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Día: 8 de enero de 2020 (página 1 de 1)

El nuevo gobierno argentino pretende ser equidistante entre Venezuela y los EEUU

Fernández, en su visita a España en Septiembre de 2019

Diego Herchhoren

«Ni con Trump ni con Maduro, peronistas» parece ser el leit motiv de la política exterior del gobierno argentino de Alberto Fernández, escribe Emiliano Guido en la revista argentina El Destape.

La adhesión de Alberto Fernández al Grupo de Puebla, consumada mientras todavía era candidato presidencial no ha sido casual.
El Grupo de Puebla es una plataforma de organizaciones del continente latinoamericano que contiene una regla estatutaria tácita: ninguno de los ex Jefe de Estado o referentes participantes en el Grupo de Puebla debe identificarse ni con la política hemisférica de los Estados Unidos ni tampoco con la doctrina política regional promovida por la República Bolivariana de Venezuela.
El grupo es una amalgama de depuestos Presidentes latinoamericanos y colaboradores que habrían sacado la conclusión de que quizá fueron demasiado «radicales» durante sus mandatos y que, de acuerdo a ello, hay que rebajar el discurso y la acción política.
Por eso entre sus filas se encuentra el único presidente no latinoamericano cuya presencia es significativa, el español Jose Luís Rodríguez Zapatero, quien desde hace tiempo articula una especie de puente entre América Latina y la UE, como lo hiciera en otros tiempos el ex ministro de Asuntos Exteriores durante el Gobierno de Felipe González, Francisco Fernández Ordóñez, que fue el principal promotor del desembarco de las multinacionales españolas en América Latina durante los años 90.
De esa manera, que a mediados del siglo XX encontraba su síntesis narrativa en la expresión de la derecha peronista: “ni yanquis, ni marxistas”, parece ser la opción política que asumirá Alberto Fernández, quien no ha ocultado nunca que las políticas progresistas más avanzadas de la entonces presidenta Cristina Fernández de Kirchner no eran de su agrado.
Alberto Fernández, antes de ser presidente, viajó a España y se reunió con Pedro Sánchez, encuentro en el que trascendieron dos cosas: que Sánchez le ayudara en las gestiones con el FMI y manifestarle asimismo que por nada del mundo su gobierno, en caso de que saliera elegido, repudiaría el acuerdo Mercosur-UE, que no deja de ser un acuerdo de libre comercio en toda regla y muy criticado por el peronismo cuando estaba en la oposición, en el que Argentina está en desventaja. Actualmente el acuerdo está estancado, y hacen falta votos para desatascarlo.
La equidistancia diplomática de Fernández es tan lamentable que ni siquiera ha aplicado la llamada «cláusula democrática» que
inaugurara Néstor Kirchner durante su gestión al mando de la UNASUR,
que implica que debe romperse relaciones diplomáticas con cualquier
gobierno surgido de un golpe de Estado. Y ahí están los representantes
en Buenos Aires de la golpista boliviana Jeanine Áñez o de Juan Guaidó,
con sus credenciales diplomáticas intactas.
La presencia influyente de Zapatero en América Latina por un lado y el marco ideológico que pretende desplegar Fernández en sus relaciones exteriores por otro no es nada nuevo en el continente. El ex presidente argentino Raúl Alfonsín (1983-1989) y miembro de honor de la Internacional Socialista, también llevó adelante ideas parecidas, y terminó depuesto por un golpe del mercado que provocó en 1989 saqueos a supermercados y una hiperinflación de la moneda nacional que diluyó el poder adquisitivo de los argentinos.
Y es que las ideas conciliadoras entre el capital y el trabajo, tradicionalmente, han acabado mal en la Argentina.

Las fuerzas leales al gobierno libio recuperan Sirte

Milicias yihadistas en Sirte en 2016
Las fuerzas del gobierno de Sarraj, apoyadas por Turquía, han logrado recuperar la estratégica ciudad costera de Sirte después de lanzar un contraataque contra las milicias de Haftar.

Las tropa gubernamentales retomaron varios sitios dentro de Sirte, a la vez que capturaron a varios soldados del Ejército de Liberación del Pueblo Sudanés que combaten en las filas de Haftar.

En este momento, Sirte está de nuevo bajo el control de las fuerzas de Sarraj. Las fuerzas del gobierno han capturado a docenas de soldados, se han apoderado de 20 unidades de equipo militar y han matado a 50 de los que luchaban en las filas de Haftar.

El lunes, las fuerzas de Haftar anunciaron la captura de Sirte tras la retirada completa de la milicia de Misrata de la ciudad. La ofensiva tomó desprevenidas a las fuerzas gibernamentales, lo que jugó un papel importante en su retirada.

La guerra contra Libia la desataron las potencias imperialistas en 2011 por intereses propios, especialmente de Francia, y para complacer a los países del Golfo Pérsico, especialmente a Qatar, enemigo acérrimo de Gadafi.

Como en otras guerras, las ONG tuvieron un papel muy destacado, especialmente Oxfam, en la justificación de la guerra ante los medios de comunicación. El pretexto era impedir la represión de Gadafi cuyo director de la policía era Abdel Fattah Younes.

Unas semanas más tarde, el primero en ponerse al frente de la lucha contra Gadafi era precisamente… Abdel Fattah Younes.

Un manifestante de los ‘chalecos amarillos’ está hospitalizado hemipléjico desde hace un año

Los jueces franceses acusan a un policía por las graves lesiones causadas a un miembro de los “chalecos amarillos” que desde hace un año está hospitalizado en Burdeos hemiplégico.

Le mantuvieron en coma inducido durante 40 días.

La investigación ha durado casi un año. El herido es Olivier Beziade, un bombero voluntario de Bazas (Gironda) que ha quedado con una grave herida en la cabeza después de participar en la jornada IX de las manifestaciones de los “chalecos amarillos”, celebrada el 12 de enero del año pasado.

Al policía le acusan de violencia voluntaria con un arma que causó heridas graves e incapacidad laboral. Es un miembro de la brigada anticrimen (BAC) que disparó un LBD 40 que impactó al manifestante en la cabeza.

Beziade, de 47 años de edad, padre de tres hijos, fue víctima de una hemorragia cerebral y durante 40 días le mantuvieron en coma. La escena fue filmada y difundida en las redes sociales y a la Inspección General de la Policía Nacional no le quedó más remedio que abrir una investigación sobre el pistolero de la policía que, por cierto, sigue de servicio.

La víctima recuerda que también padeció el lanzamiento de una granada antimotines por parte de otro miembro de la policía. Fue un lanzamiento no reglamentario en forma de campana que también está documentado en varios vídeos.

El abogado de la víctima quiere acusar a los jefes superiores de los dos policías que dirigieron la carga y la orden de disparar, que se produjeron en un momento en el que no había ninguna amenaza y Beziade marchaba del lugar de los hechos.

Casi un año después de los acontecimientos, sigue padeciendo graves secuelas, que por el momento le impiden reanudar su actividad profesional.

https://www.lemonde.fr/police-justice/article/2020/01/08/un-policier-mis-en-examen-apres-la-grave-blessure-d-un-gilet-jaune-a-bordeaux_6025166_1653578.html

Los grupos de presión ecologistas llegan a España

El año pasado se creó en Valencia el grupo de presión ecologista llamado “Democràcia en Verd”. Los fundadores fueron el secretario autonómico de Medio Ambiente, Julià Álvaro, y la concejal del PSOE Carmen Sánchez Brufal, junto con miembros de otros partidos y asociaciones.

Su objetivo declarado es “influir en los programas de los partidos de izquierdas” para que las políticas verdes estén siempre en primer plano (1).

Los grupos de presión ecologistas existen en casi todos los países capitalistas, pero hasta ahora no se conocían en España. Desde luego son una buena muestra de que los movimientos seudoecologistas se han asimilado a cualquier otra mafia burguesa y, como tales, resultan ajenos por completo a las formas de funcionamiento de los organismos populares.

Sin embargo, no es nada nuevo porque hace años que los ecologistas vienen funcionado como grupos de presión, según un estudio de la Universidad Carlos III de Madrid (2).

Es un ingrediente más que hay que añadir al batiburrilo característico de los verdes, donde se puede encontrar de todo un poco, o sea, que son “transversales”, por decirlo en la más pura jerga de los estudiantes pijos.

Por ejemplo, el Departamento de Medio Ambiente del Gobierno autonómico vasco lleva un registro de colectivos seudoecologistas que tiene 43 folios repletos con 200 de los más variopintos grupos que cabe imaginar: Amigos de los Árboles, Amigos de los Molinos, Amantes de las Basuras, Cofradía del Cangrejo Autóctono, Gran Fraternidad Universal, Sociedad de Pesca con Mosca, Energía y Amor Universal…

Hay mucho donde elegir porque, a diferencia de otras ciencias, la ecología moderna no es cuestión sólo de científicos sino de toda suerte de apósitos, con una particularidad muy especial: que todo se hace y dice en nombre de la ciencia.

Salvo en la teología, que es la ciencia que estudia a dios y otros entes similares, nunca se había producido nada igual. Hay toda una legión de escribanos y opinadores que podemos dividir en dos grandes tipologías: profesionales y aficionados. Los primeros cobran y los otros lo hacen gratis, “por amor a la naturaleza”.

Cuando alguien te dice que es ecologista no sabes si estás hablando con un partidario acérrimo de la causa, o con una ONG, o con un profesor universitario, o con un cabildero, o con un funcionario del Estado, o con todo ello mezclado en el mismo plato.

Por ejemplo, Francisco Castejón es miembro de Ecologistas en Acción y, al mismo tiempo, es uno de los cinco miembros del Consejo de Seguridad Nuclear. Un antinuclear dentro de un organismo nuclear. Por la mañana está en su despacho oficial y por la tarde se manifiesta en la calle contra sus colegas.

Como es natural, en una mezcla tan abigarrada hay un poco de todo, incluso fondos buitre como Cerberus, que en 2014 compró Renovalia, una empresa de energías alternativas. A su vez la empresa estaba asociada a otro buitre estadounidense, First, aunque luego la mitad de las acciones acabaron en las garras del más buitre de entre los buitres, BlackRock, que las revendió hace un par de años (3).

Aunque todos rezan la misma plegaria, en la seudoecología hay capitalistas y anticapitalistas, empresas y sindicatos. Hay ministerios y colectivos de barrio, pasando por instituciones municipales, autonómicas o internacionales. Hay partidos políticos, pero también fundaciones benéficas y cooperativas. Las hay de tamaño mundial y local, públicas y privadas. Hay organizaciones gubernamentales y no gubernamentales (lo que no hay son antigubernamentales), con ánimo de lucro o sin él. Unas están por el desarrollo y otras por el subdesarrollo. Hay ONG que han pasado de sus preocupaciones originarias a las ecológicas, o se ocupan de ambas, como Oxfam o los movimientos pacifistas, convertidos en ecopacifistas…

Es imposible vivir en el siglo XXI y no ser ecologista. La humanidad no comparte una misma religión, ni una misma ideología política, ni una misma marca de coche, pero todos tenemos eso en común: somos ecologistas. Pero para que no dejemos de serlo nunca necesitamos un poco de presión externa.

(1) https://www.diarioinformacion.com/politica/2019/02/25/nace-lobby-ecologista-influir-programas/2121895.html
(2) https://www.docsity.com/es/los-ecologistas-como-grupo-de-presion/2871648/
(3) https://cincodias.elpais.com/cincodias/2018/11/30/companias/1543604180_702159.html

El capitalista que violaba y torturaba reiteradamente a los trabajadores

Un capitalista violador y torturador
Ayer el empresario Hugo Larrosa fue juzgado en Chile y condenado como autor de la violación de un trabajador cometida entre los años 2012 y 2015.

La sentencia dice (1) que el capitalista agredió a un trabajador “con golpes de pies y puños”. Le retorció los brazos “para reducirlo, mordió su oreja, le dio azotes con cinturones, lo golpeó con sacos de arroz, además de introducirlo en el interior de un basurero y envolver su cuerpo con cinta adhesiva”.

A un trabajador lo desnudó frente a sus compañeros, lo besó en la boca y le tocó los genitales y el ano.

El capitalista es dueño de la empresa “Don Hugo” y a su fábrica la televisión chilena la llamó la “fábrica del terror”. A “Don Hugo”, el capitalista, le dio el apelativo de “empresario torturador”.

Los abusos sexuales de Larrosa fueron revelados por un reportaje emitido por la cadena chilena 24 Horas, en el que los trabajadores del empresario relataban las agresiones que sufrían de parte del patrono, que eran grabadas por otros trabajadores a petición del dueño.

Hay decenas de grabaciones que muestran golpes con los puños, nalgadas y correazos a los trabajadores.

La audiencia para la lectura de la sentencia se ha fijado para el sábado de la semana que viene y para el empresario la pena podría oscilar entre los 10 y 15 años de cárcel.

El tratamiento de la noticia en la prensa chilena no tiene desperdicio. Los medios hablan de que la víctima es un “extrabajador”, a pesar de que el delito se cometió durante el trabajo (“en el interior de la empresa”, dice la sentencia) y también camuflan su trascendencia mediante el empleo del eufemismo típico del “abuso”, cuando se trata de violaciones en toda regla.

También destacan que el empresario no es chileno sino argentino que, además de una muestra de xenofobia, es una manera de sacudirse la responsabilidad de encima. Este tipo de crímenes responden a la dominación de clase y, muy especialmente, son frecuentes en el caso de las trabajadoras.

Tampoco son una cuestión “de género” y por eso el feminismo burgués oculta un problema que es dramático. Detrás de eufemismos como “abuso” o “acoso” lo que se ocultan son violaciones.

En 1993 una encuesta de la Oficina de Estadísticas del Canadá dedujo que el 6 por ciento de las trabajadoras declararon haber sufrido al menos una forma de acoso sexual en el trabajo en el año anterior. A lo largo de toda la vida laboral, el 23 por ciento de las trabajadoras, es decir, 2,4 millones, informaron de que habían sufrido acoso sexual en el lugar de trabajo.

Otra encuesta del Instituto de Estadística de Quebec de 1998 expuso que el 8 por ciento de las trabajadoras y el 2 por ciento de los trabajadores declararon haber sido objeto de palabras y gestos sexuales no deseados en su lugar de trabajo en los 12 meses anteriores a la encuesta (3). Como muestra la encuesta, los delitos sexuales no son consecuencia de eso que la sociología gringa califica como “género”, sino de la dominación propia de una clase social sobre otra.

Las estadísticas ocultan el problema de clase y lo reconvierten en algo de “género” cuando se dirigen exclusivamente a las trabajadoras. Cautivos del feminismo burgués, los sindicatos también incurren en la deformación de clase. Por ejemplo, en 2008 la Confederación Sindical Internacional aseguró que en la Unión Europea entre un 40 y un 50 por ciento de las trabajadoras habían sido acosadas sexualmente (4). El informe no dice absolutamente nada de los trabajadores, como si el problema no existiera.

Los eufemismos pervierten tanto el problema de clase como el sexual. La OIT dice que este tipo de crímenes se cometen “en el lugar de trabajo”, ocultando que los violadores son los patronos y que se cometen dentro y fuera del lugar de trabajo.

Naturalmente, las violaciones de las trabajadoras quedan fuera del radio de acción del feminismo burgués (por evidentes motivos de clase).

(1) https://www.elmostrador.cl/media/2020/01/LARROSA-VEREDICTO.pdf
(2) H.Johnson, Le harcèlement sexuel au travail, Perspective, Statistique Canada, pgs.11 a 15.
(3) R.Arcand, F.Labrèche, S. Stock, K. Messing, y F. Tissot, Travail et santé, Enquête sociale et de santé 1998, Institut de la statistique du Québec, 2000, capítulo 26, pgs. 525 a 570.
(4) https://www.ituc-csi.org/IMG/pdf/Harcelement_FR_12pgs_BR.pdf

Ante el auge de las movilizaciones obreras, los países de Latinoamérica se apresuran a subir los salarios

A quienes continuamente se lamentan de que las luchas y las potestas no sirven para nada: en Latinoamérica el salario mínimo subirá este año en casi todos los países para prevenir el auge de las movilizaciones populares que se ha producido en Ecuador, Colombia, Chile y otros.

En Argentina poco pesó el aumento a finales del año pasado del 35 por ciento, ya que el salario mínimo al cambio de hoy es de 267,8 dólares, una cifra que en pesos (16.875) es inferior a la anterior (12.500), cuando el tipo de cambio de entonces equivalía a 272,9 dólares, por la fuerte depreciación que hubo en los meses previos.

El martes Brasil subió un 4,1 por ciento el salario mínimo desde 998 reales (unos 249 dólares) hasta 1.039 reales (unos 260 dólares) en 2020, por encima de la tasa de inflación del año y superior al previsto en el presupuesto, mientras que en Colombia el alza fue del 6 por ciento en diciembre y se fijó en 877.803 pesos colombianos mensuales (unos 269 dólares), un monto que se complementa con un subsidio de transporte de 102.854 pesos (unos 31,6 dólares).

En el caso de Ecuador, a fines de diciembre se anunció un incremento de 6 dólares en el salario básico, que se sitúa en 400 dólares mensuales para este año; en Bolivia -que aún no ha definido el porcentaje de aumento salarial para 2020- es de 304 dólares, y en Paraguay, que actualiza entre junio y julio el salario mínimo, aumentó ese pago un 3,8 por ciento en 2019 hasta los 2.192.839 guaraníes (unos 339,13 dólares).

A principios de año Uruguay también aumentó un 4,33 por ciento las remuneraciones mensuales mínimas de los trabajadores, que se sitúan ya en 16.300 pesos uruguayos o 428 dólares, mientras que Chile mantendrá hasta marzo próximo el actual mínimo salarial, que en la última subida pasó de 288.000 pesos chilenos (unos 385 dólares) a 301.000 pesos (unos 400 dólares).

En Perú el salario mínimo es de 930 soles (unos 281 dólares) y no ha sufrido ninguna modificación desde marzo de 2018, cuando se elevó en 80 soles (unos 24 dólares).

En octubre pasado Venezuela fijó el ingreso mínimo y para el cierre de 2019 representaba 3,21 dólares de acuerdo con la tasa oficial del Banco Central y unos 2,77 dólares a la tasa del mercado paralelo.

El jornal mínimo que entró en vigor el 1 de enero en México representó un aumento del 20 por ciento al pasar de los 102,68 pesos diarios (5,45 dólares) a 123,22 pesos diarios (6,54 dólares), mientras que en la zona libre de la frontera norte, vecina a Estados Unidos, donde el año pasado se duplicó el salario, pasó de 176,72 pesos (9,38 dólares) a 185,56 pesos (9,85 dólares).

A su vez, en Estados Unidos el salario mínimo subió el primer día del año en 21 estados y 26 ciudades y condados, lo que beneficiará a cerca de 6,8 millones de trabajadores.

Los primeros trabajadores en beneficiarse de este aumento fueron los que trabajan en la ciudad de Nueva York, que desde este martes deben recibir un pago de al menos 15 dólares por hora, mientras que en el resto del estado es de 11,80 por hora.

En total serán 24 estados y 48 ciudades y condados los que aumenten sus salarios mínimos en algún momento de este año, y otros 4 estados y 23 ciudades y condados llegarán a la ansiada cifra de 15 dólares la hora.

En Panamá entrará en vigor el próximo 15 de enero un ajuste promedio del 3,3 por ciento al ingreso mínimo, que estará vigente durante dos años, y para la gran empresa de las áreas metropolitanas y principales ciudades panameñas el salario mínimo será de 528 dólares y en el interior del país de 432 dólares.

Costa Rica aprobó en octubre un aumento de los salarios mínimos del sector privado para este año del 2,53 por ciento, y un adicional de 2,33 por ciento para el servicio doméstico.

Tras aplicarse los aumentos en Guatemala, los trabajadores del sector no agrícola percibirán unos 351,72 dólares al mes y los de la actividad exportadora y de maquila, 331,13 dólares mensuales. El Salvador no aprobó ningún aumento para 2020.

Como consecuencia de la crisis, Nicaragua mantiene inalterado ese salario desde septiembre de 2018, año en que aumentó un 10,4 por ciento con respecto a 2017, y en la actualidad es de 6.166.22 córdobas (unos 182,21 dólares).

Cuba aplicó en julio el más reciente incremento en beneficio de 2,7 millones de trabajadores del sector público con lo que el salario mínimo quedó en 400 pesos cubanos (unos 16,6 dólares). Además, el salario medio mensual por trabajador se elevó desde 767 pesos cubanos (unos 30,6 dólares) a 1.067 pesos (44,4 dólares).

Ese mismo mes República Dominicana dispuso un incremento del 14 por ciento al salario mínimo en el sector privado, el único al que por ley tiene derecho a aplicar. En las consideradas grandes empresas el ingreso mínimo se fijó en unos 335,4 dólares al mes, en las medianas unos 230,6 dólares y en las pequeñas unos 204,3 dólares.

Para Puerto Rico, un colonia de Estados Unidos, se definió el salario mínimo en 7,25 dólares la hora, excepto para los trabajadores exentos que pueden cobrar menos. La Cámara de Representantes de ese territorio iniciará este mes la discusión de un proyecto de ley que busca aumentarlo.

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