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Día: 3 de septiembre de 2019 (página 1 de 1)

Terapia de choque contra la crisis del capitalismo: su más gigantesca movilización de recursos

La congresista demócrata Ocasio-Cortez
No es ninguna casualidad que la Presidenta de la Comisión Europea, la “conservadora” Ursula von der Leyen, coincida con un “progre” como el senador estadounidense Bernie Sanders, en un vasto plan imperialista y monopolista para preservar la hegemonía de las grandes potencias y hacer frente a la crisis económica: el “New Deal verde”.

En 2008 Obama se presentó a las elecciones con dicho plan en su programa electoral. En febrero la congresista demócrata Alexandria Ocasio-Cortez habló en los mismos términos porque ni siquiera cambia el nombre. Naturalmente Podemos tiene su propio “New Deal verde” con el que prometen crear 600.000 puestos de trabajo “de calidad”(1).

Está claro que los “ecosocialistas” son la otra cara de la moneda de la reacción pura y dura y que el falso velo “verde”, como los uniformes de campaña, es un camuflaje que oculta una determinada política económica. Dicho con otras palabras, las corrientes seudoecologistas son una fábrica de consenso; su verborrea trata de arrastrar a los colectivos más despistados a la sombra del gran capital.

El mejor ejemplo de ello es la “huelga por el clima” convocada para el 27 de setiembre. “¿Es posible un New Deal verde sin una revolución?”, se preguntaba un altavoz característico de la burguesía como el New York Magazine (2). No cabe duda de que la crisis económica ha llevado al capitalismo a tal estado de desesperación que se ven obigados a secuestrar el lenguaje popular y reinvindicativo.

Tanto Von der Leyen como Sanders pretenden un plan de choque paralelo a la nueva “Ruta de la Seda” de los chinos. Es la más gigantesca movilización de recursos que el capitalismo ha llevado a cabo a lo largo de su historia, para lo cual es imprescindible recurrir a la única palanca que puede lograrlo: el Estado monopolista.

El senador Sanders lo ha publicado en su página web personal (3) como si fuera suyo, aunque su verdadero redactor es Jack Shapiro, responsable de la campaña por el clima de Greenpeace en Estados Unidos.

Las cifras son mareantes. Las inversiones previstas son del orden de 16,3 billones de dólares y conciernen especialmente, a la infraestructura industrial de Estados Unidos, que ha dado pruebas de estar obsoleta desde hace decenios, además del sector de los transportes y las empresas energéticas.

Pero eso es sólo una parte, porque los problemas ecológicos, por su propia naturaleza, siempre se llevan al terreno de los organismos internacionales. Uno de ellos, el Fondo Verde para el Clima, creado en 2010, recibirá 200.000 millones de dólares de Estados Unidos (si Sanders llega a la Casa Blanca).

Un reciente análisis del American Action Forum calcula que en Estados Unidos la “transicion ecológica” costará en 93 billones de dólares en los primeros 10 años.

Un plan de esas dimensiones requiere saber quién va a pagar la factura. Sanders ha declarado que no hay tal: se autofinanciará en el plazo de 15 años, lo cual es falso. El plan requiere la intervención del Estado, como en cualquier otra política del capital monopolista y por eso se han creado ministerios que van mucho más allá de las viejas oficinas de “medio ambiente”. Más bien se trata de un “ministerio de hacienda paralelo” encargado de dirigir los flujos de capital, tanto públicos como privados. No sólo se producirán importantes subidas de determinados impuestos y rebajas en otros, sino incrementos espectaculares de los precios. Si Usted quiere mercancías “limpias” deberá pagar por ellas. Es lo que intentó hacer Macron en Francia el año pasado, desatando el movimiento de los “chalecos amarillos”.

Las empresas “sucias” son sinónimo de “viejas”, “obsoletas” e ineficaces o, como dicen los posmodernos, “ineficientes”. Por definición, no pueden hacer la competencia a las “limpias” y para ello hay que crear una “bolsa verde” y mercados del mismo color. En contra de lo que aseguran los seudoecologistas, Estados Unidos es hoy el segundo mayor mercado para inversiones renovables.

La cuestión es que no hay empresas “sucias” y “limpias”. Los grandes monopolios como Repsol, Endesa, Iberdrola compiten por tomar la cabecera en las nuevas tecnologías “renovables”. Son todo en uno: “sucias” y “limpias” a la vez. El mercado de las energías “renovables” es una copia casi exacta del otro, el viejo, el que contamina la atmósfera.

(1) https://www.elconfidencial.com/elecciones-generales/2019-03-11/podemos-prepara-un-new-deal-verde-como-plan-estrella-de-su-programa-electoral_1873954/
(2) http://nymag.com/intelligencer/2018/12/what-is-the-green-new-deal-explained-revolution.html
(3) https://berniesanders.com/issues/the-green-new-deal/

Más información:

– La medida 335 que el PSOE ofrece a Podemos propone la puesta en marcha de un ‘New Deal verde’ para la transición ecológica a escala europea

– El Movimento 5 Stelle y el Partito Democratico acaban de publicar un borrador de programa político que será la base para el nuevo gobierno de coalición en Italia con la propuesta de un ‘New Deal verde’

Guerra de Yemen: causas, consecuencias, balance de resultados (y 4)

Tan pronto como la coalición desató la guerra en Yemen, el ejército francés «realizó vuelos de reconocimiento sobre las posiciones de los huthíes en nombre del cliente saudí y continuó entrenando a sus pilotos de combate». Georges Malbrunot, uno de los principales reporteros de Le Figaro, afirma que Francia colabora con Arabia saudí contra los huthíes desde 2009, en particular proporcionando imágenes de satélite. Luego desplegó fuerzas especiales en Yemen junto con Emiratos Árabes Unidos. Desde abril de 2015 está claro que el Pentágono, la Dirección de Inteligencia Militar (DRM) y la DGSE han unido sus fuerzas para ayudar a Arabia saudí a atacar y planificar sus bombardeos con sus iformes de inteligencia. Los servicios franceses recibieron órdenes del Elíseo para apoyar la operación «Tormenta Decisiva» en Yemen con el objetivo de vender satélites a los saudíes y relanzar las actividades de gas de Yemen LNG, que Total y sus socios estaban obligados a detener en abril de 2015. En junio de 2018 elementos de las fuerzas especiales francesas participaron en una operación de desminado y se colocaron junto a la coalición en su intento de retomar el puerto yemení de Hodeida. El apoyo decisivo de Francia también proviene de la movilización masiva de su complejo militar-industrial en beneficio de los aliados wahabíes.

Como hemos visto, las fuerzas de la coalición sobre el terreno son crisol de intermediarios antihuthíes financiados, entrenados, armados y supervisados por la OTAN e Israel fuera de cualquier marco legal. Desde la lucha contra los delincuentes a escala local hasta la lucha contra el principal competidor geopolítico de la región a escala estatal, siempre está en juego la famosa influencia chiíta iraní. En la cuestión yemení, como en otras, no es el propio chiísmo lo que hace que Irán sea peligroso en la región. Es cierto que el aspecto religioso puede permitir cuestionar el control de Arabia saudí sobre los principales lugares sagrados (en Medina y La Meca), pero el punto crucial radica en el tenaz deseo de rechazar el imperialismo americano-israelí en la región y en el mundo.

Esta voluntad se refleja en Yemen a través de los huthíes, que son sorprendentemente decididos y eficaces ante una coalición internacional que incluye a los países más poderosos del mundo. Mientras que en Siria los rebeldes fueron apoyados por la «comunidad internacional», en Yemen los rebeldes la hacen frente. Hoy en día, los huthíes están extremadamente organizados en su objetivo de gobernar el país y a su cabeza hay una familia que dice ser descendiente del Profeta Mahoma. Todavía controlan el norte del país como parte de un sistema piramidal con sus aliados militares del ex presidente Abdullah Saleh.

La capacidad balística de los rebeldes yemeníes y su eficacia se debían a las entregas iraníes a través de la región de Dhofar (Omán) y el puerto de Hodeida. Pero la mayor parte del arsenal de los huthíes proviene de las reservas de Saleh, asesinadas por los huthíes el 4 de diciembre de 2017, pocos días después de romper su alianza con ellos. Yemen no es de hecho una prioridad geoestratégica para Irán y, además, los huthíes rechazan la influencia de un tercer país, pero aceptan cualquier ayuda exterior si sirve a sus intereses. La República Islámica del Irán está aprovechando claramente la situación para desestabilizar a su rival regional saudita.

Además de Bab El-Mandeb, un segundo cruce estratégico se encuentra actualmente bajo una peligrosa tensión entre Irán y los Estados Unidos: el Estrecho de Ormuz. Dos petroleros fueron atacados el 13 de junio de 2019 por Irán, según Estados Unidos, lo que desencadenó un riesgo de escalada que tiene todas las características de una operación de falsa bandera. Al mismo tiempo, Siria saboteó seis oleoductos submarinos con un alto nivel de profesionalidad, según declaraciones realizadas el 24 de junio de 2019. Las tensiones en esta región se pueden resumir, en última instancia, en el deseo imperial de contener la energía geopolítica y geoeconómica de Irán e interconectar las principales rutas marítimas para obstaculizar la voluntad comercial de China.

Guerra de Yemen: causas, consecuencias, balance de resultados (3)

Hoy varios ulemas en Arabia legitiman religiosamente (con la ayuda de suras e interpretaciones de Ibn Tamiyya) la noción de «Gran Israel», es decir, la expansión territorial del país en cuestión desde el Nilo hasta el Éufrates, de acuerdo con los relatos bíblicos. Y es comprensible por qué el Mossad y los servicios de inteligencia saudíes se están llevando bien en este momento.

Nunca lejos de los barbudos moderados, Israel está discretamente presente en Yemen. En la Conferencia Ministerial de Varsovia sobre Paz y Seguridad en Oriente Medio, el Primer Ministro israelí, Benjamin Netanyahu, reveló un compromiso militar sobre el terreno desde el primer día en apoyo de la coalición. Esta guerra se negoció durante varios años entre Israel y Arabia Saudí para explotar las reservas de petróleo de la provincia yemení de Al-Jawf hasta Rub Al-Jali (llamado el Barrio Vacío), una zona que se extiende a ambos lados de Arabia y Yemen y que se extenderá a un proyecto conjunto en el Cuerno de África. Este socio no oficial de la coalición también tendría un personal común con Arabia saudí en Somalilandia. Según Haaretz, las empresas digitales, los traficantes de armas, los instructores de guerra israelíes y los mercenarios pagados por una empresa israelí son socios en la injerencia en Yemen. El periódico de Emiratos Árabes Unidos Al-Khaleej Online, con sede en Londres, publicó un artículo en septiembre de 2018 sobre el entrenamiento de mercenarios colombianos y nepaleses por parte del Estado hebreo en las bases de entrenamiento del desierto del Néguev (sur de Israel). Estos soldados fueron reclutados por Emiratos Árabes Unidos para la guerra en Yemen. Además de los intereses estratégicos, Israel está obviamente involucrado contra la presencia iraní a través de los huthíes. Es probable que Tel Aviv, que todavía está tratando de normalizar sus relaciones con sus vecinos, tenga un papel político y económico que desempeñar en un Yemen remodelado.

Mientras que antes Qatar estaba acostumbrado a alinearse con los intereses del imperialismo (Primaveras Árabes, Libia, Siria), sus posiciones cambiaron algo a principios de junio de 2017. Movilizada inicialmente en territorio yemení, Doha fue expulsada de la coalición imperialista-sunita y tristemente colocada en la mazmorra del desprecio junto a Irán. De hecho, Riad ha puesto en marcha un bloqueo marítimo y aéreo contra Qatar con el pretexto de apoyar el extremismo y el terrorismo (no se rían) y en este empeño cuenta con el apoyo de Bahrein, Yemen, Emiratos Árabes Unidos y Egipto. El principal objetivo son los vínculos entre Qatar y los Hermanos Musulmanes, ya que estos últimos son percibidos como competidores ideológicos y políticos por los países en cuestión, mientras que, como hemos visto, la coalición apoya a las facciones de Al-Islah, la rama yemení de la misma Hermandad Musulmana.

El nuevo eje de Oriente Medio

Esta ruptura diplomática puede ser costosa a medio plazo. Con Irán y Qatar compartiendo el yacimiento de gas más grande del mundo (reservas de unos 50.900 Gm3), el potencial para profundizar las relaciones entre estos dos países es inmenso. Si los dos países apoyaron a grupos opuestos en Siria, lo mismo ya no es cierto en Yemen. Combinemos este fenómeno con el acercamiento efectivo entre Qatar y Turquía desde diciembre de 2014 (firma de un acuerdo estratégico de defensa) y el deseo de adquirir sistemas de defensa S-400 rusos en territorio qatarí. Aquí se está desarrollando un nuevo eje en Oriente Medio. Todo esto beneficia a Rusia, que también tiene previsto producir el futuro S-500 en colaboración con Turquía, y supone un importante revés para el eje atlantista e israelo-saudí.

La posición estratégica del Yemen en la Península Arábiga, con el control del estrecho de Bab El-Mandeb, por el que pasa entre el 30 por ciento y el 40 por ciento del comercio marítimo mundial, es crucial. Por esta razón Estados Unidos está siguiendo el caso muy de cerca, antes de apoyar a Mohamed Ben Salman o la seudolucha contra la presencia de AQPA y el Califato Islámico en Yemen (cerca de 500 miembros en el lugar). Sobre este último punto, cabe señalar que los aviones teledirigidos estadounidenses han estado bombardeando grupos terroristas sobre el terreno durante diez años sin ningún éxito real. Seguramente una buena excusa para quedarse allí; como argumentó la Radio Televisión Suiza (RTS) a finales de mayo de 2019, «el grupo del Califato Islámico es una emanación de la CIA».

El interés de Estados Unidos en la posición terrestre y marítima de Yemen también está relacionado con el comercio chino-americano y la carrera estratégica hacia África; en Djibouti, frente a la costa yemení, hay una de las mayores bases estadounidenses en África y la única base china en el extranjero. Detrás de la coalición hay, por lo tanto, una rivalidad de emergencia saudí que todavía esconde detrás de ella una competencia chino-americana por el control de Bab El-Mandeb. Para Estados Unidos y Arabia saudí, un Yemen unificado fuera de su influencia les quitaría su ventaja sobre el estrecho de Bab El-Mandeb, un importante eje de presión contra sus competidores. Mientras que China mantiene sólo un papel diplomático como mediador en la guerra, los estadounidenses siguen a la ofensiva para preservar sus intereses.

Por lo tanto, Estados Unidos apoya a la coalición en términos de armas, inteligencia y operaciones dirigidas. Según el New York Times, a finales de 2017 se desplegaron fuerzas especiales estadounidenses (Boinas Verdes) en la frontera saudí con Yemen para ayudar a Riad a encontrar y destruir los depósitos de misiles de los rebeldes huthíes. El Comando Central de Estados Unidos (Centcom) llevó a cabo dos ataques en enero de 2019 contra Al-Qaeda en coordinación con lo que queda del gobierno yemení. Se llevaron a cabo en las provincias de Marib y Al-Baidhah y otras seis se llevaron a cabo en marzo en esta última. Oficialmente, estas operaciones no forman parte del apoyo a la coalición saudí.

No podemos hablar de política exterior en la región sin mencionar las múltiples publicaciones que pretenden balcanizar la Península Arábiga sobre criterios religiosos y étnicos (sunitas, chiítas, drusas, alauitas). La publicación de Robin Wright en el New York Times el 29 de septiembre de 2013 sigue siendo emblemática porque Yemen aparece cortado por la mitad y Arabia saudí cortada en 5 pedazos.

Guerra de Yemen: causas, consecuencias, balance de resultados (2)

Arabia saudí sólo podrá salir de Yemen si gana o fracasa por completo. De joven el príncipe saudí Mohamed Ben Salman tenía fama de ser moderno, aunque el culto a su inocencia se derrumbó una vez más cuando resultó ser un hombre brutal que se impuso por la fuerza. En particular, se ha dirigido a las élites religiosas wahabíes, a los oligarcas en el ámbito empresarial (de los que ha sacado miles de millones de dólares) y a países de la región como Qatar, Líbano y, por último, Yemen. El costo del compromiso militar saudí en este último país se estima entre 3.000 y 4.000 millones de dólares al mes.

El reino siempre ha interferido en Yemen, al que considera su patio trasero. Ya estaba pagando fuertemente a las tribus del norte para que mantuvieran el control de las mismas, porque siempre temió la brecha demográfica con Yemen, que podría alcanzar los 50 millones de habitantes en 2050. Arabia, por su parte, tiene apenas 20 millones de sauditas y 10 millones de no sauditas regularizados en su territorio. Esta brecha demográfica es aún más pronunciada en Emiratos Árabes Unidos, donde casi el 90 por ciento de la población es extranjera, al igual que en Kuwait y Qatar. Dado que el 60 por ciento de la población saudí procede del vecino Yemen, los saudíes siempre han temido la posibilidad desestabilizadora de que parte de su población se manifieste abiertamente en su territorio. Además de su potencial demográfico, el Yemen ocupa una posición geográfica estratégica que podría amenazar los intereses saudíes en caso de independencia y desarrollo nacional.

Los objetivos de Mohamed Ben Salman son extender el control saudí sobre los presuntos depósitos de hidrocarburos y especialmente sobre los supuestos recursos acuíferos de Yemen. El control de los puertos del Océano Índico y del Mar Rojo son los objetivos prioritarios de los saudíes, que han sido sustituidos por los rivales emiratíes. Mohamed Ben Salman también tiene como objetivo erradicar todos los rastros chiítas y pro iraníes en el flanco sur de su reino y esto es una emergencia: el alcance de los drones huthíes actualmente cubre casi todo el territorio saudí e incluso tienen el valor de sabotear los oleoductos de Aramco (Arabian Oil Company) en la propia Arabia saudí. Un espectacular ataque perpetrado por los huthíes destruyó recientemente dos petroleros lejos de allí, en el Estrecho de Ormuz. La pesadilla de la realeza saud está tomando forma gradualmente con el cerco militar progresivo de los representantes iraníes en la región.

Riyadh también tiene una opinión negativa sobre el juego emiratí en la formación de un nuevo ejército en Eritrea. Para contrarrestar la ubicuidad de Emiratos Árabes Unidos en el sur, Arabia saudí creó la Alianza Nacional del Sur en abril de 2018, uniendo a los partidarios del Congreso Popular General, las facciones del movimiento del sur, las facciones de Al-Islah, los nasseristas, los partidos salafistas… Riad fomenta las posiciones autonomistas, e incluso las demandas de afiliación de los movimientos políticos hadrami con Arabia saudí. En el noreste de Yemen, hacia la ciudad de Mareb, las dos principales tribus rivales sunitas de Murad y Abidah están unidas contra los huthíes. En esta región el general Ali Mohsen, Vicepresidente de la República de Yemen, puede seguir siendo el próximo hombre fuerte del país. Es un afiliado de Al-Islah que actualmente está consolidando un ejército con la ayuda de los saudíes. Es difícil determinar si el reino wahabí se beneficiaría de un Yemen unitario dirigido por uno de sus peones o de una partición del Yemen en dos o tres entidades.

Una guerra para los mercenarios

Al igual que Emiratos Árabes Unidos, Arabia saudí evita en la medida de lo posible luchar con sus preciosos soldados contra los huthíes. El reino se dirigió inicialmente a las tribus sunitas de Yemen, principalmente salafistas y luego reclutó masivamente mercenarios africanos y sudamericanos. Desde el comienzo del conflicto, ha contratado a unos 14.000 milicianos (salarios mensuales de unos 450 euros y primas de hasta 8.700 euros). La mayoría de ellos proceden de Sudán, que envía paramilitares de la Fuerza de Apoyo Rápido (RSF) y milicianos de la región de Darfur en lugar de sus propios soldados. Este país inestable está experimentando actualmente un pico de crisis que preocupa a Riad por el suministro de sus combatientes.

Según fuentes citadas por el New York Times, entre el 20 y el 40 por ciento de las unidades mercenarias sudanesas que sirven a los saudíes son niños de entre 14 y 17 años. Estas acusaciones son obviamente negadas por Jartum y Riad. La ONU ha informado de que en 2017 se reclutaron 842 niños soldados en el Yemen, algunos de ellos de tan sólo 11 años de edad. Las acusaciones «muy graves» también involucran a las Fuerzas Especiales Británicas (SAS), que supuestamente entrenaron a niños soldados y participaron en los combates, así como al Servicio de Inteligencia Exterior del Reino Unido (MI6), un aliado histórico de los saudíes. En total, once países africanos han enviado mercenarios al Yemen desde 2015 (Senegal, Níger, Malí, Somalia, Eritrea, Chad, Uganda…). Una asesora del Presidente de Uganda, Najwa Kdah, ha acordado con los Emiratos el envío de 8.000 soldados al Yemen, mientras que los saudíes y el Chad han llegado a un acuerdo secreto sobre unos 1.600 hombres de tribus árabes chadianas.

Entre los mercenarios, la mejor solución sigue siendo pedir a Al-Qaeda que calme los conflictos. Por lo tanto, no es sorprendente que Arabia saudí entregue armas estadounidenses a los peores enemigos de los huthíes, es decir, la AQPA y otros grupos terroristas en Yemen, en violación de los términos de su acuerdo de armas con Estados Unidos, según fuentes del Departamento de Defensa de los Estados Unidos citadas por CNN. Los representantes sunitas radicales como AQPA o la Brigada de los Gigantes, apoyada por Emiratos Árabes Unidos, están equipados con vehículos MRAP de fabricación estadounidense. Irónicamente, las armas también han sido recuperadas como botín de guerra por los rebeldes huthíes o compradas por otras milicias sunitas. El International Crisis Group, una ONG multinacional con sede en Bruselas, describe una «alianza tácita» entre la coalición y los combatientes de Al-Qaeda en Yemen. La coalición también luchó contra los huthíes en Adén con Ansar Al-Sharia, una milicia local creado por AQPA, así como en regiones del sur, como la capital cultural de Taiz. Según la ONG, AQPA ha adquirido «una amplia gama de nuevas armas, incluidas las armas pesadas procedentes de campos militares yemeníes o indirectamente de la coalición dirigida por Arabia saudí».

En 2017 el Middle East Eye reveló que el mayor movimiento de combatientes salafistas de Taiz había recibido armas y dinero de la coalición y que su comandante, Abu Al Abbas, fue denunciado más tarde como apoyo de Al-Qaeda y Califato Islámico por los estadounidenses y los saudíes. Una encuesta de Associated Press publicada en agosto de 2018 también confirma que las milicias respaldadas por la coalición han reclutado a cientos de combatientes de AQPA mediante acuerdos secretos para luchar contra los huthíes. Las entregas de armas de Arabia saudí a AQPA se remontan al menos a 2013, según Joke Buringa, asesora del Ministerio holandés de Asuntos Exteriores sobre Yemen. Dos de los cuatro principales comandantes apoyados por la coalición a lo largo de la costa del Mar Rojo son aliados de la rama yemení de Al Qaeda. Otro comandante yemení incluido en la lista de terroristas estadounidenses el año pasado por sus vínculos con AQPA seguiría recibiendo dinero de Emiratos Árabes Unidos para dirigir su milicia. Según estimaciones de funcionarios estadounidenses, la fuerza actual de esta rama de Al Qaeda se sitúa entre 6.000 y 8.000 combatientes. Y pretenderán sorprenderse por el surgimiento de AQPA más tarde… El dirigente número uno del Califato Islámico en Yemen, Abu Usama Al-Muhajir, así como otros miembros de dicho grupo terrorista, están mucho más en la mira de los saudíes que Al-Qaeda y fueron detenidos a principios de junio de 2019 por un comando yemení saudí.

Guerra de Yemen: causas, consecuencias, balance de resultados (1)

Yemen es un poco como Siria, pero sin Bashar Al-Assad. El imperialismo apoya la agresión sobre el terreno y participa en las masacres, pero aquí no hay ningún carnicero halal sediento de sangre al que puedan poner de espantapájaros, como en Siria. ¿Dónde están las manifestaciones pacíficas y duramente reprimidas?, ¿los estudiantes rebeldes?, ¿las minorías oprimidas? ¿qué justifica el apoyo diplomático a Arabia saudí y Emiratos Árabes Unidos?, ¿qué justifica la guerra, la venta de armas, la participación en la destrucción del país y el desastre humanitario?

Tenemos el apoyo iraní a los huthíes, pero es una excusa muy pequeña en comparación con otras a las que nos tienen acostumbrados.

Inicialmente la guerra yemení fue interna al propio país y la injerencia saudí y de Emiratos Árabes Unidos la agravaron en gran medida. La ayuda de Irán a los rebeldes huthíes, que no existía antes de la intervención saudí, fue la principal excusa presentada para justificar la intervención. A partir del 26 de marzo de 2015 los sátrapas wahabíes se rodearon de una coalición de diez países árabes para lanzó su operación «Tormenta decisiva». Esa alianza se amplió a cuatro países: Arabia Saudita, Emiratos Árabes Unidos, Sudán y Bahrein. Marruecos se retiró de la coalición a principios de febrero de 2019 y otros actores como Egipto no demuestran mucho celo en su compromiso.

Principalmente la Guerra en Yemen fue consecuencia de la implicación de Arabia Saudí en la crisis interna del país. Durante los últimos cuatro años Riad se estancó en una guerra que ha perdido.

Emiratos Árabes Unidos

El papel de Emiratos Árabes Unidos en la guerra se ha descuidado, a pesar de que, según Amnistía Internacional, operan «en condiciones oscuras en el sur de Yemen». La estrategia emiratí es la de mantener la posición de puerto de cabecera de Dubai entre África oriental y Asia. Por eso se ha centrado en el control de las posiciones marítimas en la península arábiga entre los estrechos de Ormuz y Bal El-Mandeb. Por eso ha transformado la isla yemení de Socotra (Patrimonio de la Humanidad declarado por la UNESCO) en un portaaviones. Por eso ha creado puntos de apoyo militar en los puertos de Puntlandia (Bossaso, Somalia) y Somalilandia (Berbera, el único puerto de aguas profundas del norte de Somalia). Abu Dhabi también ha desarrollado infraestructura militar en los puertos de Assab y Massawa en Eritrea.

La infraestructura marítima la coordina desde el Archipiélago de las Islas Hanish, sede del sistema marítimo regional emiratí. De hecho, Emiratos Árabes Unidos controla el Golfo de Adén y la costa sur de Yemen (Al-Mukallah).

El compromiso de Emiratos Árabes Unidos en Yemen le permite, por tanto, ampliar su influencia en el estrecho de Bab al-Mandeb y en la región del Golfo de Adén. Algunos incluso creen que intentarían hacer de Yemen su octavo emirato. Las bases aéreas y navales de Eritrea, Somalilandia y Puntlandia reflejan su deseo de convertirse en un actor principal en materia de seguridad en la región, además de promover el comercio marítimo entre la Unión Europea y China.

Para sus operaciones terrestres en la guerra, Emiratos Árabes Unidos utilizó inicialmente mercenarios de empresas como Blackwater o la empresa de seguridad privada estadounidense Spear Operations para asesinar a figuras políticas y religiosas vinculadas al partido yemení Al-Islah, la rama local de la Hermandad Musulmana. Tres veteranos de las fuerzas especiales estadounidenses y otros nueve de la Legión Extranjera Francesa fueron contratados por Spear Operations. En relación con estos asesinatos, el 21 de marzo de este año la Alianza Internacional para la Defensa de los Derechos y las Libertades ha presentado una denuncia ante los tribunales de París. En abril del año pasado presentaron una primera denuncia por complicidad en la tortura contra Mohamed Ben Salman, conocido como MBS, príncipe heredero de Arabia saudí, y una segunda contra Mohamed Ben Zayed, conocido como MBZ, príncipe de Abu Dhabi, por «complicidad en crímenes de guerra». Se dice que MBZ tiene grandes ambiciones; no en vano es el mentor de MBS, el principal actor de la participación saudí en Yemen.

La influencia de Emiratos Árabes Unidos ha sido subestimada o eclipsada, mientras que tiene el papel más desestabilizador en el sur de Yemen, que actualmente está bajo su control. Emiratos Árabes Unidos coordinan las milicias locales y el Consejo de Transición del Sur, dirigido por Aidarus Al-Zubaidi, cuyo objetivo es restaurar el antiguo Estado progresista de Yemen del sur que existió entre 1967 y 1990.

Este Consejo de Transición del Sur está compuesto por elementos armados de múltiples denominaciones: separatistas, salafistas, fraternidades musulmanas, socialistas… Los sátrapas de Abu Dhabi también formaron una fuerza armada compuesta por parte de la Guardia Republicana (creada tras el asesinato del ex presidente Abdullah Saleh por los huthíes) y parte de los miembros del partido salafista Al-Islah, compuesto principalmente por la tribu Banu Al-Ahmar Shafi, históricamente cercana a los saudíes. Cabe señalar que Al-Islah (Hermandad Musulmana) está considerada oficialmente como una organización terrorista por Emiratos Árabes Unidos, pero como el movimiento está dividido en varias tendencias, parece que los emiratíes apoyan a algunos, pero no a otros.

Los terroristas moderadamente moderados hacen un buen trabajo para quienes los manejan. Hay más ataques terroristas en el norte del país, particularmente en la Sanaa controlada por los huthíes que en otros lugares, mientras que Al-Qaeda de la Península Arábiga (AQPA) no se encuentra allí. De hecho, sus filiales activas están presentes en el sur del país, en las provincias de Shabwah, Abyan o Hadramaout, controladas por los saudíes. Califato Islámico también está presente en las zonas liberadas donde Emiratos Árabes Unidos mantienen fuerzas y envían emisarios con equipamiento para luchar contra Al-Qaeda, el Califato Islámico y los huthíes. De hecho, los terroristas han forjado alianzas objetivas con las tropas saudíes y emiratíes para luchar contra los no creyentes huthíes (zaiditas pero considerados chiítas). El actual gobierno yemení ni siquiera controla estas zonas liberadas. De hecho, el país está totalmente ocupado por países extranjeros. El actual Presidente Abdrabbo Mansour Hadi ha mencionado incluso la ocupación de Yemen por parte de Emiratos Árabes Unidos. Este gobierno, apoyado por la coalición imperialista-wahabí, tiene escasa legitimidad entre la población.

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