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Día: 5 de enero de 2020 (página 1 de 1)

Asesinato del general Soleimani: más leña al fuego de Oriente Medio

El asesinato del general iraní más conocido, Qassem Soleimani, hace temer una nueva guerra entre Estados Unidos y sus aliados e Irán y los suyos, involucrando a Oriente Medio en su conjunto.

El ataque también mató a Abu Mahdi Al-Muhandis, subcomandante de la milicia irakí Hashid Al-Shabi. “El asesinato de un comandante militar irakí en un cargo oficial se considera una agresión contra Irak… y la liquidación de destacadas personalidades irakíes o de un país hermano en suelo irakí es una violación masiva de nuestra soberanía”, dijo el Primer Ministro irakí Adel Abdul Mahdi, quien agregó que el doble asesinato supone “una peligrosa escalada que encenderá la mecha de una guerra destructiva en Irak, la región y el mundo”.

En el momento del ataque, Trump participaba en una rueda de prensa, que abandonó rápidadamente para no tener que responder a las preguntas de los periodistas. No le habían preparado las respuestas que tenía que exponer.

Las notas oficiales llegaron después. Según ellas el ataque fue una respuesta a un ataque previo con cohetes contra la base militar K1 cerca de Kirkuk el 27 de diciembre. En el mismo murió un subcontratista militar estadounidense.

Los detalles de ese ataque son más que oscuros y el ejército irakí todavía los está investigando. Ningún grupo ha reivindicado aún la autoría del mismo y Estados Unidos no ha querido dar el nombre, ni la empresa para la que trabajaba el subcontratista fallecido.

La presencia de mercenarios en Irak, como el fallecido, sirve para falsear la abrumadora presencia imperialista en Medio Oriente. El New York Times, por ejemplo, reconoce sólo 5.000 tropas estadounidenses en Irak, pero no incluye a los subcontratistas.

Además, ambas muertes, la de un mercenario privado y la de un general del ejército iraní, no se pueden poner en el mismo plano. Estados Unidos no ha matado a Suleimani para vengar la muerte de un mercenario, por más que estuviera a sueldo del Pentágono.

Por otro lado, el ejército estadounidense ya había respondido a su muerte lanzando cinco ataques diferentes en Irak y Siria a finales de diciembre que mataron a unas 30 personas, lo que hizo que los manifestantes irakíes irrumpieran en la embajada estadounidense en Bagdad.

El asesinato de un general de otro país es, claramente, un intento de tensar la cuerda, característico tanto en Washington como en Tel Aviv, para lo mismo que vienen intentado desde 2001: remodelar el mapa de Oriente Medio para sostener la hegemonía del imperialismo en la región.

El asesinato de Soleimani se produce sólo unos meses después del fracaso de un intento israelí similar. Según el Times de Israel, a principios de octubre el Mosad planeó excavar un túnel bajo un sitio religioso asociado con el padre de Soleimani para provocar una explosión bajo el edificio cuando él estuviera dentro y luego tratar de desviar la responsabilidad para iniciar una guerra religiosa. Los asesinos habían preparado unos 500 kilos de explosivos (*).

Los planes de provocar explosiones subterráneas bajo santuarios musulmanes fueron característicos de los israelíes en el pasado. El nuevo plan se elaboró después de que en 2018 los medios de comunicación israelíes informaran de que Trump había dado a Israel luz verde para asesinar al Soleimani.

El periódico kuwaití Al-Jarida, una conocida plataforma israelí para transmitir mensajes a otros países de Oriente Medio, confirmó que existía un acuerdo entre Estados Unidos e Israel para apuntar a Soleimani como la amenaza más importante para los intereses de ambos países de la región.

Netanyahu y la cúpula sionista no se han hartado de provocar la guerra con Irán, pero no se bastan para ello con sus propias fuerzas. Ni siquiera les basta con el apoyo de Estados Unidos. Necesitan también a sus más fieles secuaces: los saudíes. Sin embargo, ahora que Estados Unidos mata a Soleimani, Israel permanece relativamente silencioso. Sólo se regocijan en privado porque no las tienen todas consigo.

(*) https://www.timesofisrael.com/iran-says-it-foiled-israel-arab-plot-to-assassinate-top-military-commander/

Ataques con cohetes contra bases imperialistas en Bagdad

Anoche se produjeron dos ataques casi simultáneos en la Zona Verde de Bagdad y en una base aérea irakí que alberga a soldados estadounidenses al norte de la capital. Según el mando militar irakí, no hubo bajas en ninguno de los dos ataques.

Dos proyectiles de mortero impactaron en la Zona Verde de Bagdad, donde se encuentra la embajada estadounidense, que fue atacada el martes por una multitud, dijeron funcionarios de seguridad irakíes y de la Zona Verde.

Al mismo tiempo, a menos de 100 kilómetros al norte, dos cohetes Katyusha cayeron en la base aérea de Balad, una enorme base irakí que alberga soldados y aviones estadounidenses. Inmediatamente después de los disparos, los aviones no tripulados estadounidenses volaron sobre la base para misiones de reconocimiento.

Esta semana Estados Unidos ha desplegado tropas adicionales para proteger su cancillería cuando el sentimiento antimperialista se ha encendido en Irak con el asesinato del general iraní Qassem Soleimani y de Abu Mehdi Al-Mouhandis.

Los llamamientos a la venganza se multiplican tanto en Bagdad como en Teherán. Desde finales de octubre, trece ataques con cohetes han tenido como objetivo los intereses estadounidenses en Irak, llegando incluso a matar a un subcontratista americano el 27 de octubre en una base del centro petrolero del país.

Nadie ha reivindicado, pero Washington culpa de los ataques a Hashd al-Shaabi, una milicia integrada en el ejército irakí.

La deriva pone de relieve que el motivo de la presencia de las tropas del Pentágono en Irak no tiene nada que ver con el Califato Islámico. Estados Unidos no tiene otro enemigo que Irán y las fuerzas que se oponen a su presencia militar en Irak desde hace 15 años.

El comandante del Cuerpo de Guardianes de la Revolución Islámica de Irán ha advertido que tienen a su alcance al menos 35 objetivos de Estados Unidos en Oriente Medio.

La atmósfera no es un invernadero

El año pasado dos científicos griegos, K.A.Vorotsos y N.M. Efstathiou, publicaron en la revista Journal of Atmospheric and Solar-Terrestrial Physics un artículo contrastando los modelos climáticos existentes con los registros empíricos de temperaturas obtenidas de datos satelitales. El título llama la atención (“¿Ya ha llegado el calentamiento mundial?”), aunque lo más sabroso está en la conclusión final que ambos deducen del contraste:

“En base a nuestros datos, y teniendo en cuenta la complejidad del sistema climático y las incertidumbres de los modelos climáticos, no es posible sostener la tesis de que el calentamiento global, con un efecto invernadero creciente, está causado por las actividades humanas” (1).

Los datos a los que se refieren los autores proceden de la troposfera y la estratosfera, fueron tomados por la NOAA y están accesibles en internet (2). Consisten en valores medios mensuales de eso que llaman “anomalías de temperatura”, sobre la media del periodo 1981-2010.

Las mediciones alcanzan el periodo de 1978 a 2018, es decir, 40 años en total.

Ambos científicos concluyen con varias afirmaciones que ya sabemos de antemano, pero que es importante subrayar: los modelos climáticos son erróneos, la realidad atmosférica es más compleja de lo que dichos modelos suponen y, finalmente, no se le puede atribuir un régimen uniforme de evolución de las temperaturas, ni de calentamiento ni de enfriamiento.

La atmósfera no es un invernadero; en todo caso, habría que hablar de varios invernaderos, cada uno de ellos con una evolución diferente de la temperatura. Por ejemplo, la troposfera se ha calentado en los últimos 40 años, pero no todas sus capas lo hacen a la misma velocidad. El calentamiento decrece con el aumento de la altitud a un ritmo del orden de 0,10 grados centígrados aproximadamente por década, es decir, de manera casi inapreciable.

Incluso la tropopausa (a unos 10 kilómetros de altitud) no se calienta en absoluto, lo cual también se sabía de antes, a pesar de lo cual los modelos climáticos siguen diciendo lo contario, incluidos aquellos sobre los que se apoya el IPCC.

Pero hay más errores aún. Según las hipótesis corrientes, las variaciones de temperatura en la troposfera están relacionadas con las variaciones de temperatura en la estratosfera o, en otras palabras, la troposfera influye en la estratosfera.

Es otra suposición errónea: el régimen térmico de la troposfera depende, según Vorotsos y Efstathiou, de la dinámica del ozono estratosférico, ya que la baja estratosfera sigue una dinámica opuesta a la troposfera: se está enfriando, mientras la troposfera se está calentando, como también se sabía de antes por mediciones tomadas con el lanzamiento de globos sonda.

La baja estratosfera se enfría a un ritmo de -0,29 grados centígrados y el comportamiento disociado de ambas regiones de la atmósfera conducirá -más temprano que tarde- a arrinconar en el desván la tesis del “efecto de invernadero” y, naturalmente, la obsesión por las emisiones de CO2.

La densidad de CO2 no afecta al cambio en las temperaturas atmosféricas y si tuviera alguna influencia, sería insignificante.

Es una obviedad recordar ahora que la realidad siempre es más compleja que cualquier modelo, por bueno que sea. A mayor abundancia, cuando el modelo falla más que una escopeta del feria, las previsiones acaban en el ridículo.

En consecuencia, el inminente informe que va a emitir el IPCC será una nueva colección de absurdos, pero habrá que aguantar la marejada de quienes siguen haciendo pronósticos sobre las temperaturas y sus consecuencias que jamás se van cumplir.

(1) https://doi.org/10.1016/j.jastp.2018.10.020
(2) https://ghrc.nsstc.nasa.gov/hydro/?q=msu#/?_k=lqx4os

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