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Día: 9 de junio de 2020 (página 1 de 1)

La clase obrera francesa enfrenta la mayor ola despidos en las peores condiciones imaginables

La peor recesión de la historia de Francia supondrá una gigantesca ola de despidos, que el gobierno no podrá evitar aunque inyecte decenas de miles de millones de euros cada mes, dice la agencia Reuters.

Cuando impuso la cuarentena en marzo Macron anunció que “ninguna empresa” quedaría “en riesgo de quiebra”. Pero ahora el gobierno se prepara para lo contrario. “Habrá quiebras y despidos en los próximos meses”, advirtió el Ministro de Economía Bruno Le Maire la semana pasada ante los micrófonos de Europa 1.

Entre el 1 de marzo y el 17 de mayo, sólo se iniciaron 53 planes de protección del empleo o planes sociales -obligatorios en empresas de al menos 50 trabajadores, a partir de 10 despidos-, para 2.853 despidos. El número de personas inscritas en las oficinas de desempleo aumentó más de un 7 por ciento en marzo.

Durante la cuarentena la economía francesa ha estado aletargada por el dinero público. El gobierno ha puesto la respiración asistida a más de un millón de empresas con un plan de emergencia de 110.000 millones de euros. Los salarios de los trabajadores despedidos los ha pagado el Estado.

De esa manera ha evitado una ola masiva de despidos, pero lo peor está por llegar. Uno de cada tres trabajadores del sector privado va a perder su trabajo.

“Todos los indicadores muestran una caída muy brusca de la producción, un flujo de caja muy afectado y repercusiones en el empleo. Temo que los despidos masivos sean inevitables”, dice Raymond Soubie, presidente de la consultora de recursos humanos Alixio y antiguo consejero social de Sarkozy en el Palacio del Elíseo. “Habrá despidos, eso es seguro. Pero hoy en día, no podemos saber su alcance”, confirma François Asselin, presidente de una patronal.

El verdadero golpe podría llegar en las próximas semanas, tras la progresiva reducción del trabajo a tiempo parcial en los sectores cuya actividad ha podido reiniciarse. “La fase más difícil está por delante de nosotros porque tendremos que dejar de trabajar a corto plazo. El Estado seguirá aplicando el plan pero sin mantener el nivel actual de ayuda. Por lo tanto, la conmoción será muy fuerte para las empresas y los empleados”, dice Soubie. Poco a poco, los capitalistas tendrán que pagar los salarios y gastos de la empresa sin volver a recuperar un nivel de actividad normal.

“En esta fase de recuperación, las empresas podrían enfrentarse a verdaderas crisis de liquidez”, advierte Héctor Arroyo, socio de reestructuración de Baker McKenzie.

Durante la crisis de 2008 los planes de reestructuración se prolongaron durante casi dieciocho meses. Hubo 1.052 en 2008 y 2.241 en 2009. Esta vez la hecatombe llegará a principios de septiembre. Marcas como André, Naf Naf y Alinéa ya están en suspensión de pagos. Renault se reunirá el jueves con los sindicatos. “En cuanto a las empresas que han conseguido mantener el listón gracias a las ayudas estatales, están esperando al menos hasta el comienzo del nuevo curso escolar antes de tomar la decisión de despedir o no. Quieren ver si su actividad se reanudará suficientemente y para cuándo”, dice Deborah David, socia del despacho de abogados De Gaulle Fleurance.

Algunas empresas se están reorganizando para evitar costosos procedimientos de despido, reducir los salarios al mínimo y aumentar las jornadas de trabajo. Los capitalistas confían en la docilidad de los sindicatos para sacar adelante la reestructuración. “El diálogo económico será clave en los esfuerzos que se hagan para mantener el empleo y será fundamental conocer las intenciones de los empresarios”, según Marylise Léon, responsable del sindicato CFDT.

La actitud de los sindicatos durante la cuarentena ha sido clave para frenar las movilizaciones por las pensiones y los chalecos amarillos. Los reformistas han sido el mejor apoyo para un cierre de tres meses que el capital ha aprovechado para enfrentar la crisis en las mejores condiciones imaginables.

De pícaros modernos (ni siquiera posmodernos)

Bianchi

Empezando por la conclusión, diremos que no cabe comparación alguna entre la picaresca moderna en el Estado español con la habida en el siglo áureo de los Austrias. Al pícaro del Siglo de Oro le obsesiona el hambre y hace mercancía de su ingenio: al pícaro contemporáneo le mueve el lujo. «El Lazarillo» es un antihéroe: el de hoy, un villano. El pícaro de Tormes no es un delincuente ni un criminal;el de hodierno se lo lleva crudo y hasta se jacta como hacía Zaplana («yo estoy en política para forrarme»). El Lazarillo va aprendiendo a fuerza de zurriagazos y engaños a manejarse en la vida; los pícaros modernos a base de talonarios y transfuguismos. En la época del Lazarillo el ambiente resulta espectral, menos la epifanía diaria del hambre;en la actualidad, todo es real, incluido el paro y la miseria.

En la «Segunda Parte del Lazarillo de Tormes» de H. Luna, Lázaro dice: «porque siempre quise más comer berzas y ajos sin trabajar que capones y gallinas trabajando». J. García Mercadal dirá que el español se conformaba con comer poco a cambio de trabajar menos. Hoy los pícaros sin mérito -«pícaros sin estudios«, si se nos permite la chocarrera licencia-, comen de gorra y viven como marqueses sin hincarla a cuenta de dietas, presupuestos y otras morisquetas y martingalas. En la antigua Cajamadrid se prefería un puesto en su consejo de administración a ser ministro «porque se gana más y se trabaja menos». «Guzmán de Alfarache», de Mateo Alemán, sí es el pícaro por antonomasia que engaña sin escrúpulo y se esmera en el rufianismo, lo que le diferencia del Lazarillo, de quien deseamos que no le pillen en ninguno de sus desafueros. Los pícaros modernos son, al igual que el bufón Estebanillo González, «el primero en el botín y el fugitivo primero en la pelea». «El Buscón» de Quevedo, ya es otra clase de pícaro, amargado y cruel, como su genial y semoviente autor.

Tal vez pudiera hablarse de un pícaro literario de carácter subversivo en el sentido carnavalesco -bajtiniano (de M. Bajtin), según el marroquí Ismail El-Outmani. Podría decirse acaso que «El Lazarillo» es un texto disolvente, lixiviante, que parodia la «vida» de los santos (los tebeos de entonces como «vidas ejemplares»). El pícaro es la contrafigura del santo. Su vida es la de un santo puesta al revés, pero fáctica, real y no virtual. Lazarillo no ofende, sino que es ofendido en un medio hostil. El pícaro moderno ofende al prójimo y se siente, de alguna forma, protegido por la autoridad en sus desmanes, que serán castigados, excepcionalmente, como exutorio y chivo expiatorio ante la sociedad. Pero nunca como escarmiento disuasorio. Al revés, se trataría de acostumbrarse al latrocinio y a la corrupción como un fenómeno «natural».

Por eso cuando vemos asaltar supermercados -menos de lo que nos gustaría- en busca de comida, nos recuerda el Lazarillo medieval y simpatizamos con él porque su móvil es el hambre. Y el hambre, lejos de obedecer a una causa, es el peor de los delitos, como nos recuerda la ideología dominante y el quinto mandamiento. Como mucho, ponte a la cola.

Borrell acerca Europa a Rusia y China y la aleja de Estados Unidos

Hace tiempo que lo veníamos anunciando y las últimas señales que llegaban de Bruselas eran muy claras: la Unión Europea se aleja de Estados Unidos y se acerca a Rusia. Es un cambio significativo en la polica de bloques.

Ayer Josep Borrell, que ejerce de jefe de política exterior de la Unión Europea, pronunció un discurso ante un grupo de embajadores alemanes en Bruselas en el que pidió poner fin al “sistema dirigido por Estados Unidos”, abogando al mismo tiempo por un “siglo asiático” centrado en la estabilización de las relaciones entre Europa y Rusia.

El discurso lo pronuncia precisamente cuando Alemania se dispone a asumir la presidencia de la Unión Europea y la del Consejo de Seguridad de la ONU.

Desde que asumió su cargo, Borrell ha dejado muy pocas dudas, sobre todo cuando se negó a meter a la diplomacia europea en la campaña contra China por el coronavirus, como le pidieron desde Washington.

En un reciente artículo suyo publicado en varios periódicos europeos, Borrell ha calificado a China de país “socio”, aunque sería importante matizar mejor este punto porque el proyecto de Borrell es aceptar la “hegemonía económica china” sólo dentro de su “esfera de influencia natural”, que incluye a países como India, Japón, Indonesia y Rusia.

El mensaje de ayer se centró en el restablecimiento de las relaciones con Rusia y el fortalecimiento de los vínculos “con el resto de la Asia democrática”, sugiriendo que la Unión Europea debería prestar su pleno apoyo al puerto ruso de Vladivostok y a las rutas de transporte transiberianas a fin de eludir la iniciativa de la “Nueva Ruta de la Seda” de China para debilitar su posición en Asia.

Se trata, pues, de acercarse a Rusia para mantener alejada a China, para lo cual la Unión Europea debe “mantener la necesaria disciplina colectiva”. En cierto modo parece un intento sutil de alejar a Rusia de China, o al menos ese alejamiento se utiliza como pretexto para acercarse a Rusia sin soliviantar en exceso a Estados Unidos.

Es un esfuerzo baldío. En todo o en parte, la Unión Europea acabará alineada con el Kremlin y Pekín. Es cuestión de tiempo porque los lazos comerciales entre Alemania y Rusia son muy estrechos desde hace ya tiempo.

Pablo Hasél y la demolición controlada de la monarquía

Diego Herchhoren

El Tribunal Supremo ha ratificado, por tres votos contra dos, la Sentencia dictada en su día contra Pablo Hasél por la Sala de Apelaciones de la Audiencia Nacional y cuyo ponente fue el hoy Consejero de Justicia de la Comunidad de Madrid, Enrique López. 

En la misma se condena al poeta a casi un año de prisión (no 9 meses, como ha asegurado la agencia Efe en un teletipo rápidamente difundido por toda la prensa) por delitos de enaltecimiento del terrorismo, injurias a las instituciones del Estado y a la Corona, personificada en el rey emérito Juan Carlos.

El mismo día que se anunciaba esta sentencia, una nota oficial de la Fiscalía del Tribunal Supremo (la misma que promovió la condena contra Hasél), anunciaba también una «investigación» relativa a lo publicado el pasado fin de semana por Euskal Telebista en su programa «360º, El virus de la corona«, donde se apuran a precisar que la misma se centrará en saber si las coimas percibidas por el Rey Emérito las cobró antes o después de su abdicación. Una precisión que augura sin duda el futuro de esta «investigación».

Las canciones y mensajes de Pablo Hasél, sin embargo, hablan de lo mismo, por lo que ¿cuál sería el problema?. ¿Por qué se condena al rapero por hechos que luego la fiscalía entiende que son susceptibles de ser perseguidos penalmente?. La Sentencia del Supremo nos da algunos apuntes, y en especial los dos votos particulares de los jueces Miguel Colmenero y Ana María Ferrer, que solicitaron su absolución.

El Rey Emérito, al igual que Franco, es artífice del reciclaje político del régimen nacido el 18 de julio de 1936. Es su creador y ha reunido en su persona la condición de Jefe de Estado y Comandante de las Fuerzas Armadas. Es «el monarca«, apelativo que denota cualidades y atributos ex­traordinarios y un papel excepcional en la vida política del país que debe ser reconocido en público. 

Toda esta concepción encuentra, de una u otra manera, su reflejo en la doctrina que el Tribunal Supremo y el Constitucional vienen sosteniendo respecto a la necesidad de que los órganos judiciales establezcan «límites a la libertad de expresión«. 

Y es que de acuerdo a la misma, la sociedad no debe ver la monarquía ni al Rey desde desde una perspectiva institucional, sino que las manifestaciones hacia él deben tener explícitas referencias al hombre y al político.

La misma sentencia así lo refleja al afirmar que las letras y mensajes de Pablo Hasél suponen «un ataque personal y directo a la Casa Real y a sus miembros de modo despiadado, atacando personalmente a los mismos, y no simplemente una mera discrepancia del recurrente hacia la monarquía como institución del Estado.«

«Todo ello supone un evidente menosprecio a SM el Rey y a la institución que encarna en su persona, afectando al núcleo último de su dignidad«, afirmación que entraña la importancia política de la figura del monarca para la continuidad del Régimen y del Estado. Aquí es donde empiezan los problemas para Pablo Hasél.

Hasél, como muchos de los que vivimos en este planeta, es comunista convencido y reconocido, y por tanto su objetivo es la demolición del actual orden social y la construcción de un nuevo orden político donde los privilegios del actual poder económico sean abolidos. La coexistencia por tanto, en un mismo día, de noticias que aparentemente parecerían contradictorias (investigación al rey vs. condena a Hasél), no lo son en absoluto.

La contradicción no existe. 

El régimen asume que el Rey Emérito es un corrupto impresentable, y que la Casa Real está metida hasta el tuétano en cualquiera de los lodazales que la hemeroteca periodística nos pueda brindar. 

Pero una cosa es eso y otra cosa es que alguien venga a exceder lo que el Supremo llama «sana crítica política» (hay una crítica «enferma», según los supremos). Se pueden tolerar ciertas cosas, pero lo que no se va a permitir es que la crítica devenga en insurrección.

Una sentencia del Tribunal Supremo de 1973, que enjuiciaba a una publicación antifranquista, refería que la misma reproducía «epítetos que alcanzan a la misma Jefatura del Estado, dando así a entender con toda evidencia el radical alcance de la mutación político-social perseguida, que no sólo es de régimen, sino que ataca los cimientos mismos del Estado en su actual organización.» (T-484-1973).

El mensaje entre líneas es que el Tribunal Supremo permite criticar «sanamente» a la monarquía, pero lo que no se puede es hacer la revolución y menos aún: hablar de ella.

Sin embargo, hay que reconocer que estamos ante un Estado dividido y descompuesto ante su futuro. La sentencia no se ha hecho pública en cualquier momento. Se hace en uno de los contextos de apatía social más graves de la historia española reciente, donde el grueso de la población está asumiendo su empobrecimiento y su arresto domiciliario sin rechistar, y donde por ahora la gente está absorbiendo los mensajes oficiales sin la más mínima crítica o cuestionamiento.

Pero para la élite económica española, la monarquía es la clave de bóveda del andamiaje institucional del sistema y saben perfectamente que una animadversión general hacia la figura del monarca puede devenir en realidades incómodas. Porque no es lo mismo acabar como la Casa de Braganza que como los Romanov.

Los sondeos que manejan los servicios de inteligencia apuran que el descontento social hacia los borbones está in crescendo. Esto, combinado con que las fuerzas de seguridad tienen en agenda un peligroso incremento de la agitación social a la vuelta del verano y esto, una vez superado el shock del Estado de Alarma, puede ser un cóctel explosivo que haga que cualquier plan de salida ordenada de los borbones caiga en saco roto.

La caída del Rey Manuel Segundo de Braganza en
1910, que desembocó en la proclamación de la República de Portugal con
un primer presidente, Teófilo Braga, es el plan de demolición controlada de la monarquía española, que va a tener que enfrentar como principal riesgo la posibilidad de que la caída se descontrole.

Pablo Hasél es un artista con decenas de miles de seguidores, especialmente entre la juventud. Su mensaje se viraliza con rapidez. Escucharlo, difundirlo y reproducirlo es el mejor antídoto contra su inminente ingreso en prisión, y lo que es mejor, contra una posible «segunda transición» que sueñan algunos.

Castilla-La Mancha desahucia a los sanitarios contratados por la crisis del coronavirus

Profesionales de Enfermería, Medicina, Fisioterapia, celadores u odontólogos serán desahuciados el próximo 30 de junio si no hay alternativa habitacional para ellos. Hasta ahora, los afectados se concentran en Albacete, Toledo y Guadalajara.

A principios de abril, el Servicio de Salud de Castilla-La Mancha (SESCAM) contrató a decenas de profesionales extras para cubrir necesidades de servicio derivadas de la crisis del coronavirus y afrontar el colapso sanitario. La oferta de trabajo cubría, además del sueldo, la vivienda.  

La Orden 54/2020 de la Consejería de Sanidad estableció un sistema de alojamiento en centros públicos y hoteles para cubrir esta necesidad, pero la semana pasada los alojamientos recibieron una instrucción de la Dirección General de Recursos Humanos del SESCAM ordenando poner fin a los mismos.

En el caso de Albacete, el número de profesionales afectados es de 68, pero en Guadalajara supera el centenar. Según varios medios, el problema que tienen los sanitarios es que no encuentran alquiler para los tres meses que les quedan de contrato y que, además, los arrendadores no contratan a personal sanitario «por miedo de contagio».

Después del romance del personal sanitario con policías, bomberos y aplausos desde las ventanas, todo ha quedado en nada.

Además, los medios puestos a disposición por la Junta de Castilla-La Mancha no parecen asumibles. En el caso de Guadalajara, se les ha ofrecido a los sanitarios un alojamiento de 500 euros al mes por una habitación en la residencia universitaria que la Comunidad tiene en esta ciudad, algo inasumible para la mayoría.

El capitalismo solapa la esclavitud con el racismo

Durante las protestas contra el racismo, los manifestantes derribaron la estatua de un negrero en una calle de Bristol, en Gran Bretaña, y la arrojaron al río.

El suceso ha destapado un acontecimiento poco conocido: hasta 2015 los vecinos de Bristol han estado pagado un impuesto especial para indemnizar a los negreros por la prohibición del comercio de personas en 1833.

En Gran Bretaña no se abolió la esclavitud sino que la Hacienda Pública compensó a los esclavistas por impedir la trata de personas. Como se trató de un préstamo, los contribuyentes han estado devolviendo el dinero desde entonces y han tardado 182 años en hacerlo porque las indemnizaciones aprobadas en su momento, 20 millones de libras esterlinas, fueron astronómicas.

En pocas palabras: a quien compensó el gobierno de Londres no fue a los esclavos sino a los esclavistas. La Hacienda británica lo admitió en un mensaje difundido a través de Twitter y la reacción de los vecinos fue tan violenta que tuvieron que suprimirlo rápidamente.

La indemnización pagada por el gobierno en 1833 fue gigantesca. Representaba el 40 por ciento de los presupuestos del Estado de aquel año, equivalente a más de 300.000 millones de libras esterlinas en la actualidad.

La deuda necesitó un largo período de reembolso y se emitieron bonos del Estado (“gilts”) que se acabaron de pagar el 1 de febrero de 2015: hace sólo tres años.

Los que pagaban impuestos antes del 1 de febrero de 2015, estaban reembolsando la deuda creada a partir de las indemnizaciones a los dueños de esclavos. Entre los deudores estaban los esclavos, sus hijos, sus nietos y sus descendientes

En 1833 Bristol tenía la mayor concentración de personas en Gran Bretaña que poseían esclavos fuera de Londres. Muchas de las mayores plantaciones que mantuvieron el mayor número de esclavos eran propiedad de algunos de los hombres de negocios más ricos de Bristol, y recibieron el equivalente a millones de libras esterlinas en plata de hoy.

Los esclavos se transformaron en proletarios y tuvieron que seguir trabajando para sus amos igual que siempre; incluso bajo la sombra del mismo látigo. De ahí que en las sociedades capitalistas la esclavitud se haya solapado con el racismo y es imposible acabar con ninguno de ellos sin acabar con el mismo capitalismo.

https://www.bristolpost.co.uk/news/bristol-news/taxpayers-bristol-were-still-paying-1205049

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