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Día: 5 de junio de 2023 (página 1 de 1)

Polonia rompe el nuevo acuerdo de vacunas entre la Unión Europea y Pfizer

Por decirlo con la mayor suavidad, si las vacunas fueron una chapuza, los contratos que se firmaron para suministrarlas no le fueron a la zaga. No conocemos los pormenores de los que se firmaron en Bruselas porque lo ocultan; sólo lo suficiente como para asegurar que hay gato encerrado.

La Comisión Europea ha llegado a dos acuerdos con Pfizer. El segundo, firmado el 26 de mayo, es consecuencia de que, afortunadamente, la población se dio cuenta de la tomadura de pelo y no se metió en vena las sucesivas dosis que le recomendaron los organismos sanitarios.

En consecuencia, sobran millones de vacunas, había que devolverlas y renegociar los precios. Polonia aceptó el primer contrato, pero no el segundo y el gobierno, secundado por los medios locales, lo ha criticado duramente, lo que siempre viene bien para enterarse un poco más del chanchullo sanitario.

En Polonia hablan de “escándalo”, como si hasta este momento todo fuera normal. El ministro de Sanidad, Adam Niedzielski, se declara “insatisfecho” de la segunda ronda de negociaciones porque Pfizer quiere cobrar millones de dosis que no va a suministrar. “El coste financiero es inmenso”, denuncia el ministro (*).

La retirada de Polonia del acuerdo no debería sorprender a nadie, ya que desde el mes pasado el gobierno venía amenazando con abandonar las negociaciones. Niedzielski envió una carta a la multinacional para que no cobrara unas vacunas que la Unión Europea no va a recibir:

“A pesar de la situación estable de la epidemia en los países de la Unión Europea, Pfizer sigue planeando enviar millones de dosis de vacunas a Europa. Esto es simplemente absurdo desde el punto de vista sanitario, dado que muchas de estas dosis serán destruidas debido a su muy limitada vida útil y demanda”, decía el ministro polaco.

El gobierno polaco no quiere que la Unión Europea pague por las dosis que no ha comprado. Por su parte, Pfizer no se opone a reducir el número de dosis enviadas, pero exige que le paguen la mitad del precio de las que no va a enviar.

Los lobos se pelean por la carroña y, hasta que llegue la nueva pandemia que ha prometido la OMS, cada vez hay menos a repartir.

(*) https://www.thefirstnews.com/article/polish-health-minister-appeals-to-pfizer-to-amend-vaccine-contract-38168

Las políticas verdes son políticas imperialistas

En Europa una de las políticas verdes más características es el arancel sobre el carbono, que penaliza las importaciones procedentes de muchos países, especialemnte africanos. El nombre oficial es MEAFC (Mecanismo Europeo de Ajuste de las Fronteras del Carbono) y se aplicará a siete sectores de actividad económica a partir de 2026.

Para África el coste del arancel será de 25.000 millones de dólares al año de ingresos perdidos, según un informe publicado el 9 de mayo por la Fundación Africana del Clima y el Instituto Firoz Lalji para África, un centro de investigación de la London School of Economics (*).

Como cualquier otro arancel, el MEAFC es una medida proteccionista de la economía europea dirigida contra África, aunque en su justificación abundan los pretextos seudoecologistas, especialmente los derechos de emisión. Si no se impusiera el arancel, la industria europea se trasladaría a África.

La Unión Europea va a someter los productos importados desde África al mismo precio del carbono impuesto a los bienes producidos en Europa.

El arancel entrará en vigor el próximo 1 de octubre, con un periodo transitorio de tres años durante el cual sólo se aplicarán las obligaciones de información. No se exigirán pagos hasta 2026.

Inicialmente se aplicará a siete sectores industriales (cemento, acero, hierro, aluminio, fertilizantes, electricidad e hidrógeno). Sin embargo, en el futuro la lista de los que van a quedar protegidos se ampliará progresivamente y el perjuicio para África será cada vez mayor.

La Unión Europea representa una importante salida para los productos africanos. Absorbe alrededor del 26 por cien de las exportaciones de fertilizantes, el 16 por cien de las exportaciones de hierro y acero, el 12 por cien de las exportaciones de aluminio, el 12 por cien de las exportaciones de cemento y el 33,1 por cien de las exportaciones de productos manufacturados.

El Continente Negro alberga 33 de los 46 países más pobres del mundo que, como señala el informe, serán los más afectados por el arancel “ecológico” europeo, principalmente por su incapacidad financiera y tecnológica para descarbonizar sus procesos productivos.

En consecuencia, las políticas verdes, que son características de las grandes potencias de la Unión Europea, van dirigidas contra los países más pobres del Tercer Mundo, como los africanos. Es un conjunto de medidas destinadas a mantener la hegemonía mundial e impedir el desarrollo económico de otros países. La mejora del bienestar debe quedar reservada al pequeño elenco de población privilegiada que pretende dirigir los destinos del mundo a su modo y manera.

(*) https://www.lse.ac.uk/africa/assets/Documents/CBAM-report.pdf

‘Ese territorio conocido como Ucrania…’

El análisis de los discursos oficiales del Kremlin muestra un cambio significativo en los objetivos de la guerra con Ucrania. Apenas se habla ya de desmilitarización y desnazificación.

El cambio se ha producido como consecuencia de los ataques con drones y las pequeñas incursiones en el interior del territorio ruso, especialmente en la región fronteriza de Belgorod, que el Kremlin no considera como parte de la guerra sino como “terrorismo”.

El primero en hablar claramente ha sido Medvedev, Vicepresidente del Consejo de Seguridad ruso. El 29 de abril dijo: “Hay que desmantelar por completo el régimen nazi de Kiev. De lo contrario, nunca se calmarán y el nihilismo de su adicción a las drogas duras se hará realidad y la guerra seguirá aquí durante mucho tiempo. Nuestro país [Rusia] no necesita eso”.

Por si acaso alguien no había entendido bien, el 26 de mayo repitió: “Es necesario destruir la naturaleza profunda de este régimen nazi en Kiev, de lo contrario el conflicto continuará indefinidamente, con fases alternas, tres años de paz seguidos de tres años de guerra, y así sucesivamente, y todo esto repetido y repetido”.

Tras los últimos ataques contra Belgorod, Medvedev avanzó un paso más: “Se trata de un acto de terrorismo, y no hay otra forma de describirlo. Si es un acto de terrorismo, sólo hay una manera de responder a él. Ningún país puede permitirse negociar con terroristas, los terroristas deben ser destruidos”.

Además, publicó un vídeo en el que muestra su discurso a un grupo de militares en el campo de entrenamiento de Prudboy, en la región de Volgogrado. “Está claro para todos que esto es un ataque absolutamente terrorista, no una batalla militar, no una acción militar. Ni siquiera se corresponde con las reglas de la guerra”, afirmó Medvédev.

“El objetivo era causar daños a la población civil, y sólo eso, porque los medios de destrucción, los drones que se utilizaron, no pueden dañar instalaciones militares ni edificios de la administración pública”, añadió. “El objetivo era simple: causar daños, perjudicar a la población civil de un modo u otro”, subrayó Medvedev.

“El hecho de que nuestro enemigo se comporte ya como un terrorista es una característica muy específica del régimen ucraniano y de quienes lo apoyan, en primer lugar los estadounidenses y los europeos, que de hecho han entrado en pie de guerra con nosotros”, subrayó Medvédev. “Los actos terroristas deben ser objeto de las represalias más severas posibles”.

Luego le tocó el turno al propio Putin, a quien le preguntaron por los ataques en el interior de Rusia, y se refirió a Ucrania como un “territorio”, no como un Estado soberano e independiente.

Si nuestra interpretación es correcta, entonces la guerra no acabará con un acuerdo entre Rusia y Ucrania, ni con la OTAN, sino con el fin de Ucrania como Estado, algo que puede ocurrir de varias maneras diferentes.

Una de ellas es que los vecinos (Polonia, Hungría, Rumanía) se queden con girones del territorio ucraniano que llevan reivindicando desde la caída de la URSS en 1991. Esta solución podría atraer a los países beneficiarios a las filas de Rusia y, de rebote, dividiría a la OTAN y a la Unión Europea.

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