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Día: 15 de marzo de 2022 (página 1 de 1)

Rusia obliga a un astronauta estadounidense a abandonar la estación espacial internacional

El espacio es el otro teatro de la guerra contra Rusia. Las misiones espaciales conjuntas se han acabado y quienes tienen problemas son los sancionadores. Rusia ha dicho a la Nasa que los astronautas que están a bordo de la Estación Espacial Internacional deben regresar a la Tierra, entre ellos el astronauta estadounidense Mark Vande Hei, que ha pasado casi un año en el espacio.

El plazo se acaba el 30 de marzo, pero Rusia ha decidido utilizar el acceso a la Soyuz como elemento de presión contra los sancionadores. Dmitry Rogozin, jefe de Roscosmos, la agencia espacial rusa, ha amenazado con poner fin a la colaboración rusa en la estación espacial.

Además de amenazar con retirarse de la estación espacial y dejarla caer sobre Estados Unidos, Europa o cualquier otro lugar, Rogozin tenía banderas de otros países cubiertas en un cohete Soyuz a la espera de despegar a principios de este mes. El lanzamiento se canceló después de que el cliente, la empresa londinense OneWeb, rechazara sus exigencias de que los satélites no se utilizaran con fines militares y el gobierno británico suspendiera el apoyo financiero.

El astronauta Mark Vande Hei podría encontrar una solución alternativa para regresar porque SpaceX enviará cuatro astronautas a la estación a mediados del mes que viene, pero no es seguro que eso sea posible.

Vande Hei, que el martes batirá el récord estadounidense de un solo vuelo espacial de 340 días, tiene previsto partir con dos rusos a bordo de una cápsula Soyuz para aterrizar en Kazajistán el 30 de marzo. Habrá estado 355 días en el espacio. El récord mundial de 438 días pertenece a Rusia.

Las lanzaderas rusas Soyuz han sido la única vía de acceso a la estación espacial durante una década, entre el final del programa de transbordadores espaciales estadounidenses en 2011 y los primeros vuelos tripulados de SpaceX en 2020.

La Guerra de Ucrania ha provocado la cancelación de lanzamientos y la ruptura de contratos. Se han tenido que cancelar varios lanzamientos, incluida la misión europea ExoMars, prevista para este año.

La Nasa quiere mantener la estación espacial en funcionamiento hasta 2030, al igual que las agencias espaciales europea, japonesa y canadiense. Los rusos no se han comprometido más allá de la fecha original de finalización, en torno a 2024.

Estados Unidos y Rusia son los principales operadores del puesto orbital, ocupado permanentemente durante 21 años. Hasta que SpaceX comenzó a lanzar astronautas en 2020, los estadounidenses viajaron en cápsulas rusas Soyuz, pagando decenas de millones de dólares por cada asiento.

Las agencias espaciales estadounidense y rusa siguen trabajando en un sistema en el que un ruso lanzaría en una cápsula SpaceX a partir de este otoño y un estadounidense volaría en la Soyuz, lo que ayudaría a garantizar la presencia de Estados Unidos y Rusia en la estación en todo momento.

Vande Hei, de 55 años y coronel retirado del ejército, se trasladó a la estación el pasado mes de abril, lanzando en una Soyuz desde Kazajstán con Piotr Dubrov y otro ruso. Él y Dubrov se quedaron el doble de tiempo de lo habitual para alojar a un equipo de rodaje ruso en octubre.

La Nasa y SpaceX se niegan a especular sobre si podría haber un asiento disponible para que Vande Hei pueda regresar. Dicen que un avión de la Nasa y un pequeño equipo estarán en Kazajstán, como es habitual, para llevarle de vuelta a Houston.

Mientras, la Agencia Espacial Europea se tambalea. Después de suspender el lanzamiento de su explorador de Marte en 2020, un proyecto europeo-ruso, había otro proyecto para despegar en septiembre desde Kazajstán. Ahora, lo más probable es que se retrase hasta 2024.

Rusia ha retirado el personal del centro de lanzamiento francés en Sudamérica, suspendiendo los lanzamientos de Soyuz de los satélites europeos.

—https://www.theguardian.com/science/2022/mar/14/mark-vande-hei-us-astronaut-return-russia-ukraine-war

Ucrania: un criminal al frente del Ministerio del Interior

Disimular la verdadera naturaleza fascista de un país es un ejemplo de colaboracionismo, típico de los grupos posmodernos. Ha ocurrido en España y ocurre también en Ucrania, aunque en este último caso aún les queda la excusa de que no tienen ni noción de lo que ocurre allá.

Después de reconocer que los neonazis ucranianos cometen crímenes de guerra, el Newsweek les lava la cara calificándolos de “voluntarios nacionalistas” (1). Pero hay relatos estremecedores, como el de la madre que recibió en una caja la cabeza de su hijo, capturado y decapitado cuando combatía en las filas de las milicias del Donbas.

Ucrania como Estado y, más en concreto, el gobierno actual de Zelensky y sus múltiples instituciones, como el ejército, son nazis o están bajo el control de los movimientos nazis, como el Batallón Azov, por poner un ejemplo bien conocido.

En un largo discurso parlamentario, el antiguo ministro de Asuntos Exteriores, Pavlo Klimkin, lo dejó bien claro: el Batallón Azov es “la base de la democracia ucraniana”.

Pero se pueden poner cuantos sean necesarios, uno detrás de otro, con el vano esfuerzo de que los más ignorantes se informen un poco. Es el caso de Arsen Avakov, que fue ministro de Interior después del Golpe de Estado fascista de 2014. Ocupó el cargo hasta el año pasado, es decir, durante 7 años. Con Avakov pusieron al zorro a cuidar de las gallinas. Un delincuente se ponía al frente de la policía.

Avakov es un mafioso que, como tantos otros, se hizo multimillonario con la disolución de la URSS. Estuvo buscado por la Interpol por varios crímenes y casos de corrupción. Fue detenido en Italia, donde logró su liberación gracias a su elección como diputado al Parlamento ucraniano.

El Golpe de Estado le puso al frente del Ministerio del Interior y una de sus primeras decisiones fue la de nombrar a Vadim Troyan, comandante del Batallón Azov, al frente de la policía (2). También puso a los matones de Pravy Sektor y el Batallón Azov a luchar contra los “enemigos de Ucrania”, es decir, las organizaciones antifascistas, sindicales, progresistas y, naturalmente, comunistas (3).

En 2018 los neonazis destruyeron varios campamentos gitanos, y los medios de comunicación que no lo silenciaron han eliminado la información de la vista pública (4).

El primer ministro Goncharuk reivindicó a bombo y platillo la eliminación de la Dirección de Lucha contra la Delincuencia Económica del Ministerio del Interior. Los negocios respiraron aliviados (5).

A pesar de la complicidad, las actividades del mafioso Avakov al frente del Ministerio no pasaron desapercibidas para Tranparency International, que le denunció públicamente, lo mismo que el Gran Rabino de Ucrania Yaakov Bleick.

Nada de ello disuadió a los paladines occidentales de los derechos humanos de que siguieran adiestrando y financiando a los nazis, bien directamente o través del Ministerio de Defensa o del Interior.

En 2015 el Batallón Azov creó campos de entrenamiento militar para niños, conocidos como “azovets”, a partir de los seis años para que una vez que sean adultos se acostumbren a la guerra y a las matanzas (6).

(1) https://www.newsweek.com/evidence-war-crimes-committed-ukrainian-nationalist-volunteers-grows-269604
(2) https://www.lefigaro.fr/international/2016/11/15/01003-20161115
(3) https://www.rbc.ua/ukr/dossier/avakov-14092015
(4) https://www.nouvelobs.com/videos/fp6uin3FAJQ.YTB/ukraine-une-milice-d-extreme-droite-detruit-un-camp-de-roms-a-la-hache.html
(5) https://www.stalkerzone.org/arsen-avakovs-azov/
(6) https://www.dailymail.co.uk/news/article-3195711/-Ukraine-s-neo-Nazi-military-camp-recruits-young-six-learn-fire-weapons-s-ceasefire.html

Una sensiblería de geometría variable

Una de las fotos que los medios han puesto en circulación para ilustrar los bombardeos rusos contra la población civil ucraniana es del año pasado y se tomó en Gaza.

Unos días antes, el ministro de Asuntos Exteriores ucraniano se había quejado al embajador israelí en Kiev de que “nos tratáis como a Gaza”.

Estaba presionando para que Israel condenara la invasión rusa. Son unos desagradecidos porque Zelensky había apoyado el bombardeo de Gaza de mayo del año pasado: “La única tragedia de Gaza era la que sufrían los israelíes”, dijo entonces.

En Occidente el tratamiento público, político y mediático, de la Guerra de Ucrania, repleto de sensiblería, es sucio e hipócrita. También tiene un origen racista, donde el sufrimiento humano no importa, sino sólo el pasaporte de las víctimas y los verdugos.

Hay países, como Israel, que gozan de inmunidad para cometer cualquier clase de crímenes, una patente de corso que está ligada al silencio, imprescindible para que los crímenes pasen desapercibidos: Yenín arrasada en 2000, el barrio de Al-Dahaya de Beirut en 2006 y la ciudad de Gaza durante los últimos quince años.

Una de las primeras decisiones de Zelensky al llegar a la Presidencia en 2019 fue retirar a Ucrania del Comité de la ONU que analiza los crímenes cometidos contra el pueblo palestino.

Israel no comete sus crímenes con una fecha de caducidad; su propia existencia se basa en el crimen y en el apoyo de esos países que ahora se rasgan las vestiduras con el mayor de los cinismos.

Se pueden poner otros ejemplos, además de Palestina, para ilustrar la doble moral de Occidente, que se ha creído en posesión de todas y cada de las virtudes de la humanidad, pero para ejemplo sirve un botón.

Veamos:

Sólo son bienvenidos a Europa los refugiados rubios y de piel blanca

La decisión de la Unión Europea de abrir las fronteras a los refugiados ucranianos no tiene precedentes. Desde 2015 esas mismas fronteras están cerradas para quienes proceden del norte de África.

Algunos políticos europeos ni siquiera se avergüenzan de mostrar públicamente su racismo, como hace el Primer Ministro búlgaro Kiril Petkov: los refugiados ucranianos “no son los refugiados a los que estamos acostumbrados… Estas personas son europeas. Esta gente es inteligente, tiene educación… No es la ola de refugiados a la que estamos acostumbrados, gente de la que no estábamos seguros de su identidad, gente con antecedentes poco claros, que incluso podrían haber sido terroristas”.

Se puede invadir Irak, pero no Ucrania

Los medios de comunicación occidentales no situan la decisión rusa de invadir Ucrania en el contexto de un análisis más amplio -y evidente- de cómo en 2003 cambiaron las reglas del juego internacional.

Los neonazis ucranianos son moderados

Si en la Guerra de Siria se inventaron un tipo especial de yihadistas, diferentes a los que hasta entonces habían sido considerados como “terroristas”, en Ucrania hay neonazis tolerables y asumibles porque hacen el trabajo sucio. Son de los “nuestros”. Se puede recurrir a ellos cuando se los necesita. Para ello basta cambiarles el nombre y recalificarlos simplemente como “ultras”.

Hasta ahora los medios seudoprogres alarmaban a la población con el auge de la “ultraderecha”, una plaga en la que aparecía toda Europa excepto Ucrania. El problema ha desaparecido por arte de magia. Ya no hay ultraderecha, ni tampoco auge.

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