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Día: 12 de noviembre de 2024 (página 1 de 1)

50.000 soldados israelíes no han logrado capturar ni una sola aldea de Líbano

Las fuerzas de ocupación israelíes no han logrado capturar ni una sola aldea en el sur de Líbano, a pesar de desplegar más de 50.000 soldados en una invasión terrestre que se prolonga desde hace un mes, lamenta el periódico Yedioth Ahronoth. La ofensiva actual involucra cinco divisiones –tres veces el tamaño de la fuerza desplegada durante la fallida guerra de 2006– pero no ha logrado ganancias territoriales significativas.

El reportaje atribuye los reveses de Israel a las “estrategias tácticas efectivas” de Hezbollah, incluidas defensas en múltiples capas y ataques de precisión contra unidades blindadas israelíes. El coronel Jack Neriya, asesor del primer ministro Isaak Rabin, dice que los combatientes de Hezbollah permiten que las tropas israelíes avancen antes de atraparlas en emboscadas, lo que ha planteado desafíos incluso para las unidades de élite. “Esta táctica de emboscada ha creado desafíos extremos para las fuerzas israelíes, incluidas unidades de élite como Golani y otros comandos”, dice el coronel.

Hezbollah afirma haber destruido 42 tanques Merkava, cuatro topadoras, dos Hummers, un vehículo blindado y un vehículo blindado de transporte de tropas desde el inicio de la invasión. El movimiento de resistencia libanés también informó de más de 95 soldados israelíes muertos y 900 heridos. Las fuerzas israelíes han tenido dificultades para localizar las posiciones de Hezbollah y contrarrestar los esquivos drones.

Sólo el mes pasado, informa el periódico israelí, murieron 64 soldados israelíes y 24 colonos. Además, los ataques de Hezbollah, con una gran cantidad de misiles y drones, activaron 14.000 sirenas de alarma en Israel.

A pesar del importante apoyo de artillería y poder aéreo, la ofensiva militar israelí es un fracaso. Yedioth Ahronoth señala que la falta de progresos podría resultar en más bajas israelíes que en cualquier otra guerra desde finales de los años cuarenta.

—https://www.middleeastmonitor.com/20241103-israeli-media-50000-troops-fail-to-capture-a-single-village-in-lebanon/

Las inundaciones de Valencia no son consecuencia del calentamiento del planeta

Los defensores de la doctrina del calentamiento del planeta han aprovechado las inundaciones de Valencia para poner el carro delante de los bueyes: la causa última de la riada es la subida de las temperaturas, amenazando con un futuro en el que las desgracias seguirán y aumentarán… si no se le pone remedio con la descarbonización.

Sin embargo, las inundaciones no demuestran el calentamiento. Por el contrario, el calentamiento debería demostrar que es la causa de estas inundaciones y de otras que volverán en el futuro, según vaticinan los charlatanes que pululan por las tertulias televisivas, que lo mismo relacionan el calentamiento con las sequias que con los aguaceros.

A ellos, que tanto gustan de las fuentes oficiales, hay que recordarles las conclusiones del IPCC, el organismo de la ONU que sienta doctrina sobre casi todo lo que tiene relación con el cambio climático y que, sin embargo, se muesta muy cauteloso al referirse a las inundaciones:

“Es muy probable que en los últimos 500 años se hayan producido inundaciones mayores que las registradas desde el siglo XX en el norte y centro de Europa, la región del Mediterráneo occidental y Asia oriental. Sin embargo, es moderadamente cierto [sic] que en Oriente Medio, India y el centro de América del norte, las grandes inundaciones modernas son comparables o mayores que las inundaciones históricas en términos de magnitud y/o frecuencia”.

La conclusión del IPCC es que “falta evidencia y, por lo tanto, hay poca confianza con respecto al signo de una tendencia en la magnitud y/o frecuencia de las inundaciones a escala mudial”.

Las inundaciones son fenómenos geofísicos locales. En cada una de las regiones del mundo no responden a los mismos patrones y, en el caso concreto del Mediterráneo occidental, ocurren todos los años, generalmente en otoño. Durante los últimos siete siglos en Valencia se han producido 75 inundaciones.

En la segunda mitad del siglo XVIII el Barón de Maldà ya escribió sobre la “gota fría” y las inundaciones en Barcelona. El Barón ha dado su nombre a las oscilaciones meteorológicas de su tiempo, que se corresponden con lo que ha pasado a la historia climática como “Pequeña Edad de Hielo”.

En Levante las tormentas son un fenómeno meteorológico tan recurrente que están en la cultura popular, desde las canciones, hasta el refranero, pasando por novelas, como “Entre naranjos”, de Vicente Blasco Ibáñez, escrita en 1900. En 1926 Hollywood llevó la novela al cine, con una película protagonizada por Greta Garbo que se distribuyó bajo el nombre de “El torrent”, que indica bien a las claras su trama.

En castellano hay abundantes nombres propios que derivan de la raíz árabe “uadi”, que denota el cauce seco de un río sujeto a inundaciones periódicas repentinas. En el Levante peninsular, la voz “torrent” no sólo designa a algunas localidades, sino que es un apellido muy corriente. Hay registros sobre riadas que se remontan al siglo XIV y en la memoria colectiva ha quedado la de 1957, que causó la muerte de 81 personas y condujo al franquismo a desviar el río Turia.

Toda la costa mediterránea de la Península está afectada por las inundaciones. La de Rubí en Barcelona en 1962 ha sido la peor: mató a más de 800 personas. El elevado número de víctimas se explica por la vulnerabilidad de quienes vivían en las llanuras aluviales de un “uadi”.

Un fenómeno tan recurrente y que ha dado lugar a tal cantidad de literatura popular, también interesa a los científicos. Hoy se ha acumulado una importante bibliografía en torno a las tormentas de Levante. El número de investigaciones aumenta en busca de patrones y regularidades, que son siempre locales y cambiantes a lo largo del tiempo.

Los títulos son ilustrativos, como en el caso de “Inundaciones históricas en el sureste de la Península Ibérica desde el siglo XVI: tendencias y análisis regional de eventos extremos de inundación”, publicado el año pasado por la revista Global and Planetary Change, que analiza las inundaciones en dicha zona desde el año 1500 hasta la actualidad (1).

La frecuencia y la intensidad de las inundaciones del Meditarráneo occidental evolucionan a una escala de varias décadas. Un estudio publicado en Nature, que analizó series históricas de inundaciones en Europa desde 1500 hasta 2016, identificó nueve períodos de inundaciones abundantes (2). Los períodos más notables incluyen 1560-1580 (Europa occidental y central), 1760-1800 (la mayor parte de Europa), 1840-1870 (Europa occidental y meridional) y 1990-2016 (Europa occidental y central).

En la variación secular de las inundaciones en la región occidental del Mediterráneo hay períodos anormales de inundaciones catastróficas concentradas principalmente alrededor del periódo descrito por el Barón de Maldà, la Pequeña Edad del Hielo, es decir, el periodo climático comprendido entre 1760 y 1800.

Durante el siglo XIX y principios del XX, los cambios en la circulación atmosférica llevaron a valores máximos de convergencia del flujo de humedad elevados. La circulación fue más propicia a episodios de precipitaciones intensas y duraderas que a mediados del siglo XX.

Los estudios científicos muestran la amplia variabilidad de los factores que influyen sobre las tormentas. Algunos apuntan a las variaciones de la actividad solar, encontrando correlaciones significativas. Otros sostienen que forman parte de la variabilidad climática a gran escala de la cuenca mediterránea, asociada en parte a patrones de circulación como la Oscilación Ártica y la Oscilación Ártica del Atlántico Norte, que controlan parte de los flujos de humedad sobre las cuencas del Mediterráneo occidental y oriental.

(1) https://www.sciencedirect.com/science/article/pii/S0921818123002916
(2) https://pubmed.ncbi.nlm.nih.gov/32699397/

Marruecos acoge dos barcos israelíes con armas expulsados ​​de España

La decisión de Marruecos de acoger en el puerto de Tánger a dos barcos de la naviera danesa Maersk, rechazados de los puertos españoles porque transportaban armas al ejército israelí, ilustra el fortalecimiento de los vínculos entre Rabat y Tel Aviv. Pone de relieve, una vez más, que Marruecos es la sucursal del sionismo en el norte de África.

El sábado el gobierno español negó el acceso a sus instalaciones portuarias del puerto de Algeciras a dos cargueros de Maersk por transportar material militar destinado a Israel. El Ministerio de Asuntos Exteriores español confirmó que los barcos “no harán escala en España”, sin aportar detalles adicionales.

En mayo España ya prohibió la escala del Marianne Danica, un barco que transportaba armas indias a Israel. El gobierno de Rabat también decidió entonces acoger al barco en Tánger.

Al mes siguiente el puerto de Tánger acogió al buque de guerra israelí INS Komemiyut, que pudo repostar antes de continuar su ruta hacia Israel, provocando la indignación del Frente Marroquí de Apoyo a Palestina y Contra la Normalización pero también manifestaciones de protesta de la población marroquí.

La reciente aceptación de barcos de Maersk muestra el alineamiento de Marruecos con las matanzas israelíes, aunque de boquilla los portavoces de Rabat dicen otra cosa completamente distinta. El gobierno marroquí apoya a Israel mientras el pueblo se solidariza con la causa palestina.

Las relaciones de defensa marroquí-israelíes han experimentado una notable aceleración desde la normalización de las relaciones entre ambos países en diciembre de 2020 y luego con un acuerdo de cooperación militar en noviembre de 2021. El punto culminante de este acercamiento ha sido la firma en 2022 de un contrato de más de 500 millones de dólares con Israel Aerospace Industries para la adquisición del sistema antimisiles Barak MX.

Mali avanza en la la recuperación de las riquezas de su subsuelo

El gobierno militar de transición de Malí está lanzando una ofensiva sin precedentes contra las grandes empresas mineras extranjeras. Después de exigir más de 500 millones de dólares a Barrick Gold por impago de impuestos, como ya anunciamos, Bamako ataca de nuevo deteniendo a Terry Holohan, director de Resolute Mining, y a varios ejecutivos de la empresa australiana.

La demostración de fuerza está marcando un punto de inflexión en la gestión de los recursos auríferos del país.

El 8 de octubre el gobierno maliense envió una nota al gigante canadiense Barrick Gold: debía abonar 512 millones de dólares en impuestos y dividendos impagados. La empresa, que controla el 80 por cien de las minas de Loulo-Gounkoto en el oeste del país, se niega a pagar. Cuatro de sus trabajadores son detenidos brevemente y una auditoría revela importantes irregularidades fiscales.

Ante las presiones, Barrick Gold pagó 17 millones de dólares para suspender temporalmente el procedimiento.

Un mes después, se produjo otro incidente: Terry Holohan, director de Resolute Mining, fue detenido en un hotel de Bamako con varios directivos. La empresa australiana, propietaria del 80 por cien de la estratégica mina de oro de Syama, enfrenta acusaciones de falsificación y daños a la propiedad pública. Se está llevando a cabo una investigación, aunque los detalles de los cargos aún no se han aclarado.

Estas acciones son parte de una revisión completa del sector minero de Malí. El ministro de Minas, Alousseni Sanou, anunció que la revisión de los contratos con B2Gold, Allied Gold y Robex debería recaudar 245.000 millones de francos CFA adicionales al año.

El objetivo es aumentar la participación pública del 20 al 35 por cien en proyectos mineros y reducir las exenciones fiscales a las empresas extranjeras.

El Presidente del gobierno de transición es categórico: las empresas deben cumplir con las nuevas exigencias o abandonar el país. Esta política también tiene como objetivo promover el empleo local en puestos directivos y maximizar los beneficios económicos para la población.

La ofensiva maliense es parte de un movimiento más amplio para recuperar el control de los recursos naturales observado en Burkina Faso y Níger. El mensaje a los inversores extranjeros es que los días del expoilio minero han terminado. Ahora las empresas extranjeras tendrán que contribuir significativamente al desarrollo local y aceptar un mayor control de sus actividades, de lo contrario verán sus cuestionados contratos.

El nuevo gobierno aumenta su participación en la primera mina de litio

En la explotación de la primera mina de litio del país, en la ciudad de Goulamina, en el sur del país, Mali ha conseguido una participación del 35 por cien, frente al 20 por cien que tenía antes.

La empresa británica Kodal Minerals, principal promotora del yacimiento con una inversión de 117,5 millones de dólares, se queda el 65 por cien de las acciones por un período renovable de 10 años.

Según las explicaciones del ministro maliense de Economía, Alousseni Sanou, la mina debería reportar a las empresas subcontratistas malienses un volumen de negocios de 250.000 millones de francos CFA. De hecho, estos últimos deberían obtener al menos el 51 por cien de la subcontratación.

Además, cada año, el proyecto de explotación de litio debería generar entre 22 y 25 mil millones de francos CFA para el desarrollo local, en términos de construcción de infraestructuras viarias, energéticas y hídricas.

El nuevo código minero

De ahí la aprobación de un nuevo código minero en el país que pierde entre 500 y 1.000 millones de dólares cada año en la explotación por parte de extranjeros de sus enormes recursos mineros (oro, litio y hierro, entre otros).

“El nuevo código permite ahora al gobierno adquirir una participación del 10 por cien en proyectos mineros y la opción de comprar un 20 por cien adicional durante los dos primeros años de producción comercial”, afirmó el ministro de Minas, Amadou Keita.

“Se podría conceder una participación adicional del 5 por cien al ​​sector privado maliense, lo que elevaría los intereses públicos y privados nacionales en nuevos proyectos al 35 por cien, frente al 20 por cien actual”, subrayó.

Con esta lógica, el Estado maliense y los particulares locales se han hecho con el 35 por cien de la mina de litio de Goulamina.

Mali, un país sin salida al mar que se encuentra en las garras de una guerra yihadista y otra  secesionista en el norte, depende principalmente de su sector minero para obtener divisas. Con la entrada en funcionamiento de la mina de litio, Bamako amplía sus fuentes de ingresos, dominadas por la extracción de oro.

En 2022 el oro representó el 10 por cien del PIB, el 25 por cien del presupuesto y el 75 por cien de sus exportaciones para una producción de poco más de 72 toneladas, mientras que las investigaciones sobre el petróleo son prometedoras.

Con las nuervas políticas energéticas, el cobre, el cobalto, el litio y el níquel, en particular, se han convertido en minerales esenciales y muy codiciados. Se utilizan en la fabricación de vehículos eléctricos (cobalto, cobre, litio, grafito), en pilas de combustible (platino) y en tecnologías eólica y solar fotovoltaica (cobre, litio, cobalto, níquel).

Según la Agencia Internacional de Energía, de 2022 a 2050, la demanda de níquel se duplicará, la de cobalto se triplicará y la de litio se multiplicará por diez.

Extraer y también procesar

África puede aprovechar al máximo la fuerte demanda de minerales críticos, si en lugar de simplemente exportar sus materias primas, decide transformarlas localmente.

El ministro maliense de Minas, Amadou Keita, ha subrayado que “el objetivo final es que todo el oro producido en el territorio de Mali sea refinado en Mali”.

En su estado bruto, por ejemplo, la bauxita se vende a un modesto precio de 65 dólares por tonelada, pero después de transformarse en aluminio, se vende a unos considerables 2.335 dólares por tonelada, según los precios actuales a finales de 2023.

De ahí que el nuevo gobierno maliense apueste por el procesamiento local de sus minerales.

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