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Día: 20 de abril de 2020 (página 1 de 1)

La Guardia Nacional se ha desplegado a lo largo de todo el territorio de Estados Unidos

El 30 de marzo más de 14.600 miembros de la Guardia Nacional se desplegaron en los 50 estados de Estados Unidos. Actualmente no pueden desempeñar funciones policiales a causa de una ley de 1878 que prohíbe al ejército intervenir en el interior del territorio de Estados Unidos en asuntos civiles.

Las reformas introducidas en la ley marcial están reduciendo esa prohibición progresivamente.

Justo un día después de que el coronavirus fuera declarado “emergencia de salud pública internacional” por la Organización Mundial de la Salud el 30 de enero, el Secretario de Defensa Mark Esper aprobó los planes de pandemia y advirtió al Northcom que se preparara para un despliegue de fuerzas.

Northcom es el mando del Pentágono encargado de hacerse cargo del del poder en Estados Unidos en situaciones de crisis, para asegurar la “continuidad del gobierno”. Es responsable de la protección del Presidente, el Vicepresidente y el Secretario de Estado.

El protocolo que regula ese tipo de situaciones se modificó en 2001 tras los atentados contra las Torres Gemelas. De hecho el Northcom se activó poco después, el 1 de octubre de 2002. Los militares del Northcom trabajan en estrecha colaboración con el FBI, la CIA, la NSA y la Agencia de Inteligencia de Defensa.

En Estados Unidos recurren a numerosos eufemismos para encubrir lo que no es otra cosa que la legalización de un Golpe de Estado. Por ejemplo, hablan de “delegación del poder” en los militares.

El coronavirus ha servido tanto para poner a Washington bajo la supervisión de los militares, como para renovar una vez más los protocolos de emergencia, que se han declarado secretos. No obstante, las filtraciones indican que la ley marcial se puede activar en situaciones cada vez más amplias y con múltiples pretextos.

Los nuevos protocolos detallan la imposición de la ley marcial en caso de que el país se vuelva ingobernable en una amplia variedad de escenarios, como la “violencia no deseada” causada por “la escasez de alimentos, el caos financiero” o también si el Presidente, el Vicepresidente y el Secretario de Estado están incapacitados por cualquier motivo.

Los reglamentos, que han sido redactados por los jefes de Estado Mayor, habilitan al ejército para que pueda asumir el control cuando “las autoridades civiles debidamente constituidas no puedan controlar la situación”, incluso cuando “la autorización del presidente sea imposible”.

Un personaje clave en estos planes es el general Terrence J.O’Shawnessy, que dirigió las tropas de la ONU durante la Guerra de Corea y que actualmente ostenta el Mando de la Norad (Defensa Aeroespacial).

Este general es un obseso del Ártico como teatro de operaciones militares. Para él es “la nueva línea de frente de la defensa de nuestra patria” contra Rusia y China, que están “decididos a explotar el potencial económico y estratégico de la región”.

El Northcom también coopera estrechamente con la FEMA, la Agencia Federal de Gestión de Emergencias, y con el Departamento de Seguridad Interior. Tiene un amplio alcance jurisdiccional que abarca no sólo a Estados Unidos sino también a México, a Canadá, Puerto Rico y Bahamas, actuando como “principal defensor contra una invasión de Estados Unidos”.

O’Shawnessy ha ordenado a los equipos de gobierno considerados “esenciales” que se instalen en grandes fortalezas subterráneas a 650 metros bajo la superficie en Cheyenne Mountain, Colorado, a fin de “esperar a que llegue la crisis del coronavirus”. Lo anunció el propio general en Twitter: “Nuestros dedicados profesionales del Norad y el Comando y Control del Norad, han dejado sus hogares, se han despedido de sus familias, y están aislados de todos para asegurarse de que pueden mantenerse firmes todos los días para defender nuestra patria”.

Han prohibido a otros militares que viajen y se les ha ordenado que permanezcan cerca de sus bases “listas para la acción”.


Más información:
– Dossier coronavirus
– Ley marcial: el Pentágono asegura el control militar de Washington con el pretexto del coronavirus

El coronavirus se modificó en 2015 en un laboratorio de Estados Unidos para que pudiera reproducirse en células humanas

Ralph S. Baric
Las investigaciones para modificar el coronavirus de manera que fuera capaz de reproducirse en células humanas comenzaron en Estados Unidos en 2006 y culminaron con éxito nueve años después.

En ellas participaron varios investigadores, especialmente de la Universidad de Carolina del Norte, del laboratorio de la FAD (instituto regulador de los alimentos y los medicamentos) de Arkansas y virólogos chinos, que se encargaron de suministrar la materia prima.

El estudio, titulado “Una cepa de coronavirus de murciélago que circula, similar al SARS, muestra su potencial en emergencias humanas”, se publicó en la revista Nature Medicine (1).

El Instituto de Virología de Wuhan y la Academia China de Ciencias aportaron virus extraídos de los murciélagos en Wuhan. Por eso un científico chino, Xing-Yi Ge, figura entre los autores del artículo, aunque su papel se limitó a esa tarea.

En contra de lo que se rumorea, el salto de un virus de los animales a los seres humanos es prácticamente imposible, excepto si se modifican para ello con algún propósito, como en el caso de aquella investigación. Por eso el título del artículo era el colmo de la hipocresía, porque el riesgo no existía antes de su manipulación en el laboratorio; el riesgo lo crearon ellos.

Por lo tanto, es falso lo que sostienen revistas, como la colombiana “Semana”, quien hace apología del personaje clave la investigación, Ralph S. Baric, jefe del Departamento de Epidemiología de la Universidad de Carolina del Norte. Dice que “sin necesidad de mutar” el coronavirus podía “saltar” de los murciélagos a los seres humanos (2).

Sin embargo, el artículo de Baric decía todo lo contrario: que habían “generado y caracterizado un virus quimérico”, es decir, que lo habían modificado con determinados propósitos que, naturalmente, no explican porque no pueden hacerlo.

Los proyectos de modificación del coronavirus comenzaron con la epidemia de SARS (Síndrome Respiratorio Agudo Severo) en China en 2003 y su versión MERS en Oriente Medio. Tienen un origen militar que fue seguido por su reflejo en las publicaciones de virólogos como Baric en las revistas especializadas, dando lugar a una amplia bibliografía sobre la manera de modificar un virus procedente de un murciélago para que se pueda replicar en células humanas.

No obstante, como bien advirtió el diario ruso Pravda el 20 de marzo, “todavía no es posible afirmar con certeza que el virus que se analizó en los ratones de laboratorio sea el mismo que el coronavirus del SARS-Cove-2” (3).

Baric y su Departamento de Epidemiología son una de las tapaderas científicas del Pentágono a través de la multinacional farmacéutica Gilead. Ellos mueven los dos lados de la ecuación: fabrican los patógenos al mismo tiempo que los fármacos para combatirlos.

El 10 de marzo el Pentágono firmó un acuerdo con Gilead, no sólo para tratar a sus soldados sino “a todos los ciudadanos del mundo”, según dijo el general Michael Talley, jefe de Fort Detrick (4), del que ya hemos hablado aquí en otras entradas.

Baric trabaja por cuenta de Gilead, que está en la carrera para llenarse los bolsillos gracias al coronavirus. El jueves de la semana pasada las acciones de la multinacional subieron un 16 por ciento en la bolsa gracias a la noticias de que su antiviral, remdesivir, tenía efectos positivos en eso que llaman “pacientes de coronavirus”.


(1)
https://www.med.unc.edu/orfeome/files/2018/03/a-sars-like-cluster-of-circulating-bat-coronaviruses-shows-potential-for-human-emergence.pdf
(2)
https://www.semana.com/mundo/articulo/hace-cinco-anos-un-cientifico-habia-advertido-lo-que-esta-sucediendo-ahora-con-el-coronavirus/656925
(3) https://www.pravda.ru/world/1482450-COVID19/
(4) https://www.militarytimes.com/news/your-military/2020/03/10/army-signs-agreement-with-drug-giant-gilead-on-experimental-covid-19-treatment/

Más información:
– Un cuento chino: el laboratorio de Wuhan estaba financiado por Estados Unidos
 

Bienvenido a la democracia maestro Goebbels

Darío Herchhoren

Joseph Goebbels, ministro de propaganda de Adolf Hitler, era un maestro de la manipulación mediática, y de él han aprendido los democráticos comunicadores de occidente. Entre las perlas que nos dejó Goebbels hay una que explica que «una mentira repetida mil veces se convierte en verdad» (sic). El imperialismo ha construido un aparato mediático formidable, constituido por agencias de prensa, diarios, emisoras de radio y televisión, tertulianos sesudos, escuelas, iglesias, y en fin toda una legión de deformadores del pensamiento y de la libertad de expresión e información.

Desde hace aproximadamente dos meses todos estos medios vomitan a diario millones de mensajes para anestesiar conciencias y adormecer voluntades para tratar de convencernos de que todo esto es por nuestro bien, y me refiero concretamente a la pandemia que nos agobia todos los días a la cual hay que sumar la pandemia de desinformación que generan estas usinas.

La guerra bacteriológica, química y mediante el uso de gases tóxicos fué en realidad un invento inglés, que los alemanes copiaron y pusieron en valor en la primera guerra mundial. Se utilizó entonces el famoso gas mostaza, que llevó a la muerte a miles de soldados y civiles.

Los japoneses utilizaron insectos infectados en China durante la invasión a ese país y en Manchuria cuando crearon el estado títere de Manchukuo. Los norteamericanos utilizaron bombas de napalm en Vietnam, que era una gasolina gelatinosa que arrasaba en su explosión todo lo que hallaba a su paso. En Cuba infectaron con agroquímicos las cosechas de azúcar, y envenenaron los pozos de agua. Los alemanes utilizaron gases tóxicos contra la URSS en su invasión envenenando el agua.

Ahora aparece el coronavirus en China. Esto último merece un análisis más serio y minuciosos. Toda la información de que disponemos, nos lleva a concluir que China se proponía  duplicar ese crecimiento llevándolo al 11%. La República Popular China le disputa a los EEUU el primer lugar como país más industrializado, y los logros de China apuntan a que estaba a punto de conseguir su objetivo. La locomotora China estaba tirando de una economía que estaba creciendo al 5,5% y se había propuesto crecer en este año al doble, es decir que crecería al 11%. Hay que tener en cuenta que el progreso de China es solo en algunas zonas del país, y que grandes porciones de su territorio viven bajo el umbral de la pobreza, y lo que las autoridades chinas se habían propuesto era un crecimiento hacia el interior, sin descuidar el mercado exterior que es su gran objetivo.

La información de que disponemos, apunta  a que los EEUU y la entidad sionista (Israel) han trabajado juntos para obtener el arma biológica que precisaban, el primero para atacar a China y el segundo para infectar a Irán, su gran y peligroso enemigo.

Y aquí es necesario hacer una digresión para ponernos a meditar sobre que todos los estados que utilizaron y utilizan armas químicas, son estados donde el capitalismo más cruel y despiadado campa a sus anchas. No hay memoria de que alguno de los estados socialistas, antes y ahora hayan utilizado esas armas. Siempre han sido víctimas de las mismas.

Y esto nos lleva a una segunda reflexión sobre la ausencia de límites morales o éticos del capitalismo, que no vacila en utilizar cualquier medio para seguir en el primer puesto, aún a costa de enfermar a su propia población.

En este caso volvemos a llamar al maestro Goebbels, que lanzó la consigna de «la guerra total». En fines de  1943, cuando ya los generales del estado mayor alemán advirtieron a Hitler que era imposible ganar la guerra, Goebbels para levantar el ánimo de sus militares, puso sobre el tapete lo que llamó la guerra total, es decir que se iba a atacar con la mayor crueldad a población civil, industrias, hospitales, escuelas, iglesias con tal de doblegar al enemigo. Esa guerra total se implementó por primera vez en Coventry, una ciudad mediana de Inglaterra, que quedó reducida a escombros, y luego de eso Goebbels acuño la palabra «coventrizar» la guerra, es decir llevar el exterminio sin piedad contra todos y contra todo.

Estos sentimientos criminales han sido asimilados por occidente, y el resultado es la pandemia que nos agobia y nos mata. Goebbels era un gran maestro, y ha encontrado discípulos aventajados en los Trump, los Johnson y los Macron. Ah, me olvidaba de Jens Stoltenberg, secretario general de la OTAN, un sádico payaso a las órdenes del Pentágono.

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