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Día: 10 de enero de 2020 (página 1 de 1)

La afiliación sindical alcanza su nivel más bajo en España en 30 años

Las movilizaciones han superado a los sindicatos. El porcentaje de trabajadores afiliados a organizaciones sindicales desciende en los países de la OCDE y en España alcanza su nivel más bajo en 30 años: el 13,7 por ciento de los trabajadores (*).

En España los sindicatos nunca han representado a la clase obrera en las últimas décadas. Sólo han logrado afiliar a un máximo del 20 por ciento de los trabajadores a mediados de los noventa.

En otros países ocurre algo parecido. La media de los 36 países más industrializados del mundo es de una afiliación sindical del 16 por ciento, con un total de 82 millones de trabajadores sindicalizados en 2018: la mitad de lo registrado en 1975.

Los trabajadores no se aflian a un sindicato para defender a sí mismo y a sus compañeros. Afiliarse es como contratar un seguro de abogado para cuando tengas algún problema laboral, algo así como el que asegura su coche “a todo riesgo” o contrata un seguro de hogar.

En la cuota que pagas a sindicato entran otros conceptos. Por ejemplo, los sindicatos han creado cooperativas para construir pisos de protección oficial para sus afiliados. También funcionan como agencias de viaje que hacen precios especiales a sus abonados.

Nada que tenga que ver con la lucha de clases.

Algunos se afilian para disponer de horas sindicales o para que no les despidan (o sea, para que despidan a sus “compañeros”). Sin embargo, las horas sindicales no las tiene que justificar ningún sindicato porque para ser delegado no es necesario estar afiliado a ningún sindicato.

Para los oportunistas la afiliación es una oportunidad para dejar el trabajo, o sea, para cambiar la empresa por el sindicato.

No es una casualidad que cuando menos afiliación sindical hay en las
empresas, más luchas obreras estallan porque los sindicatos están para
frenar las reivindicaciones.

En un país como España que tanto se lamenta de la  corrupción, lo que pasa desapercibido es la corrupción sindical. La condiciones actuales de trabajo resultarían inimaginables si hubiera sindicatos con una pizca de dignidad. Bastaría con una pizca.

(*) https://www.lavanguardia.com/economia/20191222/472401008593/sindicatos-afiliacion-trabajadores-espana-espana-ocde.html

Comienza la campaña de intoxicación contra Irán por el accidente aéreo de Teherán

Un Boeing 737 de las Líneas Aéreas Internacionales de Ucrania que efectuaba el vuelo PS752 de Teherán a Kiev se estrelló el 8 de enero poco después de despegar del Aeropuerto Internacional Imán Jomeini.

No hubo ningún superviviente. El avión transportaba a 176 personas: 82 iraníes, 63 canadienses, 11 ucranianos, 10 suecos, 7 afganos y 3 alemanes.

Según un informe preliminar publicado al día siguiente por la Aviación Civil Iraní, el avión se incendió antes del choque. Los investigadores citan testigos en tierra y personal de otro avión que sobrevoló la zona a gran altura.

El avión regresó al aeropuerto de Teherán debido a un problema técnico antes de estrellarse. Los intercambios de radio con el piloto no sugerirían ninguna situación anormal. Las cajas negras del avión aparecieron dañadas.

Las primeras investigaciones se han transmitido a Ucrania, pero también a Estados Unidos, Suecia y Canadá, que son las nacionalidades de algunas de las víctimas.

El presidente ucraniano Volodymyr Zelensky dijo que el gobierno estaba considerando varias causas para explicar el accidente, pero el de Canadá, Justin Trudeau, dice que el avión fue derribado por un misil iraní que erró el blanco.

El accidente se produjo poco después de que Irán lanzara varios misiles contra las bases militares que albergan a las fuerzas estadounidenses en Irak.

“Tenemos información de múltiples fuentes, incluyendo nuestros aliados y nuestros propios servicios”, lo que indica que el avión fue derribado “por un misil tierra-aire iraní”, dijo Trudeau en una conferencia de prensa. “Puede que no haya sido intencionado”, añadió.

La revista estadounidense Newsweek abunda en lo mismo: el avión fue alcanzado por un sistema de misiles tierra-aire Tor-M1 construido por Rusia, conocido por la OTAN como Gauntlet. Las fuentes que refiere la revista son espías estadounidenses e irakíes.

Según los espías, los sistemas de defensa iraníes se activaron después de la respuesta iraní al ataque estadounidense de la semana pasada que asesinó a Qassem Soleimani en Bagdad.

Irán ha manifestado que no entregará las cajas negras a los estadounidenses. Por su parte Estados Unidos dice que sólo unos pocos países son capaces de descifrarlas y que entre ellas no está Irán, por lo que debe dejar la investigación en manos de terceros.

Memoria histórica: cuando el fascismo es la pescadilla que se muerde la cola

Salvador Puig Antich
Juan Manuel Olarieta

En España siguen ocurriendo cosas como éstas: un juzgado de Madrid condena a Teresa Rodríguez por un mensaje en Twitter en el que llama “asesino” al ministro franquista Utrera Molina que en 1974 no indultó a Puig Antich.

Es un asunto que concierne tanto a la censura como al fascismo, si es que ambas cosas se pueden analizar por separado; pero ahora pasaré por encima del primer aspecto.

Han pasado más de 40 años desde la aprobación de una nueva Constitución y, sin embargo, parece que fue ayer. El fascismo vuelve a la actualidad, unas veces como pesadilla, como un mal sueño, aunque sobre todo vuelve como realidad.

¿Cómo es posible que 40 años después este tipo de asuntos salten recurrentemente, una y otra vez?

Porque no ha cambiado nada, porque España sigue siendo el mismo Estado que se creó en 1939 tras una guerra civil.

El fascismo en España se presenta hoy con dos caras: la de quienes niegan que España sea un Estado fascista y la de quienes lo dicen, pero no saben lo que es fascismo.

No es muy complicado de entender: si hoy España fuera un país democrático no volverían a ponerse encima de la mesa a cada paso ninguno de los problemas de la memoria histórica. Pero como no lo es, es decir, como este país alardea de algo que carece, las trampas salen a relucir a cada paso.

Como, además, los antifascistas no han sido capaces de acabar con el fascismo en la realidad, trasladan su impotencia desde la lucha de clases hacia los tribunales. Quieren que la legalidad (que sigue siendo fascista) les entregue en un juicio lo que no han logrado en las calles.

Esos antifascistas plantean el problema del revés: un Estado (y un país) no se democratiza a golpe de leyes, juicios y sentencias. Es más, si este Estado fuera democrático, no serían necesarias leyes, ni juicios, ni sentencias porque en todo pleito hay dos partes y en un país democrático no es posible un juicio sobre la memoria histórica en el que alguien defienda a la otra parte: al fascismo.

De ahí que todos los juicios sobre la memoria histórica sean como la pescadilla que se muerde la cola, para unos, los fascistas, y para los otros, los antifascistas.

Si España hubiera cambiado, si hubiera habido una transición, no serían necesarias leyes, como la de la memoria histórica. Todos los cargos públicos harían reverencias a quienes como Puig Antich lucharon contra el fascismo, habría monumentos a su memoria, habría calles con su nombre, los juicios franquistas se tendrían por nulos y habrían indemnizado a las víctimas y a sus familiares.

Los verdugos, como Utrera Molina, serían denostados y sería un delito hacer apología de ellos y enaltecerlos.

Sin embargo, está ocurriendo al revés. Los que se sientan en el banquillo son siempre los antifascistas. La ley, los jueces y las sentencias amparan a los verdugos, hasta el punto que la fiscalía considera que el odio al nazismo es un crimen. El Tribunal Supremo condena a los independentistas catalanes por un delito, el de sedición, que es el mismo que imponía el Tribunal de Orden Público a los trabajadores en huelga en los viejos tiempos.

Este tipo de fenómenos ocurren en pleno siglo XXI no por las leyes, ni por los jueces, ni por los fiscales sino porque seguimos viviendo bajo el fascismo, por más que intenten disimularlo.

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