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Día: 13 de septiembre de 2019 (página 1 de 1)

¿Cómo son los peleles del imperialismo? El caso Joshua Wong

Joshua Wong: de Vietnam a Hong Kong
Los peleles del imperialismo no tienen un patrón en común, salvo el de su papel: representan fielmente el guión de peleles que les han asignado los dueños del teatro de marionetas.

Por lo demás un pelele, como un camaleón, se adapta a las condiciones del lugar donde debe ponerse en acción porque, si no fuera así, no resultaría eficaz.

En Ucrania un pelele es, al estilo Andriy Paruby, un nazi a la más vieja usanza que, lo mismo que en 1945, se ha vuelto a romper los dientes porque Rusia es un hueso muy duro de roer.

En Siria un pelele es un guerrero de dios, los últimos de una estirpe de mercenarios que el mundo creía extinguida desde el fin del feudalismo, pero que Estados Unidos empezó a cultivar con el inicio de la guerra de Afganistán en 1979.

Si en una guerra brutal, como la de Siria, podemos encontrar algo bueno es que el imperialismo ha tenido que destapar sus mejores trucos, toda su caja de sorpresas, empezando por la mezcolanza de los “buenos” (oposición moderada) con los peores (Al-Qaeda, Califato Islámico).

En Honk Kong no lo han podido hacer de la misma manera. No han mostrado una amplia variedad de mascotas, como en Siria y cuando han encumbrado a un cabecilla, como Joshua Wong, era demasiado tarde.

Wong es un caniche que deberán guardar en la reserva para utilizarlo cuando el circo vuelva a salir de gira.

Esta vez las provocaciones no han salido bien. Quizá porque China no ha reaccionado como esperaban en Washington, al estilo Tienanmen.

Lo mismo que Errejón, Wong no parece salido de una maternidad sino del laboratorio de una empresa de transgénicos. Es un joven oriental del siglo XXI con todo el aspecto de un anime manga enganchado al móvil y al Instagram.

Los fabricantes de imagen tampoco han dado muestras de estar atinados: Wong no es exactamente un chino sino un hijo de vietnamitas que huyeron de su país después de que en 1975 fuera liberado de la plaga estadounidense.

Las múltiples disciplinas circenses pasan de padres a hijos y Wong ha heredado la suya, la de pelele del imperialismo gringo.

El imperialismo los crea y ellos se juntan en Berlín: de izquierda a derecha
Raed El Salah, cabecilla de los Cascos Blancos, la gusana austro-iraní
Mina Ahadi, Wong, ni vietnamita ni chino, y el alcalde de Kiev, Vitali
Vladimirovich Klitschko

11-S: la pista saudí va tomando forma pero los hilos no quedan ahí

Poco a poco Estados Unidos va filtrando información sobre los atentados del 11-S que si bien desmienten la versión oficial, que nadie creyó jamás, están lejos de llegar al final del hilo. Es incuestionable que Al-Qaeda y los sátrapas de Riad, que son la misma cosa, fueron los responsables inmediatos de los crímenes. Queda saber quién permitió que actuaran en las mismísimas entrañas de Estados Unidos

Ayer el Ministerio de Justicia anunció que revelaría la identidad secreta de una persona sospechosa de haber ordenado a dos funcionarios saudíes que ayudaran a los miembros del comando del 11-S, lo que podría poner en peligro a la familia real saudí.

Los familiares de las víctimas de los atentados, que demandan a Arabia saudí por prestar asistencia material a Al Qaeda, han pedido que se levante el secreto que rodea a esta persona.

“A la luz del carácter excepcional de este caso”, el FBI y el Ministerio de Justicia han decidido satisfacerlos, según un documento enviado al juez encargado del caso.

Arabia saudí, que niega haber participado en los atentados, luchó en vano para impedir que la denuncia avanzara. Si se demostrara su responsabilidad, podría ser objeto de importantes exigencias de indemnización ante los tribunales de Estados Unidos.

De los 19 piratas que secuestraron cuatro aviones de pasajeros, dos de los cuales fueron lanzados a las torres gemelas del World Trade Center y mataron a casi 3.000 personas, 15 eran ciudadanos saudíes.

Un informe oficial de 2002 acusaba a dos funcionarios saudíes destinados en Estados Unidos, Omar Al-Bayumi y Fahad Al-Thumairy, de financiar a algunos miembros del comando. Pero no había pruebas que apoyaran estas acusaciones.

En un nuevo informe de una investigación, el FBI reintrodujo esta hipótesis en 2012. “Hay pruebas de que […] ordenó a Al-Bayumi y Al-Thumairy que ayudaran a los piratas”, asegura ahora el FBI.

Los familiares de las víctimas han luchado durante mucho tiempo para tener acceso a todo el documento.

El Ministerio de Justicia ha acordado levantar el secreto sobre el nombre de el personaje anónimo, pero mantenerlo sobre el resto de la información contenida en el informe. Además, el Ministerio señala que el informe era “una teoría de los investigadores de la época y no una descripción objetiva de los hechos”.

Las familias de las víctimas han acogido con satisfacción el anuncio de la próxima desclasificación. “Es un buen resultado”, dijo Terry Strada. “Pero no deberíamos tener que rogar por este tipo de información ni dejarnos a oscuras sobre la participación de Arabia saudí”, añadió.

80 años del Pacto Molotov – Von Ribbentrop (una jugada maestra de la diplomacia soviética)

Desde hace 80 años el imperialismo utiliza el Pacto de no agresión entre Alemania y la URSS de 1939 para equiparar al III Reich con la URSS y a Hitler con Stalin, la manida expresión de “los unos y los otros” o el “ambos son iguales”.

Es una espina que tienen clavada en lo más hondo. Entre 2006 y 2009 la Asamblea Parlamentaria del Consejo de Europa, el Parlamento Europeo y la Asamblea Parlamentaria de la OSCE aprobaron el canon ideológico por el cual el estallido de la Segunda Guerra Mundial se imputa a ambos países y el día de la firma del tratado, el 23 de agosto de 1939, lo convierten en el Día Europeo del Recuerdo de las víctimas del stalinismo y el nazismo.

El origen de esta ideología es la Guerra Fría. Al final de la Segunda Guerra Mundial Reino Unido y Estados Unidos buscaban justificar los nuevos planes de agresión militar contra la URSS y desviar la atención de la opinión pública mundial de su propia colaboración con la Alemania nazi. Luego, la caída de la URSS y el final de la Guerra Fría no acabaron con la campaña intoxicadora sino todo lo contrario. La demonización del Pacto se utilizó como pretexto para separar a los Estados bálticos y Moldavia de la URSS y luego acelerar su integración en la UE y la OTAN.

Los imperialistas presentan el Pacto dentro de una cadena de aberraciones históricas que manipulan hasta lo más evidente: cuando se firmó, la Segunda Guerra Mundial ya había comenzado, y no sólo en Europa. En 1936 comenzó la guerra civil española (y la “no intervención”) y al año siguiente estalló otra en el Lejano Oriente entre Japón y China.

En Europa, en marzo de 1938 Hungría ocupó la Ucrania subcarpática y en septiembre del mismo año Polonia invadió la región checoslovaca de Cieszyn. Alemania destruyó y ocupó Checoslovaquia el 14 de marzo de 1939, en violación de los términos del acuerdo anglo-francés-alemán-italiano, conocido como los Acuerdos de Munich, que rigen la transferencia a Alemania de los territorios checoslovacos de los Sudetes.

A principios de abril de 1939 Hitler ordenó la ejecución del plan Fall Weiss para la invasión de Polonia, que estaba previsto que comenzara el 25 de agosto del mismo año.

Con estos antecedentes, hay que tener muy mala baba para acusar a la URSS de iniciar la Segunda Guerra Mundial por la firma de un Pacto de no agresión.

Desde 1938 la URSS había estado en guerra en el Lejano Oriente con Japón, uno de los futuros impulsores de la Segunda Guerra Mundial. Al gobierno soviético se le plantéo, pues, un panorama muy peliagudo desde el primer momento: una guerra en dos frentes simultáneamente. Por lo tanto, cuando Alemania propuso a la URSS un acuerdo de no agresión, la suerte estaba echada.

Ningún país del mundo se hubiera negado a firmar. Polonia había firmado un pacto de no agresión con Alemania en 1934. Inglaterra y Francia habían firmado pactos mutuos de no agresión con Alemania en 1938. Estonia y Letonia habían formalizado sus relaciones con Berlín en 1939. La posición de Moscú fue la misma.

80 años después los “historiadores” con menos vergüenza, verdaderos lacayos del imperialismo, pretenden que el Pacto entre Alemania y la URSS constituía una conspiración entre dos “imperios totalitarios”.

No puede haber nada más irreprochable que la firma de un Pacto de no agresión. La URSS sabía que Polonia iba a ser aplastada por el III Reich, lo mismo que lo sabían los imperialistas británicos, por poner un ejemplo. ¿Acaso la URSS debía convertirse en garante de la integridad de Polonia, un país con el que había estado en guerra 20 años antes y que le había arrebatado una parte de su territorio?, ¿debía la URSS abandonar su neutralidad o ponerse del lado polaco?, ¿por qué motivo?

A pesar de todo (y de las permanentes muestras de hostilidad del gobierno polaco), la URSS le ofreció garantías de seguridad, que rechazaron.

Es igualmente falso que la URSS se repartiera el territorio de Polonia con el III Reich. La URSS recuperó las fronteras que había perdido durante la agresión de Polonia 20 años atrás. Dichas fronteras (la línea Curzon) no las estableció la URSS sino un ministro británico de Asuntos Exteriores y son las mismas que hoy existen porque fueron aprobadas en 1945 por el Tratado de Yalta, o sea, por los mismos que hoy critican el Pacto de 1939.

Dicho Pacto fue otra jugada maestra de la diplomacia soviética. Hasta entonces toda la política del imperialismo occidental, esencialmente británico y francés, había consistido en estimular al III Reich hacia el este a fin de que Alemania entrara en guerra con la URSS. Incluso habían promovido durante años una cruzada antibolchevique para luchar conjuntamente con Hitler en una guerra conjunta contra la URSS.

El tiro les salió por la culata y las instituciones de la Unión Europea aún se lamentan de ello.

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