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Día: 16 de marzo de 2020 (página 1 de 1)

La policía detiene a un fascista con explosivos en Luxemburgo

Un fascista de 18 años ha sido detenido en Luxemburgo cuando estaba en posesión de explosivos.

Los había obtenido en internet para fabricar una bomba.

La policía no ha dado el nombre del detenido, al que localizó por su actividad en los foros fascistas de internet. Los medios comentan la intervención de un servicio de inteligencia extranjero que proporcionó información a la policía de Luxemburgo.

El ataque en Hanau del fascista Tobias Rathjen precipitó la acción policial, que decidió actuar tan pronto como regresó de una estancia en el extranjero.

La policía llevó a cabo una búsqueda nocturna y utilizó un ejercicio para justificar su presencia. La casa, el jardín y los campos circundantes fueron registrados. Según los vecinos, la calle fue inaccesible durante horas.

Buscaban escondrijos de armas y explosivos aunque, por el momento, las circunstancias no son claras. La policía sólo comunicó cómo se enteró de las actividades de los fascistas.

Al detenido lo han encerrado en la cárcel de Schrassig después de haber sido oído por el tribunal. Su actividad en los foros fascistas y la presencia de explosivos deja pocas dudas sobre sus intenciones.

Wuhan 400: el virus más mortífero que han inventado los militares chinos

El novelista Dean Koontz
En 1981 una novela de ciencia ficción escrita por un autor estadounidense, Dean Koontz, anticipó una pandemia mundial de virus cuyo foco infeccioso había comenzado en Wuhan (*).

En la primera edición, Koontz llamó al virus Gorki 400, aunque en 2008 lo cambió por otro que ha resultado premonitorio: Wuhan 400, que es mucho más sonoro que el lamentable Covid-19, e incluso que coronavirus.

La novela se titula “Los ojos de las tinieblas”. La publicó inicialmente bajo seudónimo y luego se reeditó en 1989.

Como es natural en la cultura anglosajona, el virus no era de origen natural sino un arma biológica fabricada por los malvados científicos chinos, al servicio del Ejército Popular de Liberación.

Ademas de un mediocre novelista, Koontz es un autor reaccionario, católico y aficionado a las especulaciones paranormales.

El virus novelístico se incuba en 4 horas y es mortal al cien por cien. Nadie se salva a las 24 horas de quedar contagiado.

Uno se puede quedar aterrorizado tanto si ve la televisión como leyendo este tipo de novelas basura.

(*) https://www.amazon.com/Eyes-Darkness-Thriller-Dean-Koontz/dp/0425224864

El capitalismo va de una recesión hacia otra más profunda

La declaración de la ley marcial y las expectativas sobre las vacunas han frenado la caída de las bolsas, beneficiando a las grandes multinacionales farmacéuticas, que esperan presentarse como salvadoras de la humanidad… para ganar mucho dinero a costa de la paranoia.

Hace 12 años, tras la caída que siguió al colapso de Lehman Brothers, las bolsas tardaron seis meses en tocar fondo, por lo que aún hay que esperar nuevas caídas.

Las próximas víctimas serán los fondos de cobertura especulativos, especialmente H2O, una filial de Natixis.

Pero las bolsas, decía Engels, son un mecanismo para que los especuladores se roben el dinero unos a otros. Por sí mismas, no conducen a la crisis. Son necesarios otros factores.

Las cadenas de producción se ha parado. En Barcelona ha afectado a 7.000 trabajadores de Volkswagen y en la República Checa a Skoda. Pero esto se refiere a empresas individuales y, posiblemente, puramente temporales.

Bajo el imperialismo, la característica más importante de la crisis es que son generales, como decía Lenin. No hay nada que se salve de ellas.

Los Estados, que hace 12 años salieron al rescate de los bancos, también están en crisis o, mejor dicho, en bancarrota. Casualmente, es Italia quien, además del coronavirus, padece una epidemia de deudas que no va a poder pagar.

La duda es si la quiebra de Italia arrastrará a toda la Unión Europea, si los países del sur saldrán del euro, se cerrarán las fronteras y volverán las aduanas y los pasaportes. ¿No es el coronavirus la excusa perfecta para ello? “Francia refuerza sus controles con Alemania pero se niega a calificarlos como un cierre de fronteras”, titula hoy la prensa europea.

Bruselas promete “la máxima flexibilidad” y el Banco Central Europeo se dispone continuar emitiendo más deuda, por encima de los 20.000 millones de euros mensuales actuales.

La “ingeniería financiera” seguirá porque ya no les queda ninguna otra vacuna. Van a recomprar más “activos tóxicos” y bonos de gobiernos en quiebra.

Todos hacen lo mismo porque no pueden hacer otra cosa. En Estados Unidos, la excepcional inyección adicional de 150.000 millones de dólares en el mercado monetario se multiplicará por diez.

El Banco Central Europeo seguirá concediendo préstamos a los bancos para que rescaten a las empresas con un tipo de interés preferencial negativo del -0,75 por ciento.

Los índices de seguridad de los bancos se han suavizado y las pruebas de estrés han desaparecido porque en Bruselas creyeron que la crisis de 2008 era “temporal” y que luego todo volvería a ser como antes.

Pero la situación no es como antes sino mucho peor. Muchos bancos van a quebrar. El capitalismo va de una recesión hacia otra más profunda.

Afortundamente, gracias a la pandemia nos están acostumbrando al terror con pequeñas dosis de miedo cotidiano que refuerzan nuestras defensas.

Contagio: las paranoias masivas siempre han justificado el terrorismo de Estado

Mary Mallon fue una de las muchas personas que a lo largo de la historia, a pesar de estar sanas, se la consideró como “portadora de una enfermedad infecciosa” y por lo tanto, transmisora de ella.

Mallon era una trabajadora que no cometió ningún delito, pero fue encarcelada y confinada durante 23 años en un hospital que había en una isla cercana a Nueva York, donde murió. Fue una cuarentena de por vida.

Hace una semana el reportaje de un periódico contaba otra historia parecida, la de Chan Bao, una enfermera de un hospital de Wuhan que fue diagnosticada de coronavirus sobre la base de una exploración torácica. Por lo tanto, no estaba probado que el virus estuviera presente y tampoco presentaba ningún síntoma de ninguna enfermedad. A pesar de estar sana, la confinaron en su casa y la ordenaron que tomara un medicamento antiviral llamado Oseltamivir, más conocido como Tamiflú (que por cierto es un neurotóxico).

Lo mismo que los agotes, Mallon y Bao son mujeres sanas pero las tratan como si estuvieran enfermas, no por ellas mismas sino “por los demás”. En consecuencia, este tipo de situaciones permiten a “los demás” imponerse sobre uno mismo de manera brutal.

Las declaraciones solemnes de derechos humanos dicen que no se puede condenar a nadie que no haya cometido un crimen, pero la letra pequeña dice: excepto si te ponen la etiqueta de que puedes contagiar a otro. Quizá… es posible… Son las consecuencias de la llamada “medicina preventiva”, que se preocupa más por los sanos que por los enfermos.

“Soy inocente. No he cometido ningún crimen… Es injusto. Parece increíble que una mujer indefensa pueda ser tratada así en una comunidad cristiana. ¿Por qué me destierran como un leproso?”, protestó Mallon. Sus quejas no le sirvieron de nada.

Es una condición equívoca que la medicina moderna maneja sin sonrojarse. Los llaman “portadores asintomáticos”, es decir, que no padecen ninguna enfermedad. Sin embargo, la doctrina dice que “transmiten” algo que no tienen, la enfermedad, que es tanto como si nos dicen que pueden vender una vivienda que no es suya.

Según algo que hoy es comúnmente aceptado, a pesar de ser paradójico, la causa no siempre produce el efecto. Según dicen, Mallon tenía la causa (la bacteria Salmonella typhi), pero no tenía el efecto: la enfermedad llamada fiebre tifoidea, que está catalogada como “contagiosa”.

Lo que la doctrina quiere decir es algo distinto a lo que dice, a saber: lo que se contagia no es la enfermedad, sino la bacteria o el virus. Al transmitirla a otras personas, éstas enferman, aunque el “enfermo número 1” no sea tal enfermo sino que esté sano.

Lo malo de este tipo de concepciones equívocas sobre la salud, la enfermedad y el contagio es que la causa (el microbio) no es tal, ya que son muchos en los que aparece y no todos enferman. Por eso a varios científicos del siglo XIX les atribuyen la frase “el microbio no es nada, el terreno lo es todo”.

A ese lema se le ha dado una vuelta de 180 grados: hoy el terreno no es nada, el microbio lo es todo. El terreno somos nosotros mismos, nuestro cuerpo, que es nuestra responsabilidad, pero si echamos la culpa a un microbio, nos quitamos el problema de encima. Aún mejor si ese microbio es de origen chino, mexicano o africano porque nos permite sacar a relucir nuestro racismo y nuestro odio a lo que viene “de fuera”.

Por razones de salud pública, hay que imponer el toque de queda, impedir los contactos, las migraciones, los viajes, el turismo… Todo tipo de reunión colectiva. Hay que cerrar las fronteras, poner barricadas en las carreteras… Volvamos a instalar lazaretos en los puertos… Que cada cual se quede en su casa, en su país…

A lo largo de la historia los contagios siempre han justificado todo tipo de brutalidades, e incluso crímenes, no sólo contra los contagiosos sino contra cualquiera, contra las minorías y los marginados. Ayer un periódico informaba de que en Madrid van a considerar “positivos”, es decir, enfermos, a pacientes sin necesidad de realizarles ninguna clase de pruebas (*). Directamente se les impondrá el confinamiento, como a Mary Mellon, dijo el jueves el Consejero de Sanidad, Enrique Ruiz Escudero, en una rueda de prensa.

No necesitan “pruebas“ de nada. A ellos les importa un bledo si estás sano o enfermo. Aquí no hay ningún problema de salud. La cuestión es si te consideran de una manera o de la otra. Eso es muy funcional porque es la mejor manera de inflar la cifra de enfermos, de muertos y de contagios exponencialmente. Así es como se crea una paranoia de manera artificial.

(*) https://www.eldiario.es/madrid/Comunidad-Madrid_0_1005100590.html

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