La web más censurada en internet

Día: 19 de noviembre de 2024 (página 1 de 1)

Destruidos dos cables submarinos en el Mar Báltico

Tras la voladura del gasoducto NordStream, los cables submarinos de fibra óptica eran el siguiente paso. El sábado destruyeron el cable que conectaba Alemania con Finlandia y al dia siguiente el que viajaba de Suecia a Lituania.

El sabotaje es la causa de ambas destrucciones. “Es esencial aclarar las razones por las que dos cables no funcionan en el mar Báltico”, afirmó en un mensaje el ministro sueco, Carl Oskar Bohlin.

El cable de fibra óptica entre Helsinki y Rostock, un puerto del norte de Alemania, tenía 1.172 kilómetros de longitud y estaba en funcionamiento desde 2016. Se llamaba C-Lion1. Su operador, la empresa finlandesa Cinia, anunció ayer el corte de las conexiones. «Este tipo de ruptura no se produce en estas aguas sin un impacto externo», añadió la empresa.

El cable submarino “Arelion” conectaba la isla sueca de Gotland con Lituania. El tráfico de internet se tuvo que desviar a otras conexiones internacionales, explicó Audrius Stasiulaitis, portavoz de la filial lituana del operador sueco Telia.

“Podemos confirmar que la interrupción del tráfico de internet no fue provocada por una falla del equipo sino por daños materiales en el cable de fibra óptica”, afirmó Stasiulaitis.

La policía sueca anunció que estaba investigando el sabotaje. “La investigación preliminar está en curso y apenas se encuentra en sus primeras etapas”, afirmó el fiscal Henrik Söderman a cargo del caso.

Esta mañana el ministro alemán de Defensa, Boris Pistorius, ha reconocido que la destrucción de los dos cables de telecomunicaciones ha sido consecuencia de sendos sabotajes.

“Nadie cree que estos cables hayan sido cortados por accidente […] Debemos partir del principio […] de que se trata de un sabotaje”, advirtió durante una reunión de ministros de Defensa de la Union Europea en Bruselas. “No creo en la versión de que las anclas [de los barcos] hayan dañado los cables accidentalmente”.

En una declaración conjunta, Finlandia y Alemania hablaron de “guerra híbrida” y de la amenaza rusa. En los últimos meses se han producido varios incidentes en la zona del Báltico, una zona marítima compartida por los países nórdicos y bálticos, Polonia, Alemania y Rusia.

Los cables submarinos son una cuestión estratégica importante para los países, ya que les permiten conectarse, en particular, a internet. Hay más de 430 cables en servicio en todo el mundo que garantizan el 99 por cien de las comunicaciones entre continentes.

No es la primera vez que se provocan sabotajes de este tipo en el Mar Báltico. En octubre del año pasado un gasoducto submarino, el Balticconnector, entre Finlandia y Estonia, ya tuvo que ser cerrado, tras los daños causados ​​por un ancla. También fueron cortados dos cables submarinos, uno que une Estonia con Finlandia y otro entre Estonia y Suecia. También circularon sospechas sobre Rusia pero, en el centro de su investigación, Finlandia señaló con el dedo a un buque portacontenedores chino llamado NewNew Polar Bear.

Desde la voladura del NordStream Finlandia ha intensificado el seguimiento de los incidentes en el Mar Báltico. El antiguo presidente finlandés Sauli Niinistö ha pedido la creación de un servicio de inteligencia dentro de la Unión Europea, en un informe presentado a la Comisión a finales del pasado mes de octubre.

El cambio climático agota su impulso en Bakú

El lunes se inauguró en Bakú, la capital de Azerbaiyán, la 29 Conferencia de la ONU sobre el cambio climático (COP29), en medio de la indiferencia general. La cumbre de más de 190 países está pasando desapercibida porque el movimiento da signos de agotamiento desde hace ya mucho tiempo. Cada vez son menos los que creen en los melodramas de la emergencia climática.

El motivo no es el aumento ni la reducción de las temperaturas. Es el dinero, una vez más, porque lo que mueve al mundo no es el CO2. Las alarmas climáticas se encendieron gracias a unas subvenciones que han alcanzado cotas nunca vistas.

Lo explicaba recientemente un indio en la prensa árabe: la mayor parte de los países del mundo acudían a las cumbres climáticas para pedir dinero con un argumento que se ha convertido en tópico: los que más “contaminan” son los países desarrollados, por lo que son ellos los que deben pagar la factura. Los demás países lo que esperan es cobrar prque son las víctimas.

Las grandes potencias son las inspiradoras de los tinglados climáticos y durante décadas “han incumplido repetidamente los acuerdos para proporcionar los cientos de miles de millones de dólares necesarios cada año para ayudar a los países en desarrollo”.

Parece una tomadura de pelo que la cumbre del año pasado se celebrara en Emiratos Árabes Unidos, un país que vive de los combustibles fósiles, y este año se repita lo mismo en Bakú, la ciudadad petrolera por antonomasia.

Pero es que este tipo de cumbres son así. La COP24 se celebró en la cuenca minera de Katowice en 2018, a pesar de que el país anfitrión, Polonia, se negaba a cerrar los yacimientos de carbón.

Ya no invitan a Zelensky a la cumbre del G20

Que Zelensky no aparezca en uno de esos saraos internacionales en los que antes su presencia era el centro de atención mediática, es un signo de los tiempos que corren. Olaf Scholz ha pedido explicaciones a Brasil, el pais anfitrión. El canciller alemán ha hecho todo lo posible para persuadir al gobierno brasileño de que invite al dirigente ucraniano, cuyo país no es miembro del G20.

Ha sido en vano. Ni siquiera ha habido una videoconferencia, como hace dos años cuando Zelensky presentó uno de sus fantásticos “planes de paz”.

Otro signo de los tiempos: Rusia sí ha sido invitada, por lo que su aislamiento diplomático vuelve a fracasar. El Kremlin está representado por su ministro de Asuntos Exteriores, Serguei Lavrov, porque Putin ha rechazado la invitación por dos razones obvias. Primero, porque Rusia no acepta la postura de Brasil de inadmitir a Venezuela dentro de los Brics, y segundo, por la orden la captura emitida por el Tribunal Penal Internacional.

Ucrania instó a Brasil a tomar medidas en caso de que Putin viajara a Rio Janeiro y Lula no ha querido comprometerse, como hizo Mongolia.

Los padrinos se alejan y la postura de Trump no es nada favorable al gobierno de Kiev. Ucrania ya no es el centro de atención ni siquiera en Europa. Las futuras negociaciones deberían ir más allá de la guerra para abarcar cuestiones de seguridad europea y armas estratégicas.

Tampoco está claro que el interlocutor deba ser Zelensky y los rumores de un cambio político en Kiev son cada vez más frecuentes. En definitiva, su mandato ha caducado y ostenta la Presidencia de Ucrania de manera ilegal. Su relevo podría ser Valeri Zaluzhny, el antiguo jefe del ejército y actual embajador en Londres.

En el campo de batalla, la posición de Ucrania también es cada vez más difícil. El ejército ruso mantiene una táctica basada en los pequeños mordiscos: unidades móviles de ocho a diez motocicletas que evitan las posiciones enemigas en lugar de llevarlas al asalto. Este método, combinado con el uso intensivo de drones, produce resultados significativos en un frente de más de mil kilómetros. La captura de las ciudades de Kurajovo y Pokrovsk es inminente, lo que remata el control ruso sobre el Donbas.

Los signos de agotamiento del ejército ucraniano van en aumento. Las estadísticas oficiales de la Fiscalía General de Ucrania revelan un aumento alarmante de las deserciones: más de 15.500 casos entre enero y agosto de este año, frente a 3.300 en 2022.

Las unidades de élite, pilares de la resistencia, han sufrido pérdidas aplastantes. Los nuevos reclutas, cuya edad promedio es de 45 años, sólo luchan por mantener sus posiciones. Ni los bombardeos en profudidad ni los ataques con drones cambian el equilibrio de fuerzas. La situación se ve agravada por los métodos de reclutamiento forzoso en las calles, donde los comisarios comprueban la identidad de los hombres para enviarlos al frente sin una formación suficiente.

Canadá oculta el apoyo prestado a 900 criminales de guerra nazis desde 1945

En la Segunda Guerra Mundial combatieron 1,2 millones de canadienses, de los que 45.000 nunca volvieron. Al finalizar se produjo un acontecimiento único en la historia: en lugar de castigarlos, los vencedores ampararon a los vencidos: acogieron, ocultaron y protegieron a 900 criminales de guerra nazis.

Esa paradoja sólo se explica porque Canadá es un país edificado sobre el exterminio de la población originaria. Unos matarifes se sentían identificados con los otros.

Después se hizo el silencio para preservar las apariencias y hoy a quienes recuerdan aquella historia los acusan de “desinformación” y de estar al servicio del Kremlin.

Pero si la marea sube, hay que crear una de esas “comisiones de investigación” para aparentar que no sabían nada y que se acaban de enterar. En Canadá la comisión oficial lleva el nombre de Deschenes, elaboró un informe sobre la ayuda prestada a los 900 criminales de guerra nazis y acabó volviendo al punto de partida: el informe lo han declarado secreto para evitar la “desinformación rusa”. El motivo es que muchos de los 900 criminales de guerra acogidos eran miembros de las Waffen SS Galicia, es decir, ucranianos.

Global Affairs Canada se opuso a que Library and Archives Canada (LAC) concediera una solicitud de acceso a la información para hacer públicos los nombres de los criminales de guerra. Según un portavoz del LAC, la decisión de mantener oculto el listado “se basó en la preocupación por el riesgo de daño a las relaciones internacionales”.

Junto con otros, la solicitud de acceso a la información la presentó el periódico Globe and Mail, que explica los motivos del apagón: “Global Affairs ha advertido repetidamente contra el uso de desinformación por parte del presidente ruso Vladimir Putin para justificar su invasión de Ucrania”.

En consecuencia, en 2022 Rusia rompió el silencio urdido en torno a la complicidad de Canadá con los criminales de guerra nazis. Un año después el espectáculo del Parlamento candiense era imposible de creer: los diputados ovacionaban a Yaroslav Hunka, un ucraniano miembro de la División Galicia de las Waffen SS. La más entusiasta era Chrystia Freeland, viceprimera ministra y ministra de Finanzas de Canadá, cuyo abuelo, Myjailo Chomiak, fue colaborador de los nazis.

A partir de 1945 Canadá apoyó a los criminales de guerra nazis y aquel apoyo se fortaleció después con el Golpe de Estado de 2014 en Kiev, cuando los nazis tomaron las riendas de gobierno ucraniano. Por lo tanto, Rusia tenía razón cuando desató la guerra contra ellos en 2022.

¿Que pensarán de todo esto los 1,2 millones de veteranos de guerra canadienses y sus familias?, ¿para qué consumieron sus vidas en Europa? La respuesta la ofrece Peter McFarlane en un libro publicado el mes pasado, titulado “Lazos familiares: cómo un nazi ucraniano y un testigo vivo vinculan a Canadá con Ucrania hoy” (*).

En 1973 una ucraniana, Ann Charney, publicó algo parecido en primera persona. Su apellido originario era Korsowar y también había nacido en Galicia en 1940. Su madre y su tía se escondieron en el ático de un granero y durante años apenas salieron de su escondite por temor a ser asesinados.

Fueron liberadas por un joven soldado del Ejército Rojo en el verano de 1944, hambrientas y con los músculos atrofiados. Ann pasó los primeros 4 años de su vida escondida en aquel ático.

(*) https://lorimer.ca/adults/product/family-ties-how-a-ukrainian-nazi-and-a-living-jewish-witness-link-canada-to-ukraine-today/

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información.plugin cookies

ACEPTAR
Aviso de cookies