La web más censurada en internet

Día: 26 de octubre de 2019 (página 1 de 1)

El Pentágono adjudica a Microsoft el almacenamiento de sus datos en la nube

Ayer el Departamento de Defensa de Estados Unidos anunció la adjudicación a Microsoft de un contrato gigantesco para almacenar datos en la nube, por un valor de hasta 10.000 millones de dólares.

Amazon compitió con Microsoft hasta el último momento para lograr la adjudicación del contrato JEDI (Joint Enterprise Defense Infrastructure), que tiene una duración de diez años.

El objetivo es modernizar los sistemas informáticos militares. Para facilitar el despliegue de una nueva arquitectura de almacenamiento, el Pentágono decidió asignarla a un único proveedor, en lugar de dividirla en varias licitaciones.

Google se retiró de la carrera en octubre de 2018, explicando que no había recibido ninguna garantía de que el contrato cumpliera con los principios de “inteligencia artificial”.

A pesar de las críticas de Silicon Valley sobre sus colaboración con el ejército y la policía, poco después de la retirada de Google, Microsoft y Amazon, defendieron su participación en la licitación.

“Todos los que viven en este país dependen de su potencia de defensa”, escribió Brad Smith, presidente de Microsoft, en una entrada de su blog.

El cabecilla de Amazon, Jeff Bezos, dijo que el país tendría problemas si las grandes empresas de tecnología le daban la espalda al Departamento de Defensa de Estados Unidos.

El Pentágono anunció en agosto que su licitación había sido aplazada a la espera de la luz verde de Mark Esper, el nuevo jefe del Pentágono.

Censura: expulsan de la universidad a una científica que contradice las noticias catastrofistas sobre los osos polares

La universidad es cada vez menos “universitas” y más inquisitorial. Hay determinadas opiniones que no caben, sobre todo cuando se sostienen criterios que contradicen la ideología dominante, como es la de los peligros que acechan a los osos polares como consecuencia del calentamiento.

A Susan Crockford, una bióloga de renombre mundial en el campo de la identificación de huesos de animales, la han expulsado de la Universidad de Victoria, en Canadá. Se le ocurrió la infeliz iniciativa de dar explicaciones incorrectas sobre los osos polares a sus alumnos.

¿Se equivocó?, ¿no tiene conocimientos suficientes? Si es así, hay que avisar a la policía canadiense, que suele recurrir a ella para realizar informes de antropología forense, porque si vuelve a cometer errores en un juzgado en lugar de un aula, alguno puede acabar con sus huesos en las mazmorras.

En 2016 le renovaron su contrato con la Universidad por un período de tres años y cuando faltaban tres meses para firmar el siguiente contrato, el Departamento de Antropología le retiró su título de profesora adjunta. Después de 15 años de docencia ha salido de la Universidad por la puerta de atrás.

La bióloga canadiense Susan Crockford
Crockford describe su expulsión como “un ahorcamiento académico sin juicio, realizado a puerta cerrada” (1). Mantiene un blog sobre los osos polares (2) y ha escrito cinco libros sobre el tema. Uno de ellos, “Hechos y mitos sobre los osos polares”, ha sido traducido a cuatro idiomas. Además, el año pasado publicó el Informe sobre el Estado del Oso Polar para la Global Warming Policy Foundation y este año ha publicado otro de seguimiento y actualización del mismo tema.

Su error es el siguiente: según ella los osos polares, uno de los símbolos del calentamiento, están muy lejos de la extinción. Lo que debería haber sostenido es lo siguiente: entre 2004 y 2010 la disminución de las masas de hielo marino está reduciendo la población de osos polares.

Crockford admite una disminución de la población de osos polares del orden del 40 por ciento en el área del Mar de Beaufort, lo que condujo a que en 2015 la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN) los clasificara como “especie amenazada”.

La UICN no basó su declaración en un recuento del número actual de osos polares, ni en observaciones de las que se pueda deducir su cuantía. Como es frecuente, sus cálculos se hicieron con un ordenador. La cifra más utilizada es de 25.000, que es un mínimo. Según Crockford podría haber incluso más del doble de esa cantidad. En 1986 se hablaba de que había 40.000 y desde entonces el número ha ido en aumento, según Crockford.

La investigadora canadiense considera que la causa del descenso poblacional fue la escasez de su presa preferida, la foca anillada, a su vez causada por una capa de hielo de primavera inusualmente gruesa, una tendencia recurrente cada década durante el siglo pasado.

Además, la bióloga asegura que las emisiones de CO2 y otros gases considerados “de efecto invernadero” procedentes de las actividades industriales tienen un impacto muy pequeño en el clima mundial. Según ella, en general, el calentamiento es muy beneficioso y las consecuencias más serias para el medio ambiente proceden del enfriamiento.

El nombre de la bióloga canadiense se suma a una ya amplia purga de investigadores y universitarios despedidos por propagar “equivocaciones científicas” en asuntos de ecología, como Peter Ridd, Bob Carter, Murry Salby, Bjorn Lomborg, David Legates, Nick Drapela, Pat Michaels o Mitchell Taylor.

Como a nosotros nos gusta conocer los errores, recomendamos la lectura del blog de Crockford, sus libros y sus explicaciones, como la titulada “No existe ninguna emergencia climática para los osos polares” que se puede encontrar en YouTube (3).

Ya saben: si quieren estar equivocados, no se lo pierdan.

(1) https://business.financialpost.com/opinion/was-this-zoologist-punished-for-telling-school-kids-politically-incorrect-facts-about-polar-bears
(2) https://polarbearscience.com/
(3) https://www.youtube.com/watch?v=jQRle6pgBCY

La pesadilla seudoecologista: los nuevos impuestos ‘verdes’ van a esquilmar los bolsillos de los contribuyentes

Uno de los objetivos que se esconden tras el “New Deal verde” es el aumento de los impuestos, que tienen por objeto, además de sanear las deudas de la hacienda pública, drenar fondos hacia la “nueva economía”, esto es, crear una ventaja competitiva para ciertas tecnologías en detrimento de otras.

Es una política de aumento de la presión tributaria sobre los sectores más débiles de la sociedad que se justifica por motivos seudoecológicos de manera que sean los propios interesados los que se pongan la soga al cuello. “Pagarás más impuestos, pero es por tu propio bien, o por una causa justa, o para que la humanidad tenga un futuro mejor”. También es posible que te declaren culpable y te condenen en consonancia: “El que contamina paga”.

Unos 40 países del mundo tienen impuestos verdes o ecológicos, según el New York Times (1). Comenzaron con los vehículos, quads y motos de agua de nueva matriculación, pero no hay manera de frenar la avalancha.

El impuesto apareció en España en 2008 y recauda 21.000 millones de euros anuales. Como era de prever, no ha conseguido el objetivo aparente que perseguía, a saber, contener las emisiones de CO2, a pesar de lo cual la Unión Europea lleva tiempo animando a los países miembros para que aumenten la presión fiscal.

Ahora bien, como es natural, tratándose de un impuesto creado en medio de la crisis económica de 2008, hay que preguntar: ¿alguien se creyó el cuento de que un impuesto así tenía algo que ver con el carbono o sólo pretendía recaudar más dinero?

El seudoecologismo es un ataque de histeria que no ha hecho más que comenzar y, además, con Hacienda por medio haciendo caja, aumentará progresivamente. La amenaza se repite cada vez con mayor insistencia: “El FMI pide aumentar los impuestos a la luz y a la gasolina para combatir el cambio climático” (2), o bien “Catalunya gravará a 3,6 millones de vehículos por las emisiones de CO2” (3). Por su parte, Alemania ya se ha inventado un impuesto sobre el CO2 (4).

¿No hablaban de neoliberalismo?, ¿no hablaban de adelgazar al Estado? Aquí algo falla estrepitosamente. Si los impuestos gravan la electricidad, ¿cómo quedarán los que ya no pueden pagar la factura de sus casas?

La presión tributaria aumentará porque este tipo de impuestos indirectos son insignificantes para los ricos y para los pobres una losa insufrible. En 2017 en la reunión COP22 que se celebró en Marrakech, la Comisión sobre los Precios del Carbono lo dejó bien clarito: el precio que se paga por las emisiones de CO2 debe aumentar constantemente.

El fisco se frota las manos. Todo le parece poco. Un periódico de Chile titula: “Precio que fijó el gobierno es 8 veces menor a lo que se recomienda para alcanzar las metas del Acuerdo de París” (5). La terminología, que es de lo más sutil, está copiada del Banco Mundial. No quieren que parezca un impuesto sino el precio que debe pagar el que contamina, como si fuera un castigo por ensuciar el aire con CO2 (6).

Pero se trata de un fraude detrás de otro: los que tributan no son los gases que salen por el tubo de escape, que incluso son perniciosos para la salud, sino sólo el CO2.

También es harto evidente que el tributo castiga especialmente a los menos pudientes porque son quienes tienen los vehículos más viejos, ya que no los pueden renovar periódicamente por otros más nuevos. No es de extrañar que, al estilo de los “chalecos amarillos”, en varios países hayan surgido grupos de lucha contra este tipo de subidas de impuestos, como es el caso de Ecuador, donde se ha creado el movimiento “Fuera Impuesto Verde” (7).

Lo más repugnante de esta operación es que es la típica comedia seudoecologista porque no se sabe la cuantía de las emisiones de CO2 a la atmósfera. Cada país las mide por decreto de una manera diferente y le pone un “precio” diferente.

(1) https://www.nytimes.com/es/interactive/emisiones-precio-del-carbono/
(2) https://www.hoy.es/economia/fiscalidad/fmi-impuestos-contaminacion-20191010154214-ntrc_amp.html
(3) https://www.lavanguardia.com/natural/cambio-climatico/20191011/47898773508/impuesto-vehiculos-contaminacion-cataluna-emisiones-ley-cambio-climatico.html
(4) https://cadenaser.com/ser/2019/10/23/internacional/1571848399_091521.html
(5) https://www.eldesconcierto.cl/2019/08/22/impuesto-verde-precio-que-fijo-el-gobierno-es-8-veces-menor-a-lo-que-se-recomienda-para-alcanzar-las-metas-del-acuerdo-de-paris/
(6) https://carbonpricingdashboard.worldbank.org/
(7) https://www.dpe.gob.ec/pronunciamiento-de-la-defensoria-del-pueblo-frente-al-impuesto-ambiental-a-la-contaminacion-vehicular-impuesto-verde/

La lucha contra la explotación de las trabajadoras costureras en México

Sara Lovera

Levantadas sobre los escombros -ya que el sismo dejó atrapadas más de 600 costureras en decenas de edificios de la avenida San Antonio Abad, de las calles de Uruguay, Belisario Domínguez, Perú y José María Izazaga, donde se concentraban pequeñas fábricas y talleres de confección, establecimientos hoy desolados- unas 800 costureras de 40 fábricas, de las más de 11.000 afectadas de 400 establecimientos por el terremoto del 19 de septiembre de 1985, lucharon más de tres años por sus derechos y sus puestos laborales. Protestaron y marcharon por las calles; organizaron mítines y alzaron un campamento.

Sin más recursos que el coraje y la razón, fundaron el 22 de octubre de 1985 el Sindicato Nacional de Trabajadoras de la Costura, Confección, Vestido, Similares y Conexos 19 de Septiembre, encabezado por Evangelina Corona, Alicia Cerezo, Guadalupe Conde, Leticia Olvera y Alejandra Martínez, entre muchas otras.

Organizadas y apoyadas por muy distintos grupos, enderezaron más de 345 demandas ante la Junta de Conciliación y Arbitraje, lograron convenios para 2.000 trabajadoras en cerca de 100 empresas, con indemnizaciones de aproximadamente 429 millones de pesos (24 millones 600 mil dólares). En 84 empresas de la confección y del vestido hubo conflictos de carácter laboral, resueltos y/o archivados, con soluciones de una lentitud ofensiva.

Entonces había exceso de oferta laboral. Las costureras laboraban 11 horas diarias; trabajaban a destajo, no tenían horarios de comida, les pagaban centavos por cada costura, vivían humilladas y sin derechos laborales. Cientos de talleres operaban fuera de la ley. Lo mismo sucede tres décadas después.

Fueron tres intensos años de lucha, ellas en pie. Firmaron condiciones nuevas de trabajo, formaron dos cooperativas; crearon una guardería, se unieron a organizaciones sociales/feministas, pero 30 años después, el sindicato sólo representa a cinco empresas, tres de ellas fuera de la capital, en Irapuato, Guanajuato. Al día de hoy, las condiciones de unas 10.000 trabajadoras no han variado.

Este septiembre de 2015, al caminar por San Antonio Abad, Izazaga, 20 de Noviembre, Manuel Doblado, Belisario Domínguez, Paraguay, Ecuador y Perú, puede verse que los antiguos talleres desaparecieron: hoy son centros de venta de ropa importada que comercializan vestidos de fiesta y pantalones, trajes, sacos y faldas adocenadas provenientes de la maquila internacional.

En mayo de 2015, la Secretaría de Hacienda y Crédito Público (SHCP) ofreció a la Cámara de esa industria un apoyo de 450 millones de pesos (22 millones 500 mil dólares), pues solo en 2014 entraron al país 150 millones de prendas de vestir procedentes del extranjero.
Símbolo encarnado

Frente al lastimado monumento metálico en Tlalpan donde se alzó durante varios años el campamento de las costureras en lucha, que funcionaba como refugio y centro de las movilizaciones, se aprecia un tendajón derruido y gris, donde comenzaron las operaciones del sindicato.

Tres décadas después, aunque no se sabe quién administró y vendió parte de ese terreno, el sindicato sigue en pie, afirma Alejandra Martínez, su secretaria general, quien plantea que en estas décadas la industria se ha reducido; hay, como antes, talleres clandestinos, ubicados desde los años sesenta en Ciudad Netzahualcóyotl; hoy se multiplican en Tlaxcala, y hay una huelga que está por cumplir 38 meses sin que se logre acuerdo alguno: la de la fábrica Cartagena, símbolo encarnado: 21 costureras la sostienen, bajo la lluvia y en contra del desprecio y el olvido de Ernesto Kuri Serú, propietario de la fábrica, quien provocó el paro por negarse a pagar un solo derecho de estas costureras, como si nada hubiera sucedido.

Hoy las costureras, miles desempleadas, sobreviven al infortunio que un día les dio gran fuerza. En Cartagena esperan pacientes una solución.

En el recuerdo de Alejandra está la fábrica de vestidos Read, donde el sindicato operó durante 20 años. Ahí se hacían los vestidos de fiesta, con canutillo y tul; los trajes de novia, otros más de telas finas. Eran 40 las costureras que vieron cerrar el establecimiento en 2004. El combate contra el sindicato fue feroz, nos dice Alejandra.
Un cambio de vida

A Leticia Olvera, la lucha obrera le cambió la vida. Militante de Mujeres en Acción Sindical tras el sismo de 1985, hoy mira el pasado con enojo. «Muchas fábricas cerraron apenas nos organizamos», recuerda. Tal fue el caso de la de ropa íntima Cárnival. Hoy Leticia lucha para que sobreviva una organización de proyectos productivos, y aprendió que además de los derechos laborales, las mujeres necesitan igualdad y derechos sexuales y reproductivos.

Alicia Cerezo reconoce que su vida dio un giro de 90 grados. También se hizo feminista, pero advierte que miles de sus compañeras quedaron atrapadas en una condición lamentable, y que el fracaso del sindicato está ligado a los intereses patronales y al sindicalismo espurio. Las costureras, tal y como fuimos antes, han desaparecido.

Evangelina Corona, quien tras la lucha se hiciera asambleísta, trabaja en una oficialía de partes a su avanzada edad; Alicia y Leticia promueven el seguro de desempleo en módulos de la Secretaría del Trabajo del Distrito Federal; Lupe Conde se jubiló como maestra de corte y confección. Miles trabajaron hasta hace poco, y algunas lograron su jubilación.
Globalizacion y pérdida

Según la Cámara Nacional de la Industria Textil y del Vestido, que dirige Samuel Gersheinch Salvocou, la confección apenas representa el 0,1 por ciento de la industria; la competencia por la apertura internacional tiene colocada a la del vestido en un sistema globalizado que ha eliminado los antiguos talleres y pequeñas fábricas que hace tres décadas, sólo en la capital, llegaron a tener 70.000 costureras.

La información del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI) de las Cuentas Nacionales 2014, señala que en todo el país hay 74.026 trabajadoras formales de la costura, el 1,3 del personal ocupado formalmente en toda la manufactura nacional, y confirma que los salarios anuales de cada trabajadora no llegan más que a 12.000 pesos (600 dólares) unos 700 pesos (35 dólares) efectivos cada semana.

Alejandra Martínez reafirma que las costureras pagadas en nómina no logran más de esos 700 pesos semanales, y en este 2015 en curso, las que trabajan a destajo reciben sólo dos pesos (0.1 dólares) al día por prenda cosida, y las jornadas se extienden hasta por 10 o 12 horas diarias. «No hubo cambio ni hay inspectores en los talleres, ni protección, ni se cumple con el salario mínimo profesional, ni se conmueve la Secretaría del Trabajo», afirma.

Hoy, las grandes tiendas departamentales contratan a empresas de dudoso origen, las llamadas outsourcing, afirma el abogado Manuel Fuentes, uno de los defensores de las costureras, quien añade que, donde hay pequeñas fábricas, existen contratos de protección, es decir, contratos de trabajo que proponen las centrales obreras, sin organizar a las trabajadoras en sindicatos y que sirven para encubrir a la patronal. El abogado de Cartagena Eduardo Díaz confirma que quienes laboran en la costura lo hacen sin derechos.

Sin embargo, el valor de las ventas es hasta de 90.000 millones de pesos (4.500 millones dólares), pero principalmente en la industria de confección en cuero; en la elaboración de alfombras y en la producción de moda en gran diseño.

La ropa popular es china o proveniente de talleres outsourcing que contratan El Palacio de Hierro, Liverpool o Sears, empresas que reciben ropa cortada por diseñadores, con telas importadas y confección pagada a precios irrisorios, informan Eduardo Díaz, Alejandra Martínez y Manuel Fuentes.

Una de las características que definió a la industria que ya tiene más de un siglo de vida, fueron los talleres familiares. En 1985, la mitad de la producción se hacía en estos talleres, ubicados en el Estado de México, hoy en Tlaxcala y en los alrededores de la ciudad de México y de otras capitales, los patrones se ahorran millones de pesos en impuestos. Para las costureras del Distrito Federal, pese a la reducción de la industria por la competencia internacional, la situación actual es semejante a la de esa época.

Una descripción detallada de lo que sucedía en las pequeñas fábricas se lee en un estudio realizado por la Secretaría del Trabajo en octubre de 1985. En el documento sin firma, el anónimo autor señalaba:

«A medida que los medios de comunicación se adentraban en el caso de las costureras, salían a la luz las terribles condiciones de trabajo con que operaba la industria en general, y la casi total inexistencia de protección sindical. Así, se supo que las costureras trabajaban jornadas de más de ocho horas diarias, ya que su salario se les pagaba a destajo, lo que las forzaba a cumplir con cargas de trabajo muy altas; que a menudo había sanciones muy rigurosas por retardos y faltas, y que, dado que existía abundancia de mano de obra disponible, las amenazas de despido resultaban frecuentes y los salarios que se pagaban en muchos casos eran menores que el mínimo. También se supo que muchas veces los empresarios firmaban contratos por una semana con sus trabajadoras para evitar así registrarlas en el Seguro Social.

«Para evitar robos en las empresas, se afirmó que en algunos talleres las trabajadoras eran sometidas a rigurosas revisiones y, en algunos casos, los dueños cerraban con llave los accesos a los talleres mientras las obreras estaban trabajando. Varias versiones de personas presentes durante el sismo sostenían que por esa razón muchas trabajadoras no habían podido salvar sus vidas.

«Estas denuncias provocaron serios reclamos a las organizaciones obreras y a las autoridades del trabajo. El líder de la Confederación de Trabajadores de México (CTM), Fidel Velázquez, afirmó que la industria textil, principalmente en el rubro de la confección de ropa, era uno de los ramos más incontrolables desde el punto de vista sindical, pues se manejaba en la clandestinidad desde hacía varios años en talleres escondidos con una marcada explotación de la mano de obra, en los que no se pagaba ni el salario mínimo y se negaban prestaciones sociales. Por su parte, el secretario general del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Industria Textil, afiliado a la CTM, Adolfo Gott Trujillo, indicó que la mayoría de los trabajadores que laboraban en los talleres donde se confeccionaba ropa no estaban afiliados a ningún sindicato. Solo una minoría estaba organizada en pequeños sindicatos desconocidos.


http://amecopress.net/Mexico-Costureras-olvidadas-y-explotadas

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información.plugin cookies

ACEPTAR
Aviso de cookies