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Día: 25 de marzo de 2019 (página 1 de 1)

Dos años de noticias falsas: se acaba la intoxicación periodística contra el ‘candidato manchú’

Después de una investigación de dos años el Fiscal Especial Robert Mueller concluyó que no hay evidencias de acuerdo o coordinación entre el equipo de campaña de Trump y Moscú durante las elecciones presidenciales de 2016.

“Las investigaciones de la Fiscalía Especial no determinaron que el equipo de la campaña de Trump o cualquier otra persona asociada con ella estuviera de acuerdo o coordinara con Rusia en sus esfuerzos por influir en las elecciones presidenciales de 2016 en Estados Unidos”, dijo el ministro de Justicia Bill Barr en una carta enviada al Congreso.

Es el escueto despacho de la agencia France Press que destapa dos años de falsedades, día tras día, de todas y cada una de las grades cadenas de intoxicación del mundo, una de las mayores campañas desde los tiempos de Watergate (otro caso de espionaje al Partido Demócrata de Estados Unidos que todos han callado).

Pero los farsantes no se pueden quedar de brazos cruzados y siguen a lo suyo. “¿Se ha librado Trump?”, pregunta ElDiario.es (1). No se cansan del montaje que han alimentado pieza a pieza y deslizan que aún quedan flecos. “¿Trump se va de rositas?”, sigue preguntando el repugnante periódico de Ignacio Escolar.

Este tipo de prensa no rectifica, no admiten que han quedado en evidencia. Luego acusan de conspiranoicos a los demás.

Desde el primer momento el objetivo de esta campaña era político. Como en el caso de Nixon, un sujeto tan execrable como Trump, los demócratas trataban de ganar en los despachos lo que habían perdido en las urnas, es decir, el ‘impeachment’, un juicio farsa que le obligara a dimitir.

No hay nada de nada, como ya sabíamos, pero las conclusiones, dice El Mundo, “no exoneran a Trump de obstrucción a la Justicia” (2). Si siguen buscando es posible que también le busquen multas de tráfico porque es evidente que “algo malo” ha hecho para que la campaña siga, aunque sea en voz baja. Cualquier cosa antes de decir que todo ha sido una patraña, una de las mayores de los últimos tiempos.

Pero El Mundo no se puede quedar con el culo al aire, así que sigue a lo suyo: las conclusiones de la investigación mencionan “la conspiración rusa para influir en las elecciones”, algo que el espionaje de Estados Unidos ha confirmado. “Hubo injerencia rusa pero el equipo de Trump no tomó parte en ella”, dice este periódico para no dar su brazo a torcer.

Veamos esta tontería. Primero tenemos que hacer un esfuerzo para imaginar que los espías dicen la verdad, lo cual es mucho pedir en un caso así. Segundo, si eso fuera verdad, el juicio de destitución estaría garantizado porque los espías llevarían sus pruebas ante los estrados del tribunal. Tercero, en este asunto los espías no son peritos imparciales sino parte de la trama para destituir a Trump, es decir, juez y parte.

Este periódico sólo dice la verdad cuando reconoce que el informe “es un golpe a la credibilidad de muchos medios de comunicación de Estados Unidos”. ¿Sólo de Estados Unidos?

Lo que ha quedado en evidencia es la verdadera naturaleza de esos medios, que han dejado de ser “medios” para unirse a la campaña política contra el “candidato manchú”, de la que han formado parte en las filas del Partido Demócrata, exactamente igual que el asunto Watergate hace casi 50 años, por más que en aquella chapuza, a diferencia de ahora, los hechos eran ciertos. Ahora todo ha sido una pura mentira.

Por eso hay quien prefiere otras comparaciones, por ejemplo con el fraude de las armas de destrucción masiva en Irak. “Estamos ante un nuevo desastre de la prensa similar al de las armas de destrucción masiva en 2003”, dice Matt Taibbi, columnista de la revista Rolling Stone.

Esta comparación es peor. En 2003 las cadenas cumplían su papel, que consiste en ser los altavoces de sus amos, o sea, de Bush. Pero ahora la prensa no ha seguido al Presidente sino que se ha enfrentado a él por razones muy turbias.

Ahora la prensa sigue jugando el mismo papel que al principio. Al igual que la ridícula de Nancy Pelosi, Presidenta demócrata de la Cámara de Representantes, se agarra a un clavo ardiendo. Lee la letra pequeña, busca alguna rendija en el informe, una pizca de esperanza… Aquí diríamos “sostenella y no enmendalla”.

(1) https://www.eldiario.es/trumplandia/Finaliza-investigacion-Trump-Putin-librado-Trump_6_880921900.html
(2) https://www.elmundo.es/internacional/2019/03/24/5c97e1c7fdddff60698b45d8.html

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La Gran Mezquita de París protegió a los judíos perseguidos por el fascismo en la Segunda Guerra Mundial

Si Kaddour Benghabrit
El saber sí ocupa lugar. Las taras ideológicas, los prejuicios inculcados o la pura desinformación periodística no sólo confunden la memoria sino que no dejan espacio para que se desarrolle un pensamiento realmente libre.

Es el caso del “choque de civilizaciones” o las guerras “de religión” que corrompen profundamente la conciencia de millones de personas hasta el día de hoy. A veces esa deformación se arrastra del pasado hasta la actualidad; otras veces es la actualidad la que proyecta sus prejuicios sobre el pasado.

Así la lucha entre los judíos y los musulmanes parece que trasciende la historia: siempre ha sido así y así seguirá siendo siempre. Pero la ciencia demuestra no hay nada que trascienda la historia, aunque a veces es preferible recurrir al cine mejor que a un grueso libro de historia.

Por ejemplo, en 1991 el cineasta y escritor argelino Derri Berkani dirigió el documental “La mezquita de París, una resistencia olvidada” sobre la lucha de los musulmanes franceses contra la ocupación nazi de Francia y el apoyo que prestaron a los judíos perseguidos por el fascismo (1).

En 2011 el documental “Los hombre Libres”, de Ismael Ferroukhi, volvió sobre el tema: el papel de los argelinos en las filas de Francotiradores y Partisanos (FTP), la guerrilla antifascista francesa, donde comunistas, judíos y musulmanes coincidieron en una misma lucha (2).

“Ayer, al amanecer, los judíos de París fueron detenidos, ancianos, mujeres y niños en el exilio como nosotros, trabajadores como nosotros, son nuestros hermanos y sus hijos son nuestros hijos. Si uno de ustedes conoce a uno de estos niños, debe darle asilo y protección hasta que pase la desgracia. Hijo de Cabila, tu corazón es grande”, decía durante la ocupación un mensaje de los musulmanes de FTP que recoge un libro del historiador Ethan Katz.

En una entrevista que concedió en 2011 a Le Nouvel Observateur, el historiador Benjamin Stora recordó que en 1939 vivían en Francia cerca de 100.000 argelinos en condiciones miserables. La lucha sindical y política era “su principal medio de expresión”. Algunos de ellos se unieron a la Estrella del Norte de África, que hizo campaña a favor de la independencia de Argelia, mientras que otros se unieron a la resistencia contra la ocupación alemana (3).

Los militantes argelinos de FTP rescataron a niños judíos llevándolos a la Gran Mezquita de París para protegerlos de las redadas. Algunos que escaparon de los campos de concentración nazis, como el doctor Albert Assouline, también se escondieron allí, según confesó. Fueron actos “sin motivaciones religiosas”, dice Berkani, que utiliza el término “Cabila FTP” para referirse a los argelinos, en su mayoría cabileños, que utilizaban la jerga tribal para evitar las infiltraciones de confidentes.

Pascal Le Pautremat, asesor histórico de la película de Feroukhi, confirma que “la historia oral sugiere que la mezquita protegió a los civiles judíos”. En aquel momento, añade, “había un hermoso entendimiento entre judíos y musulmanes en el Mediterráneo”, un entendimiento que “se puede encontrar en la ayuda de la mezquita de París”.

Si Kaddour Benghabrit fundó la mezquita en 1922 y la dirigió hasta 1954. Su objetivo no era sólo el de rezar sino también expresar el vínculo entre Francia y el islam. Pero Benghabrit no es Schindler y su actividad durante la resistencia sigue siendo desconocida. El testimonio de su bisnieto, Merwane Daouzli, un profesor jubilado así lo atestigua. Daouzli explica que la lucha de su bisabuelo ni siquiera se mencionó dentro de su familia, hasta que en 1991 la población descubrió que había protegido a los judíos.

“Estaba en casa de un amigo que tenía un CD del cantante argelino Salim Halali. En este CD, hay una biografía del cantante que explica que fue ayudado por Si Kaddour Benghabrit. Me sorprendió, le dije a mi amigo: ‘¿Te lo puedes creer? ¡Es mi bisabuelo!’”.

Halali es un famoso cantante judío argelino. Su verdadero nombre es Simón y en 1940 “se salvó de los campos de concentración gracias a la intervención de Si Kaddour Benghabrit, que le expidió un certificado de conversión al islam en nombre y que, para corroborarlo, hizo grabar el nombre de su padre en una tumba abandonada del cementerio musulmán de Bobigny”.

La historia la relata el documental “Les Hommes Libres”, donde el artista, interpretado por el actor Mahmoud Shalaby, actúa en la mezquita de París. “Mi familia y yo estamos muy apenados por el olvido de las autoridades francesas. No hay trabajo de memoria cuando mi abuelo permitió que esta mezquita existiera y salvó judíos, un acto del que estoy muy orgulloso”, dice Daouzli.

La expedición de documentos falsos a judíos de origen norteafricano no significa, sin embargo, que la Gran Mezquita de París creara un sistema organizado de resistencia y rescate de judíos. Lo que había eran personas, dice Berkani, quien señala que en el lugar de culto había subterráneos, tal y como aparece en su página web. La mezquita tenía bodegas que daban acceso al río Bièvre, un pequeño río parisino que desempeñó un papel activo en el rescate de muchos judíos y combatientes de la resistencia.

Un imán en la resistencia antifascista
En la resistencia antifascista de la mezquita hay que contar con Abdelkader Mesli, un imán al que nombraron representante de la Gran Mezquita en Burdeos que sí trabajó de manera organizada y proporcionó documentos falsos a los prófugos, entre ellos a los judíos. Detenido por la Gestapo en julio de 1944, fue enviado a los campos de concentración hasta 5 de mayo de 1945, aunque la presencia de musulmanes en los campos de concentración es absolutamente desconocida, a diferencia de los judíos.

Al igual que el bisnieto de Benghabrit, el hijo de Mesli, Mohamed, también se enteró tarde de la lucha de su padre. “No sabía nada excepto que había sido deportado. Fue en 2010, mientras revisábamos las cosas en la casa de mi madre, cuando descubrimos todos los papeles”, dice.

Si hoy en día los libros, las películas y los testimonios dan cuenta de este episodio de la historia sin mostrar datos consistentes, el trabajo de memoria que emanan de las autoridades francesas y argelinas y de las instituciones judías y musulmanas es casi inexistente. Afortunadamente hay excepciones que confirman la regla. Annie-Paule Derczansky, presidenta y fundadora de la Asociación de Constructores de la Paz, ha estado haciendo campaña desde 2002 a favor de “la identidad, la ciudadanía y la reconciliación republicana entre las comunidades judía y musulmana”.

Al descubrir el documental de Berkani, pidió para que se pusiera una placa conmemorativa frente a la Mezquita Mayor de París que, hasta la fecha, nadie ha colocado aún y que, con los tiempos que corren nadie colocará jamás.

En 2005 Derczansky obtuvo del actual rector, Dalil Boubakeur, una nota interna del Ministerio de Asuntos Exteriores fechada el 24 de septiembre de 1940, en pleno régimen vichysta, en la que decía que “para las autoridades de ocupación” la mezquita de París era “sospechosa entregar fraudulentamente a individuos de raza judía certificados que atestiguaban que los interesados eran de confesión musulmana”.

Tras la creación del Estado de Israel en 1948, las cosas han cambiado mucho. Para el sionismo esta historia resulta inquietante. “El CRIF [Consejo Representativo de las Institutions Judías de Francia] no quiere saber nada de la resistencia musulmana”, lamenta Derczansky, que se dedica a proyectar el documental de Berkani en las escuelas, a pesar de la falta de apoyo.

En un artículo publicado en la página web del CRIF en 2013, Jean Corcos, vicepresidente de la comisión CRIF para las relaciones con los musulmanes, habla de “leyendas, desgraciadamente demasiado buenas para ser verdad, incluso delirantes”. Corcos cuestiona el número de judíos salvados por la Gran Mezquita de París -propuesto por Albert Assouline en el documental de Berkani- y la historia del cantante Salim Halali. Sin embargo, considera que “sin duda ha habido, y dentro de la propia mezquita, personas anónimas que han ayudado a que los judíos parezcan musulmanes en sus relaciones, dentro de sus posibilidades y sin que el rector haya intentado impedirlo”(4).

También en la mezquita, el trabajo de memoria histórica es tímido. Sin embargo, un artículo del New York Times recuerda que en su libro “Entre los Justos”, Robert Satloff dedica un capítulo a la Gran Mezquita de París, en el que Boubakeur confirma que unos cien judíos fueron ayudados por los musulmanes (5). A pesar de ello, las cifras no son verificables, ya que el acceso a los archivos sigue siendo difícil, incluso hoy en día, a causa de la posición de la mezquita durante la Guerra de Argelia por la independencia a favor del  colonialismo.

Al bisnieto de Benghabrit le hubiera gustado que su abuelo fuera reconocido como “hombre justo”, un estatus concedido por el Yad Vashem Memorial israelí a quienes arriesgaron sus vidas para ayudar a los judíos durante la guerra.

Por el contrario, el hijo de Mesli no lo quiere para su padre porque “no era alguien que buscara títulos”. Tras la guerra, dice, “siguió ayudando a la gente, independientemente de sus orígenes. Estaba en su naturaleza. Era parte de su vida”.

La lucha contra el fascismo cabe concluir, no es patrimonio de nadie. Ni antes ni ahora. Las pretensiones de identificarla o reducirla a una ideología o una religión son otras tantas manipulaciones de la historia.

(1) https://www.bm-lyon.fr/spip.php?page=agenda_date_id&source=326&date_id=6396
(2) https://www.youtube.com/watch?v=VOrzCbNumC8
(3) https://bibliobs.nouvelobs.com/actualites/20110927.OBS1193/quand-la-mosquee-de-paris-sauvait-des-juifs.html
(4) http://www.crif.org/fr/tribune/la-grande-mosqu%C3%A9e-de-paris-sous-loccupation-entre-v%C3%A9rit%C3%A9s-et-l%C3%A9gendes/37248
(5) https://www.nytimes.com/2011/10/04/movies/how-a-paris-mosque-sheltered-jews-in-the-holocaust.html


https://www.middleeasteye.net/fr/news/une-resistance-oubliee-quand-la-grande-mosquee-de-paris-venait-en-aide-aux-juifs

¿Qué hacían los mercenarios de Estados Unidos cuando fueron detenidos en el Banco Central de Haití el mes pasado?

En su momento ya relatamos aquí (1) que varios mercenarios estadounidenses habían sido detenidos en Haití durante las protestas del mes de febrero, pero Matthew Cole y Kim Ives han aportado en The Intercept nuevos detalles (2).

La mayoría de los mercenarios llegaron a Puerto Príncipe desde Estados Unidos en avión privado la madrugada del 16 de febrero. Llenaron un avión de ocho pasajeros con un cargamento de rifles semiautomáticos, pistolas, chalecos antibalas de Kevlar y cuchillos. La mayoría ya había sido pagados: 10.000 dólares cada uno por adelantado y otros 20.000 más que les prometieron una vez terminado el “trabajo”.

Un trío de haitianos comprometidos con el gobierno les saludó cuando su avión aterrizó alrededor de las 5 de la madrugada. Un asistente del presidente haitiano Jovenel Moise y otros dos amigos haitianos del régimen los llevaron al aeropuerto más grande del país, evitando a los funcionarios de aduanas e inmigración, que todavía no habían llegado a trabajar.

El equipo de merecenarioos incluía a dos antiguos SEAL de la Marina, un antiguo contratista entrenado por Blackwater y dos mercenarios serbios que vivían en Estados Unidos. Su jefe, un antiguo piloto de C-130 de 52 años de edad, Kent Kroeker, había dicho a sus hombres que la operación secreta había sido solicitada y aprobada por el propio Moise. Los enviados del presidente haitiano dijeron a Kroeker que la misión sería escoltar al asistente presidencial, Fritz Jean-Louis, al banco central haitiano, donde transferiría electrónicamente 80 millones de dólares de un fondo petrolero del gobierno a una segunda cuenta controlada exclusivamente por el Presidente. A través de este proceso, los haitianos dijeron a los estadounidenses que preservarían la democracia en Haití.

Era un acuerdo demasiado bueno para que la banda de veteranos y contratistas de seguridad lo rechazara. Pero un día después de que llegaran a Haití se encontraban en prisión y en el centro de un caos político, con los haitianos preguntando qué hacía un grupo de mercenarios extranjeros en el banco central y para quién trabajaban. En tres días, Kroeker y su equipo fueron liberados y devueltos a Estados Unidos, después de escapar de los cargos criminales en Haití.

Muchos detalles de la operación siguen sin estar claros, pero las entrevistas con funcionarios haitianos, con policías, así como con una persona que conoce directamente el plan, dan una imagen de la torpeza de la operación. Lo que inicialmente parecía un complot cómico de un grupo de eantiguos soldados en busca de un reparto mercenario fácil y rápido, acabó mal ejecutado para el intento de Moise por consolidar su poder político con la fuerza mercenaria.

Ninguno de los mercenarios habló directamente con Moise ni recibió documentos oficiales del gobierno haitiano autorizándolos a llevar a cabo la misión. Sin embargo, Jean-Louis y el otro organizador clave de la trama, Josué Leconte, un haitiano-americano de Brooklyn y amigo cercano de Moise, no parecen haber sido piezas deshonestas.

Los mercenarios llegaron en un momento político y económico turbulento en un país con una historia de disturbios. Desde el pasado mes de julio, cuando Moise trató de subir el precio del combustible un 50 por ciento, las manifestaciones intermitentes paralizaron a Haití. Entre 2008 y 2017, Venezuela proporcionó a Haití petróleo barato por valor de unos 4.300 millones de dólares en el marco del Acuerdo de Petrocaribe, que Venezuela firmó con Haití y otros 16 países del Caribe y América Central. Haití se benefició de un acuerdo particularmente favorable: el 40 por ciento de las sumas adeudadas a Venezuela debían ser devueltas en 25 años a un tipo de interés anual del 1 por ciento. Mientras tanto, Haití era libre de inyectar los ingresos que obtenía de este petróleo en el fondo Petrocaribe. Se suponía que el fondo iba a apoyar hospitales, clínicas, escuelas, carreteras y otros proyectos sociales, y ayudó a apoyar al gobierno haitiano tras el devastador terremoto de 2010 y el huracán Matthew en 2016.

Pero las sanciones de Trump contra Venezuela y la mala gestión financiera del gobierno haitiano llevaron al Banco Central haitiano a suspender los pagos a Venezuela, y el acuerdo de Petrocaribe terminó efectivamente a principios de 2018. Una investigación del Senado haitiano reveló que los casi 2.000 millones de dólares del fondo habían sido malversados y robados, principalmente a las órdenes del presidente haitiano Michel Martelly entre 2011 y 2016.

Moise llegó al poder en 2017, después de que el fiscal de Puerto Príncipe lo acusara de lavado de dinero negro. Las acusaciones de corrupción, combinadas con el fin del petróleo venezolano y el crédito barato, crearon una tormenta perfecta de indignación popular. En los últimos meses, Moise y el primer ministro haitiano Jean-Henry Céant han estado luchando por el poder, y la decisión de Moise de apoyar los esfuerzos de Trump para socavar a Maduro, han desencadenado una nueva serie de manifestaciones callejeras populares en Haití, con manifestantes que exigen la renuncia de Moise. Según la Constitución haitiana, eso habría convertido a Céant en el dirigente del país.

A los mercenarios les dijeron que el fondo Petrocaribe estaba controlado por Moise, Céant y el presidente del Banco Central, Jean Baden Dubois. La creciente división política entre el Presidente y el Primer Ministro, dejó los 80 millones de dólares congelados “de facto”.

Leconte y Jean-Louis dijeron a los mercenarios que al transferir el dinero a una cuenta a la que Céant y Dubois no tenían acceso, Moise podría dirigir el país de manera más eficiente, de ahí la promesa de apoyar la democracia en Haití. El fondo era el único instrumento económico importante del gobierno, y esta medida aseguraría la posición de Moise y paralizaría a su Primer Ministro. No está claro lo que Moise pretendía hacer con el dinero una vez que tomara el control del mismo.

Leconte pagó a los mercenarios por la operación. Junto con su socio, Gesner Champagne, que también se reunió con los mercenarios en el aeropuerto de Puerto Príncipe, se comportó mal, lo que le dio a Moise una negación plausible.

A cambio de su ayuda, el Presidente prometió a Leconte y Champagne que adjudicaría un contrato de telecomunicaciones a Preble-Rish Haití, la empresa de ingeniería y construcción que Leconte y Champagne dirigen juntos. Jean-Louis, Kroeker y sus cinco compañeros de equipo llegaron al Banco de la República de Haití en el centro de Puerto Príncipe alrededor de las 2 del mediodía del domingo 17 de febrero, unas 36 horas después de su llegada al aeropuerto. Además de ser asistente presidencial, Jean-Louis había sido director de la lotería, que ya no pertenece al Banco Central. No está claro si su cargo anterior estaba relacionado con el hecho de que había sido elegido para transferir el dinero.

Los mercenarios se subieron a tres coches y se bajaron. Estaban fuertemente armados y se encontraban en el refugio alrededor de Jean-Louis. El Banco estaba cerrado, pero Jean-Louis le dijo a un guardia de seguridad en la puerta que estaban allí para el negocio del Banco. Sospechando sus intenciones, el guardia de seguridad se negó a dejarlos entrar y alguien alertó a la policía.

Después de que el Departamento de Estado liberara a los mercenarios, todos los involucrados en la operación se dispersaron. Jean-Louis y Leconte huyeron de Haití. Leconte regresó a Estados Unidos desde la República Dominicana. Un día después de llegar a Nueva York, eliminó su perfil de Facebook. El 24 de febrero, Leconte huyó de un periodista que le pidió comentarios fuera de su casa de Brooklyn y se escondió en un aparcamiento.

Chris Osman, uno de los antiguo SEAL de la Marina y el único del equipo que ha discutido públicamente la operación en Haití hasta ahora, escribió en Instagram que estaba en Haití para hacer trabajos de seguridad para “personas que están directamente relacionadas con el actual presidente”. Osman aludió a la trama política de la operación diciendo que él y sus colegas “estaban siendo utilizados como peones en una pugna pública entre [Moise] y el actual Primer Ministro de Haití”. Luego Osman borró su mensaje.

Leconte y Champagne habían discutido un posible contrato de seguimiento con Kroeker si la transferencia de dinero tenía éxito. No está claro cuál podría haber sido su tarea.

(1) https://mpr21.info/2019/02/haiti-detenidos-varios-mercenarios.html
(2) https://theintercept.com/2019/03/20/haiti-president-mercenary-operation/

Un militar condenado por los falsos fusilamientos de Abena, en 1984, dio un seminario para los empresarios de Guadalajara

El General Jaime Íñiguez, en Guadalajara
El pasado jueves 21 de marzo, el general de división del Ejército de Tierra y comandante del Mando Conjunto de Operaciones Especiales, Jaime Íñiguez, dio una charla para acercar a los directivos de varias empresas de la provincia sobre cómo las tácticas militares pueden ser de gran ayuda dentro de la empresa. La charla estuvo llena de elogios hacia las Fuerzas Armadas y su «tesón» en situaciones de crisis, y el militar proponía trasladar estas tácticas al mundo empresarial, pues según él, la empresa es un escenario parecido a una guerra.
El autor de este seminario tiene motivos para pensar así. Y es que este general ascendido en 2014 por el gobierno de Mariano Rajoy a su actual puesto, fue protagonista hace algo más de tres décadas de un infame episodio revelador de quiénes son los verdaderos enemigos del Ejército español. El evento estaba organizado por la Fundación Ibercaja y la «Asociación para el Progreso de la Dirección» (APD).
Los falsos fusilamientos de Abena
El miércoles seis de junio de 1984 se intuía el inicio del verano en el
Pirineo. Con la caída del sol, y aprovechando que las temperaturas eran
ligeramente más suaves que en las jornadas precedentes, los vecinos de
Abena, un pequeño pueblo de Huesca situado a 20 kilómetros de Jaca,
coincidían en la Plaza Mayor y en las calles de localidad; era un buen
momento para cambiar un saludo y comentar las pequeñas incidencias del
día a día antes de retirarse a casa para cenar.

De repente ocurrió algo inesperado: comenzaron a oírse voces y gritos provenientes de la plaza. Los vecinos, movidos por la curiosidad, se acercaron a ver qué ocurría. Allí se encontraron con un grupo de una veintena de militares, vestidos de camuflaje y con las armas bien visibles que identificaba a quienes iban llegando. Les pedían los papeles, los interrogaban brevemente y los apartaban a un lado. Sin embargo, los vecinos de Abena no se preocuparon en demasía: la presencia de soldados en maniobras, procedentes de Jaca (donde tenía su sede la Brigada de Cazadores de Montaña) era relativamente habitual.

Lo extraño, sin embargo, era su actitud: el oficial al mando (un capitán), dio orden de reunir a todo el pueblo en la plaza. Los militares se dispersaron en pequeños grupos por las calles, llamando a las puertas y voceando. Unos minutos más tarde, las gentes de Abena –ahora sí, preocupadas y asustadas- se amontonaban delante de su ayuntamiento mientras un teniente procedía a leer en un papel un bando. Un bando de guerra. 
Concentraron a los habitantes en la plaza del pueblo
En silencio escucharon como el militar anunciaba que su compañía había tomado el pueblo y descubierto una “red de apoyo a la guerrilla”. Como represalia y en consonancia con las órdenes impartidas por la superioridad, pasarían por las armas a los cabecillas. Dicho esto, los soldados empujaron a dos personas contra uno de los muros del ayuntamiento. Los vecinos los reconocieron de inmediato: eran el alcalde de la localidad, Juan Galindo, y un vecino llamado Generoso Ara. Ante la consternación general, se formó un pelotón de fusilamiento al mando del mismo teniente que había leído el bando. Cuando el oficial gritó la orden de “¡Apunten!”, se oyeron lamentos y protestas. Una mujer comenzó a llorar, pero nadie reaccionó. Hay que tener en cuenta que menos de cincuenta años antes esta misma escena se había repetido en varios lugares de la provincia: los mayores de Abena sabían, por propia y dolorosa experiencia, que en España lo de fusilar a alcaldes en plena Plaza Mayor no era algo impensable, ni mucho menos.

“¡Fuego!”, ordenó secamente el teniente y un instante después el estruendo de la descarga ahogó el coro de murmullos y protestas. Muchos vecinos cerraron los ojos, como hicieron el alcalde y Generoso, convencidos de que –por motivos que desconocían- iban a morir. Pasó lo que pareció una eternidad pero, para alivio y pasmo general, los fusilados siguieron en pie, temblando de miedo e incredulidad. Los soldados, por su parte, comenzaron a reírse: “¡que eran balas de fogueo, hombre!”. Todo había sido, explicaron, parte de las maniobras, una pequeña broma. Que no se preocupasen, que ya se iban. 
Asalto de desconocidos a Radio Jaca
Los habitantes de Abena volvieron silenciosos a sus casas. Ese silencio perduró durante las jornadas siguientes. Tenían buenas razones para ser discretos: seis días después, uno de los vecinos se puso en contacto con Radio Jaca y contó lo ocurrido. La emisora lo difundió a las 22h mediante una grabación, ya que entre las 22 y las 23h los periodistas salían a cenar. 
En ese lapso de tiempo, un grupo de desconocidos asaltó la emisora, destruyendo todo el equipo técnico –incluyendo las grabaciones- y sustrayendo, de paso, las 30.000 pesetas que se encontraban en la caja. Sin embargo, el esfuerzo fue inútil: la noticia dio el salto a todos los medios de comunicación del país, generándose una enorme polémica. Se supo que los soldados pertenecían a las COE (Compañías de Operaciones Especiales), que realizaban unas maniobras de adiestramiento junto con alumnos de la Academia General de Zaragoza, los futuros oficiales del ejército. Hacía apenas 3 años del fallido golpe de estado del 23-F y mucha gente se preguntó si era normal incluir en un ejercicio el fusilamiento sumario de un cargo democráticamente elegido. ¿Qué tipo de instrucción recibían quienes estaban considerados como la flor y nata de las fuerzas armadas?. 
El asunto fue recogido por la prensa internacional y el ejército no tuvo más remedio que reaccionar. Anunció una investigación sobre el proceder del oficial al mando, el capitán Carlos Alemán Artiles y de su segundo, el teniente Jaime Íñiguez Andrade. Tras una pugna judicial el Supremo decidió que el asunto competía a la justicia militar, que un año después condenó a ambos a algunos meses de arresto militar con pérdida de antigüedad durante el tiempo de la sanción.

De los asaltantes de Radio Jaca, nada más se supo. Los únicos indagados fueron, paradójicamente, José Luís Rodrigo y Carlos Sánchez-Cruzar, dos de los periodistas que habían difundido la información, que fueron citados a declarar por el juez militar en el marco del sumario 256/85, que terminó discretamente archivado.
Antonio Román, entre los asistentes
El acto contó con la presencia de Antonio Román, alcalde de Guadalajara. José Luis San José, director provincial en Guadalajara de Ibercaja, fue el encargado de introducir el acto junto con Arturo Orea-Rocha, Regional Sales Director Western Europe BASF. Jorge Sicilia Espuny, Gerente Comercial de Negocio Ibercaja Banco, el ponente anteriormente mencionado, Blanca del Amo, Directora del Centro Cultural de Fundación Ibercaja en Guadalajara el General Jaime Íñiguez de Andrade, así como diversas autoridades políticas y militares, y del ámbito empresarial de la Provincia de Guadalajara e Ignacio Pausa, Director de Recursos Humanos de APD.

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