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Día: 8 de abril de 2020 (página 1 de 1)

Inminente ola de asaltos y disturbios en busca de comida en las principales ciudades de Estados Unidos

Entre el 12 y el 31 de marzo en Nueva York se denunciaron más de 30 casos de robos en supermercados, lo que supone un aumento del 400 por ciento con respecto al mismo período del año anterior.

El Departamento de Policía de la ciudad informa de un aumento del 75 por ciento en los robos en empresas durante este período, con aproximadamente 254 robos, en comparación con 145 en el mismo período del año pasado.

El Wall Street Journal anuncia (*) un aumento de los robos en los cinco distritos de Nueva York entre el 12 y el 31 de marzo, coincidiendo con los cierres masivos de empresas.

La venta de armas se ha disparado. En las calles las escenas de saqueo se extienden. Las tiendas en Nueva York, San Francisco, Seattle y Chicago se preparan para los disturbios sociales tapando los escaparates con persianas y cerrojos.

Los disturbios sociales han aparecido en primer lugar en los centro de las ciudades en los que vive una gran parte de la población trabajadora. Los ayuntamientos han apelado a la Guardia Nacional, que ha tomado posiciones en las principales arterias y barrios obreros.

En dos semanas 10 millones de trabajadores estadounidenses han perdido su trabajo y, además, tienen deudas que no pueden pagar. Hacen cola en los bancos de alimentos repartidos por todas las ciudades para sobrevivir. Es el auténtico rostro de la única crisis realmente existente en Estados Unidos: la del capitalismo.

Michael LiPetri, Jefe de Estrategias Criminales de la Policía de Nueva York, dice que los saqueadores buscan específicamente comida, alcohol y productos de venta al por menor. Muchos fueron capaces de penetrar por los tejados y romper puertas o ventanas.

Según el Wall Street Journal, en Nueva York los propietarios de algunas cadenas de tiendas se han atrincherado con armas, manifestando el temor de que pronto lleguen los tiroteos y asaltos.

La policía de Nueva York se puede ver desbordada por la ola de disturbios. Uno de cada seis policías está de baja y Trump ha movilizado casi un millón de tropas del ejército.

(*) https://www.wsj.com/articles/new-york-city-sees-more-burglaries-of-businesses-under-coronavirus-emergency-measures-11586008801

La propaganda imperialista ya ha impartido sus consignas sobre ‘el virus de Wuhan’ a todas las cadenas del mundo

Estados Unidos ha lanzado un programa de intoxicación coordinado por la Casa Blanca y varias instituciones federales para acusar a China de expandir el coronavirus por el mundo y manipular los datos sobre la epidemia (1).

El plan se ha remitido al Departamento de Estado para que, a través de las embajadas, circule por las grandes cadenas de intoxicación.

Se trata de una guía sobre la manera de responder a las preguntas acerca del coronavirus, donde los funcionarios siempre deben mencionar su relación con China.

El programa parece haberse elaborado en el Consejo de Seguridad Nacional porque así figura en un apartado de manera explícita.

En Estados Unidos los principales medios de comunicación ya han comenzado a difundir las nuevas consignas. Una búsqueda en inglés del término “Encubrimiento de China” (China cover-up) arrojaba 2.190.000 resultados a las 13:12 horas de esta mañana.

El 1 de abril los encargados de la intoxicación llamaron a la agencia Bloomberg para reforzar la campaña con un fraude paralelo: un informe secreto de los servicios de inteligencia de Estados Unidos demostraría que, en efecto, China está encubriendo la cifra real de muertos (2).

Dicho informe no existe porque, según el New York Times, aún se está elaborando. La CIA trabaja activamente para desmentir las cifras oficiales del gobierno de Pekín. “Hasta ahora, para su gran frustración, la Casa Blanca y la comunidad de inteligencia no han podido reunir cifras más precisas a pesar de sus esfuerzos”, concluía el periódico de Nueva York (3).

A medida que pasa el tiempo, la campaña contra China se vuelve contra sus patrocinadores. El 3 de abril The Economist comentó que todos los gobiernos del mundo mienten sobre este tipo de cifras, incluido el de Estados Unidos: “Cuando el huracán María azotó a Puerto Rico en 2017, América informó de sólo 64 muertes. Un estudio reveló más tarde que el número total de muertes fue cercano a 3.000. Muchas ocurrieron en hospitales que no tenían electricidad“ (4).

Otra característica de la intoxicación es que resulta muy difícil ponerle freno, por lo que incurren en el ridículo. Por ejemplo, el Washington Post recurre a la epidemia para atacar a Irán y asegura que las filas de tumbas recién excavadas en Qom eran “visibles desde el espacio”:

“En Qom, el epicentro espiritual del clero chiíta gobernante en Irán, más de 846 personas han contraído el virus, según las autoridades. Sin embargo, el gobierno iraní no ha publicado el número oficial de muertos en Qom, donde se estima que viven 1,2 millones de personas. Pero los vídeos, las imágenes satelitales y otros datos disponibles del cementerio -un gran complejo a seis millas al norte del centro de la ciudad- sugieren que el número de personas afectadas por el virus allí es significativamente mayor que la cifra oficial” (5).

(1) https://www.thedailybeast.com/white-house-pushes-us-officials-to-criticize-china-for-coronavirus-cover-up
(2) https://www.bloomberg.com/news/articles/2020-04-01/china-concealed-extent-of-virus-outbreak-u-s-intelligence-says
(3) https://www.nytimes.com/2020/04/02/us/politics/cia-coronavirus-china.html
(4) https://www.economist.com/graphic-detail/2020/04/03/covid-19s-death-toll-appears-higher-than-official-figures-suggest
(5) https://www.washingtonpost.com/graphics/2020/world/iran-coronavirus-outbreak-graves/

Las crisis capitalistas de superproducción se saldan con la destrucción de capital: el caso Lufthansa

La aerolínea Lufthansa, un monopolio que comprende también a Austrian Airlines, Swiss, Eurowings y Brussels Airlines, ha admitido que nunca volverá a ser la misma, algo que se puede decir también de las demás empresas del sector. Una parte importante de la aviación comercial jamás volverá a alzar el vuelo. Los aviones se quedarán en tierra para la chatarra.

El monopolio fue el primero en Europa en aparcar una parte de su flota. Hoy casi todas las aerolíneas europeas han suprimido casi todos sus vuelos y piden ser rescatadas por sus gobiernos respectivos. Originariamente las aerolíneas fueron públicas y ahora quieren volver a serlo. Las pérdidas suman millones de euros y ya no interesan al capital privado… excepto si hay rescate.

Pero no hay rescate para todos porque antes los ricos (Alemania) rescataban a los pobres (Grecia) y ahora se tienen que recatar a sí mismos, y no hay tanto dinero.

Lufthansa “no espera que el sector del transporte aéreo vuelva rápidamente a los niveles anteriores a la crisis”, dijo el monopolio en un comunicado. La semana pasada la empresa reconoció que no esperaba que la demanda volviera a los niveles de 2019 en cuatro o cinco años.

Los documentos internos de la aerolínea calculan que quizá en diciembre alcancen entre el 25 y el 75 por ciento (en el mejor de los casos) de su capacidad. Lufthansa “se va a hacer más pequeña”, dijo Carsten Spohr, el presidente del monopolio porque las crisis capitalistas de superproducción se saldan siempre con la destrucción de capital.

Lufthansa se va a imponerse una drástica cura de adelgazamiento. Con 763 aviones en la actualidad, reducirá el tamaño de su flota mediante la venta de 42 aviones, incluidos numerosos aviones de gran capacidad. Los suizos y austriacos también reducirán la envergadura de sus flotas.

Que Germanwings cierre no es noticia porque la marca comercial no existe desde 2015. Sus operaciones se integrarán en Eurowings, cuyos desplazamientos a larga distancia se reducirán.

Los trabajadores irán a la calle. La otra parte de las crisis capitalistas es la destrucción de la fuerza de trabajo. Los sindicatos difundieron un comunicado el lunes en el que hablaban de un “peligro existencial”. Con 87.000 trabajadores, más del 60 por ciento de la fuerza de trabajo de Lufthansa trabajará a tiempo parcial durante una temporada, 62.000 de ellos en Alemania.

La salud no puede quedar en manos de empresas privadas cuyo objetivo es el lucro

El lunes la EMA (Agencia Europea del Medicamento) denunció la escasez de fármacos y la causa la pueden dar por sabida. “Riesgo de escasez de fármacos por la epidemia de coronavirus”, titulaba El Español el 18 de febrero (1). Diez días después la FDA, la institución competente en Estados Unidos en alimentación y medicamentos, anunció la “primera escasez” de fármacos “por el brote de coronavirus que se originó en China” (2). La pandemia está causando tal cantidad de enfermos que las medicinas se agotan, lo que antes no sucedía.

La intoxicación mediática oculta detalles que, por sí mismos, son ilustrativos: el año pasado los veterinarios ya denunciaron la carestía de medicamentos para los animales. donde no hubo ni puede haber ningún pretexto de pandemia (3).

En plena crisis capitalista de superproducción, cuando todos los silos de petróleo del mundo están a tope de su capacidad, hay escasez de remedios, por lo que los precios suben y las grandes multinacionales farmacéuticas se llenan los bolsillos. Hay más enfermos que nunca y no llega para todos. Sobra de todo excepto medicamentos, porque vivimos en una sociedad enferma y hay que seguir produciendo fármacos sin parar.

Pero si no hay una “vacuna” para el coronavirus hay que preguntar por qué están medicando a los “enfermos del virus” y qué les están administrando. Ya se lo decimos nosotros: están sedando, tanto a los hospitalizados como a los recluidos en los geriátricos. La Sociedad Española de Medicina Intensiva ha pedido a los médicos que reduzcan la administración de sedantes. Los tienen anestesiados las 24 horas del día por la tensión a la que les han sometido. Los sedantes son, pues, el fármaco de moda y uno de los que más escasea. Vivimos en una sociedad anestesiada y dormida.

Ahora bien, todo lo que concierne al mercado sanitario tiene su trampa, lo mismo que la política sanitaria, porque la escasez de remedios ya se denunció antes de la histeria, aunque ya casi nadie se acuerda tampoco de aquello.

La carestía de fármacos es lo mismo que el colapso hospitalario. El Colegio de Farmacéuticos elabora listados semanales con los medicamentos que tienen problemas de abastecimiento al menos desde junio de 2017, pero entonces aquello no pareció importar a casi nadie (4).

La escasez no sólo concierne a la Unión Europea, sino al mundo entero. Es un problema “complejo”, decía el Boletín de la Organización Mundial de la Salud en 2012 (5).

En 2014 la AARP denunció la carestía en Estados Unidos, y merece la pena reproducir ahora algún fragmento a fin de que tomen buena nota de los extremos a los que está llegando la sanidad: “En algunas partes del país, equipos de atención médica han tenido que utilizar fármacos pasada la fecha de caducidad especificada por el fabricante. Para evitar que algunos medicamentos para tratar enfermedades que ponen en riesgo la vida desaparezcan por completo, la FDA ha permitido que fármacos que se conoce están contaminados permanezcan en el mercado. Desde que en 2009 la agencia encontró partículas de metal en medicamentos usados para tratar un grupo de enfermedades congénitas, por ejemplo, se permitió a la compañía seguir vendiéndolos, con una advertencia para los médicos para que inspeccionaran la solución y estuvieran al tanto de reacciones adversas. Cuando en el 2011 se encontraron partículas de vidrio en muestras de otra medicina —el fosfato de potasio inyectable— los médicos recibieron instrucciones para filtrar el medicamento con una aguja especial antes de agregarlo a la jeringa” (6).

En el 2011 la Associated Press documentó 15 muertes vinculadas a la escasez de medicamentos en Estados Unidos. Nadie sabe cuántas más ha habido, pero se iniciaron varias demandas exigiendo indemnizaciones por las muertes causadas.

Por lo tanto, la carestía de medicamentos es muy anterior a la histeria del coronavirus. Hasta el año pasado el desabastecimiento era puntual, pero a partir de entonces “se convirtió en un problema estatal de calado que afectó tanto a las farmacias como a los hospitales” (7). El año pasado la carestía se había duplicado en comparación con 2015 y el gobierno implementó un plan de choque.

La causa de la carestía es que la sanidad ya es privada desde hace mucho tiempo porque le llega impuesta al mundo por las grandes multinacionales farmacéuticas y sus tentáculos. No se puede hablar de defensa de la sanidad pública sin expropiar la farmacia, es decir, a las grandes empresas farmacéuticas. No hay salud pública sin socialismo. La salud no se puede dejar en manos de empresas privadas cuyo objetivo es el lucro, única y exclusivamente.

(1) https://espanol.medscape.com/verarticulo/5905022
(2) https://www.fda.gov/news-events/press-announcements/coronavirus-covid-19-supply-chain-update
(3) http://www.diarioveterinario.com/texto-diario/mostrar/1523675/cambia-forma-comunicar-escasez-farmacos-veterinarios
(4) https://www.portalfarma.com/Profesionales/medicamentos/CISMED/Paginas/Listados-de-Medicamentos-con-problemas-de-suministro-Historico.aspx
(5) https://www.who.int/bulletin/volumes/90/3/11-101303/es/
(6) https://www.aarp.org/espanol/salud/farmacos-y-suplementos/info-2014/enfrentar-escasez-medicamentos.html
(7) https://www.eleconomista.es/sanidad/noticias/10362604/02/20/La-falta-de-farmacos-se-duplica-desde-2015-y-el-7-no-tienen-alternativas.html

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