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Día: 15 de julio de 2020 (página 1 de 1)

Racismo y confinamiento empujan a los jóvenes afroamericanos al suicidio en Estados Unidos

Jasmin Pierre
Jasmin Pierre tenía 18 años cuando trató de acabar con su vida, tomándose todas las pastillas que encontró. Se le diagnosticó depresión y ansiedad y sobrevivió a otros dos intentos de suicidio, algo que veía como la única forma de acabar con su sufrimiento.

Años de terapia la ayudaron a capear el temporal, pero a los 31 años esta mujer de raza afroamericana enfrenta una combinación de peligrosos desencadenantes de estrés que golpean simultáneamente: el aislamiento durante el confinamiento, la escasez de ayuda psicológica y los traumas raciales asociados con las reiteradas matanzas de personas negras por parte de la policía.

“Creo que mis trastornos mentales nunca estuvieron tan mal como ahora”, se lamentó Pierre.

Personal médico advierte que se podría avecinar una severa crisis por el brote confinamiento y el gobierno lanzó una campaña para prevenir suicidios. Pero los médicos y los investigadores dicen que estos problemas golpean con mayor severidad a las comunidades afro, que han sido afectadas en forma desproporcionada por el virus y han registrado un aumento en los intentos de suicido de los jóvenes.

Los movimientos sociales piden al gobierno que preste más atención a los suicidios de estas personas y las iglesias buscan nuevas formas de lidiar con el tema de los suicidios en momentos en que las normas de distanciamiento social entorpecen el contacto entre la gente.

“Hay muchas muertes y gente que se queda sin trabajo. La gente está sufriendo mucho”, dijo Sean Joe, experto en el tema de los suicidios de esta comunidad de la Universidad de Washington de San Luis.

Los suicidios en general han aumentado. Unas 48.000 personas se suicidaron en Estados Unidos en 2018, un 35 por ciento más que en 1999, según los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades. El suicidio es la décima causa de muertes entre todas las edades. Y la segunda entre las personas de 10 a 19 años, superada solo por los accidentes.

Las últimas investigaciones muestran un alarmante aumento en las tasas de intento de suicidio de los jóvenes negros.

Los suicidios aumentaron un 73 por ciento de 1991 al 2017 entre los estudiantes negros de secundaria, mientras que los pensamientos suicidas y los planes de suicidio disminuyeron entre los adolescentes en general, de acuerdo con la revista “Pediatrics” de noviembre.

Estos datos, combinados con preocupantes tendencias suicidas entre los menores afroestadounidenses, hicieron que el bloque negro de la Cámara de Representantes emitiese un informe en diciembre diciendo que se enfrentaba una crisis.

Los expertos dicen que las razones de esto son complejas y requieren más estudios.

Los factores que impulsan suicidios incluyen depresiones, traumas o el que un padre se haya suicidado. En las comunidades negras, estos factores adquieren dimensiones especiales, ya que generalmente tienen índices de pobreza más altos, están mucho más expuestas a la violencia y su acceso a cuidados médicos es limitado.

El confinamiento ha sacado a la luz estas disparidades. Les impide hacer funerales y congregarse con seres queridos. A esto se le suma el impacto de la muerte de George Floyd a manos de un policía, que provocó una campaña mundial contra el racismo.

“Tenemos que lidiar con el racismo, los estereotipos y la desigualdad; estamos llenos de vendas”, dijo Arielle Sheftall, autora de estudio Pediatrics. “Se siente como si nos hubiesen sacado el vendaje y todo el mundo te mira las heridas, mientras sangramos profusamente”.

Parte del problema es que se difundió la impresión de que el suicidio es un “problema de las personas blancas”.

El psicólogo de Michigan Alton Kirk, autor del libro “Black Suicide: The Tragic Reality of America’s Deadliest Secret” (El suicidio de los negros: La trágica realidad del secreto más letal de Estados Unidos), dice que las comunidades negras tendían a “negar el suicidio”.

“Habíamos sufrido demasiado. Sobrevivimos a la esclavitud, a la segregación y a tantas otras cosas”, manifestó. “Lo veían como una señal de debilidad”.

Si bien muchas actitudes han cambiado, persisten los obstáculos en el campo de la salud.

Por un lado, no hay suficientes terapeutas. Por el otro, los tratamientos generalmente responden a las experiencias de las personas blancas y a veces los terapeutas no están preparados para resolver los problemas específicos de la población negra.

“Cada vez que hay un episodio de brutalidad policial contra la población negra publicitado, aumentan las llamadas al Proyecto Trevor de prevención de suicidios.

“De entrada tenemos un punto de partida distinto porque te has pasado la vida combatiendo el racismo”, dijo Tia Dole, directora del servicio clínico del proyecto. “La gente tiene el tanque de recursos emocionales a mitad llenar por su identidad”.

El confinamiento aumenta la incertidumbre de los sobrevivientes a intentos de suicidio. “No sabes qué está pasando ni qué va a pasar”, dice Kiauna Patterson, quien se graduó en la Universidad Edinboro de Pensilvania este año tras sobrevivir a un intento de suicidio en el 2018, causado por el estrés que sentía al estudiar mientras tenía tres trabajos para mantener a su familia.

Desde que perdió el seguro médico como estudiante, medita todos los días y se enfoca en su objetivo de ser una comadrona. “Tomas un día a la vez, tratando de controlar de algún modo lo que sucede a tu alrededor y de mantener la calma”.

Pierre usa sus experiencias para aconsejar a otros, de modo tal que no se sientan solos. Creó The Safe Place, una aplicación gratis que ofrece apoyo psicológico enfocado en las personas de raza negra al que se suscribió mucha gente durante la pandemia.

Donna Barnes, quien dirige la Organización Nacional para la Gente de Color Contra el Suicidio, dice que cuando su hijo se suicidó en 1990 se dio cuenta de que no había muchos recursos para las familias negras que sufrían ese trauma. “Me tomó cuatro años volver a sonreír”, manifestó. “No fue fácil. Mi familia y mis amigos no sabían qué hace conmigo”.

La Trinity United Church of Christ, una influyente iglesia negra que alguna vez frecuentó Barack Obama, ofrece consejos vía chats y llamadas con Zoom.

El reverendo Otis Moss III habló del suicidio de su hermana, ocurrido en la década de 1990, durante un reciente podcast. Dijo que la tecnología ofrece medios efectivos para comunicarse ahora que se cancelaron los servicios religiosos por el confinamiento.

“Este es un buen momento para hacerle saber a la gente que muchos otros pasan por lo mismo que ellos”, manifestó el religioso, quien dijo que durante un tiempo se sintió culpable por el suicidio de su hermana, que padecía de esquizofrenia. “Aprendí a abrir agujeros en la oscuridad y a dejar entrar la luz”.

https://www.elfinanciero.com.mx/mundo/pandemia-y-racismo-el-detonante-que-empuja-a-jovenes-afroamericanos-a-optar-por-el-suicidio-en-eu

La economía británica padece su peor crisis económica de los últimos 300 años

La economía británica se enfrenta a su peor recesión en 300 años, según la Oficina de Responsabilidad Presupuestaria (OBR), órgano de supervisión de las cuentas del Estado.
El Reino Unido se encamina a registrar una contracción anual del PIB (Producto Interior Bruto) superior al 10%, según la OBR.

El PIB británico cayó un 19,1% de marzo a mayo respecto al período de diciembre a febrero por el impacto de la crisis, con un repunte de sólo 1,8% en mayo.

El PIB sigue siendo un cuarto inferior a su nivel de febrero y el aumento mínimo de mayo hace dudar a los analistas de la posibilidad de una recuperación en “V”, es decir, una recuperación tan brusca como lo abrupta que fue la contracción.

La construcción se vio particularmente afectada por el confinamiento: el sector cayó casi 30% entre marzo y mayo.

En los servicios, la mayor parte de la economía británica, “hemos visto un rebote en la venta al por menor con un récord de ventas en línea”, añade Jonathan Athow, de la Oficina de Estadística.

Sin embargo, debido a las restricciones de viaje y el confinamiento persistente en otros sectores en mayo, “la actividad siguió cayendo en muchos campos”, agrega.

Los comercios considerados no esenciales reabrieron en junio y los restaurantes, bares y hoteles, cines y museos recibieron luz verde a principios de julio.

Pero no todos ellos han reanudado su actividad, ya que las medidas de distanciamiento obligatorias a veces son un obstáculo a sus perspectivas de rentabilidad.

Otros, como las salas de concierto o los centros de convenciones, todavía no están autorizados a abrir y muchos advierten que se arriesgan a quebrar.

“Si hay una recuperación económica en V, el Reino Unido se encuentra actualmente en la parte inferior de la V”, dice Ulas Akincilar, jefe de operaciones de la plataforma de corretaje en línea Infinox, quien señala que la OCDE predice para el país la peor recesión de las economías desarrolladas, con una contracción de más del 11% este año.

En un intento de sostener la economía y, sobre todo, de evitar la destrucción duradera de millones de puestos de trabajo, el gobierno británico ha puesto en marcha un arsenal de medidas, entre las que se incluyen las ayudas al desempleo parcial, de las que se han beneficiado más de 9,3 millones de trabajadores.

Este plan de apoyo a la economía “eleva el endeudamiento del sector público a 322.000 millones de libras (unos 400.000 millones de dólares), su nivel más alto en tiempos de paz en más de 300 años”, según el escenario central de la OBR, que no tiene en cuenta el coste de las nuevas medidas anunciadas el 8 de julio por el ministro de Hacienda.

La economía británica se encuentra en una situación especialmente difícil porque el impacto de la crisis se ve agravado por la amenaza de una ruptura brutal con la Unión Europea.

El tiempo apremia para encontrar un acuerdo posbrexit con Bruselas antes de que finalice el período de transición a finales de diciembre, pero las negociaciones entre Londres y la UE están desde hace semanas en punto muerto.

https://www.el-carabobeno.com/economia-britanica-peor-recesion/

Un triunfo de los negacionistas: ‘no hay que practicar pruebas de PCR en masa porque arrojan demasiados falsos positivos’

El ministro de Salud alemán, Jens Spahn
El mes pasado el ministro de Salud alemán, Jens Spahn, apareció en el programa de televisión “Bericht aus Berlin” diciendo que no se debían practicar pruebas de PCR en masa a la población porque arrojan demasiados falsos positivos.

“Tenemos que tener cuidado de no tener demasiados falsos positivos debido a demasiadas pruebas […] Haciendo muchas pruebas se obtienen demasiados falsos positivos, porque las pruebas no son 100 por cien exactas. También tienen una tasa de error, aunque pequeña. Si, por así decirlo, la tasa de infección general sigue bajando, y al mismo tiempo se amplían las pruebas a millones, entonces de repente se tienen muchos más falsos positivos”, dijo el ministro (*).

De esa manera se pasaba al bando de los magufos y negacionistas que siempre han defendido que la PCR arroja resultados que, dicho muy suavemente, son inexactos. La pandemia la fabrican los test de coronavirus; cuantos más tests hacen, más “contagiados” encuentran, más “brotes” y “rebrotes”, hasta formar “oleadas de virus”.

Con la desescalada, las empresas han empezado a exigir pruebas de coronavirus a los trabajadores para que se puedan incorporar a sus puestos de trabajo, y por eso los positivos aparecen por todas partes.

El fraude es por partida doble porque lo más probable es que esos “casos positivos” no sean recientes. No existe ninguna prueba médica capaz de determinar la fecha en la que un virus ha entrado en el organismo, si es reciente o si la persona convive con él desde que estaba en el vientre de su madre.

No es sólo que un “falso positivo” no signifique nada, sino que dar “positivo” tampoco lo es, ni desde el punto de vista epidemiológico, ni tampoco desde el médico.

En Alemania los negacionistas han levantado la cabeza, como indican los comentarios en las redes sociales a las palabras del ministro. Hasta ahora quien ponía en duda la fiabilidad de las pruebas era tachado de “conspiranoico”. Ahora el “conspiranoico” es el propio ministro.

(*) https://twitter.com/ARD_BaB/status/1272227228781285379

Un grupo fascista puso 10 bombas y asesinó a 4 personas, pero quedaron impunes de 1978 a 1981 (así fabricaron la ‘transición’)

Los fascistas Rafael Gómez Álvarez, de 24 años; Alejandro Rodríguez Borlado Zapata, de 26 años (ambos detenidos por la policía); Jesús Javier Blanco García, de 24 años (que ya estaba en prisión por otros delitos fascistas), y Pedro B. Fernández (en paradero desconocido) fueron los autores de los asesinatos del toxicómano Carlos Javier Idígoras Navarrete, ocurrido el 7 de junio del 1981 en un solar de la calle del Cardenal Cisneros, de Madrid, y del mendigo Luis Arribas Santamaría, cuando se encontraba tumbado en un banco de la vía pública de Madrid el 5 de julio de 1981.

Asimismo fueron los responsables del envío de cartas-bomba a la redacción del diario El País, el 30 de octubre de 1978, y a los locales del Club de Amigos de la Unesco, el 21 de enero de 1980. De la explosión de la primera bomba resultó muerto Andrés Fraguas Hernández, y sufrieron heridas de gravedad Juan Antonio Sampedro Sánchez y Carlos Barranco, todos ellos trabajadores. La explosión de la segunda carta-bomba causó heridas de gravedad a los directivos del Club Amigos de la Unesco Luis Esteban Barahona y María Dolores Martínez Ayuso.

Estos cuatro terroristas fascistas participaron, en un total de diez atentados con explosivos, entre ellos los perpetrados contra las librerías Fórum y Exprés, las sedes de la CNT y del Boletín Oficial del Estado, un chalé de Torrelodones propiedad de los cantantes Víctor Manuel y Ana Belén; un cafetín, la sede de la Asociación Pro Derechos Humanos, el complejo Aurrera, el automóvil de un súbdito francés y una librería de la zona de la calle de Orense. Todos estos atentados se produjeron en el período de tiempo transcurrido entre enero de 1978 y julio de 1981.

Rafael Gómez Álvarez, Alejandro Rodríguez Borlado, Pedro Bel Fernández y Jesús Javier Blanco fueron los autores de la colocación de un paquete explosivo en el interior de un recipiente de basura en la calle de Manuela Malasaña, de Madrid, acción perpetrada el 15 de julio de 1979, a consecuencia del cual resultó muerta la joven Salomé Alonso Varela, de 28 años y sufrieron heridas un total de nueve personas, entre ellos muy grave el novio de Salomé, Jesús Cañado Vega, de 28 años. Otro de los atentados atribuido a estos cuatro terroristas es el realizado a mediados de julio de 1980 en la plaza de Olavide, de Madrid, en el que resultaron heridas seis personas.

En cuanto al resto de los detenidos, la nota de la Jefatura Superior decía que: “José de las Heras, de 38 años, puso en contacto a los restantes (por los cuatro ya citados) con un individuo que decía ser guardia civil, al que conocía con el nombre de Agapito y que no ha podido ser identificado hasta el momento, ya que afirman los detenidos que las entrevistas con el mismo “las realizaron en locales públicos”, y añade que “el mismo individuo contactó al grupo con Tomás Antón Torregrosa, de 57 años, para que les proporcionara explosivos y detonadores”.

A Joaquín López Martínez, de veintiocho años de edad, se le acusó de haber entregado munición a los autores de los atentados y de transportar, en compañía de Alejandro Rodríguez-Borladi, un cargamento de éstos que le facilitó en Santa Pola el ya citado Antón Torregrosa. Pedro de Haro Pavón, de 32 años, por su parte, facilitó munición al grupo y recibió un rifle, que poseía junto con nueve armas en su domicilio, todas ellas ilegalmente. José Luis Sáez Alonso tuvo en su poder este rifle.

“Leocadio Jiménez Caravaca facilitó al comando una pistola Llama […] y se encargó del transporte de explosivos desde Santa Pola. Es de significar que a este individuo Tomás Antón le hizo entrega de 200.000 pesetas en metálico y de diez kilos de Goma 2 para que los colocara en un edificio de su propiedad, situado en Elche (Alicante), donde a la sazón estaba ubicada la sede de Fuerza Nueva, para que volara el edificio con el fin de edificar él en el solar y cobrar luego el seguro y la indemnización por terrorismo”.

La policía agregó: “El referido Tomás Antón Torregrosa, colocó un artefacto explosivo de dos kilos de Goma 2 en julio de 1978 en la finca de su propiedad, que fue visto a tiempo y desactivado. El mismo individuo, cinco meses después, consiguió colocar otro artefacto, esta vez de cinco kilos de Goma 2, en unos almacenes próximos a su local, cuya explosión produjo daños en el edificio y afectó a la sede de Fuerza Nueva”, dice la nota policial. “Los daños fueron evaluados en medio millón de pesetas y por esta causa consiguió la demolición.

La policía encontró en el domicilio de Rafael Gómez Álvarez, Ramiro Alejandro Rodríguez Borlado y Pedro de Haro Pavón siete pistolas, la mayoría del calibre 9 milímetros corto; tres revólveres, una escopeta, un rifle y una carabina, estas dos últimas del calibre 22 milímetros. Asimismo fueron hallados numerosos cartuchos de diversas marcas y calibres y gran cantidad de munición, lo mismo para pistola que para escopeta o rifle. Otros efectos intervenidos fueron varios detonadores, rollos de mecha y material eléctrico. Uno de los fascistas, Jesús Javier Blanco García, se encontraba recluido en la prisión de Carabanchel desde el 30 de junio por delito de asesinato frustrado, tenencia ilícita de armas, uso indebido del título de policía, amenazas y daños. Este terrorista ingresó asimismo en prisión, también en Carabanchel, el 17 de marzo de 1981 por un delito de lesiones por arma de fuego, y fue puesto en libertad once días después.

En cuanto a Tomás Antón Torregrosa, el 30 de julio de 1981 estando detenido en la DGS, se tiró por una ventana y resultó muerto. Fascista que ya a los diecinueve años, fue reclamado por un juzgado militar de Alicante por tenencia ilícita de arma de fuego. Hizo autoatentados para cobrar. En Elche se le conocía por las tensas relaciones que mantenía con su familia, especialmente con un hermano, que le había denunciado en algunas ocasiones por amenaza de muerte.

Leocadio Jiménez Caravaca, fascista autor de varios disparos contra dos jóvenes, hiriendo en la pierna izquierda a uno de ellos, el 16 de noviembre de 1976 en la estación del Metro de Oporto. Acusado de amenazas y golpear a los sacerdotes de la parroquia de la Fuensanta. Estuvo implicado en la explosión que destruyó el club juvenil Beato, de la parroquia de San Juan de Ávila, en el barrio de Usera. En la misma explosión resultó completamente destruido un despacho laboralista. Entre 1948 y 1969 fue procesado siete veces (dos por hurto, dos por quebranto de condena, una por imprudencia temeraria, otra por imprudencia simple y otra por infracción automovilística). En un registro realizado por la policía en su casa en el verano de 1975 se encontraron armas cortas y largas, granadas, explosivos, mechas, machetes y porras lastradas con plomo. Detenido en marzo de 1977 por la matanza de los abogadas de Atocha.

http://www.presos.org.es/index.php/2020/02/05/un-grupo-conocido-de-fascistas-puso-10-bombas-y-asesino-a-4-personas-pero-fueron-impunes-desde-1978-a-1981/

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