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Día: 6 de noviembre de 2019 (página 1 de 1)

Facebook se ha unido a la guerra virtual contra el pueblo palestino

El 9 de octubre Facebook eliminó la página del Centro Palestino de Información (PIC) sin contactar siquiera con sus administradores.

Contaba con casi cinco millones de seguidores en dicha red y para los provocadores al servicio de Israel en las redes sociales, era otro enemigo a liquidar.

Facebook volvió a demostrar su servilismo hacia Tel Aviv y su apoyo al racismo y el apartheid.

Según un documento obtenido por The Electronic Intifada, el gobierno israelí ha financiado una campaña mundial de propaganda para manipular a los extranjeros y luchar contra el movimiento palestino BDS por el Boicot, la Desinversión y las Sanciones (1).

Israel ha formado un ejército de miles de provocadores parcialmente financiados por el Ministerio de Asuntos Estratégicos. Para ocultar su participación, el Ministerio ha admitido que trabaja con grupos que le sirven de camuflaje y no quieren exponer sus vínculos con el gobierno sionista.

Una de las plataformas en línea de este tipo es Act Il, que tiene 15.000 miembros activos. Se trata de una aplicación móvil que recluta provocadores para una guerra virtual frente a los mensajes de solidaridad con Palestina en Facebook (2).

Sin embargo, Israel nunca habría logrado sus objetivos si Facebook no se hubiera sumado oficialmente al gobierno de Tel Aviv en su guerra virtual contra los palestinos.

En 2014 Sohaib Zahda fue el primer palestino detenido por el ejército israelí por insertar un mensaje en las redes sociales. Se inició así una nueva estrategia para reprimir lo que Israel considera una “incitación”. Desde entonces, la campaña de detenciones se ha extendido a cientos de palestinos, principalmente a jóvenes artistas, poetas y estudiantes.

A partir del año siguiente Israel comenzó a presionar seriamente a Facebook. Las detenciones de palestinos por mensajes en Facebook abrieron una nueva ventana a las prácticas de Israel, revelando el lado más oscuro de las redes sociales.

Israel construyó rápidamente una base legal para las detenciones. Sólo en 2015 se abrieron 155 sumarios, proporcionando una cobertura legal que fue explotada como parte de su posterior acuerdo con Facebook. Los jueces han recurrido al artículo 144 D.2 del Código Penal israelí de 1977 (“incitación a la violencia y al terror”) para la represión en las redes sociales.

Como es corriente, la estrategia israelí comenzó con una campaña masiva de propaganda para crear una presión pública y mediática en Facebook. El gobierno israelí activó el ejército de sicarios que acababa de crear en internet para decir que Facebook se había convertido en una plataforma de ideas violentas que los palestinos explotaban sobre el terreno.

Cuando en septiembre de 2016 el gobierno israelí anunció su voluntad de trabajar con Facebook para “luchar contra la incitación” a la violencia, la red de Zuckerberg estaba preparada para acabar con la libertad de expresión que siempre había prometido respetar.

Tras dos días de conversaciones en las que participaron, entre otros, el Ministro del Interior israelí Gilad Erdan y el Ministro de Justicia Ayelet Shaked, el gobierno israelí y Facebook acordaron “combatir la incitación a la violencia en las redes sociales” (3).

En una declaración posterior, el gabinete del ministro israelí de Interior reconoció que ambas partes habían acordado “crear equipos para determinar la mejor manera de supervisar y eliminar el contenido incendiario”. Eso significaba que los contenidos relacionado con Palestina e Israel serían filtrados, no sólo por Facebook, sino también por los policías israelíes.

El proceso de selección de objetivos sigue siempre el mismo recorrido:

– los provocadores israelíes aparecen y comentan las publicaciones palestinas
– denuncian a las personas y los contenidos supuestamente ofensivos al equipo conjunto de Facebook e Israel
– la plataforma digital envía recomendaciones sobre las cuentas marcadas para la censura
– las cuentas palestinas y solidarias se borran o se eliminan

La censura ha resultado devastadora para los palestinos, con muchas páginas eliminadas temporal o permanentemente.

(1) https://electronicintifada.net/content/inside-israels-million-dollar-troll-army/27566
(2) https://jacobinmag.com/2017/07/israel-social-media-app-idf-shin-bet-bds
(3) https://www.theguardian.com/technology/2016/sep/12/facebook-israel-monitor-posts-incite-violence-social-media

El cuento de los dos lobos del viejo indio cheroki

Durante 30 años Edward S. Curtis recorrió 125 veces el norte de América visitando 80 tribus amerindias, tomando 40.000 fotografías, grabó sus conversaciones en 75 idiomas y dialectos nativos diferentes, así como 10.000 canciones.

Una parte de su investigación se publicó en 20 volúmenes. Muchas de sus páginas son cuentos que los viejos narran a los más pequeños con intenciones pedagógicas.

Uno de ellos es el de los dos lobos.

Una noche un viejo cheroki hablaba con su nieto sobre la lucha que tiene lugar en el interior de cada cual:

“Hijo mío: dentro de cada uno de nosotros hay una lucha entre dos lobos.

“Uno es el malo, la ira, la envidia, los celos, la pena, el pesar, la avaricia, la arrogancia, la autocompasión, la culpa, la amargura, los sentimientos de inferioridad, la mentira, el orgullo, la superioridad y el ego.

“El otro es el bueno, la alegría, la paz, el amor, la esperanza, la serenidad, la humildad, la bondad, cordialidad, la empatía, la generosidad, la verdad, la compasión y la confianza”.

El nieto reflexionó durante un momento y luego le preguntó a su abuelo:

“¿Qué lobo vencerá?”

El viejo cheroki le respondió simplemente: “El que tú alimentes”.

Paletos, turistas y especies en vías de extinción (como la lechuza moteada, por ejemplo)

En la costa oeste de Estados Unidos la distribución de la riqueza no es como en otros lugares: el sur (California) es rico y el norte (Oregón) es pobre. Sin embargo, muchos ricos se van a vivir al norte, huyendo de la gran ciudad en busca de la naturaleza “salvaje”.

Como todos los ricos, llevan consigo la mochila llena de sus tonterías de domingueros, que poco tienen que ver con quienes trabajan sobre el terreno: campesinos, ganaderos o madereros, cuya concepción de la naturaleza, de las montañas y de los bosques se contrapone a la de los recién llegados.

En Estados Unidos la materia prima de la construcción no es el ladrillo sino la madera. Uno de los negocios más corrientes es también la comercialización de la madera: la tala, los aserraderos, las carpinterías… No hace falta decir que las empresas madereras acaban con los árboles y con los bosques.

A su vez los bosques son el hábitat de la lechuza moteada, una especie a la que Estados Unidos declaró en vías de extinción en 1990.

En 1973 en Estados Unidos se había aprobado una ley de protección de las especies amenazadas que, además de protegerlas, protege también sus ecosistemas y, en este caso, los bosques de la costa noroeste.

Los domingueros del sur chocaron pronto con la población autóctona del norte, lo cual resumía el choque de los dos puntos de vista más importantes que hay sobre la naturaleza. El primero es el de los amantes de los paisajes que quieren conservar la naturaleza tal y como está. El segundo es el de quienes trabajan en ella para poder sobrevivir.

Como cabía esperar, el choque acabó en pleitos que se decidieron en los tribunales con la participación de los correspondientes expertos ambientalistas, cada uno de los cuales le dijo al juez lo que le ordenaron que dijera quienes le pagaban.

Habiendo dinero de por medio no cabía esperar que apareciera el famoso “consenso científico”. Hay científicos para todos los gustos y todos los pleitos que uno pueda imaginar.

No obstante, los pleitos no los resuelven los expertos sino los jueces que, en este caso, fallaron a favor de los urbanitas y ordenaron suspender temporalmente la tala de árboles. El mundo urbano volvió a triunfar sobre el rural.

Las empresas forestales tuvieron que cerrar, los trabajadores se fueron al paro, las ciudades languidecieron y los vecinos emigraron a otro lugar para que las lechuzas moteadas tuvieran el suyo. La costa noroeste de Estados Unidos disfruta de unos bosques maravillosos junto a unas ciudades deprimidas y abandonadas.

Pero esas ciudades deprimidas y abandonadas son un lujo para esos excusionistas que llegan al monte huyendo del asfalto precisamente y tienen sus confortables chalets, con piscina, aire condicionado, vistas al lago y unas rutas perfectas para pasear entre los árboles un domingo por la mañana. Se ríen de los trabajadores locales y los consideran “paletos”.

A los domingueros les preocupaban las especies en vías de extinción, pero no la suerte de los trabajadores y habitantes que no pudieron vivir donde siempre habían vivido, con todas las secuelas que eso acarrea, como el alcoholismo, por poner un ejemplo.

La situación llegó a ser tan catastrófica que Bill Clinton tuvo que aprobar un nuevo plan forestal para paliar la situación de la zona, lo que no agradó ni a unos ni a otros.

Los “progres” no se deberían extrañar de la suerte de un mundo rural abandonado que acaba en las redes de la reacción más negra. En el noroeste proliferan hoy unas 1.500 organizaciones que expresan ese repudio profundo hacia los urbanitas recién llegados que les han dado la patada en el culo. Sólo la American Farm Bureau Federation agrupa a más de cuatro millones de agricultores. Estos “paletos” son los que se reconocen a sí mismos en esperpentos de la talla de Trump.

En Estados Unidos los “paletos”, los más pobres, son el caldo de cultivo de los racistas, los evangelistas, los supremacistas… Lo peor de lo peor.

[Post data: la lechuza moteada no se ha extinguido a pesar de que era una especie en vías de extinción. ¿Verdad que es un alivio?]

Los pueblos del Sahel se levantan contra la ocupación militar imperialista

Bajo los efectos de una guerra que empeora por momentos, las tropas imperialistas en el Sahel se enfrentan a un rechazo creciente entre los habitantes de Burkina Faso, Malí y Níger, como en los peores tiempos coloniales.

En Bamako, la capital de Mali, emite “Radio Patriota”, una cadena antimperialista instalada en una modesta vivienda particular donde todos los martes por la tarde, Ibrahima Kebé, de la asociación Faso Kanu, tiene su programa de debate. A mediados de octubre, trataron sobre la presencia de las tropas imperialistas en Mali.

“En nombre del pueblo francés, las multinacionales están saqueando nuestros recursos”, dijo Kébé al principio de la emisión. “El pueblo francés debe comprender que la política de los dirigentes franceses es sembrar la pobreza en nuestros países y empujar a nuestras poblaciones a emigrar hacia ustedes”.

Los dirigentes de la región son “lacayos locales a las órdenes de París”, añadió.

Cada vez son más los que piden la salida de los 4.500 soldados de la Operación Barjan desplegados en el Sahel, de los 13.000 efectivos de mantenimiento de la paz Minusma en Malí y de otros ejércitos imperialistas presentes en la región, desplegados en nombre de la lucha contra el terrorismo y la protección de los civiles.

El 12 de octubre unos 50 contenedores de Minusma fueron saqueados en el centro de Malí, mientras que 1.000 personas se concentraban en Uagadugu, la capital de la vecina Burkina Faso, contra las “fuerzas de ocupación”.

Desde principios de año en Níger se han convocado varias manifestaciones contra la presencia de tropas imperialistas, un movimiento que no parece estar coordinado pero que pone la manifiesto una resistencia incipiente.

“¿Cómo es posible que 20.000 soldados extranjeros no sean capaces de derrotar a 3.000 terroristas?”, pregunta Kebé por la radio. El despliegue de tropas imperialstas no para de crecer pero el terrorismo yihadista tampoco. ¿A qué han ido allá?, se preguntan los africanos.

“Su único objetivo es proteger sus intereses estratégicos y consolidar sus posiciones de dominio en la zona del Sahel”, asegura Gabin Korbeogo, de la Organización de la Juventud Democrática de Burkina Faso.

Los africanos vuelven sus ojos hacia la presidencia de Thomas Sankara (1983-1987), padre de la revolución burkinabé, anticolonialista y nacionalista, y cuya memoria sigue siendo venerada en Burkina Faso y en los países vecinos del Sahel.

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