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Día: 27 de noviembre de 2019 (página 1 de 1)

Y finalmente el volcán entró en erupción

Darío Herchhoren

Cuando los volcanes entran en erupción se anuncian con explosiones y lanzamientos de humo, gases y lava, y esto es lo que está sucediendo socialmente en América Latina.

En efecto, todo comenzó a calentarse con las elecciones primarias en Argentina, que anunciaron un triunfo rotundo de las candidaturas de Alberto Fernández y Cristina Kirchner, y que fue confirmada posterioremente por el brillante resultado en primera vuelta (no fue necesaria una segunda) de esa opción y la humillante derrota del macrismo y su ideario neoliberal. Pero esa derrota del macrismo hay que leerla dentro de un marco continental, que vuelve tozudamente a expresarse en términos de izquierda, tras la tragedia que significó para los argentinos y para el bloque popular el triunfo de Mauricio Macri, con su ideología de los «Chicago Boys» de Milton Fridman.

A partir de esa derrota, se produjeron en Ecuador grandes manifestaciones contra las politicas macristas que venía aplicando Lenin Moreno, cada vez más escorado a la derecha, y que a raíz de los graves hechos en Quito, le obligó a trasladar el gobierno a Guayaquil, ante la imposibilidad de controlar la capital que estaba prácticamente tomada por los manifestantes.

En Brasil, y dentro de la misma erupción, se produjo la liberación de Lula, luego de pasar maś de 500 días encarcelado bajo una acusación de corrupción que nunca pudo ser probada, y que movilizó a millones de brasileños. El Tribunal Supremo de Brasil, ante la presión popular no tuvo más opción que liberar a Lula, aunque siempre se supo que no había prueba alguna contra él. Esto significó una grave derrota para Jair Bolsonaro, un ex militar fascista e ignorante, y de su ministro de justicia, Moro que antes había sido el que mandó a encarcelar a Lula.

En Chile hay manifestaciones desde hace un mes, con un número de muertos que ya superan los 20, con innumerables heridos y con miles de detenidos y gente que ha perdido la visión de un ojo por disparos de perdigones efectuados por los carabineros, un cuerpo históricamente brutal y criminal, con una larga lista de abusos a sus espaldas. Allí el presidente Sebastián Piñera, un ex funcionario de la dictadura cívico militar de Pinochet se jactaba de la paz social de que disfrutaba Chile.

Pero nunca dijo que esa paz se obtuvo mediante el terror impuesto al pueblo chileno mediante torturas, encarcelamientos y desapariciones, y que ahora como se dice por aquellos pagos «la vaca se les hizo toro».

Y ahora nos toca Bolivia. Allí se ha producido un golpe de estado cívico militar, que mediante violencias, torturas y amenazas ha conseguido desplazar del gobierno a Evo Morales, auténtico líder popular que había ganado las elecciones en primera vuelta hace pocos  días, en octubre pasado. Pero a pesar de todo,  el nuevo e ilegal gobierno boliviano, no consigue hacerse con el control del país, y en las calles se está librando una batalla entre los sectores más politizados de las clases humildes, y la fuerza bruta ejercida por la policía y el ejército.

Llama la atención dos cosas en la tragedia boliviana. La primera, es la falta de información y la deformación y manipulación de esa información, y la segunda, es la ingenuidad de Evo Morales que no supo ver que el ejército no estaba depurado ni tampoco la policía, y que en todo momento creyó en la legalidad construida, sin alcanzar a ver que esa legalidad no estaba construida para que el pueblo de Bolivia instaurara  el socialismo.

Vamos con la primera. Se informa que los habitantes de El Alto marcharon hacia La Paz en demanda de justicia y contra la asonada militar. Hay que decir que la ciudad de La Paz, es la sede del gobierno de Bolivia, pero su capital es Sucre, y que La Paz está construida en un valle. El Alto es una meseta que está a mucha más altura que La Paz, de ahí su nombre, y que es allí donde está el aeropuerto de La Paz. Lo que se llama pomposamente ciudad de El Alto fue en un principio una serie de chabolas, allí llamadas Villas Miseria, y que en un principio se construyeron en forma caótica, pero con el tiempo se fueron trazando las calles y la construcción se hizo con materiales de mejor calidad.

Y se construyó de la nada una verdadera ciudad, que está habitada en su inmensa mayoría por trabajadores pobres, que han sido enormemente beneficiados por las políticas inclusivas puestas en práctica por Evo Morales.

La segunda dijimos que era la ingenuidad de Evo Morales. He visto una entrevista que Rafael Correa, ex presidente de Ecuador le hace a Evo en el canal Rusia Today, que es un canal ruso en español y que transmite para España y América Latina. En esa entrevista Correa le hace la pregunta obvia, que es ¿cómo te confiaste en el ejército? A lo cual Evo contestó que conocía a algunos oficiales patriotas, y que confió en que iban a respetar al pueblo y que no se alzarían contra alguien elegido democráticamente.

Craso error. Los ejércitos de América Latina se formaron ideológicamente en la Escuela de las Américas en Panamá, donde oficiales superiores yanquis, les inculcaron las ideas de la guerra fría, y donde se les dijo que había un enemigo interno, que eran los trabajadores y campesinos, donde había un frente interno que había que cuidar contra ese enemigo.

Allí se enseña a torturar y a matar y a desaparecer. Baste  decir que de esa escuela salieron Videla, Banzer, Pinochet, Massera y toda una pléyade de criminales. Hay que aprender que esos ejércitos están hechos a la medida de los intereses del imperio y de sus servidores nativos, y que nada hay que esperar de ellos, y que las leyes y las constituciones de América Latina, están hechas para defender esos mismos intereses, y que si se quiere hacer una nación justa, libre y soberana hay que crear unas nuevas fuerzas armadas, y hacer nuevas leyes que defiendan a los marginados y a los desposeidos.

Los niveles de CO2 atmosférico nunca han sido tan reducidos en la historia de la Tierra como ahora

La crisis climática es como las olimpiadas: siempre se baten los registros anteriores. Cada día la temperatura sube un poco; cada día hay más CO2 en la atmósfera; cada día el nivel de los mares sube… Nunca baja nada.

Un reciente artículo de Kaos en la Red sigue el tópico: “Nuevo récord mundial de emisiones de CO2”, titula (1). Es más falso que una moneda de tres euros. Lo que el artículo quiere decir (y no alcanza) es que la concentración de CO2 en la atmósfera es máxima, según las mediciones de la Organización Metereológica Mundial.

Sin embargo, ocurre al revés: los niveles de CO2 atmosférico nunca han sido tan bajos en la historia de la Tierra como ahora. En el Precámbrico la tasa de CO2 fue de varias decenas de miles de ppm y en el Fanerozoico (hace 541 millones de años) fue entre 15 y 25 veces mayor que en la actualidad.

Desde que se aisló del aire a finales del siglo XVIII, los científicos han realizado mediciones directas de la concentración atmosférica de CO2 que se preocuparon de documentar. Como todas las mediciones, unas son mejores que otras, pero ponen de manifiesto que en 1825, 1857 y 1942 se produjeron niveles de CO2 del mismo orden que los actuales. Pero sobre todo ponen de manifesto que dichos niveles son oscilantes, suben y bajan periódicamente, no de manera lineal como nos quieren hacer creer.

En mayo El Confiencial decía otra falsedad parecida a la de Kaos en la Red, que es casi lo mismo pero no es igual: “La Tierra ha alcanzado hoy niveles de CO2 nunca vistos en varios millones de años”, otro titular estremecedor al que seguía una entradilla no menos sugestiva: “Es la primera vez en la historia del ser humano que la atmósfera de nuestro planeta ha registrado más de 415 partes por millón de dióxido de carbono” (2).

Ahora bien, si en mayo había 415 ppm y ahora hay, según Kaos en la Red, 407,8 ppm, entonces la concentración de CO2 parece que se ha reducido en estos seis meses…

Tampoco es así. El Confidencial toma los datos del observatorio de Hawai mientras que Kaos en la Red lo que da es un promedio que elabora la Organización Meteorológica Mundial, que no es tan mundial como parece porque procede de las informaciones de 53 países. Del resto de países del mundo no sabemos nada, por lo que los datos hay que cogerlos con pinzas, ya que ni siquiera sabemos su distribución geográfica.

Los datos cuantitativos que leemos continuamente en los medios sobre el CO2 son un insulto a la inteligencia. Es el caso de los periodistas de información científica que han creado una página en gallego pero no saben de ciencia y por eso redactan titulares como “Os humanos xeran 100 veces máis CO2 que todos os volcáns da Terra” (3). Los humanos no pueden generar esa cantidad de CO2 en absoluto.

A día de hoy no se sabe la cantidad de CO2 que las actividades humanas envían a la atmósfera porque no se miden sino que se estiman, es decir, se calculan de una manera más o menos aproximada, a “ojo de buen cubero” y, naturalmente cada país tiene las suyas (si es que las tienen). Los lectores tendrían una mejor información si leyeran periódicos como La Tribune que en 2011 les decía lo siguiente: hay “mil maneras” diferentes de medir las emisiones de CO2 (4).

Para informar hay que insistir, como ya hemos dicho aquí, que la concentración de CO2 en la atmósfera cambia de un lugar a otro, con las estaciones del año y con el hemisferio. En una vivienda, la concentración de CO2 cambia en muy pocas horas. Haga Usted mismo la prueba y lo verá.

Cada país proporciona a la secretaría de la Convención Marco de la ONU sobre el Cambio Climático (CMNUCC) un inventario de sus emisiones, que debería cumplir con las recomendaciones del IPCC.

Pero tampoco es así porque cada país mide sus emisiones (si las mide) como le da la gana y dichas normas han cambiado con el tiempo, tanto porque así lo pide el IPCC como porque cada gobierno las modifica.

En España el cálculo se hace con los criterios del Ministerio de Transición Ecológica que se pueden consultar en internet y no son mas que una “guía” orientativa que desde el principio advierte lo siguiente: “A continuación se presentan las normas y metodologías de mayor reconocimiento internacional, aunque debemos resaltar que existen muchas otras, como queda patente en los informes de la Comisión Europea, donde se analizan las metodologías existentes a nivel internacional y europeo” (5).

Si el lector se toma la molestia de leer, se dará cuenta de que -por ejemplo- el Ministerio incluye las emisiones de CO2 de los vehículos eléctricos, que son cero porque lo hacen de manera “indirecta”, lo cual da lugar una “doble contabilidad”, como reconoce el propio documento: se contabilliza tanto la producción como el consumo.

Como deja claro el Ministerio, ningún país mide sus emisiones de CO2: sólo se trata de estimaciones, promedios y cábalas. Por ejemplo, para calcular las emisiones de CO2 de un vehículo se multiplica el número total de ellos por el promedio de kilómetros que recorre al año y por un promedio de lo que emite cada uno de ellos por kilómetro.

Dejamos al criterio de cada cual calificar si algo así tiene algún contenido científico o se trata de otra cosa distinta. Las medidas de CO2 no dependen del CO2 sino de la manera en que se midan. Para fabricar un titular del telediario asegurando que las emisiones de CO2 se han duplicado, no hay más que aplicar la “doble contabilidad” del Ministerio de Transición Ecológica. Acude uno al Boletín Oficial del Estado, quita un decreto y pone otro en su lugar.

La vara de medir es un asunto tan peliagudo que se ha convertido en un tema de investigación en sí mismo y cambia de la noche a la mañana. En mayo de este año el IPCC cambió sus recomendaciones. Más de 280 expertos participaron en una tarea que -por sí misma- modifica los cálculos anteriores y los futuros, que quedan obsoletos. Del mismo modo, si el año que viene el IPCC o el Ministerio de Transición Ecológica vuelven a cambiar la vara de medir, las cifras que hoy leemos en la prensa serán papel mojado.

Hasta aquí sólo hemos hablado de las emisiones, lo que deja fuera a la otra mitad del asunto del que pocas veces se habla: las absorciones de CO2 por la tierra, la biomasa o el océano. Se trata de una resta: a las emisiones hay que deducir los sumideros, lo que supone entrar en un segundo cálculo que, por lo que se ve, preocupa mucho menos. De ahí que Kaos en la Red se lance a la piscina diciendo que el CO2 permanece en la atmósfera “durante siglos”.

Ni siquiera el IPCC se atreve a tanto. Según el IPCC el CO2 permanece entre 50 y 200 años, un cálculo bastante grosero que indica que a día de hoy la ciencia no lo puede asegurar de manera mínimamente precisa. Según Tom V. Segalstad, a quien ya hemos citado aquí en otra entrada, el plazo es de dos a tres años (6). Según otros autores oscila entre los tres y los diez años.

(1) https://kaosenlared.net/capitalismo-es-barbarie-nuevo-record-mundial-de-emisiones-de-co2/
(2) https://www.elconfidencial.com/tecnologia/ciencia/2019-05-13/tierra-record-contaminacion-co2-cambio-climatico_1998218/
(3) https://www.gciencia.com/medioambiental/os-humanos-xeran-100-veces-mais-co2-que-todos-os-volcans-da-terra/
(4) https://www.latribune.fr/green-business/l-actualite/20110520trib000623111/les-mille-facons-de-mesurer-les-emissions-de-co2.html
(5) https://www.miteco.gob.es/es/cambio-climatico/temas/mitigacion-politicas-y-medidas/guia_huella_carbono_tcm30-479093.pdf
(6) https://www.co2web.info/ESEF3VO2.pdf. Vid. E.T.Sundquist, Geological perspectives on carbon dioxide and the carbon cycle, U.S. Geological Survey, Reston, Virginia, 1985.

Más información:
– ¿Realmente hay más CO2 en la atmósfera que nunca antes?

El Pentágono contra Trump: ni el propio Presidente de Estados Unidos puede con sus militares

Dentro y fuera de Estados Unidos, todo el mundo está contra Trump, todos hablan mal de él hasta unos extemos que no se conocían desde los tiempos de Nixon. Es cierto que, como buen bocazas prepotente, se lo tiene bien merecido, pero eso no es suficiente para explicar lo que está ocurriendo desde el mismo momento en que llegó a la Casa Blanca.

Trump lleva meses anunciando una retirada completa de las tropas estadounidenses en Siria que no se ha completado y que incluso contradicen las declaraciones de algunos generales en sentido contrario.

El indulto de los oficiales condenados por la comisión de crímenes de guerra en Irak y Afganistán tampoco ha sentado nada bien, o mejor dicho: el Pentágono está utilizando el indulto como arma arrojadiza contra su comandante en jefe.

El domingo el máximo dirigente del Pentágono, el traficante de armas Mark Esper, destituyó a Richard Spencer, el jefe de la Armada, supuestamente a causa de los indultos.

Spencer le propuso a Trump un acuerdo secreto sin pasar antes por Esper que, sin embargo, tuvo que tragar cuando Trump le ordenó exonerar totalmente a uno de los criminales de guerra, Edward Gallagher.

Ahora los oponentes de Trump se han convertido en feroces defensores de las leyes de la guerra y los derechos humanos. “Trump debilita la justicia militar para promover sus intereses políticos”, escribe en Twitter Caitlin Talmadge, experta en defensa de la Universidad de Georgetown.

Las tensiones con la jerarquía militar reaparecieron cuando Trump anunció en la televisión que los soldados enviaría soldados a la frontera con México para contener la inmigración.

Desde diciembre de 2018 Trump está anunciando la retirada de las fuerzas estadounidenses de Siria, a lo que el ejército estadounidense se opone. El primer anuncio unilateral de esta orden llevó al antiguo Ministro de Defensa Jim Mattis, general de la Infantería de Marina, a dimitir en medio de un altercado público.

En una carta a Trump le recordó los deberes que tiene Estados Unidos hacia sus aliados. Como señal de las continuas tensiones entre ambos, recientemente Trump calificó a Mattis como “el general más sobrevalorado del mundo”, quien le respondió que él había “demostrado su valía en el campo de batalla [mientras que] Donald Trump se las arregló con un certificado médico”.

Trump estudió en la Academia Militar de Nueva York, pero escapó de la guerra de Vietnam gracias a una exención médica basada en un crecimiento óseo en el pie.

A Trump le acusan de “politizar” al ejército. En junio de este año, durante una visita a Japón, la Casa Blanca solicitó que se mantuviera fuera de la vista de Trump el nombre de un destructor de misiles nombrado en honor al difunto senador John McCain, uno de sus más feroces enemigos.

Más recientemente, la Casa Blanca ha cuestionado públicamente la lealtad de un oficial galardonado con varias medallas, el teniente coronel Alexander Vindman, un testigo clave en la investigación para que el Congreso destituya a Trump.

Obviamente todas esas cuestiones no son más que la punta de iceberg de un Golpe de Estado en Washington o, al menos, de un pulso que no ha acabado (ni mucho menos).

Por qué África debe cooperar con Rusia, por qué no deberíamos tener miedo a Rusia

Jean Claude Djeereke

Hasta ahora sólo dos países africanos, Sudán y la República Centroafricana, han firmado acuerdos militares con la Rusia de Putin. ¿Deberían otros países africanos, presentes en la primera Cumbre África-Rusia en Sochi los días 23 y 24 de octubre de 2019, seguir el ejemplo y establecer una asociación que no se limite al ámbito militar? Al dirigirse a Rusia, ¿no se pone África bajo el dominio de una nueva potencia?, ¿Qué gana construyendo vínulos con Rusia? En resumen, ¿qué les daría Moscú a los africanos que París no ha sido incapaz de llevarles en seis décadas de seudoindependencia?

Quizás la mejor manera de responder a estas preguntas sería mostrar no sólo lo que Rusia hizo ayer en África y para África, sino también cómo ve hoy las relaciones entre los países.

Rusia no tiene un pasado colonialista en África. Por el contrario, en 1960 adoptó una declaración sobre el derecho de los pueblos colonizados a la independencia.

Francia, Inglaterra, Portugal, España e Inglaterra se abstuvieron en la votación de esta declaración.

Antes apoyó movimientos de liberación como el Congreso Nacional Africano (ANC), el Partido Comunista Sudafricano (SACP), el Movimiento Popular para la Liberación de Angola (MPLA), el Frente de Liberación de Mozambique (FRELIMO), la Unión del Pueblo Africano de Zimbabwe (ZAPU) de Joshua Nkomo y la Organización del Pueblo Suroccidental de Namibian Sam Nujoma (SWAPO). Los soviéticos ayudaron a estos movimientos a deshacerse del colonizador (1).

Nikita Jruschov estaba en pie de igualdad con Kwame Nkrumah (Ghana), Modibo Keïta (Malí) y Ahmed Sékou Touré (Guinea). En su país no hubo condescendencia ni arrogancia, como se puede ver en nuestros “antepasados” los galos, cuyo país fue considerado por el Pew Research Center, un equipo de análisis americano, como el más arrogante de Europa en 2013.

En el plano cultural, a principios del decenio de 1960, la Unión Soviética envió profesores a Malí, Ghana y Guinea para impartir enseñanza técnica y profesional. En el último país, construyó en 1962 el Instituto Politécnico Conakry, que más tarde se convirtió en la Universidad Gamal Abdel Nasser. Pero la URSS no sólo fue a África a adiestrar. También acogió a estudiantes africanos en su territorio. Así, a mediados de los años ochenta, unos 25.000 africanos recibieron formación en universidades y escuelas técnicas soviéticas. Una universidad soviética lleva el nombre de Patrice Lumumba, asesinado el 17 de enero de 1961.

No conozco ninguna universidad francesa, belga, portuguesa, española o inglesa que lleve el nombre de un político africano. Incluso Senghor, que hizo mucho por promover la lengua y la cultura francesa, no recibió tal honor. Peor aún, el 29 de diciembre de 2001, ningún funcionario francés participó en la ceremonia de entierro del primer presidente de Senegal en Dakar, quizás porque no le dio a París tanto dinero como a su homólogo marfileño Felix Houphouet, cuyo funeral había atraído a toda la clase política francesa a Yamoussoukro el 7 de febrero de 1994.

Como miembro de los BRICS (Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica), Rusia apoya la reforma del Consejo de Seguridad para que sea más representativa.

En el plano diplomático, en 2013, la Federación de Rusia afirmó que su política exterior se oponía a la hegemonía y defendía la paz, el desarrollo mutuo y la seguridad mundial y regional. Para ello, los conflictos internacionales deben resolverse mediante un diálogo basado en la confianza y el beneficio mutuos, la igualdad y la cooperación. La política exterior de Putin se basa en “el estado de derecho internacional, la igualdad y la independencia de los Estados”.

Por lo tanto, es comprensible que condenara la “actitud agresiva e intrusiva” de los países occidentales y que comparara la intervención de la OTAN en Libia en 2011 con “una cruzada medieval [porque para él] la resolución del Consejo de Seguridad de la ONU no daba derecho a intervenir en un asunto interno y defender a una de las dos partes” (2). Por cierto, quiero señalar que Rusia intervino en Siria porque Bashar Al-Assad se lo pidió.

A diferencia de Francia, que cree que está obligada a desestabilizar sus antiguas colonias para saquear sus riquezas, Rusia posee inmensos recursos naturales. Se le asignan más del 20 por ciento de las existencias mundiales. Aunque su presencia en África no sea desinteresada, Rusia no será más codiciosa que Francia.

El poder militar de Rusia es ahora indiscutible. En 2014, 2016 y 2018 Vladimir Putin fue declarado el hombre fuerte del planeta por varias revistas y periódicos. Sin el apoyo de un aliado tan poderoso como Putin, será difícil, si no imposible, deshacerse de aquellos que han hecho nuestras vidas miserables desde 1960. Francia interfiere en nuestros asuntos, crea y destituye a quien quiere porque carecemos de una fuerza militar igual o superior a la suya. Bashar Al-Assad se benefició de esta fuerza militar de Rusia, que le permitió salvar su pellejo y su sillón.

Rusia no impone condiciones en África, según Nina Bachkatov, periodista, politóloga y autora de “Putin, el hombre que a Occidente le gusta odiar” (Jordania, 2018). A los países de Europa Occidental, por otra parte, les gusta vincular su ayuda seudoeconómica y financiera a la democracia y al respeto de los derechos humanos. Recordemos a François Mitterrand en la cumbre franco-africana de La Baule el 20 de junio de 1990, tres meses después de las violentas manifestaciones contra el partido único en África. De hecho, Benin organizó la primera conferencia nacional en febrero de 1990. En marzo y abril de 1990, sindicatos, opositores y estudiantes estaban en las calles de Costa de Marfil, Gabón y Zaire [Congo] exigiendo un sistema multipartidista. Por lo tanto, no fue Mitterrand quien molestó a los regímenes autoritarios de África. En cambio, el Presidente socialista [Mitterrand] intentó apoyar el movimiento de protesta que había comenzado antes del discurso de La Baule: “No puede haber democracia sin desarrollo y, a la inversa, no puede haber desarrollo sin democracia”.

Pero, ¿realmente quería Mitterrand que África se volviera más democrática? Uno se siente tentado a responder negativamente porque en la 4 Cumbre de la Francofonía de Chaillot (19 de noviembre de 1991), Mitterrand recomendó que cada país fuera a la democracia a su propio ritmo y a su propia manera, que se asemejaba nada más y nada menos que a un pedal de retroceso.

En resumen, es difícil no pensar que, para Francia y los demás países occidentales, la democracia y los derechos humanos solo son buenos para el hombre blanco; de lo contrario, ¿por qué estos países no levantan un dedo cuando sus sirvientes pisotean los derechos humanos? ¿Por qué ellos mismos pisotean las decisiones del Consejo Constitucional en África, por qué dejan que los dictadores modifiquen silenciosamente las constituciones o rellenen las urnas para arrastrarlas al poder (Denis Sassou Nguesso desde 1979, Paul Biya desde 1982, Idriss Deby desde 1990)?

Además, ¿quién dijo que es necesariamente la democracia occidental la que nos traerá el desarrollo? China y Rusia, que no lo han adoptado, ¿se están quedando atrás y son desafortunados?

Ya es hora de que los africanos examinen críticamente esta famosa democracia y evalúen sus ventajas y desventajas sin caer en la autocomplacencia desde que apareció por primera vez en el continente. Digo esto porque cualquiera que mire las cosas muy de cerca se dará cuenta de que la democracia occidental ha sido destruida por aquellos que quieren que creamos que no hay salvación fuera de ella, que ya no es “el poder de la comunidad”, que el pueblo (el demos) ha perdido el control efectivo de su existencia, que ha caído en la heteronomía, que sólo está ejecutando órdenes de otros lugares o dadas por otras personas.

Sin embargo, para Cornelius Castoriadis, el núcleo de la democracia es la autonomía. El pensador francés de origen griego insiste en que la democracia griega significa que “el pueblo se proclama soberano y crea instituciones que permiten la realización efectiva de este deseo de soberanía”. Esta es la razón por la que la democracia ateniense rechazó tanto la representación como la experiencia política (no puede haber especialistas del conjunto). Estoy de acuerdo con Castoriadis cuando afirma que la democracia no se limita a depositar su papeleta en las urnas o a disfrutar de la libertad de expresión, sino que debe ser “el lugar de la participación real de todos en la vida y el futuro de la sociedad [para que] los individuos sean dueños de su vida, de su sociedad, de las instituciones que se entregan a sí mismos” (3).

Es un secreto de Polichinela que el hombre fuerte de Moscú es odiado, denigrado y combatido por aquellos que nunca han querido nuestro bien. Están enfadados con él, entre otras cosas, porque apoyó militarmente al Presidente sirio contra los rebeldes y yihadistas del Califato Islámico, supuestamente creado por Barack Obama y Hillary Clinton según una revelación hecha por Donald Trump durante la campaña electoral de 2016. Este Putin, que ha demostrado de lo que es capaz en Ucrania y Siria, espero que se convierta en un aliado de los países africanos.

A diferencia de Francia, que en 2002 se negó a ayudar a Costa de Marfil a sofocar la rebelión de Burkina Faso a pesar de los acuerdos de defensa firmados por ambos países en 1961, Rusia no abandonó al presidente sirio en medio de una tormenta. Ella le dio su apoyo incondicional porque Bashar Al-Assad había demostrado, entre otras cualidades, que era un hombre serio y digno de confianza. Stalin, el predecesor de Jruschov, consideraba a los dirigentes africanos “poco fiables, dispuestos a traicionar y dispuestos a alcanzar acuerdos amistosos con los imperialistas contra los que afirmaban luchar sólo verbalmente” (4).

Rusia es capaz de cumplir sus promesas a África porque ya ha demostrado en Siria que la palabra dada es un compromiso que debe cumplirse, pero ¿mantendrán los africanos sus compromisos?

(1) Cfr. Alexandra Archangelskaya, El regreso de Moscú al África subsahariana. Entre la herencia soviética, el multilateralismo y la militancia política, Contemporary Africa, 2013, núm. 248, pgs. 61 a 74.
(2) Entrevista concedida al director estadounidense Oliver Stone entre junio de 2015 y febrero de 2017.
(3) C. Castoriadis, Quelle démocratie?, vols. 1 y 2, París, Sandre, 2013.
(4) Vladimir Bartenev, La URSS y el África negra bajo Jruschov: la actualización de los mitos de la cooperación, Overseas. Revue d’Histoire, 2007, núms. 354-355, págs. 63-82.

https://www.connectionivoirienne.net/2019/11/25/accords-militaires-pourquoi-lafrique-doit-cooperer-avec-la-russie/

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