro de Finanzas israelí, Bezalel Smotrich, quien indicó que las fronteras de Israel deben extenderse hasta Damasco. Esa perspectiva también la comparten los sectores mesiánicos sobrerrepresentados dentro del sionismo, sino también los evangelistas estadounidenses.

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