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Día: 21 de abril de 2019 (página 1 de 1)

Los militares israelíes están nerviosos ante el creciente poder militar de Hezbolah

Sectores militares y políticos israelíes continúan mostrando su nerviosismo en relación a la existencia de “un nuevo Hezbolá” bien armado y con amplias capacidades. Estos sectores aconsejan tomar en serio el poder de Hezbolá en la región. En concreto, los misiles del movimiento libanés son capaces de crear un equilibrio en la frontera norte y proteger al Líbano de un ataque israelí.
Algunos sectores israelíes también especulan con el hecho de que Hezbolá pueda haber adquirido un sistema de misiles antiaéreos multicapas que pueda contrarrestar la amenaza de la aviación israelí.
Un alto comandante del Ejército israelí acaba de reconocer que, en caso de una nueva guerra entre Israel y Hezbolá, este último podría lanzar cada día mil misiles contra los territorios ocupados por el enemigo israelí.
El nuevo jefe de las fuerzas terrestres del Ejército israelí Yoel Strick, ha señalado en una entrevista con Ynet que en caso de una nueva guerra entre Israel y Hezbolá, los israelíes tendrían que evacuar todas las zonas limítrofes con el Líbano. Sin embargo, esto no salvaría a los israelíes de los misiles de alcance medio de Hezbolá, que pueden alcanzar cualquier parte de la entidad sionista.
El alto comandante israelí también afirmó que, en caso de conflicto, Hezbolá podría llevar a cabo una operación sorpresa en el norte de los territorios ocupados, y en especial en Galilea.
“Hezbolá ha desplegado sus fuerzas militares en 200 aldeas en el sur del Líbano. Ellas han sido reforzadas y equipadas con misiles, misiles antiaéreos y centros de mando para enfrentarse al Ejército israelí, en caso de guerra en esta región”, afirmó el alto rango israelí, durante una entrevista.
Destacó que el movimiento de resistencia libanés estaba fortaleciendo su arsenal de armas y misiles para apuntar a más objetivos estratégicos dentro de Israel si se desata una nueva guerra.

http://spanish.almanar.com.lb/309366

El chaquetón eterno

Jaime Noguerol 
14 de abril. Cumplo un antiguo rito y camino por el cementerio de San Francisco recordando a los republicanos ajusticiados, muchos de ellos ante las paredes de este hermoso cementerio. Qué guerra sanguinaria. Por los dos bandos. Hay que recordarla, hermano lector. Fue hace nada, hace 80 años. Días tristes, las lecheras bajaban silenciosas a la ciudad y murmuraban: “Hoy hay consejo de guerra”. Los paisanos bajaban temblorosos de los coches de línea: “Hoy van a fusilar a dos hombres”.
Pero te cuento. Hoy camino melancólico entre las tumbas y panteones. Ya nadie escribe epitafios. Algún día visitaré en Baltimore el mármol de Allan Poe: “Dijo el cuervo: nunca más”. También el de Emily Dickinson: “Me llaman”. Pero en San Francisco tenemos un epitafio genial, el de Ben-Cho-Shey: “Ten o gusto de lles ofrecer aos seus amigos o seu novo domicilio no cumio do cimiterio de Ourense, onde os agardará ata que o boten de alí os ediles de turno. / Quedan suprimidas tódalas homenaxes postmortem porque as cousas ou se fan ao seu tempo ou non se fan”.
Ay, en la próxima generación nadie llorará ante nuestras tumbas. Qué ingenuo soy al pensar “quizás alguien lleve flores a mi sepultura”. Medito sobre esos viejos cementerios olvidados alrededor de las iglesias. El desolado cementerio de Larache. El de Tánger, cuánto medité allí. Y aquella tumba solitaria de un sargento del Tercio cerca de las playas de Alhucemas. Los tanques nazis avanzando poderosos sobre las sepulturas de soldados desgraciados en Stalingrado.
Se me está yendo la olla; yo quiero escribir sobre los republicanos. Camino por San Francisco y me detengo ante el memorial que alzaron los Amigos de la República. De pronto, me invade la melancolía. Año 73, París. Aquel entrañable café de Montparnasse. Allí di con los últimos republicanos ya ancianos que habían huido en 1939, atravesando los nevados Pirineos. Me pregunto. ¿cómo se llamaba aquel hombre que todavía tenía en su cartera el arrugado carné de la CNT? Sí, era Juanito: “Soy de la tierra de la canción de Dolores, de Calatayud”. Él lideraba la tertulia de aquellos hombres que habían jurado no regresar a España hasta que muriese el general ferrolano.
Qué ingenuos, ya estábamos en el 73 pero insistían: “Enseguida va a caer, sé de buena fuente que el pueblo pronto va a rebelarse”. Ya no vivirá Antonio, el conductor de tanques, siempre silencioso en la mesa de los tertulianos. Pude arrancarle algo de su historia: “Yo estaba en la columna de la 9ª Compañía de la 2ª División Blindada, al lado de Amado Granell aquel agosto de 1944, nadie nos quitará la gloria de haber sido los primeros en entrar en el París liberado. Los franceses siempre lo han querido ocultar, pero allí estábamos nosotros, los primeros”.
El que sí hablaba era Juanito, el de Calatayud. Yo lo escuchaba con mucha atención, tenía la sensación de suplir al nieto que intuyo no pudo tener. “Al final de la guerra, cuando lo del Ebro, nos hizo mucho daño la lluvia y el lodo, los puentes construidos se nos venían abajo. Ellos tenían mejor armamento y más disciplina pero, créeme, amigo, los de la CNT teníamos más cojones”.
(Inevitable, viene a mi mente el último maqui, Camilo de Dios, guerrillero antifranquista. No hace tanto estuve en su apacible casa en Sandiás. Ay, rondará ya los 90 años. De vez en cuando voy a visitarlo y él, solidario, sonríe triste cuando muy discreto va a buscar su eterno chaquetón de cuero con el que anduvo por los montes. Me lo pongo. Qué bien hecho está, tiene un porte militar y abriga. “Me lo hizo un sastre de la calle de La Paz que tenía nuestras ideas. Nos hizo uno para cada uno de nosotros jugándose la vida, la ciudad estaba llena de delatores y falangistas. Fíjate cómo pesa, parece nuevo, hecho ayer. Cuánto trabajó de noche para hacerlos”.
Mira tú, alguien los delató, aquel Día del Padre, 19 de marzo de 1949, bajó con los suyos a bombazos Montealegre abajo. Mal orientados se dieron de bruces con este viejo cuartel de San Francisco. Los objetivos eran dos crueles jefes, un falangista y un militar. Triste día aquel. Corrió la sangre. La ciudad se conmocionó. Refugiados en la casa de la plaza de Las Mercedes, los disparos no cesaban. El resto es pura historia.
Seguro que en tu mesa estará todavía El Mundo Obrero de este mes.
Ay, Camilo, una tarde me mostraste un secreto. Cumplo.
Pronto iré a ponerme de nuevo el chaquetón).

https://www.laregion.es/opinion/jaime-noguerol/el-chaqueton-eterno/20190421083828867134.html

La ideología verde: una tara de la modernidad

Juan Manuel Olarieta

La seudoecología moderna es una colección de tópicos éticos y estéticos que poco tienen que ver con la ciencia, es decir, con la ecología científica. Como cualquier otra ética o política, para resultar válida debe reflejar fielmente “lo que hay” antes de pasar a ofrecer una alternativa diferente para el futuro.
Ocurre como en cualquier otro fenómeno ideológico: si no sabemos “lo que hay”, tampoco podemos cambiarlo. Si hay una enfermedad (paso número uno), para poder curarla (paso número tres) hay que tener una diagnóstico de ella (paso número dos).
Por su propia esencia, una ideología no puede cumplir con ninguno de esos tres pasos y la seudoecología actual es uno de los mejores prototipos en los que podemos analizar una ideología cualquiera como si de un laboratorio se tratara.
En las religiones, por ejemplo, es típico que hablen del “más allá” porque es una forma de tapar el “más acá” y desconectar ambos: no es posible traer aquel paraíso a esta tierra.

Lo mismo ocurre con las ideologías verdes, que se ocupan de lo que nos espera y no tanto de lo que ya tenemos encima.

Lo que diferencia a la religión de la seudoecología no es el presente sino el futuro o, mejor dicho, el contraste entre el presente y el futuro. En una religión el presente es malo y el futuro bueno, mientras que en las ideologías verdes el presente es malo y el futuro peor.
Como el mañana es tan negro, la seudoecología resulta conformista, a pesar de su apariencia “contestataria”. A uno le dan ganas de no moverse del sitio, porque no sólo estamos destruyendo la naturaleza sino a nosotros mismos como especie. ¡Carpe diem! Nos quedan dos telediarios.
Ahora bien, no hay que desesperar porque toda ética busca una salida desesperadamente, que no va a ser fácil porque hasta ahora hemos sido unos pecadores empedernidos. “La transición energética es la apuesta para evitar la extinción”, dice Marc Romera en la web del Ayuntamiento de Barcelona (1). Tras el pecado llega la redención (pero sólo si uno se arrepiente).
La ecología es una disciplina científica que estudia la naturaleza y al hombre como parte integrante de ella. La seudoecología, como cualquier ética, es algo diferente. Argumenta -con más o menos fortuna- sobre la reacción del hombre “contra” la naturaleza.
Una ideología no analiza sino que juzga y casi todo lo que el hombre hace sobre su entorno es “malo” (malo por naturaleza) porque la destruye, la agota, la contamina… En la naturaleza el hombre es un intruso; es tan malo que agrede a la “Madre Tierra” que, como cualquier otra madre, es sagrada.
A cada paso, el discurso verde suplanta los conceptos científicos por otros ideológicos o estéticos, como lo puro (naturaleza “virgen”) y lo impuro (residuos), las energías limpias (solares) contra las sucias (carbón), lo sostenible frente a lo insostenible, lo renovable frente a lo que no lo es… Unas son buenas y otras no; unas son bonitas (reservas de la biosfera) y otras son feas (fábrica con chimenea).
La diferencia entre la bondad y la maldad es tan grande que en los grandes almacenes no faltan mercancías con etiquetas verdes que venden mucho más, son respetuosas con el entorno, el medio ambiente, no contaminan, son reciclables… Este tipo de comercio expresa el grado de penetración que la ideología burguesa ha alcanzado en amplios sectores de la población, sobre todo en los que pueden pagar un poco más de precio por algo un poco menos contaminante.

La crisis del capitalismo no ha llegado a las industrias verdes. En las calles ya corren coches eléctricos y, según el equipo de investigación “Next 10”, en 2008 se invirtieron en California 3.300 millones de dólares en tecnologías “limpias”.

Lo explicó Bill Gates con el cinismo que le caracteriza: “No importa que la ciencia se equivoque; habremos creado una nueva economía y nuevos empleos”. La burguesía sabe, pues, que sus políticas verdes no tienen que ver con ninguna ciencia sino con una “nueva economía”, es decir, con rentabilidad, beneficios y plusvalías.

En 2007 Thomas Friedman, editorialista del New York Times, acuñó la expresión “New Deal Verde” porque las propuestas seudoecologistas para liberarnos del apocalipsis son, en realidad, política económica, una nueva reconversión industrial e incluso una cierta forma de planificación capitalista. 
Otro periódico aún más lamentable, “El Confidencial”, titulaba así un artículo reciente: “Cambio climático: Cuenta atrás para 2030: Lo que necesita España” (2). Tenemos que recurrir a ese tipo de prensa para que nos indique lo que realmente necesita “España”.
Como cualquier otra ética, además de un componente de clase, la ideología verde también tiene otro componente de “compromiso”, una especie de programa seudomilitante, reividicativo o, como se dice ahora, “activista”. Por ejemplo, el programa del PSOE habla de “Transición energética y lucha contra el cambio climático”. Cuando aparece el medio ambiente parece que al PSOE aún le queda un motivo para “luchar” (3).
La seudociencia ha puesto a la naturaleza en el centro del universo. No hay problemas más serios y trágicos que los que conciernen al clima, la desforestación, la sostenibilidad… “Se considera que el desafío más importante que enfrenta la humanidad en el siglo XXI es resolver el problema del calentamiento global”, asegura la Wikipedia (4).
Todo el mundo debe dejar lo que tiene entre manos para empezar a preocuparse por la verdadera tragedia que nos aguarda.
(1) http://ajuntament.barcelona.cat/lafabricadelsol/sites/default/files/fds_marc_romera_cast.pdf
(2) https://www.elconfidencial.com/empresas/2019-04-14/energia-transicion-energetica-electricidad-ree-bra_1930778/
(3) http://www.psoe.es/gobierno-para-el-cambio/transicion-energetica-y-lucha-contra-el-cambio-climatico/
(4) https://es.wikipedia.org/wiki/Transici%C3%B3n_energ%C3%A9tica

Los motivos del bombardeo atómico de Japón en 1945 (Otra falsificación de la historia)

Manuel E. Yepe

En el verano de 1945, el presidente de Estados Unidos Harry Truman buscaba un golpe decisivo contra el Imperio japonés. A pesar de las muchas victorias de los aliados durante 1944 y 1945, Truman creía que el emperador Hirohito instaría a sus generales a continuar la lucha. Estados Unidos había sufrido 76.000 bajas en las batallas de Iwo Jima y Okinawa, y la administración Truman anticipaba que una prolongada invasión del Japón continental les traería cifras aún más devastadoras. No obstante, Washington elaboraba planes para un asalto final contra Japón que nombraba Operation Downfall (Operación Caída).
Los estimados de la posible mortalidad eran aterradores. Los Jefes del Estado Mayor Conjunto estimaban que las víctimas serían 1,2 millones. El Almirante Chester Nimitz y el General Douglas MacArthur pronosticaban más de 1.000 bajas por día, mientras que el Departamento de Marina vaticinó que los totales ascenderían a cuatro millones. Calculaban que los enemigos japoneses tendrían hasta diez millones de bajas. El diario Los Angeles Times, un poco más optimista, proyectaba “solo” un millón de muertes.
A partir esas cifras, no era de extrañar que Estados Unidos se decidiera por la opción nuclear cuando dejó caer la bomba Little Boy en Hiroshima el 6 de agosto y luego la Fat Man sobre Nagasaki el 9 de agosto. Japón se rindió 24 días más tarde, evitando así los pavorosos pronósticos de muertes de millones de estadounidenses aquí citados.
“Tal es la narrativa que se ha enseñado en las escuelas de Estados Unidos. Pero como tantas otras versiones históricas, resultó ser una simplificación excesiva e históricamente falseada”, dice Alan Mosley en un artículo publicado en la revista virtual rusa “Strategic Culture Online Journal” el 31 de diciembre de 2018.
Cuando el presidente Truman aprobó el despliegue de las nuevas bombas atómicas, estaba convencido de que los japoneses planeaban continuar la guerra hasta el amargo final. Muchos han argumentado que las estimaciones de víctimas lo obligaron a actuar con cautela por la vida de los soldados estadounidenses que se hallaban en el Pacífico pero esta versión ignora que otras figuras cercanas a Truman llegaron a la conclusión opuesta.
El general Dwight D. Eisenhower dijo: «Yo estaba en contra del uso de la bomba atómica por dos razones. Primero, porque los japoneses estaban listos para rendirse y era innecesario golpearlos con la horrible bomba. Segundo, porque yo odiaba que nuestro país fuera el primero en usar esa arma”. Usó el mismo argumento que el entonces Secretario de Guerra Henry Stimson en 1945, quien relata en sus memorias: “Le expresé mis graves dudas, en primer lugar porque creía que Japón ya había sido derrotado y lanzar la bomba era completamente innecesario, y en segundo lugar porque creía que nuestro país no debía escandalizar a la opinión pública mundial mediante el uso de un arma cuyo empleo, en mi opinión, no era ya obligatorio como medida para salvar vidas estadounidenses. Era mi creencia que Japón estaba, en esos mismos momentos, buscando alguna forma de rendirse con el menor costo posible”.
El Almirante de Flota William Leahy, el oficial militar de mayor rango de los Estados Unidos en servicio activo durante la Segunda Guerra Mundial y uno de los principales asesores militares de Harry Truman escribió en su libro “I Was There” publicado en 1950: “El uso de esta arma bárbara en Hiroshima y Nagasaki no fue de ayuda material alguna en nuestra guerra contra Japón. Los japoneses ya estaban derrotados y listos para rendirse debido al efectivo bloqueo marítimo y al exitoso bombardeo con armas convencionales”.
La revista Foreign Policy escribió que el día más crítico para Japón era el 9 de agosto, primer día en que el Consejo Supremo japonés se reunió para discutir seriamente la rendición. La fecha es significativa porque no se trata del día posterior al bombardeo de Hiroshima, sino el día en que la Unión Soviética entró en el teatro de guerra del Pacífico invadiendo por tres frentes la Manchuria ocupada por los japoneses. Antes del 8 de agosto, los japoneses esperaban que Rusia fuera intermediario en las negociaciones para el fin de la guerra, pero cuando los rusos se pronunciaron contra Japón, se convirtieron en una amenaza aún mayor que Estados Unidos para los japoneses.
La posición de Rusia, de hecho, obligó a los japoneses a considerar la rendición incondicional. Hasta entonces, sólo estaban abiertos a una rendición condicional que garantizara al emperador Hirohito algo de dignidad y protección ante los juicios por crímenes de guerra. Foreign Policy concluye opinando que, como en el teatro europeo, Truman no venció a Japón; Stalin sí.
Truman nunca se arrepintió públicamente de su decisión de usar las bombas atómicas. Sin embargo, estudios posteriores apoyados en testimonios de líderes japoneses involucrados sobrevivientes han testimoniado que Japón se habría rendido incluso si las bombas atómicas no hubieran sido lanzadas, incluso si Rusia no hubiera entrado en la guerra, e incluso si no se hubiera planeado o contemplado una invasión.

https://manuelyepe.wordpress.com/2019/04/17/bombardeo-atomico-a-japon-reinterpretado/

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