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Día: 1 de junio de 2023 (página 1 de 1)

Los científicos rusos se desmarcan de las ideologías climáticas occidentales

El Consejo Científico de la Academia Rusa de Ciencias ha declarado en un reciente congreso que el papel del hombre en el calentamiento del planeta no es tan importante como se cree.

Serguei Glazyev, presidente del Consejo y antiguo asesor científico del Kremlin, afirma que la principal causa de los desastres climáticos locales no es la actividad humana, sino la creciente emisión de hidrógeno natural debido a los cambios en las fuerzas gravitatorias de la Luna y el Sol.

“El aumento de las temperaturas y la mezcla de ozono e hidrógeno son las principales causas de los incendios forestales y esteparios. Lo mismo puede decirse de los recientes incendios catastróficos. Este descubrimiento refuta totalmente el concepto del Protocolo de Montreal, cuya aplicación ha llevado a la extinción de sectores enteros de la industria química, sin ningún impacto en el tamaño de los agujeros de la capa de ozono, que simplemente se han hecho más grandes”.

La Academia de Ciencias va a presentar sus conclusiones a Putin, pero sobre todo quiere elaborar “las medidas necesarias en el ámbito de la seguridad nacional y las relaciones internacionales, incluidos el Protocolo de Montreal y el Acuerdo de París sobre el clima”.

Es posible que Rusia se retire pronto de la “lucha” contra el CO2 atmosférico y, en consecuencia, de los protocolos climáticos internacionales, que constituyen la base de las políticas de descarbonización.

Sería una declaración de guerra contra las ideologías climáticas occidentales.

La participación de Rusia en el Protocolo de Montreal ya ha sido criticada en varias ocasiones en el pasado. A principios del año pasado, el científico Igor Mazurin escribió en una columna para la agencia de prensa Regnum: “A lo largo de 30 años, la suma de las pérdidas de los distintos países participantes en el Protocolo de Montreal […] se calculará sobre la base de las emisiones totales de gases de efecto invernadero”.

Tras la Guerra de Ucrania, parece que Rusia abre un nuevo frente de lucha contra las potencias occidentales y con ello puede minar uno de los instrumentos de la hegemonía occidental: las ideologías climáticas.

—https://zuerst.de/2023/05/26/eine-kriegserklaerung-an-den-westen-steigt-russland-aus-dem-klima-dogma-aus/

La revuelta agraria en Holanda

El intento del gobierno holandés de reducir la cabaña ganadera ha provocado una revuelta agraria que, a su vez, ha desencadenado un vasto y heterogéneo movimiento de protesta, impulsado por las políticas económicas de explotación a ultranza y recortes de derechos sociales.

Las movilizaciones se oponen a las políticas verdes. El detonante ha sido una sentencia dictada en 2019 por el Tribunal Supremo, según la cual el gobierno había incumplido sus obligaciones europeas de proteger 163 zonas naturales de las emisiones de nitrógeno procedentes de las actividades ganaderas. La sentencia llevó al gobierno a imponer un límite de velocidad de 100 kilómetros por hora en las autopistas y a frenar la expansión de la construcción y el mercado inmobiliario.

En el último siglo el número de trabajadores holandeses en el sector agrario ha disminuido drásticamente, pasando del 40 por cien durante la guerra mundial a sólo el 2 por cien en la actualidad. Sin embargo, durante el mismo periodo, los Países Bajos se han convertido en el segundo exportador mundial de productos alimenticios, después de Estados Unidos. Su industria cárnica y láctea desempeña un papel central en las cadenas de suministro mundiales.

Una de las delirantes organizaciones seudoecologistas holandesas, el partido animalista, propuso reducir a la mitad la cabaña ganadera, expropiando entre 500 y 600 explotaciones que emiten nitrógeno, un elemento químico que empieza a ser tan demonizado como el CO2. La propuesta de un grupo marginal pasó a convertirse en la política de Estado de los partidos institucionales.

Las imposiciones verdes desencadenaron una ola de protestas de los agricultores, que bloquearon carreteras con sus tractores, ocuparon plazas y centros públicos y practicaron escraches a los cargos públicos. Al movimiento se sumaron los obreros, los trabajadores precarios, los jubilados y los estudiantes.

El resultado fue el movimiento BBB, un bloque heterogéneo formado como consecuencia de una profunda crisis económica y un hartazo de los partidos políticos institucionales, como el VVD que encabeza Mark Rutte, que está en el gobierno desde 2010.

Al igual que otros países capitalistas, desde los años ochenta el gobierno ha intensificado la explotación, ha precarizado la fuerza de trabajo, ha privatizado los servicios públicos, ha mercantilizado las instalaciones sanitarias y la educación superior, y la alarmante escasez de viviendas sociales convive con el auge de los bancos y los fondos buitre.

La crisis financiera de 2008 provocó uno de los rescates bancarios más costosos, seguido de seis años de austeridad que condujeron a un empobrecimiento generalizado. Entre 2020 y 2022 muchos trabajadores han perdido su empleo y han visto caer sus salarios.

La pandemia no pudo acabar con las protestas que, tras los confinamientos, volvió a crecer rápidamente. Desde la primavera del año pasado, los agricultores han colgado miles de banderas nacionales invertidas a lo largo de las carreteras y autopistas, como símbolo de descontento.

La inflación ha sumido a muchos trabajadores holandeses en la pobreza. En mayo casi una quinta parte del electorado, alrededor de 1,4 millones de personas, acudió a votar por el BBB, que ha obtenido sus votos en las zonas periféricas, no urbanas, que se han visto duramente afectadas por la crisis económica.

Los pedantes dirían que el BBB es un partido populista, o quizá calificativos peores. En su día también menospreciaron a los chalecos amarillos. Es consecuencia de la miopía de quienes no aceptan que están surgiendo nuevos movimientos sociales y políticos sobre las cenizas de los viejos dinosaurios, aferrados a concepciones caducas.

Tras el ataque al NordStream, la OTAN intenta destruir también el Turkstream

El 24 de mayo un dron marítimo cargado de explosivos enfiló hacia el buque de la inteligencia rusa Ivan Khurs. El buque vigilaba el gasoducto Turkstream y disparó contra el dron, que explotó. Los rusos afirman que, además, destruyeron otros dos drones.

A partir de ahí las fuentes divergen y no hay información solvente para asegurar que el buque ruso padeciera daños, como aseguran los altavoces oficiosos de la OTAN.

Pero no es eso lo más interesante del ataque. El objetivo era eliminar la protección rusa para que la OTAN pudiera volar el gasoducto sin obstáculos.

El Turkstream transporta gas a Turquía y Hungría con una capacidad anual de 31.500 millones de metros cúbicos y consta de dos líneas marítimas de 930 kilómetros de longitud y dos líneas terrestres separadas de 142 y 70 kilómetros.

Tanto Turquía como Hungría son países pertenecientes a la OTAN, a pesar de lo cual los imperialistas los consideran a ambos como prorrusos. La OTAN se creó para proteger a los países miembros, pero ¿quién les protege de las agresiones de la propia OTAN?

En consecuencia, estamos ante un caso similar a la voladura del NordStream el 26 de setiembre del año pasado.

El nuevo intento de sabotaje se produjo sólo unos días antes de las elecciones presidenciales en Turquía.

Desde luego la destrucción del gasoducto también hubiera supuesto un duro golpe para el gobierno de Viktor Orban en Hungría, un país que este invierno se libró de la crisis energética que padecieron los demás países de la Unión Europea.

La OTAN llevó a cabo la operación en el Bósforo, a unos 130 kilómetros de la costa turca. La distancia entre el buque ruso y la costa ucraniana indica que se necesitaba información en tiempo real para localizar y apuntar contra el Ivan Khurs.

Ucrania carece de medios de vigilancia de largo alcance y depende de los de la inteligencia estadounidense. Al parecer la fuente de dicha información fue un dron aéreo estadounidense RQ-4 que se encontraba en las inmediaciones y transmitió al dron marítimo.

El ejército ruso no ha dudado en derribar drones estadounidenses, pero sólo sobre el Mar Negro, cuando amenazaban la seguridad de Crimea u otras zonas críticas donde se encuentran sus tropas.

Si el RQ-4 participó en el ataque contra el Ivan Khurs, los rusos podrían cambiar de actitud y empezar a amenazar a los buques de la OTAN en el Mar Negro y el Bósforo, e incluso más allá.

La destrucción del NordStream envalentonó a los imperialistas, que siguen dando pasos hacia el abismo. A diferencia de los alemanes, que se vieron intimidados por Estados Unidos y callan sobre los responsables de la agresión, el caso de Turquía y Hungría podría ser diferente.

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