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Día: 26 de noviembre de 2024 (página 1 de 1)

Níger expulsa al embajador de la Unión Europea

El sábado la Unión Europea llamó a consultas a su embajador en Níger, Salvador Pinto Da França, y al día siguiente Niamey respondió con lo mismo: en un comunicado de prensa declaró que también quiere que el embajador europeo se marche, e incluso que habían sido ellos los primeros en pedirlo.

La solicitud es otro eslabón en la larga cadena de tropiezos entre ambas partes, que empezó con la suspensión de la ayuda humanitaria. Niamey respondió de la misma manera: ellos no la habían solicitado y, en consecuencia, exigían que se detuviera.

El gobierno nigerino viene denunciando la falta de transparencia en el manejo de la ayuda de 1,3 millones de euros destinada a las víctimas de las inundaciones y ha encargado una auditoría para conocer el “uso y destino real” de los fondos.

En su comunicado el Ministerio nigerino de Asuntos Exteriores quiere aclarar varios aspectos.

En primer lugar, lamenta que la Unión Europea anunciara la suspensión de la ayuda en las redes sociales, dos semanas antes de informarles a ellos oficialmente. “Níger nunca ha solicitado ayuda humanitaria internacional tras las inundaciones, y menos aún de la Unión Europea”.

Finalmente, el Ministerio de Asuntos Exteriores de Níger asegura que el embajador europeo había sido citado el 14 de octubre para decirle que pusiera fin a las operaciones de transporte de ayuda.

La Unión Europea no hizo ni caso, por lo que el gobierno nigerino llega a la conclusión de que la “colaboración” con el embajador ya no es posible y “solicitó oficialmente su destitución y sustitución lo antes posible”.

En consecuencia, el Ministerio africano quiere dejar claro que la revocación del embajador es una iniciativa suya y no de la Unión Europea.

El FMI propone el decrecimiento para frenar el ‘cambio climático’

Con el pretexto de la pandemia, entre 2020 y 2022 muchos países impusieron los confinamientos y paralizaron la economía, unas medidas sin precedentes en tiempos de paz. Luego dijeron que esas restricciones habían sido beneficiosas para el planeta porque habían permitido reducir las emisiones de gases “de efecto invernadero”.

Desde entonces los planes de “confinamiento climático” son unan constante. Su objetivo es el decrecimiento: reducir la actividad económica para evitar el calentamiento del planeta. En 2020 uno de esos parásitos que colonizan los organismos internacionales, la economista Mariana Mazzucato, presidenta del Consejo de “Salud para Todos” de la OMS, sostuvo que “en un futuro próximo, el mundo podría recurrir nuevamente a los confinamientos, esta vez para hacer frente a la emergencia climática” (1).

Bajo el “confinamiento climático” los gobiernos limitarían el uso de vehículos privados, prohibirían el consumo de carne roja e impondrían medidas extremas de ahorro de energía, mientras que las empresas de combustibles fósiles tendrían que cesar sus actividades, añadía Mazzucato.

Muchos ven la crisis climática como distinta de las crisis sanitaria y económica causadas por la pandemia. Sin embargo, estas tres crisis –y sus soluciones– están interconectadas. La crisis climática es también una crisis de salud pública, concluía torpemente la economista.

El mes pasado el Fondo Monetario Internacional (FMI) publicó un “llamamiento a la acción climática mundial” en el que vuelve a poner encima de la mesa las restricciones a la actividad económica como remedio para salvar el clima (2).

El objetivo del FMI es reducir las “emisiones de gases de carbono” a la mitad en cinco años. Según el cuento de la lechera del FMI, eso reduciría la temperatura mundial en 1,5ºC, suficiente para salvar a la humanidad de abismo en el que se encuentra.

Pero, como suele ocurrir, el FMI se saca las cifras de la manga: durante la pandemia los confinamientos sólo redujeron las emisiones de CO2 en un 7 por cien, según el Global Carbon Project.

Además, el FMI recomienda poner un precio mínimo para el CO2, es decir, un impuesto sobre las emisiones, como ya ha hecho en Dinamarca al obligar a los ganaderos a pagar tasas por los pedos de vacas (3). A partir de 2030 deberán abonar 300 coronas danesas, unos 40 euros, por tonelada de emisiones de metano, aunque no se sabe si lo calcularán a ojo de buen cubero o habrá un inspector de hacienda pegado al culo de los animales.

(1) https://www.project-syndicate.org/commentary/radical-green-overhaul-to-avoid-climate-lockdown-by-mariana-mazzucato-2020-09
(2) https://www.elibrary.imf.org/view/journals/066/2024/006/066.2024.issue-006-en.xml
(3) https://ecoinventos.com/primer-impuesto-pedos-del-mundo-dinamarca-aplica-impuesto-a-vacas-que-producen-gases/

Reino Unido sanciona a la ‘flota fantasma’ rusa

Aunque parezca increíble, aún queda algo sin sancionar y ayer el gobierno británico incluyó en la lista negra a 30 barcos adicionales de la “flota fantasma” de Rusia.

Los imperialistas llaman así a los buques que permiten a Moscú seguir exportando su petróleo y gas, eludiendo las restricciones que han impuesto las potencias occidentales de manera ilegal y arbitraria.

La letanía vuelve a reproducirse: es “el mayor paquete de sanciones”, que afecta a 30 nuevos barcos, anunció ayer el ministro de Asuntos Exteriores británico, David Lammy. “Esto subraya el compromiso del Reino Unido con Ucrania”, afirmó el ministro durante una reunión con sus homólogos del G7 en Italia.

Los barcos ya no podrán amarrar en puertos británicos, podrán ser detenidos y se les negará el acceso al registro de barcos británico. En total, las sanciones británicas se dirigen ahora a 73 barcos.

Es la quinta vez que el gobierno británico arremete contra la “flota fantasma” de Rusia. Según la definición de la Escuela de Economía de Kiev (KSE), esto se refiere a buques comerciales que no son propiedad del G7 ni de los países de la Unión Europea. Se trata de buques comerciales que no utilizan el seguro P&I, un seguro específico del transporte marítimo que prevé una indemnización ilimitada por daños a terceros.

Por eso las sanciones impuestas ayer incluyen a dos empresas aseguradoras rusas.

Lo que califican como “flota fantasma rusa” está compuesta por unos 600 barcos que transportan cerca de 1,7 millones de barriles de petróleo al día, según estimaciones británicas de julio. La mitad de los 30 buques recientemente sancionados transportaron más de 4.300 millones de dólares en petróleo y productos derivados del petróleo durante el año pasado.

David Lammy se comprometió así a “trabajar con [los] socios del G7 y más allá para ejercer una presión incesante sobre el Kremlin”. Esto, según él, implica “interrumpir el flujo de dinero hacia su fondo de guerra, erosionar su maquinaria militar y limitar su comportamiento malicioso en todo el mundo”.

En julio el gobierno británico lanzó un llamamiento a castigar a la “flota fantasma” rusa durante la cumbre de la Comunidad Política Europea (CPE) celebrada en Inglaterra. Desde entonces lo han firmado la Unión Europea y 46 países más. El Ministerio de Asuntos Exteriores británico asegura que Estados Unidos y la Unión Europea han sancionado respectivamente a 39 y 19 barcos de la flota fantasma. Pero Reino Unido va mucho más allá en sus delirios contra Rusia: ellos han sancionado a 73 barcos.

La siderúrgica Thyssenkrupp despide a 11.000 trabajadores

Es otra señal del hundimiento de la industria europea y, singularmente, de la alemana: el gigante alemán Thyssenkrupp eliminará alrededor de 5.000 puestos de trabajo y subcontratará cerca de 6.000 puestos en su rama siderúrgica. El holding se ha comprometido a financiar su filial siderúrgica en dificultades sólo durante los próximos veinticuatro meses.

Thyssenkrupp eliminará o subcontratará 11.000 puestos en su filial siderúrgica de aquí a 2030, anunció ayer la empresa. El conglomerado industrial se enfrenta a dificultades crecientes relacionadas con la superproducción, el aumento del coste de la energía y la competencia del acero chino.

En la división que sufre pérdidas eliminarán alrededor de 5.000 puestos de trabajo y se subcontratarán 6.000, más del 11 por cien de su fuerza de trabajo. Thyssenkrupp añade que quiere reducir los costes salariales una media del 10 por cien en los próximos años, para adaptarlos a la competencia. “Queremos tener éxito en la reorganización del acero, si es posible sin despidos económicos”, dijo el director Miguel López.

En su nota de prensa de ayer, Thyssenkrupp asegura que estas medidas son “necesarias para mejorar la productividad y la eficacia operativa” de su filial siderúrgica Thyssenkrupp Steel, “y para alcanzar un nivel de costes competitivo”.

La empresa también presentó un plan para acabar con la superproducción. La capacidad de producción de acero se reducirá hasta una horquilla de entre 8,7 y 9 millones de toneladas, frente a los 11,5 millones actuales. Además, se cerrará la planta de Kreuztal-Eichen (oeste de Alemania), que emplea a 1.000 trabajadores.

Al mismo tiempo, el holding tiene intención de deshacerse de su filial Thyssenkrupp Steel. El proceso se aceleró en mayo con la adquisición del 20 por cien de las acciones por parte del empresario Daniel Kretinsky, a través de su holding EPCG, y actualmente negocia la recuperación de un 30 por cien adicional, con el objetivo de crear una sociedad mixta.

Durante este ejercicio contable, el volumen de negocios del sector siderúrgico cayó un 18 por cien, hasta 10.000 millones de euros, agravando la pérdida anual del grupo que se situó en 1.500 millones de euros.

El holding alemán del acero tiene casi 100.000 trabajadores, de los que 27.000 están en las fábricas siderúrgicas. El proyecto es una “catástrofe para los trabajadores y la industria de Renania del Norte-Westfalia”, cuna del grupo en el oeste de Alemania, dijo el sindicato IG Metall.

A primera hora del lunes, el holding se comprometió a financiar a la filial durante los próximos dos años. Thyssenkrupp quiere reestructurar su rama siderúrgica, una actividad histórica lastrada por el aumento del coste de la energía y la competencia china.

El fabricante de acero debe financiar su descarbonización, un proyecto que cuesta 3.000 millones de euros, aunque la factura final podría ser mayor. A Thyssenkrupp le gustaría fabricar “acero limpio” producido a partir de hidrógeno procedente de energías renovables, pero necesitaría inversiones masivas que no puede abordar, ni siquiera con subvenciones públicas.

Thyssenkrupp tiene previsto inaugurar su producción de “acero verde” en 2027 en su sede de Duisburg, gracias a más de 2.000 millones de euros en subvenciones públicas. Pero las previsiones económicas no son realistas. Las instalaciones pueden ser mucho más costosas y algunos consideran que nunca se van a poder llevar a cabo.

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