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Día: 13 de julio de 2020 (página 1 de 1)

El complot de los neonazis para dar un golpe de Estado en Alemania

KSK: las tropas especiales de la policía alemana
“Día X” era el nombre clave para designar la fecha en que grupos neonazis alemanes infiltrados en el Ejército, policías y otros organismos del Estado del país europeo tenían pensado realizar un golpe de Estado para derrocar al gobierno. La cantidad de armas encontradas, así como el nivel de injerencia en diversos aparatos públicos y la ideologización nazi de los uniformados preocupan al gobierno.

Los planes de los grupos nazis para derrocar el Gobierno alemán estaban mucho más avanzados de lo que se sospechaba y se estaban aprovechando de la pandemia.

La experta en seguridad nacional de “Die Linke” (La Izquierda), Martina Renner, señala que con la actual crisis sanitaria, el terrorismo nazi viera una oportunidad, afirmando en una entrevista que “es un sueño para los golpistas de derecha. No puedo imaginarme que estén sentados en sus casas sin hacer nada”.

En junio de 2019 fueron detenidos varios integrantes de las Fuerzas Especiales de la Policía del Estado de Mecklemburgo-Antepomerania, tanto activos como en retiro, acusados de haber facilitado grandes cantidades de munición y armamento a uno de estos grupos, pues en casa de su presunto cabecilla, un miembro suspendido de un comando especial de la policía de ese Estado, fueron encontrados no sólo decenas de miles de cartuchos de munición, sino incluso un subfusil de la Policía Federal. Según las investigaciones, la munición procedía de fuerzas especiales de la Policía y del Ejército repartidas por todo el país. Unas 1.200 balas provenían del estado de Renania del Norte-Westfalia y también se identificó munición perteneciente a Baviera. Sin embargo, las autoridades pertinentes de ambos “landes” no son capaces de aclarar la desaparición de este armamento.

A esto se debe sumar que el pasado 30 de junio la ministra de Defensa del gobierno federal de Alemania, Annegret Kramp-Karrenbauer, anunció la disolución de la segunda compañía de combate del Comando de Fuerzas Especiales (KSK) tras comprobarse vínculos de sus miembros con grupos nazis.

“El KSK no puede continuar bajo su forma actual”, afirmó la ministra al periódico Süddeutsche Zeitung confirmando la disolución inmediata de la segunda compañía de las Fuerzas Especiales, donde han sido detectados los escándalos políticos más importantes. La unidad será disuelta sin ser reemplazada.

Durante el mes de mayo, un miembro de la KSK fue detenido por haber escondido en el jardín de su casa explosivos, armas y municiones robados al Ejército, además indumentaria, literatura y símbolos de ideología nazi. Este oficial tenía más de 6.000 cartuchos de munición, dos kilos de explosivos y varios tipos de armas.

Ante esta información, el Bundestag (parlamento federal alemán) anunció, además de la disolución de este cuerpo uniformado, una serie de reformas con que pretende poner fin a las actividades de los neonazis en el ejército, señalando además que no descarta la posibilidad de una disolución total del cuerpo de élite.

El paquete de reformas tiene consecuencias inmediatas para el comando. Por ejemplo, el ministerio informó al Bundestag que todos sus ejercicios internacionales se suspenderán completamente por el momento. También en el caso de las misiones exteriores de la Bundeswehr, como en Afganistán o Malí, las unidades del KSK serán reemplazadas por otras fuerzas.

https://resumen.cl/articulos/el-complot-descubierto-de-la-extrema-derecha-alemana-para-un-golpe-de-estado/

El modelo sanitario de la OMS sólo causa furor si no procede de China

Bruce Aylward: regreso de Wuhan
La OMS no es peor que cualquier otra de las muchas organizaciones internacionales que existen, como la Organización de Estados Americanos o la de la Energía Atómica. La diferencia es que su cometido es preservar la salud del mundo.

Si una organización internacional no respalda a Estados Unidos, queda fuera de juego. Muchas de ellas no tienen otra función que revestir las decisiones estadounidenses como si fueran algo distinto de lo que son, estadounidenses, y como si tuvieran alguna relación con la salud.

En el caso de la pandemia de coronavirus, Estados Unidos forzó a la OMS a emitir dos declaraciones que no quería aprobar, entre otras razones porque en dicho momento en el mundo sólo se contabilizaban 4.210 muertes imputables al “nuevo virus”, una cifra irrisoria.

El objetivo era el mismo que los imperialistas persiguen en Hong Kong o con Huawei: bloquear a China del comercio internacional, aunque esta vez con una coartada sanitaria.

Como suele ocurrir, a Estados Unidos el tiro le salió por la culata. China paró el golpe y obtuvo un rotundo éxito porque sabía lo que le esperaba y lo tenía todo preparado de antemano. La OMS puso a China como ejemplo de lo que todos debían hacer ante la pandemia: el confinamiento.

El 25 de febrero la OMS organizó en Ginebra una rueda de prensa en la que el epidemiólogo Bruce Aylward, que regresaba de dirigir la misión de la OMS en Wuhan dijo: “Si hubiera estado infectado me hubiera gustado que me trataran en China” (1). Desde el estrado su colega Margaret Harris, que también había participado en la misión, asentía.

China había ganado la partida. La pandemia había desaparecido en pocas semanas y había impuesto su modelo de actuación al mundo entero, con el apoyo de la OMS, cuyo informe no deja lugar a dudas (2). Muchos países recurrieron a China cuando se creyeron con la soga al cuello.

También es normal que Estados Unidos saliera de la OMS por la puerta falsa y con el rabo entre las piernas. Hasta el redactor jefe de The Lancet, Richard Horton, publicó un artículo el 25 de abril afirmando que Trump estaba equivocado sobre la OMS (3).

Las grandes cadenas de comunicación se vieron en un aprieto y, por esta vez, callaron los halagos de la OMS hacia Pekín. Su postura contrasta con las revistas especializadas, entusiasmadas por el “modelo chino”. El observatorio estadounidense de medios de comunicación Fair destacó esta contradicción (4). Los medios generalistas sólo apelan a los informes de la OMS cuando les conviene o, en otras palabras: el mensaje que lanzan no tiene absolutamente nada que ver con el criterio de los expertos.

Veamos un par de ejemplos.

El 30 de marzo un artículo de The Lancet ponía en duda que los demás países del mundo fueran capces de hacer frente a la pandemia de la manera impecable en que lo había hecho China (5).

El 29 de marzo, la revista Science reconocía que China había logrado lo que pocas personas creían posible: contener un brote epidémico de enfermedades respiratorias (6).

Después se fue sabiendo que no era oro todo lo que relucía, que en China la burocracia sanitaria también sabe lanzar fuegos artificiales y que juega con los números como el mejor prestidigitador. Pero es una ingenuidad creer que en el mundo moderno las pandemias son algo diferentes de eso: de magia potagia.

(1) https://www.who.int/docs/default-source/coronaviruse/who-audio-emergencies-coronavirus-press-conference-aylwardb-25feb2020-final.pdf
(2) https://www.who.int/docs/default-source/coronaviruse/who-china-joint-mission-on-covid-19-final-report.pdf
(3) https://www.thelancet.com/journals/lancet/article/PIIS0140-6736(20)30969-7/fulltext?dgcid=raven_jbs_etoc_email
(4) https://fair.org/home/you-dont-need-to-believe-china-about-chinas-coronavirus-success/
(5) https://www.thelancet.com/action/showPdf?pii=S1473-3099(20)30243-7
(6) https://www.sciencemag.org/news/2020/03/can-china-return-normalcy-while-keeping-coronavirus-check

Una escopeta de feria que fabrica ‘apestados’, ‘positivos’, ‘infectados”, ‘contagiados’ y ‘epidemias’

Las pruebas de PCR (Reacción en Cadena de la Polimerasa) no son una herramienta de diagnóstico médico y, en consecuencia, no sirven para detectar la presencia de coronavirus en el cuerpo de una persona.

Sin embargo, el 16 de marzo, en una conferencia de prensa, el Director General de la OMS, Tedros Adhanom Ghebreyesus, dijo: “Tenemos un mensaje simple para todos los países: pruebas, pruebas, pruebas” (1). Se refería a la necesidad de hacer tests PCR a la población con carácter general.

La panacea se difundió a través de las grandes cadenas de comunicación de todo el mundo, como Reuters (2) y la BBC (3). Había que inflar las cifras de “infectados” a toda costa para dar credibilidad al montaje.

Ya lo explicó Kary Mullis, el inventor de la PCR, que recibió el Premio Nóbel de Química en 1993 por su aportación: la PCR es una técnica para replicar secuencias de ADN o ARN, lo cual no demuestra que dichas secuencias sean de origen viral (4).

Tampoco es un test de “carga viral”, como a veces se la llama. No es una técnica cuantitativa sino cualitativa, decía Mullis, por lo que no sirve para detectar una infección.

Así lo han reconocido los CDC: “La detección de ARN viral puede no indicar la presencia de un virus infeccioso o que el 2019-nCoV es el agente causante de los síntomas clínicos… esta prueba no puede descartar enfermedades causadas por otros patógenos bacterianos o virales” (5).

Por su parte, la FDA también ha admitido que “los resultados positivos […] no descartan una infección bacteriana o una coinfección con otros virus. El agente detectado puede no ser la causa definitiva de la enfermedad” (6).

En 2007 un artículo publicado por el New York Times también lo reconoció. Se titulaba: “La fe en una prueba rápida conduce a epidemias que no son tales”.

La literatura científica al respecto es abrumadora, aunque no es necesario recurrir a ella porque los propios fabricantes de los aparatos del PCR lo dicen en sus folletos: no sirve para realizar diagnósticos médicos. En concreto, el que distribuye Roche dice expresamente que no detecta la infección de coronavirus.

Quizá algunos médicos no lean la letra pequeña de los aparatos que utilizan…

En mayo Jessica C. Watson, de la Universidad de Bristol, volvía sobre el asunto en un artículo publicado por  el British Medical Journal titulado “Interpretación de los resultados de la prueba Covid-19”, donde admite que la PCR no tiene un patrón de comparación para evaluar la precisión de sus resultados (7).

Pero en el fondo no es una cuestión cuantitativa, de mayor o menor exactitud, sino cualitativa. ¿De dónde proceden los fragmentos que la PCR identifica? Para saberlo hay que secuenciar el genoma del virus. Para idenficar la huella dactilar que se encuentra en el escenario del crimen, hay que obtener el original de los propios dedos del acusado.

Como no se ha procedido así, Watson elude la cuestión concluyendo que la propia PCR es “el mejor patrón disponible”, algo parecido a la prueba de San Anselmo para demostrar la existencia de dios. Una verdadera tautología.

En contra de lo que Watson afirma, el mejor patrón de comparación sólo puede ser el propio virus que, en este caso, como en otros, no ha sido aislado o purificado y, por lo tanto, su genoma no está identificado, por lo que la prueba PCR está muy lejos de ser concluyente.

La PCR es extremadamente sensible, lo que significa que puede detectar incluso los más pequeños segmentos de ADN o, como en el caso del coronavirus, de ARN. Lo que no puede es asegurar que procedan de un virus. Eso hay que determinarlo de antemano. Hay que demostrar que dichos segmentos forman parte del genoma del virus buscado.

Han convertido a la PCR en otra de las escopetas de feria de la seudociencia moderna, una máquina para fabricar “apestados”, “positivos”, “infectados”, “contagiados” y “epidemias” cuyas consecuencias son realmente grotescas.

Por ejemplo, en febrero la burocracia sanitaria de Guangdong anunció que los “infectados” se habían recuperado totalmente de la “enfermedad” y que los tests empezaban a dar “negativo”. No obstante, después volvieron a dar “positivo” (8).

Un mes más tarde, un artículo publicado en el Journal of Medical Virology mostró que 29 de los 610 pacientes de un hospital de Wuhan tenían de 3 a 6 resultados de pruebas que oscilaban entre “negativo”, “positivo” y “dudoso” (9).

Un estudio en el que se realizaron pruebas casi a diario a 18 pacientes de Singapur, mostró que la mayoría pasó de “positivo” a “negativo” y de nuevo a “positivo” hasta cinco veces en una misma persona (10).

Wang Chen, presidente de la Academia china de Ciencias Médicas, reconoció en febrero que las pruebas PCR sólo tienen “una precisión del 30 al 50 por ciento” (11). Por lo tanto, la OMS debería reducir a la mitad el número de “contagiados” que hay en el mundo y luego debería explicar de qué exactamente se han “contagiado”.

(1) https://www.who.int/dg/speeches/detail/who-director-general-s-opening-remarks-at-the-media-briefing-on-covid-19—16-march-2020
(2) https://www.reuters.com/article/us-healthcare-coronavirus-who/test-test-test-who-chiefs-coronavirus-message-to-world-idUSKBN2132S4
(3) https://www.bbc.com/news/av/world-51916707/who-head-our-key-message-is-test-test-test
(4) https://uncoverdc.com/2020/04/07/was-the-covid-19-test-meant-to-detect-a-virus/
(5) https://www.fda.gov/media/134922/download
(6) https://www.fda.gov/media/136151/download
(7) https://www.bmj.com/content/369/bmj.m1808
(8) https://www.zmescience.com/science/a-startling-number-of-coronavirus-patients-get-reinfected
(9) https://onlinelibrary.wiley.com/doi/full/10.1002/jmv.25786
(10) https://jamanetwork.com/journals/jama/fullarticle/2762688
(11) https://www.scmp.com/tech/science-research/article/3049858/race-diagnose-treat-coronavirus-patients-constrained-shortage

La Generalitat busca 2.000 gorrillas sanitarios que estrechen la vigilancia sobre la población

Magda Campins necesita carnaza
Una vez desaparecido el estado de alarma, que ha supuesto un “artículo 155” encubierto, las comunidades autónomas han recuperado sus competencias en materia de salud pública y quieren demostrar que son más papistas que el gobierno central.

El estado de alarma les parece poco; no tienen bastante y los “rebrotes” les están proporcionando la mejor coartada.

La jefa de Medicina Preventiva y Epidemiología del hospital Vall d’Hebron de Barcelona, Magda Campins, considera que en Cataluña harían falta «más de dos mil rastreadores» y que «no puede ser que solo haya ciento cincuenta».

Campis ha propuesto que los hospitales ayuden al Departamento de Salud a rastrear los casos de coronavirus. «Los hospitales podemos ayudar a hacer este rastreo con profesionales. Los casos que detectamos, podríamos hacer el rastreo de estos contactos, lo hemos propuesto al Departamento de Salud. Hace cinco días y no hemos recibido respuesta».

A su juicio, el centenar de personas que hay para hacer seguimiento de los contactos le parece «absolutamente insuficiente». Se debería ser mucho más ágil para formar cazarrecompensas para controlar a la población. «No hace falta que sean epidemiólgos, lo puede hacer cualquier persona que reciba unos consejos básicos».

El sistema de vigilancia y el rastreo de casos, en su opinión, se hace correctamente porque se pueden hacer pruebas a las personas con síntomas, pero el tema les preocupa «muchísimo».

Campins ha sido contundente al asegurar: «No puede ser que con los rebrotes que tenemos solo haya 150 o 180 personas haciendo rastreos. Deberían haber más de dos mil rastreadores para dar respuesta a lo que hay ahora y a lo que puede venir, que es más de lo que tenemos ahora».

Vamos a echar de menos al gobierno central y el estado de alarma. En las autonomías los descerebrados están mucho más perjudicados por la paranoia.

https://www.elperiodico.com/es/sociedad/20200712/magda-campins-jefa-epidemiologia-vall-dhebron-carencia-rastreadores-covid-8036834

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