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Día: 4 de noviembre de 2019 (página 1 de 1)

Se disparan un 40 por ciento los trabajadores sometidos a los ERE en los siete primeros meses de este año

La ralentización de la economía tiene ya consecuencias directas sobre el empleo, ya no solo porque la creación se ha desacelerado en los últimos meses, sino también porque las empresas, ante el temor de una nueva crisis, han comenzado a hacer ajustes en sus plantillas.

Así, sonados son los ERE en el sector bancario, como los que Banco Santander y Caixabank han iniciado, pero también en la industria de la automoción, que es una de las mayores damnificadas. Grandes empresas de este sector han tenido, tienen o tendrán algún ERE, como la planta de Ford en Valencia, la de Nissan en Barcelona o Iveco en Madrid y Valladolid. Esto ha disparado un 40 por ciento el número de trabajadores afectados por un ERE en los siete primeros meses del año y son ya cerca de 45.000, el mayor alza desde 2012.

El método elegido por la mayor parte de empresas fue el de las suspensiones temporales en los contratos, que se incrementaron un 74 por ciento respecto al mismo periodo del año pasado y afectaron a tres terceras partes de los trabajadores, un procedimiento habitual en las empresas de la automoción cuando desciende la producción. Pero prácticamente uno de cada tres trabajadores afectados por un ERE (un total de 14.500) fue víctima de un despido colectivo, un 12,8 por ciento más. El 3 por ciento restante vio reducida su jornada laboral, lo que supone una caída del 46,7 por ciento.

La industria se sitúa a la cabeza de las regulaciones de empleo puestas en marcha en lo que va de año, hasta el punto de que concentró el 63 por ciento de los procesos, la mayor parte con suspensiones de jornada (el doble que un año atrás) en empresas dedicadas a la fabricación de vehículos. Le sigue el sector servicios, con 14.699 personas afectadas, la construcción, con 1.350, y el sector agrario, con 467. Por comunidades autónomas, Valencia está la primera en el ránking, consecuencia de los más de 6.000 trabajadores de Ford afectados por un ERE.

https://www.hoy.es/economia/trabajo/disparan-trabajadores-afectados-20191010162140-ntrc.html

43.000 hambrientos han muerto en México en cinco años

Durante el periodo comprendido entre 2013 y 2018, coincidente con el mandato del Presidente Enrique Peña Nieto, 43.766 mexicanos murieron de hambre, según el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi).

La cifra anterior sin embargo, fue inferior a la cifra de muertos de hambre que se dieron durante el mandato de Felipe Calderón (49.722) así como de Vicente Fox (51.278).

El año pasado en México la subalimentación alcanzó a 4,8 millones de personas, según el informe de la Unicef (ONU) titulado “Panorama de la Seguridad Alimentaria y Nutricional en América Latina y el Caribe 2018”.

Solamente Brasil y Haití en América Latina y El Caribe, respectivamente, presentan un mayor número de muertes por desnutrición que México en el continente.

La Cruzada Nacional contra el Hambre instaurada por Enrique Peña Nieto en 2013 fue un fiasco. Teniendo en cuenta las proyecciones de disminución de fallecimientos, la tendencia mostró 44.225 defunciones por desnutrición.

Pero 6 años -incluido 2013- y más de 500 millones de pesos invertidos después, la tendencia muertal a causa de desnutrición bajó solamente un 1 por cien adicional, es decir en 459 muertos de hambre.

Cada muerte por hambre que se redujo durante el mandato de Enrique Peña Nieto costó más un millón de pesos, es decir, que con 500 millones se pudieron adquirir despensas alimenticias para casi 40.000 personas en 6 años.

La Secretaria encargada entonces de implementar la Cruzada contra el Hambre fue Rosario Robles, funcionaria que hoy se encuentra presa por “ejercicio indebido de la función pública”, una acusación a la que se podría sumar asociación ilícita y malversación de fondos publicos, entre otros.

https://todotexcoco.com/la-otra-desgracia-dejo-pena-nieto-438-mil-muertos-de-hambre-en-mexico-e3TQ4NTk2Ng.html

‘Bienvenido al infierno’: los emigrantes internados en los campos de concentración libios

Cuando entro en el campo de internamiento de migrantes de Triq Al-Sikka, en el centro de Trípoli, unos hombres con mirada inquieta presionan sus rostros contra una cerca de alambre de gallinero. “Bienvenido al infierno”, dice un marroquí, sin sonreír.

Triq Al-Sikka es el hogar de 300 hombres encerrados en condiciones de pesadilla. Muchos enfermos yacen inmóviles sobre colchones sucios en el patio, abandonados a su suerte, muertos o en recuperación. Tres de los seis retretes están bloqueados por las aguas residuales y, para muchos de presos, no es posible escapar porque no tienen calzado.

Se suponía que no debía ser así. Tras recibir informes de torturas y abusos en centros de detención y con el deseo de detener el flujo de personas a través del Mediterráneo, la Unión Europea ha contribuido desde 2016 con más de 110 millones de libras esterlinas para mejorar las condiciones de los inmigrantes en Libia. Pero las cosas están peor que antes.

Entre los detenidos se encuentra Mohammed, de Ghana. En julio sobrevivió a un ataque aéreo contra otro centro en Tajoura, en el suburbio sudoccidental de la capital, en el que murieron 53 de sus compañeros migrantes. Después de sobrevivir en la calle, el mes pasado consiguió un lugar en un barco de contrabando a Europa. Pero fue interceptado por la Guardia Costera. Mohammed cayó al mar y fue traído de vuelta a este campo. Su suéter azul aún está manchado de sal marina. Está desesperado por hablar con su esposa sobre aquello. “La última vez que hablamos fue la noche en que intenté cruzar el mar”, dice. “Los soldados se llevaron mi dinero y mi teléfono. Mi esposa no sabe dónde estoy, si estoy vivo o muerto”.

Las condiciones en Triq Al-Sikka son duras, pero otros centros son aún peores. Los detenidos cuentan la historia de los campamentos donde las milicias los asaltan por la noche y se llevan secuestrados a los migrantes para pedir un rescate que los devuelven a sus familias.

Decenas de miles de migrantes están dispersos en esta ciudad, muchos de los cuales duermen en las calles. Docenas de personas duermen todas las noches bajo los soportales de la autopista del centro de la ciudad.

https://www.theguardian.com/world/2019/nov/03/libya-migrants-tripoli-refugees-detention-camps

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