La web más censurada en internet

Día: 25 de mayo de 2019 (página 1 de 1)

Los hermanos Quero: héroes de la lucha armada contra el franquismo en Granada

De la realidad, al mito, la leyenda. Es la historia de los hermanos Quero, oculta durante décadas por el miedo del franquismo a que se convirtieran en héroes, lo que no consiguió ni con la durísima represión que soportaron sus familiares. Sus acciones -con contundencia y descaro, con lealtad y firmeza-, corrían de boca en boca en la Granada gris posterior a la guerra civil, una ciudad de provincias en plena posguerra que trataba de sobrevivir a la oscuridad, celebradas en silencio por esa parte de la población angustiada por lo que vino, aferradas al grupo de guerrilleros que lideraron Pepe, Antonio, Pedro y Francisco Quero Robles.

Junto a ellos, y entre otros, formaron el grupo Antonio Velázquez Murillo, Antonio el de Güéjar; Baldomero de las Torres, Torres El Mecánico; Antonio Morales Rodríguez, El Palomica;  Modesto Delgado Hidalgo, Modestico o Matías García Fernández, El Matías.

Sus acciones corrieron como la pólvora por los portales y las escaleras. Ellos, los más afamados de los 14 hijos de Francisco y Matilde, residentes en la casona del Albaicín, que sufrieron cómo cayeron cuatro de sus hijos y encarceló a otros tantos. Una placa en la Placeta de los Castilla les recuerda desde 2011, a la espera de reconocimientos oficiales, que no llegan.

Los cuatro hermanos Quero lideraron un pequeño grupo guerrillero que actuó en Granada y alrededores entre 1940 y 1947. Un caso único, puesto que a diferencia de los maquis que pelearon en bosques y sierras, ellos optaron por la lucha urbana.

Cuenta Jorge Marco, profesor de Historia y Política en la Universidad de Bath, Reino Unido, y antes de la Complutense, autor de “Hijos de una guerra. Los hermanos Quero y la resistencia antifranquista”, reeditado con nueva documentación por Comares, que el dictador conservaba tan sólo seis informes sobre la guerrilla antifranquista en su despacho, tras investigar en la Fundación Francisco Franco. Dos de ellos hacían referencia al pequeño proactivo grupo de guerrilla urbana granadino, los hermanos Quero.

Este detalle puede dar la talla de sus acciones, ridiculizando a la Granada franquista, actuando a plena luz del día, poniendo en jaque a las fuerzas de seguridad.

La familia vivía en el Albaicín dedicada al negocio de la carne cuando les sorprendió la guerra. Los hermanos Pepe, Antonio, y Francisco Quero se aliaron del lado republicano y estuvieron en el frente, alistados en la 78 Brigada Mixta, del ejército regular, que apenas entró en combate y que estuvo destacada en Diezma y en Guadix.

Cuando concluyó la guerra, como tantos otros milicianos, lo único que deseaban tras defender la legalidad era volver en paz a sus casas. Pero ni para ellos ni para la mayoría de ellos fue posible: el régimen franquista jamás perdonaría a los combatientes republicanos.

Y así, al acallar las balas comenzó otra batalla incluso más cruel todavía: la represión y persecución franquista. Tuvieron que comenzar a malvivir en una ciudad hostil, en un país que ya no era el suyo. Y aunque antes de la guerra no tuvieron ningún tipo de militancia política, la tragedia trajo consigo su politización, que los unió definitivamente a la causa republicana.

Los hermanos Antonio y José fueron encarcelados a penas menores, pero los continuos fusilamientos que siguieron tras la guerra y los rumores de que los fascistas asesinaban a los presos les empujaron a hacer algo que les cambiaría la vida: fugarse.

Aquella escapada de la cárcel de La Campana, en Granada, en junio de 1940 los convertiría en unos proscritos. Lo primero que hicieron los dos hermanos fue unirse a la partida de Juan Medina García, El Yatero, con el que estarían unos meses para después constituir ellos mismos su propia partida.

No había marcha atrás. Y habían prometido que se suicidarían antes de ser detenidos por elementos del Régimen. Abocados a la muerte, sus acciones dejaban atónita a Granada, como el secuestro, durante un par de horas, de Manuel Rodríguez-Acosta, de las familias más adineradas de entonces, para conseguir 250.000 pesetas, una fortuna. Esa misma tarde secuestraron en la calle Gran Vía al empresario Andrés Sánchez Montes. Por la noche, ya tenían 250.000 pesetas más. En un día recaudaron medio millón de pesetas para la resistencia

Ya en Granada, se caracterizarían por sus golpes espectaculares al régimen franquista, por sus enfrentamientos a tiros con la policía armada y la Guardia Civil y por su forma de escabullirse de las emboscadas más difíciles. A sus sorprendentes atracos y secuestros -llegaron a cometer dos simultáneamente en un mismo día- se unió la fama de que el dinero que obtenían era o bien para la Resistencia antifranquista o para familias más necesitadas. Gracias a ellos lograrían tener una enorme red de apoyos e informadores.

Y otro gesto que los distinguían: su impecable vestir y su exquisita educación, hasta que tenían que enfrentarse a tiros.

Hoy parecería increíble. Pero fueron famosas las persecuciones por Granada con gran cantidad de intercambio de disparos entre los miembros de la partida y las fuerzas franquistas.

El 20 de agosto de 1941 secuestraron al general Eduardo Entrala Ríos en la calle Alcantarilla, metiéndolo en un coche. Lo mantuvieron oculto durante tres días y cobraron una recompensa de 500.000 pesetas, una cantidad desorbitada en la época.

El 3 de mayo de 1944, día de la Cruz en Granada, propiciaron un tiroteo sin precedentes en el Paseo del Salón, cuando trataban de recoger el dinero de un atraco ante una multitud de personas.

El 4 de agosto de 1944, en la calle Maestro Alonso de Granada, los cuatro hermanos Quero entraron en el domicilio de Pedro Segura, juez de la Auditoría Militar de Granada. Querían presentarle sus respetos y una carta de amenaza en mano. «Somos los hermanos Quero», dijeron al juez, que pudo ver sus rostros. «A nosotros es a quien tiene que perseguir». El motivo de la visita no era otro que conseguir la libertad de dos jóvenes inocentes que habían sido detenidos acusados de tener relación con ellos.

Esa misma noche, secuestraron al médico Baldomero Bueno López, al que retuvieron varios días. Una nota en un periódico local en la que puede leerse «vendo radio gramola nuevo. Razón: Natalio Rivas 46 a 50» fue la señal de que iba a pagarse el rescate.

La tragedia presentida, sin embargo, no tardaría en llegar. Pepe Quero, de 29 años, murió en un almacén del Carril del Picón al tratar de secuestrar a su propietario para conseguir un rescate. El hijo del dueño, al descubrir la situación, disparó contra el miembro de la banda. Se organizó un tiroteo y su otro hermano, Francisco, se vio obligado a huir dejando atrás el cadáver.

En julio de 1945, Francisco y Pedro Quero se vieron acorralados por la Guardia Civil en el Sacromonte. Los dos resultaron heridos, Pedro con una pierna rota y Francisco, con un disparo en el ojo. Su huida fue antológica: Francisco, con los ojos ensangrentados, se echó a su hermano a hombros mientras Pedro disparaba contra los agentes.

Luego consiguieron separarse y Pedro se escondió en una antigua mina. Allí fue acorralado. Resistió matando. En el asedio, una cuñada suya pudo entrevistarse con él para convencerle de que se entregase. Él sólo le pidió un cigarrillo. Al terminar de fumárselo, le dijo a su cuñada que se fuera y se pegó un tiro. Y ni aun así, los agentes se atrevieron a asomarse a la boca de la mina.

El 30 de marzo de 1946 le tocaría el turno al propio Francisco. Sorprendido junto a Antonio Morales, El Palomica, en la Plaza de los Lobos, Francisco inició una esperpéntica escapada a tiros por todo el centro de la ciudad, calle Duquesa, Plaza de la Trinidad, calle Mesones, Escudo del Carmen, Plaza del Carmen, donde el pintor Miguel Riquelme Ballesteros, que en ese momento estaba trabajado en una fachada, murió a causa de una bala perdida.

El primero en caer fue El Palomica, que en la Placeta de los Peregrinos resultó herido y apresado. Poco después fue llevado al hospital, donde permaneció en estado crítico durante varios días. Cuando recuperó la conciencia comenzó a ser interrogado por la policía, sin que soltara palabra alguna. En uno de los momentos en que se encontró sólo en la sala del  hospital se suicidó rasgándose la herida que tenía en el cuello. El joven de tan sólo 28 años, procedente de Orihuela (Alicante), que se hizo amigo de los hermanos Quero durante la guerra, se mantuvo fiel a sus compañeros hasta el último momento.

Francisco Quero, sin embargo, consiguió continuar su huida desde la Placeta de los Peregrinos y se dirigió al domicilio de uno de sus enlaces más leales, Eliseo López Rojas, militante de la CNT, que vivía en la calle Solares número 7. Llegó hasta allí mientras la policía le pisaba los talones y pidió refugio, pero nada más entrar en el portal un policía inició el tiroteo.

Paco respondió con sus dos pistolas y consiguió salir del portal con la intención de buscar un nuevo refugio, pero entonces se encontró rodeado de policías y guardia civiles que, al descubrirle en plena calle, le acribillaron. Asunción Jumilla, mujer de Eliseo López, al escuchar los disparos, asomó la cabeza por la ventana. No tuvo tiempo de ver cómo Francisco caía muerto en la esquina de la calle pues uno de los policías la disparó, resultando muerta de inmediato.

Eso sucedía a las cuatro de la tarde. Francisco cayó abatido frente a una multitud de policías. Su cadáver sería posteriormente pateado con saña y tiroteado hasta dejar su rostro irreconocible. Francisco tenía 24 años.

El final de la banda de los Quero llegaría el 24 de mayo de 1947. Dos días antes, Antonio Quero, Antonio Ibáñez y José Mérida, sufrieron una emboscada por parte de la policía en un piso del Camino de Ronda en el que se habían refugiado. Habían sido delatados por un confidente.

Todo el bloque fue desalojado y comenzó un asedio que duraría dos días. En ese asedio se produjo un episodio que aún se recuerda en Granada: en un intento desesperado, Antonio Ibáñez cogió un colchón y saltó con él desde un segundo piso ante los disparos de la policía. Cayó malherido pero continuó disparando hasta morir una hora después. No existe una versión oficial de la muerte de Antonio Quero. Mientras la policía de la época señaló oficialmente que había sido abatido cuando intentó oponer resistencia a la entrada de las fuerzas -llegó a actuar en la operación hasta un helicóptero del Ejército, el primero que muchos vieron en su vida-, la teoría más plausible fue la del suicidio final, tal y como se habían conjurado los hermanos.

La historia de los hermanos Quero fue recogida por primera vez en un libro autoeditado por Nicolás Manzanares Artés, a quien había conocido en la cárcel de La Campana. Nadie aceptó publicarlo hasta que en 1978 lo editó él mismo. Se llamaba “Consecuencias de la tragedia española 1936-1939… y los hermanos Quero”. De él son la mayoría de las imágenes recopiladas del grupo y familiares, que también ilustran este reportaje.

En 2010 se publica la primera edición de “Hijos de una guerra. Los hermanos Quero y la resistencia antifranquista”, de Jorge Marco, publicado por Comares. Ahora se ha reeditado la segunda edición, con nuevos testimonios y documentación: Nueva edición ampliada de “Hijos de una guerra. Los hermanos Quero y la resistencia antifranquista”, una obra imprescindible

En 2017, Largatija Nick, que lidera Antonio Arias,  edita “Crimen Sabotaje y Creación”. Incluye “La leyenda de los hermanos Quero”, una espléndida obra que vuelve a dar conocer, con toda la fuerza, la historia de los guerrilleros. En la canción recupera la voz de Víctor Blaya Quero El Charico, fallecido en 2008. Sobrino-nieto de los Quero.

El director de cine José Sánchez-Montes prepara una película sobre los cuatro guerrilleros, en el que abordará la represión vivida por la familia del Albaicín en la posguerra y hará hincapié en la afición flamenca de parte de la familia.

http://www.elindependientedegranada.es/blog/hermanos-quero-iconos-lucha-regimen

El fascismo es oscurantismo

Juan Manuel Olarieta

Acabamos de darnos cuenta de que en 1945 no acabó el fascismo en Europa, como nos habían asegurado. También nos hemos apercibido muy recientemente de que en 1975 no acabó el fascismo en España, como también nos habían asegurado.

El fascismo ha vuelto a estar en boca de casi todos, aunque de una manera vergonzante, mistificada y adulterada: que si ultraderecha, que si populismo, que si nacionalismo, que si extremismo… Ya no saben qué inventar para no llamar a las cosas por su nombre.

Pero ahora que el fascismo está encima de la mesa, llega la segunda cuestión, que es aún peor que la anterior: ¿qué es el fascismo?, ¿a qué llamamos fascismo?

Hay que poner el énfasis necesario en los conceptos políticos porque si a alguien le duele el oído porque tiene una inflamación (otitis), no puede ir a la consulta del médico para decirle que tiene hemorroides. Sería el mayor perjudicado por su error.

El fascismo tiene varias secuelas políticas e ideológicas, de las cuales algunas son conocidas (racismo, machismo, islamofobia) y otras no tanto. El oscurantismo es una de las menos conocidas e históricamente está relacionado con las religiones: las religiones propagan el oscurantismo.

Por eso algunos creen que los ateos se libran del oscurantismo, cuando en realidad aborrecen tanto a las religiones, así, en general, que se han desentendido de ellas, dicen que todas son iguales… Aquí impera también la regla máxima de la dialéctica materialista: es imposible luchar contra algo que se ignora; no se puede ser ateo sin conocer lo que son las religiones porque el ateísmo es la ciencia que las estudia.

Como cualquier otra ideología, las religiones son una expresión mitificada de las clases y la lucha de clases. Hasta el siglo XVII la religión y sus aditivos (la ética, la moral) eran lo que hoy calificamos como “política” o al revés: la política era una (parte de la) religión. Al cambiar su sustrato material, social e histórico, cambian también las ideologías, las religiones y las políticas.

En Europa la religión la han configurado las múltiples corrientes cristianas, especialmente el catolicismo, dirigido desde Roma. De manera simétrica y paradógica, en el Renacimiento la lucha contra el dominio ideológico de la Iglesia católica retrocedió a los tiempos previos en que no ejercía ese dominio, es decir, a la Antigüedad clásica, a Grecia y Roma. Así se acuñó la expresión “civilización grecorromana”, que tenía tintes ateos, o por lo menos laicos.

En el siglo XIX el vocabulario cambia y se introduce otra expresión (“civilización judeo-cristiana”) que desde 1948 triunfa por la asociación del sionismo con el imperialismo, unida a esa “mala conciencia” que persigue a Europa, que no sabe digerir y que en la posguerra transporta un desastre, los campos de concentración, de un sitio (Europa) a otro (Oriente Medio).

Por si aún no se habían enterado, se lo volveré a contar otra vez: la Segunda Guerra Mundial fue una lucha de los nazis (los malos) contra los judíos (los buenos), injustamente masacrados hasta un punto para el que no hay palabras truculentas suficientes; no basta decir matanza, ni masacre, ni genocidio: hay que decir exactamente Holocausto (y ponerlo con mayúsculas).

Las ideologías no escapan a la magia de la palabras, como abracadabra y los conjuros, y todo para justificar una de la políticas imperialistas con más repercusiones desde el final de la Segunda Guerra Mundial, como es la creación del Estado de Israel y el atosigante despliegue de excusas y justificaciones que ha supuesto. No hay más que leer los repetitivos documentales de bodrios televisivos como el “Canal Historia”.

Pues bien, la expresión “civilización judeo-cristiana” quiere decir que, en contra de lo que ocurrió hasta 1948, durante 20 siglos, los cristianos y los judíos tenemos unas raíces comunes, y no voy a entrar ahora a explicar la importancia que para las sociedades actuales tiene el conocer dónde están sus raíces, su terruño y su patria chica.

En otras palabras: para lavar nuestra “mala conciencia” los cristianos debemos reconocer que no hemos estado siempre enfrentados a los judíos; no les podemos reprochar cada día que mataran a Cristo porque nuestras raíces son las mismas. Los judíos no son un pueblo “deicida” sino todo lo contrario: un pueblo oprimido y perseguido. Nosotros tenemos algo de judíos y, por lo tanto, Israel también es nuestra “Tierra Prometida”.

A partir de aquí es como en Euskadi: del mismo modo que todos los vascos somos creyentes (“euskaldun fededun”), o sea, católicos de pura cepa (mucho más que los españoles), los judíos son todos sionistas. Por eso ayer el Parlamento alemán dictaminó que la campaña BDS (Boicot, Desinversiones, Sanciones) contra el Estado de Israel es “antisemita” y prontó será prohibida como una expresión de “odio”, que es el abracadabra hipermoderno de los fiscales y los jueces para hablar y tapar la boca a los demás.

Luego, si los católicos y los cristianos tenemos las mismas raíces que los judíos, también debemos ser sionistas y defender el Estado de Israel, que es el Templo de Salomón, nada menos.

A las sociedades europeas y a buena parte del mundo se le ha hecho creer desde 1948 que las sociedades cristianas somos más cercanas al judaísmo que al islam, para lo cual hay que falsificar u olvidar todos los textos religiosos, desde la Torá hasta el Corán.

Hay, sin embargo, algo mucho más importante que falsificar los textos religiosos, lo que se ha hecho muy frecuentemente, que es falsificar la historia. Las religiones cristianas, y muy especialmente, la católica, se han desarrollado en oposición y lucha contra el judaísmo, no sólo ideológicamente sino físicamente, hasta el punto de llegar a la persecución y deportación en masa. El antisemitismo es un legado que los católicos transmitieron a los nazis.

A partir de 1948 el imperialismo ha vuelto a trucar la historia, que es la tarea favorita de los académicos y universitarios estadounidenses, que han sustituido el ancestral odio a los judíos por el moderno odio a los musulmanes, todo ello acompañado de una catarata de estudios, investigaciones y libros estúpidos que pueblan las bibliotecas del mundo entero, convocan seminarios, conferencias, debates…

La capacidad ideológica que tienen los imperialistas para darle la vuelta a la tortilla por completo es, pues, inaudita. Pero si eso no es posible, son capaces de confundir, enredar y lanzar cortinas de humo continuas para distraer la atención.

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información.plugin cookies

ACEPTAR
Aviso de cookies