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Día: 4 de diciembre de 2019 (página 1 de 1)

‘Exigimos cambios para poder tener un futuro’, gritan los estudiantes en las calles de India

Vijay Prashad

El 18 de noviembre estudiantes de la Universidad Jawaharlal Nehru (JNU) de India marcharon hacia el parlamento de Nueva Delhi como parte de las grandes protestas contra el alza en las tarifas estudiantiles. Cuando los estudiantes comenzaban la marcha, la policía de Delhi la declaró ilegal. A medida que los estudiantes persistían, la policía comenzó a detenerles y golpearles. Otrxs continuaron, sin dejarse intimidar por la represión. La policía atacó a los estudiantes y los golpeó brutalmente. Shashibhushan Pandey se sacó sus gafas oscuras y dijo “Soy ciego”, a lo que un policía respondió “¿Por qué vienes a la protesta si eres ciego?”

La Unión de Estudiantes de la JNU (JNUSU) —que ha dirigido la campaña contra la destrucción de la educación pública— mostró que se han regalado enormes cantidades de dinero a grandes empresas mediante rebajas de impuestos y mediante préstamos que no han sido devueltos, mientras los estudiantes se ven forzados a pedir dinero a sus familias, endeudarse o abandonar su educación. Las prioridades de un gobierno que privilegia las rebajas de impuestos a la clase capitalista mientras debilita el potencial de estudiantes son las de una civilización que ha perdido el rumbo. En la octavilla para la Gran Marcha al Parlamento, la JNUSU planteaba dos cuestiones fundamentales: “Exijamos si el 99% puede estudiar o no. Preguntemos por qué los impuestos del 99% son gastados solo en el 1%”. La respuesta la dieron las botas, los palos y el vehículo lanza agua de la policía. La presidenta de la JNUSU, Aishe Ghosh, quien fue detenida ese día, se dirigió a las redes sociales para decir que los golpes y el acoso “no ayudarán a acallar nuestras voces”.

La etiqueta de esta serie de protestas es #FeesMustFall (las tarifas deben bajar), un eco del grito en todo el planeta, de las protestas estudiantiles contra las alzas en las tarifas desde Sudáfrica a Chile. ¿Por qué los gobiernos están aumentando las tarifas y haciendo tan cara la educación superior? Primero, el ataque a la educación superior es parte de una amplia política de austeridad, en la que los gobiernos recortan los gastos sociales de sus presupuestos —salud, cuidado de los mayores, mitigación de la pobreza, educación— para evitar aumentar los impuestos que deben pagar las grandes empresas. Segundo, ha quedado claro que la educación pública, y las organizaciones estudiantiles de estas instituciones, son lugares importantes para desafiar la irracionalidad de las políticas neoliberales y neofascistas. Se está planteando que la deuda disciplinará a los estudiantes para que se dediquen más a sus propias carreras —para ser capaces de pagar la deuda— que a asuntos de gran relevancia política.

Pareciera que la interpretación más estrecha de la educación gobierna a los políticos; ven la educación como parte de una construcción de carrera individual, no como parte de la construcción de la sociedad. La tendencia básica del capitalismo es convertir la educación en una mercancía, y no permitir que sea un recurso común. Si la educación se mercantiliza, los estudiantes son reducidos a ser mercancías; la sensibilidad de explorar ideas y la insistencia de imaginar un mundo nuevo basado en valores humanos se erosionan entre los estudiantes. El impacto sobre los profesores refleja el de los estudiantes, ya que los profesores son empujados a enseñar más e investigar menos, a enseñar más y a discutir menos sobre valores políticos básicos (como se ha establecido explícitamente en el borrador de la Política Nacional de Educación del gobierno de India). Prabhat Patnaik, profesor emérito de la JNU, sostiene correctamente que “una comunidad académica que se ve obligada a enseñar e investigar excluyendo la defensa de las libertades y derechos, ni siquiera tendrá éxito al enseñar o investigar. Esto requiere libertad de pensamiento y expresión; la negación de esas libertades perjudica también a la enseñanza y la investigación. Y sin embargo, no hay ninguna mención de estos requisitos en todo el informe, aunque están siendo atacados actualmente, con la amenaza constante a la academia de cargos bajo las leyes de sedición”. El pensamiento se seca, las universidades y las escuelas se vuelven desiertos intelectuales.

El 29 de noviembre, los estudiantes de Pakistán tomarán las calles; los asuntos que los convocan son muy similares a los que presionan a los estudiantes indios. Sobre el levantamiento estudiantil, el historiador Ammar Ali Jan escribió acerca de la “ausencia de principios”, la ausencia de un programa claro que “acecha nuestro presente, con la confusión y el cinismo bloqueando la posibilidad de políticas transformadoras”. En el Festival Faiz organizado por el Colectivo de Estudiantes en Lahore, Arooj Aurangzeb, Mohsin Abdali y otros cantaron consignas revolucionarias por nuestra esperanza de romper con el cinismo y la confusión y encontrar el camino hacia la transformación. El poema cantado en el vídeo es de Bismil Azimabadi; los versos son poderosos:

Cantar sobre el sacrificio no es metafórico. Esta semana fue el 25 aniversario del asesinato de cinco estudiantes y militantes por la juventud en Kerala: KK. Rajeevan, KV. Roshan, K. Shibulal, K. Madhu, and C. Babu. Estos militantes de la Federación de la Juventud Democrática de India y de la Federación de Estudiantes de India lucharon para defender y expandir la educación pública. Fueron asesinados por el gobierno de derecha debido a sus esperanzas.

Una semana antes de que los estudiantes indios marcharan al parlamento, delegados de 60 organizaciones, sindicatos y partidos políticos se reunieron en Brasilia (Brasil) para la cumbre de los BRICS de los Pueblos. La declaración de cierre del encuentro captura el núcleo de lo que los estudiantes estaban diciendo en Delhi: exigimos cambios para poder tener un futuro. La idea de un “futuro” es fundamental en nuestros tiempos. El pensamiento neoliberal tiende a sostener que vivimos en un eterno presente; que el “futuro”, un concepto tan utópico, ya no es posible. En otro artículo reciente, Prabhat Patnaik desarrolla la famosa cita de Marx: “Los filósofos no han hecho más que interpretar de diversos modos el mundo, pero de lo que se trata es de transformarlo”. Marx, escribe, no apuntaba a dos actividades separadas: interpretación y acción. Más bien, Marx sostenía que un tipo de intelectual interpreta el mundo “atrapado en la visión de mundo que existe”; y otro tipo de intelectual interpreta el mundo “desde un punto de vista que implica la construcción de una imagen de un mundo alternativo diferente al suyo”.

Los programas de acción que van más allá de los contornos del presente, que están enmarcados por las contradicciones del capitalismo, necesariamente tendrían que confrontar los límites del sistema. La financiación adecuada para el sector social, incluyendo la educación superior, no está disponible en este sistema, no porque sus gerentes no sepan sobre los bajos niveles de financiación, sino que porque están decididos a no entregarlos. Luchar por el futuro —la revolución— requiere de luchas constantes por el presente —reformas—. “La revolución”, escribe Prabhat Patnaik, “es el resultado de un compromiso incondicional con la reforma, aunque el resultado tiene que ir necesariamente más allá de la reforma específica”. El resultado es, como dicen los BRICS de los Pueblos, el futuro.

Cuando las reformas se acercan a los límites calcificados de lo que es permisible —como la nacionalización de los recursos—, entonces las persianas de la civilización se cierran. En la declaración de cierre de la cumbre de los BRICS de los Pueblos aparece la frase “guerras híbridas”. En nuestro dossier n. 17 (junio de 2019) desarrollamos el término para referirnos a “una combinación de guerra no convencional con la insurgencia de actores de la sociedad civil, que abarcan así fuerzas estatales y una variedad de actores no estatales”. El golpe contra el gobierno de Bolivia el 11 de noviembre fue conducido precisamente a través de la estrategia de la guerra híbrida. Había una lucha de larga data, de casi trece años, para socavar la política gubernamental de nacionalización de los recursos, parte de la cual era conducida directamente por la embajada de EE.UU. (En 2007, cuando unos magnates mineros estadounidenses querían conocer al vicepresidente de Bolivia, el embajador estadounidense Philip Goldberg dijo: “Lamentablemente, sin dinamita en las calles es difícil que la embajada o las mineras internacionales puedan lograr incluso ese pequeño objetivo”). Sin dinamita en las calles: todo fue transformado en arma el año pasado, incluyendo a la Organización de Estados Americanos (60% de cuyo presupuesto es pagado por Estados Unidos), los generales bolivianos (muchos de los cuales fueron entrenados en EE.UU.) e incluso intelectuales y dirigentes de ONG.

Una de las aristas de la guerra híbrida es la batalla por la información. Una víctima de esta guerra híbrida es el reconocimiento de los enormes avances hechos en Bolivia por el gobierno del Movimiento Al Socialismo (MAS), dirigido por Evo Morales Ayma. Fue como si Morales y su gobierno se hubieran buscado este golpe, y no fuera un golpe contra la nacionalización de recursos dirigido por una camarilla neofascista dentro de Bolivia (ahora culpable de una masacre en Senkata). Contra ese desprecio casual —y pedante— hacia el trabajo del gobierno del MAS, Roxanne Dunbar-Ortiz, Ana Maldonado, Pilar Troya Fernández y yo escribimos “Carta a intelectuales que desprecian revoluciones en nombre de la pureza”. Nuestra carta es sobre el ritmo de las revoluciones y sobre la centralidad del socialismo indígena y feminista para los procesos revolucionarios en Bolivia y Venezuela. Aquí un breve extracto del ensayo:

Estos procesos revolucionarios no solo han tenido que funcionar dentro de las reglas de la democracia liberal, sino que al mismo tiempo han debido construir un nuevo marco institucional a través de las comunas y otras formas. Fue ganando las elecciones y haciéndose cargo de las instituciones del Estado que la revolución bolivariana pudo dirigir sus recursos hacia un aumento del gasto social (en salud, educación, vivienda) y hacia un ataque directo contra el patriarcado y el racismo. El poder del Estado, en manos de la izquierda, fue utilizado para construir estos nuevos marcos institucionales que extienden el Estado y van más allá de él. La existencia de estas dos formas: instituciones democráticas liberales e instituciones socialistas feministas, ha hecho estallar el prejuicio de la “igualdad liberal” ficticia. La democracia, reducida al acto de votar, obliga a los individuos a creer que son ciudadanos con el mismo poder que cualquier otro ciudadano, independientemente de sus posiciones socioeconómicas, políticas y culturales. El proceso revolucionario desafía este mito liberal, pero aún no ha logrado superarlo, como se puede ver tanto en Bolivia como en Venezuela. Se trata de una lucha por crear nuevo consenso cultural en torno a la democracia socialista, una democracia que no está basada en un “voto equivalente” sino en una experiencia tangible de construcción de una nueva sociedad.

https://www.thetricontinental.org/es/newsletterissue/newsletter-48-2019-educacion/

Las formas contemporáneas de eclavitud asalariada: la limpieza de coches a mano

Marcin trabaja doce horas al día, seis días a la semana, a veces siete. Es un tipo alto que no se queja. Desde hace quince años, este polaco ha estado lavando coches a mano en el Magic Hand Car Wash del sur de Londres.

Rocíe con un producto de limpieza, limpie una vez, luego una segunda vez, enjuague con un chorro de agua a presión, luego comience de nuevo con el siguiente coche, todo sin guantes o botas en este día de noviembre… A 6 libras (7 euros) el lavado y el doble de la cantidad para limpiar también el interior, un precio muy competitivo.

Marcin es un símbolo del capitalismo británico, donde el sector informal, a menudo alimentado por la mano de obra inmigrante. La evolución de la limpieza de coches en Reino Unido es una verdadera parábola, que narra el problema de la explotación en el país, las condiciones de trabajo, la inmigración procedente de Europa del este, e incluso de la esclavitud moderna.

En quince años los rodillos de lavado automático de las gasolineras han desaparecido prácticamente del país, sustituidos por el lavado a mano. Es un raro ejemplo de un comercio robado. En este sector, en Reino Unido, los hombres son más competitivos que las máquinas. Hemos pasado de una industria con uso intensivo de capital a una industria con uso intensivo de mano de obra.

Brian Madderson de la Car Wash Association (CWA), que representa a las empresas oficiales del sector, dice que se enfrentan a la competencia desleal de los pequeños lavaderos de coches que no pagan el IVA, el salario mínimo, las cotizaciones sociales. En las gasolineras, las máquinas de limpieza aparecen abandonadas y sustituidas por un grupo de personas que hacen el trabajo a mano.

Al menos mil estaciones de limpieza automática han tenido que cerrar en la última década, sabiendo que la inversión en rodillos automáticos cuesta casi 50.000 euros.

El Hand Car Wash del sur de Londres es un buen ejemplo de esta economía gris. Atascada en el patio trasero de un pequeño edificio, instalado durante años, la empresa parece oficial. Los paneles muestran los precios, se propone un sistema de tarjetas de fidelización. Pero el pago es sólo en efectivo y los cuatro trabajadores -dos portugueses, un rumano y otro polaco- cobran de su jefe albanés en dinero negro.

Al principio, Marcin ganaba 20 libras al día (23 euros), una miseria. Ahora está orgulloso de su salario: 400 libras (469 euros) por semana. Son casi 2.000 euros al mes. Suficiente para permitirle regresar a Polonia de vez en cuando, ver a su familia y ahorrar algo de dinero. Ahora habla bien el inglés, se asegura de pagar sus impuestos y prefiere no hacerse demasiadas preguntas sobre los cuatro o cinco jefes diferentes que se han sucedido misteriosamente a la cabeza del pequeño lavadero de coches.

En Reino Unido hay unas 4.000 estaciones de lavado automático, en comparación con las 10.000 a 20.000 que hay a mano. El problema no es la regulación. El salario mínimo, de 9,61 euros (8,21 libras por hora), se aproxima al de Francia (10,03 euros), las normas medioambientales exigen la instalación de determinados filtros para el vertido de aguas residuales y se regulan las horas extraordinarias.

Pero en Hand Car Wash no se respeta ninguna ninguna de esas regulaciones. Marcin supera con creces el límite máximo de 48 horas de trabajo por semana, y en términos de ingresos por hora, su salario es de alrededor de 5,50 libras, un tercio menos que el mínimo legal.

Eso parece ser lo normal. Un estudio del lavado de coches en Nottingham y Leicester mostró que, en promedio, los veinticuatro trabajadores que pudieron entrevistar cobran un 14 por ciento menos que el salario mínimo.

El Estado hace la vista gorda

La explicación es la falta de aplicación de las regulaciones. Los organismos responsables de su cumplimiento son ineficaces. No están interesados. Tanto más cuanto que la supervisión está fragmentada: la agencia de medio ambiente es responsable de las aguas residuales, otra se ocupa de las violaciones de la legislación laboral, las autoridades fiscales británicas. Diez años de austeridad han reducido a menudo su personal y sus medios de acción son muy limitados.

La vista gorda de los servicios públicos da lugar a una verdadera esclavitud moderna. En agosto de 2015 el destino de Sandu Laurentiu atrajo la atención de los medios de comunicación. El rumano, que trabajaba en el lavadero de coches Bubbles en el este de Londres, murió electrocutado mientras se duchaba en el pequeño apartamento que compartía con cinco colegas encima del lavadero de coches en el que trabajaba. El dueño había manipulado los sellos y el calentador de agua eléctrico del baño estaba en un avanzado estado de deterioro.

Los trabajadores inmigrantes se sienten atraídos por los salarios. Pero al llegar a Europa los jefes les confiscan sus pasaportes, aconsejan a los recién llegados que no confíen en la policía y les infunden terror. A veces se abren cuentas bancarias a nombre de los trabajadores, a quienes se les obliga a firmar papeles que no entienden, y contraen préstamos a su nombre, sin su conocimiento.

El año pasado se creó una aplicación móvil para denunciar los abusos. En seis meses fue utilizada 2.300 veces; en 930 casos, los detalles enviados por el trabajador indicaban casos de esclavitud moderna.

Una tolerancia evidente

A principios de la década de 2000 el lavado de coches británico era similar a los del resto de Europa Occidental. ¿Por qué este cambio? A raíz de la crisis capitalista, el mercado laboral se ha vuelto mucho más flexible: las normas no han cambiado mucho, pero los contratos son precarios.

En 2004 una ola de inmigrantes de Europa del este llegó cuando diez países se unieron a la Unión Europea. Para muchos de ellos la limpieza de coches fue el primer punto de contacto. Incluso hoy en día, la gran mayoría de la mano de obra sigue procediendo de estos países.

La tolerancia evidente de la esclavitud contribuye a la catastrófica productividad de Reino Unido, que es un 23 por ciento menor que la de Francia y un 26 por ciento menor que la de Alemania.

Si el país ha crecido relativamente bien desde 2012, se debe principalmente al aumento de su mano de obra: cada vez más británicos e inmigrantes trabajan. Por otro lado, cada trabajador produce poco. Los lavaderos de coches han creado puestos de trabajo pero han destruido inversiones. El polaco Marcin encarna la economía británica moderna.

Los nazis ucranianos están en las manifestaciones de Hong Kong

Los nazis ucranianos están en las manifestaciones en Hong Kong. Entre ellos hay miembros del Batallón Azov y de Sector Derecho que acaban de organizar “cursos de protesta callejera” en Kiev.

Los nazis portan la ropa de un grupo llamado “Gonor” (Honor). Uno de ellos, Serhii Filimonov, escribió el sábado en su perfil de Facebook que “Hong Kong nos ha dado la bienvenida como padres”, compartiendo un vídeo suyo y de otros nazis en las calles de Hong Kong.

Filimonov es uno de los dirigentes en Kiev del Cuerpo Civil de Azov, un grupo de apoyo del Batallón del mismo nombre Azov que opera tras el camuflaje de una ONG civil.

“La lucha por la libertad está al lado de Hong Kong”, dijo Filimonov en otro de sus mensajes, posan enmascarado junto a los manifestantes de Hong Kong.

Entre los personajes del vídeo y las fotos publicadas al día siguiente se encuentran Ihor Maliar, un veterano del Batallón Azov con un tatuaje de “Victoria o Valhalla” en el cuello, y Serhii Sternenko, que dirige la sección de Odessa del Sector Derecho, donde prendieron fuego a la Casa Sindical el 2 de mayo de 2014, asesinando a 42 personas.

El grupo “Gonor” fue fundado por Filimonov en 2015. Se identifica por una versión estilizada del “tridente”, un símbolo antiguo adoptado por los ucranianos neonazis que representa tres puñales. Muchos también llevan tatuada la svástica.

Dos de los nazis ucranianos posaron frente a la Universidad Politécnica de Hong Kong, donde 2.000 estudiantes fueron detenidos y la policía confiscó miles de armas, incluyendo bombas de gasolina y explosivos.

A principios del mes pasado, Filimonov, Sternenko y Maliar hablaron en un “curso de protestas callejeras” organizado en Kiev, cuyos carteles mostraban un cóctel molotov con el logotipo “Gonor”.

En Facebook la página ucraniana “Hong Kong Free Centre” dedicada a la defensa de los miembros de Gonor y el viaje del lunes por la tarde al Extremo Oriente indica que los dos movimientos forman parte del mismo entramado nazi. Trata de los vínculos entre las manifestaciones de Hong Kong y las ucranianas de 2014, con las palabras “paraguas” y “dignidad” en su estandarte, recordando así el nombre que los manifestantes de Hong Kong dieron a las manifestaciones de 2014, consideradas como precursoras de la desestabilización actual, y el que los nazis ucranianos utilizaron para justificar el golpe de Estado de 2014.

El lunes el Centro salió en defensa de Gonor, afirmando que eran “militantes ordinarios” y que “ya no están vinculados al movimiento Azov”.

“Nos aseguraron que ahora se oponían realmente al nazismo y a la otra forma de ideología fascinante del Sector Derecho”, escribieron.

No está claro el papel de los ucranianos en Hong Kong. Sin embargo, hay que destacar el trabajo preparatorio para el levantamiento de 2014 en Ucrania y las manifestaciones de 2019 en Hong Kong a través de la National Endowment for Democracy (NED), es decir, del Departamento de Estado y la CIA.

En los tres años previos al golpe de estado de 2014, sólo la NED gastó 14 millones de dólares en la preparación de Maidan. En Hong Kong la NED lleva operando con sus secuaces desde mediados de la década de los noventa, incluso antes de que el Imperio Británico devolviera el territorio a los chinos.


– Vídeo de Facebook donde se ve a los nazis ucrainianos en las manifestaciones de Hong Kong (https://web.facebook.com/serhii.filimonov.98/videos/160773771798497/)

– Lo mismo en Youtube (https://www.youtube.com/watch?v=OaR_dWutfu8)

La política del clima en Estados Unidos: republicanos, demócratas y manipulación del Senado

En otras entradas ya hemos hablado de James Hansen, un investigador estadounidense al que podemos tomar como modelo de los derroteros que está siguiendo la ciencia en la época moderna. Los lectores que no estén suficientemente avisados quedarán impresionados al saber que Hansen fue director del Instituto Goddard de Estudios Espaciales, un laboratorio de la NASA. Seguramente les impresionará mucho menos saber que también se sentaba en los consejos de administración de varios grandes bancos, como Salomon Brothers o Lehmann Brothers, antes de la quiebra.Son las dos caras de la misma moneda. Su faceta científica nos abruma; la de banquero nos repugna, pero nos debemos quedar con ambas para entender lo que está ocurriendo: cuando hablamos de clima no hablamos sólo de ciencia, ni de científicos, sino de otras cosas que nadie se preocupa de poner encima de la mesa, e incluso que se tratan de ocultar. Sin embargo, para conocer la luna hay que visitar sus dos caras: la que vemos y la que no vemos.

El Instituto Goddard de Estudios Espaciales, donde Hansen trabajó desde 1967, es una dependencia de la NASA, otra institución que, además de ciencia, fabrica toda clase de leyendas. Al principio se especializó en la atmósfera de Venus y luego en la de la Tierra. En 1995 le nombraron para ocupar un sillón en la Academia de Ciencias de Estados Unidos y en 2006 la revista Time dijo que era una de las 100 personas más influyentes que había en el mundo.

En 1987 publicó su primera reconstrucción de la temperatura media mundial (1), que abarcaba casi un siglo, de 1880 a 1985 dándole la vuelta a la tortilla por completo: el planeta no se enfriaba sino todo lo contrario.

Para imponer un vuelco de esas dimensiones entre los científicos no basta sólo con artículos científicos; hace falta política y al año siguiente de publicar el suyo, Hansen estaba delante del Comité de Energía y Recursos Naturales del Senado de Estados Unidos exponiéndoles a los parlamentarios el Gran Dogma de la Posmodernidad que hoy es ampliamente conocido.

En 1988 había elecciones. Reagan tenía que dejar la Casa Blanca en manos de Bush y fue un senador demócrata, Timothy E. Wirth, quien llevó a Hansen de la mano a un sitio al que ni él ni su ciencia podían llegar por sí mismos. En 1990 Wirth fue el artífice de la aprobación de la Ley de Aire Limpio y algunos años después el monopolista Ted Turner le financió la creación de dos tinglados, la Fundacion de las Naciones Unidas y el Fondo Better World. Wirth también dirigió la delegación de Estados Unidos que impuso al mundo el famoso Protocolo de Kyoto para reducir la emisión de los gases llamados “de efecto invernadero”.

Aquel año electoral los senadores de Estados Unidos fueron los primeros en escuchar doctrinas que ahora nosotros escuchamos cada día: las emisiones de gases de efecto invernadero, en particular de CO2, enviadas a la atmósfera durante décadas por la industria, conducen a una elevación significativa de las temperaturas. “No se trata de una amenaza vaga, incierta y lejana”, dijo Hansen, “sino de una realidad cuyas consecuencias comprobaremos en la próxima década”.

Aquella década pasó, lo mismo que han pasado otras dos más. Hansen les dijo a los senadores que esos años iban a ser los más calientes de los últimos 100.000 años, pero se produjo una paradoja: aquel invierno hizo un frío espeluznante en Estados Unidos. Una tormenta de nieve mató a 400 personas y a la prensa le preocupó más aquella evidencia que las predicciones de Hansen.

La elección de aquel escenario fue un error, pero los padrinos de Hansen no desafallecieron. Una audiencia así era mejor convocarla en verano. Le organizaron otra el 23 de junio de 1988 y para reforzar el mensaje, su padrino, el senador Wirth, paralizó el aire acondicionado del salón de sesiones, según reconoció 30 años después en una entrevista: “Lo que hicimos fue ir la noche anterior y abrir todas las ventanas. Lo admito, ¿verdad?, para que el aire acondicionado no funcionara dentro de la habitación y, cuando se celebró la audiencia, felizmente, en la sala no sólo había dos veces más cámaras de televisión, sino que hacía mucho calor […] Así cuando Hansen prestó declaración, estaba la televisión y el aire acondicionado de la habitación no funcionaba. Lo que ocurrió ese día fue una conjunción perfecta de acontecimientos, con un magnífico Jim Hansen secándose la frente sentado en la mesa de los testigos y prestando una notable declaración” (2).Los senadores asistieron agobianos y asfixiados y Hansen repitió su discurso anterior: el planeta empezaba a calentarse. Las olas de calor, como la que asolaba a Washington, serían más frecuentes y en 2020 se duplicarán, al igual que otros eventos climáticos extremos, afirmó.

Al terminar la audiencia, la prensa se dirigió a Wirth (y no a Hansen), quien manifestó algo muy característico del balance de las opiniones climáticas en aquel momento, mucho menos clara que la actual: las tesis de su invitado, admitió, se encontraban “en la frontera de la ciencia”. Aún no se hablaba tan claro como ahora.

El gráfico de la evolución de las temperaturas medias que Hansen presentó a los senadores mostraba más de un siglo de evolución, con uno de sus trucos típicos: a la serie histórica le añadió la media de los cinco meses del año en curso, lo que suponía un impactante efecto visual en el que las temperaturas se disparaban hacia arriba.

Esta vez la cobertura de los medios de comunicación fue espectacular porque iba acompañada de otra cadena de truculencias que ahora ya son carcterísticas: aquel verano iba a ser el más caluroso de Estados Unidos y matará entre 5.000 y 10.000 personas, mientras que la sequía iba a causar casi 40.000 millones de dólares en pérdidas.

Al año siguiente se repitió la comedia, aunque esta vez de la mano de otro personaje demócrata que entonces no era famoso, Al Gore, que se encargó del interrogatorio. En un momento dado del esperpento, una de las respuestas de Hansen sorprendió al joven senador demócrata, quien se puso un poco agresivo: “¿Por qué contradice su testimonio escrito?” El científico responde: “Porque no he escrito el último párrafo de esta sección. Se ‘añadió’ a mi declaración”.

Décadas después Hansen explicó lo ocurrido. Antes de comparecer ante el Senado tuvo que presentar su declaración por escrito a los jefes de la NASA que, a petición de la Oficina de Gestión y Presupuesto (una sucursal de la Casa Blanca dentro de la NASA), corrigió numerosos apartados. Luego Hansen tuvo que pasar el segundo filtro antes de ir al Senado: tuvo que enviar a Al Gore por fax los pasajes que habían sido modificados y sobre los cuales quería que le preguntara.

Como ya hemos explicado en otra entrada, quien comparecía ante el Senado no era un climatólogo, sino la NASA, que quería aportar a los senadores un proyecto político surgido en la Casa Blanca, disumulada tras un apariencia científica, aséptica.

El destino fue cruel para Hansen y lo será aún más en el futuro. Hoy sus exposiciones seudocientíficas nos resultarían de lo más normales, pero hace treinta años sonaban muy apocalípticas y, además, los demócratas que le llevaban de la mano perdieron las elecciones. Ganó Bush y los republicanos empezaron a cargar la munición de sus armas, poniendo a Hensen y a la NASA contra las cuerdas en los debates políticos.

Por un momento pareció que las nuevas tesis iban a quedar sepultadas. “Hansen contra el mundo sobre los peligros del efecto invernadero”, tituló la revista Science en 1989 para saltar al ruedo (3), poniendo de manifiesto que en aquel momento las nuevas tesis seguían siendo minoritarias y que la batalla era sustancialmente política por la propia manera en que han montado tinglado: las batallas políticas se llevan al terreno científico porque las decisiones políticas hay que vestirlas con una apariencia científica. De esa manera muchos científicos han caido en la trampa que les han tendido y otros se sienten muy a gusto y recompensados por ello.

Entonces los negacionistas eran la inmensa mayoría. Aún en 2007 el propio Hansen reconocía que sus colegas se habían tomado su hipótesis con “reticencia” (4) y en 2013 volvió a la carga para tratar de “dejar las cosas claras” (5). Muchos años después de su intervención en el Senado las cosas seguían sin estar claras y él se ofrecía para aclarárnoslas.

Es evidente que, por más que pretendan aparentar unanimidad dentro de la “comunidad científica”, se arrastran más de 30 años de aclaraciones continuas.

(1) J.Hansen, I. Fung, A. Lacis, D. Rind, S. Lebedeff, R. Ruedy, G. Russell y P. Stone, Global climate changes as forecast by Goddard Institute for Space Studies three-dimensional model, Journal of Geophysical Research, vol. 93, pg. 9341, http://dx.doi.org/10.1029/JD093iD08p09341.
(2) www.pbs.org/wgbh/pages/frontline/hotpolitics/interviews/wirth.html
(3) http://www.columbia.edu/~jeh1/mailings/2015/Kerr.1989.HansenVsWorldOnGHThreat.Science.pdf
(4) https://courses.seas.harvard.edu/climate/eli/Courses/global-change-debates/Sources/Greenland-collapse-and-icestream-acceleration/Hansen-2007.pdf
(5) http://www.columbia.edu/~jeh1/mailings/2013/20130415_Exaggerations.pdf

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