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Día: 23 de diciembre de 2019 (página 1 de 1)

La crisis se agudiza en Argelia tras la muerte del jefe de Estado Mayor del ejército

El jefe del Estado Mayor del ejército argelino, el general Ahmed Gaid-Salah, acaba de morir de un paro cardíaco en el hospital militar de Ain Naadja, donde le ingresaron anoche.

El general tenía 80 años y su muerte ha sido anunciada en un comunicado oficial.

La muerte de Gaid-Salah trastorna todos los cálculos del gobierno argelino, que había basado la operación de sucesión de Abdelaziz Buteflika en la hoja de ruta impuesta por el el fallecido.

La muerte se produce apenas tres días después de la toma de posesión del nuevo presidente de la República, Abdelmadjid Tebboune, que le concedió una medalla en señal de agradecimiento por haberlo cooptado como Jefe del Estado.

Tebboune ha anunciado tres días de duelo y se enfrenta al espinoso problema de la sucesión, en un contexto marcado por tensiones internas que se vieron exacerbadas por las últimas elecciones presidenciales, ampliamente boicoteadas y en las que altos funcionarios quisieron apoyar a un candidato distinto al elegido por Gaid-Salah.

Tan pronto como Tebboune llegó al poder, se planteó la cuestión de si iba a mantener al antiguo jefe del ejército al frente del mismo y en el puesto de Viceministro de Defensa Nacional, o incluso nombrarlo ministro titular, a pesar de su avanzada edad, o si prescindiría de sus servicios a petición suya, después de haberse cubierto las espaldas para no preocuparse a su vez por la justicia, dadas las revelaciones del diputado Baha-Eddine Tliba sobre los numerosos casos ilegales en los que están implicados sus hijos.

El general Said Chengriha, jefe de ejército de Tierra, debería suceder a Ahmed Gaid-Salah, aunque sólo sea por un período de transición, el tiempo necesario para restablecer la unidad interna en un Estado Mayor debilitado por la gestión del hombre que lo mantuvo durante quince largos años, durante los cuales sirvió y protegió a Buteflika.

Argelia se enfrenta a su mayor crisis desde la independencia, con movilizaciones populares que se han reproducido todas las semanas desde comienzos de año.

Rusia – Polonia: hoy como en vísperas de la Segunda Guerra Mundial

Estamos en pleno siglo XXI y Rusia y Polonia se siguen culpando mutuamente del estallido de la Segunda Guerra Mundial, como en 1939. El sábado intercambiaron comunicados oficiales en los que se acusan mutuamente de distorsionar la historia y “socavar” las relaciones bilaterales.

“Con preocupación e incredulidad acogemos las declaraciones de los representantes de la Federación Rusa, incluido el Presidente Vladimir Putin, sobre la génesis y el curso de la Segunda Guerra Mundial, que tergiversan los acontecimientos”, dijo el Ministerio de Asuntos Exteriores polaco en una larga declaración en su sitio oficial de internet.

Es como si el tiempo no hubiera pasado. En lugar de seguir el camino emprendido por Gorbachov y Yeltsin, Putin da marca atrás, “renueva la propaganda estalinista” y “desperdicia el esfuerzo conjunto de los expertos polacos y rusos y los logros de sus predecesores, Mijaíl Gorbachov y Boris Yeltsin, quienes, a pesar de las dificultades, habían tratado de buscar un camino de verdad y reconciliación en las relaciones polaco-rusas”.

Según el gobierno polaco, durante la Segunda Guerra Mundial su país no sufrió a causa del III Reich sino de la URSS, para lo cual se puntan al carro de las miles de víctimas del “totalitarismo bolchevique” que, como todas las demás cifras, nadie puede saber de dónde han salido. El gobierno de Varsovia estima en 566.000 el número de víctimas polacas de la “represión soviética”.

El domingo, una portavoz del Ministerio de Asuntos Exteriores ruso consideró a Polonia como “el principal protagonista en la adopción de las sanciones europeas contra Rusia” y la acusó de “socavar“ las relaciones a través de “una retórica agresiva y la demolición de monumentos a los luchadores contra el fascismo”.

La semana pasada, en una evocación de los orígenes de la Segunda Guerra Mundial, Putin culpó a las potencias occidentales y a Polonia, antes de denunciar la sucia resolución del Parlamento Europeo sobre la “memoria europea”, adoptada en septiembre, que ponía en pie de igualdad al comunismo y al nazismo.

El jueves en una reunión de los presidentes de la Comunidad de Estados Independientes y en su conferencia de prensa anual al día siguiente, Putin denunció el “increíble cinismo” de ese tipo de resoluciones.

“¡La gente no sabe leer ni escribir! Que lean los documentos de la época, que vean cómo se firmó el llamado Acuerdo de Munich en 1938, cuando los dirigentes de los principales países -Francia, Gran Bretaña- firmaron un acuerdo con Hitler sobre la división de Checoslovaquia, en el que también participó Polonia”, dijo Putin.

Lo mismo que a la Unión Europea, a Polonia tambien se le vala boca y la repugnante propaganda anticomunista que emiten sus portavoces oficiales no sólo contradice la historia, sino que es fascismo, el de 1939 y el de toda al vida.

Fuerzas productivas, relaciones de producción y redes eléctricas inteligentes

Los problemas más importantes del sector energético no proceden, como suponen los seudoecologistas, de la producción eléctrica y los combustibles utilizados en ella, fósiles o no, sino de la distribución, de la red eléctrica.

Las redes eléctricas inteligentes suponen grandes inversiones públicas y privadas y un nuevo desarrollo de las fuerzas productivas.

Una central eléctrica genera energía de manera continua, pero el consumo es intermitente. No es posible almacenar la energía hasta que se consuma. La electricidad cuenta con una naturaleza particular: tiene que consumirse simultáneamente al momento de su generación. La energía que no se consume suele perderse.

Una vivienda que no esté enganchada a la red eléctrica puede utilizar paneles solares, un aerogenerador, una batería o un generador de gasoil. Los dos primeros producen electricidad si hace sol o viento. Si producen en exceso, pueden almacenar una cierta cantidad de electricidad recargando la batería para utilizarla en otro momento. Si, por el contrario, no tienen suficiente, tienen que recurrir a la batería y, en caso necesario, encender el generador de gasoil.

El uso de la batería tiene un coste: por un lado, se pierde parte de la energía almacenada, por el otro, la batería agota su periodo de vida útil. De igual manera, el uso del generador supone comprar diesel.

Se trata de adecuar la oferta a la demanda de manera que no haya superproducción (sobrecarga de la red) y, al mismo tiempo, se cubran los picos de demanda. La equiparación de la oferta con la demanda ahorra energía, ahorra costes económicos y reduce las emisiones de CO2, pero eso es lo de menos: en una sociedad capitalista lo que realmente importa es que aumenta los beneficios de los grandes monopolios suministradores. Según un informe publicado por el Foro Económico Mundial, la digitalización del sector podría ahorrar hasta 1,2 billones de euros hasta 2025 en todo el mundo (*).

Las redes eléctricas inteligentes (“smart grids”) son una duplicación de las tradicionales, a las que se suma una red de transmisión de datos para su control. Son una muestra del desarrollo de las fuerzas productivas en ambas esferas. En la primera han aparecido los nuevos métodos de generación de electricidad, llamados verdes o sostenibles. El segundo es el desarrollo de la informática, la inteligencia artificial, las bases de datos, el 5G y la telemática.

El desarrollo de las fuerzas productivas ha colisionado con las relaciones de producción: los viejos monopolios de la energía, que se sostuvieron sobre grandes centrales de producción eléctrica. Por el contrario, hoy las nuevas técnicas permiten que cualquiera pueda producir energía, es decir, que el consumidor sea productor al mismo tiempo, e incluso que pueda comercializar el exceso de electricidad que no consume por sí mismo.

El punto de gravedad ha pasado de la producción a la distribución y los grandes monopolios energéticos empiezan a competir también en dicho terreno.

Por ejemplo, un vehículo eléctrico se puede enganchar a la red (“vehicle to grid”, V2G) no sólo para recargar la batería, sino para que otros puedan utilizar la carga que tiene almacenada. A comienzos del año pasado el gobierno británico financió con 34 millones de euros 21 proyectos de V2G en todo el país, pero a las subvenciones públicas se añaden las privadas de los grandes monopolios de la automoción, como Renault y Nissan que se han asociado a la eléctrica italiana Enel.

Es un trayecto en las dos direcciones. Con las redes eléctricas ocurre lo mismo que con la redes sociales, que han convertido a cada usuario de internet en periodista. Hoy el desarrollo técnico permite instalar pequeños generadores de energía en las viviendas, las farolas de las ciudades, en la red ferroviaria, en las señales de tráfico o en los postes de las autovías para recargar los vehículos eléctricos (V2G).

Desde 2017 la Comisión Europea reconoce las “comisiones locales de energía”. Hasta seis millones de personas se autoabastecen de energía en Alemania, que España no facilita para proteger a los grandes monopolios eléctricos.

Las redes eléctricas inteligentes requieren una segunda tecnología de vanguardia: los contadores (“smart meters”) que permiten conocer el consumo en tiempo real y transmiten los datos a distancia a un ordenador capaz de acoplar la oferta con la demanda. El contador es, pues, un terminal conectado a la red eléctrica tanto como a internet (“internet de las cosas”, IoT). Un informe de Cisco indicó que las redes eléctricas inteligentes harán un uso intensivo de las comunicaciones, con hasta 50 GB transmitidos a diario.

En Barcelona el proyecto piloto europeo SmartNet utiliza los repetidores de Vodafone, que se conectan y desconectan de la red automáticamente.

Naturgy, una empresa que antes se llamaba Gas Natural, ha creado el proyecto Osiris de red inteligente, especialmente diseñado para detectar averías. La misma empresa tiene en marcha también el proyecto Redes 2025 para desarrollar alternativas a la red de distribución eléctrica española para 2025.

Iberdrola ha instalado más de diez millones de contadores inteligentes. A través del proyecto Star ha transformado la red analógica tradicional y la ha digitalizado y automatizado para crear redes inteligentes.

(*) http://reports.weforum.org/digital-transformation/electricity-an-industry-ready-for-digitization/

Rusia derrota a Estados Unidos y se gana a los países europeos con la construcción del gasoducto Nord Stream 2

Justo después de las últimas sanciones contra Rusia, aprobadas por la Cámara de Representantes y el Senado esta semana, un titular de la agencia Bloomberg habla de “derrota” (*). La contrucción del gasoducto Nord Stream 2 que llevará gas ruso a Alemania a través del Báltico está a punto de entrar en funcionamiento.

Las sanciones llegan demasiado tarde, dice Bloomberg. El director general de Gazprom, Alexei Miller, lleva meses asegurando que han cruzado “el punto de no retorno” y que nada hará descarrilar el proyecto. “Suponemos que Nord Stream 2 se completará estrictamente en el plazo previsto”, dijo a los accionistas.

Además, Rusia ha llegado a un acuerdo con Ucrania para relanzar el viejo gasoducto terrestre. A falta de un gasoducto, habrá dos.

En este punto Rusia ha ganado la partida, lo cual sólo ha sido posible porque Alemania así lo había querido. Así se explica que Trump diga que Alemania está “cautiva de Rusia”, mientras el país sigue ocupado por tropas estadounidense desde 1945.

Berlín regala a Rusia “miles de millones de dólares”, dicen en Washington. En febrero, en una visita a Polonia, el secretario de Estado Mike Pompeo, dijo que Nord Stream 2 “canalizará el dinero a los rusos de una manera que socava la seguridad nacional europea”. Por dicho motivo, ya están pensando en apretar las tuercas en otros proyectos energéticos rusos, que ponen de manifesto la burda intoxicación mediática sobre el contubernio entre Putin y Trump.

Las presiones no han servido de nada; Estados Unidos se aleja de Francia tanto como de Alemania.

Las nuevas sanciones estadounidenses se dirigirán a los gerentes de las empresas que operan los buques que colocan el oleoducto y también tendrán como objetivo obstaculizar la capacidad de estas empresas para llevar a cabo el proyecto. Además de Gazprom estamos hablando de cinco empresas energéticas europeas, incluyendo a holandesa Royal Dutch, la suiza Allseas Group o la francesa Engie.

En total, afirma Bloomberg, “unas 350 empresas están participando en la construcción del enlace submarino, incluyendo la empresa suiza Allseas Group SA, cuyos barcos están colocando el último tramo del oleoducto en aguas danesas”.

(*) https://www.bloomberg.com/news/articles/2019-12-18/u-s-concedes-defeat-on-nord-stream-2-pipeline-officials-say

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