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Día: 2 de abril de 2019 (página 1 de 1)

Nueva arma del ejército israelí para dispersar a los manifestantes palestinos

El ejército de ocupación de Israel introdujo una nueva arma de dispersión de masas para usarla contra manifestantes palestinos en la Franja de Gaza.

El arma utiliza ondas de radio para producir fuertes sonidos como las bombas.


Aparentemente no letal, el arma fue desarrollada en Israel. Los soldados que la utilizaron en el primer aniversario de las protestas de la Gran Marcha del Retorno dijeron que “fue muy efectiva”.

Durante la última represión israelí contra los manifestantes palestinos, que reclaman su legítimo derecho de retorno a su tierra usurpada por Israel desde 1948, los soldados de ocupación mataron a cuatro personas, tres de las cuales tenían sólo 17 años, e hirieron a otras 316. Entre los heridos había 86 niños, 29 mujeres, tres socorristas y siete periodistas.

Desde el inicio de las protestas de la Gran Marcha de Retorno el 30 de marzo del año pasado, Israel ha matado a unos 280 manifestantes y ha herido a más de 30.000.

Esta mañana soldados israelíes han entrado con sus armas en una escuela de Hebrón para detener a Ziad Jaber, un niño palestino de 9 años.

https://www.monitordeoriente.com/20190401-israel-introduce-una-nueva-arma-de-dispersion-de-masas-contra-los-palestinos/

El gato y el cocinero

El poeta ruso Iván Krylov
El gran poeta ruso Pushkin ponía a Iván Krylov como uno de los mejores ejemplos de la literatura popular de su país.

Krylov había escrito fábulas en verso, un género que en castellano tiene su contrapartida en autores como Samaniego, muchas de ellas reelaboraciones de las de Esopo y otras basadas en proverbios rusos llenos de sabiduría campesina.

En 1812 escribió el poema “El gato y el cocinero” sobre cierto trabajador de los fogones al que solía acompañar un gato llamado Vaska, aunque no tiene nada que ver con Euskadi.

En un momento de descuido, el gato se apoderó del pastel que el cocinero acababa de preparar, llevándoselo a un rincón. Cuando el cocinero lo vio, comenzó a reprenderle acerca de su mal comportamiento, de que no debía robar, y otros buenos consejos parecidos.

Mientras el cocinero le hablaba, el gato comenzó a devorar el pastel, de manera que cuando acabó el sermón, ya no quedaba nada del postre.

La moraleja es que la retórica no sirve de nada ante los hechos consumados y el empleo de la fuerza. Quien quiere algo debe poner los medios necesarios para conseguirlo, se podría concluir.

La fábula tenía un transfondo político. En 1812 Napoleón había ocupado el ducado de Württemberg y se disponía a hacer lo mismo con Rusia, concentrando sus tropas en Polonia y Prusia.

Entonces el zar Alejandro decidió enviar notas de protesta al embajador francés que, naturalmente, no sirvieron para nada. Los rusos criticaban que el zar no estuviera haciendo nada eficaz para contener el avance francés. Las lamentaciones eran una pérdida de tiempo.

En España también hay muchos cocineros a quienes no les gusta lo que tienen delante y quieren cambiar las cosas. Pero, lo mismo que el cocinero de Krylov, no hacen nada por sí mismos.

Algunos de ellos creen que son los demás quienes deben solucionar los problemas. Por eso votan y, entretanto, el gato se está devorando el pastel.

Colorín colorado, este cuento se ha acabado. Si Ustedes quieren arreglar algo, pónganse a la faena ya. Olvídense de las urnas. Organícense en torno a un programa claro y comprensible. Si ya están organizados, organícense aún mejor y ayuden a que se organicen quienes están a su alrededor.

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